11.10.07

Koki y Pajarín Saavedra



Publicado en Playboy México (10-06)
Texto: Diego Oscar Ramos



Con la mística Santiago del Estero como cuna y el mundo como escuela, los hermanos Saavedra han mostrado en sitios míticos como el Lido de París, por mencionar sólo uno de los escenarios de países como Francia, Italia, Inglaterra, Bélgica, España, Argelia, Suiza, Alemania, Israel, Dakar, Senegal, Irak, Kuwait o Bahrein, que la Argentina tiene mucho más que el querido tango para ofrecerle al mundo. Y ahora es América Latina donde los Saavedra sienten que deben regalarle la pasión de sus danzas, donde han unido lo que aprendieron y lo que ya sabían desde niños, cuando zapateaban por su placer y el de los adultos que veían que esos pies andarían más caminos que los de su provincia, porque eran ellos los que mirando bien lejos hacia el horizonte y haciéndose amigos del mundo podrían entender más que nadie la médula del sentir folclórico, ese  lugar donde la tierra calienta con verdad los corazones y vísceras de sus hijos. Ahora es México quien verá en octubre en distintos festivales el espectáculo Incapié, donde se unen la madurez artística de los Saavedra con la curiosidad vital de un joven cuerpo de baile. Curioso y expectante con Latinoamérica, Pajarín, el más grande de los hermanos, dice que fue al instalarse en Buenos Aires luego de su estadía europea en París y Madrid, cuando comenzaron a reconocer verdaderamente este continente. “Es un lugar riquísimo, para descubrir, adentrarse y dar, porque hoy nos toca seguir aprendiendo pero con una conciencia que nos hace sentir que queremos viajar, ver otras cosas y volver, pero sin otro lugar que no sea este”, explica y agrega que “este viaje a México es muy importante porque queremos confrontar qué nos sucede a nosotros y qué les sucede a los demás con esta propuesta”. Habla de los bailarines jóvenes, del intercambio de energía que ellos le brindan y la contención que su experiencia les da a ellos y la palabra que resumen ese vínculo es paz, el mismo sentimiento que cree que los latinos tenemos para ofrecerle al planeta, “a pesar de las situaciones violentas que se atravesaron y aún se atraviesan”.
Habiendo vivido la crisis argentina del 2001, siente que todo argentino sensible guarda una enseñanza positiva, hacer cada uno su trabajo con responsabilidad y bajar las cuotas cotidianas de violencia, que se pueden dar en el trato cotidiano entre las personas. La armonía de la propia relación humana y artística entre los dos hermanos, que parecen seguir con fidelidad máxima la ley primera del argentinísimo Martín Fierro, es la prueba de que es posible otra forma de vivir. “Todo lo que hacemos lo creamos, lo evaluamos y resolvemos entre los dos, si a uno se le ocurrió la idea, siempre está el otro trabajándola”, cuenta Koki, con tres años menos que su hermano que no plantean ninguna diferencia fuerte, al contrario, hablar con ellos es vivenciar una dupla complementaria unida por el respeto, la admiración y el afecto, que se materializan en sus creaciones. “Hacer una coreografía es hacer nacer algo que no está y trasladarlo al espacio escénico, las fuentes de inspiración son amplias, podríamos bailar hasta una música de Miles Davis, pero tomamos al folclore argentino, que es inagotable”, cuenta Koki y me ofrece palabras sobre la gran sensualidad que saben darle a sus espectáculos: “la sensualidad está en las danzas folclóricas argentinas, en un porcentaje elevado,  la mayoría son danzas de pareja, en la chacarera, la samba, el bailecito, el carnavalito, la cueca, pero mucho tiene que ver con el tratamiento coreográfico y la realización, porque la sensualidad se puede transformar en un esquema que se vuelve estereotipo”. Todo lo contrario sucede cuando se baila el chamamé del Chango Spasiuk, Mi pueblo, mi casa, la soledad, creación nueva que sensualiza y emociona. “Es importante para la formulación de las coreografías buscar lo esencial, ver qué tenemos para decir, es un trabajo que no tiene límites”, dice Pajarín y explica que es necesario recuperar la expresividad y lo más genuino de las danzas nativas, que hablan sobre todo del encuentro de las dos energías humanas básicas, la masculina y la femenina, que debe acontecer en la vida misma con más verdad que artificio. Ese es el trabajo que logran los Saavedra, hacer sentir la fuerza y el alma contenida en danzas que quizás conocemos todos, pero que vividas con emoción se vuelven nuevas, como cada historia que se siente más con el corazón en el presente que con la cabeza en el pasado conocido. Por eso México, que los hermanos conocen y aman en la obra del escritor Juan Rulfo donde reconocen figuras que podrían ser del propio Santiago, es para ellos expectativa y pasión por un amor nuevo, que parece estar naciendo, ahora mismo, en el eco de una danza.

Nuevo Arte Nativo


Oriundos de Santiago del Estero, una de las provincias argentinas de mayor tradición folclórica, los hermanos Carlos Orlando “Pajarín” y Jorge Juan “Koki” Saavedra, son los más refinados renovadores de las danzas basadas en el folclore argentino. Nacidos con el arte en su sangre, aprendieron junto a su padre Carlos en danza y zapateo y compartieron escenarios del mundo junto a su tío Juan, eximio bailarín. A fines de los ´80 y luego de haber bailado en lugares como Paris, Madrid, Africa y Medio Oriente con la afamada compañía Los Indianos, deciden emprender un camino independiente de sus familiares y maestros, creando su propia compañía, con la cual desarrollaron exitosamente sus capacidades coreográficas expandiendo las posibilidades expresivas de las danzas argentinas e incorporando a sus shows la interpretación de sus propias creaciones musicales. Famosos por su trabajo estético con el zapateo y las boleadoras, su Nuevo Arte Nativo integra siempre desde la identidad nativa, su estudio minucioso de disciplinas de la danza clásica, jazz, contemporánea y flamenca. Han compartido palcos y trabajos con músicos argentinos como Mercedes Sosa, el bandoneonista Dino Saluzzi, Chango Farías Gómez, Peteco Carabajal, Cuti Carabajal, Liliana Herrero, Jairo, Lito Vitale, La Chilinga, Ernesto Snajer, Abel Pintos, Facundo Guevara y bailarines como Miguel Angel Zotto. Actualmente están presentando por el mundo Incapié,  una relectura de sus más reconocidas coreografías a las que se suma una nueva faceta de trabajo con músicas de la zona mesopotámica argentina, como el chamamé.

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