27.9.07

Del carbono a Drexler



Hijos del cielo

La idea de que los seres humanos somos polvo de estrellas, además de funcionar como puente eficaz entre los mundos de la ciencia y el arte, puede ayudar a comprender la necesidad de vivir una vida integralmente ecológica. Porque cada hombre comparte una naturaleza química básica con ese mismo Universo que se deja observar por los telescopios. 




Diego Oscar Ramos . Rumbo Sur . Uruguay . 2006





En el principio fue la canción. “No somos más que una gota de luz, una estrella fugaz, una chispa tan sólo en la edad del cielo”, canta Jorge Drexler, músico uruguayo con una década ya viviendo en Madrid y premiado este año con un Oscar en Hollywood. Habituado al lenguaje de la ciencia - además de músico es médico - el compositor suele lograr que ideas de la astrofísica encuentren orden y emoción en el universo de sus canciones calmas. Como en Polvo de estrellas, donde dice que la vida humana vale tanto como el Sol, no para ser vanidosos, porque “toda la gloria es nada”, sino para entender que “toda vida es sagrada”. Porque la “delirante obsesión de querer perdurar” que tiene el hombre, como canta Drexler, muchas veces lo ha hecho perder el eje de su posición real en el Cosmos, su poder concreto de vivir el día en el que está, sin escaparse de sí mismo y habitándose, esa maravilla tan enorme como conocer nuestra naturaleza de origen estelar. Así lo dice también el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal en su Canto Cósmico (citado por el músico uruguayo al inicio de su canción Polvo de estrellas): "¿Qué hay en una estrella? Nosotros mismos. Todos los elementos de nuestro cuerpo y del planeta estuvieron en las entrañas de una estrella. Somos polvo de estrellas".


Supernova superstar. La ciencia asegura que el universo nació con una gran explosión y pronto comenzó a expandirse y luego a enfriarse. La masa gaseosa de elementos livianos como el helio y el hidrógeno fue formando las estrellas, con la presencia de gravedad, que no sólo fue la causa de que crecieran al ser la fuerza de atracción de las partículas a los núcleos estelares sino también la fuente de su mismo colapso en las estrellas de gran tamaño. Al explotar las estrellas de mayor masa se formaron las supernovas, a unas temperaturas tan altas que los elementos livianos se fusionaron en su interior en elementos químicos más pesados, aquellos que, como el carbono o el hierro, posibilitaron el nacimiento de la vida en astros privilegiados como la Tierra. “Nuestro Sistema Solar se formó aproximadamente hace cuatro mil quinientos millones de años, cerca de diez mil millones de años después del Big Bang, a partir de gas contaminado con los restos de estrellas anteriores. La Tierra se formó en gran parte a partir de los elementos más pesados, incluyendo el carbono y el oxígeno. De algún modo, algunos de esos átomos llegaron a ordenarse en forma de moléculas de ADN”, resume el gran astro de la Física, Stephen Hawkins, en La vida en el Universo, donde sentencia con precisión científica que “lo qué normalmente conocemos como vida se basa en cadenas de átomos de carbono, enlazados con algunos otros átomos, tales como nitrógeno o fósforo”.


Ciencia emocional. “En el agua o el barro moléculas de carbono fueron dando origen a otras moléculas de carbono cada vez más complejas y más grandes, y después empezaron a repetirse y esto poco a poco fue haciéndose vida, hasta nosotros”, detalló el poeta Ernesto Cardenal para explicar el origen de la vida en la Tierra a partir del uso de esos elementos químicos nacidos de la explosión estelar. Fue en una conferencia del 2003 en Cuba, un evento literario y no de Astronomía, donde expuso las teorías sobre nuestro origen cósmico, trazando esos puentes valiosos entre ciencia y poesía que Aldous Huxley creía como vitales. “Es necesario que los hechos científicos se mezclen a nuestras emociones antes de que puedan ser enteramente valiosos para nosotros”, sostenía ya en 1959 este pensador inglés reconocido por sus investigaciones psicodélicas y su novela Un mundo feliz, cuyos empeños últimos de su vida estuvieron en hallar una combinación entre los lenguajes de la ciencia y la poesía, para mejorar la situación del Hombre a partir de una percepción afectiva del mundo. Por eso dijo en su conferencia Más naturaleza en el arte: “Debemos tratar el planeta como si fuera un organismo viviente, con todo el amor, el cuidado y la comprensión que merece cualquier organismo”.


Cuerpos abiertos. En la vida se genera un continuo intercambio de materia entre el medio ambiente y los seres vivos, constituidos ambos por los mismos elementos químicos, en una cadena ecológica donde al desaparecer la vida en los cuerpos, sus elementos fundamentales – como el Carbono, Hidrógeno, Oxígeno, Nitrógeno, Fósforo, Azufre, Calcio, Sodio, Potasio, Magnesio y Cloro - vuelven a incorporarse al ambiente. Pensar en términos de partículas elementales, además, sirve para apoyar ideas que hablan de la interconexión de todo lo que hay en el Cosmos. Como ya lo decía el filósofo Gregory Bateson, somos cuerpos abiertos en intercambio energético continuo con el ambiente que habitamos, por lo que no hay posibilidad real de aislarse o creerse separado de lo que nos rodea, sean paisajes o personas. El ecologismo surge así como una necesidad natural y básica de la especie, porque no hay supervivencia sin comunicación rica con el entorno. Otro gran filósofo contemporáneo, Henri Bergson – como lo cita Marilyn Ferguson en La Conspiración de Acuario – aseguraba tempranamente en 1907, que la realidad última es una red subyacente de conexiones. Eso lo afirmaba no muchas décadas antes de que la Ciencia pudiera dividir el átomo, logro técnico que se vio reflejado en un par de famosos estallidos nucleares que marcaron el final de una Gran Guerra. Podemos ser polvo de estrellas, pero jugar a ser Dios trae sus riesgos si olvidamos la verdadera dimensión de lo que somos.


Arriba y abajo. En las tierras egipcias prefaraónicas la unión entre todo lo existente en el universo ya había sido percibidas por antiguos alquimistas como Hermes Trismegisto, quien escribió - como lo establecen los relatos que atravesaron el tiempo - con un diamante sobre una tabla de esmeralda: “Lo que está abajo es igual a lo que está arriba y lo que está arriba es igual a lo que está abajo”. En lo que se llamó La Biblia hermética, el padre fundamental de la alquimia establecía ya un planteo de unión indivisible entre el microcosmos y el macrocosmos que las avanzadas ciencias físicas pudieron descubrir miles de años después. Pero en esos primeros tiempos de nuestra civilización, antes de que Grecia actuase como cuna de lo que terminamos siendo como occidentales, en los territorios donde reinaba el culto al Sol, cada descubrimiento se vivía con amor devocional a la vida y las fuerzas naturales. Mirar las estrellas era parte del mismo proceso de observarse a sí mismos. Gracias a nuestro impulso actual de integrar los conocimientos puede seguir siéndolo, porque un ser humano, visto con la misma minuciosidad que un astro en el cielo, brilla tanto como una estrella.


La edad del cielo. “Los átomos de carbono, oxígeno, nitrógeno que forman el organismo de cada ser humano, el calcio de sus huesos, el hierro de sus glóbulos rojos, fue fabricado en el interior de una estrella y llegó a la nebulosa solar por medio de una supernova”, informa un el Manual de Astrofísica Elemental para Operadores de Planetarios Portátiles editado en la Argentina y presente como una partícula más dentro de la información vasta que orbita en el universo de Internet. Allí se agrega que todos los átomos que componen nuestros cuerpos tienen más de 4.600 millones de años, los que no desaparecen con nuestra partida como seres vivos, sino que se transforman y siguen vivos dentro del gran viaje cósmico. Por eso, cuando Drexler canta que tenemos la misma edad que la edad del cielo, puede estar haciendo poesía, pero sus palabras se visten de una verdad por fuera del tiempo, entre el arte y la ciencia, con la emoción de las estrellas.





Polvo de estrellas
(Jorge Drexler)


"¿Qué hay en una estrella? Nosotros mismos.
Todos los elementos de nuestro cuerpo y del planeta
estuvieron en las entrañas de una estrella.
Somos polvo de estrellas."
ERNESTO CARDENAL
"Cántico Cósmico"


Vale
Una vida lo que un sol
Una vida lo que un sol
Vale
Se aprende en la cuna,
se aprende en la cama,
se aprende en la puerta de un hospital.
Se aprende de golpe,
se aprende de a poco y a veces se aprende recién al final
Toda la gloria es nada
Toda vida es sagrada
Una estrellita de nada
en la periferia
de una galaxia menor.
Una, entre tantos millones
y un grano de polvo girando a su alrededor
No dejaremos huella,
sólo polvo de estrellas.


Vale
Una vida lo que un sol
Una vida lo que un sol
Vale


Se aprende en la escuela,
se olvida en la guerra,
un hijo te vuelve a enseñar.
Está en el espejo,
está en las trincheras, parece que nadie parece notar
Toda victoria es nada
Toda vida es sagrada
Un enjambre de moléculas
puestas de acuerdo
de forma provisional.
Un animal prodigioso
con la delirante obsesión
de querer perdurar
No dejaremos huella,
sólo polvo de estrellas.


(Del disco Eco, 2004)

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