24.4.09

Foro Afro





Alma africana

El Foro de Afrodescencientes y Africanos del Inadi busca dar visibilidad a nuestra cultura negra.





Diego Oscar Ramos (texto e imágenes)


 Uno Mismo - Abril 09

Como para llenar un vacío de muchos años, vivimos tiempos donde se empieza a reconocer abiertamente la herencia de africanidad de nuestra historia. Y se da justo en un momento donde crecen también las migraciones de países africanos, lo que plantea un paso más en el dibujo constante de nuestra identidad. En este contexto se creó en octubre de 2006 el Foro de Afrodescendientes y Africanos en la Argentina, una entidad dependiente del Instituto Nacional contra la Discriminación (Inadi). El fin es promover el pluralismo social y cultural, además de la lucha contra la discriminación de esta población específica. Según datos de un censo piloto también del 2006, realizado en el barrio porteño de Monserrat y en la localidad santafecina de Santa Rosa de Lima, el 5% de la población sabe que tiene antepasados de origen negro africano y un 20% considera que podría tenerlos. Estos números daban respaldo a un estudio del Centro de Genética de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires que indicaba que un 4,3 % de habitantes de la capital y el conurbano bonaerense tiene marcadores genéticos africanos.

“Tengo la sensación de que, de a poquito, es la primera vez que estamos saliendo a la luz, nosotros, los desconocidos de siempre, los que según la historia desaparecimos con las guerras o la fiebre amarilla, pero no es así”, asegura Elida Obellia, miembro del Consejo Asesor del Inadi para estos temas y presidenta de la Federación de Organizaciones Afro. Aporta entonces datos complementarios, de un censo de 2005 realizado en conjunto por el Indec, la UBA y el Banco Mundial, que indican que hay 2 millones de afrodescendientes en zonas como San Telmo, Matanza y Santa Fe. Los datos, de todos modos, acaban siendo relativos, comenta Obellia y asegura: “No sabemos cuántos somos realmente, porque somos mestizos y lo afro ya trasciende la piel, lo ves los rasgos de la gente, en la boca bembona, la nariz chata y los rulos, en el cuerpo, alcanza con salir a la calle para ver cuánto de negro tiene este país”·
Los registros más tradicionales de nuestra historia afirmaban que la población negra en Argentina disminuyó desde comienzos del siglo XIX hasta prácticamente desaparecer. Lo que junto a las políticas inmigratorias de la década del 80 del siglo XIX, cuando se comenzó a incentivar la llegada masiva de población europea, hizo que la presencia afroargentina pareciese casi nula. Y se han reclasificado situaciones como la participación masiva de negros en la guerra contra Paraguay y el ataque fatal de la fiebre amarilla sobre regiones más pobres donde estaba instalada el nudo de comunidades afro, dándose lecturas históricas que dicen que en esto pudo haber existido una política de exterminio masivo. Frente a estas zonas de nuestra historia, el Foro se plantea como posible portador de un recambio energético de esa potencia negadora. “Después de tantos años de estar escondidos es la primera vez que se logra que el Ministerio de Educación apruebe la implementación en los libros de texto escolares de la inclusión de nuestra historia afro, ya se firmaron acuerdos con el 70 por ciento de las editoriales”, comenta con entusiasmo la representante del Foro y agrega: “Las nuevas generaciones van a saber que existimos”. En su caso, este trabajo la llevó a viajar a Angola, donde hasta encontró una mujer de enorme similitud física y fisonómica, lo que le dio pistas de su origen ancestral, algo que nunca había podido rastrear con certeza. Este tipo de búsquedas ligadas a la identidad profunda pueden divisarse al asistir a reuniones del Foro, donde participan desde descendientes directos de africanos a personas que profesan religiones de base africana, más allá del color de su piel. También lo conforman inmigrantes de países de reconocida presencia negra como Brasil a hombres nacidos en naciones africanas. Esta diversidad hace también que las discusiones posean un espectro amplio en búsquedas y propuestas, lo que parecería lógico si se quiere hacer un trabajo que contemple la africanidad argentina en sus rasgos más vitales y no sólo en lo más obvio.

Ir más allá

Es en ese sentido que Nengumbi Celestin Sukama, nacido en la República Democrática del Congo hace 50 años y llegado al país en 1995, tiene intenciones firmes de ir a lo profundo con la erradicación de la discriminación y el racismo. Actualmente está a cargo en el Foro de un censo para los nuevos migrantes africanos. Por haber vivido la discriminación laboral, siendo desocupado por años aún con título de Contador y dominando varios idiomas, es que Sukama evalúa con cautela lo conseguido. “Obviamente que es importante, porque se está hablando de la temática afro desde un espacio institucional”, comenta y dice que para que se llegue a fondo hay que convertirlo en parte de la misma cultura. Por eso es que considera que no hay que quedarse sólo en el rescate de lo folclórico. “Los afro sabemos bailar, es el lugar que se nos ha dado históricamente, pero hay que escalar un poco, porque la capacidad del ser humano no depende de la piel, el cerebro no tiene color”, sentencia el miembro del Foro y repite que quiere mucho más que conseguir libertad de expresión cultural o religiosa. Así aporta que es necesario que todos los políticos incorporen el tema del racismo en sus discursos. Eso como primer paso, porque lo que siente que cambiará las cosas está en el plano de la acción y la presencia. “Tiene que haber un secretario afro, un viceministro, alguien en Cancillería, en el Gabinete, en la Presidencia, en las direcciones de las empresas”, dice el miembro del Foro y agrega que también las ficciones televisivas deberían ubicar a personas afro en ese tipo de roles. Eso complementaría un trabajo que hasta ahora se ha enmarcado básicamente en lo cultural y religioso, un proceso que incluyó desde conferencias, seminarios y espectáculos estético religiosos. En un 2009 que ya va anunciando como pleno de actividades en sintonía con el objetivo de reunir entre sí a los afrodescendientes y a los africanos que aquí vivan, es que Sukama concluye: “Empezar a ver estas actividades es revitalizar la historia de los negros en Argentina, todo esto es un signo positivo, pero hay que ir más allá”.


TRES ETAPAS


“Existen investigaciones en diversos países americanos que, basadas en el hallazgo de objetos precolombinos con figuras de rasgos negros bien definidos, sostienen la teoría de la llegada de africanos al continente antes de los españoles. Sin embargo, la conformación de la comunidad negra argentina se desarrolla en tres momentos históricos”, se indica en un texto del Decreto 1086/2005 titulado "Hacia un Plan Nacional contra la Discriminación". Allí se indica que “el primer momento comienza en el siglo XVI y se consolida en los siglos XVII y XVIII con la trata de africanos esclavizados destinados a servir de mano de obra de los colonos europeos en América”. Luego se explica que el segundo “comienza a fines del siglo XIX, se extiende hasta mediados del XX y corresponde a las inmigraciones provenientes de la islas de Cabo Verde, que llegaron en busca de mejores condiciones de vida que las impuestas por la administración colonial portuguesa”. El tercer momento, prosigue el documento, “ocurre sobre todo a partir de la década de 1990. Sus causas son principalmente económicas aunque se combina a temores de persecución política. En este momento llegaron al país migrantes de Senegal, Nigeria, Mali, Sierra Leona, Liberia, Ghana y Congo”. Finalmente, se aduce que en esa misma etapa arribaron al país otros afrodescendientes desde países latinoamericanos como Perú, Brasil, Cuba, Colombia, República Dominicana, Ecuador y Honduras.

23.4.09

Rubén Mono Izarrualde


Como pez en el agua

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Es uno de los músicos argentinos más queridos y respetados. Por su técnica y expresividad integró hitos como Anacrusa o MPA. Hoy reinventa la música popular argentina con Cuartoelemento, donde celebra una improvisación constante con eje en la comunicación profunda entre los músicos.
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Por Diego Oscar Ramos – revista Rumbos – abril 09


Fotos Mono Izarrualde: Gisela Volà 
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     “Siempre me sentí bien querido” dice el Mono Izarrualde, con certeza el flautista más expresivo y versátil de la música popular argentina, al recordar sus comienzos en la música. Entonces tenía siete años, se lo conocía como Rubén Rualde, cantaba tangos, valses y milongas junto a una orquesta. Era mimado, valorado y hoy siente a las presentaciones que hacían en los carnavales como una muestra de que “la vida era una fiesta”. Alguna particular forma de justicia hubo entonces en el premio Carlos Gardel del 2006 en la categoría Tangos nuevas formas que se le dio a su actual grupo Cuartoelemento, donde el género orillero es apenas un punto de pasaje en su dinámica instrumental. El cuarteto crea en vivo arreglos precisos que pueden hacer pasar una chacarera por las ropas del jazz o jugarse un candombe en un clásico folclórico, pero él mismo ha dicho muchas veces que en su sonido hay un eco de nostalgia tanguera. Y siempre acaba colándose algo de eso en esa historia musical donde fue parte de hitos como Anacrusa con José Castiñeira de Dios o de Músicos Populares Argentinos junto a Chango Farías Gómez, Jacinto Piedra, Peteco Carbajal y Verónica Condomí. También en su participación en el popular Trío Vitale-Izarrualde-González o haciendo música de inspiración brasileña con sus amigos Agustín Pereyra Lucena y Billy Reuter. Y hasta cuando tocó música de corte latino en una orquesta mexicana o vivió una altísima exposición masiva junto a Piero en tiempos de efervescencia democrática.


La sonrisa húmeda



“Yo trato de recordar todos los momentos, los viajes, la gente que he conocido, por naturaleza soy una persona optimista, si hay que derramar alguna lágrima es bueno hacerlo, pero me gusta la sonrisa”, dice el Mono y las palabras remiten a esa forma bien suya de encarar las notas largas de la flauta, con una autoridad y una comunicación potente con el instrumento que lo hace transmitir de primera mano sus sentimientos. Eso pasa en Cuartoelemento, donde esa saudade criolla del Mono, esa sensibilidad intensa lo lleva y nos lleva por lugares profundos al tocar hoy temas como Oblivion de Piazzolla, Recuerdos de ayer de Don Sebesky o Quietud dominguera de su compañero el guitarrista Néstor Gómez. Con él y junto al percusionista Horacio López y el bajista Matías González – todos músicos de gran trayectoria y capacidad técnica – asegura Izarrualde que se ha establecido una magia musical que le permite jugar musicalmente. Le da alegría la comunicación que se da entre ellos y eso es lo que quiere trasmitirle a la gente. “Cuartoelemento es todo lo que uno puede esperar o desear, por lo musical o lo humano, lo que trasmitís y lo que el otro te trasmite tocando, por el entendimiento, hay una cuestión circular que sucede cuando tocamos, que no es tan común, que se da entre algunos músicos por momentos, pero que acá pasa todo el tiempo, este momento es muy fuerte”, expresa el flautista, da unas cuantas risotadas y hace culto a su apodo en movimientos juguetones del cuerpo o de sus palabras. Le gusta ir de un lado a otro, con saltos que tengan sentido. Por eso saber que de chico fue la natación la actividad física que más le daba placer inaugura unas metáforas acuáticas que lo definen en su presente de músico. “Cuando uno nace está en el líquido, el contacto con el agua hace que tengas que flotar, eso es muy bueno para la música, que es circular para el que sabe flotar y no está agarrado a algún lugar”, comenta, dice que el riesgo presente en improvisar en cada concierto aporta una riqueza única. Y agrega: “Si no asumís ese riesgo hay cosas que no vas a poder afrontar, porque una cosa es la música armada, esquemática, muy cuadrada, donde todo está perfecto pero no te mueve un pelo y otra es cuando flotás dentro, porque si el ritmo se corre, vas cayendo en el mismo lugar, como cuando saltás en una cama elástica”. Luego dice que con el cuarteto dibujan en el aire y las ideas siguen saltando, uniéndose armónicamente: “Nunca me tiré en paracaídas, debe ser una sensación fantástica, pero la primer sensación hermosa es la del agua, lo veo en la sonrisa de mi hija Azul Morena cuando flota, con las patitas abajo del agua, te mira y es hermoso”, comenta el músico y dice que flotar es sentirse libre, como volando.


Los privilegios



   “La recuerdo sentada al piano, dándose vuelta y esbozando una sonrisa, de alegría, de felicidad, de conocimiento, de saber mucho de la vida”, dice sobre Susana Lago, “una de las inventoras de Anacrusa junto con Castiñeira de Dios”, la agrupación transformadora de la música argentina que fue una escuela para Izarrualde, atento a quienes siente como figuras marcantes. En su vida siente que hubo privilegios enormes al conocer personas que le dieron generosamente lo que sabían y que valoraron su musicalidad. Menciona al trombonista americano Bill Smith, a Anastasio Quiroga, a los hermanos Virgilio y Homero Expósito, al Cuchi Leguizamón, con quien dice haber tocado el cielo con las manos al compartir escenario, al Chango Farías Gómez y a Jaime Torres, de quien dice que su sonido es único, por el amor que tiene con su instrumento. Y de la maraña de imágenes viene su padre marino mercante, que le legó junto a su madre peluquera el cariño por la música. “En mi casa se escuchaba música clásica, mucho folclore, tango y opera, ahora me encanta escuchar óperas a la mañana, es como con el instrumento, lo primero que se tocan son notas largas, para despertarlo”, cuenta el Mono. Cuando era niño fueron notas largas de una flauta traversa en el conservatorio de La Plata las que lo decidieron a elegir su instrumento, las escuchaba desde la puerta. Y un director de coros certificó su elección: “Mirá pibe, yo te veo esas manos y esos labios, para mí sos flautista”, dice que le selló a fuego Antonio Ruso, “un italiano maravilloso”. Y hoy lo certifica él mismo: “Me gusta mucho la profundidad del sonido del instrumento”, dice Izarrualde, recuerda que su padre lo apoyó inmediatamente al comprarle al otro día de su elección una flauta de ébano y plata. Esa que tuvo tanto valor como la que años más tarde le compraría al mismísimo Jean Pier Rampall, un prócer con quien tomó clases.

Y es esa mezcla de sólida preparación con una gracia de niño atento a la sabiduría callejera la que aparece en el sonido que también apreciaron músicos como Lucho González, Ariel Ramírez, Paquito de Rivera, Miguel Cantilo, Maria Creuza, Jan Garbarek o Raúl Carnota, por mencionar algunos de los que compartieron escenario con el Mono. Y también él ha apreciado a músicos por esa totalidad mullida que le hacían sentir. “La música habla, tiene que ver con la mirada, hay gente que cierra los ojos porque está volando y mandando una señal para todos”, describe y cuenta que con el baterista Norberto Munichilo sintió que era un buen músico antes de verlo tocar y de hablarle por primera vez: “Habíamos terminado de tocar con Anacrusa un tipo se levantó para saludar a uno de los músicos, me quedé observando su abrazo y entonces él se dio vuelta, me miró, abrió los brazos y me vino a abrazar, siempre supe que era un buen tipo y cuando lo escuchabas tocar te dabas cuenta rápidamente del ángel que tenía dentro”. Sin haberlo nunca visto antes en esas lides, también es fácil imaginar al flautista andando a caballo, con gozo criollo y autoridad, sobre todo cuando canta actualmente la bellísima Zamba de Argamonte, de Leguizamón y Castilla. “He andado mucho a caballo, me encanta y lo siento como uno de los animales más maravillosos, más fieles, mi viejo era de Carlos Casares, muy de campo y cuando viví de chico en Las Malvinas, cerca de Rodríguez, de los dos a los siete años, salíamos a pasear a caballo y hoy soy fanático de las carreras cuadreras, aunque no juego, pero me gusta ver los animales”, cuenta el flautista. Reconoce con orgullo que se siente absolutamente criollo, una identidad que en su música dice estar presente en cada nota, aunque interpreten a autores como Charlie Haden o Armando Manzanero tanto como a Fortunato Juárez o Félix Palorma. La alquimia de influencias y formas musicales se cuece con tierra argentina, pies con mundo andado y algo concreto para decir. “Cada elemento conforma una pieza muy importante arriba del escenario y cada uno juega a su manera”, cuenta el Mono. Y sonríe suave, como flotando.




CUARTOELEMENTO



Formado por Néstor Gómez en guitarra, Matías González en bajo, Horacio López en percusión y Rubén Izarrualde en flauta y con todos aportando sus voces, Cuartoelemento nace como cuarteto en 2003 al incorporarse el percusionista al trío que hacía un año que estaba tocando. Su primer disco, Cuartoelemento, se edita en 2005 y gana un premio Carlos Gardel en el rubro “Tangos nuevas formas”. En 2007 graban Alquimia, disco en vivo que busca dejar testimonio de su estilo libre y espontáneo de interpretar temas propios y clásicos de todo tipo de géneros. "Es nuestra intención transmitir la misma alegría que sentimos cuando estamos tocando a quienes nos están escuchando. Nos une una gran amistad y muchos años de transitar el camino que lleva tocar y reconocer nuestras raíces desde un lenguaje más universal y actual", dicen en su página. Basta con escucharlos.


WEB



Para saber más del grupo.Para ver algunos videos.
Para ver su gira por Canadá. Para escuchar su concierto por CBC Radio 2 “Canadá Live”.

17.4.09

Ciruelo




Soñador de dragones


Por su imaginario visual, habitado por criaturas mágicas, es uno de los ilustradores argentinos de mayor suceso mundial.




Diego Oscar Ramos - Uno Mismo - Abril 09
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     Ciruelo Cabral vive sobre una montaña solitaria, al borde del mar, en contacto con la naturaleza, en la localidad española de Sitges, a media hora de Barcelona, la gran ciudad cuyo patrono espiritual es San Jorge, el santo guerrero que enfrenta con su espada a un enorme dragón, bajo la mirada atenta de una princesa cautiva. Pocos sitios deben de ser más propicios para un trabajo como el de este argentino que, desde su hogar y rodeado de su familia, elabora arrobadoras imágenes de mundos habitados por caballeros, doncellas, amazonas, hadas y dragones, los que recientemente lo han llevado a protagonizar una exposición en Buenos Aires. “El mundo del dragón me invadió cuando me vine a vivir a Barcelona y desde entonces vengo estudiando todo lo relacionado con él en las diferentes culturas ancestrales. En mis constantes viajes por exposiciones o ferias se me acerca mucha gente a contarme experiencias realmente increíbles con la figura del dragón y las que más me suelen impresionar son las que me cuentan niños de corta edad”, cuenta el dibujante, que en su propia infancia se vio llamado por la estética fantástica de las historietas, los libros y hasta la televisión argentina, con sus matinés de cine épico. “Me impresionaban mucho, sobretodo por la combinación con las músicas orquestales, aunque sospecho que mi interés por esos mundos viene con mi propia personalidad”, comenta Ciruelo, sin dar muchas más claves analíticas y mostrándose más afecto a confiar en sus sensaciones.


    Como lo que sintió al observar a su hijo Angelo, cuando tenía siete meses, reaccionando frente a una pintura suya en el suelo. “Se acercó gateando y se puso a observarla detenidamente, mi mujer y yo nos sorprendimos por la atención y el tiempo que estaba dedicando, tenía una gran sensibilidad visual ya a esa edad y pensé que probablemente yo también era así”, reflexiona el dibujante. Dice que con el nacimiento de sus hijos, no sólo llegó una regularidad mayor en sus horarios, sino la rutina de seguir trabajando muchas horas, como siempre lo hizo, pero ahora compartiendo con la familia sus míticos diseños: “No separo mi trabajo de mi vida personal, de hecho mi estudio está en el medio de mi casa y mientras pinto mis hijos hacen sus deberes a mi lado y mi mujer trabaja en su escritorio en una zona del mismo espacio, somos muy familieros”, asegura el hombre que logra fascinar al mundo con sus criaturas fantásticas, las que hasta pueden dar miedo en el caso de algunos de sus dragones. O hasta ser calificadas de oscuras al retratar un universo tan polisémico como el medieval, que inspira una obra donde magos y hechiceros también tienen su presencia marcada. “Mi trabajo es interactuar con energías y conciencias de la naturaleza que en nuestra sociedad actual se han olvidado, pero mi mundo no tiene nada de oscuro y si en alguna pintura se ve un dragón amenazante se debe entender más como si se tratara de un documental de leones que en ciertos momentos son fieras peligrosas”, explica Ciruelo, recuerda que hubo un proceso católico de demonización de la serpiente y el dragón, que luego se extendió a la estigmatización del aborigen americano como un ser sin alma. “En otras culturas la figura del dragón es una más de tantas que pueblan el universo, y no se la considera ni buena ni mala de por sí”, agrega el plástico, que en sus últimas creaciones ha trabajado especialmente sobre la figura del dragón blanco, una imagen no tan presente en las ilustraciones clásicas.




Sentimientos puros


     Claro que aparecen en leyendas anglosajonas como las del Mago Merlín, como acota el ilustrador. Pero el que creó recientemente, llamado Hobsyllwin y a quien describe como “un ser especial, de sentimientos puros y conciliadores, protector de la justicia y el conocimiento ancestral”, es nada menos que el personaje central de su primera novela, Hadas y Dragones, lanzada el año pasado. “No hay muchas historias en las cuales las hadas y los dragones se vean interactuando, sin embargo en mi arte aparecían continuamente como dos fuerzas antagónicas, me gusta pintar ese contraste y poner en evidencia esas texturas tan opuestas e igualmente ricas”, señala el artista, que tuvo necesidad de decir más cosas que lo que expresó en 2004 en su Cuaderno de Viajes, donde los textos tenían el espíritu sintético de un haiku. Ahora, dice Ciruelo, “necesitaba contar un montón de cosas importantes, como el verdadero poder del arte, la necesidad de que volvamos a vivir en unión con nuestra Pachamama y el respeto al conocimiento de nuestros ancestros”. Para este mensaje el formato de novela ilustrada le resultó ideal, por el poder conjunto de las imágenes y las palabras. Hechizo al que habría que sumar la música, no sólo porque ha hecho tapas de discos para artistas como Steve Vai o Luis Alberto Spinetta, sino por su propia creación como músico, la que acompaña muchas de sus exposiciones. “Toda mi vida busqué la unificación total entre todas las artes para crear un universo mágico, escucho música continuamente mientras trabajo y gracias a la tecnología actual puedo grabar en mi propia casa con gran calidad y comodidad, así que en el futuro habrá más producciones musicales mías”, promete Ciruelo desde su casa en Sitges. Allí la cercanía afectiva de sus hijos Angelo y Lys, inspiradores de su novela, acentúan su alegría de poder dedicarse a la creación de universos mágicos. Esos que intuía de niño en Buenos Aires y que pudo ver en su montaña española, donde dicen algunas leyendas que, en lo más hondo de una cueva, habita un enorme dragón blanco, que sólo conversa con quien quiera dibujarlo.

Biografía





  Ciruelo Cabral nació en Buenos Aires, el 20 de Julio de 1963. Trabajó en una agencia de publicidad desde los dieciocho hasta los veintiún años, hasta que se convirtió en ilustrador independiente. En 1987 viajó a Europa y se estableció en Sitges, Barcelona desde donde trabaja para editores de países como España, Inglaterra, Estados Unidos, China o Alemania. Trabajó en varias ocasiones para el director de cine George Lucas para quién realizó las tapas de su trilogía Chronicles of the Shadow War, continuación de la historia Willow. También realizó dos pinturas para su colección personal y está trabajando en una nueva vinculada a Star Wars. Además de haber expuesto en todo el mundo y publicado seis libros propios, realizó pinturas para las famosas Cartas Magic Wizards of the Coast y entre sus quienes le encargan imágenes figuran Bantam, Berkley, Tor Books, Warner, Ballantine, Heavy Metal y Playboy.




Petropictos



Entre las creaciones de Ciruelo, un lugar especial ocupan los petropictos, imágenes sobre piedras que aprovechan sus relieves. “Siempre fui un coleccionista de piedras y fue en 1995 que espontáneamente me puse a pintar en ellas desatando una tormenta de sensaciones artísticas que nunca antes había experimentado”, comenta el artista y agrega: “El hecho de que yo me base en la forma y las rugosidades que ya tiene la piedra para conseguir figuras reconocibles con sólo pintarlas es un trabajo en colaboración, siento que hay un diálogo entre las piedras y yo que me revela las formas que se han almacenado ahí, la mayoría de los que ven mis Petropictos sienten ese proceso mágico y se emocionan”.