6.2.09

Rubén Sosa





Remedios en el cielo


El pediatra argentino Rubén Sosa ha logrado donaciones de millares de libros para bibliotecas populares de todo el país. Lo hizo con barrileteadas populares, donde también difunde valores solidarios.
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Diego Oscar Ramos - Uno Mismo - Nov. 08 / Actualizado.

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Parece que los vientos están soplando con gracia hacia los deseos que pide el médico Rubén Sosa, con fe en la solidaridad que anida en el ser humano si se lo estimula con afecto y creatividad. Tal es así que el infectólogo y pediatra con más de un cuarto de siglo como profesional del Hospital de Pediatría Dr. Pedro de Elizalde, fue ya blanco de unos cuantos premios por su puntería perfecta en concretar proyectos sociales. Plantó 4 mil árboles junto a pacientes en terrenos contaminados, el mismo número en libros prometió a una comunidad Wichi de Misión de la Paz a la que sorprendió con 10 mil. Reconstruyó también una biblioteca quemada en el sur del país con 17 mil libros y ahora quiere donar 20 mil para escuelas sanjuaninas de la frontera de Vallingasta. Ya tiene 10 mil y confía en alcanzar un vuelo certero hacia esa cifra. Y ya está cumpliendo con su Proyecto Cruz del Sur, el que se planteó en 2007 para trazar una cruz de libros solidarios en nuestro mapa que terminará de dibujarse en Villa Paranasito el año que viene ( ver link al final del texto).




Para aprovechar la correntada que genera los fondos y sabe transportar mensajes de cambio - como abandonar las drogas o informarse sobre algunas enfermedades - el método que le dio suerte han sido las barrileteadas populares. Y tomará el 30 de noviembre un alcance latinoamericano con la Primer Barrileteada Latinoamericana para prevención de accidentes en el hogar, primer causa de muerte pediátrica. Allí habrá tomado un nuevo alcance esta forma que inicia a finales de los 90 para darle otra dimensión a la acción médica. Así organizó talleres para construir barriletes entre sus pacientes niños y sus padres, más tarde hizo lo mismo con abuelos en geriátricos. En todos los encuentros se accionaba sobre la difusión masiva de temas como la donación de órganos, la defensa del sistema de salud pública, el HIV, el tabaquismo y la prevención en temas de drogadicción. Muchos de los mensajes suelen tomar vuelo nacional en los barriletes, al mismo tiempo que se multiplican a nivel mediático, en el boca a boca y en Internet. El método del barrilete lo primero que parece lograr es juntar a las personas con su sentido solidario, en un compromiso muy parecido al de todo niño cuando juega.






Dueño del viento
“Estoy humildemente orgulloso, empezando porque los objetivos se lograron en un espacio donde nada se compra ni nada se vende, no se permite venta ambulante, ningún tipo de propaganda ni de política en los eventos, jamás se ha pedido dinero, ni se hará”, explica el pediatra, a cargo también de un programa radial y de columnas en el diario La Ciudad de Avellaneda. “Cuando le dije a mis allegados voy a plantar con mis pacientes 4 mil árboles en terrenos contaminados, muchos se me quedaron mirando y lo hice”. Luego menciona acciones concretadas como el cruce de la cordillera junto a niños discapacitados con la Fundación Accadi y la acción simbólica de remontar barriletes celestes en el sur y norte del país, blancos en el centro y amarillos en Córdoba con el fin de dibujar la bandera.




“Todos los proyectos parecían utopías y allí están”. Para documentar cada paso y sembrar en la red mensajes de acción, creó el sitio http://www.historiasenelaire.com.ar/, donde pueden verse distintos documentos sobre sus cruzadas humanitarias. “Doce mil chicos ya me prometieron no fumar ni aceptar drogas, yo mismo les firmé el diploma de puño y letra, hice terrorismo al revés, les metí un no a tiempo”, cuenta el médico, en un balance de sucesos del cual elige este compromiso como uno de sus máximos logros. Dice que si uno de ellos cumple con lo pactado, ya estará feliz. Pero si seguimos la línea de sus concreciones, es probable que los que firmaron ese documento contagien a su alrededor su nueva opción de vida. “A muchos les cuesta entender que esto es promoción y protección de la salud”, explica Sosa y expone con claridad su método multiplicador. “A cada paciente que atiendo lo invito a la barrileteada, es algo simple que se multiplica por miles, si cada médico, si cada pediatra se reuniera con sus pacientes en salud y hablaran de un tema, una vez al año”, explica y se detiene, construyendo en su silencio un espacio posible donde el ser médico se unifica con sus potenciales afectivos, lúdicos y humanos.






Como sabe que las cosas se hacen, vuelve a las palabras: “Todo esto es tan simple que muchos no lo ven, tan simple como ese juguete de caña, hilo y papel, que vuela”, expresa Sosa. “Y sin embargo se mueve”, agrega rápido, citando una frase de Galileo Galilei que pronto parafrasea para salir de cualquier sensación de tiempos difíciles. Ahora sí, puede completar la idea: "Y sin embargo vuelan, trayendo mensajes de un mundo un poco mejor”. Y en su propia historia, ¿qué lo liga a afectivamente con los barriletes? El médico se remonta a su infancia. “Una tarde en Villa Lugano, sobre mi calle de tierra salí y me dieron uno que estaba alto y era gigante, yo no tenía idea de qué era aquella cosa que viboreaba en el cielo nublado con anuncio de chaparrón, como era flaquito y el más chico de la cuadra, los grandulotes de 12 años para divertirse me pasaron el hilo, que me arrastró”, cuenta Sosa, hace una pausa que lo muestra como hábil narrador – ha ganado varios premios literarios por unas cuantas creaciones literarias en círculos médicos – y prosigue: “en un momento, en un instante, pude manejarlo y fui dueño del viento”.




Tachonado de colores


Con los años fue hallando unión de anécdotas con muchos colegas. “Me voy encontrando con amigos barrileteros y me dicen lo mismo, por ejemplo Santiago Domínguez, presidente del club de barriletes Cielo del Taraguí, en Corrientes me contó lque se subía al techo de su casa, caía la noche y el seguía, la madre lo llamaba, pero él cerraba los ojos, sentía el barrilete allí arriba y allí arriba estaba él, a mí me pasó lo mismo!”, dice elevando con entusiasmo el relato y completa: “Tenemos la misma edad y lo hacíamos en la misma época con mil kilómetros de diferencia”. Estas cosas le dan alegría y están bien dentro de ese universo al que le da tiempo con ganas.
asas
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¿Cuáles reconoce como fuentes de su felicidad? Su relato es claro: “Mirar el cielo y verlo tachonado de colores, cientos y cientos de barriletes en el cielo, en cada hilo un niño o niña, que está jugando pero pensando y hablando con las personas que lo cuidan, generando un cambio positivo en ellos sobre el tema de la convocatoria, que pueden ser las drogas, el tabaco, la donación de órganos”, asegura Sosa y suelta más imágenes: “recuerdo cuando soltamos los barriletes al viento frente al Garrahan, los chicos le cortaban el hilo en forma simbólica, con una carta que les di que decía que este barrilete había sido donado al viento para que otro lo usara sin importar quién era ni cómo era, porque el mensaje venía de un amigo”. La metáfora llevaba la conciencia a la gracia de donar un órgano para que otro ser pueda vivir y es apenas una de las tantas que tiene el médico que sabe charlar con el viento. Y que resume lo que siente hasta ahora en una frase tan sencilla y cercana como un barrilete: “En definitiva, siento lo que decía Favaloro, una satisfacción interna que viene del deber cumplido”.




Para conectarse. Y estar actualizado.


En el site pueden hallarse completos detalles de las distintas campañas del doctor Rubén Sosa. Y a él puede escribírsele a su mail  para donación de libros o cualquier otra iniciativa solidaria. Consultado en febrero de 2009 acerca del resultado del evento global anunciado en la nota publicada por Uno Mismo en noviembre de 08, el doctor Sosa indica un link hacia un artículo publicado por la asociación Batoco, dedicada al arte de los barriletes. Así explica lo que encontraremos: "Este es el resumen que han publicado en la página de Batoco. Me acompañó un representante de esa organización, a la que pertenezco y estoy humildemente orgulloso. Allí hay comentario y fotos de lugares donde estuvimos. Se ven imagenes de la Pampa del Leoncito, miles de libros que llevamos, imágenes de Calingasta y tantas cosas bellas. Tómense los que puedan un tiempito y miren. Gracias Gustavo Sonsogni por esta belleza que has hecho!!!! Por favor ingresen aquí y vuelen con nosotros".

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