10.9.09

Arnaldo Antunes

Guardián de las palabras

Hace una década, Arnaldo Antunes visitaba por primera vez Buenos Aires, para presentar un disco con su banda y también su trabajo poético.




Diego Oscar Ramos - Jam - 1999





       Artista pop multimediático entonces lejos de la masividad que le dio el disco Tribalistas junto a Marisa Monte y Carlinhos Brown, llegaba a la Argentina cuando su carrera solista llevaba cuatro albumes y diez años previos con el grupo Titas. Antunes era entonces y sigue siendo el creador de muchas de las canciones que renovaron las últimos décadas de la música popular brasilera, sobre todo por esa capacidad tan suya de explorar los poderes estéticos de la palabra.



       Desprendía, con furia, algunas de las tiras blancas que cubrían su cuerpo de momia, como si quisiera desencadenarse del traje de exiliado mental con el que enfrentaba a un público al que sus ojos casi no miraron. La mirada perdida de Antunes desnudaba con fuerza una tensión contenida que explotaba en su gesto recurrente de tomarse la cabeza con las manos y agitarla desde las sienes, como si luchara con la velocidad de su mente y sufriera porque, como el tiempo al que le cantaba su amigo Cazuza, su cabeza tampoco para. Con la actitud extrema como marca inevitable de su arte integral, el músico se presentaba por primera vez en Buenos Aires en el ciclo de recitales que diera en septiembre con su banda en el teatro Regio, en su primera salida solista fuera de su Brasil y como poeta concreto en una inquietante performance poético musical en el Centro Cultural Recoleta, ambas facetas integradas en el marco del Segundo Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires.
      Si en sus conciertos supo ofrecer un desbordante despliegue con una banda compacta que lo acompaña en su entrega de energía que fue del formato rock a la más pura tradición de la MPB - corriente hacia la que suelen converger en algún momento hasta los más extremos músicos brasileros - donde más parece inclasificable es cuando da rienda suelta a la locura interna en sus performances poéticas. Un día después de su primer recital, donde dejó con sabor a poco a los que esperaban su trabajo multimedia, dejó surgir desde la introspección salvaje una actuación despojada pero tan furiosa como la de su papel de cantante de rock. Siempre en otro lado, con la mirada exploratoria del que llega lejos con su mente, supo tensar los límites entre la lectura poética y el canto atonal, usando todos los matices de su voz, simultáneamente a la proyección de sus poemas visuales. Gritó, susurró y cantó poemas de As Coisas y Nome, usando a la música como zona de transformación y mutación expresiva de la palabra, coqueteando con su voz cavernosa los recovecos del sentido. "En lo musical soy autodidacta, no sé leer una partitura, trabajo en el área de la canción popular, paralelamente hago poesía, creo que el centro de mi trabajo es la palabra, ya sea en sus aspectos melódicos y rítmicos en una canción, para ser leída o en sus aspectos visuales y gráficos", se definió en la misma performance, sin pausas. Y atento a la amplitud contrastante de sus registros, explicó: "el área de la música popular en Brasil tiene una penetración masiva muy grande, muy diferente de la actuación en la poesía escrita, que es para un público muy pequeño, entonces es una paradoja trabajar en las dos áreas".


Desde otro lado


    Un día después, en el camarín, aún en su traje de faraón de asilo y aparentemente sobreexcitado luego del tercer y último show porteño, Antunes soporta las últimas preguntas en una madrugada de movimiento constante. Aunque su atención es extrema, su mirada sigue lejos, en un mundo seguramente plagado de imágenes y sonidos en ebullición.

- ¿Qué relación hace entre el poder revulsivo y anárquico de cierta música y el que puede nacer del uso poético de la palabra?
- Creo que hay muchos poderes en la palabra, mueven la sensibilidad de las personas, crea nuevas posibilidades perceptivas (dice volviendo la mirada, compartiendo los universos a los que accede) sea por la forma de comprensión, una cosa táctil, por sonido, emocional. Creo que la palabra es muy poderosa, principalmente en la sociedad en el estadio en que estamos, y quien mantiene la higiene del lenguaje verbal son los poetas, por más que los políticos o los científicos o los periodistas la usen, quien preserva la salud de la palabra son los poetas, me siento un poco responsable por la salud del lenguaje.

- Recuerdo siempre algo que dice Hermeto Pascoal, que músico no es sólo el que puede tocar un instrumento, sino la persona que sabe oír.
- Yo recuerdo una frase de Borges que ha dicho "muchas personas se enorgullecen de aquello que han escrito, yo me enorgullezco de aquello que he leído", es muy parecido. Borges y Hermeto, se puede hacer una relación (se ríe de la ocurrencia, sus ojos miran desde otro lado, como siempre).

- Se puede decir que revaloriza el silencio en tus formas, algo que en esta época de superabundancia de información no siempre se respeta en su valor.
- Todos los que trabajan con poesía o música, lo hacen con palabras y silencios, con el espacio que hay entre ellas. No nos damos cuenta de la importancia de los espacios vacíos y muchas de las cosas que hago son un llamado de atención hacia ese vacío, cuando estamos caminando no pensamos que el espacio entre los pies y el suelo es tan necesario, me gusta llamar la atención sobre esa materia prima tan significativa e importante.

- Cuando oí por primera vez Nome, me vino a la mente lo que hizo Caetano con Joia, como si tuviera una relación de parentesco muy fuerte, no sé si ve vínculos con esa etapa de Caetano.
- Esa etapa, con Joia y Cualquer Coisa, dos discos que hizo simultáneamente, me gustó muchísimo, como todo lo que hace, soy un gran admirador de su trabajo, pero no sé cómo hablar de la afinidad con el mío, porque sería mirar de afuera y estoy muy dentro, pero ciertamente es una de mis influencias más marcantes.

- Lo pensaba por el uso de cosas pequeñas, lo que mucha gente define como minimalismo, algo que aparece en Joia, el trabajo complejo con elementos simples, lo que hace sobretodo en el uso de su voz.
- Sí, eso sin duda y hay una música de Caetano en Bicho, la canción Um indio, que al final dice que (silencio prolongado, se sumerge en su mente hasta que emerge) "es por el hecho de siempre haber estado oculto cuando había sido obvio", y esa es mi gran preocupación estética: mirar lo que está en la cara de todos y nadie está viendo.

- ¿Es la mirada sanificadora del poeta?
- Es despertar la atención para lo que es obvio pero es extraño porque nadie se está dando cuenta de que existe.

- Hay un gesto que hace cuando esta en el escenario, pegándose en la cabeza, que me atrae mucho, me parece como si dijera "mi cabeza no para".
- Sé que tiene significado, pero no me gustaría traducirlo en palabras, creo que el gesto habla por sí mismo.

- Pero es muy fuerte y tiene relación con la manera en que mira o en realidad no mira al público durante el show, como si estuviera siempre en otra parte.
- Da un poquito esa sensación, soy como un marciano surcando los terrenos de los terrestres o como un terrestre mirando a los marcianos.

2 comentarios:

Juan Trasmonte dijo...

Salve Arnaldo!
Diego, gracias por el mensaje sobre Ramiro. La verdad es que estamos arrasados, pero tratando de encararla, como él nos pidió. Me acuerdo de tu insistencia para entrevistar a Ramiro y que, después de la primera entrevista, te convertiste un aliado para él. Gracias, un abrazo

Diego Oscar Ramos dijo...

Hola Juan

me ha tocado fuerte el tema de ramiro
imagino a ustedes que lo tenian tan cerca y eran amigos directos de el que buena esa palabra que usaste, que me converti en aliado de el en serio recordas esa primera entrevista, que fuerte
se me vino todo un proceso encima el tiempo, las trayectorias que se dibujan sin que uno pueda darse cuenta sabes que sentia un placer en ser parte de ese movimiento tranformador que Ramiro construyo con sus acciones, y agradecere siempre su generosidad la primera nota que hice con el, a la distancia, con preguntas y respuestas dando vueltas por los mails, fue tan completa, tan abierta y eso que aun no tenia la certeza de para donde seria, luego pude ubicarla en Inrockuptibles y asi empezo algo poderoso que me dio grandes satisfacciones, en mis sumarios a distintos medios siempre incluía la historia de Ramiro, porque adoro los puentes, las conexiones, las uniones y veia en él un hacedor de síntesis, un condensador de elementos valiosos que podía hacer algo nuevo que no sólo no desvirtuara los moldes originales, sino que las ponía en otra óptica, las resignificaba sin caer nunca en pastiches amorfos (algo de lo que peca mucha de la música etiquetada en las últimas décadas como fusión) y dandole una visibilidad global a manifestaciones complejas y muchas veces dispersa. Algo de esto le mencione en la ultima nota que hicimos juntos en un bar de Palermo donde lo encontré una vez comiendo con su hija, unos días antes de tocar en Niceto. Y el me miró, puso la cara para arriba, y hubo segundos de silencio, hasta que la respuesta esquivó cualquier teorización que él quisiese reafirmar, dijo algo así como que podía ser, pero que él no pensaba en nada de eso. Ya recuperaré esa grabación, en un disco rígido de mi vieja computadora averiada. Ahora debo apelar a la memoria, que trae más gestos que palabras precisas. Algo de esto quiero escribir sobre Ramiro, ese ser lleno de música, que tenía una altísima generosidad, no sólo con las charlas o mails que ha tenido conmigo, sino en todos los workshops que hacía, alguno de los cuales pude compartir. Ese diccionario de rítmos que llevaba en su mente a mi me impresionaba, tenía un registro perfecto de toda una variedad de tradiciones percusivas, más o menos religiosas en su origen, de las que podía desglosar en todos sus toques y en sus variaciones temporales o regionales. Me dio mucha felicidad haber respetado ese primer impulso de contactarlo, ese que vos mencionás ahora, ahí también se abrió una puerta para mí, para el tipo de periodismo que quiero hacer, las historias que amo contar y las magias humanas de las que quiero ser parte. Por todo eso, donde esté le mando un abrazo de camarada contador de historias a Ramiro, ese cuentista sofisticado y sencillo que sabía que las máquinas y los tambores podían decir al mundo todo eso que somos, habiendo nacido aquí, donde las almas se abrazan bailando.

te mando un gran abrazo

Diego