24.9.07

China Zorrilla



"He tenido mucha suerte en la vida"

Con más de sesenta años de teatro, cine y televisión, es una de las personalidades más respetadas y premiadas del mundo artístico rioplatense. A sus recién cumplidos 85 años y en una de las etapas más elogiadas de su carrera – protagonista por quinto año consecutivo de la obra El camino a la Meca - la actriz nos abre su casa y se deja ver como una mujer distinguida, que se siente agraciada por vivir de su vocación y disfruta cada día más de las cosas simples de la vida.

Diego Oscar Ramos . Uno Mismo . 2007
asasas


     Si en el protagónico de Camino a la Meca, su cuerpo complementa con gestos de humor y ternura el texto dramático del sudafricano Athol Fugard sobre la capacidad de decisión que siempre podemos tener sobre nuestro destino, también se da ese canto múltiple de sentidos cuando China Zorrilla abre la puerta de su departamento y Flor, su perra yorkshire, empieza a revolotear a su alrededor como hace en el teatro al final de cada función, para que la actriz la alce y acepte sus besos. 
        “Es mucho lo que dan por tan poco que piden”, dice, valorando el vínculo afectivo con las mascotas. Algo que no siempre tuvo como prioridad, en una vida cargada de compromisos con el teatro, el cine o la televisión y con muchos momentos de cambios, como cuando se radicó en Estados Unidos en pleno suceso teatral en su país, ya con toda una trayectoria, para ser secretaria de agentes teatrales y profesora de francés. Siempre respetó el movimiento mismo de las cosas, sin buscar leyes de seguridad para justificar sus decisiones. Le gusta guiarse por lo que le dice su corazón antes que medir sus pasos por razones lógicas.
          No había tampoco garantía de éxito cuando aceptó protagonizar la obra con la que, hace ya cinco años, hipnotiza al público con la historia de una escultora que defiende su alma al no permitir que la saquen de la casa que habita junto a sus obras. Como en su personaje, hay una actitud visceral en China, una firmeza combinada con ternura y desenfado, que se ven en como actúa y en cómo vive. Tan aristocrática como campechana, ella habla con seriedad, nos sirve vermouth y corta queso para comer mientras hablamos, la que danza leve entre sus recuerdos y la que a sus 85 años sigue jugando y riendo como una niña. China Zorrilla es ella misma, todo el tiempo. Y se nota.

- ¿Cómo te definirías?
- Estoy contenta porque he tenido mucha suerte en la vida. Siempre quise hacer lo que sigo haciendo a esta edad. Tengo muchos años de trabajo, haciendo lo que más me gusta. Tengo que trabajar, es necesario por el dinero. Pero aunque fuera millonaria igual estaría haciendo teatro. 

- ¿Y qué te dio el personaje de Camino a la Meca?
- Mirá, La Meca me dio una teoría: Hay que animarse a cambiar. A veces se decreta que en el teatro para hacer una obra de éxito hay que hacer una historia de amor picaresca, con un galán buen mozo que la gente vea en las telenovelas. De golpe la gente quiere pensar un poco, aunque la protagonista sea una vieja como yo. Esta obra dura en cartel y me escriben cartas sobre el mensaje. Tengo algunas guardadas de personas que me dicen: “También encontré la luz tardíamente en la vida”. Es el quinto año que la hacemos y ahora voy a filmar a España otra película con Carnevale. Con él me saqué la lotería cuando me propuso protagonizar una historia de amor, Elsa y Fred, donde no iba a ser de abuela. Algo que nunca o casi nunca había hecho. Llegué a la Argentina con 50 años, no estaba para hacer historias de amor. Y me aparece a los 83. Mirá qué suerte que tengo.

- Como en la obra, a cualquier edad puede aparecer una nueva luz. 
- Vi esta obra en Montevideo y me impresionó el hecho de que la mujer fuera escultora, una profesión nada común, no hay muchos escultores en el mundo, mi papá era escultor y me emocionó por eso. Debutamos en el 2003 y me alarma el gran éxito.

- ¿Por qué te alarma?
- Porque no quiero morirme sin hacer lo que hago mejor, que es la comedia. Hoy el sonido que más me gusta escuchar desde el escenario es la gente que se ríe y lo hace con el buen humor, no con la pavada. 

La memoria

- Sé que llevás desde hace muchos años un diario que escribís diariamente. 
- No es exactamente un diario, porque se supone que ahí uno cuenta las cosas que le han ido pasando en la vida, este empezó en 1946, cuando estaba llegando a Londres por una beca de teatro. Me habían dado un cuaderno y escribí: “16 de marzo de 1946, llegamos a Liverpool”. En otra raya puse: “Vinieron del Museo Británico a recibir los becados”. Y seguí haciendo eso hasta anoche. De golpe rastreo, porque un señor me manda saludos, me dice que me conoció en tal lugar, busco en mi cuaderno y veo que es verdad. Tengo 60 años de mi vida ahí, día por día. Lee fragmentos del último cuaderno, el que va del año 2002 hasta este día. 
     Menciona cenas con amigos, estrenos teatrales, giras por el interior del país con un monólogo donde cuenta su historia, viajes a Uruguay, clases de Yoga y Reiki, premios recibidos, el día en que una sobrina nieta fue a vivir con ella, participaciones en ficciones televisivas, ensayos, estrenos y cada uno de los reportajes que concede con una dedicación y continuidad que casi la vuelven una actividad profesional paralela. Y también uno de sus placeres, junto con su colección de papeles, recortes, cartas, artículos y fotos que mantienen más frescos sus recuerdos.

- ¿A quienes considerás tus amigos?
- No soy muy amiguera

- ¿A qué llamás no ser amiguera?
- Cuando decís que tenés mil amigas y después no tenés ninguna. Una amiga fue mi hermana, que murió. Era la persona más distinta a mí del mundo, nadie podía creer que éramos hermanas. No teníamos parecido físico, ni de cara. Ella era muy blanca de cara, con el pelo negro, muy flaca y mucho más baja que yo. Era una dibujante fantástica, me hacía diseños de trajes y completaba el personaje, era impresionante. 

El afecto

- ¿Te sentís querida?
- Esta es mi pasión tardía en la vida, los perros. Muestra fotos con perros, la libreta telefónica de su vida norteamericana y cartas con mensajes emocionados por su actuación en Camino a la Meca. “Tengo muchas cosas para ordenar”, dice. Cierra el mueble y cuenta que una joven la había llamado para contarle un problema familiar que podría solucionar con dinero: “Me dijo que le daría un disgusto a su papá si no le daba 10 mil pesos, pero más disgusto me das a mí pidiéndomelos, le dije”, cuenta con su humor típico, pero acepta que muchas veces ha terminado dando dinero a personas que desconocía.

- ¿Cómo te convencen?
- Y si te dicen que tienen una enfermedad muy grande, ¿no darías por salud un poquito de lo que te sobra?, ¿y si es verdad lo que me dice? Si crees que soy millonaria, me decís: “Señora, estoy enamorada de vos, me quiero casar, te amo” y el que está enamorado de verdad usa las mismas palabras.

- ¿No percibís si es o no verdad?
- No sentís nada. Por eso son las cosas que te pasan en la vida. No hay palabras para decir mentiras y otras para verdades. Me piden plata por una enfermedad y capaz que se querían comprar un coche. ¿Pero y si es verdad? Tengo trabajo. Y si me sobra la plata me gusta dársela a alguien, pero no siempre me sobra. Vivo bien, no me privo de nada. Y algún día me estaré muriendo. Sé que los plazos se acortan, soy longeva.

- ¿Hacés balances?
- Mucho, mucho, la vida me dio lo que más quería. Cuando voy a entrar al escenario miro para arriba y digo gracias. Por más que tenga un día malo, esté triste o sola, sé que a la noche tengo el recreo, la fiesta de subir al escenario.  

El origen

- Como tu personaje con sus piezas escultóricas, aquí guardás varias obras de tu padre escultor, ¿no es así?
- Hay una especial. Hace un tiempo un amigo mío estaba en un anticuario, vio una estatua de una carita de nena, la compró porque le gustó y mirá lo que dice en la placa: “China en París, 1924”. Soy yo hecha por papá cuando vivíamos en París. La compró porque le gustó, sin saber que era yo!!!!

- ¿Qué te pasó cuando la encontraste?
- No lo podía creer. Y en una revista me sacaron la foto más linda de mi vida: mirando a la estatuita. Y tengo unas máscaras del teatro que le pedí a papá que me hiciera. (Mostrando una foto) Ese es mi papá, ahí en el medio, estábamos en París.

- ¿Te gusta cuando te dicen que sos aristocrática?
- No me lo dicen mucho, pero si me lo dirían no me voy a ofender!!!, ¿qué voy a decirte, que nací en un conventillo con un farol de querosén? No, no nací ahí. Mirá, tengo el mismo pañuelo hoy que en esa foto de la revista. Nunca sé la ropa que tengo, uso siempre todo igual. 

- ¿No te gusta salir a comprar ropa?
- No, para nada. 

- Y cuando salís, ¿qué te gusta hacer?
- Soy muy disfrutadora de las cosas importantes y de las cosas sencillas de la vida, por eso soy tan optimista. No necesito que venga el príncipe Rainero y se me declare. 

Las decisiones

- ¿De qué lugar del mundo guardás recuerdos especiales?
- Me encantaron esos dos primeros años cuando viví sola, en el ´46, en ese Londres espantoso, después de la guerra, donde nos moríamos de frío. Dormía con un equipo de esquí, calzoncillos largos de lana, pantalones, camiseta, sweater, gorra tejida, guantes de lana y me metía en la cama. Todavía es una referencia en Europa ese frío.

- Y ya exitosa en el teatro, dejaste todo y fuiste a New York...
- En el ´64 me había ido de la Comedia Nacional, había fundado una compañía de teatro con la cual fuimos a España con mucho éxito y un día dije: Voy a largar todo y me voy a New York. Fui profesora de francés en un colegio y secretaria de dos productores de teatro. Viví cuatro años, mandé a buscar a dos sobrinas, fui un ama de casa feliz. Después me encantó volver. Y ahora me gusta estar por ir a España. Todo lo que no es malo me gusta. 

- ¿Qué ponés del lado de lo malo?
- Malo es enfermarte, que se te mueran tus amigos. Disfruto de la vida, no necesito grandes cosas para vivir. Disfruto mucho a esta delincuenta. No se puede pasar por la vida sin saber lo que es el amor de los perros. Es una experiencia que hay que tener. 

- ¿Y del amor en sí que dirías?
- Es lo más importante. El único mandamiento que importa es el Ama a tu prójimo como a ti mismo, todos los demás no hacen falta. No soy muy ortodoxa con las cuestiones religiosas, pero hablo todo el tiempo con el de arriba.

- ¿Te quedó algo pendiente?
- Sí, casarme y tener hijos. 

- ¿Lo sentís como una deuda?
- No. Porque sigo disfrutando de la vida. Pero si una mujer te dice que no le importó tener hijos en la vida, no es verdad. 

La vida

- ¿Con qué otra persona sentís vínculos fuertes de amistad?
- Ya dije que no soy amiguera. Pero soy amiga de un uruguayo, que quiero mucho y veo poco: Jacobo Lagsner, el autor de Esperando la carroza. Nada menos. Somos amigos montevideanos.

- ¿Qué encontrás en él como para haberlo mencionado?
- No analizo mucho las razones de las cosas que me pasan. Lo llamo de cuando en cuando y tengo la sensación de que me quiere mucho y de que lo quiero mucho a él. Cuando nos veíamos no nos contábamos confidencias ni nada. De vez en cuando voy a comer a la casa, cocina muy bien.

       Alguien llama por teléfono. Es Sergio, el solitario de la avenida Santa Fe. Con estas coordenadas había anotado China en su agenda al hombre con el que comenzó a hablar en la calle y a quien invitó a ver la obra donde tan claramente se expresa que no hay desierto para el que sabe quién es y lo que desea.

- ¿Te sentís solitaria?
- Mirá, la soledad es una gran compañera de vida cuando uno la elige, pero es un gran dolor para un hombre cuando la vida te la impone. Una vez me llamaron y dijeron: “¿China, no podés charlar un ratito conmigo?, porque hace una semana que no hablo con nadie, no tengo parientes, ya no me llaman”. Cuando lo elegís, es divino estar sola, pero cuando no tenés remedio... China deja de hablar, va hasta el piano y toca una fuga de Bach, a su modo, vertiginosamente y a la vez como si fuese dueña del tiempo. Flor se sube a su falda y logra captar toda su atención. “No hay nadie que de tanto y pida tan poco”, dice de nuevo, como quien redescubre una gema. Abre su mueble de papeles y toma una carta, al azar, que leemos juntos en voz alta: “Cuando se sienta sola y abatida, salga a la calle y verá como el amor y el cariño le llegan a montones, usted es un ser muy lindo y siempre tendrá gente, cuanta usted quiera”.

 
Vida y obra

Concepción Zorrilla de San Martín nació en Montevideo el 14 de marzo de 1922, hija del escultor José Luis Zorrilla de San Martín y de Guma Muñoz del Campo, descendiente de José Gervasio Artigas, prócer nacional uruguayo. Se inició teatralmente con el teatro independiente montevideano, ganando a los 21 años una beca para estudiar en la Royal Academy of Dramatic Arts de Londres. En 1948 entra en la Comedia Nacional del Uruguay, siendo primera figura durante una década y participando en más de 80 obras de teatro. En 1961 es parte de la fundación del Teatro de la Ciudad de Montevideo, con cuyo elenco viaja con suceso a Buenos Aires, Madrid y París. En esta ciudad vivió y estudió teatro en La Sorbona bajo la dirección de Henri Rolland y tomó cursos con Maurice Escande. Trabajó como directora, productora y adaptadora de teatro, como periodista en Europa para la BBC y para el diario uruguayo “El País”. En los sesenta fue conductora televisiva en la TV de Uruguay y vivió cuatro años en New York, siendo traductora, secretaria y dactilógrafa de productores de Broadway, además de profesora de francés en un colegio. En 1971 se radica en Buenos Aires y da inicio a su carrera cinematográfica, interviniendo en casi cuarenta películas, de las que se destacan Un guapo del 900, Los gauchos judíos, La tregua, Esperando la carroza, Darse cuenta, Lola Mora, La peste, Besos en la frente y la reciente Elsa & Fred. intensa actividad teatral. Entre las numerosas obras teatrales que protagonizó aquí están Querido Mentiroso, Una Corona para Benito, Encantada de Conocerlo, Una Margarita llamada Mercedes, Emily, Canciones para mirar, El Diario Privado de Adán y Eva, Eva y Victoria y Camino a la meca. Integró elencos de primer nivel en televisión, tradujo obras y canciones de comedias musicales y recibió múltiples distinciones, como el Cóndor de Plata 2002 a la trayectoria cinematográfica, el ACE de Oro en el 2003, la Orden Gabriela Mistral y la Orden de Mayo de los gobiernos de Chile y Argentina. Fue declarada ciudadana ilustre en 2004 por la legislatura porteña y en el 2006 fue distinguida con el premio Clarín Espectáculos a la Trayectoria.

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