
El
legado del mensajero
El notable músico argentino, criado
bahiense y adoptado como suyo por la música popular brasilera, deja una obra
valiosísima por su integración refinada de géneros y culturas.
Diego Oscar Ramos - NEXO - Sep.09
Fotos: Ariel Sabatella y
Flía. Musotto
Hace días que, queriendo ya despedirlo con alegría, como aconsejan quienes saben de las cosas de la vida, escucho una y otra vez Gwyra Mi, ese paisaje sonoro que siempre llena de colores amarillos el lugar donde le de play a ese tejido sonoro de cánticos de niños guaraníes, la verba indigenista del subcomandante Marcos y la acción armónica de esa versátil banda Sudaka con la que Ramiro Musotto había construido un aleph musical universal con aroma americano. Claro que cada cual tendrá sus momentos preferidos, seguramente cambiantes, para disfrutar en sus dos discos solistas, Sudaka y Civilizacao & Barbarie, del músico que partió el 11 de septiembre pasado en un centro médico bahiano, a pocos meses de que se le hubiera detectado un cáncer de estómago que dejó de bocas abiertas tanto a quienes sabían a lo que estaba enfrentándose, como a quienes ya venían sorprendiéndose ante su infrecuente silencio musical de meses. Todos, como lo confirman los mensajes en las redes sociales donde él participaba o los de los diarios online del mundo, dicen sentirse un poco huérfanos de un músico de creatividad excepcional y mayor calidad humana.
Criado en Bahía Blanca, aunque su
propio site consigne el poco conocido detalle de su nacimiento en La Plata, su
máximo desarrollo musical se dio en ciudades brasileras como Río de Janeiro,
Sao Paulo y esencialmente Salvador, la ruta básica donde hasta hoy sigue
transitando la cultura de Brasil antes de salir al mundo. Y alimentándose de lo
que también saben darle otros puntos riquísimos culturalmente, como los de un
nordeste profundo que también admiraba Musotto, el argentino que supo enamorar
a la tierra donde se cuece una de las músicas más sabrosas del planeta, con su
capacidad técnica y su tenacidad para ofrecerles recetas musicales nuevas y
eficaces. Por algo, antes de asumir su carrera solista, el argentino había
trabajado como percusionista, arreglador o productor de músicos como Gilberto
Gil, Caetano Veloso, Lenine, Zeca Baleiro, Marisa Monte, Marina Lima, Skank,
Sergio Mendes, Gal Costa, María Bethania, Lulú Santos, Margareth Menezes o
Daniela Mercury, por mencionar algunos de una lista que bien podría hacer
pensar que en Ramiro había un punto central por donde coincidía lo más destacado
de la música popular brasilera en sus últimas generaciones. Algo de eso le
mencionaba en nuestro último encuentro, una entrevista previa a su concierto
porteño del año pasado, cuando exponía mi sensación de que en ese llamado
milagro de que él fuese el más elegido los últimos años por el propio gobierno
brasilero para encabezar musicalmente eventos oficiales, tenía que ver con su
capacidad organizativa, su destreza para condensar y estructurar elementos
complejos y dispersos, exponiéndolos además de forma accesible y atractiva.
Mientras improvisaba un retrasado almuerzo con un tostado con café con leche,
Musotto me miró, elevó hacia algún cielo su mirada y se quedó en silencio,
luego dijo que él no pensaba en esas cosas. Era más fácil hacerlo hablar de música
que de sí mismo, podía detallar con precisión admirable y una memoria
envidiable, un catálogo de unos cuantos gygas de ritmos afroamericanos con sus
variantes regionales y sus evoluciones.
Quienes hayan tenido la suerte de
haberlo visto en acción como docente, en los workshops que daba en Europa o los
que con cada vez más frecuencia daba en Argentina, habrá podido vivir su faceta
de investigador y de difusor de una cultura que, si bien abarcaba todo Brasil y
tenía alcances universalistas, tenía un centro afectivo en los desarrollos
rítmicos que se dieron en Salvador, capital del estado de Bahía, en los
tempranos años ochenta, la etapa en la que se consolidó el samba reggae y el
momento en el que el músico se radicó en pleno Pelourinho, luego de un apolíneo
año de estudios en Sao Paulo, cuando llegó con apenas 18 años. Y ese núcleo
bahiano presente en sus talleres, no sólo estaba en su transmisión de las
claves de toda una serie de variantes de la música ligada al carnaval de raíz
negra, sino que incluía sus conocimientos de músicas usadas en los cultos
religiosos del candomblé, un universo que le fascinaba estéticamente. Y por
sobre todo, las formas de hacer que el berimbau, instrumento que quizás sólo
Naná Vasconcelos independizó antes que él de su lazo natural con la Capoeira,
fuese una fuente sonora posible de adaptar a todo tipo de músicas, con calidad
armónica y destreza interpretativa. Hay que imaginárselo, con cerca de 20 años,
dando ya cursos extracurriculares en la Universidad Federal de Bahía, invitado
por habérsele reconocido su trabajo para organizar su lectura en clave erudita,
algo inédito en una ciudad donde el instrumento era aún considerado para muchos
como cosa de malandros, lo mismo que pasaba con la misma práctica de la
disciplina corporal hoy universalizada y posible de practicar en cualquier
gimnasio. Del mismo modo, hoy puede ser más común que escuchemos la
incorporación del instrumento monocorde en la música pop del mundo, pero aún
hoy sigue siendo el impulso de Musotto quien dio nacimiento en Europa a la
primera orquesta de berimbaus afinados, conformando escalas armónicas, concepto
que ni siquiera hoy será fácil de encontrar en ese nivel ni en Youtube,
donde habrá cientos de videos de berimbaus agrupados, pero en muchos casos sin
ocuparse de la armonización.
No existía prácticamente ese concepto
cuando él empezó a trabajar con el instrumento, lo que habla no sólo de la
curiosidad musotteana, sino también de un elemento que no siempre se tiene en
cuenta cuando se habla de su carrera o de su obra, el área del sonido, de la
que era un detallista absoluto. Basta recordar lo que solía aconsejar a quienes
le hablaban de sus discos, llegando a pedir a quienes sabía que lo habían
bajado de Internet que consiguieran una buena copia, aunque la grabaran. Le
importaba que se escuchara con calidad el trabajo de horas y horas que él se
tomaba para armar loops, armonizaciones y mezclas. Al volumen preciso, sin
precisar de euforias que lleguen por tímpanos aturdidos, hoy sigue siendo
recomendable calzarse unos buenos auriculares y apreciar entonces el cuidado
con el que Musotto pintaba capa por capa sus diseños sonoros. Ese que hizo que
su trabajo en estudios fuese expandiéndose desde los primeros años de consolidación
de un axé al que él regaló virtudes en programación electrónica y que explotara
con el Canto da cidade de Daniela Mercury, para ir entonces
desplazándose con seguridad, previo link con el gran productor y bajista
Liminha, por la crema del banquete musical brasilero. Todo este proceso, ese
que nutre las listas de su CV, viviendo ya casi una década en Río de
Janeiro, una ciudad a la que alguna vez reconoció como una de las más bellas
del mundo. Aunque pasara sus últimos años en su querida Salvador, un territorio
que sentía más seguro y donde tenía una de sus bases para el crecimiento
progresivo de una carrera solista que, bien vale recordar, tuvo en la Argentina
el apoyo ferviente de su sello editor, Los Años Luz, un emprendimiento
que fue afianzándose en la misma década en la que creció el mp3 y las descargas
online, con una identidad editorial precisa y atractiva, como la música que
Ramiro Musotto fue generando en esos dos discos que ahora cobran otra
dimensión.
Realmente valorados en su momento,
aunque también hubiera podido vislumbrarse un destino de masividad mayor para
su obra, tanto Sudaka como Civilizacao e Barbarie permiten
apreciar un camino que el músico argentino brasilero supo delinear con pasión
de orfebre, llegando a un balance de sonidos y sentidos que siguen reverberando
en esos 20 ensayos musicales donde puso sus ideas o sensaciones sobre lo que
somos los americanos. Resignificando la palabra sudaca, poniéndole esa k que
alguna vez pudo tener un delay de resistencia cultural, Musotto nos habló de
nuestras raíces afroindígenas, con menos nostalgia que necesidad de que sepamos
quienes somos para movernos con una identidad clara desde la cual empezar a
compartir lo más valioso que tenemos con un universo deseoso al intercambio
virtuoso. Claro que tendríamos ganas de seguir escuchando esos ensayos
danzables donde un canto iraní podía ofrecernos nuevas maneras de saber de
nosotros o los dioses africanos se abrazaban sin escudos idiomáticos entre el
portugués de Brasil y el español de Cuba. Seguramente ha llegado el tiempo de
que saludemos a Ramiro, le ofrendemos la verdad de nuestros corazones limpios y
dancemos para él la más pura de nuestras canciones, para dejarlo libre de
nuestras tristezas y agradecerle con una risa multirrítmica el infinito placer
que nos regaló con su música. Que así sea.
Desde otro lado
Con ese mágico poder de los símbolos,
una de las últimas sesiones que realizó Ramiro Musotto en la Argentina con
Ariel Sabatella dio como fruto no sólo imágenes publicadas en sus entrevistas
de la prensa argentina del final del 2008 y de algunas crónicas brasileñas de
su despedida. También una bellísima imagen que empezó a circular entre redes
sociales con esa misma potencia afectiva con que posteamos sus videos o
escuchamos una y otra vez sus discos estos días. “Me flasheó lo de las luces,
porque ahí era como un ángel, es una imagen de otro lado, para mí todo ese
viaje que hice con su banda fue como un regalo, por las imágenes que quedan,
bien distintas de otras que me parecen vacías”, cuenta Sabatella, que apenas
conocía a Musotto cuando lo acompañó en un tramo de su gira argentina del 2008,
invitado por el músico a sumarse a su tribu cuando el fotógrafo le expuso en
Buenos Aires su deseo de fotografiarlo. Como inicio de un proyecto estético
ligado a la música, Sabatella eligió a Musotto por el impacto que le causó una
performance suya televisiva y también por ese plus de sincronía que surgió
cuando su amigo Martín Musotto, humorista del grupo Los Cortina y
ex compañero suyo de clases de Dirección de Fotografía le dijo
que era su hermano. “No podía creer que alguien tuviera tan buena onda, pocos
te dan esa conexión, hablé con él y me invitó a ir Santa Fe con él esa misma
noche”, cuenta el fotógrafo, que logró sortear algunas dudas y se trepó a la
gira. A la mañana ya lo habían hecho sentir parte del team. Buscando un sitio
acorde a sus estéticas, consiguió la rápida complicidad de Musotto para usar
unas horas libres entre workshops y conciertos para mandarse en un viejo taxi
hasta unos galpones ferroviarios en desuso. “Llegamos a unos talleres que
estaban tomados, empezamos a hacer fotos y vimos que un tipo se estaba bañando
cerca, con un tacho de agua, mientras Ramiro tocaba el berimbau”, describe
Sabatella, compartiendo escenas de película experimental que se completó cuando
el ojo fílmico del hombre de la cámara vio un humo blanco como enviado del
mismísimo cielo para su toma. “Habían quemado pasto en las fosas, eran las 4 y
media, entraba una luz linda, empezó a tocar, a hacer ejercicios de
calentamiento y no se notaba entre tanto humo”, cuenta Sabatella, que tuvo al
tachero de asistente y al bañante como público de esa sesión que tuvo su pico
cuando encontró una habitación donde los rayos solares entraban desde
ventanas, con el sol ya más bajo. El cuadro ya estaba. “Quedó una foto como
pintada, la vi en el momento y tengo sólo tres cuadros, dos de ellos con
errores, únicamente esa fue la perfecta”, comenta ahora, que siente a ese viaje
como un regalo, signo de una generosidad que el fotógrafo supo ver en la manera
en que daba sus clases. Con ese detalle lo recuerda y construye una nueva foto
del músico: “Se sentaba con vos dos días, te decía de qué eran las calabazas
del berimbau, que la cuerda era de piano, te mostraba qué efectos usaba, era un
distinto”.
Primera persona
Testimonios de entrevistas personales
con Ramiro Musotto publicadas, de 2005 a 2008, por Inrockuptibles, Página 12,
BA Metrópolis, Perfil y Crítica de la Argentina.
SUDAKA: “Sudaka es una palabra que siempre me fascinó, porque une Sudamérica, Brasil y Argentina, lo que yo soy, un resultado de esta mezcla y da una identidad al casi perdido sueño ¿utópico? de la unidad sudamericana, aquella de Bolívar y San Martín”. (2005)
MUSICA: “Siempre estuve fascinado por la música primitiva o folclórica, la
música sin dueño, transformada y mejorada de generación en generación donde
cada uno aporta lo suyo y se va codificando, purificando, a lo largo de los
años y a veces siglos”.(2005)
AFROAMERICA: “La religión afroamericana me
parece la más interesante, su mitología es hermosa, su relación con la
naturaleza, la no noción del pecado, su sexualidad, su relación con los
antepasados, con sus muertos y por sobre todo su música, su percusión y sus
cantos me llaman, me atraen sobremanera y siempre intento entender su
significado y respetarlos lo máximo que pueda” (2005)
SAMPLEOS: “Las cosas que sampleo son cosas de las que me enamoro, las guardo
y dejo en remojo, hasta que me viene una idea de lo que hacer con ellas; son
cosas que cuido como joyas, como cosas en extinción, están tal vez olvidadas o
desapercibidas y me parece una pena que sea así. Me gusta reciclar, buscar en
el tacho de basura musical donde se pone lo que ya pasó de moda, lo que no
sirve, tiene quizás algo que ver con el pop art y la idea de llamar la atención
de cosas aparentemente no bellas y hacer que parezcan o sean bellas, intentar
otro modo de ver las cosas, de percibir lo que nos rodea. (2005).
PERCUSION: “Un buen percusionista tiene que tener huevos, cerrar los ojos y
viajar, dejar el alma en el escenario, tocar con enorme placer, rabia o vuelo,
tiene que conocer bien una tradición musical, que le formateará la cabeza
para entender y respetar las otras y moldeará su musicalidad hacia la que le
interesa, alejándolo de la tentación técnica”. (2006)
MILAGRO: “Sería por lo insólito de destacarme como percusionista en Brasil
siendo argentino, como un bandoneonista carioca (que lo llamen milagro
argentino), pero la samba y la percusión brasileña cada vez más son menos
privilegio de los brasileños, doy clases de berimbau, batucada y
samba-reaggae en Suiza, Francia, Suecia y Finlandia, donde vi excelentes
batucadas y grupos de samba sin ningún brasileño, porque se está transformando
en una música universal como el rock, que antes era sólo de negros. (2006)
PASADO: “Es importante mantener el link con el pasado, los temas y
sonidos que elijo son como música de sentimientos colectivos, que nos incitan a
congregarnos, a juntarnos sobre una emoción compartida y lo interesante es
que se de mediante el uso de la tecnología, es la paradoja y la gracia”. (2006)
CANDOMBLE: “Es un mundo fascinante, tiene una música super interesante, pero
por naturaleza soy agnóstico, fui criado así, no puedo entrar al candomblé como
una persona que practique la religión, porque no está en mi naturaleza”. (2007)
TRANCE: “Para los que vivimos en Salvador es una cosa muy específica, que
llega mediante el candomblé y los que tocan son oficialmente inmunes. Prefiero
hablar de ese punto donde estás tan concentrado que te olvidás, cuando abrís
los ojos y estás en un lugar impensado del escenario, en un estado de entrega,
algo puro, donde vale todo pero tenés siempre un pie en la tierra, ese es el
estado artístico” (2008)
INÉDITO: “Tengo una carpeta enorme con varias ideas, temas empezados y otras
vacías, con el título. Uno será más calmo, más el día y otro la noche, con más
beats. Pero siempre es un misterio, no se puede planear mucho un disco, es él
quien te lleva para algún lugar, empezás un viaje y no podés predestinarlo
demasiado” (2008).









3 comentarios:
Gracias Diego, hermosa nota.
Ariel
Gracias Diego! La nota excelente y las fotos increíbles. Muchas gracias. Un abrazo.
Claudio Dores
Gracias Diego!!! Hermosa descripcion de un ser unico que nos ha dejado un incalculable bagaje de musica, ideas y conocimiento musical y humano.
Ramiro: Costara desacostumbrarnos a tus periodicas visitas, tus actuaciones y esos encuentros para compartir tus conocimientos... me contento con pensar que quienes te cruzamos en el camino fuimos privilegiados... Ate mais... axe!
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