23.3.09

Hugo Bistolfi


Hijo del Uritorco


Es el tecladista histórico de Rata Blanca. Desde que subió al Uritorco asumió una vía espiritual que ya lleva dos discos solistas dedicados al cerro cordobés y al Macchu Picchu. Acaba de grabar el tercero, Viaje al cosmos, basado en un relato propio de ciencia ficción mística. Una de las estrellas invitadas es Fabio Zerpa.


Diego Oscar Ramos - Crítica de la Argentina



       En Capilla del Monte es casi un prócer, consigue apoyos de universidades y secretarías de Cultura o Turismo para sus conciertos y tiene un público fiel que acompaña sus proyectos. Es que no sólo le dedicó su primer disco solista al cerro Uritorco, sino que desde subiera a sus cumbre hace 17 años prácticamente instaló allí una base de su trabajo musical y de su búsqueda espiritual. Hugo Bistolfi acaba de realizar una gira por toda Córdoba con su propia banda y antes de iniciar un periplo con Rata Blanca por Estados Unidos, está ya terminando la gráfica de su tercer disco solista. Después de Uritorco (02) y Machupicchu (06), dos obras conceptuales donde su sinfonismo con ecos de Rick Wakeman o Jon Lord se combinan con la estética sonora New Age, el músico se dio el gusto de tener al ufólogo Fabio Zerpa para ponerle la voz a los relatos que forman la trama. Con salida prevista para mitad de año, Viaje al cosmos tuvo su origen en una novela de ciencia ficción mística del propio Bistolfi. “La historia nace en el Uritorco y en la ciudad intraterrena de Erks y debido a la situación trágica en que se encuentra el mundo, una serie de fenómenos hace que una nave vaya en busca de un nuevo planeta donde habitarán todos los seres”, comenta el compositor.
... En las voces el panorama es bien amplio, de su compañero de Rata Blanca Adrián Barilari, a Alex Lora de El Tri de México, Jaf, Javier Barroso, Marciano Cantero de Enanitos Verdes, Pato y Gastón Sardelli de Airbag y Walter Meza de Horcas. En un estilo nuevamente ligado al rock conceptual de los setentas y la nueva era, los modelos que siente presentes son no sólo el sinfonismo de Yes, Pink Floyd o hasta Vangelis sino a grupos argentinos como Alas o Crucis. “Musicalmente lo mío es distinto, pero conservo esta idea de lo conceptual, ya que todas y cada una de mis obras tratan una sola temática por disco”, enfatiza Bistolfi y retoma el tema de fascinación por el cerro cordobés, que conoció al terminar una gira larga de Rata Blanca. Luego de cerrar el Festival de La Falda de 1992, como no conocía la zona de La Punilla decidió quedarse, mientras todos regresaron a Buenos Aires. “Una persona a la que luego no vi más me dijo de ir al Uritorco, cuando llegué mi atracción fue tal que volví a la semana para subirlo y quedarme todos los días que podía en Capilla del Monte, allí empecé a ver las cosas de otra manera, me abrió una parte espiritual que estaba despertando, fue paulatino, no me hice monje, me fui metiendo en todos los temas que encierra estar en esa sintonía, siguiendo con mi vida normal tocando, grabando, yéndome de gira”, comenta Bistolfi, asegura que su salida del grupo un año después no tuvo relación con este despertar, sino a cuestiones artísticas. Las que se saldaron en el 2000, cuando ya había pasado por la experiencia de su propio proyecto. Con el cantante de Rata había formado Alianza, dúo con el que grabó tres discos y giró con cierto suceso por Latinoamérica, en las rutas ya transitadas con Rata Blanca, con quienes regresó en el 2000.

      En ese tiempo, donde siempre volvía era a la localidad cordobesa. “Lo que siento en esa zona del planeta no lo he sentido en muchos otros sitios, te puedo dar una explicación mística, una esotérica, una científica o una astrológica, pero la única verdad es lo que siento”, dice el tecladista. En sus obras suele abrevar en el folclore capillense, cantando sobre senderos de espiritualidad, telepatía, avistamientos y enigmas que pueden revelarse sin necesidad de toparse con un OVNI. “He visto varias cosas que no tienen explicación racional, cuando llegan a tu alma entran por otro camino, uno las entiende con el corazón, allí esta la búsqueda”, reza el músico, revela que las famosas luces se ven constantemente, aunque nunca haya visto una nave espacial. Sus compañeros fueron entendiendo y acompañan este viaje: “Les atrae que estoy en otra sintonía muy distinta y son una novedad mis historias, salen de las conversaciones comunes del rock”, cuenta Bistolfi y regala anécdotas ahora nutridas de estrellas de otros mundos, como el mítico Fabio Zerpa: “Lo bromeo todo tiempo cuando grabamos, diciéndole con mucho respeto: Esto no se te ocurrió nunca, justo a él con toda la vivencia que tiene sobre estos temas. Y él me dice: Sí, está muy bien esto Huguito y te cuenta siempre algo relacionado, está entusiasmadísimo, me hace muy feliz y me apoya mucho, no vemos el momento de salir de gira juntos”. La relación con el paradigmático difusor de la ufología viene desde niño, cuando el músico leía su revista Cuarta Dimensión y continuó hace unos años cuando se lo encontró en un aeropuerto. Sintonizaron de inmediato y hoy su contacto es directo: “Nos reímos y nos divertimos, voy a su casa, viene la mía, compartimos con nuestras familias, hablamos de tango, fútbol, historia, viajes, tiene sabiduría general y un humor buenísimo”. A poco de partir para Estados Unidos, Bistolfi se ríe suave cuando habla de esta etapa, donde puede hacer lo que va queriendo hacer, sin contradicciones. Desde financiar con las giras de Rata Blanca un disco personal con una gráfica cuidada propia de tiempos vinílicos y hasta editar música para sesiones de Reiki. Por eso es que sentencia: “Mis discos están en las bateas de rock y de new age, soy ante todo músico, puedo crear y tocar en diferentes estilos, expresar mis sentimientos es lo principal, lo demás es rotulo de marketing”.

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