3.10.08

Salvador Sammaritano



La película del maestro 





Fue uno de los más grandes difusores de cine arte en la Argentina. Vaya este homenaje, con una entrevista hecha en el marco de un trabajo universitario, a un hombre que supo transmitir valores, saberes y sentidos. Y les dedicó su vida. 

      


Diego Oscar Ramos – 1996 - Inédita.


      
      Creador de hitos como el Cine Club Núcleo o la revista Tiempo de Cine, fue uno de los hombres que más hizo en la Argentina por la difusión cinematográfica. Transmitió a varias generaciones todo lo que sabía sobre un arte que creía mejor cuando unía profundidad con entretenimiento. Fue jurado en festivales internacionales, profesor universitario, periodista, melómano y maestro primario. Respetado y apreciado por el mundo cinematográfico argentino, vaya este homenaje - luego de su partida el 11 de septiembre de 2008 a sus 78 años y en pleno día del maestro - con un relato en primera persona de su historia personal con el género que consideraba el arte total.




Pajes y piojeras. "Mi primer contacto con el cine se da como el de cualquier chico, viendo películas en el cine de barrio. No había televisión, era la década del ’30, todavía era una novedad el cine sonoro y los programas decían películas sonoras y habladas. Éramos clientes del cine, a veces entrábamos gratis porque repartíamos volantes o nos colábamos. En Colegiales, donde vivía, había dos cines, el Alvarez Thomas, la piojera del barrio donde los pibes hacían quilombo y se daban las series los lunes, miércoles y viernes y el cine Argos, más refinado. La piojera era solamente para los chicos, los reos, los atorrantes del barrio y había muchas: el Columbia en la calle Pueyrredón, los cines Arico, el Pablo Podestá o el Argentina en la Avenida Santa Fe. Era un plato ir, porque tiraban a la pantalla lo que llamábamos venenitos, unos frutos pinchudos que quedaban pegados a la pantalla. Los reos solían ir al piso de arriba y para no perderse la película hacían pis hacia abajo, entonces las plateas que daban ahí estaban siempre vacías. Eran todos pibes, una vez entró una mina y la corrieron por todo el cine sin alcanzarla, cuando llegó a la puerta rajó. Yo iba siempre, veía La isla del tesoro, El llanero solitario, seriales que Spielberg homenajea en la saga de Indiana Jones. Las aventuras llegaban a una situación donde el muchacho, por ejemplo, cae en un pozo lleno de serpientes y ahí terminaba el capítulo. En la continuación se buscaba una solución fantasiosa para poder sacarlo de ahí y uno se quedaba dos días sin saber qué le pasaba. En el Western al protagonista se lo llamaba el muchacho, estaba acompañado por la chica y el villano. Era todo muy definido, maniqueísmo puro. En los continuados se veían tres películas y después un western, aunque me acuerdo que una vez pusieron una de palacios, con situaciones que transcurrían en un castillo. Nos cagamos de risa porque estaban los nobles y los pajes que eran malos y cada vez que aparecían gritábamos: Cuidado que vienen los pajeros". 

El Epidiascopio. "Mi viejo era portero de mi colegio y eso me daba privilegios. Jugaba a la pelota en el patio de la escuela con mis amigos y además organizaba funciones con películas hechas por mí. Usaba un epidiascopio, que es un proyector de láminas opacas. Las armaba con recortes de historieta, los juntaba, armaba un argumento y hacía un programa sin saber lo que decía. Había aprendido a escribir antes de leer, las letras imprentas las sabía hacer muy bien y entonces imitaba los programas del cine donde ponía tres películas, como se hacía en el cine de barrio. Ese fue mi primer cine club y mi única experiencia como director". 

Los trasnochados. "En la Argentina uno de los primeros cine clubs fue el Buenos Aires, donde estaban Borges, Aldo Pellegrini, Cóppola, que trajeron los primeros clásicos del cine ruso, de vanguardia. Después hubo instituciones como Gente de Cine, fundado en el 42 por Ronald, que fue director de la escuela de cine de Instituto de Cine. El otro era el Cine Arte, donde estaba el Lorraine, que era de Elías Lapzeson  y León Klimovsky. Había y hubo antes otros, pero aparecían y desaparecían, algunos de los iniciales estaban en el interior, y los que quedaron fueron el Cine Club Rosario y el Cine Club Santa Fe, que tiene una sala propia. Las funciones centrales de Gente de cine eran en trasnoche en el Biarritz, un cine que estaba en Suipacha entre Corrientes y Lavalle dedicado generalmente a películas francesas, luego se dedicó al circuito general y después se cerró. En aquella época no había funciones de trasnoche, la gente que salía de la última función de la noche nos veía haciendo cola y nos miraban como bichos raros. En el ´54, cuando aparecemos con Núcleo nuestra revolución involuntaria fue dar funciones de cine club en horarios normales. Núcleo nace cuando, con otras pasiones como la música, inventamos con unos muchachos una agrupación cultural barrial que en el primer programa decía “Un núcleo de jóvenes hemos formado” y como había que ponerle un nombre vi esa palabra y quedó como Agrupación Cultural Núcleo que finalmente fue un cine club, porque el proyecto más amplio era demasiado. Éramos cuatro gatos locos, pero gracias a Núcleo tengo una visión global de lo que es el cine, las viví todas, viví el cine club, proyectaba y comentaba la película, pegaba películas, aprendí a limpiarlas. Hay gente que no tuvo una película en su mano, pero yo las cargué al hombro durante mucho tiempo. Núcleo quizás sea la obra de mi vida. Desde que comenzamos pasamos por distintas salas, el Dilecto, el Auditorio Kraft , el Instituto Superior de Cultura Religiosa, el IFT, el Alfil, el Electric y finalmente el Maxi".

Policía vanguardista. "En el ´54, durante el segundo gobierno de Perón, para hacer las funciones había que pedir permiso policial y dábamos películas que conseguíamos de embajadas, cortometrajes, películas experimentales, abstractas. Un policía vigilaba las funciones, se cazaba unos emboles bárbaros y no entendía lo que estaba viendo. Hay un libro de Conrado Nalé Roxlo, Antología Apócrifa, que son cuentos basados en el estilo de otros escritores, en uno escrito a la manera de Borges cuenta la historia de un cana que está en la Facultad de Filosofía y Letras, que empieza a incluir términos filosóficos en su bruto hablar. Siempre me pareció que a este policía le debe haber pasado algo similar. Núcleo fue vigilado muchas veces, pero lo que nos salvó fue que, aunque estábamos sindicados como de izquierda, dábamos las películas según su calidad. En aquella época había que tener cuidado, en el gobierno peronista y en la dictadura anterior dar una película como El acorazado Potemkin estaba prohibido y pasaban cosas paradójicas como que uno de los que defendieran esta película fuera el almirante Rojas, que era gorila, pero la cuestión que superaba su anticomunismo era que se trataba de la historia de la rebelión de un barco, era una película de barcos". 

Tiempo de cine. "En el ´60 el Cine Club estaba bien económicamente y editamos una revista que salió hasta el ´68, cuando nos fundimos por falta de experiencia. Se llamó Tiempo de cine y fue calificada por Cinema Nuovo como la mejor revista de cine de habla castellana. Aparte de las grandes firmas y reportajes esa revista era el pensamiento vivo de la generación del 60 donde los parámetros eran el cine intelectual, cultural, el cine de Bergman, el Neorrealismo, Visconti, el cine europeo, el cine americano independiente, rescatando las figuras de John Ford, Orson Welles y siempre en un tono donde primaba más el contenido que la forma o al menos se intentaba un equilibrio. No había ese culto al cine de categoría B, al cine de terror. Un film tenía que tener un contenido elevado, en lo político, en lo social, en lo humano. Era un cine bastante politizado, como toda la época. Estaba aún presente la ilusión de cambiar la sociedad, muchos asistentes a cine clubs eran estudiantes combativos, se creía en la patria socialista y las películas que gustaban eran las políticas, con profundo contenido social o psicológico. Después vinieron los militares, cambió el mundo, así que hoy en día parece que los pibes estuvieran en otra cosa, los posmos que todo lo que les parece izquierdista les molesta. Ojo que conozco pibes maravillosos que se juegan. Y, por otro lado, boludos hubo siempre". 

Preferencias y gustos. "Empecé a conocer los grandes directores cuando fui a Gente de Cine, leía muchos libros de cine, pero no conocía las películas. Lo Primero que me impresionó fue Griffith porque veía que ese tipo había inventado el lenguaje cinematográfico. Los rusos me impresionaron mucho, sobre todo el tema del montaje, tal es así que de chico soñaba ser compaginador y había conseguido el carnet de aprendiz de compaginador en el sindicato. Los grandes clásicos me gustaban, así como las películas de contenido social, el Neorrealismo, el cine francés, todo el cine que nos gustaba en esa época. Después empecé a apreciar el cine americano de los ´30 y los ´40, el cine que más fresco quedó. No comparto ese prejuicio de la gente semiculturosa con las películas norteamericanas. El cine americano es el mejor que hay. Habrá excelentes películas suecas, francesas, alemanas, italianas, pero ellos inventaron el lenguaje". 

Maestro recóndito. "Soy maestro y ejercí durante varios años paralelamente a mis actividades con el cine. Era uno de los sueños de mi viejo, lo más sublime para él era ser maestro de escuela. Después empecé a estudiar Derecho Administrativo, pero me empezó a hinchar y no fui más. Sé francés y no inglés, soy un inútil de lujo. En mi tarea de difusor de cine encontré una continuidad con mi condición de docente, el presentador habitual de televisión es un tipo que presenta grandilocuentemente y quizás es una basura lo que muestra. En cambio, yo anuncio la película tal cual es y explico las cosas como si estuviera frente a un grado, pero sin didactismo barato. De algún modo sigo ejerciendo la docencia, la condición de maestro es como la de cura y de milico, nunca se pierde. Cuando estaba en Radiolandia 2000, era jefe de redacción y era común que vinieran a ofrecer notas, una vez cae una señora y me dice: Mire señor estamos en una nueva investigación, saber el carácter de la persona a través de su nombre, me lo pide y dice: Tiene muchas A, tiene mucho significado. La llamo entonces a la secretaria de redacción y le pido que la atienda, cuando la señora se fue, viene la secretaria y me dice: Qué raye que tiene esta mina, pero sabe que estaba impresionada con usted, dice que por su nombre usted es un maestro recóndito. Yo le dije: Mirá, soy maestro normal nacional egresado en el 48 en la Escuela Normal Mariano Acosta, lo de recóndito no sé que quiere decir. Pero un día se lo conté a un amigo que me dijo que como recóndito era oculto, el sentido era que yo estaba siempre ejerciendo la docencia sin proponérmelo".

Prejuicios culturalistas. "Para poder vivir, desde que me casé siempre tuve dos laburos, tenía un puesto de maestro a la mañana y a la tarde tenía libre, hasta que conseguí un trabajo como visitador médico. Era durante el gobierno de Illia y en esa misma época un amigo mío,  Gedalio Tarasow , redactor de Radiolandia, lo nombran director de TV Guía, que salía por primera vez. Como su puesto en Radiolandia como periodista de Espectáculos quedaba vacante me propuso remplazarlo. Mucha gente se rasgó las vestiduras, porque yo había sido ya jurado en el Festival de Mar del Plata, tenía la revista Tiempo de Cine, pero necesitaba laburar. El único que me alentó fue Torre Nilsson, que me dijo: Mejor que estés vos ahí y no otro, porque es una pica en Flandes. Radiolandia era territorio de cine tradicional, la gente nueva no tenía lugar. Era una publicación de 400 mil ejemplares, se decía que era para mucamas pero la leía todo el mundo, no eras nadie hasta que eras tapa ahí. Y empecé a meter a la gente nueva". 

Instituto de cine. "Cuando Alfonsín asume la presidencia entré a trabajar en el Instituto Nacional de Cinematografía con un cargo permanente, de planta, como asesor. Al entrar (Jorge) Asís como secretario de Cultura me nombran subdirector, pero renuncié hace poco, al mes de asumir (Julio) Maharbiz como director del Instituto. Iba a presentar la renuncia, pero me ganó de mano y me la pidió, argumentando que quería convertir el Instituto en una empresa y necesitaba un contador en mi puesto. Lo general es que el director y el subdirector sean hombres de cine y el director de Administración sea el que maneja los números. Maharbiz de cine no sabe absolutamente nada, se quedó en los 50, con decir que cree que Torre Nilsson todavía está vivo. Ahora el subdirector es un contador y ni él ni sus asesores saben nada de cine. Una vez me llamó uno para preguntarme qué era un fotograma. Y estando en la dirección un tipo que es autoritario, fascista, maleducado y antisemita no me quedaba otra que irme". 

Festivales y amigos.  "En la década del ´50 estuve en jurados de premios, comisiones, dimos millares de subsidios para los que serían los grandes cortometrajes en 35 milímetros de los 60. Por eso estuve desde siempre en el Instituto, desde que se inauguró, así que es la primera vez que veo el partido desde la tribuna. Fui jefe de Prensa del último Festival de Mar del Plata en representación de los cronistas de cine. Cuando tenía 36 años fui invitado al festival de Karlovy Vary  y fue mi primer viaje a Europa. Fui con 70 dólares y me alcanzaron. Ahí conocí a gente como Alan Resnais, que presentaba La guerra ha terminado y nos hicimos grandes amigos, todas las tardes tomábamos Cinzano  rojo que recién había salido y lo daban gratis, en promoción. Con los directores de cine, y podría decirse lo mismo de los hombres de letras, aprendí una cosa: cuanto más importantes más humildes son. Hay directores argentinos que si hubieran hecho una película como Hiroshima mon amour no te saludan más. En un festival en San Sebastián conocí a Orson Welles, recuerdo que en una oportunidad estábamos hablando y viene una de esas señoras cursis que van a los festivales y le dice: Maestro, vi su película, hermosa, qué linda fotografía. Cuando se fue, Welles me dice: Mire, cuando uno está mirando una película y dice qué linda fotografía quiere decir que la película es una mierda. Orson Welles era un tipo macanudísimo, hablaba un español fluido, era el tipo más genial del mundo. Gracias a mi actividad en los festivales conocí a mucha otra gente. En Brasil conocí a Fritz Lang, quien hablando de música me quiso probar: Usted, que sabe tanto de música, ¿sabe qué silbaba Peter Lorre en M el vampiro negro antes de matar a las nenas? Y le dije: Sí, cómo no, es En la gruta del rey de la montaña, de la música de Grieg para Peer Gynt la obra de teatro de Ibsen. Me preguntó después si la podía silbar y lo hice. Lo cagué. Era un tipo fenómeno. Y hay muchísimos más. Zanussi , un tipo que hablaba como cinco idiomas, Lattuada , Fellini, que era muy simpático, aunque no hablé mucho con él, Kieslowski, que presentó en mi programa una de sus primeras películas". 

La televisión. "En 1983, ATC dependía de la Secretaría de Cultura de la Nación, y fue Carlos Gorostiza, entonces secretario y amante del cine francés, que me propone hacer un programa por televisión para difundir cine arte. Así comenzó Cine Club un domingo a las diez de la noche y sumando 8 puntos de audiencia. En el último período tenía 5 puntos de rating promedio en altas horas de la noche, el peor horario de la televisión. Había mucha gente que como empezaba a la 1:30 dormía y ponía el despertador para poder ver la película. Durante este gobierno René Lloribert, el director del canal, me mandó decir que el programa era elitista y me enojé muchísimo, que me dijera que el cine, el arte más popular de este siglo, era elitista era mucho. Además tenía 5 puntos de audiencia y el Show de Ante Garmaz, que salía los sábados a la 21 tenía 0. Y los del noticiero cuando tenía 1 de rating se mamaban, saliendo todos los días a las 7 de la tarde. Me enojé, les dije que se metieran el Canal 7 en el culo y me fui al cable, donde no hay problemas de rating ni nada. Claro que mucha gente no lo puede ver, y sé que se ha creado una costumbre, el que tiene VCC le graba el programa a otros que no pueden verlo y se arman cadenas. Más en el interior, porque hay películas que paso que pueden verse en la Cinemateca, en Núcleo. Pero en localidades donde no hay cine club sonaron. Cada vez que voy al interior me paran por la calle y me retan, pero no tengo la culpa. Para un tipo de una localidad lejana poder ver Juana de arco, el Potemkin, films de Renoir era cosa que no había pensado ni en su delirio más grande". 

Arte total. "Wagner hablaba del arte total, la música, la literatura, el teatro. El cine en cierto modo es un arte total, pero tiene las limitaciones de todo arte, en este caso se necesita mucho dinero para hacer cine. Si sos pintor y estás en la lona agarrás una servilleta y si el dibujo es bueno quizás lo vendés. O hacés un cuadro con colores viejos. Teóricamente, el cine une todas las artes, la plástica, la fotografía, el movimiento, la música, las ideas. Es un arte total. Claro, hay películas de porquería, pero también hay composiciones musicales espantosas, hay libros malos, hay obras de teatro horribles y creo que el cine preparó a la gente para una civilización de la imagen, que parece que se viene con el siglo XXI". 


Trayectoria profesional

Apasionado desde muy joven por el cine, a los 18 ingresó en el Cine Club Gente de Cine, impulsado desde 1942 por críticos como Rolando Fustiñana (Roland), Edmundo Eichelbaum y Nicolás Mancera. En 1952 fundó la Asociación Núcleo y en 1954 inauguró el Cine Club Núcleo, referente de épocas míticas de la cinefilia argentina. Dio más de 5 mil funciones y sigue vigente. Fue su gran creación y le dio numerosas distinciones. Fue presidente de la Federación Argentina de Cineclubes, profesor en las universidades de México y de Cuyo, dio clases en la prestigiosa Escuela de Cine fundada por Fernando Birri en la Universidad del Litoral y fue profesor idóneo en la Universidad de Buenos Aires. Dirigió la revista Tiempo de Cine (1960-1968), la colección de estudios monográficos Cine Ensayo (1955-1970) y fue gerente de la Editorial Abril (hasta 1983). Allí había trabajado en revistas de espectáculos como Radiolandia Fue jurado en todo tipo de certámenes y festivales nacionales e internacionales de cinematografía. Y estuvo al frente de un programa hoy legendario como Cine Club, emitiendo en la televisión de aire y el cable películas exclusivas antes impensables de ver televisivamente. Fue subdirector del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, director de la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinemaotográfica (ENERC), dependiente del INCAA. Entre otras distinciones obtuvo de APTRA los Testimonio de Honor por los programas de televisión Cine y Cultura en 1969 y Cine Club en 1988. TEA le dio en 1988 el premio Al maestro con cariño y en 1993 lo premia la UNICA (Unión Internationale du Cinema Professionnel y el Archivo Gráfico de la Nación. En 1996 el Fondo Nacional de las Artes premia su trayectoria y recibe la medalla Lumière Panamá por su labor en pro de la cultura cinematográfica. En el área de Comunicación – Periodismo ganó en 1987 el premio Konex de Platino. (Fuente: site Otros Cines)