Discípulo musical de Ramiro Musotto, el músico platense presentará Sacis Project, donde sigue trabajando, con impronta personal, el legado musical de sus años como miembro fundamental de la banda Sudaka.
Diego Oscar Ramos
En esa familia que dejó por el mundo Ramiro Musotto, cada vez más reconocido como uno de los más grandes berimbau players de toda la historia, Ramiro Gonzalo aparece como el portador de un potente legado musical. Inicialmente roadie en las presentaciones germinales de lo que sería la banda Sudaka, la pasión para aprender a tocar berimbau y todo tipo de instrumentos percusivos ligados a la tradición afroamericana lo convirtió finalmente en su discípulo. Una de las maneras en que está transformando esa zozobra que dejó la partida de Musotto en un buena cantidad de músicos ligados con mayor o menos cercanía a sus ideas e impulsos musicales, Gonzalo ha venido desarrollando un proyecto personal donde busca la expansión personal de esa nueva tradición que aprendió junto a su maestro de combinar un saber preciso sobre ritmos ancestrales con formas tecnológicas actuales que le aporten sentidos renovados. Así, Ramiro Gonzalo (percusión, bases, efectos, voz y dirección), presentará en Argentina su SACIS PROJECT junto a su compañero de Sudaka Leo Leobons (percusión), Pablo Palleiro (percusión), Juan Zabala (percusión), María Julia Sendín (voz), Alejandro Gamba (electrónica en vivo), Santiago Asef (visuales y ambientación) y María Paz Ricciardi (ambientación).
Será a las 21 hs. del domingo 18 de diciembre, en el Centro Cultural Estación Provincial, calles 17 y 71, La Plata. El show de apertura será con Cosmosolar (http://soundcloud.com/cosmosolar). Precio: $25. En el siguiente video, Gonzalo explica brevemente cómo será el show o y da algunas precisiones sobre las búsquedas estéticas de su presente. Le siguen algunas presentaciones en vivo de Gonzalo de estos últimos años, como para percibir algunas de las formas estéticas de los caminos que sigue descubriendo.
Con una música instrumental con groove jazzero y delicadeza que trasciende fronteras genéricas, el guitarrista australiano Stephen Magnusson se presentará por segunda vez en Argentina. Será en Buenos Aires, el 15 de diciembre, junto a talentos argentinos como Pedro Giorlandini en teclados, Federico García Del Cerro en bajo y Sergio Beresovsky en batería.
Con el jazz como territorio amplio para abarcar una música instrumental que tiene a la improvisación como uno de sus ejes y atractivos, la música que traerá a Buenos Aires –Club deJazz Boris, Gorriti 5568, Palermo- el guitarrista australiano bien puede prescindir de etiquetas para que el oído curioso por el arte de calidad se sienta atraído y cuidado. Magnusson ha sido ganador del premio Aria, equivalente al Grammy en Australia. Vale mencionar que Magnusson ha tocado con músicos como Jim Black, Charlie Haden, Mark Elias, Tim Berne, George Garzone, Ricky Lee Jones, Me`Shell Ndegéocello y Australian Art Orchestra, una lista que puede guiar cierto parentesco estético con la música instrumental internacional. El guitarrista tendrá una banda de lujo para su presentación porteña, ya que tendrá en piano a Pedro Giorlandini, productor e instrumentista que trabajara en Brasil, junto a Ramiro Musotto, con figuras como Margareth Menezes y Daniela Mercury. En bajo tocará Federico Garcia Del Cerro, reconocido como un virtuoso de su instrumento y en batería se presentará Sergio Beresovsky, quien trabaja con el australiano desde 1994 entodo tipo de formaciones musicales, tocando desde free jazz hasta composiciones propias. Beresovsky, quien también ha tocado con artistas europeos ligados al jazz como Eric Truffaz, Harald Haerter y Arthur Blythe, es quien explica - en una breve entrevista que sigue a este texto- lo que tocarán en Boris, los vínculos que tienen con el jazz y la influencia que la estadía en países como Brasil por parte de músicos como él y Giorlandini han tenido para la musicalidad del cuarteto. Los videos musicales insertados corresponden a la presentación del grupo el año pasado en Buenos Aires.
A diez años de su partida, un devoto krishna, especialista en música y autoridad mundial en publicaciones del Movimiento Hare Krishna, reflexiona sobre la espiritualidad en la música de George Harrison. Además, aporta claves sobre la importancia de los mantras para el contacto con lo sagrado y el acceso a estados elevados de conciencia.
Sin haber sido iniciado como devoto al movimiento para la conciencia de Krishna, George Harrison tuvo un vínculo intenso con todo su pensamiento en el período final de su etapa como beatle, cuando ya había tomado antes contacto con la música clásica de India y algunos fundamentos generales de su espiritualidad. Explorador de sentidos que saciaran sus necesidades estéticas y espirituales, la experiencia del canto del mantra Hare Krishna - Hare Krishna Hare Krishna Krishna Krishna Hare Hare Hare Rama Hare Rama Rama Rama Hare Hare – tuvo en él una resonancia potente con sensaciones de calma y misticismo que había conocido mediante la meditación trascendental. Y poco antes en drogas psicoactivas como el LSD, aunque con resultados más caóticos y riesgosos. Fue tal la cercanía que sintió con los devotos del movimiento que llegaron a Inglaterra desde Estados Unidos, donde a principios de la década del 60 había llegado el líder espiritual Srila Prabhupada para legar el conocimiento que tenía su centro en el canto de sílabas en sánscrito consideradas nombres de Dios, que pronto vio afectados su arte y su vida.
Para quien venía siguiendo sus canciones de temática trascendente y musicalidad hindú desde 1966, pudo no ser sorprendente que produjera un disco con cánticos de los devotos ya en 1970, pero sí lo fue incluso para el movimiento que su intervención musical pusiese a un mantra –en sánscrito, man es mente y tra liberación- con miles de años de historia en Oriente en las listas de éxitos musicales en un Occidente enamorado de la estética beatle. Más tarde incluiría el mantra en su primer hit solista, My sweet lord, donde manifestaba abiertamente su fascinación por un camino posible de encuentro con lo más sagrado que habita en cada ser humano. Muchas de sus canciones desde entonces, con más radicalidad en los esenciales All things must pass y Living in the material world, han transmitido aprendizajes espirituales que incluyeron tanto lecturas de libros religiosos del movimiento como una relación directa con Srila Prabhupada. Como sólo la vida acaba sabiendo las motivaciones más reales que cada acción humana termina teniendo, tal vez haya un sentido tan único como su manera de tocar la guitarra a partir de la separación de los Beatles en las aparentes contradicciones que habría en algunas recaídas en adicciones a drogas legales e ilegales que tuvo casi en sincronía con sus manifestaciones religiosas más extrovertidas.
Sobre estos caminos laberínticos y plenos de un orden que se ve desde las alturas del tiempo y la mente tranquila habla aquí Aravinda Das, devoto desde 1987, coordinador editorial de la Bhaktivendanta Book Trust para México y Centro América, director de un colegio de estudios de literatura clásica de India en el estado mexicano de Guanajuato y experto en temáticas musicales ligadas al movimiento por la conciencia de Krishna. Quien haya podido verlo tocar armonio durante alguna ceremonia, como suele pasar también en sus visitas a Buenos Aires, podrá comprender con todo el cuerpo activo el hecho de que él mismo asegure al terminar la entrevista, que todo lo que hable, sólo se trata de darle palabras al “concepto holístico de la música en la conciencia de Krishna”. Para llegar a este tema fundamental, otra vez George Harrison aparece como un puente, con ese brillo pop que hasta hoy carga consigo, más ya en su rol de transmisor de saberes accesibles a todos los hombres, que dueño de algún tipo de magia que lo separe del mundo.
- ¿Qué valor siente que tuvo George Harrison dentro de la historia del movimiento para la conciencia de Krishna?
- El entendió que podía hacer un buen servicio a Krishna en su posición de ser uno de los músicos más famosos de todos los tiempos. Y gracias a él muchas personas en el planeta conocen el maha mantra y la conciencia de Krishna. Estamos endeudados con él.
- ¿Se siguen escuchando en los templos actualmente esas grabaciones suyas de finales de los 60 con devotos en Inglaterra?
- Sí. Srila Prabhupada, nuestro maestro fundador, gustaba muchísimo de las canciones que George hizo para Krishna
- He leído opiniones de devotos que decían no sentirse representados por Harrison como modelo de vida devocional, por su no cumplimiento en algunas etapas de su vida de todas las prescripciones indicadas para un devoto, como el no consumir alcohol o drogas. ¿Qué opina de esas reacciones?
- Srila Prabhupada no dio iniciación a George Harrison precisamente porque para él era muy difícil llevar una vida regulada. Pero la conciencia de Krishna nos permite a todos que hagamos algún servicio a Krishna y podamos ir purificándonos, los que sí pueden regularse como los que no. Hasta el camino más largo empieza por el primer paso. Y a pesar de que él tuvo una vida de hábitos irregulares, pudo entender que el camino de la limpieza de la mente estaba en el mantra hare krishna y eso es lo que nosotros apreciamos. Además, su maravilloso servicio fue del agrado de nuestro maestro espiritual y cuando alguien satisface al maestro espiritual, sin duda va a hacer algún avance espiritual para sus próximas vidas. Como siempre fue respetuoso de las prácticas de conciencia de Krishna y nunca envidiaba a Krishna ni a sus devotos, él está avanzando en su camino espiritual donde sea que se encuentre ahora.
- Como músico y devoto, ¿qué siente frente a canciones comoMy sweet lord, con esa unión del mantra krishna con el aleluia cristiano?
- Nuestro concepto es precisamente unir todos los senderos espirituales en el canto y por eso me parece maravilloso.
- Y de sus discos, ¿qué le parece más enfocado a nivel religiosidad, pensando en fundamentos básicos doctrinarios reflejados en letras, pero también sobre lo que generan en sí sus músicas en las personas?
- Pues, desde que el conoció a Srila Prabhupada revolucionó sus letras y canciones hacia el sendero del autoconocimiento. La canción Aquí llega el sol la compuso porque conoció a Srila Prabhupada. Y la oscuridad de su conciencia empezó a disiparse a partir de entonces.
- En resumen, a diez años de su muerte, ¿cuál cree que es la mayor importancia que tiene el trabajo artístico de George Harrison?
- Si ves el ultimo reportaje que le hicieron antes de dejar este mundo, dejó claro que su música dejo de ser trivial cuando conoció a Bhaktivendanta Swami. Él mencionó que Srila Prabhupada decía que la meta de la vida es volverse “un sirviente del sirviente del sirviente de Dios” y que si un devoto tan avanzado como Bhaktivendanta Swami decía esto, a él como músico sólo le quedaba seguir sus pasos a través de la música, intentando ser un sirviente de estos sirvientes de Dios. Y en ese mismo reportaje dijo que su música pop era muy superficial, pero que el concepto musical de los Vedas era entender el ser y la conciencia más allá de las coberturas materiales, como lo expresa en sus letras de Viviendo en el mundo material.
Un placer superior
- ¿Qué relación tiene la música en su propia vida?
- Mi relación con la música es la de usarla como un servicio a Krishna. Inicialmente, cuando era adolescente, un grupo de amigos y yo solíamos tocar en algunos lugares canciones compuestas por nosotros y también de los Beatles y Sui Generis. Aunque musicalmente hablando esta música es muy buena, el objetivo es la complacencia de los sentidos y no la satisfacción del supremo. Me sentía frustrado de tocar para gente buscando satisfacer mi ego y el de los demás. Pero cuando conocí la conciencia de Krishna vi que la música, así como todas las demás artes, tiene por objeto complacer a Krishna. Y al complacer a Krishna la música eleva tu conciencia y de da un placer superior.
- Y ¿cómo vive la devoción religiosa a través de la música?
- Según los Vedas, el primer elemento creado en el mundo material es el sonido, este viaja a través del éter para indicar un objeto. La descripción puede ser descriptiva, por ejemplo decir “El agua está caliente”, pero también puede ser emotiva, como pasa al decir “Me encanta el pastel”. Y también puede ser devocional, para glorificar a Dios. La combinación de las siete métricas sa re ga ma pa da ni sa, que es más o menos do re mi fa sol la si en nuestra cultura, es para glorificar al Señor Supremo, la fuente de toda belleza y todo amor. El sama veda es el veda de la música. En los Vedas se explica que el sonido tiene 4 fases, el sonido en el plano físico se llama viakary, luego está el sonido, puede estar en el plano mental o mana, el plano de la inteligencia o Buddhi y el plano del Ser o Prana. Un músico que solo mueve sonidos para el plano de los sentidos o de las emociones de la mente es muy superficial.
- ¿Podría explicar qué importancia tiene la música como conexión con lo sagrado para el movimiento krishna?
- El sonido en la conciencia de Krishna se usa para motivar que las personas usen todos los planos, los sentidos, la mente, la inteligencia y el ser en el crecimiento espiritual y el desarrollo del amor por Dios. Mientras la música de músicos materialistas o superficiales es para despertar los chakras sexuales -como en el reggaetón u otros tipos de músicas que despiertan el deseo sexual- hay otra usada para energizar a los soldados en la guerra, a los vendedores de las multinacionales, al romance mundano o hasta al amor por los perros. Hay también música sin ningún sentido. Y sonidos para despertar la conciencia de Krishna o de Dios. Toda la música es mantra.
- ¿Qué importancia tiene la música en su vida desde que se convirtió en devoto?
- La música definitivamente tiene un propósito superior. Si cuando un futbolista hace un buen gol todo el mundo lo vitorea o glorifica, le aplaude y cantan su nombre, cuando uno percibe la grandeza de Krishna no queda más que vitorearlo, glorificarlo y aplaudirle por todo lo genio, dulce, poeta y músico que es. Si nuestra filosofía es que Krishna es una persona, la persona Suprema y como toda persona tiene contacto con las finas artes, entre ellas la música, a Krishna se le llama Tri bhanga murali Dhari, o alguien que tiene mucha capacidad de elongación, pues su cuerpo trascendental se curva en tres direcciones opuestas al mismo tiempo. Y además es el flautista más experto. En El néctar de la devoción se explica que él es el mejor músico pues es la fuente de todo o Dios. Y se habla de la variedad de flautas que tiene Krishna. Cuando estuvo ejecutando sus pasatiempos trascendentales en esta tierra hace 5000 años, tocaba la flauta embelesando toda la atmósfera de la aldea de Vrindavana.
- ¿Qué fuerza de vida, de conexión con lo sagrado tiene el mantra krishna?
- Entre todos los sonidos espirituales o que despiertan conciencia espiritual, entendiendo espiritual por algo que agrada a Dios y no un sentimentalismo mundano que la gente confunde con espiritualidad, el mantra Hare Krishna es el mantra de mayor potencia espiritual. El maha Mantra es una petición de servicio, todos somos servidores de Dios y de los demás, conciencia material es la fuerza que hay en nuestra conciencia que nos impulsa a ser servido por los demás y usar a los demás en nuestros intereses egoístas. El 99 % de los músicos son egoístas, buscan fama, les encanta que les aplaudan por sus composiciones e interpretaciones y no logran verse como un instrumento de Dios, aunque de la boca para afuera hablen de paz, de no violencia y de Amor. Casi todos somos egoístas pues no buscamos la satisfacción de Krishna y no nos interesamos en despertar nuestra conciencia espiritual. Por ejemplo, me da mucha lástima ver a un excelente músico como Charly García, tan carente de conciencia de Krishna, cuando podría haber hecho un muy buen servicio para Krishna en la posición que su karma le dejó estar como famoso. Por eso el maha mantra hare krishna es la solución práctica para la re espiritualización de toda la humanidad, porque aunque estemos aun infectados con conciencia egoísta y materialista nos permite transitar un camino de limpieza de conciencia y saborear un néctar al vibrarlo. Todos estamos buscando felicidad y en este mantra hay un placer que puede romper con todo apego de placeres mundanos. Retamos a cualquier materialista mundano a que cante este mantra durante un mes en las cuentas o japas, durante dos horas diarias. Si hacen eso sin fallar durante 30 días, verán que no hay placer mundano que se le acerque. Además, es gratis y no tiene ninguna contraindicación, como pasa con las drogas, que hacen subir la mente, pero luego te hacen sentir frustrado.
Cómo cantar el mantra
Por George Harrison
PASO 1. Consiga una japa con 108 cuentas y su bolsa correspondiente. La meditación a través del mantra Hare Krishna es un método muy efectivo para controlar la mente y elevar la conciencia. Al meditar repitiendo el mantra Hare Krishna debe usar una “japa” o cuentas de 108 bolas. Una ronda consiste en repetir el mantra Hare Krishna 108 veces lo que suele llevar entre 7 y 10 minutos. Comience con dos o cuatro rondas y mantenga este numero diario. Luego vaya subiendo según vaya adquiriendo practica.
PASO 2. Busque un lugar tranquilo y apartado donde nadie le vaya a interrumpir. Puede ser en su casa o al aire libre. La mejor hora es por la mañana a partir de las 6am.
PASO 3. Sujete la japa como aparece en la fotografía y repita un mantra completo por cada bola. Después de repetirlo 108 veces habrá completado una ronda. El mantra Hare Krishna: Hare Krishna Hare Krishna Krishna Krishna Hare Hare Hare Rama Hare Rama Rama Rama Hare Hare
Consejos:
•Concéntrese en la correcta pronunciación del mantra. No diga el mantra demasiado rápido.
•Si su mente comienza a pensar en otra cosa deténgala y vuelva a escuchar el mantra con atención.
•Mantenga un numero fijo de rondas al día. Los devotos cantan 16 rondas lo que suele llevar unas dos
horas diarias.
•Lea literatura espiritual como Bhagavad Gita tal como es. Le ayudara a elevar la conciencia y facilitara la meditación.
George Harrison y el movimiento Krishna:
- 1967: Viajó a India por primera vez
- 1969: Se encontró con el primer devoto de Krishna, Shyamsundar Das en una fiesta en Apple Records.
- 1970: Produjo y grabó con los devotos Hare Krishna el disco The Radha Kriushna Temple, que llegó al top 10 de ventas durante ese año. Pronto grabó My sweet lord, una canción sobre Krishna, que incluye el maha mantra.
- 1971: Pagó por la producción e impresión del libro Krishna, la suprema personalidad de Dios.
- 1972: Donó el actual templo Iskon en Londres, Bhaktivedanta Manor. Participó en la producción del libro Chant and be happy, una conversación entre John Lennon, Yoko Ono, Srila Prabhupada y él sobre cantar Hare Krishna.
- 1972- 2001: Mantuvo contacto con los devotos de Iskon, específicamente Makunda Maharaja y Shyamansundar Das hasta el tiempo de su partida el 29 de noviembre de 2001.
“Cada uno es responsable de ser
protagonista del tiempo que nos toca”
El popular actor cree en un arte que estimule valores colectivos y religue a las
personas con su identidad. En este entrevista inédita de 2008, habla
de la herencia cultural africana de América, temática que vive muy de
cerca por el trabajo difusor de su padre comunicador. Y por su participación en
el grupo musical Negros de Miércoles. Además, expresa los vínculos fuertes que lo unen con la Medicina.
Diego Oscar Ramos
Juan Palomino habla del placer que siente siendo parte del grupo afroperuano Negros de Miércoles, con una potencia corporal que también llena de gestos cada relato de lo que ha vivido los últimos años haciendo de Martín Fierro para el cine, de Juan Moreira en giras teatrales por todo el país o como compañero de su padre - el comunicador José Palomino Cortez - en la difusión de valores naturales del ser americanoen programas radiales como el ya histórico Nuestro continente. Hoy el actor, popularísimo por sus roles seductores en televisión y cine, se amiga con un para él inimaginable rol de galán y valora que los papeles masivos le permitan sostener un arte que construya identidad y restituya memoria. Como argentino se ha sentido feliz de convertirse en Fierro, pero como ser criado en el Cusco profundo supo ver que el personaje tenía una similaridad social con muchos excluidos sudamericanos y encontró un mensaje potente: los grandes desencuentros se dan por estar distraído a lo que le pasa a los otros, pensando que podemos salvarnos solos. Eso también lo quiere transmitir en el documental Causas, en etapa final, donde la convivencia con los integrantes del grupo musical fue el inicio de una investigación sobre la negritud en América.
- ¿Qué recuerdos tenés de tu infancia en Cusco?
- Los primeros recuerdos son el descubrimiento de las sensaciones, el primer enamoramiento. Me acuerdo claramente del nombre de la primera chica de la que me enamoré, Rocío Castañeda Carolingo, cuando tenía cinco años. Nunca fui correspondido, hacía todo lo posible. Y recuerdo también que no pude hacer de San Martín porque era moreno. Después aparece toda la majestuosidad de la cultura quechua, una ciudad construida con bases de la cultura incaica. Ese clima distinto donde confluyen muchas personas del mundo me permitió tener una visión más universal de la realidad. En mi madurez, cuando hice Atahualpa en teatro, me di cuenta que los puntos de referencia que tomaba eran de mi historia. Y cuando regresé, después de 18 años, sentí que mi actitud frente a la vida tenía que ver con algo que pude cerrar allá, en el año ´96.
Palomino había regresado antes a la Argentina, con 16 años, poco antes que el teatro llegara a su vida, la principio para ayudarlo a integrarse socialmente en una cultura bien diferente a la cusqueña. Y se convirtió en su profesión. Ya adulto y exitoso, en 1996, regresa por primera vez a la tierra de su infancia y hace algo que aquí no acostumbraba, afeitarse en una barbería. El cholo que lo afeitaba le habló de un hombre peruano que había vivido en Argentina, al que le agradecía de por vida el gesto de haberlo llevado de chico a conocer el Macchu Picchu junto a otros hijos de obreros de una cervecería. Ese hombre era su padre José. “Ahí se me puso la piel de gallina”, cuenta el hijo, religado desde entonces a un mundo que antes hasta rechazaba: “Redescubrí todo lo que yo de niño sabía que había, esos fantasmas, ese mundo de conquistadores y conquistados, saldé deudas y pude reconocerme en cada uno de los monumentos arqueológicos”.
- ¿Y cómo vivís la actual difusión mediática de la riqueza precolombina?
- Me parece fantástico que todo ese bagaje cultural se proyecte al mundo, pero ¿qué le queda al auténtico habitante? Eso me llena de contradicciones, pero no me quedo quieto. Transmito mi esencia como hombre, mi gran desafío es mostrar las culturas originarias a partir de la música y la actuación. Y tomo lo afro como algo originario, porque responde a una identidad muy fuerte. Sin ser afrodescendiente directo, con la mixtura de un papá cusqueño con raíces españolas e indias y una mamá argentina con raíces vasco francesas, mi memoria recurre a toda la información que corporalmente llevo. Y aparecen cosas que aparentemente no están, como lo negro, pero a las que me siento muy conectado.
- ¿Y con qué valores te ligó el trabajo con el grupo musical?
- Con la tolerancia, con acomodar las piezas, escuchando, para poder sacar lo mejor de uno, con proyectos que nos permitan vivir en este mundo. Y es responsabilidad de cada uno el ser protagonistas de los tiempos que nos tocan vivir, en la responsabilidad con la familia, en lo que pasa en tu cuadra, tu barrio, tu ciudad. Uno no puede estar indiferente a la vida.
- ¿De todo lo que hiciste con qué te has sentido más identificado?
- Con Atahualpa, que fue la génesis de este mensaje, luego haber hecho al MartínFierro en la versión de Gerardo Vallejo, me permitió darme cuenta de que la realidad del gaucho es la misma que la del llanero venezolano o del campesino peruano, uruguayo, paraguayo, ecuatoriano o colombiano. Y me permitió ver que estaba ya presente esto de ocuparse sólo de lo individual, porque Fierro no veía que en los otros ranchos se iban llevando a la gente para formar parte del ejército que combatía al indio. Se dio cuenta cuando tocaron a su puerta, como en el poema de Bertold Brecht y todo parte de que sólo le importaba su familia. Es fundamental dejar de lado intereses individuales para pensar en lo colectivo, porque a todos nos conviene darnos cuenta que el sistema individualista ha llevado al hambre y la miseria. De nada sirve la beneficencia, si los que tienen responsabilidad para opinar no son críticos del sistema. Hay que juntarse entre los artistas de América Latina para presionar a los gobiernos al cambio.
- ¿Sentís que los artistas tienen un poder real de acción social?
- Si, tienen una herramienta fundamental. Yo quise ser actor para contar historias que me representen y cuando hago teatro trato de ser un referente del tiempo en que vivo, ese es el rol de los hombres que se dedican a comunicar emociones públicamente. No entiendo la indiferencia del artista frente a la realidad que vive.
- ¿Qué has sentido con el teatro popular participativo que has protagonizado en estos años?
- Haber hecho Juan Moreira en 10 localidades de la provincia de Buenos Aires, en relación directa con el público, con miles de espectadores en una calle que significa mucho para ese lugar, con gente del pueblo incorporándose al espectáculo, opinando, gritando, es un antes y un después.
“Quiero hacer esto toda mi vida”, dice Palomino y relata entonces una escena vivida en Chivilcoy que lo conectó con el poder del teatro para ligarse con un reservorio de memoria popular. En la escena final de su personaje escuchó que un hombre gritaba “No te mueras nunca Moreira”, desde las entrañas, como en un tiempo mítico. “Eso no lo olvido más”, dice, también él con voz profunda y agrega que algo intenso sintió también con todo el ciclo de la obra La tentación, donde interpreta a Dorrego, por distintas provincias. “Hemos ido a pueblos de mil habitantes donde 500 vieron la obra en la escuelita abarrotada, algo está pasando compadre”, expresa satisfecho el actor, que ve en ese interés por la discusión de visiones de nuestra historia, un signo positivo para sentirnos unidos. En este tiempo, así, la palabra en escena tiene para él un papel importante: “Recuperar el teatro de texto es uno de los hechos esenciales de mi carrera, me da mucha alegría, estoy ganando el pan dignamente, cumpliendo con los cometidos del teatro, entretener e inducir a la reflexión y la emoción”.
Arte curador
- ¿Qué quedó en vos del joven que quería ser médico?
- Quedó en un personaje, ahora, que hago de médico. (Se ríe con ganas, luego de hacer referencia a su papel actual en la novela Mujeres de nadie). Lo que queda esencialmente es el estar atento a la mirada del otro, el poder estar solidariamente ante aquellas personas que a uno lo necesitan.
Mucho de esto ya estaba presente al inicio de la carrera de Palomino, cuando estudiaba teatro y trabajó en el hospital neuropsiquátrico Melchor Romero. “Estuve durante 3 años, los dos primeros como auxiliar de enfermería sereno, quedándome de noche con 200 pacientes en los pabellones, después como administrativo en el servicio de Rehabilitación”, detalla, cuenta que vio situaciones de gran maltrato con los pacientes a las que él no se hacía el distraído, por lo que tuvo problemas con los médicos, salvo con tres profesionales atentos – “el Dr. Serafín Pérez, el Dr. Grinberg y la Psicóloga Silvia Cardona” - que le propusieron dar un taller de teatro. “Formé un grupo que aún subsiste y fue la primera vez que los pacientes del hospital salían a la sociedad a mostrar una obra, cuando fuimos en un colectivo que contratamos la Escuela de Teatro de La Plata e hicimos Un sueño inolvidable, un gran circo donde todos tenían roles, el mago, el domador, el payaso, los animalitos, era muy simple, pero empezaban a emitir opinión”. Palomino se entusiasma, dice que fue un momento clave humano y artístico de su juventud, donde vivió otras situaciones bien creativas: “Un día se me ocurrió dar vueltas en moto con los pacientes peligrosos con los que estaba encerrado 9 horas, les hacía dar vueltas, uno por uno, en los pasillos anchos - hace ruidos de acelerador, gesticula - pero me cuestionaron que le estaba cambiando la rutina a los pacientes y pedí la renuncia”.
- Por cómo hablás, se nota que son cosas que te toman por entero.
- Sí. Lo mismo sentí al plantar árboles en San Luis en un plan de inclusión social con personas sin trabajo. Planté como cien con la gente. Y mis compañeros de filmación me miraban y algunos se reían porque hacía eso en los ratos libres. Pero, ¿cómo te vas a perder la posibilidad de plantar árboles con compatriotas de otras provincias? Todo esto te va nutriendo, colocándote en un nivel de sensibilidad, como para poder relacionarte con lo esencial de las personas.
- ¿Sentís internamente el arquetipo del hombre silencioso, para adentro, que puede definir ciertos aspectos del hombre originario americano?
- Sí lo he tenido. Cuando vine de Perú, de adolescente, con una forma rara de hablar, con una miopía galopante, con anteojos gruesos, vestido a la usanza peruana, no encajaba por ningún lado y me iba deprimiendo. Estaba a destiempo con los adolescentes, con el hablar, con el color de la piel. Eso me hizo hablar poco, imaginar mucho y estar solo. Pasé como siete meses sin contacto con gente de mi edad. Me la pasaba caminando y yendo al cine.
- ¿Ahí te propone tu papá estudiar teatro?
- Sí, mi viejo es muy intuitivo, pasó un día por la escuela de teatro y le pareció que me iba a hacer bien. Me dijo que lo hiciera, mientras me preparaba para Medicina. Fui y me llevó dos o tres años darme cuenta de que quería ser actor. Yo quería ser médico, bombero, piloto, policía, soldado, astronauta. Es que vivía jugando solo, me encantaba construir mundos. (Se mueve como habitado por el niño que juega).
- ¿Qué te dio el teatro?
- El teatro me dio seguridad, construyó mi autoestima. Descubrí la lectura, los clásicos, empecé a ver cine europeo, a tener otro lenguaje, a entender la realidad política que se estaba viviendo. Y me permitió tomar conciencia de que valía vivir la vida desde el lugar de la entrega sin dudas, de dar lo que uno tiene para dar.
- ¿Y que significó trabajar con tu padre?
- Fue un reencuentro con sus puntos de vista y los míos. Me parecía fantástico poder ver la identidad a partir de la relación padre hijo. Cualquier cosa que encaremos juntos está hoy teñida de tolerancia, respeto, discrepancia, pero fundamentalmente de amor. Nos elegimos para estar juntos.
Amor de familia
Juan Palomino habla de sus hijos y se le ilumina la cara. Nombra con ganas a Sofía, de 18 años, Arón, de 10 y Floriana, de 4, como una verdadera familia, donde los tres son hermanos, sin que el hecho de que hayan nacido de madres diferentes le reste algo a la hermandad natural. “Ellos se llaman, se juntan en casa, festejamos juntos los cumpleaños, a veces se suman las mamás de mis hijos, que son parte de mi patrimonio de afectos, pudimos entender que hay formas de construir respeto, en las buenas y en las malas, cuando hay desencuentro lo atravesamos y cuando hay encuentro seguimos avanzando, porque hay tres personas a las cuales hay que cuidar, amar, acariciar y demostrarles que la vida no es solamente el bombardeo al que uno está expuesto”, asegura el actor, dice que tiene diálogo con todos y que intenta que compartan todas sus facetas laborales con él, incluyendo los recitales con Negros de Miércoles y las giras teatrales con las obras que lo comprometen de cuerpo y alma. “Quiero que entiendan que su padre no es solamente ese muchacho famoso, entre comillas, que aparece en la tele, sino que uno vive de otra manera, hace escenografías, va a marchas, no oculto nada y ese es mi legado, construyo la familia desde el estar y siempre hago cosas para ser más feliz todos los días”, dice y con su cuerpo los gestos de abrazos y caricias nutren de intensidad palabras sobre sus amores, cuando comenta que con todos fue esencial el contacto físico y la expresión continua del afecto. ¿Qué es entonces para Juan Palomino el elemento que más organiza su tiempo, entre tantas actividades y la voluntad de ser un padre presente? “El amor nos organiza”, dice, con el brillo del sol quechua, en sus ojos criollos.
Con la épica apuesta de federalizar eventos que históricamente suelen darse casi únicamente en Buenos Aires, el reciente Festival de Jazz Internacional San Luis tuvo como centro un homenaje al eterno Miles Davis. E hizo que talentos internacionales o locales como Wallace Roney, Rufus Reid, Cyrus Chestnut, Jacques Morelembaum,Mariano Loiácono, Ricardo Cavalli, los hermanos Hugo y Osvaldo Fattoruso o Tito Oliva, tuvieran a Potrero de Los Funes como marco ideal para hacer del Jazz un arte palpitante de la inclusión de lo más diverso.
Diego Oscar Ramos
Las palabras
La pregunta era simple, saber qué sentían los músicos del Festival de Jazz San Luis con una palabra tan llena de historias y sentidos como el jazz. Y pocas veces acontece que una conferencia colectiva genere conceptos que resuman lo que mejor definiría a un evento que recién comenzaba. “El jazz es libertad, esa es para mí su mejor traducción y también es reunión, porque a través de la libertad los músicos se juntan para llegar a un lugar bello”, contestó el cellista brasileño Jaques Morelenbaum, muy querido en Argentina por su trabajo como productor de Caetano Veloso. Y dio una llave para comprender que el festival que se inauguraba ese viernes 14 de octubre, inédito en San Luis, podía ayudar a redefinir las percepciones de lo que hoy se entiende como propio del jazz, esa música que naciera a finales del siglo XIX en Estados Unidos de la transmisión de la sensibilidad africana a través de instrumentos europeos. Claro que toda esta historia podría parecer ajena para músicos como los del dúo Tonolec, quienes fusionan cánticos de comunidades tobas con electrónica, pero su cantante Charo Bogarin se las ingenió para traducir las potencialidades de unión respetuosa que hay en su música. “Es muy importante estar compartiendo con músicos del jazz lo nuestro, por una cuestión de apertura de mente y del corazón, porque cada música vibra en diferentes lugares y así como la popular es aquella de la que más cerca nos sentimos, el jazz puede hasta ser música de elite, pero también nace del sentir de un pueblo, vibra en una frecuencia y transmite un sentir”, dijo como susurrando la cantante formoseña, con una delicadeza en su musicalidad oral que contrastó con la efervescencia con que Hugo Fattoruso - pianista, arreglador, compositor, miembro de agrupaciones como Los Shakers u Opa, además de colaborador de lujo de músicos como Jaime Roos, Milton Nascimento, Djaban o Ruben Rada – se para, provoca sorpresa por buscar la mirada de los presentes y realizó una jam sessionvocal. “Nosotros hemos aprendido del jazz americano, de la música brasilera, de los tambores de candombe de Uruguay, del folclore argentino, tocamos un poco de cada cosa, pero con ritmo ensalada”, provocó risueño Fattoruso. Y con su gesto de poner el cuerpo, dio pie a que fuese la emoción la que dominara. Convocado por el organizador Roby Aidenbaum, luego de expresarle a todos los invitados ilustres que en nuestro país eran amados, el refinadísimo saxofonista argentino Ricardo Cavalli pareció necesitar respirar más aire que en sus solos y mirando a los músicos americanos de la Miles Davis Tribute Band – el trompetista Wallace Roney, el baterista Jeff Tain Watts, el contrabajista Rufus Reid, el pianista Cyrus Chestnut y los saxofonistas Antonio Hart y George Garzone – encontró una metáfora deportiva para expresar su impacto emocional: “Hay mucha pasión en este evento, estamos haciendo todos lo que más nos gusta, frente a grandes referentes de la historia del género, esto me recuerda la situación de Los Pumas contra Nueva Zelanda, póngase en nuestro lugar, lo único que puedo decir es que siento gratitud”. Seguramente tomando la sonrisa de Cavalli como un pase para hacer su solo de bienvenida, el notable contrabajista Rufus Reid, con voz tan grave como su instrumento, fue contudente: “Vine a hacer aquí lo único y todo lo que sé hacer, tocar con esta banda me enorgullece y también ser convocado para un tributo a Miles, quien lo mejor que hacía era lograr que cada músico diera lo mejor de sí, por eso, lo que van a escuchar es lo que nosotros queremos escuchar, para nosotros mismos va a ser excitante”.
La música
Si el agua puede servir de metáfora de cambio y movimiento, el lago a cuya vera se creó el Hotel Potrero de los Funes – ubicado a 16 kilómetros de la capital puntana - le dio mucho más que un marco visual placentero al Festival de Jazz Internacional San Luis. Que fuera en un escenario montado sobre la terraza de un restaurant flotante donde se inaugurara el festival con el concierto del quinteto del talentoso trompetista argentino Mariano Loiácono resaltó el carácter mágico que el mejor jazz puede generar en quien se entrega sin miedos a sus movimientos. Y si el placer ya estaba instalado en el atardecer serrano, el clima de misticismo lo terminó de crear el dúo Tonolec, ya en el auditorio principal, en canciones simples de capas sonoras cuidadosamente ensambladas, donde Bogoarin entonó versos en lengua qom y llevó a todos a tiempos prehispánicos con sonidos de tiempo presente en las bases electrónicas del chaqueño Diego Pérez, con los aerófonos de Nuria Martínez y las percusiones de Lucas Helguero dando matices afroindígenas a un concierto que supo emocionar e hipnotizar, sobre todo por cierta seducción chamánica de la cantante. A su manera, también fue mago Hugo Fattoruso, junto a su hermano Osvaldo en batería y el bajista Andrés Ibarburu. El pianista logró ser una especie de Joao Gilberto uruguayo, al jugar travieso con ritmo y armonías, creando un manjar con el vértigo de lo imprevisto, que pasó del candombe a los sonidos brasileños y el jazz más libre. Igual de aventurero, aunque con un set prolijo y una musicalidad desligada de cualquier disonancia hasta como efecto, el Jaques Morelenbaum Trío mostró que la herencia de Tom Jobim – el compositor que más y mejor unió al Brasil con el jazz - puede tener un referente actual en la manera en que géneros populares como el samba carioca pueden ser recreados con destreza académica sin perder sabor ni llegada inmediata al público. Con un baterista como Rafael Banana y sus magistrales usos del silencio además del efectivo guitarrista Lula Galvao y luego la voz de su esposa Paula, el cellista le dio a canciones clásicas de la MPB como Aguas de marzo, Desafinado o la menos transitada Receita de samba un formato instrumental tan lujoso como accesible.
La siguiente jornada, además de jam sessions y diversos conciertos previos al cierre donde se apreció el arte de agrupaciones como Jazz Cordillerano del creativo pianista Tito Oliva, con su reciente incorporación del bandoneón a su formación, la noche final del festival se inició con el jazz rock progresivo del guitarrista puntano Silvio Páez, siguió con la fusión dejazz y música popular italiana del pianista romano Fabricio Pieroni y siguió un encuentro emotivo. El saxofonista Ricardo Cavalli sumó a su admirado George Garzone a compartir escena junto a los argentinos Guillermo Romero en piano, Eloy Michelini en batería y Carlos Álvarez en contrabajo. Fue un goce absoluto ver cómo dialogaban con colores de jazz a la John Coltrane ambos instrumentistas, haciendo de la música un instrumento de comunicación humana. Y una ofrenda de amor a los dioses. Si el gran Coltrane lo escuchó desde el cielo de héroes del jazz debe de haber estado feliz. Y esa sensación debe de haber tenido el propio Miles Davis (1926-1991), al ser reverenciado en esas virtudes de excelencia y disfrute por músicos que Eidenbaum logró juntar en San Luis luego de más de dos años de trabajo constante. Con el trompetista Wallace Roney como jefe de la tribu, por ser quien no sólo tocó con Davies en vida sino quien está representando más una tarea de resguardo de su obra, el grupo tocó músicas como Blue in Green, Seven Steps to heaven o Footprints, demostrando que todo lo que pueda decirse sobre el jazz y sobre uno de sus máximos creadores se vuelve un intento intrépido de traducir lo innombrable. Y si bien podemos remarcar la destreza y la energía desbordante de músicos que cada uno en su propia carrera están construyendo nuevos caminos para la evolución del género, el hecho de verlos juntos para recrear lo que muchos marcan como la era dorada de Davis y del Jazz -entre los ´50 y los ´60- fue un hecho placentero e histórico para un primer evento de este tipo en San Luis. El público presente el fin de semana, los propios músicos del tributo y quien sabe también Miles en su trono de nubes inquietas, deben de haber festejado cada solo en que los instrumentistas parecen equilibristas sobre un abismo, pero más aun el swing total del concierto y esa manera en que, todavía hoy, la historia del jazz sigue escribiéndose. Nota por nota.
El sonido de Cuyo
Con una larga trayectoria como pianista y docente de música, Tito Oliva asegura que la región del Cuyo tiene un jazz de sonidos propios. “Al estar alejado de los circuitos donde el jazz tiene una academia, obtiene una identidad al no estar tan enfocado a ciertos lenguajes establecidos y ser una plataforma para experimentar”, asegura el instrumentista nacido en San Juan y agrega: “las armonías que uso tienen que ver con la luminosidad dela zona, con la claridad y la lejanía dela cordillera y esa nostalgia que implica vivir en una zona desértica”. Para el músico, además, estos festivales incentivan el crecimiento y potencian el significado múltiple dela palabra reunión: “Hace referencia a tener la amplitud de escuchar al otro, sin prejuicios, lo que también es un trabajo, una experiencia que hay que aceitar en la vida, para aprender a valorar y hasta tener la valentía de traspasar algunos límites”.
Sin temor a lo desconocido
“Vivo para lo desconocido, eso es lo excitante, mucha gente tiene miedo, pero sé que va a ser bueno”, asegura el contrabajista Rufus Reid, pocas horas antes de pararse al ladode su compañero de exploraciones una vez más. Esta vez para tocar por Miles. Si bien no tocó con él, sí lo conoció y admiró en él una personalidad fuerte, que hizo que pudiera transformar la historia del jazz. “A mucha gente no les gustan las personas que tienen personalidades fuertes, pero la individualidad es necesaria, es muy importante que a la gente joven se la aliente a experimentar”, dice Reid, dice que él mismo puede ser catalogado de obsesivo, como le pasó a Miles o a Coltrane, que siempre parecía estar buscando algo. “Nunca estaban satisfechos y puede ser muy peligroso para la mayoría de las personas, pero para ellos no lo era en absoluto, era algo que necesitaban y tenían que hacer”.
Celebracióndeladiversidad
“Si algo podemos incluir en la definición de jazz, además del trance africano junto a lainstrumentología y parte dela armonía europea, es lacelebracióndeladiversidad”, menciona el saxofonista Ricardo Cavalli y compara a Nueva Orleans, donde nació, con Buenos Aires, por haber sido sitios propicios para el cruce racial y cultural. Cerca en su estilo de las décadas del 50 y el 60 donde florecieron figuras como Coltrane y Davis, Cavalli explica la implicancia en el género del logro de un sonido propio: “Es fundamental encontrar ciertas cosas que se repiten, modismos que son parte dela expresión, que van haciendo tu sonido, que es la vibración que uno emana en el conjunto de sus ideas, en el plasmar sus convicciones estéticas, enla forma de decir, en lo distintivo de tu personalidad”.