4.2.08

SANTIAGO VÁZQUEZ


Hombre Orquesta


Aunque las encuestas aún no lo digan, es uno de los músicos más creativos y emprendedores de la última década en la música popular argentina. Su concierto semanal con La Bomba de Tiempo nos dio a los porteños la calidad rítmica de las capitales mundiales de la percusión. Con Puente Celeste le devolvió sorpresa al folclore argentino. Además grabó como solista un disco - Ramoon - donde imitó la estética electrónica sin loops digitales y otro - Mbyra y pampa - enteramente con un instrumento religioso africano como protagonista. Ahora también toca en vivo solo con sus instrumentos y un looper, como lo haría en su estudio casero, pero componiendo en tiempo real.


Diego O. Ramos - Rolling Stone - Feb. 2008 - (Versión extended)

      Hay músicos que parecen haber nacido para mirar la música desde arriba, como si vieran los sonidos desde un helicóptero, virtud que hasta puede desconcertar cuando es un percusionista el que tiene todo como para dirigir una orquesta. Y eso pasa con Santiago Vásquez, que además de haber tocado batería y percusión con Dino Saluzzi, Luis Salinas, Pedro Aznar, Mono Fontana, Néstor Marconi, Roberto Goyeneche o Lito Vitale, formó y dirigió el Colectivo Eterofónico con 17 músicos, implementando un sistema de señas para componer en tiempo real, inspirado en el del músico norteamericano Butch Morris. Todo en Vásquez parece pendular entre la euforia y la serenidad, con una intensidad jugada que ya tenía a sus ocho años, cuando lograba que sus amigos fuesen público de su show de percusión con objetos caseros.
     Hasta ahora, su clave ha sido simple: saber escuchar y traducir rápido lo que otros músicos y la misma música quieren decir. Sin la ironía de ese dicho popular entre estudiantes de conservatorio, que un percusionista puede ser el mejor amigo del músico, cuando como él tiene no sólo una formación global, sino determinación para hacer música como nadie la vio aquí. Director que sabe ser dirigido, en los juegos de Vázquez todo el mundo juega, como en La Bomba, donde todos aprenden el sistema corporal de más de 70 señas y se pasan la posta de la batuta organizadora de las dinámicas musicales de cada fiesta rítmica. También en su recientemente premiado Puente Celeste, donde talentos indiscutidos como Edgardo Cardozo o Marcelo Moguilevsky se pasan la posta del liderazgo y la composición para que la estrella sea la música. Ahora que pasó un año desde su disco más intimista, grabado en casi su totalidad en un monasterio donde Robert Fripp suele hacer música, se está presentando en vivo para dialogar vía loop con esas ideas que pasan por su cabeza y su cuerpo a mil kilómetros por hora.


- La mezcla de géneros y esa mirada universalista de Puente Celeste ahora parece hasta un sonido de esta época, pero parece adelantada en su nacimiento en los 90.
- Cuando empecé con Puente la sensación era de que era algo tan raro que no tenía sentido para nadie. Llevábamos el disco en persona a las disquerías y nos decían: ¿qué hacemos con esto? Ahora el público está acostumbrado a escuchar mezclas de géneros, sobre todo con Internet, porque no necesariamente de los medios masivos uno recibe mayor variedad.


  - ¿Cómo vivís los cambios que trajo a la música la era digital?
- Está buenísimo poder encontrar lo que uno busca en una biblioteca caótica universal. Pero a nivel de aparatos de difusión masivos de música masiva, no pasa algo muy diferente. Se fue homogeneizando y concentrando más, en pocos sellos y pocos artistas. Lo independiente ocupa un lugar enorme en la producción de música, cuando antes el filtro era más infranqueable, si no te grababa una compañía discográfica no grababas. Ahora todos pueden grabar, lo que no pueden todos es acceder a circuitos de distribución. Está bueno que cada uno pueda poner su disco en Internet, pero es cada vez más difícil concentrarse en lo que uno hace con tantos estímulos. Sospecho que hoy es más difícil concentrarse para hacer cosas en profundidad. La sobre estimulación misma produce su música y hay cosas buenas, la música lo que puede hacer es armonizarnos con ese mundo.


  - Justamente en tus dos discos solistas, pasás de la sobre estimulación sonora en Raamón a una forma sonora única en Mbira y pampa, que es igualmente intenso. 
- Ese instrumento es muy poderoso, para mí tiene un poder de conexión con el mundo de lo espiritual. Desde hace más de mil años se usa para tocar para los espíritus shonas, no es para divertirse, se usa en su contexto para entrar en transe y conectarse con esas energías. Y su sonido conecta con lo que para cada uno sea lo espiritual. Más allá de eso me gustó la idea de hacer un disco muy homogéneo, con un solo instrumento protagonista. Es cierto que contrasta mucho con Raamón, donde la idea es la de un caldo de cosas muy distintas. Es un disco que habla de la contradicción del mundo, del caos y de cómo uno lo armoniza. Y el otro va a un plano interno de introspección. Parte de ese disco lo grabé una noche en un monasterio de Gándara, luego en una capilla de Córdoba y en una isla del Tigre, todos lugares donde se puede conectar con lo espiritual.


  - ¿Cómo vivís lo sagrado?
- Lo sagrado es el cosmos en su equilibrio. Es la música, mi familia, mi hija, mi mujer, mi padre, las personas que quiero, el amor en definitiva, una energía que uno puede percibir o simplemente reconocer. Y lo principal de la música es la conexión con el todo, poder escuchar y dejar de dividir las cosas. Hay momentos en que puedo dejar de escuchar una nota y simplemente unirme con ella.


- ¿Qué música te llama la atención hoy siendo un músico que está creando todo el tiempo?
- No tengo ese momento de sentarme a escuchar. Cuando más vas metiéndote en el hacer vas reconociendo todos los trucos, en uno y en los demás. Gozás de otras cosas, desde un lugar analítico. Me pasa muy pocas veces que descubra algo nuevo, que me haga olvidar de todo. De vez en cuando escucho música de mbira, siempre que escucho al Mono Fontana me pasa algo, también con Cardozo y Juan Quintero. Escucho a Bork o Joao Gilberto. Muy de vez en cuando a Gismonti, que fue una influencia muy fuerte como creador, lo mismo que Miles Davis, que en cada disco buscó puertas nuevas, para seguir su camino sin repetir una fórmula. Me gustaría tener un poco de eso, es lo que intento.


- ¿Y qué lugar tiene en tu carrera La Bomba de Tiempo?
- Un lugar central porque se generó una cosa social que era la idea original, pero nadie sabe qué va a pasar con nuestras intenciones. Uno tiene que hacer todo lo que pueda para proveer el lugar y las condiciones para lo que uno quiere, pero que se dé es magia.


  - ¿Cuál era la idea original?
- Crear un espacio abierto donde la gente pueda bailar y estar en contacto con el ritmo y la percusión desde un lugar genuino, realmente de acá y ahora. Ahí surgió la idea de hacer un grupo grande de improvisación en percusión, dirigido por señas, para coordinarse bien y explorar cuestiones rítmicas. En algún momento se me unió el tema de las señas, con la improvisación, con el grupo de percusión y la idea de que fuera un espacio para la ciudad. Como lo hay en muchísimas ciudades del mundo. Una vez que tuve las señas pensé en la instrumentación y los músicos, que tenían que tocar muy bien, tener un control del material musical y poder tocar como uno juega. Y que jugaran muy bien!


  - Y generó un ritual…
- Claro, para nosotros los lunes ir a tocar en La Bomba es un ritual, exigente, porque son dos horas de darle bastante duro. Y ante todo es un espacio de encuentro con la experimentación y otros percusionistas. Cada concierto es aprender con los demás.


- ¿Qué estás explorando hoy?
- Lo que más estoy explorando es un show solo, con instrumentos y máquinas, nada pregrabado, llamado Monoambiente, porque es un lugar donde tengo todo mi mundo musical a mano y lo voy mezclando de una forma libre.


- ¿Poniendo orden al caos?
- Sólo viviendo adentro.