3.3.09

Jardín Andaluz


El jardín de las delicias


Único en Sudamérica, el jardín andaluz del Museo de Arte Español Enrique Larreta invita a un sutil goce sensorial.


Diego Oscar Ramos - Uno Mismo - 08

El tiempo se expone a nuestra sensibilidad con toda su delicada complejidad cuando entramos sin expectativas a los senderos vegetales que el escritor argentino Enrique Larreta – reconocido creador de obras clásicas como La gloria de Don Ramiro o Las dos fundaciones de Buenos Aires - hizo construir en su casona de Belgrano al inicio del siglo pasado, siguiendo el modelo de los jardines andaluces islámicos de su amada España. Porque además del viaje al pasado que puede abrirse con la entrada desde la casa museo, estimulando la mente con piezas de arte y hasta el mismo escritorio donde trabajaba el escritor, el jardín parece pedirnos que desliguemos el pensamiento para respirar con intensidad un misterioso placer de eternidad. Lo particular es que, entonces, un juego de contrastes y paradojas que podría haber deleitado al artista hace que quien nunca haya leído sus textos sepa antes de su sensibilidad por vivir con los cinco sentidos los casi seis mil metros cuadrados de este jardín estilo alcázar andaluz medieval.
    Y seguramente debe estar bien tranquilo el escritor, porque la magia de sus senderos levemente laberínticos, del borboteo musical hipnótico de su fuente, de sus especies vegetales diversas conviviendo armónicas en espacios delimitados y hasta de sus caminos construidos con varias texturas para generar sensaciones táctiles, tiene quien sepa cuidarla y apreciarla en su dimensión total. “Acá se viven momentos en donde uno disfruta ahora de un ideal de voluptuosidad propio de la otra vida, alcanza con enfocarse en estar viviendo hoy en el paraíso, cuando lo asimilás te dejás llevar”, dice a modo de justa presentación Antonio Sturla, apreciado jardinero del lugar y guía de las visitas todo primer sábado de cada mes. Ahí explicará, con su prosa cultivada, cada detalle de la arquitectura mística vegetal que custodia desde 1990. Así sabremos que estamos penetrando a un lugar que no debemos olvidar que está bien vivo, donde especies exóticas y nativas como ginkgo biloba, el ombú, la glicina, el ciprés, las palmeras, el palo borracho y el naranjo amargo conviven en un jardín que para la percepción musulmana es una antítesis del desierto y un lugar de goce sensorial supremo.
“El jardín está ahora en su periodo de apogeo, con la primavera despierta de su siesta de otoño e invierno”, dice expresivo Sturla, antes de ver pasear a su hija por los senderos que se bifurcan y se muestra contento con su presencia repentina, como a quien se le suman placeres. “Acá no hay manera de no estar feliz todos los días”, reconoce, antes de lanzar suave una reflexión sobre la diferencia que siente aconsejable percibir entre la felicidad y la euforia. Y si bien menciona a Seneca, pareciera que en este juego de ideas, lo que se pone a la luz es el mismo tiempo de los seres vegetales. Porque para poder vivir una comunicación íntima con ellos, algo que el jardinero asegura poseer, es preciso un estado de conciencia de calma y atención. Que luego broten palabras para registrar el eco de la vivencia pareciera un regalo adicional. “El que está aquí mucho tiempo y no escribe es que no sintoniza”, dirá Sturla, antes de compartir la ofrenda que recita como un rezo, cada mañana, antes de comenzar a trabajar. 
     Allí saluda al jardín, le pregunta por leyendas y desiertos, le habla de luces y sombras, de placeres y nostalgias, pide le cuente secretos, pero su alma ya los conoce y ya no le pide más nada. Nos quedamos en silencio, un buen rato entre las plantas, la primavera que nace y un claro aroma a abundancia. “Creo en la magia del encuentro y este jardín tiene eso, aquí nos encontramos”, dirá final el jardinero. Luego vino la lluvia, otras preciosas fragancias y con cierta autoridad, más de uno aseguraba, se lo vio a un viejo escritor, que entre los setos paseaba.

Paseos. El jardín puede recorrerse en los horarios del museo, de lunes a domingo de 15 a 20 y los sábados, domingos y feriados de 10 a 13 y de 15 a 20. La entrada es de $1 y los jueves es gratis. Todos los primeros sábados del mes hay visita guiada a las 15:30 y 17. El museo está en Av. Juramento 2291 y la entrada del jardín es por Vuelta de Obligado 2155. Informes: 4784-4040.

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