23.9.07

Ricardo Darín



El alma y el péndulo

Pasional, comprometido e hipersensible, es uno de los actores argentinos con mayor prestigio en el exterior y protagonista de las mejores películas argentinas de los últimos años. Positivo sin ser optimista, se muestra como una persona que se conoce mucho y está agradecido a las oportunidades que le dio la vida. 

Por Diego Oscar Ramos . Uno Mismo . 2007
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Como una tela cambiante, movediza, donde caben todos los colores en todas las combinaciones posibles, el rostro de Ricardo Darín no pude dejar de mostrar cómo se va sintiendo mientras habla y su alma va de la inquietud a la calma. Esa cara que todo argentino conoce desde hace décadas, sea cuál fuese su gusto por la televisión, el cine o el teatro, puede ir en segundos de la máxima ternura a la más profunda densidad, como si lo que pensara se pudiera dibujar de inmediato sobre esos rasgos que se suelen identificar en el exterior con cierto arquetipo del hombre argentino, apasionado, intenso y con cierta melancolía natural. Lo cierto es que al conversar con él y cuando se logran surcar las aguas de la realidad que más enturbian su ánimo hipersensible, puede surgir la verdadera magia de sentirlo como alguien al que nos uniera una amistad nutrida de placeres cotidianos, de mucho fútbol, asado, truco y extrema fidelidad. Sin dejar de ser uno de los actores argentinos más prestigiosos de los últimos años, Darín prefiere hablar de sí mismo como una persona simple, que se conoce, no se miente y cuya máxima virtud ha sido aprovechar y compartir con generosidad las muchas oportunidades que la vida le dio. En su propia casa, estética en cada rincón y amplia como la paleta de su sentir, el actor argentino que ha sabido emocionar toda clase de públicos habla de sus propias emociones.



El alma


- ¿Qué cosas te emocionan?
- Bueno, hay muchos niveles de emoción. Hay cosas que me emocionan gratificándome, que me alegran el alma y otras que me la hunden, todo está en el plano emocional. Es muy duro mantener un nivel de felicidad, cierta tranquilidad, cuando estamos encaminados hacia la peor zona de la especie humana. Mientras hay gente que trata de salvarle la vida a los chicos, anticipándose a enfermedades, otra maquinaria se dedica a fabricar armas y a producir conflictos para poder venderlas. Hay que tener un espíritu muy elevado para sentir que no se te caen los brazos.


- ¿Esto te llega a quitar alegría?
- Sí, muchas veces. Tengo que hacer fuerza para dejar que las alegrías esporádicas o las felicidades personales se puedan mantener un rato largo. Porque si no entrás en otra sintonía, te vas como endureciendo, se va haciendo un cayo y las cosas te van llegando cada vez más menos. Lamentablemente nos quieren acostumbrar a eso. La gente para guardar sus bienes y la felicidad de su familia se pone detrás de unas rejas o pone guardias en la puerta. Eso no es la realidad.


- ¿En qué crees?
- No soy religioso, ni creyente. Envidio a la gente que puede decir “esto es así porque Dios lo quiso”. Los envidio sanamente porque no me sale creer que si se muere un chico de 4 años por desnutrición es un angelito que está más cerca del cielo. Me gustaría tener la posibilidad de tranquilizar mi alma de esa forma.


- ¿Con qué tranquilizás tu alma?
- No se tranquiliza mi alma.


- ¿Y qué te da calma?
- Creo que uno se pone loco cuando se va de eje, cuando hace cosas que no le son propias, con criterios que no son genuinos, son impersonales. Muchas veces nos entregamos a prejuicios que no son personales. Y cuando uno se va de eje, que puede ser por momentos de tensión o una depresión, está muy cercano a tomar decisiones equivocadas. Cuando me siento en una circunstancia como esa busco un punto de equilibrio, de tener un pie de apoyo, respirar, recuperar el eje y estar parado sobre mí mismo.


- ¿Hiciste algún tipo de terapia?
- Hice Psicoanálisis un tiempo. Me fue bien, pero yo soy un poco vago para esas cosas y muy argentino. Cuando creí que ya había descubierto cómo funcionaba el sistema dije: “Bueno, me analizo yo solo”, cosa que vengo haciendo.


- ¿Cómo te ha resultado el auto análisis?
- Y, medio trucho. Necesitás de alguien que no encuentre tantos justificativos como los que me encuentro. Pero la verdad que me ayudó muchísimo, hay cosas que experimenté que sigo poniéndolas en práctica: trato de no mentirme a mí mismo, mantengo diálogos que pueden resultar muy graciosos vistos desde afuera. En esos diálogos te conformás con cosas más o menos definidas o no. Es ahí donde se nota tu calibre. A medida que pasa el tiempo te podés engañar menos, porque te conocés desde hace mucho en distintas circunstancias. Trato de no defraudarme, de no hacer cosas que no pueda firmar, con las que no esté de acuerdo y así no generar situaciones en las que sienta que mi alma está muy convulsionada


- ¿Hiciste algún otro tipo de terapia?
- No.



El péndulo


- Cuando pensás en lo que deseás, ¿hay algo que te quede por cumplir?
- No, no soy ambicioso.


- ¿Por qué relacionás deseo con ambición?
- Porque deseos personales, afectivos, emocionales, no forman parte de un plan, de una estrategia, ni de una táctica. No me fijo metas, soy de un grupo pequeño de personas que consideran que tienen mucho más de lo que merecen, que han conseguido más de lo que necesitan y tengo una actitud plena de agradecimiento con cómo se desarrolló y se desarrolla mi vida. Estoy más parado sobre el presente, viviendo mi vida como se presenta y de desparramar hacia los laterales, hacia mis amigos, mi familia, la gente conocida, parte de la gran fortuna que tengo. Trato de distribuir un poco más el juego. He tenido muchas oportunidades, he tratado de aprovecharlas, de trabajar en función de eso y de rendir. No puedo pedir más para mí.


- ¿Tenés modelos o guías?
- No, porque cada uno tiene que hacer su propio camino. Podés tener referencias, cosas que te gusten de determinado ser y cosas de otro, pero de forma monolítica, concreta, entera, no tengo un modelo a seguir.


- Has hablado de vos mismo como positivo, pero no optimista, ¿podés explicar la diferencia?
- La diferencia es que yo no soy de los que creen que las cosas van a ser mejor, por eso no soy optimista, pero trato de ser positivo. Creo que en lo que nos toca vivir y en el terreno que vamos pisando tenemos mucha ingerencia, podemos modificar cosas. El ser humano se debate permanentemente en un péndulo de oscilación entre lo que nos eleva y lo que nos minimiza y nuestras decisiones están directamente relacionadas con eso, incluso nuestros pensamientos. Trato de tener pensamientos positivos, a pesar de que soy alarmista. No soy muy esperanzado, pero trato de enfocar sobre lo positivo y de aprovechar al máximo las oportunidades que se presentan.


- ¿Cómo te llevás con el paso del tiempo?
- Bien, en la medida en que las cosas responden y puedo funcionar. Obviamente la acumulación de tiempo es como la acumulación de kilometraje andado, hay un desgaste, una erosión, pero nos reciclamos permanentemente, uno se está energizando. También es una cuestión mental, es muy importante el enfoque. Vengo de vivir una situación que es reveladora. Tuve hace siete años un accidente esquiando donde me corté los ligamentos de la pierna, no esquié más y me empecé a acostumbrar a la idea de que tenía que convivir con eso. Por otra parte, no estaba dispuesto a operarme porque tenía una rehabilitación muy larga. Y hace quince días, un amigo mío, un tipo muy entendido, profesor de esquí, me animó a intentarlo de otra forma, con más cuidados. Y lo logré. Estuve una semana esquiando, no sentí ningún dolor y lo que empecé a sentir cuando vi que podía a pesar de la dificultad es incomparable, mucho más glorioso que lo que sentí la primera vez que esquié y no tenía ningún problema. Porque uno tiene que aprender a conocerse, saber los elementos y herramientas con las que cuenta y ver cómo se va presentando el terreno. Ahora volví a jugar al fútbol, al tenis, corro, porque tenía una traba mental que me había producido el problema de la pierna, me había puesto viejito, entre comillas.


- ¿Tu amigo te ayudó a llegar hacia ese lugar?
- Sí, de hecho la lesión la había tenido con él, conocía en profundidad lo que me pasaba, tiene mucha experiencia y me fue llevando de a poco. Fui soltando los temores y me di cuenta de que podía hacer exactamente lo mismo, con más cuidado. Lo estoy aplicando a todos los terrenos, físicamente me siento poderoso. Cuando tenía 25 años no tenía ninguna lesión, pero no sabía qué podía o no podía hacer. Ahora que tengo el doble, sé y disfruto de lo que puedo hacer.


- Solés hablar de la relación con tus amigos y de la vida en sí como de un fluir de energías, te manejás mucho con esas sensaciones...
- Es lo que siento. Si arrancás a la mañana y estás medio bajoneado, ahí es donde el péndulo empieza a moverse y si tenés la suerte de encontrarte con alguien que tenga buena energía y buenos sentimientos, a lo mejor cambia tu día. Quizás te encontrás con alguien que está oscuro, con un problema muy pesado, su energía está muy apagada y la poca que vos tenés la compartís con esa persona y el resto del día contás con menos reservas. Creo que el reciclaje de energía está directamente relacionado no sólo con cómo enfoquemos la vida, el aquí y ahora, sino con los encuentros que vamos teniendo. Hay gente que te regala energía, otra que te la absorbe y algunos hacen que la energía circule, toman lo que necesita de ella y el resto lo distribuyen. Me parece que no sólo es un aspecto generoso y democrático, sino una forma de caminar por la vida, donde no te quedás con más de lo que no necesitás y te sentís liviano.


- ¿Qué es para vos el amor?
- ¿Amor? Y, el amor es todo. Es la gran fuente de energía por naturaleza. El sol es amor, fijate que nosotros estamos lo suficientemente lejos del sol como para no incinerarnos, pero lo suficientemente cerca como para sentir su calor y que la vida sea posible. En esa composición cósmica, en ese punto de equilibrio, hay mucho amor, sin que esto parezca una cosa animística ni esotérica. Pero la generosidad, la apertura, la amplitud con la que nos podemos mover con respecto a todos los demás está directamente relacionada con el amor, más allá de los amores clásicos, tradicionales y personales. No soy religioso, pero cuando decimos que es fundamental amarnos entre nosotros, los prójimos, si hiciéramos foco sobre lo que queremos decir, si realmente pudiéramos sentir eso en profundidad, nos daríamos cuenta de que cada uno de los pibes que están parados en los semáforos pidiendo monedas o limpiándote los parabrisas no son de otros, mucha gente piensa que soluciona el tema levantando la ventanilla del auto y lo único que hace e postergar el problema hasta el semáforo siguiente. Todo el tiempo nos vamos encontrando con gente que tiene problemas, que necesita ayuda, que a lo mejor lo máximo que necesita es que le prestes atención, más que darle una moneda. Y es de acuerdo a cómo nos llevamos con ese universo donde aparece la posibilidad de que sintamos que vamos cargados o livianos. Mi viejo siempre me decía, cuando yo era chico y no lo entendía muy bien, que uno tenía que andar muy liviano de equipaje, porque no necesitamos tantas cosas y cuando tenemos demasiadas tenemos que ser concientes de que estamos sobrecargando la mochila. Necesitamos más cosas intangibles.


-¿Cómo fue tener hijos?
- Fantástico. Los hijos son un regalo increíble. Si además te toca la suerte de tener dos como los que tengo, que son buena gente, sensibles, que se preocupan por los demás, eso te hace sentir orgulloso. Quiero que sean felices. Les paso información para que estén al tanto de cómo son las cosas, cómo ocurren y funcionan, pero sin exagerar en términos de atemorizarlos. Si ellos están fuera estoy permanentemente atento a lo que les falta, los llevo, los traigo, los acompaño. Cuando estoy filmando y haciendo teatro estoy permanentemente detrás del teléfono. Trato de acompañarlos todo lo que puedo, de no invadirlos pero de estar cerca.


- ¿Jugás con ellos?
- Sí, a todo, a lo que sea. Al fútbol, al tenis, a corrernos...


- ¿Te hicieron contactar con cosas que habías dejado o nunca dejaste de jugar?
- No, nunca dejé. Toda mi vida jugué y seguiré jugando.




Biografía


· Nació en Buenos Aires en 1957, en una familia de actores. Debutó de niño como actor en teatro, en una obra de sus padres.
· Entre los 70 y 80 fue suceso televisivo en telenovelas de Alberto Migré, el más famoso creador argentino de éxitos melodramáticos. Fue uno de los “galancitos” que protagonizaron popularísimas novelas, películas y obras teatrales y hasta formaron un equipo de fútbol para eventos sociales.
· Con la democracia, protagonizó éxitos televisivos de estética más teatral y contenido más político como Nosotros y los miedos y Compromiso.
· A fines de los 90, década en la que empieza a protagonizar películas más valoradas por la crítica, realizó la exitosísima tira televisiva Mi cuñado.
· Desde el film Perdido por perdido, de 1991, la crítica comenzó a destacar una versatilidad actoral que fue creciendo en las más destacadas películas de estas dos últimas décadas, como El faro, El mismo amor, la misma lluvia, La fuga, Luna de Avellaneda, El hijo de la novia, Nueve reinas y El aura.
· Con la obra teatral Art, ocho años en gira, tiene uno de los records de taquilla del teatro argentino y forma parte del llamado fenómeno Darín en España, donde es la cara más visible del cine argentino pre y sobre todo post crisis argentina.
· Sólo en 2002, tuvo en España cuatro películas suyas en cartel y acaba de debutar internacionalmente en La educación de las hadas, de José Luis Cuerda.

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