16.10.07

PAPA ROCKER



 Vitico rockea con su hijo y sobrino como guitarristas de VITICUS




Texto: Diego Oscar Ramos -  Rolling Stone - 2007.


     “Por todo lo que he visto, es por eso que insisto, en que me queda mucho por hacer”, canta Vitico en el clásico de Riff que cierra Super, el segundo disco de Viticus, en un bonus que registra en vivo en Obras – como le gusta seguir llamando al estadio – la emoción profunda con que el bajista homenajea a su hermano Pappo. El clásico muestra como vive este bajista que, con tantos años de carrera como nuestro rock, sigue entusiasmado por salir de gira con una energía comparable a la de las primeras rutas con el Carpo. “Acá los medios le dicen rock al pop, lo que no tiene nada de malo, no me pongo furioso, pero si el rock argentino son los Babasónicos me voy a vivir a Rumania”, dice filoso Vitico en su casa de El Tigre, donde ensayó Riff por última vez, tocaba la Pesada y donde ahora hace asados donde aparece gente como Pity. “Las sesiones eran bien graciosas acá”, dice sobre épocas psicodélicas y recuerda: “con La Pesada grabé un blues, en la segunda mitad me quedé dormido y seguí tocando, llevaba seis días sin dormir”. Cuenta que una vez llegaron en bote con Billy Bond y el histórico productor Jorge Alvarez hasta un club donde Pappo tocaba con Los Gatos en los carnavales. “Nadie lo podía creer”, dice y mira al río, con los ojos brillosos. “Siempre me acuerdo de su inigualable sentido del humor, nos reíamos con todo, empezando por nosotros mismos, nos sentíamos caminando en la vida como El joven Frankenstein, nuestro film de cabecera”. Ambos creían que serían como los ancianos de los Muppepts, pero igual tenían el pacto de seguir haciendo la misma música si uno de ellos se iba antes. “Más allá de que no voy a usar el nombre de Riff por ética, parte de la mística, el sonido, el humor, lo seguimos teniendo en Viticus, una continuación bastante más sofisticada”. Con su hijo Nicolás Bereciartua, su sobrino Sebastián Bereciartua y Ariel Rodríguez, los tres en guitarras y ya al borde del tercer disco, que grabarán a mitad de año junto a Nacho Deferrari en batería, el grupo está por tocar en Cosquín, uno de los escenarios que adoran, como todo el interior del país, donde viven un suceso autogestionado que se suma a unos cuantos viajes al país Vasco. El grupo es guardián de un rock del que, junto a Los Redondos y Sumo, Riff fue el máximo exponente. Así lo cree el bajista y confiesa que llegaba a sentir que todo temblaba cuando tocaban con Pappo, una fuerza que no encuentra hoy tan fácil. Sólo en Pier, Almafuerte u Horcas, pero de forma única en la banda donde juntó familia y placer. “Mis dos hijos varones tenían el cuarto lleno de fotos de Motley Crue, Ozzy y lo más heavie que te puedas imaginar, un día les dije: Ustedes tienen a esos tipos en la pared y no se dan cuenta de que soy como ellos y bueno, ahora Nicolás toca conmigo”, cuenta y se ríe. Como en los mejores tiempos.