18.12.08

Mintcho Garrammone

 
Foto: Pablo Castagnola.

El rey del bailongo portuñol


Nacido en Dolores, es especialista en choros, milongas, tarantelas, sambinhas o tangos. El mayor intérprete argentino de cavaquinho, instrumento clásico del samba brasilero, vuelve a Buenos Aires con su rica mixtura sonora. as








Diego Oscar RamosCritica de la Argentina - 17-12-08

 asas
Ya sea tocando cavaquinho, guitarra baiana o acordeón, a Mintcho Garrammone le gusta hacer bailar con buena música. Lo saben no sólo músicos brasileros que han compartido palco con él, como Chico César, Ná Ozetti, Peninha o el flautista Altamiro Carrilho, máxima estrella viva del choro carioca. También quienes en los últimos años lo hayan escuchado en Buenos Aires en las ya frecuentes presentaciones de su hermano musical Ramiro Musotto – el gran percusionista de cuya banda Sudaka el miembro más estable es Garrammone -, improvisando con el combo percusivo La Bomba de Tiempo o tocando en plan solista su disco La felicidad es un quilombo. Todos ellos saben que este músico nacido en Dolores es un fanático del tiempo en que choros, milongas, frevos, tarantelas, sambinhas o tangos unían placer de baile con destreza instrumental.




“Quien venga a escucharnos va a escuchar melodías que parecen antiguas, como si uno ya las hubiera escuchado, pero son mías, soy un redescubridor de viejas melodías que no existían”, dice Mintcho apenas bajado de un avión que este año lo llevó con Musotto de gira por Grecia, Francia, España, Turquía, Rusia o Alemania. Y antes de llegar a su Dolores natal, para ensayar con su banda argentina, con parte de la cual cada año toca estas músicas antiguas cada verano en el primer Trío eléctrico pampeano. Allí disfraza de ímpetu brasilero las calles de su ciudad y descansa de la saudade criolla que le da en Brasil, donde llegó hace 15 años por un amor de mujer y se quedó por una pasión musical. “El choro me atrapó en 1995, cuando llegué a Sao Paulo y escuché a Zé Miguel Visnik hablando del tango brasilero, al principio las tocaba en bajo, pero al mudarme a Río de Janeiro, me pagaron clases de música con un cavaquinho”. Esa noche lo llevó a su casa y en la primera semana compuso tres de sus hits: Acorda cavaco, Choronga y Frevinho pa Ramiro. El último fue un regalo de cumpleaños para Musotto, que ahí mismo le dijo que había hallado su instrumento y que podía sentirse incluido en su banda. Los mitos dicen también que duerme con su cavaquinho. “Me fui de Argentina como bajista, en Brasil me fueron cayendo instrumentos del cielo, un pandeiro, una escaletta, un acordeón, un cavaquinho, una guitarra baiana y un bandolim, con cada uno tengo una relación amorosa, los instrumentos tienen alma y para tocarlos bien tengo que enfermarme un tiempito con cada uno, por eso dormía y duermo con el cavaquinho”.



3 a 1


Acostumbrado a buscar lo que quiere y a dejarse llevar, supo armar en Río una banda de gringos para hacer choro - Los Nuevos Cariocas - con la que recibió la bendición del prócer carioca Altamiro Carrillo. El lo llevó a su programa de radio y a tocar en vivo clásicos como Brasileirinho y Mintcho aprovechó el momento para hacer sonar el cavaco con un pequeño arco, como hacen en Santiago del Estero con la sacha guitarra de Elpidio Herrera. Ese gesto y su talento fue un golazo de media cancha para la autoconfianza de Mintcho, músico y futbolero de ley, que por algo le puso música a la rivalidad entre nuestros países con el tema 3 x 1, celebración de un triunfo de nuestra selección, donde le hace cantar al público apenas una mántrica frase: "Argentina le ganó a Brasil". Lógico que las gambetas goleadoras parecen resultar más complicadas en el terreno amoroso. Por eso una frase que soltó en charla de hombres el padre de Musotto, "La felicidad es un quilombo", quedó como título de disco y show. “Nadie tiene dudas de eso a esta altura de la vida, pero tampoco hay dudas de que tenemos cómo llegar a ser felices haciendo lo que más amamos, aunque algunos también crean que es un quilombo”, reflexiona el músico, poco antes de tocar de nuevo en Buenos Aires, juntando ideas aparentemente opuestas, como lo hace con los ritmos: choro con milonga en la choronga o con cumbia en la chorumbia. “La música es una sola, es para lo que vivo, cada escenario es una casa donde me vienen a visitar y les doy lo mejor que tengo, para que se vayan con el alma llena de música y salgan diferente de como entraron”, promete Mintcho. Habrá que verlo entonces, vestidos de impecable smoking y alpargatas cómodas, para pachanguear con estilo.






Bonus

- ¿Qué sentís sobre hacer bailar con buena música?
- El publico está mal acostumbrado a bailar música grasa y berreta, cuando le pones música con ritmos que ni conoce y melodías ricas, con temas que tienen millones de notas, tres partes y ninguna letra, bailan igual. Porque la música es fresca y sincera. Les pega en un lugar que lo único que les resta es BAILAR. Y bailar es ver tu música entrando por los pies y apoderándose de un cuerpo que ni tiene tiempo de pensar: “¿Cómo se baila esto?

- ¿Cómo es ser el prácticamente único miembro fijo de la banda Sudaka de Musotto? ¿Y qué dirías hoy de él?
  - Me siento un jugador que entreno mucho para este momento, y que llegue a ser el goleador del equipo de tanto practicar tiros al arco durante 23 años. Ramiro es un hermano del alma, un hermano musical, un musicazo, un laburante, un estudioso meticuloso (un percusionista que trata la percusión como si fuese la armonía), un ser humano muy bondadoso que todo el tiempo quiere pasarte todo lo que sabe y aprender todo lo que vos sabés. Como compañero de ruta es el mejor, hacemos los viajes con mucha alegría y humor. Estamos en Estonia y me dice: "Qué lejos hemos llegado". Y nos cagamos de risa.

- ¿Se puede ya hablar de una música del Mercosur que esté naciendo? ¿A quién te sentís hermanado en la música sudamericana?
- Soy hijo del Mercosur, me fui a Brasil en 1995. Ramiro ya estaba allá hace mil. Pero no me siento muy hermanado con nadie, porque creo que cada uno tiene su manera de romper fronteras con la música. Es más, no creo en una música de Mercosur. Y odio la palabra world music. Uno sólo entiende el verdadero valor y significado de la música cuando se pone a tocar con otro músico de otro lugar del planeta que nada que ver. En un único diálogo, la música es una sola. Es música en su esencia más pura, para la que vivo y la cual le agradezco todo lo que me da.



 
Foto y diseño: Mariano Losi

No hay comentarios: