23.9.07

Agustín Pereyra Lucena


Bossa Nuestra


Guitarrista de extrema delicadeza y precisión, es uno de los músicos que con más respeto y creatividad ha tomado y recreado el legado de géneros variados de la música brasilera, con un centro afectivo evidente en la bossa y los afrosambas. 

Por Diego Oscar Ramos - Cinco Sentidos Nº 6 - 2005




Es el músico que más se ha dedicado en la Argentina a la interpretación de la música popular brasilera. Guitarrista preciso y refinado con una carrera de más de 35 años, compartió escenarios y grabaciones con músicos brasileros como Vinicius de Moraes, Toquinho, Naná Vasconcelos, Dori y Nana Caymmi, Cuarteto Em Cy, Carlos Lyra o Sebastiao Tapajós. Hizo giras en todo el mundo y grabó discos de gran belleza con talentos argentinos como Rubén Mono Izarrualde, Billy Reuter, Alejandro Santos o Lucho González. Allí también muestra una destreza compositiva que une a su amada bossa con elementos o climas de la música popular argentina, el jazz y el impresionismo. Reeditados recientemente, son éxito actual de ventas en Japón. 



- ¿Por qué eligió la guitarra como su instrumento?
- Era el único instrumento que había en casa, mi mamá había muerto cuando nací y quedó la guitarra, ella cantaba y tocaba. Yo tenía doce o trece años, tenía un profesor que me aburría mucho tocando folclore argentino con dos acordes, me faltaba algo y en casa mis hermanos ponían jazz. También se oía mucho Ravel y Debussy, algo que no entendía del todo, me gustaba, pero me faltaba la percusión. Lo que más escuchaba eran boleros. Después me enteré que eran los predecesores de la bossa. Dori Caymmi me dijo: “vos podés tocar Joao Gilberto porque venís del bolero y Joao era también cantante de bolero”. Yo escuchaba y quería sacar algo, pero no tenía elementos ni quién me lo enseñe, igual me encantaba sentir la vibración de la guitarra contra el cuerpo, te llena de emoción.


- ¿En qué momento entra en su vida la música brasilera?
- Fueron dos amigos de mi hermano que vinieron a casa y tocaron a dos guitarras O barquinho, Samba de una nota sola y Desafinado. Ese día me emocioné mucho, me pareció impresionante el sonido y no podía creer lo bien que tocaban. A uno de ellos lo llamaba todas las semanas durante dos años para que sacase los temas de los discos de Joao, los que yo más escuchaba junto a Tamba Trío y Luis Bonfá, hasta que apareció Baden Powell, ahí me di cuenta de que la guitarra tenía posibilidad solista. La música entonces me transportaba a las playas de Brasil. A los 17 fui a Río por primera vez y de ese viaje me quedaron una gran cantidad de discos y el sentir que en Brasil, sobretodo en Río, la música está en todos lados. Después fui como 15 veces, ya en contacto con músicos, fui a la casa de Dori Caymmi, estuve con el Tamba Trío, Edu Lobo, Milton Nascimento, Gismonti. Y en el boliche donde se había compuesto Garota de Ipanema los mozos nos dieron la posibilidad de acceder a la suegra de Baden Powell y ella, simpatiquísima, nos dijo “vengan lo llamo que hoy está disponible, con unos periodistas”, nos acompañó a Barra de Tijuca y nos quedamos tres horas con Baden. No podía creerlo, estaba nervioso por conocerlo. El estaba abstemio, nos ofrecía cerveza pero él tomaba leche. Me hice amigo del percusionista, que nos llevó a la noche a un ensayo de una Escola de Samba, era imposible quedarse quieto. Sentí una gran vitalidad.


- ¿Y sentía que algo de eso le pertenecía?
- Todavía no. Cuando yo empecé a sentir que podía con esto realmente es cuando vino Vinicius. Llegué a Punta del Este con unos amigos en barco a la casa de Páez Vilaró y estaba sentado ahí con María Creuza y Dori Caymmi. Me dijo: Vocé toca la guitarra y ahí empecé. Dori tenía cuatro años más que yo y sabía una barbaridad de música, nos hicimos amigos. Es un genio en armonía, me pasó unos datos importantísimos. Después vino con Naná Caymmi, su hermana, primero música, después cantante. Me pedía que la acompañase en tres temas, para mí era todo impresionante, como un sueño. Estaba en el lugar justo. Se repetía la escena en La Fusa de acá y en Mar del Plata también. Ahí estaba María Bethania, Chico Buarque, Quarteto em Cy que me invitaban con Toquinho a tocar. Todo eso lo viví con ellos.


- ¿En qué modificó su música la convivencia con Vinicius?
- En la forma de encarar un show, que haya diálogo, que sea amable. Aprendí mucho de la naturalidad. La gente agradece que le cuentes algo sobre cada tema. El decía “estábamos una tarde con Toquinho en la playa de Itapuá” y eso lo terminaron de hacer en Mar del Plata. El inventaba una pequeña anécdota para cada tema y eso a la gente le encantaba. Eso lo aprendí bien, crear un clima favorable para la música.


- En los títulos de sus temas menciona rutas desoladas, desiertos, ¿le atraen los paisajes áridos?
- Sí, muchísimo. La Patagonia me encanta. Me atrae el lugar donde todo puede pasar, una sensación de libertad absoluta en la llanura, donde no haya muchos accidentes geográficos. Me gusta más eso que el mar, que me pone más nervioso. Me falta conocer el nordeste brasilero. Vinicius decía siempre vamos a viajar en una canción y es eso, te metés en ella. El tema pasa a través del tiempo y da la impresión de que estás viajando, hiciste un recorrido, con imágenes, emociones.


- ¿A lo largo de su carrera cómo fue ese recorrido? 
- Al principio como más que nada era intérprete me tenía que ceñir a lo que ya se había hecho, a medida que fui encontrando mi manera de componer me di cuenta de que apunto hacia un lugar que es mi estilo, mi forma de ser. Me gustan las cosas que se van desarrollando con constancia. Incluso el ritmo de seis por ocho es muy liso, me gusta que mantenga una base donde uno se sienta cómodo, como ir sobre un tren. No me gusta molestar con la música. No puedo crear mas agresión, ya está lleno de eso. Quiero estar en un lugar sincero en lo que hago, no entrar en competencia a ver quién hace cosas más raras. No me gusta cuando metés tantos acordes y ponés todo lo que aprendiste. Hay versiones de Corcovado que entre el primero y el segundo acorde ya mandan algo. Jobim sabía cuál era el acorde que quería, lo elegía bien y las partituras figuran así, no es que no supiera agregar cosas.


- ¿Cómo es el clima que disfruta expresar con su música?
- Algo como de ensoñación, pero cálido, una sensación linda, entrar en una especie de transe, pero sentirte cómodo, seguro, que haya inquietud, que no todo esté definido, pero no constantemente molestando. Me gusta que sientas en el cuerpo ganas de moverte. Yo me muevo también, no me gusta quedarme duro como una roca. Vinicius disfrutaba el movimiento corporal.


- ¿Qué deseo le queda por cumplir?
- Viajar más, grabar, editar el nuevo disco con Mauricio Einhorn y sentir que la repercusión es un poquito más cada vez. Las criticas en Japón han sido muy buenas, mis discos están andando bien. Pero lo que más me interesa es componer, me siento feliz si en un año compongo dos o tres temas que me gusten. Me gustaría ser como Jobim que llegó al final de su vida componiendo y grabando. Quiero que me de placer la música y que el próximo disco de tanto o más que el anterior. Si algo cambió y aportó a la música yo no me doy cuenta. 


- ¿Y qué le aportó la música a su vida?
- Todo. Me conozco más, me doy cuenta de cómo soy.



La bañera de Vinicius. "Creo que nunca vi, con excepción de los guitarristas brasileños Baden Powell y Toquinho, nadie más ligado a su instrumento que Agustín Pereyra Lucena. Daría la impresión de que, si le retirasen la guitarra, se desvanecería en música...” escribió Vinicius en una hoja que puede verse en la tapa del primer disco de Pereyra Lucena como guiño de aprobación afectiva del profeta de la bossa nova a su música. Se conocían desde hacía dos años, habían compartido el proceso de consolidación de la bossa en el Río de la Plata con el proyecto La Fusa y fue en Bs. As. mientras grababa, cuando le pidió que escribiera una presentación. “Me dijo, cómo no, vas ahora a una librería, me traes la tinta tal y el papel tal. Yo le dije mirá Vinicius, no tengo para traerte nada (no tenía ni un cassette), pero me dijo: no importa, conozco como tocás, así que voy a escribir sobre tu disco sin haberlo escuchado. Fui con las cosas, dijo váyanse todos, se quedó en la bañadera, tenía una tabla donde ponía de todo, whisky, una maquina de escribir, se quedaba como cuatro horas en agua caliente. A los veinte minutos me llamó, Agustín, acá la tenés, la llevé a la compañía, la fotocopiaron y pusieron en el disco. Eso lo repitió años después en radio, dijo en varios reportajes que era un guitarrista que iba a tener una gran carrera”.








El berimbau de Naná. En 1971 Naná Vasconcelos estaba en Buenos Aires como percusionista del Gato Barbieri y era la sensación de los shows con su set. Para Agustín, con un disco editado y apenas 23 años, fue una sorpresa que el músico quisiera grabar con él, es que había escuchado su disco en una reunión posterior al recital en el Teatro Regina. El encuentro, editado en LP y toda una pieza de colección, anticipa una forma de trabajar que Vasconcelos tendría con Egberto Gismonti, en discos que incluso grabó en Noruega, país donde viviría y tocaría años después Pereyra Lucena. “Yo apenas lo conocía, cuando lo vi con el Gato me volví loco, sin imaginarme en el Regina esa noche que al otro día estaría en un estudio con él. Naná llegó, dijo apaguen las luces, Agustín, vamos a hacer algo juntos, improvisá, como yo estaba investigando la música oriental surgieron pedacitos lindos, después me enteré que se usó en musicoterapia. Yo no veía la guitarra, Naná tocaba el berimbau, el tempo no le daba y hasta golpea el micrófono, él me fue llevando con sus sonidos raros, yo tapaba con la palma para hacer efectos tipo berimbau. Y el final se dio en el momento justo, el técnico fue bajando el volumen, no lo podía creer, era la ultima parte de la cinta, fue increíble. Hay momentos lindos que incluso él retomó con Gismonti en Dança das cabeças. Años después escuché de nuevo ese disco y empecé a encontrar efectos que hace Gismonti apagando las cuerdas, dándole importancia a los efectos con semejanza a los de Naná. Y ahí estaba lo mío. Se nota que Gismonti lo escuchó. Naná andaba en todos lados diciendo que era la primera vez que estaba en la tapa en un disco, que yo le había dado la oportunidad. Vocé no sabe cuántas críticas buenas tuvo nuestro trabajo, me dijo quince años después”.







Los afrosambas de Baden. Uno de los discos básicos para Pereyra Lucena fue Afrosambas, de Baden Powell y Vinicius de Moraes, canciones de fuerte musicalidad y temática afro de donde tomaría músicas básicas de su repertorio como Berimbau, Consolaçao o Canto de Ossanha, en reinterpretaciones siempre intensas que dan homenaje a ese misterio tan propio de los rituales que ya sentía Agustín en los cuentos que leía de niño. “Después de la bossa lo interesante fueron los afrosambas de Baden, que volvió a rescatar lo de Bahía, Vinicius le decía maravilloso duende de la floresta afrobrasilera de sonidos y no hay otras personas que hagan lo de él. Cuando le hablé de los afrosambas le dije: ¿por qué habías incorporado esos elementos, habías estado mucho en Bahía? Me dijo: No, cuando era chico mi vecina, la mujer de Pixinguinha, que era africana, contaba unos cuentos de misterio muy raros, de África, mi imaginación se despertó con eso. Y fijate por qué lo sentí tanto. Yo leía Bomba, que era un chiquito perdido en la selva, no paraba de leer esas cosas, hay algo mítico que me ha hecho tener eso que Baden expresó mejor que nadie. Se despertaba mi imaginación con los libros y la de él con los cuentos, más que con estar en Bahía escuchando el candomblé, que lo conocía, por supuesto”. Pereyra Lucena dice ver una evolución en esa raíz afro rescatada por Baden y Vinicius (en largas jornadas de investigación nutrida con litros de whisky) en músicos como Edu Lobo, Milton Nascimento y Gismonti, aunque ninguno haya sido un continuador de ese estilo: “quizás nadie siguió la línea, pero despertó historias en otros”. “De Afrosamba me llega todo”, dice y se lo ve siempre feliz cuando toca esos temas donde suele incluir elementos nordestinos: “es que me meto en un tren que está andando y la guitarra suena bien, los bajos constantes te meten en un clima casi oriental, mezclo todo en una tolva, porque está todo del lado de lo intangible, lo misterioso, a lo mejor un brasilero me dice que no tiene nada que ver estar poniendo cosas del nordeste en músicas de Bahía, nunca veo que la gente mezcle así como lo hago. Y les encanta”.



"Fiesta" - Dibujo de Agustín Pereyra Lucena

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