14.2.09

Mariano Alvarado



Pintor del Universo


El artista plástico crea, desde hace 20 años, imágenes naturales nacidas de estudios de Taoísmo e investigaciones con pigmentos puros.




Diego Oscar Ramos - Uno Mismo - Feb. 09






“Las imágenes que pinto surgen de una necesidad interna y puedo decir que el arte me ha dado la posibilidad de conocer otros mundos, aunque siempre lo más importante es vivir”, comenta el artista plástico argentino Mariano Alvarado, de visita en Buenos Aires, donde se formó como licenciado en Bellas Artes, tuvo su primera formación plástica con maestros como Alberto Sorzio y expuso en importantes galerías porteñas. Hoy vive en la localidad española de Murcia, donde al llegar en 1989 la experimentación constante con pigmentos puros lo llevó a lo que hoy considera su más fuerte identidad como artista.Lo particular es que estas Cosmogonías, que a primera vista podrían ser percibidas como un trabajo inspirado en las imágenes captables con telescopios o satélites, han tenido como fuerza gestante a la meditación y su pasión básica por la naturaleza y sus misterios. “La pintura está ligada a mi sentimiento fuerte de religiosidad y me gusta mucho crear espacios de contemplación, que evoquen sentimientos, por lo que me hace sentir bien que la gente viva sensaciones de paz con el arte, eso es lo que me motiva a seguir creando”, dice Alvarado, hombre ligado en distintas etapas de su vida a filosofías orientales que pasaron por el budismo tibetano o el I Ching y desembocaron en el Taoísmo, que hoy en día siente como una fuente de comprensión de la vida misma, con sus ciclos y sincronías.


“Cuando encontré la palabra cosmogonías en el diccionario me di cuenta de que tenía que ver con todo lo que estaba haciendo, porque había trabajado mucho tiempo en cómo se cierra y se abre la materia, en cómo se va gestando, temas a los que llego por la filosofía oriental que descubro hace 20 años”, cuenta el artista plástico y agrega que el título elegido es apenas una pista para conducir levemente la lectura del espectador. 
“Lo que verdaderamente me interesa es sugerir, crear espacios donde la gente pueda imaginar”, dice Alvarado, artista de una fuerte influencia del expresionismo europeo, que vivió de cerca en su estadía en el París de los años 80, antes de radicarse en España. Entonces se caracterizaba por pintar rostros de expresión muy fuerte, hasta agresiva, que luego entendió que reflejaban la crisis política de los setenta latinoamericanos. De todos modos sería apenas una etapa previa a su búsqueda de zonas internas más pacíficas, cuando incorporó la meditación, en un proceso de cambio personal que también aparecía en su arte.






“Empecé por una parte abstracta, fui llegando a los espacios de cielo y de suelo, a la Tierra vista desde el espacio, me fui yendo cada vez más para arriba y así despegué”, comenta, gesticulando con fuerza y explicando luego que la temática astronómica ha estado entre sus gustos, pero nunca específicamente enfocadas para realizar obras basadas en tomas fotográficas. sí lo aclara: “Trabajo con la imaginación, siempre me ha gustado ver esas imágenes, me pasó que algunas llegaran a parecerse a algunas reales, pero llego a ellas sin ningún tipo de premeditación”. Su tarea cotidiana, detalla, opera sobre la mutación, pintando capa sobre capa y dejando surgir transformaciones. “Los hago trascender, algunos quedan a veces como sustrato de otros, todo es pura intuición, de repente surge un planeta, creo lugares y siento que necesito hacerlos”, comenta y define el lugar que estas Cosmogonías tienen en el espacio total de su obra: “Es la punta más auténtica que tengo como pintor”.


Trayectoria


Después de estudiar en 1961 con el pintor argentino Alberto Sorzio y de formarse como licenciado en Bellas Artes en el Consudec en el 78, se especializa en Arte Moderno en el Instituto de Cooperación para Ibero-América. En el 84 viaja a Paris, donde reside varios años, trabaja y recibe becas para diferentes proyectos artísticos, lo que repite en Murcia, donde se establece en 1989. Ha expuesto en Argentina, (Galería Sara García Uriburu, Azul Galerie, Sociedad Argentina de Artistas Plásticos, entre otras galerías porteñas y cordobesas como Galería Giacomo LoBue), en Francia (Caisse d'Epargne Ecureuil de Versalles, parisinas como 17 Rue du Dragon, Fundación Argentina en la Ciudad Universitaria, Fondation Internationale d'Acueuil Post-Universitaire) y España (en Murcia: Colegio de Arquitectos, Consejo de la Juventud, Contraparada 13, Galería Babel, Galería Detrás del Rollo, Molinos del Río, Hotel Melía, Glorieta de España o Galería Bambara, en Badajoz: Castillo de Luna Alburquerque en Badajoz y en Pamplona: Festival de Navarra).

8.2.09

Carlos Regazzoni


Arte Visceral


La inagotable imaginación del artista argentino Carlos Regazonni, reconocido mundialmente por sus enormes esculturas hechas con metales, se ocupó de recrear los personajes de Don Quijote de la Mancha. Instalados en el municipio de Azul, las piezas de la obra de Cervantes se suman a ese universo estético visceral que puede visitarse en su espacio de Buenos Aires.




Diego Oscar Ramos - Revista Gabo - 2007




En pleno Retiro, en el número 405 de la avenida Libertador, quien ingrese a ese parque de la imaginación desmesurada hecho de fierros fundidos, piezas de metal y restos de maquinarias ferroviarias se encontrará también con una de las moradas donde habita el artista argentino Carlos Regazzoni. La otra está en París, donde también crea sus obras monumentales en enormes galpones nacidos en épocas donde el Ferrocarril era un símbolo universal del progreso y la comunicación. Valuadas muchas en miles de dólares, bien podría decirse que estas vacas, cocodrilos, avionetas con sus aviadores, vírgenes hechas de máquinas de escribir, hormigas en su hormiguero o hasta la figura del escritor aventurero Antoine de Saint Exupery, el valor mayor que tienen está en está en la manera en que estimulan un sentido de la belleza más cercana a la mirada sorprendida del niño que a la del intelectual que enfría con palabras lo que debería dejarlo mudo. Eso logró este hombre nacido en Comodoro Rivadavia en 1943 hasta con industriales del petróleo que financiaron una parte de su idea de poblar la Patagonia con dinosaurios de metal o hasta en el dueño de un castillo francés donde ha estado alojando una gran parte de su obra. En el Habitat del Gato Viejo, el espacio donde suele cocinar en persona y recibe a sus comensales en eventos culturales gastronómicos, Regazzoni nos recibe con esa gestualidad de ogro gigante de fábula que sólo asusta a quien no percibe que esa dimensión está también en su sensibilidad.


Proyectos y epopeyas


- ¿Cómo está, Carlos?
- Un poco cansado, porque acabo de terminar la estatua del Quijote en Azul, que fue nombrada ciudad cervantina en América del Sur, está colocado en una plaza que se llama Castilla La Mancha, en un hermoso lugar frente al río que cruza Azul. Fue interesante el calor popular, el auspicio del intendente, convivir con esta gente. Quieren seguir con el Proyecto Sol Negro, que implica una escuela, siempre para trabajar con material reciclado. Azul no es Patagonia, pero está en el límite, empieza abajo, en Viedma.


- ¿Encontró un político que entendió y valoró su arte?
- Sí. Entendió. Después hubo montones de inconvenientes. Las gobernaciones tendrían que darle plata a este hombre. De cualquier manera me di el gusto de dejar una obra importante, muy linda y grande, en un buen lugar público. Con la producción de la obra fundé la Escuela Arte e Industria, con siete alumnos. Ahora quieren cerrarla. Yo la quiero abierta para que siga proliferando la obra.


- ¿Qué le toca personalmente del Quijote?
- La epopeya. Es una obra cumbre de la literatura. En un lugar de la mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía un ilustre caballero con su cabalgadura.... Es un iluminado el que lo inventó, Miguel de Cervantes Saavedra.


- ¿Qué escena lo impacta más?
- Lo más interesante es la relación que tiene con Dulcinea, que era una tabernera, una gorda tirapedos, pero él se había enamorado. Y desarrolla toda una charla de epopeya con Sancho Panza. Es imperdible, desde que empieza la primer palabra hasta la última línea. Una potencia. Yo también soy medio epopéyico. He tenido epopeyas para venderles molinos de viento a muchos insensibles.


- ¿Para ser sensible hay que ser epopéyico?
- No, todos somos sensibles. Sólo que he tenido que poner la sensibilidad al servicio del arte. Poder sacar algo que tenga sentido de belleza con los fierros, que no hablan, no tienen calor y son objetos brutales, inanimados, me parece un logro.


- ¿Que pasó con el proyecto Sol Negro en la Patagonia, ahora que la Argentina tiene un presidente patagónico?
- Le leí el proyecto en la embajada francesa, cuando era gobernador. Lo agarró con sus manos, pero nunca me llamó ni contestó.


- Igualmente ya hay varios dinosaurios emplazados...- Sí. está el Petrosaurio en Neuquén y el Ridasaurio en Pico Truncado. Los hice con fierros petroleros, que son tan lindos. Los dinosaurios fueron los habitantes de esas tierras hace 150 millones de año y se convirtieron en el petróleo que usufructuamos. Y como el proyecto era para un ámbito petrolero, me pareció interesante hacer un conjunto que rodara por toda la Patagonia.


- Ahora que se habla de cambiar el petróleo por biocombustibles, ¿va a hacer algo sobre el maíz o la soja?
- (Se ríe con ganas). No se sabe eso todavía.

Política y alegría


- ¿Qué lo pone contento por estos días?
- A mí no me pone contento nada. Mete miedo esta época. Pensá bien y no hay un solo motivo. Nos han robado el corazón. Hemos perdido toda capacidad de diversión, han convertido al argentino en un hombre triste. Lejos estamos de esos días de sol, de disfrute de los asaditos, todo eso se ha perdido.


- Sin embargo, en este mismo lugar, usted ayuda a que se recuperen esos disfrutes. Es un placer verlo trabajando y hasta cocinando.
- Claro, en el bolsón de cada uno eso en algún momento sirve. Pero la situación política es tan dominante que te lleva a tener una actitud estúpida. Lo veo en la gente que viene, están todos mortadela. Tenés que levantarlos vos. En lo personal estoy salvado. Soy artista, hago lo que me gusta, encima me pagan. Es como haberse sacado la chancha, los veinte y la maquina de hacer chorizos. Pero cuando vas al fondo de las cosas no podés estar muy contento.


- ¿No siente que el arte puede cambiar ese fondo?
- El arte lo puede cambiar. Por eso hice esto en Azul. Cuando tuve la primera reunión le expliqué al intendente que él tenía una obligación real con el pueblo, que es darle de comer al alma. ¿Cuántos años hace que no hay fundación de nada público, un teatro, una biblioteca? Todo se concentra en una exposición de arte que hace la Secretaría de Cultura donde van 20 tipos a tomar un vaso de champagne. Y ahí termino la cosa.


- ¿Qué imagen o símbolo le gustaría para Buenos Aires?
- Uno no se puede arrogar el hacer un símbolo. Los símbolos nacen, crecen y se instalan en el inconsciente de la gente. La Torre Eiffel, por ejemplo, se hizo para durar un año y nunca más se sacó. Hoy es el símbolo de Francia. Tiene que ser una escultura. La forma y el objetivo ideológico es secundario. Tengo hecho un perro, una jirafa, la máquina de hacer electricidad, un montón de cosas. Pero ahora no sé que haría para Buenos Aires. Por ahí un perro con dos colas.


- Y, más allá de los símbolos, ¿qué siente aún después de tanto tiempo con el trabajar figuras tan delicadas con elementos como fierros?
- Siento que se me modificaron las manos, los dedos, los tendones. Es fantástico. Porque aunque podría haberme pasado por la brutalidad de los elementos, no perdí la sensibilidad de mis yemas. Las tengo mucho más sensibles que antes. Soy extremadamente sensible. Tengo hasta hipertensión arterial.

- ¿Cómo trabaja cotidianamente con esto?

- Tiene que ver con todo. Con el deseo de matar a todos los gatos que encuentre, con el mal carácter, con hacer milanesas, con ver a mis hijos. Es la vida. En realidad el fondo de todo está en el miedo a la muerte. El artista lo tiene más visible que la gente común. Es de todos los seres humanos el que más miedo le tiene. Y el arte aparece por eso.


- ¿Y qué le sugieren las palabras orden, caos y belleza?
- Creo, a esta altura del partido, que la belleza está en el caos, en el origen de las cosas. El orden minimiza mucho, la quiere mostrar y no se puede. Lo dijo Cortázar: la belleza hay que encontrarla, no está visible. Donde ves que falta algo, que hay como un vacío, ahí atrás está la belleza.




Niñez y afecto






- Siempre está relacionado con niños, como en sus proyecto artístico educativo Sol del 25, ¿qué siente que puede enseñarles?
- A los chicos no se les puede enseñar nada. Tienen que cumplir su misión, que es ser chicos. La enseñanza a un niño es un vaso de agua que hay que saber cómo llenar. Si le das uno con un centímetro de agua lo toma, si le das uno lleno lo toma también. Siempre hay que ser excesivo con ellos


- ¿Porque están en un momento de absorber todo?
- Obvio. Hay que cuidarlos, generarles un ámbito de pensamiento, no para que sean Einstein, sino para que puedan ir haciendo realidad sus pensamientos. Esa es la verdadera idea de la escuela El sol del 25. Se podrá implementar cuando los que se ocupan de la educación oficial me ayuden a completarlo.


- ¿Cuantos hijos tiene?
- Seis, de 39 a 5 años. No puedo vivir sin mis hijos.

- ¿Qué dicen de su arte?

- Mi hijo mayor está escribiendo un libro sobre mi obra, es mi mayor crítico. Al ultimo tuve la suerte de tenerlo a una edad distinta que a todos los otros. Pude ver todo de nuevo. Los primeros fueron hijos de padre pobre y los últimos de padre rico. Y las situaciones cambian. Es poderosa la diferencia. Uno es padre cuando aprende a serlo. El hijo crece y uno crece como padre.


- ¿Siente viva su sensibilidad de niño?
- Si!!! El artista no pierde nunca su capacidad de asombro ni la fantasía.


- ¿Hay algo que quiera lograr ahora con su arte?- Hago todo esto para que la gente me quiera. Es eso.

Víctor Laplace



Clown Político


Su carrera de más de 40 años en cine, teatro y televisión lo muestra como un hombre de fuerte compromiso estético y social. Hoy revaloriza el circo criollo, integra sus capacidades en el musical y asegura que es en escena donde encuentra lo sagrado.




Diego Oscar Ramos - Uno Mismo - 2008






Como en la leyenda germana del Varón de Munchhausen, donde la cercanía de la aventura y de alguna bella mujer reactivaban en el noble una glándula de vitalidad y lozanía, Víctor Laplace se vuelve atemporal en los papeles donde su cuerpo danza, su garganta vibra con una canción y su corazón sonríe al generar emociones intensas. Y si además su mente sintoniza con otras a través de ideas de justicia, amor o libertad, un brillo lo ilumina de una integridad que contagia entusiasmo. Eso puede acontecerle o mejor acontecernos hoy en alguna función de la obra Pepino el 88, un musical argentino, obra que actualiza el circo criollo, un género nacido en el pasaje del siglo XIX al XX que incluye el drama gauchesco y números musicales. Quizás sea este uno de los proyectos estéticos nacidos de su galera donde mejor se vea reflejada esa potente capacidad expresiva que gestó una carrera artística con más de cuatro décadas y un amor correspondido entre popularidad y prestigio. Claro que para llegar a que su cuerpo interprete con felicidad estos personajes clownescos donde despliega sus mejores capacidades, han pasado por el trapecio de sus días una serie incontable de funciones teatrales, más de sesenta películas como actor y ya cuatro como director, además de decenas de programas de televisión, desde notables ficciones que hicieron historia hasta programas de entretenimiento que la crítica pudo no haber valorado, pero que en su propia lectura emocional están entre los hitos de su desarrollo actoral. Para conocer entonces su postura ética y estética ante la vida, hablamos con el actor, poco antes de la función, antes de arreglarse para el encuentro con el público y su amiga de años, la diosa del tiempo, que en escena hechiza para él los relojes, cuando ve su sonrisa seductora y su cuerpo atento, feliz de estar en el mejor lugar donde podría estar, el escenario nuestro, de cada día.



- ¿Qué estás sintiendo al protagonizar esta obra y este género?
- Me da mucha felicidad, porque tiene que ver con la esencia de nuestro teatro, con el nacimiento de nuestros primeros hombres y mujeres que se animaron a la palabra, cuando el teatro era circo y se mezclaba con la ópera italiana. No había un precedente. Ahí arrancan los Hermanos Podestá, esta familia de artistas donde arranca el teatro criollo y empieza un movimiento teatral que no para más. Estamos hablando de 1880 a 1930, cuando estos hombres le dan lugar a Sandrini, Muiñio, Alipi y viniendo a nuestros días, Tato Bores, Enrique Pinti, los grandes capocómicos que tuvimos y tenemos.


- Sé sabe que hiciste mucho para que este proyecto se cumpliese.
- Cuando hice en Flop, la película maravillosa de Eduardo Mignona, a Florencio Parravicini, capocómico que también precedió a los Podestá, decía: “Qué bueno ponerse a indagar un poco de dónde venimos”. A partir de ahí empecé a investigar, a seguir el hilo y me surgió la idea de hacer un espectáculo que en principio iba a ser unipersonal. Después nos pareció con Daniel Suárez Marzal, el director, que había que hacerlo más ambicioso. Fue cuando surgió la posibilidad de que el Teatro San Martín accediera a permitirnos hacer esta puesta, con el beneficio de que ponen las entradas en un precio razonable para la gente.


- Parece vinculado a todo lo que has venido haciendo últimamente, como programas revalorizando nuestros artistas en la televisión pública.
- Sí. Es una cosa que uno tiene que hacer. En la medida en que uno pueda hacer solidario y devolver lo que a uno le ha dado el destino, la vida, la suerte o como se llame, está bueno hacerlo. Creo que cuando uno, además, tiene un rol social como actor, me parece bueno hacer un espectáculo económicamente accesible para la gente.


- ¿Y no hay también un gesto de generosidad en la valorización de lo que te precedió como artista?
- Sí. Y en hacerlo como lo hacemos, con toda la fuerza y la polenta que le ponemos a este espectáculo. La gente sale gritando “Bravo”, se para de pie, realmente es una fiesta. Me gusta mucho el género musical, me parece que cuando está bien hecho, metiéndose con la esencia de uno, da una buena ecuación, como la de esta obra, con una evocación de una época, con un toque de actualidad, dada en monólogos como los de Parravicini, de cien años!
- Además de los temas políticos, ¿no se habla también del rol del artista, que tiene una sensibilidad muy necesaria socialmente? Me refiero a la canción del final.- (Recita) “Y que siga la farándula, de soñadores y locos, el corazón es una glándula, que funciona en unos pocos”.


- Me remitía al lugar de salvación sensible que se le suele dar al arte.- Yo creo que la salida va a ser siempre por el arte. Por eso le doy tanta importancia en mi vida. Lo que sí creo es que no está despegado de lo social. Si uno lleva el arte a nivel popular y tiene prestigio lo que uno hace, como producto final, trabajando con muchísimas horas de ensayo, de búsqueda, ahí se completa la idea del arte. No creo en el arte separado de lo que pasa con los ciudadanos. Contar una cosa desde la realidad está siempre mejor que hacer un arte abstracto.


- ¿Tenés recuerdos de chico de haber disfrutado de los musicales? Porque en ellos se te como pez en el agua, como suele decirse. Y hasta contento.
- En realidad he disfrutado mucho de todas las cosas que han tenido que ver con la llegada al musical. Antes disfruté del circo, como cuando mis padres me trajeron por primera vez a Buenos Aires, al circo Sarrasani. Tengo unos recuerdos de una primera visión de algo que a mí me gustaba mucho. En el fondo de casa hacía una cosa de circo para divertir a mis hermanas y gracias a este espectáculo, recordé que cuando llegué a Buenos Aires trabajé en teatro para chicos y hacía animación de fiestas infantiles, como payaso y clown. O sea que hay una parte mía que tiene que ver con esta esencia cirquera, teatral y operística.


- ¿Qué te gusta de ese lugar de maestro de ceremonias y clown de la obra?
- Son varias las cosas, porque en realidad acá uno puede juntar el actor, con el clown, con el payaso y con el cantante, algo que muy pocas veces pasa. Me entrené, fue fantástico, porque me permití hacer el ridículo todo el tiempo. La unión de todas las cosas da una ecuación nueva para mí, es un privilegio que pocas veces se da en la vida de un actor. Así que estoy muy feliz. Claro que me lleva mucha energía.
El cuerpo atento


- ¿Te resultó un desafío especial a esta altura de tu vida y de tu carrera?- Sí, porque me entrené y me preparé mucho, pero de todos modos el cuerpo te dice, pará, llegué hasta acá. Siempre fuerzo mucho la máquina.


- ¿Pero lo hacés ya un conocimiento de tu cuerpo?
- Sí, sé hasta dónde puedo, pero de todos modos me desgarré ensayando, estuve dos semanas medio parado, porque me excedí. Uno cree que tiene 20, pero no los tiene. Supongo que tiene que ver con un estado de alegría de poder permitirme y que me permitan hacer este rol.


- ¿Y más allá de este entrenamiento, qué solés hacer corporalmente?
- Hago trabajos siempre. Hice Yoga toda mi vida, le agregué la técnica del Tai Chi, juego mucho al Tenis, trato de nadar y correr. O sea que me mantengo, porque sé que es parte de que el cuerpo esté ágil y atento.


- ¿Podría decirse que como actor tuviste una forma natural de poner el cuerpo al frente, de darle un rol expresivo protagonista? Muchas veces nuestra tradición escénica ha mostrado un teatro de grandes parlamentos y cuerpos rígidos.
- Es verdad eso. Por ahora mi cuerpo responde, toco madera! La palabra es la que nos permite expresar una idea, pero va acompañada de un cuerpo que acciona. Lo he enseñado en mis clases de teatro durante 10 años, quiero que los actores no estén disociados, que la acción corresponda a la palabra y la palabra a la acción, como decía Hamlet.


- Un principio importante para el actor, ¿pero no lo es también para la vida?
- Creo que sí. Ojalá todos podamos hacernos cargo de eso.


- ¿Te ha pasado tener alumnos que hayan ido a tus clases más para buscar una alineación personal que para tener una carrera teatral?
- Sí, sí, claro. En las escuelas de teatro hay de todo. Estuve diez años y ahora no tengo tiempo, porque estoy haciendo cine, estoy preparando un documental, hago televisión, teatro y estoy filmando este trabajo para que quede el testimonio de una época.




El cuerpo comprometido


- Pareciera que el compromiso aparece en tu carrera en lo social y lo artístico con el mismo nivel de importancia.
- Es que de toda mi vida vinieron unidos, no es de ahora. Fui obrero metalúrgico a los 14 años, mientras hacía teatro. Para mí lo teatral estaba acompañado por mensajes y por llegarle a la gente. Cuando llegué a Buenos Aires hice mucho trabajo social y político en las villas, hice películas con contenido social. Es, sin duda, una parte fuerte de mi vida y estoy orgulloso.


- Y en el circo criollo se juntan el humor, el entretenimiento con los aspectos de conciencia social…
- Claro, porque creo que los mensajes no siempre tienen que ir con el dedo levantado, hablando de una manera muy sesuda. Está bueno si uno puede introducir el humor, contar una historia de amor y una historia política. Uno tiene que entretener, después si despierta conciencia mejor. Y si uno disfruta, mejor todavía.


- Hablando de disfrutar, en los ´80 conducías un programa de televisión muy popular, El gran club, donde parecías juntar con gran placer todos estos aspectos.
- Sí! Yo amaba ese programa (con brillo en los ojos).

- Era muy entretenido verte junto al actor Roberto Catarineu, en pasos de comedia musical. Y hasta aparecía tu seducción en la comunicación con las personas.

- Nos divertíamos mucho con Catarineu. Hacía un programa donde bailaba, atendía gente de todo el país, les cantaba zambas y bagualas, venía Susana Rinaldi y cantábamos juntos, hacía entrevistas a políticos, venía Norma Aleandro. Era muy completo, me representaba mucho, porque soy así. Me gusta indagar en todas las maneras de expresarse y creo que esto me ha dado la posibilidad a través del tiempo de hacer de una comedia musical a un drama como el que hice en Camino del cielo, una obra sobre el judaísmo y el nazismo, donde hice un oficial nazi. Voy tratando de buscar alternativas expresivas que evidentemente están dentro de mí.


- ¿Y una parte importante es el compromiso integral?- Sí, el compromiso fuerte de meterme a fondo con las cosas. No concibo otra manera, no se puede tocar de taquito esta profesión. Uno cuando llega al escenario tiene que estar a full. Es feo ver a alguien trabajar de taquito, hay gente que antes de subir a escena está averiguando de cuánto es la recaudación.


- ¿Y cómo ha operado en tu vida ese lugar de compromiso?- No sé en todos los aspectos de la vida. En lo profesional siempre me he metido mucho y muy a fondo. Cuando hicimos con Eduardo Mignona la vida de Horacio Quiroga en Misiones me fui a vivir a la selva, era Quiroga, me sentía él. Cuando hice Perón lo mismo, cuando hice Parravicini, igual. El compromiso afectivo, de entrega, siempre ha estado, no sé otra manera. También es cierto que tengo muchos referentes, de actores y actrices que son así y me han marcado, como el grupo de Las grandes novelas: Cipe Lincovsky, Ana María Picchio, Walter Bidarte, Héctor Alterio, Helena Tasisto. Desde chico entendí que la profesión era así.


- ¿Y qué sentís que le da a la gente ese nivel de trabajo?- Le da la posibilidad de ver que hay un montón de personas que hacen las cosas en serio. Tengo devoluciones de muchísima gente que ha visto obras de teatro que hice hace 20 años y que se acuerdan como vos te acordás de El gran Club. Esto es lo que tiene de maravilloso la profesión, que si bien tiene cierta cosa efímera, con funciones irrepetibles, también es cierto que en el espectador queda algo fijado para siempre. Uno está aquí para algo.
- ¿Cómo vivís las ideas de la trascendencia, de la religiosidad?
- Creo que en realidad esta profesión tiene que ver con un acto de fe. De hecho, cuando la elegí sentí un llamado que me venía de arriba, que me decía: “Vas a hacer esto en la vida”. Fue a los 12 años, cuando vi teatro por primera vez, con mi madre en la plaza de Tandil, donde llegaban los artistas de Buenos Aires. Fue con una obra de Osvaldo Dragún, me acuerdo como si fuera hoy, la vi y me puse a llorar. Esa fue mi conexión con el de arriba (ríe con afecto).


- ¿Lo sentís como una forma de diálogo?
- Sí! (con firmeza total). Es un acto de amor y de fe. Sino no se puede entender cómo uno puede dejar de lado un montón de cosas, es una vocación muy fuerte.


- ¿Te han entendido tus parejas en esto?- No! (categórico). (Hace una pausa y prosigue) A veces, con alguna gente sí, que entiende profundamente dónde va uno y por qué va por tal lugar de la vida. Sino no hay manera, nadie se puede quedar al lado de una persona que se enloquece buscando un personaje. Hay gente que lo entiende en profundidad. Mis iniciales parejas tuvieron que ver con personas que estaban muy ligadas al arte, como fueron Renata Schussheim y Nélida Lobato.


- ¿Ellas han sido ellas tus grandes amores?
- Sin dudas.


- ¿Qué sentís que te han dejado?- (Piensa). No me gusta hablar de lo personal, pero creo que sí, que fui entendido, porque del otro lado había una persona en una búsqueda muy incesante, muy profunda, de algo que considero un camino, una forma, un para qué uno está en la vida, en este tránsito.


- ¿Y el diálogo con el otro se tiene que dar a partir de esta intensidad?
- Sí, creo que es una cosa muy de monje jesuítico, una cosa muy profunda, muy en serio, muy de acto de amor, de fe, de esperanza, aunque sean palabras un tanto en desuso. Pero cuando uno se proyecta y da cosas las da desde un lugar muy amoroso y sin esperar nada a cambio, ese es el acto de amor, dar por el acto de dar, no por esperar la retribución. Porque puede no venir o uno creer que no viene, hasta que alguien de pronto te dice: “No te pude saludar porque me quedé absolutamente impactado”. A pesar de que soy un hombre que ha descreído de muchos representantes de Dios sobre la Tierra, tengo algo muy fuerte con la fe, creo profundamente.


- ¿Lo personificás a Dios o lo sagrado en alguna figura?
- No, eso sale en los trabajos, así uno haga un oficial nazi que manda judíos a la cámara de gas.

- ¿No es duro hacer un papel así?- Sí, bueno, pero es la única manera. No creo que sólo haya que hacer personajes buenos, la vida es el ying y el yang. Y alguien tiene que hacerse cargo de hacer los personajes de los malos para ayudar a pensar a la gente qué es la vida, adónde vamos con esta cosa del poder, la gloria y la permanencia.


- ¿El teatro te ha ayudado a entender cómo es todo?- Absolutamente. Y le estoy agradecido.




- ¿Cuando iniciaste tu carrera, arte y militancia no se podían percibir como juntas, en relación a poder generar cambios?
- Si, es cierto. Fue el auge de ambas. Nosotros vivimos un tiempo muy particular, los años sesenta y setenta, fueron momento de mucho cambio en el mundo. Cuando llego a Buenos Aires estaba el Di Tella, trabajo con Les Luthiers, de entrada estuve involucrado en cosas muy fuertes, de mucha creatividad. Pero creo que sigo haciendo cosas que tienen que ver con eso, como algo que voy a dirigir sobre Abuelas de Plaza de Mayo. Hay un mundo que me es afín, en el que creo, que tiene que ver con la memoria, con los recuerdos, de dónde viene uno, quién es uno. Y no decir me salvo yo, uno siempre tiene que estar relacionado para poder salvarse en conjunto, porque la cosa unipersonal no sirve.




Biografía


1943. Nace en Tandil, pcia. de Bs As, el 30 de mayo.
1954. A los 14 años tiene su primer trabajo, como obrero en la Metalúrgica Tandil. Al mismo tiempo que inicia sus estudios teatrales.
1963. Pocos años después, entre los 18 y los 20 deja su ciudad para estudiar teatro en Buenos Aires. Pocos años después ya estaría inserto en la prestigiosa escena porteña de vanguardia. Se formó con Conrado Ramonet, Julio Castronuovo y tuvo cursos de Literatura y Filosofía con Witoldo Gombrowich. Entre sus maestros estarían Alejandra Boero, Pedro Asquini y Héctor Alterio. Más tarde tendría maestros como Carlos Gandolfo, Augusto Fernández y Lee Strassberg y sería dirigido por Villanueva, Renán, Bortnik, Stivel, Jusid, Doria, Midon, De Sanzo y Kogan.
1971. Participa de films como Pájaro loco y Argentino hasta la muerte. En estos años participa de hitos como Les Luthiers cuentan la ópera y haría películas como Vení conmigo, Operación Masacre, La sartén por el mango y Disputas en la cama. En esta década nace su hijo Damian, hoy músico de sus films, fruto de una larga relación con la escenógrafa y artista plástica Renata Schussheim. Otro de sus grandes amores fue la mítica vedette Nélida Lobato, con quien haría el musical Así como nos ven.
1973. Filma La malavida, Julio, el oriental y ya comienza a destacarse por su compromiso político y social haciendo teatro político en barrios obreros de todo el país.
1974. Participa estos convulsivos años de películas como Los gauchos judíos y La guerra del cerdo y Una mujer. Los musicales son parte de esta década, como Soldados y Soldaditos, Viet Rock y La ópera del malandra. En el género llegaría a dirigir a Valeria Lynch en Están tocando nuestra canción.
1983. En el regreso de la democracia, está presente en películas como Gracias por el fuego y No habrá más penas ni olvido. En televisión también es parte de hitos renovadores de la década como Situación Límite, Cosa Juzgada, Los miedos, Compromiso y Las grandes novelas. También haría programas muy populares de entretenimientos como El gran club y comedias teatrales como Popeye y Olivia.
1985. Protagoniza la recordada Flores robadas en los jardines de Quilmes y la polémica Adiós, Roberto, además de Sin querer, queriendo, El rigor del destino, Los días de junio y El caso Matías. En el auge del policial hace Expreso a la emboscada.
1986. Filma Pobre mariposa, Chechechela, una chica de barrio. Y en estos próximos años haría películas de todo tipo y género, como Chorros, Sentimientos, Debajo del mundo, Los dueños del silencio, Los amores de Laurita y Mamá querida.
1989. Participa de La amiga y Nunca estuve en Viena. Un año después protagoniza Flop, haciendo de Florencio Parravicini, valioso capocómico argentino. En esta década protagonizará recordados programas de TV como Donde estás amor de mi vida que no te puedo encontrar, De Corazón y Señoras y Señores.
1993. Actúa en la inédita La garganta del diablo y El camino de los sueños. En los años siguientes filma Convivencia, compone un intenso Horacio Quiroga en Historias de amor, de locura y de muerte y participa de Lola Mora.
1996. En la película Eva Perón haría un recordado Juan Domingo Perón, personaje a quien haría teatralmente en Borges y Perón, historia de dos muertes. Un año después actúa en films como Comodines y Sin reserva.
1998. Actúa en películas como Pozo de zorro y recibe el premio al Mejor Actor en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano por el film Secretos compartidos.
1999. Comienza con El mar de Lucas su carrera como director. Recibe la Mención especial del Festival Internacional de Mar del Plata como mejor primer trabajo y obtiene el premio como mejor guionista del Festival de Cartagena de Indias. Pronto actúa en las películas Casi ángeles, El amor y el espanto y Un amor en Moisés Ville.
2001. Actúa en la inédita El fuego y el soñador y I love you... Torito. Participa de la ficción televisiva PH
2003 Dirige la película La mina, premiada como Mejor Película por el Jurado Joven del festival Internacional de Cine de Biarritz y protagoniza Mate Cosido, el bandolero fantasma y participa del episodio Estado de sitio de la película Costo argentino. En estos años va de gira por el país y por España con la obra Made in Lanús.
2006. Dirige La otra Argentina. Un año después filma también como director Angelelli, la palabra viva. Protagoniza Detrás del sol, más cielo, participa en la popular miniserie de TV Mujeres Asesinas y en la comedia teatral Educando a Rita.
2008. Además de la película Mentiras piadosas y un rol en la serie televisiva Socias, protagoniza la obra teatral Pepino el 88.

6.2.09

Rubén Sosa





Remedios en el cielo


El pediatra argentino Rubén Sosa ha logrado donaciones de millares de libros para bibliotecas populares de todo el país. Lo hizo con barrileteadas populares, donde también difunde valores solidarios.
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Diego Oscar Ramos - Uno Mismo - Nov. 08 / Actualizado.

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Parece que los vientos están soplando con gracia hacia los deseos que pide el médico Rubén Sosa, con fe en la solidaridad que anida en el ser humano si se lo estimula con afecto y creatividad. Tal es así que el infectólogo y pediatra con más de un cuarto de siglo como profesional del Hospital de Pediatría Dr. Pedro de Elizalde, fue ya blanco de unos cuantos premios por su puntería perfecta en concretar proyectos sociales. Plantó 4 mil árboles junto a pacientes en terrenos contaminados, el mismo número en libros prometió a una comunidad Wichi de Misión de la Paz a la que sorprendió con 10 mil. Reconstruyó también una biblioteca quemada en el sur del país con 17 mil libros y ahora quiere donar 20 mil para escuelas sanjuaninas de la frontera de Vallingasta. Ya tiene 10 mil y confía en alcanzar un vuelo certero hacia esa cifra. Y ya está cumpliendo con su Proyecto Cruz del Sur, el que se planteó en 2007 para trazar una cruz de libros solidarios en nuestro mapa que terminará de dibujarse en Villa Paranasito el año que viene ( ver link al final del texto).




Para aprovechar la correntada que genera los fondos y sabe transportar mensajes de cambio - como abandonar las drogas o informarse sobre algunas enfermedades - el método que le dio suerte han sido las barrileteadas populares. Y tomará el 30 de noviembre un alcance latinoamericano con la Primer Barrileteada Latinoamericana para prevención de accidentes en el hogar, primer causa de muerte pediátrica. Allí habrá tomado un nuevo alcance esta forma que inicia a finales de los 90 para darle otra dimensión a la acción médica. Así organizó talleres para construir barriletes entre sus pacientes niños y sus padres, más tarde hizo lo mismo con abuelos en geriátricos. En todos los encuentros se accionaba sobre la difusión masiva de temas como la donación de órganos, la defensa del sistema de salud pública, el HIV, el tabaquismo y la prevención en temas de drogadicción. Muchos de los mensajes suelen tomar vuelo nacional en los barriletes, al mismo tiempo que se multiplican a nivel mediático, en el boca a boca y en Internet. El método del barrilete lo primero que parece lograr es juntar a las personas con su sentido solidario, en un compromiso muy parecido al de todo niño cuando juega.






Dueño del viento
“Estoy humildemente orgulloso, empezando porque los objetivos se lograron en un espacio donde nada se compra ni nada se vende, no se permite venta ambulante, ningún tipo de propaganda ni de política en los eventos, jamás se ha pedido dinero, ni se hará”, explica el pediatra, a cargo también de un programa radial y de columnas en el diario La Ciudad de Avellaneda. “Cuando le dije a mis allegados voy a plantar con mis pacientes 4 mil árboles en terrenos contaminados, muchos se me quedaron mirando y lo hice”. Luego menciona acciones concretadas como el cruce de la cordillera junto a niños discapacitados con la Fundación Accadi y la acción simbólica de remontar barriletes celestes en el sur y norte del país, blancos en el centro y amarillos en Córdoba con el fin de dibujar la bandera.




“Todos los proyectos parecían utopías y allí están”. Para documentar cada paso y sembrar en la red mensajes de acción, creó el sitio http://www.historiasenelaire.com.ar/, donde pueden verse distintos documentos sobre sus cruzadas humanitarias. “Doce mil chicos ya me prometieron no fumar ni aceptar drogas, yo mismo les firmé el diploma de puño y letra, hice terrorismo al revés, les metí un no a tiempo”, cuenta el médico, en un balance de sucesos del cual elige este compromiso como uno de sus máximos logros. Dice que si uno de ellos cumple con lo pactado, ya estará feliz. Pero si seguimos la línea de sus concreciones, es probable que los que firmaron ese documento contagien a su alrededor su nueva opción de vida. “A muchos les cuesta entender que esto es promoción y protección de la salud”, explica Sosa y expone con claridad su método multiplicador. “A cada paciente que atiendo lo invito a la barrileteada, es algo simple que se multiplica por miles, si cada médico, si cada pediatra se reuniera con sus pacientes en salud y hablaran de un tema, una vez al año”, explica y se detiene, construyendo en su silencio un espacio posible donde el ser médico se unifica con sus potenciales afectivos, lúdicos y humanos.






Como sabe que las cosas se hacen, vuelve a las palabras: “Todo esto es tan simple que muchos no lo ven, tan simple como ese juguete de caña, hilo y papel, que vuela”, expresa Sosa. “Y sin embargo se mueve”, agrega rápido, citando una frase de Galileo Galilei que pronto parafrasea para salir de cualquier sensación de tiempos difíciles. Ahora sí, puede completar la idea: "Y sin embargo vuelan, trayendo mensajes de un mundo un poco mejor”. Y en su propia historia, ¿qué lo liga a afectivamente con los barriletes? El médico se remonta a su infancia. “Una tarde en Villa Lugano, sobre mi calle de tierra salí y me dieron uno que estaba alto y era gigante, yo no tenía idea de qué era aquella cosa que viboreaba en el cielo nublado con anuncio de chaparrón, como era flaquito y el más chico de la cuadra, los grandulotes de 12 años para divertirse me pasaron el hilo, que me arrastró”, cuenta Sosa, hace una pausa que lo muestra como hábil narrador – ha ganado varios premios literarios por unas cuantas creaciones literarias en círculos médicos – y prosigue: “en un momento, en un instante, pude manejarlo y fui dueño del viento”.




Tachonado de colores


Con los años fue hallando unión de anécdotas con muchos colegas. “Me voy encontrando con amigos barrileteros y me dicen lo mismo, por ejemplo Santiago Domínguez, presidente del club de barriletes Cielo del Taraguí, en Corrientes me contó lque se subía al techo de su casa, caía la noche y el seguía, la madre lo llamaba, pero él cerraba los ojos, sentía el barrilete allí arriba y allí arriba estaba él, a mí me pasó lo mismo!”, dice elevando con entusiasmo el relato y completa: “Tenemos la misma edad y lo hacíamos en la misma época con mil kilómetros de diferencia”. Estas cosas le dan alegría y están bien dentro de ese universo al que le da tiempo con ganas.
asas
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¿Cuáles reconoce como fuentes de su felicidad? Su relato es claro: “Mirar el cielo y verlo tachonado de colores, cientos y cientos de barriletes en el cielo, en cada hilo un niño o niña, que está jugando pero pensando y hablando con las personas que lo cuidan, generando un cambio positivo en ellos sobre el tema de la convocatoria, que pueden ser las drogas, el tabaco, la donación de órganos”, asegura Sosa y suelta más imágenes: “recuerdo cuando soltamos los barriletes al viento frente al Garrahan, los chicos le cortaban el hilo en forma simbólica, con una carta que les di que decía que este barrilete había sido donado al viento para que otro lo usara sin importar quién era ni cómo era, porque el mensaje venía de un amigo”. La metáfora llevaba la conciencia a la gracia de donar un órgano para que otro ser pueda vivir y es apenas una de las tantas que tiene el médico que sabe charlar con el viento. Y que resume lo que siente hasta ahora en una frase tan sencilla y cercana como un barrilete: “En definitiva, siento lo que decía Favaloro, una satisfacción interna que viene del deber cumplido”.




Para conectarse. Y estar actualizado.


En el site pueden hallarse completos detalles de las distintas campañas del doctor Rubén Sosa. Y a él puede escribírsele a su mail  para donación de libros o cualquier otra iniciativa solidaria. Consultado en febrero de 2009 acerca del resultado del evento global anunciado en la nota publicada por Uno Mismo en noviembre de 08, el doctor Sosa indica un link hacia un artículo publicado por la asociación Batoco, dedicada al arte de los barriletes. Así explica lo que encontraremos: "Este es el resumen que han publicado en la página de Batoco. Me acompañó un representante de esa organización, a la que pertenezco y estoy humildemente orgulloso. Allí hay comentario y fotos de lugares donde estuvimos. Se ven imagenes de la Pampa del Leoncito, miles de libros que llevamos, imágenes de Calingasta y tantas cosas bellas. Tómense los que puedan un tiempito y miren. Gracias Gustavo Sonsogni por esta belleza que has hecho!!!! Por favor ingresen aquí y vuelen con nosotros".