22.6.09

Hugo Arana

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“Soy infinito, como todo ser humano”
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En una etapa de gran intensidad laboral, tanto en televisión como en teatro, el popular actor siente que su profesión le ha brindado una poderosa herramienta para lograr conocerse a sí mismo.

Diego Oscar Ramos - Uno Mismo - Junio 09

Fotografías: Nadia Strier  

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         Parecía cansado al inicio de la entrevista, una reacción natural en un presente laboral pleno, donde Hugo Arana no sólo dedica medio día a la grabación diaria de la serie televisiva Los Exitosos Pells. También le da su cuerpo, cinco días a la semana, a la obra Baraka, en la cual forma parte de un dream team actoral junto a Darío Grandinetti, Jorge Marrale y Juan Leyrado. Parecía cansado, pero basta con que empiece a hablar sobre la trama delicada de su trabajo como para que sus ojos se enciendan y aparezca un cuerpo totalmente despierto. “Es maravilloso hacer cretinos porque en la vida elegí otra cosa, no voy a negar lo que pueda haber en el ADN, lo que venga en el vientre materno o lo que se reciba en la crianza, uno se va formando con todo eso, pero hay un lugar de la conciencia que sabe determinar y uno elige qué voz escuchar”, comenta Arana en relación al papel que viene interpretando desde hace meses, un empresario televisivo para quien el éxito y el dinero son sitios a los que llegar como sea. Lo particular es que en los foros especializados de Internet están llenos de comentarios celebrantes de la creación multidimensional del actor, sobre todo por los matices de simpatía que sabe darle a su oscura criatura.


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     “Me encanta hacerlo”, dice con cara de niño travieso y en el placer de captar ese gesto se hace más comprensible que en esos mismos foros también se siga recordando una publicidad de vinos donde un jovencísimo Arana ganaba enorme popularidad por sus expresiones de ternura. Y lo hacía con los cambios en su rostro al darse cuenta de que sería padre y con sus dedos haciendo caminar unos escarpines como si fuese un bebé en sus primeros pasos. Sin pretensión de derribar emociones, hoy el actor dice que hizo allí apenas lo que le indicaron, pero algo de su capacidad de observador y creador estaba ya presente en esa escena. Y fue creciendo en un desempeño actoral que lo vio como parte de sucesos fílmicos como La tregua, La historia oficial o Un lugar en el mundo, ciclos televisivos prestigiosos como Situación límite, Nosotros y los miedos, Alta Comedia o Compromiso. También numerosas obras teatrales desde su debut en los ´60 y el paso por programas como Matrimonios y algo más en los ´80, uno de sus picos de popularidad, La banda del Golden Rocket en los ´90 o Resistiré, uno de los tantos ciclos donde participó en esta década que termina con un presente donde parece disfrutar de un trabajo donde la comicidad le permite dar rienda suelta a su curiosidad y su goce lúdico.
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- ¿Qué siente componiendo personajes con cierta oscuridad?
- Es bárbaro hacer estos personajes, porque uno ejerce esa parte oscura, que en la vida no usamos por ética, moral o respeto. Y a veces por miedo o cobardía. Uno es aplaudido por usar la materia negra, no tenés un problema moral o de conciencia. Estás jugando un juego en el que todos estamos de acuerdo, el espectador y uno mismo sabemos que estamos haciendo una ficción. Entonces es buenísimo sacar toda la porquería afuera y evacuarla.

- ¿El cuerpo del actor siente ese proceso?
- Lo siente el cuerpo, el alma y la conciencia.

- Además se suelen ver como grandes papeles.
- Es que es el mundo que se teme y generalmente se oculta. Entonces ese lugar es el más deseado de investigar, de espiar, porque no se lo muestra a menudo. Uno ve groserías como la manipulación o la injusticia, pero en general no se anda haciendo alarde de ello. No se anuncia tanto, es la zona que llama a la intriga, que uno quiere espiar y aquí podés meter el ojo en la cerradura. Y cuanto más malos sean estos personajes, uno es mejor actor si los vuelve creíbles.

- ¿Busca inspiraciones específicas para estas personificaciones?

- A veces en alguien uno ve una conducta que le sirve, por ahí uno le copia un gesto, pero no hay una manera. Laurence Olivier decía “Cuando encuentro su manera de caminar encuentro al personaje”. Pero, ¡hay que encontrar la manera de caminar! Si uno dibuja con claridad la forma de algún rasgo, hay mucha posibilidad de que esa forma arrastre el contenido.

- ¿De la acción viene la composición?
- Tiene muchas posibilidades de que venga. No estoy diciendo que sea una fórmula infalible. Hay un hecho genial, de la historia de la humanidad. Cuando el hombre va a dormir, se echa y cierra los ojos, en todas las culturas siempre se hizo lo mismo. En ese instante uno podría decirle: “¿Qué estás haciendo?, ¿Qué actuás que dormís si todavía estás despierto?, ¿Para qué estás acostado y cerrás los ojos si estás despierto?” Pero como el que duerme está así, echado y con los ojos cerrados, entonces uno actúa que está durmiendo para que el sueño venga. Uno actúa algo para que venga el sentimiento o la emoción que le corresponde.

El humor y las máscaras

       Un cartel puede indicar un encauce fundamental en la vida. Eso le pasó literalmente a Hugo Arana, cuando vio un anuncio que decía “Hágase actor”. “Estaba desesperado por poner la energía en algún lugar, no sabía que hacer con mi vida, había trabajado en más de 20 oficios”, cuenta Arana, quien el día que cumplía 21 años se regaló el ingreso. Y a los pocos meses estaba ya participando de una obra de teatro, algo que nunca había conocido ni siquiera como espectador. Lo que le había atraído siempre era el cine, si hasta se lo ha visto saliendo de alguna sala imitando el caminar de Marlon Brando cuando era un modelo juvenil global. De allí llegaban los modelos, más que de su familia que lo educó con humildad en lugares como Monte Grande, Lomas de Zamora y Temperley. “No tenía ni un cantante en la familia”, dice el actor, quien a poco de comenzar los cursos con Marcelo Lavalle en el Instituto de Arte Moderno, tuvo la oportunidad de participar en una puesta. El papel era sencillo, pero el enfrentar al público lo vivió como algo gigante, tanto como ir formándose con colegas como Norma Aleandro o Emilio Alfaró y estudiando textos de verdaderos humanistas como Henry Miller o Tenesse Williams. “A los dos o tres meses de estudiar ya me agarró la pasión, sentí que no me sacaba nadie”, cuenta Arana, en su camarín, poco antes de subir a escena para interpretar en Baraka a un director de teatro amante de puestas vanguardistas y complejas. Bien concretas, en cambio, siente ahora que fueron las enseñanzas de maestros a los que se siente muy agradecido, como Lavalle o luego Carlos Augusto Fernández, de quien reconoce que le otorgó una mirada profunda sobre el hecho artístico.


         Hoy recuerda que en una clase una compañera comenzó a llorar, diciendo que no querían hacer escenas con ella y que no la querían. Entonces Fernández, hábil para construir escenas con sentido a partir de elementos cercanos, señaló una mesa ratona que estaba en frente suyo. Luego le hizo imaginar que él llegaba y la lustraba. Ella tomaba café, la manchaba y no la limpiaba. Al otro día, él la limpia, le pone una carpeta de croché blanca, otro día un florero, más tarde le echa agua y luego pone una flor. Si pasaba todo eso, era probable que entre ellos no naciera el afecto. En cambio, continuó el maestro, si él lustraba la mesa, ella ponía la carpeta, él aportaba el florero, ella le ponía agua y él finalmente la flor, había muchas posibilidades de que sí surgiera afectividad. Después dijo que la mesa era el teatro, donde sin que se fuera a buscar amigos, las calidades que se llevaban debían ser coincidentes. “Me pareció el resumen perfecto de la actitud con la cual uno se acerca al teatro y de lo que pone en la tarea”, reflexiona Arana, que reconoce que su gran maestro usó un ejemplo anclado en acciones antes que en grandes discursos. “No tiene que bajar un duende extraño que aletee y me inspire, no hay mucho que decir ni hay que ser un iniciado para comprender esto”, asegura Arana.

- ¿Ha sentido que la experiencia en tantos roles actorales le sirvió para entender más la vida?
- No me cabe ninguna duda. Mi fantasía, mi gran ilusión es decir algún día “casi me conozco”. Porque estoy convencido de que soy infinito, como todo ser humano. En uno anida la humanidad entera, Jesús y Hitler. Y uno va eligiendo con qué personaje manejarse en la vida. En teatro se dice que hay que creer para poder actuar y hay que actuar para poder creer. Estoy convencido de que eso lo hacemos todos, todo el tiempo. Cada ser humano se inventa su personaje, uno se muestra como cree que le va a ir mejor. Las máscaras del teatro, la carcajada y el gesto de lo trágico, son los dos únicos momentos en que el ser humano expresa realmente el contenido tal como es. Si llora se quiebra, no le preocupa cómo lo miran. Si explota en risas, no se preocupa en cómo es visto. En todo lo demás elegimos la manera, así uno puede ser simpatiquísimo todo el tiempo, otro pensador, uno muy amable, otro duro. Todos siempre elegimos como mostrarnos.


- ¿Y la idea de la sinceridad cómo entra en este esquema?
- Que uno actúe la manera de mostrarse no significa que no seas sincero. Uno está diciendo lo que realmente le quiere decir al otro, pero la forma es una actuación. No digo que mentimos y fingimos todo el tiempo, sino que elegimos la manera de manifestarlo. Habría infinitas y cada uno elige una, lo que no significa que traiciono el contenido. Actuar es darle una forma.

- ¿La forma está condicionada por la escena que la enmarca?
- La condiciona la mirada del otro. Actúo porque el otro me está mirando, actúo cómo quiero ser visto, para que me quieran, me tengan respeto. Probablemente no lo haga la gente que medita, que se libera de la mirada ajena, en un estado profundo de meditación, en un lugar bastante elevado.

- ¿Sino puede estar representando la forma del meditador elevado?
- Exactamente. Puede estar ocupado en que vean que es un meditador. Probablemente en un grado muy elevado la persona se libera del Sí o del No del otro, de que le den permiso. Está por encima de esa mirada circunstancial, elige su propia mirada. De todas maneras hay alguien que lo mira, él mismo.

- ¿Qué le genera placer de toda esta búsqueda?
- Me gusta desentrañar. A través del tiempo me convenzo de que todo es una ilusión. Cada vez es más confuso separar lo real de la ficción, las líneas que me parecían muy claras se me difuminan cada vez más. Esto me fue pasando con el tiempo y con la profesión también, uno sube al escenario, hace una conducta y se dice que es mentira. Pero ¿dónde, si yo estoy ahí y es verdad? A partir de ver cómo actuamos en lo cotidiano, ¿es real la vida o es una actuación más sutil? Personalidad viene de persona y persona es el nombre de la máscara que se ponían los actores griegos. O sea que la personalidad es lo que esconde, no es lo que muestra. Es detrás de la personalidad que está el verdadero ser.


- ¿Ha indagado en estas cuestiones más allá del teatro?
- No, todo ha sido inquietud, charlas, lecturas. Pero el mundo del teatro es muy rico. Esto de construir conductas es extraordinario, porque uno va descubriendo la cantidad de mecanismos que tenemos. Puede ser ficción, pero todo lo es, todo es un acto de creencia, es tener fe. Si yo creo estoy creando, construyo. Es poner la ilusión en algo.

- ¿Un actor pone fe en su carrera?
- No uso la palabra carrera, nunca me gustó, no quiero correr. Como corremos naturalmente en medio de la gran ciudad y la vida moderna, no quiero además decir “la carrera”. Es una profesión, un acto de fe, es profesar. Tengo fe en que me haga mejor persona.

- Y en este proceso de trabajo y conocimiento, ¿la comedia y no necesariamente el drama puede ser un buen instrumento?
- Sí. Aunque hay una tendencia a creer que la comedia es menor. Cosa nada más errada. El humor es sagrado, espía por rendijas donde quizás no penetra alguna cosa solemne, seria o muy sobria. Uno a los amigos bromeando les dice barbaridades que no se animaría en serio, uno señala conductas. Además el humor tiene una condición extraordinaria, está comprobado que la risa mejora la salud, genera endorfinas, relaja. Y la relajación es fundamental en el vivir. En tensión no se puede ni pensar, menos inspirarse o hacer que el duende descienda. Cuando uno se relaja es permeable, las cosas penetran. Ojalá uno pudiera todo el tiempo verse a sí mismo con humor, vería las ridiculeces que uno hace, los cabezazos que pega en la pared queriendo pasa cuando hay una puerta al lado. El humor ve las cosas que hacemos sin sentido, descubre los quiebres de la conducta.

- ¿No suele trabajar también sobre los bordes de los comportamientos, donde se evidencia que actuamos un personaje?
- Claro. Muestra la conducta a veces imbécil que tenemos, de obcecados, de no poder relajarnos. El humor permite ver, porque toma distancia del hecho, se corre. No se puede hacer una tragedia si uno no la hace con humor, lo que no quiere decir hacerse el gracioso, sino tener el humor necesario para meterse en un drama. El humor tranquiliza, es un canto al vivir, es música, es alegría.

- Y ahora pareciera estar en una etapa actoral con mucho juego.
- ¡Sí! Nos divertimos como locos. Hoy grabamos una escena con Mike Amigorena donde terminé agarrándolo a almohadonazos en un sillón, éramos como chicos. Me parece seguramente que esa es la edad de mayor armonía, porque un chico está conectado. Después uno se hace adulto, se vuelve esquematizado, se piensa dueño de verdades: “La vida tiene que ser así”. Y ¿qué se yo cómo tiene que ser?

- ¿El arte se lleva mejor con las preguntas?
- El arte lo que hace es desestabilizar. Creo que el deber del teatro es dar preguntas nuevas, no es dar respuesta a nada, porque cada ser humano tiene su propia necesidad. Si yo mismo estoy tratando de desentrañar la mía, cómo voy a pretender que le voy a dar una respuesta al espectador. La intención es que le genere una inquietud, que tenga un espacio más de reflexión sobre su conducta.

Perfil

1943: Nació el 23 de junio en Buenos Aires. 1965: Inicia sus cursos de actuación con Marcelo Lavalle. A los meses ya debuta teatralmente, en una pieza protagonizada por Enrique Liporace. Más tarde estudiaría con Augusto Fernandes.
1968: Debuta en TV en un reemplazo de la mítica novela “El amor tiene cara de mujer”.
1970: Actúa en El santo de la espada.
1974: Filma La tregua, Los golpes bajos, La vuelta de Martín Fierro, La balada del regreso, Dale nomás y La Madre María. En esa época participa de la exitosa telenovela “Papá Corazón” con Andrea Del Boca.
1975: Los días que me diste. En estos años alcanza gran notoriedad actuando en una publicidad muy exitosa del vino Crespi.
1979: Filma Y mañana serán hombres, La isla y Este loco amor loco.
1980: Participa de Buenos Aires, la tercera fundación. En estos años alcanza repercusión en el programa cómico de Hugo Moser Matrimonios y algo más.
1985: Filma La historia oficial, dos años después Made in Argentina y Chorros. Es parte de los elencos de programas como Situación Límite, Compromiso o Nosotros y los miedos.
1991: Filma Un lugar en el mundo. En esos años participa de series como La banda del Golden Rocket y De corazón.
1993: Protagonizo la comedia Buena pata.
1999: Protagoniza la serie Buenos vecinos.
2003: Filma Tus ojos brillaban, El viaje hacia el mar, Cautiva y un importante papel en la serie Resistiré.
2004: Filma Peligrosa obsesión, en TV hace La panadería de los Felipe. 2007: Participa de Hechizada y El Capo en televisión. Hace Filomena Marturano en teatro.
2008/09: Protagoniza Los Exitosos Pells en televisión y Baraka en teatro.