26.9.07

Jaques Morelenbaum



“La música tiene que tener una relación directa con el placer” 




El cellista y arreglador da claves sobre sus concepciones musicales. Y habla de su trabajo con Caetano Veloso. 



Diego Oscar Ramos . La contumancia . 1998




    Aunque masivamente famoso luego de hacerse cargo de los arreglos de Caetano Veloso, Jaques Morelenbaum es uno de los músicos más completos del Brasil, lo que prueba un historial que incluye su participación como músico o arreglador de Egberto Gismonti, Gal Costa y de su gran maestro Antonio Carlos Jobim. El cellista habla del cruce de géneros que define a Livro, se define como un músico que prefiere la sofisticación sonora y reflexiona sobre su rol como productor de Veloso, uno de los artistas más creativos y polémicos de Brasil.

Meu trabalho é te traduzir. 




    “No sé si soy fundamental, porque Caetano no precisa a nadie para hacer bien lo que hace, pero esta nueva fase donde usa la orquesta y sonoridades acústicas es interesante y me siento un poco responsable por eso” dice Jaques Morelenbaum, buscando expresar su reacción frente a los elogios usuales que lo indican como eslabón elemental del sonido del bahiano. “Cuando me buscó para trabajar como arreglador de una canción de Circulado (Itapuá), para tocar en sus giras y después para producir el álbum sabía que yo podía ofrecerle una concepción sinfónica y sofisticada de la música popular”. Quizás sólo su productor anterior Arto Lindsay, en su fuerte influencia vanguardista sobre Strangeiro y Circulado, fue tan reconocido como el cellista en el rol de ser mucho más que un instrumento accesorio para pulir o embellecer las canciones. [1] La confrontación con Lindsay - con el que parecen compartir un gran respetuo mutuo - no le molesta, aunque sí lo incomodan las miradas que ven al músico norteamericano como una influencia modernizadora mayor sobre la carrera de Caetano: “Lindsay tiene una formación muy diferente a la mía, más que músico es un intelectual y la modernidad de Caetano se queda, aparentemente, más en sus posiciones que en las mías; mi relación con la producción de Caetano es la de profundizar en su interior, tratando de realizar todas las fantasías que tiene dentro de sí”.


  - Ese concepto de trabajo recuerda al estilo de George Martin, que desde su formación musical podía desarrollar conceptualmente las ideas de Los Beatles.
- Sí, creo que es uno de los arregladores que más admiro, es fundamental para mi camino en la música y en la vida, realmente me influenció mucho. Pero, por otro lado, Caetano sabe mucho lo qué quiere y me lo pide, la mayoría de las cosas que hago son encomiendas suyas. Cuando hicimos Circulado Vivo mi trabajo fue solamente de estudio, todo el concepto del show era una creación colectiva con la dirección musical de Caetano. Pero como yo tenía más experiencia de estudio y de producción que los otros músicos de la banda fui elegido como productor. Ya en Fina Estampa la idea de todo es de él, me llamó para hacer el trabajo sabiendo que quería sonar clásico, con el sonido de la orquesta, la sonoridad acústica y rica. Yo tuve otra idea de la concepción individual de las canciones, como en el caso de la de Fito (Un vestido y un amor), donde quise hacerla sólo con cuerdas.


  - Con cierto material parece muy cómodo como para trabajar los arreglos orquestales o de cámara, pero también cuando arreglás canciones como Haití y aquellas que están más vinculadas a lo que se piensa como la modernidad en Caetano...
- Bueno, tuve muchas experiencias con músicos y tipos de música muy diversos y me siento en casa y para pasear de un estilo a otro. [2]Tengo 25 años de profesionalismo en la música y mi enfoque de toda mi vida fue abrir lo más posible, mirar a todos lados, no me gusta la especialización, quedarme toda la vida haciendo un tipo de música; así como me gusta viajar por el mundo, también me gusta hacerlo en los universos de la cultura y de la música.

A bossa nova passou a prova.


    “Bossa nova es más Greenwich Village que 52nd Street, es más una lluvia fina mirada a través de la ventana de un modesto hotel de 46th Street, que un rojo crepúsculo sobre la isla de Manhattan contemplado desde el Empire State ... es más una muchacha triste recorriendo Brodway cuando se apagan sus luces que el Great Highway tumultuoso donde todas las razas se cruzan y todas las impiedades son permitidas". [3] El viejo y entrañable Vinicius de Moraes no podía dejar de vincular a la isla de Manhattan con el crecimiento y consolidación de la bossa: fenómenos tempranos de globalización cultural, Bahía y Río con oído de New York. “Chega de saudade era al mismo tiempo una canción moderna con osadías armónicas y rítmicas que atraerían a cualquier jazzista bop o cool” [4] escribe Caetano en Verdade Tropical, donde rescata a la bossa como la creación insuperable en la que los tropicalistas apoyaron y contrapusieron su estilo. Este entronamiento aparece también en Livro donde deja que el cellista de cuerpo a la relectura de los parentescos de la bossa con el jazz norteamericano y su atmósfera cultural. - Este último trabajo – explica Morelenbaum - tiene como uno de los puntos de partida la bossa nova, un estilo musical brasileño que me influenció mucho a mí y a toda una generación. La prueba de que es un estilo consistente es que tiene cuarenta años y está ahí, presente con los viejos, con los jóvenes y fuera de Brasil: los europeos haciendo new bossa, los americanos tocando y estudiándola en Berkeley.


- Soportó todas las transformaciones... 
- Sí, influenciando a muchos músicos famosos. Y Caetano, como hombre de cultura, por ser un maestro de la historia de la música brasileña y universal, por su constante estudio ve al cool jazz como una de las grandes influencias de la atmósfera de la bossa nova. De una manera simplista se puede decir que es la fusión de todo el sabor de la samba y de las músicas de la calle de los pueblos de Brasil, con una elaboración y una sofisticación armónica y melódica. La mezcla de los dos elementos, uno muy cerebral y otro muy callejero, fiestero, sabroso concibió la bossa nova. Con este disco, Caetano vuelve a todo este proceso, haciendo una fusión de la música callejera de la Bahía de nuestros días (hecha por gente simple, música que forma parte de lo cotidiano y tiene su transformación pop en el axé) con la sofisticación armónico melódica, citando a los que pasaron por todo eso como Gil Evans, reverenciando y homenajeando a Miles Davis, Chet Baker y naturalmente a los maestros de la bossa nova como Tom Jobim y João Gilberto y eso todo para producir una música que no es bossa, ni axé, ni es cool jazz...


  - Hermeto Pascoal asegura que todo buen músico lo es si asume riesgos, si sale de lo seguro y logra que su música esté siempre aliada con la sorpresa. Con "Livro" y su combinación de estilos y géneros estarían asumiendo ese factor esencial.
- Ese es un hecho realmente conciente. La voluntad de sorprender es lo que busco con mis arreglos y creo que es lo que Caetano busca con sus composiciones y su postura artística.


 - Algunos periodistas brasileros, de todos modos, critican de Livro la presencia constante de la percusión y también la forma en que se incluye la axé music bahiana. Como respuesta Caetano suele decir que no tiene prejuicios musicales ni temor de jugar con ningún elemento de la cultura popular, incluso con lo kish. ¿Cómo es su relación con esas ideas?
- Me identifico completamente con la posición de Caetano, porque creo que los prejuicios son una limitación muy grande de la humanidad. Por lo contrario, lo que más me hace admirarlo es su interés abierto, su "antenagem": está siempre atento a lo que pasa en el mundo. Como la vida es tan chiquita y nosotros somos tan chiquitos, no es inteligente dejar de mirar lo que pasa a nuestro alrededor y quedarnos siempre mirando en una sola dirección. La crítica es la crítica y tienen que hablar lo que quieran, no me importa tanto.


Aquela música si não canta não é popular. 


    “¿Dónde se formará ese oído colectivo familiarizado con la música de los pos-serialistas o pos-dodecafónicos? ¿y qué mundo será ese en que una música así suene como música al oído de todos?” [5] pregunta Caetano al público durante los recitales de Livro, antes de cantar Doideca, una particular combinación de atonalidad con rítmica funk. Este tipo de experimentos musicales, que aparecen a lo largo de toda su carrera, muestran también su preocupación sobre el sentido y la vigencia de las vanguardias estéticas de este siglo.


  - Podría pensarse que tanto usted como Caetano intentan volver popular algunos conceptos de la música contemporánea, la relación con nuevos sonidos, lo atonal. 
- Personalmente mi primer pensamiento no es tornar popular nada. Soy un artista que en lo que hago traigo una valija con todo lo que aprendí y experimenté en mi vida, y esto lo quiero transmitir. Naturalmente en mi valija está la música contemporánea, la dodecafónica y mucho de los románticos, los post-románticos, los impresionistas. Todos son fundamentales para mi formación y son responsables de muchos momentos de profunda emoción en mi vida, son mis ídolos del arte. Si ahora tengo más condiciones para que más gente escuche lo que hago estoy más contento, pero si no las tuviera haría lo mismo. Tengo la suerte de poder ser muy sencillo en lo que hago y creo que es lo que más importa en el arte: la sinceridad del creador. La verdad dicha va a permitir al arte cumplir su real función.


  - Esa relación con la sencillez se nota en su rol de instrumentista. Cuando se lo menciona como cellista no se habla en primer lugar lo técnico sino de su capacidad expresiva. Con el cello tiene ese mismo poder de provocar sentimientos, esa sensibilidad extrema propia de Caetano. 
- Bueno, por un lado es consecuencia natural de mi relación con la vida y con la música, porque nunca quise ser un especialista, siempre me gustó mucho producir, dirigir, componer, hacer arreglos, tocar el cello, cantar. La consecuencia natural de esto es que nunca estudié mucho cada una de estas cosas tanto como un especialista podría, en todas mis áreas de actuación tengo deficiencias, no soy técnico como otros músicos. Sin embargo, lo compenso sin problemas, porque busco lo que es mejor en la música: la emoción. Me aburre mucho cuando un instrumentista tiene mucha técnica pero la verdad es que no sabe qué hacer con ella y queda tocando notas y notas cada vez más rápido. La música es un lenguaje del espíritu para el espíritu, del corazón para el corazón y tenemos que decir cosas, la música sirve para penetrar en el espíritu. No me interesa la música de fuego de artificio, y sí la que profundiza en la persona y las sensibiliza, la que las vuelve más próximas de sí mismas y hace que tengan mayor conciencia.


  - Sin embargo, en algunos ámbitos del arte - como el ballet clásico o la ópera - quizás sigue existiendo una relación fuerte con la técnica.
- Cuando escucho un disco, cuando voy a un concierto, o a ver una función de ballet, para mí es bueno que me emocione. Hay muchos tipos de emoción, eso es verdad, pero para mí si no hay emoción no hay nada, no me impacta.


Tudo é assim musical.  




   “El sonido es mi lugar de trabajo, los timbres, las matrices sonoras son como los colores que elige un pintor para su cuadro y es una cuestión de tomar provecho de ese universo, de no hacer lo mismo todos los días, de poder cambiar, de descubrir nuevos sonidos, nuevas dimensiones. Es una búsqueda constante y un interés también de juego, de diversión”. Las palabras del cellista vuelven difícil no pensar en Hermeto, eterno buscador de nuevos sonidos, cuando afirma que el verdadero músico es el que sabe oír más que el que sabe tocar, aquel que está atento a la sonoridad constante de las cosas. Para él, como para el experimental John Cage, todo es música. - Yo opino lo mismo – dice Morelenbaum - el mejor músico es el que sabe oír, porque si tocás y no oís, para qué sirve, si la música está en todas partes y en todas las pulsaciones. Los indios tienen una concepción muy interesante, dicen que el universo tiene sonido, el Om, y que los músicos son aquellos capaces de escucharlo y traducirlo para la humanidad. Esto tiene mucho que ver con lo que Hermeto y John Cage están diciendo, porque un elemento muy importante en la música es el acaso, un compositor busca en él sus inspiraciones, retira sus composiciones de los sonidos que escucha al acaso. Desde nacer hasta morir vivimos dentro de un universo sonoro que puede ser interpretado de muchas maneras. Ese es el oficio de la música, organizar los sonidos para poder decir algo.

  - Pensando en su formación y su experiencia en orquestas sinfónicas o incluso con músicos más ligados a lo instrumental como Gismonti o Jobim, ¿Alguna vez fue una prisión el formato canción para el desarrollo de sus ideas?
- No tengo ningún problema con la duración, creo que dos notas una detrás de la otra pueden traducir la misma belleza y la misma emoción que una sinfonía. Cada tipo de música, cada estilo tiene su lugar y puede ser muy bien hecho, no me importan el estilo o el tamaño, me importa más la sinceridad del contenido, de lo que quiere decir.

  - Quizás el problema, para muchos músicos vinculados a lo instrumental, se presente por la falta de difusión. 
- Es un problema universal. En países con una cultura más desarrollada hay un público mayor para la música de mayor buen gusto, hay más espacios para todos los estilos. En países con tradición cultural menor, o con un sistema de educación menos eficiente, la industria fonográfica tiene un alcance y un poder mayor, impone al pueblo cierto tipo de producto que no tiene profundidad y que tiene el objetivo de venta absoluta, masiva. En Brasil se escucha mucha música de mala calidad que música buena en las radios.

  - Ya que usa esas categorías, ¿puede pensar una diferencia clara entre la música mala y la buena o es un concepto difícil? 
- Es un concepto difícil, pero la música mala es la que uno siente que no tiene mucho que decir, que es rasa. Para sintetizarlo es la música sin talento, sin iluminación, sin brillo, que no estimula al oyente a la abstracción, puedes escuchar o no escuchar y no hay diferencia, puedes charlar y pasa como el viento. La música buena, en cambio, es la que tiene opciones, la que te marca, te hace decir hoy no es un día como ayer, hoy tengo más ganas de vivir, de salir, de buscar la naturaleza, de buscar una mujer o un hombre si eres mujer, de amar. Eso es la música buena, la que inspira, no está ahí para nada.

 - El problema no es de géneros.
- No es un problema de géneros ni de estilos, es un problema de sinceridad. La música que es sincera se imprime en la persona, tiene una razón real y profunda de existir, no es simplemente el producto de una industria. Puede serlo también, pero hay mucha música que sólo es un producto para vender, como pizza o jabón.

  - Arto Lindsay dice que ante algunos trabajos de Caetano sentía que sus ideas no estaban acompañadas de suficiente producción, veía que el resultado final no reflejaba la fuerza de esas ideas. ¿Siente lo mismo con alguno de sus discos?
- En algunos discos siento falta de un acabamiento mejor. Pero en los años ´70 y ´80 había un concepto por el que la emoción de aquel momento específico era más importante que todo. Hacer música tenía que ver con el momento, con lo que pasaba con la energía de los músicos, allí no se cambiaba nada. Mi concepto es diferente, yo estoy acostumbrado a escuchar música tocada por los mejores músicos.

  - La idea de la sofisticación de la que hablaba.
- La sofisticación no es algo más, creo que cuando una música está muy cuidada es más transparente y su sentido, su objetivo y su claridad son mejores. Además puede llegar a las personas más directa y profundamente. Es una cuestión de acabamiento, de tener el mismo material radical, pero con más claridad. Yo no soy un oyente muy “chato”, no me gusta la desafinación, los tiempos que no son ciertos. Estos elementos son básicos, a partir de ahí vas a tener una música que puede ser buena, puede ser bella o fea y no decir muchas cosas, pero creo que la afinación, el acabamiento son cosas básicas.

  - La vieja discusión del mundo del arte: forma es contenido. 
- Exactamente. Creo que la perfección de la forma crea más interés en buscar profundamente lo que hay de contenido. Es un estímulo para eso, y no veo razón para que no tengamos un buen acabamiento. Yo pelee por esto, para mí es el punto de partida para poder escuchar, para mí la música tiene que tener una relación directa con el placer.

Notas

[1] Nunca como en estos dos casos parece haberse dado un trabajo tan mancomunado entre Caetano y su productor, en el sentido de entregarse con absoluta confianza a sus concepciones y talentos disímiles. En ambos casos el producto final crece, no por un mero embellecimiento de los arreglos sino porque el productor también crea y no sólo maquilla. En ese sentido, los arreglos de corte psicodélico de Rogerio Duprat fueron importantes para la etapa tropicalista, pero nunca conformaron a Caetano. Sí habría que repensar el trabajo de Perinho Albuquerque en discos como Joia y Cualquer Coisa, donde su coproducción logra una especie de minimalismo tropical muy rico tímbrica y conceptualmente.

  [2] Dentro de la amplia trayectoria musical, Morelenbaum estuvo desde el principio conectado con grupos de rock. A partir de uno de ellos, A barca do sol, se da su primer acercamiento con Caetano. “Caetano me conoció por mi trabajo allí, donde teníamos una afinidad muy grande con Los Beatles, el rock inglés y al mismo tiempo una identificación muy grande con la cultura brasilera, una conciencia grande de nuestra cultura”. De ese grupo formaba parte el baterista Marcelo Costa .

  [3] Vinicius de Moraes, enero de 1965. "Contratapa para Paul Winter”, de “Para una muchacha con una flor”. Ed.de la Flor, Bs. As., 1970.

  [4] Verdade Tropical, pag. 227.

  [5] "Verdade Tropical", pag. 239



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