4.5.09

INES BERTÓN


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La Buscadora


La argentina Ines Bertón nació con un olfato absoluto y el destino, junto a su naturaleza estética, la llevó a convertirse en nariz de té, tradicional oficio que comparte con menos de una docena de privilegiados en el mundo.



Diego Oscar Ramos - Playboy Mexico - 2006



 Capaz de guiarse con certeza con su don para descubrir las más finas variaciones aromáticas o para saber de qué punto del planeta proviene una hebra preciada, su placer mayor es crear blends únicos que ayuden a viajar con los sentidos a los más exóticos sitios donde viaja en su búsqueda constante de sabores y aromas puros. Diseñó tés para gente como Carlos Fuentes, los Reyes de España, Lou Reed, Luc Besson y hasta el Dalai Lama, pero su mayor creación fue el que hizo para su marido con el aroma preferido de su infancia, el del pan tostado. Hipersensible y sumamente sensorial, parece natural que adore México - posible destino de algún futuro local de Tealosophy – y a Frida Kalho, dueña de una frase que repite como mantra de su vida creadora: “Pies, ¿para qué los quiero si tengo alas para volar?”. ...



- ¿Cuando percibió por primera vez que tenía el don? 
- Empezó de chiquita, como un grave problema. Muchos olores me daban dolor de cabeza, me costaba mucho concentrarme en el colegio, iba a la casa de una amiga y si no me gustaba el olor me quería volver. Los repollitos de Bruselas me parecían terribles, aunque otros olores me reconfortaban, como el de las tostadas, el del café recién molido o el del pasto recién cortado. Siempre pinté y a los 19 años me fui a París, donde empecé a ver que no era normal que los olores me molestaran tanto. Con el tiempo aprendí a manejar mi olfato. Ya en Nueva York, trabajaba en el Museo Guggenheim, en la parte de abajo había una casa de té muy linda, donde llegaba y siempre mezclaba perfumes, armaba una formula y tenia la suerte de que toda la gente en la fila decía que quería lo mismo. Como todos compraban, el día que yo iba subía la facturación, entonces me hicieron una oferta muy interesante de trabajo. Todo se fue dando naturalmente, como una especie de casualidad. Empecé a estudiar formalmente con una japonesa, Fumiko, que fue mi gran maestra, comencé a trabajar mucho y a cuidar mi olfato.

  - ¿Cómo cuida el olfato?
- Punto número uno, está prohibido resfriarse. Soy de cuidarme mucho. Durante ocho años tuve un contrato por el que no podía fumar, aunque nunca fumé y tampoco podía tomar café, no tanto porque me dañara el paladar, sino porque mucha gente tenía asociada mi imagen al té. Ahora un buen café me encanta. El otro día tuve una reunión donde sirvieron uno espectacular y me quedé toda la noche pensando en ese perfume. Ahora la recuerdo como la noche del café, aunque pasaron muchas otras cosas. Quizás fue un detalle en la comida, pero soy muy de recordar momentos con perfumes.

- Y ha trabajado como perfumista.
- Soy perfumista y trabajé con marcas como Bulgary, Carolina Herrera. Me encanta un buen perfume, soy medio obsesiva porque cuando estoy trabajando no puedo usar perfume y nadie que trabaje en mi equipo puede usar ni desodorante con olor. Hasta tengo diseñado un perfume para mi tipo de piel, porque soy un poquito malcriada, me gusta tener mi olor y en una casa francesa que diseña perfumes busqué el de mi tipo de piel. Pero si bien colaboré con casas de perfumes, hay que saber mucho de química, nunca me vi en laboratorios. Me gusta la tierra, lo verde, la naturaleza, caminar las plantaciones, al pie del Himalaya, en Pekín, Nepal, Bhután, Sri Lanka, vivir ese mundo y esa fusión entre Oriente y Occidente que es toda esta vida, donde un día estoy caminando en las plantaciones y al otro en Avenida Alvear sirviendo té.

- Su historia trae aromas de otros tiempos, sabores de libros de historias de Marco Polo, de sagas de viajeros en búsqueda de especias.
- Soy muy viajera y me super identifico con el camino de la seda, como decía Marco Polo. De hecho mi marca Tealosophy fue mudando solita hacia Travel to Tealosophy. Porque la gente entra al local y a través de los aromas va viajando, abrir una lata de Chai es caminar los mercaditos de especies en India, con la canela, el cardamomo, el jengibre, las pimientas. Abrís otra lata y sale un té ahumado, con su historia, en 1800, cuando el té iba de China a Rusia en camellos, dentro de alforjas de arpillera, cuando cruzaban Siberia armaban fogones donde el té se ahumaba. Abrís un té verde con manzanilla egipcia, clementinas y cascaritas de naranja y es una tarde en Shangay. Muchos de mis blends nacen con mis viajes, uno de los más conocidos hoy es el Calm, que es manzanilla egipcia, clementinas del norte de Italia, cascaritas de naranja y rosa mosqueta de Traful y una cosecha de verbenas del sur de Francia. Ahí, en uno de mis restaurants favoritos, almorzando con mi marido no le presté mucha atención porque sentía algo que me estaba maravillando. El medio se enojó, pero nos subimos al auto, abrimos las ventanas y fuimos corriendo a buscar las verbenas, de una plantación maravillosa. Eso fue lo más importante, como uno llega a ese perfume y comienza a dibujar.


- ¿Cómo se siente con los valores del mundo industrial? 
- Tengo una gran pelea con el mundo industrial. He tenido mil propuestas de llevar Tealosophy a algo masivo, pero mi trabajo es la búsqueda exhaustiva. La gente me dice, ¿por qué no usás esto de acá que nadie se va a dar cuenta? Yo me doy cuenta, parto de la base fundamental de que cuando busco una verbena tiene que ser la mejor. Me obsesiono con que la manzanilla se seque de una manera para que en tu casa sea amarilla y no gris, por algo mis vainillas vienen de Madagascar, mis especias de Birmania, mis cacaos de Venezuela o México, la rosa mosqueta de Traful, algunas clementinas del norte de Italia. Hago una búsqueda bruta de encontrar algo que me conmueva.

- ¿Es como si aún estuviera pintando? 
- Totalmente. De muy chica, cuando pintaba tuve un gran maestro que siempre me decía algo que me marcó mucho en mi vida: “Inés vos tenés que crear tus colores”. Me decía que mi manera de pagar mi pintura era creando colores. Me acuerdo que mi primer color, irónicamente ahora que hago té, fue el del agua caliente, ese color tiza del agua bien fuerte en la bañadera. Y así como creaba colores en aquel entonces ahora creo sabores, perfumes. He llevado al te a otro nivel, tengo una línea de almíbares hechos con té para hacer tragos, una línea de trufas y jaleas con chocolate belga y té, tengo un disco con la música del té. Trato de que la gente viva un poquito todo este viaje que hago de la planta a la caja, que tome todas las herramientas para que, aunque no hayan caminado en el Himalaya al lado mío, vivan ese proceso. Por ahí nunca fueron a India, pero abren la lata e imaginan un mercadito de especies. Así el té en vez de ser un producto pasa a ser algo mucho más interesante, como un lenguaje, una filosofía de vida.

- Habló de situaciones donde queda como prendida en su mundo olfativo y hasta deja un poco fuera a quienes la acompañan. ¿Tuvo problemas con esto? 
- De chica me decían “Cómo te va a costar conseguir marido”. Y terminé casada con un cocinero. Quizás soy muy de crear mi lugar, es muy importante el olor de mi casa. Por ahí hay diferencias con mi marido en cosas que por ahí a él no le molestan tanto y a mí sí, como el olor a perro. Cuando lo conocí el había abierto un restaurant en San Martín de los Andes, viajábamos en su auto y se le había caído un frasco de curry en el sistema de calefacción, lo prendíamos y quedábamos amarillos, hasta me puse antiparras. Era el típico olor de la India, me encantaba. Ahora me mudé de oficina e hice traer mil quilos de té para que se empiece a impregnar, porque para inspirarme tengo que estar rodeada de mi mundo, necesito mis olores hasta para contestar un mail, sino es una casa impersonal.


- Ha diseñado sabores para personas tan diversas como Carlos Fuentes, Uma Thurman, Lou Reed, los Reyes de España y hasta para el Dalai Lama. ¿Cómo hace para captar lo que quiere ofrecerles?
- Cada uno es un mundo. A veces desarrollás algo para alguien que conocés mucho. Si es para un chef diseño para su carta, si es para un restaurant de un hotel intento ver qué es lo que quiere transmitir el chef. Es muy distinto cuando diseño para un encargo, con los reyes de España era un regalo y al rey le hice el té del Quijote, con muchos frutos rojos. A Ernesto Sábato, a Saramago, a Carlos Fuentes les hice un blend del silencio, porque una cosa que siempre se dice en Oriente es que los tés con especias se usan mucho para meditar y que cuando la mente calla aparecen las palabras. Me pareció que iba para ellos. Hice un té que se llama Frida ´s almond, un homenaje a Frida Kalho, una de mis artistas preferidas, que siempre decía: “Pies, ¿para qué los quiero si tengo alas para volar?”. Para ella, tan amante de su querido México, hice un blend diseñado en base a cacaos con almendras. Y te lleva un poco ahí.

- ¿Cómo fue el proceso que la llevó al blend para el Dalai Lama?
- Vivía en Nueva York y me pidieron diseñar un té para él. Leí en uno de sus libros que cuando uno está bien, encuentra su paz y se abre desde lo más puro. Hice unas hojas de té verde y unas flores de jazmín enrolladas una a una a mano. Cuando uno pone cinco en la taza, con el agua a una temperatura perfecta, la flor se empieza a abrir en la taza. Me pareció que tenía que ver con él. Cada uno tiene su mundo, algunos salen fáciles y otros no salen.

  - ¿Cuál fue el que más te apasionó diseñar? - Uno que hice para Rodrigo, mi marido, cuando nos casamos. Le quería regalar mi olor preferido, el del pan tostado, ese olorcito a casa. Entonces hice traer un té semifermentado de Taiwán, de una cosecha muy limitada, increíble, donde sólo se usan las dos hojas más nobles de cada planta y se utilizan 1.700 hojas por cada medio kilo de té. Lo hice tostar con el pan que a mí me gusta y fue un té que hice de corazón. Algunos me han traído grandes satisfacciones, como el que hice para el director de cine francés Luc Besson y otros los hago como trabajo. El año pasado me gustó diseñar un blend para Telmex, fue muy divertido porque hubo mucho feedback con ellos y para Foxlife diseñé un trago hecho con té. A veces ciertos clientes se involucran y es muy divertido.


- ¿Cómo es una reunión con otros Narices de Té?
- Es muy divertido. Quizás un poco monotemática, como cuando los hombres hablan de fútbol, las mujeres no entienden nada y dicen “qué aburrido”. Estuve hace poco en Rótterdam diseñando con alguien para una marca francesa, nos ocupamos de partes diferentes, él del diseño de los té verdes y yo de los de India y Sri Lanka. Compartíamos laboratorio, diseñábamos juntos y nos reíamos como locos, porque encaramos procesos creativos de forma diferente, yo soy medio bicho raro porque soy muy sentimental, muy de los sentidos, me gusta diseñar sintiéndolo mío. Ese es mi fuerte, soy muy reconocida porque me animo a hacer cosas que otros no porque sólo siguen las reglas: esto con esto nunca. Soy más de probar y probar hasta darle. Por ahí armar un blend con una cosecha de té negro, vainilla de Madagascar, cacao de Venezuela y naranjitas tostadas era una locura y hoy es uno de mis caballitos de batalla.

  - No se pone límites.. - No. Soy bastante abierta. También eso me lo da el que al ser mi marca, muchos años diseñé para otras marcas que tenés que seguir ciertas pautas. Cuando diseño para mí me doy mis gustos. Una cosecha de té negro con peras de otoño y especias, ramas de canela, me alucina, por ahí cuando vas a una marca típica siempre hacen naranja y canela, a mi me gustan peras y canelas y lo hago.


El sol en las manos

- ¿Cómo impacta y qué aspectos de su vida la parte ceremonial del té? 
- En todo, no separo mi trabajo de mi vida. En mis ratos libres estoy pensando en esto, estoy casada con alguien que vive de los sentidos, los sabores y perfumes. Cuando viajamos más que ir a un shopping hacemos un tour gastronómico, nos gastamos todo yendo a buscar tal cosa a un lugar, nos gusta eso y lo compartimos muchísimo. La gente siente muchísimo ese amor que hay atrás de lo que hago, viven el detallismo. Si tengo un evento lo hago como si fuese mío, cuento con un buen equipo que entiende que hay un compromiso. Siempre digo que fue la gente de la tierra me enseñó el respeto y el amor a mi trabajo. Si ves a la gente que trabaja la tierra al pie del Himalaya y la que lo hace en el norte argentino te vas a dar cuenta de que tienen los rasgos muy parecidos, tienen el sol en las manos. Para mí es una responsabilidad enorme que no se pierda eso, tengo que transmitirlo.

  - ¿Cuál es el recuerdo más lindo que tenga asociado con aromas?
- Hay ciertas cosas que me emocionan. Los piecitos de mis sobrinos. Me encanta el olor a pasto mojado, el olor a campo, a caballeriza.

- ¿Y de personas? - Le tengo pánico a los aviones y para subirme a uno siempre uso un pañuelo de seda de mamá. Ese olorcito me relaja. Cuando entro al local se me despiertan mil cosas, reconozco el olor enseguida porque es como un diario íntimo de todos mis viajes. Incluso ahora pude traer cinco kilos de té blanco original, cosechado a mano en jardines sagrados de muy difícil acceso, antes era cosechado por mujeres vírgenes de guante blanco y sólo podía ser tocado por el emperador. Me gusta la historia que hay detrás de eso. Ahora todo el mundo quiere diseñar té, yo hace trece años que lo hago, no lo vivo como una moda. Esto es algo milenario que ojalá que no se pierda. Porque para mí el té es el arte de ritualizar la hospitalidad.

- ¿Estuvo en alguna ceremonia japonesa del té? 
- Sí y fue maravillosa. Pero para mí la ceremonia del té no es sólo en Japón, hay una en India, hay otra en Londres. Y yo tengo una, me encanta elegir mi tetera, elegir mi taza, elegir un té para cada persona.

  - ¿Y cómo vive su capacidad olfativa ceremonial en la estética y el erotismo?
- A nivel estético es viviendo lo que hago, cuando estoy en India trato de ser uno más, como lo que se come, si es picante es picante, lo vivo así. A nivel de erotismo soy de vivir de los sentidos, donde uno transmite y percibe absolutamente. Me gusta que el otro perciba que lo estás mimando, puede ser en un detalle, desde una vela hasta un olorcito rico, esos son los placeres de la vida, no el baby doll, que ya está medio demodé. Para mí la sensualidad está en que el otro vea los mini detalles, me bajo del auto y dejo el asiento corrido como maneja el otro, no como manejo yo. Me gusta que me dejen leer el diario primero porque me encanta el olor a diario cerrado, a la mañana, cuando tomo el desayuno.

- ¿Esos cuidados no son todas formas de acariciar al otro?
- Sí, totalmente.

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