10.3.09

Ramón Ayala


El juglar de la Triple Frontera

Por El cosechero, Posadeña linda o El Mensú – que le diera su apodo y que hasta el Che habría cantado en Sierra Madre – se lo reconoce como el mayor poeta del litoral. Con medio siglo de carrera e interpretado por artistas que van de Mercedes Sosa a Liliana Herrero, el misionero debutó en Cosquín, hará una gira latinoamericana y dice estar en su mejor etapa.


Diego Oscar Ramos - Crítica de la Argentina - Fotos: Carlos Furman

       Hace mucho calor en Buenos Aires y la profusión de plantas y pinturas de la selva misionera hacen de su departamento una suerte de sede viva de la región que Ramón Ayala recrea desde hace más de 50 años. Ese lugar donde por estos días se bautizó con su nombre a un anfiteatro frente al río Iguazú, en su Misiones natal, territorio al que le compone música, poemas y pinturas desde la distancia. Ayala se mudó a la capital cuando murió su padre, antes de sus siete años, y desde aquí se fue convirtiendo, a la par de una carrera como guitarrista en agrupaciones folclóricas, en el máximo poeta del Litoral, respetado en el ambiente más por las versiones de sus composiciones a cargo de artistas de toda vertiente folclórica –desde Mercedes Sosa, Ramona Galarza o Teresa Parodi hasta Los Nocheros o Liliana Herrero– que por sus propias interpretaciones. Hasta ahora. Luego de que “Posadeña linda”, “El jangadero”, “Canto al río Uruguay” o “El cosechero” se cantaran cientos de veces en el Festival de Cosquín, este fue el año de su primera presentación en el escenario principal Atahualpa Yupanqui.“Fue bárbaro porque, pese a su luz y su sombra, este festival es la vidriera mayor de Latinoamérica; asomar el hocico ahí ya es un triunfo. Hasta ahora, yo tampoco me creía en condiciones de representar mi obra con mi voz, ni de llegar con la magnitud con que lo puedo hacer ahora”. Seguro de la técnica de voz diafragmática y de su destreza instrumental en la guitarra de diez cuerdas, esta especie de João Gilberto analítico y de alma renacentista presta atención meticulosa a sus capacidades expresivas. “Todo es producto de un trabajo sin prisa y sin pausa, ando detrás de la imagen de la palabra, burilándola para el poema y la canción, para redondear la idea que represente un estado de la vida, una angustia, un amor, una lucha del hombre, cuestiones que necesitan madurarse, transitar por todos sus arduos caminos, para que al final surja la canción pura o eterna, como El mensú, que tiene 50 años y todavía está en vigor”.

La vigencia hace que aún hoy tenga como apodo el título del tema que escribiera sobre el cosechero de la yerba mate y que impactara hasta al Che Guevara, quien la habría cantado con sus hombres en tiempos revolucionarios. “Estuve con él en Cuba en el 62, cuando era ministro, fui invitado por el Instituto de Amistad por los Pueblos, porque mi obra siempre tuvo un clima social, y ahí me enteré por él que la cantaban en los fogones de Sierra Maestra. Es que el Che fue gestado en Misiones, los padres tenían obraje ahí”. Ayala recuerda que en aquel encuentro, de madrugada, junto a sesenta personas, entre artistas y políticos, percibió en Guevara una mente amplia y atenta. Y lo mismo deja sentir el misionero cuando lanza risotadas de pájaro para festejar sus relatos. “Uno de los secretos de la vida es el humor, la risa libera endorfinas que lubrican todo el organismo; y las broncas, las maledicencias, las telarañas de la mente, liberan ácidos, por eso mejor vivir lubricado que oxidado”.

Dice también que Mercedes Sosa, Los Trovadores o Los Cuatro de Córdoba han hecho versiones inoxidables de sus temas: “Uno ve un respeto por la obra y un acierto en la orquestación vocal”. Ese estado de tranquilidad festiva lo encuentra al inicio de una gira nacional y latinoamericana para presentar Testimonial, donde actualiza hitos junto a nuevas composiciones.“Estoy en mi mejor momento, por la voz diafragmática, por un andar a gusto por el diapasón o el pentagrama y por lograr mantener en el tiempo una imagen de un tipo de 50, cuando tengo 200”, dice el poeta, lanza otra carcajada selvática y retoma: “La persona que no tiene misterio se vuelve chata o vacía como un zapato sin pie. Mantener el misterio es importante; el público necesita un cuento. Y la canción, cuando está bien hecha, puede contar en tres minutos lo que otros en un libro entero”.

El ritmo de la selva

     Así como algunos temas precisan de géneros precisos para abordarlos, la selva misionera le sugirió a Ayala una de las creaciones por la que se lo conoce en el mundo, el gualambao. “Es un ritmo único en Latinoamérica, porque todos, el chamamé, la zamba, la cueca, el malambo, el gato, la chacarera, la huella, son de 6/8, pero este es de 12/8, son doce corcheas, permite una gran melodía, casi sinfónica. Con él quiero representar la selva y las cataratas del Iguazú, cómo vas a decir a la catedral del agua o las ruinas de San Ignacio con un chamamé, tenés que decirlo con otra hondura”, explica el misionero, cuya invención ha sido interpretada ya por diversos grupos corales sudamericanos y españoles.




Pinturas y libros

Entre los libros de Ramón Ayala figuran "Cuentos de tierra roja", "Canciones, poemas y dibujos" – editados por la Universidad Nacional de Misiones (UNAM) - y “Desde la selva y el río”, editado por Roberto Vera Editor. Tiene otros libros inéditos, como los poemarios “Canciones para curar el alma” y “Confesiones a partir de una casa asombrada”. En lo plástico, ha expuesto en galerías argentinas, sudamericanas, europeas y asiáticas sus creaciones realizadas a través de una técnica propia inspirada en el cubismo para retratar también regiones y personajes litoraleños, incluyendo las figuras del credo religioso popular selvático guaraní. Para ver sus cuadros y tener más información: http://guitarrasweb.com/ramonayala.

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