2.10.07

Naná Vasconcelos

EL PULSO VITAL


Destacado muchas veces como uno de los mejores percusionistas del mundo, el músico brasilero prefiere ser reconocido como un hombre que sabe escuchar la música y el silencio, al que incorpora a su concepción orquestal de la percusión. Su búsqueda rítmica y tímbrica actualiza la tradición cultural y religiosa nordestina. Y siempre incluye al berimbau, su instrumento más característico. En esta entrevista - realizada en Salvador, Bahía, en el 2000 - relaciona su arte con la religiosidad y valoriza el papel de la improvisación, en el arte y la vida.


Texto y fotos: Diego Oscar Ramos . Temakel . 2002


      Naná Vasconcelos nació en Pernambuco, nordeste del Brasil, tierras tan famosas por sus sequías y pobreza material como por su enorme fertilidad cultural y religiosa. Esos extremos han sabido confluir en un arte en expansión que conforma gran parte del imaginario cultural brasilero. De ese universo forman parte los míticos cangaceiros, la literatura de cordel, los músicos repentistas, la capoeira, el cinema novo de directores como Glauber Rocha y la renovación de la música popular brasilera con figuras que van de Dorival Caymmi, Luis Gonzaga y Joao Gilberto a Caetano Veloso, Gilberto Gil y más recientemente Carlinhos Brown, Chico Science o Lenine. Con muchos de ellos ha tocado y grabado Naná y todos son herederos de un clima caliente en ritualidad donde las numerosas manifestaciones religiosas de origen africano hacen que el sincretismo sea un gesto natural del nordestino. Tanto como su tendencia a emigrar y buscar nuevas regiones, alejadas de la aridez material, aunque quizás menos ricas en rituales y memorias de tiempos sin memoria. Por eso, aunque comenzara su carrera acompañando también en sus inicios al gran Milton Nascimento, logró atraer la mirada musical de su país al trabajar con músicos ligados al jazz como los argentinos Gato Barbieri y Agustín Pereyra Lucena y luego Don Cherry, Collin Walcott, Ron Carter, Lenny White o Pat Metheny. Por estos trabajos la revista especializada Down Beat lo destacó en varias oportunidades como mejor percusionista del mundo. Fue, además, uno de los primeros músicos que independizó al berimbau de su uso tradicional en la capoeira, al hacerlo actuar incluso como solista junto a una orquesta sinfónica y siempre aplicando su concepción orquestal de la percusión, con la que ha enriquecido las posibilidades armónicas y tímbricas de lo percusivo. 
      Admirador del compositor brasilero Heitor Villalobos, que desde la tradición de la música erudita se acercó e integró a sus composiciones los sonidos y estructuras de la música popular del Brasil, Naná toma un impulso desde las mismas raíces de la música popular y religiosa nordestina y hace crecer paisajes desbordantes a su alrededor, con una capacidad visual que plasmó en los discos que hizo junto a otro gran explorador como Egberto Gismonti y en todos sus creaciones para bandas sonoras de películas y agrupaciones de teatro y danza contemporánea. Siempre interesado por el tema del cuerpo, ha desarrollado una técnica de percusión corporal que practica no sólo en sus grabaciones y conciertos sino en sus talleres destinados a transmitir nociones rítmicas corporales a todo tipo de personas, no sólo músicos o bailarines. Estos conceptos, además, los aplica en su Pernambuco natal en un programa de desarrollo social a través del arte - ABC das Artes Flor do mangue - para niños carenciados materialmente, obra que él mismo sostiene. El trabajo con niños había nacido de un proyecto de investigación sobre las posibilidades de curación de la música que realizó en Francia, donde colaboraba con un médico en la rehabilitación de chicos con dificultades de coordinación motora. Con ellos se comunicaba con los sonidos, en una forma natural de diálogo sanador que tenía como protagonista principal al berimbau, su instrumento preferido y el que dice tocar mejor. Aunque lo hayan destacado, justamente por sus capacidades técnicas, como mejor percusionista del mundo y aunque su música sea a veces catalogada como étnica, world music, jazz o ambient, él mismo se encarga de salirse de toda clasificación. Para Naná Vasconcelos, la música es algo sagrado.

La música

     "Me gusta traer personas que tengan algo natural, verdadero que mostrar y nada más natural que los pigmeos que son los verdaderos minimalistas. La tradición es la madre eterna de todo lo que traemos de creativo, moderno es solo un nombre, un desfile y un hijo de la tradición, el hijo más joven se llama Internet". Naná para de hablar y luego de un segundo de silencio que funciona como acento de su idea ríe con ganas, como disfrutando de su ocurrencia y hasta del sonido de su voz, es que para él la red responde al mismo concepto del primitivo toque de tambores: alguien llama, otro contesta, fenómenos de pura comunicación. El hall del hotel Tropical Bahía, esa mañana de abril estaba repleto de personas de credos y razas distintas, músicos que iban a participar de una fecha más del Percpan, festival internacional de percusión que se realiza todos los años en Salvador, Bahía, la primera capital del Brasil y la ciudad de mayor concentración de población negra del país, detalle esencial a la hora de pensar en sincretismos estéticos y religiosos de esta tierra del carnaval de calle más popular del mundo, aún resonando en los cuerpos después de un mes. En el hotel se abría un ascensor y no dejaba de ser sorprendente para el cuerpo encontrarse con la agrupación de pigmeos de la República Centro Africana, grupo nómade que daría un notable espectáculo en el festival que Vasconcelos dirige junto a Gilberto Gil, bahiano ilustre, codirector del evento y gestor de otras tantas visitas como grupos de reaggae jamaiquinos. Entre comitivas de andaluces, árabes, africanos y brasileros de todas las regiones que lo buscaban para que su sentido de la precisión se imprimiera en la organización del evento, Naná puso una pausa y se prestó al diálogo, conciso y tan musical como el encuentro de percusión corporal que daría al día siguiente, a pleno sol de mediodía, en una ronda gigante de sonidos y tiempo.

El cuerpo


- Me gustaría que hable de la importancia de la percusión en la música.
- El Percpan es la idea de mostrar las posibilidades que tiene. Yo trato de usar la percusión como una orquesta, con los diferentes timbres que sirven para orquestar, también trato de usarla para tener un acceso visual a la música, que podamos decir: "vamos para la selva" y hacer una cosa con la percusión para que puedas sentirla. Busco hacer música con la percusión y toco más cuando no toco (ríe). Lo más difícil de hacer en la percusión es el silencio. Hacer que el silencio se transforme en ritmo. Mi workshop trata de ver que todos los ritmos están inmersos en eso.


- ¿El silencio no es también donde se da el nacimiento del ritmo?
- La percusión es vida, si el corazón no late no hay vida ni ritmo.

- ¿Cómo es el trabajo que hace de percusión corporal?
- Es algo que desarrollé trabajando con chicos con problemas psiquiátricos y psicomotores, ahí empecé a ver cómo usar la música para ayudar a los niños, ahí desarrolle un trabajo sobre el cuerpo. También en 1972 en Francia imaginé la primera vez que un cuerpo negro entró en Brasil, hice una composición sobre el primer navío negrero entrando aquí. Llegó ese cuerpo y con él todo. Estoy influenciado mucho por Heitor Villa Lobos que supo mezclar el tratamiento sinfónico con el folclore brasilero. Y Jimmy Hendrix, que me mostró que los instrumentos no tienen limitación. Si buscás encontrás, yo saqué el berimbau de la capoeira, incluyéndolo hasta en piezas sinfónicas.

- ¿No se puede hablar lo mismo del cuerpo, que tampoco tiene limitaciones?- Claro, exactamente, el primer instrumento es la voz, mejor que el cuerpo (se ríe a viva voz).


La naturaleza


- ¿Qué piensa de la idea de la world music?
- Es una moda de grabadoras, antiguamente era música étnica, después new wave.

- Se trataría sólo de catalogaciones de los críticos, pero ¿cómo se puede hablar de la música?
- Es difícil clasificar la música. Yo no quiero ser clasificado porque para mí son documentos, yo procuro documentar mis ideas. Mi música no es parte del comercio, pero de aquí a diez años mis discos no saldrán de catálogo. No formo parte de la moda, como world music, o axé music, eso pasa y en lo que yo hago no estoy preocupado por eso. Creo que la música tiene que ver con la divinidad, es eso, por eso yo hago mis discos, yo produzco, después no quiero saber nada con los mandatos de las grabadoras. No es para mí.

- ¿Lo que algunas grabadoras no entienden es que su música tiene mucha religiosidad?
- Mi música es mi religión y tiene que ver con la divinidad, no voy a andar prostituyéndome.

- Siento es que su música tiene una conexión muy fuerte con la naturaleza y es en ese sentido que hablaba de la religiosidad.
- Mis instrumentos vienen de la naturaleza y es ahí en la naturaleza donde está el mar. El computador sólo está imitando los sonidos de la naturaleza.

La riqueza

- Pude presenciar el concierto con los chicos del Proyecto Flor do Mangue y pude percibir la energía tan linda de ellos. Quería que hablara de ese proyecto social.
- Tengo un proyecto que escribí llamado "ABC das artes, flor do mangue", en Olinda, Pernambuco. Lo escribí porque la situación de Brasil esta muy difícil, yo fui un chico pobre, pero en mi época no había esto de tantos niños en la calle, sin lugar donde vivir, aspirando pegamento. Ese es un fenómeno nuevo. Yo pase casi 30 años afuera del país, en New York y en Francia. Y casi diez años sin venir a Brasil. Cuando volví por primera vez, en los años ochenta, comencé a ver todo esto. Ahora creció mucho y es difícil de esconder.

- ¿En el nordeste es peor?
- Es mucho peor y el futuro del Brasil está en la calle, los artistas están tomando actitudes políticas, Naçao Zumbi, muchos proyectos, Xuxa. Yo no tengo dinero, pero quiero hacerlo, es mi posición.

- ¿Es lo que tiene que hacer como músico, como artista?
- Como músico, como hombre, como brasilero, como ciudadano, tengo tristeza y vergüenza por mi tierra. La idea es invitar a un pintor o alguien que trabaje con cerámica, pasa dos meses con los chicos y muestra el resultado de la experiencia. Traigo otro artista, que fabrica instrumentos, hay intercambio. Los niños no son chicos de la calle, sino que están en la calle.

- No fue una elección de ellos...
- Exactamente. El proyecto está adelante por la ayuda de un grupo de amigos, con los que alquilamos una casa. Vamos a un supermercado y nos dan agua, vamos a una panadería y nos dan pan. No tuve apoyo político, me prometieron hasta una casa, pero nunca llegó esa ayuda, ni va a llegar. Los chicos van al Proyecto primero para comer, les da esa oportunidad. Y ahora todos ellos tienen que ir a la escuela, ya están anotados.

- Más allá de la precariedad económica que puede encontrarse en el nordeste brasilero, allí se da una escena cultural muy fuerte.
- Eso se debe a que el nordeste está la riqueza folclórica mayor de la música popular brasilera, porque hay una variedad muy fuerte, hubo mucha variedad de etnias africanas que llegaron en barco solo al nordeste. Hoy muchas cosas que los esclavos hicieron no existen mas en África, porque la colonización acabó. Muchas cosas vinieron desde África hasta el Brasil y se encontraron por primera vez. Vinieron de diferentes partes, la capoeira viene de un lugar y el berimbau de otro. El samba existe por esa reunión, el pandeiro proviene de lo árabe. En Cuba sólo fue yoruba, en Jamaica sólo Etiopía. El Brasil tiene una mezcla diferente de África y Europa.

- Además Brasil es casi un continente, ¿eso no influye?
- Claro, eso también. La cultura del indio brasilero no se conoce mucho, es más en Sudamérica que se la conoce más. Aquí fue dominada por la cultura africana, porque los indios no quisieron ser esclavos.

- Usted y Egberto Gismonti trabajaron mucho con la cultura indígena del Amazonas.
- Yo hago trabajos de ese tipo porque considero que el Amazonas es una reserva de vida y sabiduría. Tal vez la cura del SIDA este ahí, lo creo.

- Hermeto Pascoal tuvo una búsqueda en ese sentido, de hacer música con el agua. Decía que los indígenas todo el tiempo estaban haciendo música al vivir integrados al agua del Amazonas.
- El Amazonas es eso, una reserva de sabiduría que puede ser destruida.

La improvisación

- ¿Qué valor halla en la improvisación?
- La improvisación es fantástica porque involucra tu centralización. El músico improvisador es un músico que tiene que estar disponible y no tener miedo. Y hay que aprender a oír. La improvisación tiene que ver con la vida. Nuestro fútbol en Brasil perdió cuando perdió la improvisación, cuando perdió la danza. La época de Garrincha, de Pelé era un fútbol que se improvisaba, no era de escuela, era en el medio del campo, todo pasaba ahí. ¿Sabe qué músico que es Maradona con la pelota? Usted no sabe lo que él va a hacer, no es fútbol de salón.

- Hay sorpresa.
- Hay sorpresa, por eso es un músico improvisador. Entonces hay que estar disponible para el reflejo. La improvisación es eso, el fútbol de Pelé y Maradona. Primero la persona tiene que saber dominar lo que sabe, ahí puede ser libre. Un músico debe tocar, eso es importante, no debe explicar nada, debe procurar decir. Sólo toco aquellos instrumentos con los que pueda contar una historia para ustedes. No podés tener miedo, tenés que tener ganas, tenés que estar relajado para improvisar, para poder hacer reír con la música, para poder hacer llorar. El silencio puede ser muy claro (ríe fuerte con su ocurrencia). El músico que procura explicar es aquel que busca forzarte a tocar rápido y alto (ríe de nuevo). Ahora, la técnica es necesaria para poder hablar claro, yo busco técnica en las cosas que hago para que mis ideas sean claras. Te puede gustar o no, pero el mensaje está.

El sol

El sol del mediodía, imponente, dejaba sentir sobre los cuerpos presentes un calor de tiempos remotos que el sonido del berimbau acentuaba en su hipnotismo de pulso constante. "Todos los ritmos acontecen entre un paso y otro del pie", decía Naná Vasconcelos y ordenaba con pocas palabras la ronda en el workshop de percusión corporal. Todos girábamos a su alrededor, en dos grupos que se movían rítmicamente formando un mandala corporal que emitía sonidos con los pasos y las voces. Naná iba tomando tambores, cencerros y accesorios mientras el círculo continuaba con las voces, los pasos y las percusiones sobre distintas partes del cuerpo, que aprendía un latido vital, solidario con el de todos los miembros de la ronda. Se trataba de ser ese mismo pulso que permitía un ritmo de base para que los sonidos de los instrumentos del mágico Vasconcelos hiciera olvidar el calor del mediodía bahiano, que parecía África, que era puro calor en un pulso de latido inicial. La ronda hacía nacer el mundo escuchando con el cuerpo las indicaciones sonoras de Naná y unas pocas palabras para que la celebración fuese simultánea. Nana dirigía bailando, tocaba el gong mientras todos éramos un OM profundo, cantado desde adentro de las voces. El se movía, cantaba y contaba que ese sonido era el mismo que se oía en el Amazonas. Las palmas caían en distintos espacios, entre un pie y otro, los ritmos se entrecruzaban y nacía entonces una sensación de lluvia delicada sobre el río de voces. "Bendito sol da Bahía", cantaba Naná en el centro y el calor del mediodía regalaba más agua, en el sudor de los cuerpos danzantes. Todo era música corporal, entre un paso y otro, en un latido constante, haciendo nacer el mundo.




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