10.6.09

Convergencias


La luz de los sonidos


El músico clásico Ariel Bester da conciertos para lograr percibir la dimensión visual de la música.


Diego Oscar Ramos - Uno Mismo - Junio 09

    Primero llegan las palabras, los conceptos que guían y explican la experiencia de percepción amplificada que podrá acontecer si se logra una atención corporal completa. Cada concierto de Ariel Bester, músico de formación clásica e investigador autodidacta auspiciado por el Fondo Nacional de las Artes, funciona como taller de apreciación de la música desde valoraciones expansivas al reconocimiento estético. Por eso es que, cuando toca en un piano digital obras de Beethoven, Schubert, Chopin o The Beatles su interés principal está en que las piezas sean el soporte de una experiencia de amplificación de la percepción cotidiana. “El objetivo de los encuentros es que la manifestación luminosa del sonido sea cada vez más manifiesta, que la sala se ilumine en forma intensa con las geometrías luminosas de los sonidos, para lo que es importante escuchar con los ojos abiertos, una forma de conectar nuestro plano físico con los planos superiores que se manifiestan como luz y sonido”, explica Bester, quien antes de tocar brinda nociones básicas de biomecánica como base de la bioenergía, geometría sagrada y física cuántica, además de ilustrar acerca de las equivalencias proporcionales de obras maestras musicales, plásticas y arquitectónicas. Las palabras son precisas para interpretar el concepto fundamental de un espacio-tiempo-sonido de 4 dimensiones, eje para visitar esa rendija perceptual donde la música puede apreciarse en sus manifestaciones visuales.
   Pero deben complementarse de un leve trabajo corporal previo, para comprender las articulaciones como estaciones transformadoras de la bioenergía corporal y el cuerpo todo como sistema de palancas. Una abstracción aparente que tendrá su papel en la posible percepción de luminosidades a partir de los sonidos, lo que sería una manera en la que se nos manifiesta una cuarta dimensión a nuestra habitualidad de captar el mundo en tres dimensiones. “Hay una parte del sonido que no es acústica y es percibida desde los centros de energía corporales o chakras, que son de naturaleza electromagnética”, detalla Bester y agrega que al escuchar con la luz apagada de la sala y los ojos bien abiertos, “se oye no sólo con los oídos sino también con el pecho, donde está nuestro Y0 y a cuyo reconocimiento apunta en definitiva el taller concierto”. Así, movimientos de sinfonías o sonatas comienzan a funcionar casi como mantras para guiar una percepción refinada que el pianista dice tener desde niño. Con cinco años fue que comenzó a estudiar el instrumento, influenciado por su padre, que lo hacía disfrutar de las interpretaciones de Rubinstein. “Tenía el ideal de tocar con esa perfección que escuchaba, pero además sentía que ahí había algo más, que en ese momento no me daba cuenta qué era”, cuenta Bester, que tendría esa revelación a los 58 años, cuando buscaba formas de manifestar el componente electromagnético del sonido, lo que había estudiado con el pianista clásico e ingeniero electrónico Livio Vinardi. Tuvo el apoyo del Fondo Nacional de las Artes para estudiar estos temas, probó hasta con cristales de cuarzo, pero la experiencia le llegó tocando el piano, al empezar a percibir fenómenos luminosos producidos por el sonido. “La luz es electromagnetismo por excelencia y el chakra del pecho, donde está nuestro Yo es el mejor manifestador y receptor de luz”, resume el investigador, cuatro años después de su vivencia inicial. Lo que vendría después, manifiesta quien tuviera como maestros al gran pianista Miguel Angel Estrella, sería la sistematización de un sistema de transmisión. Así hizo que convivieran el pensamiento de Ouspensky, Yogananda, Aurobindo o Rudolf Steiner con la música que amó desde siempre, por su calidad estética y por ese algo más, de lo que ahora puede hablar. Y que intenta que todos puedan llegar a ver. 

No hay comentarios: