29.5.09

Borja Blázquez



Hijo del mar y la montaña


Guiado por valores como la honestidad y la perseverancia propias de su origen vasco, Borja Blázquez cultiva una cocina internacional que busca evolucionar con los pies firmes en el corazón de la cocina mediterránea. Lo que es decir, pocos elementos, frescos, escogidos con conciencia, cocinados con precisión y unidos creativamente en un mismo plato. 




Diego Oscar Ramos - Playboy México - 2007


La alegría eterna. Nacido en el País Vasco, allí donde hoy mismo está el foco mundial de la vanguardia gastronómica, formado desde los 17 años en restaurantes tops como El Gulli, Arzak o Zuberaa, Borja Blázquez es una de las estrellas de la expansiva señal de cable El Gourmet. A los 30 años y con casi una década en Buenos Aires, refina el gusto porteño por el tapeo español tradicional y moderno, viaja por el mundo cocinando y conoce cada vez más de la cocina y el carácter del habitante de Latinoamérica. Aquí aprendió que la flexibilidad es tan necesaria como la determinación y supo desarrollar un estilo que, amante del estudio constante y la renovación, está atento siempre a cuidar al comensal, dándole productos frescos y elegidos con afecto. En Ría, su restaurant de Puerto Madero, donde cocina y atiende en persona, Borja habla a Playboy México de lo que más sabe y disfruta.


- ¿Cuál es la esencia de la cocina vasca?
- La cocina vasca tiene muchos pescados, mariscos, trabajamos mucho con cerdo, buenos chuletones de buey y res para la parrilla. Además de muchísimos productos de huerta, como setas o leguminosas. Todo el País Vasco está enamorado de la alubia negra o roja. En Tolosa se vende en un saco de tela con sello de denominación de origen y se lee en el diario cuando aparecen las primeras setas de la temporada. Para un vasco eso es una alegría eterna. Que un pueblo viva la gastronomía así es alucinante. Tanto como el amor que tenemos por salir a comer todo el tiempo, por cocinar en casa, para los amigos.


- Hay una fama del carácter vasco, como fuerte y consecuente a rajatabla con sus ideas. ¿En que se ve en su cocina?
- En todo. Somos honestos con lo que hacemos, leales para con el contexto, el cliente y el producto. Luego, somos un poco de la idea fija. Para nosotros lo blanco es blanco hasta el final. Eso nos ayuda mucho.


- ¿Y qué le pasa a ese carácter en Latinoamérica?
- Lo que percibí aquí y por lo que me quedé, es otro tipo de flexibilidad, otros márgenes. Es bueno no tener todo tan esquematizado, tan escalón por escalón. Latinoamérica es un lugar donde todo puede suceder mucho más rápido que en Europa. Aquí si tu producto sirve, si tu práctica es buena, no importa la edad que tengas. Cuando uno está listo para hacer algo en Latinoamérica lo haces.

Acto de amor


- Lo he escuchado relacionar la cocina con el afecto.
- La cocina es un acto de amor y de entrega. Cocinar es dar. A partir de un buen plato uno aporta alegría, un enriquecimiento del espíritu del comensal, porque uno disfruta, tiene un contacto visual, de olores, de texturas. Y después lo enriqueces culturalmente, porque no creo que le haya pasado probar un corte de cerdo que cocinas cuatro horas a baja temperatura.


  - También es conocida su costumbre de hablar con las personas en su restaurant, explicándoles con detalle lo que están comiendo...
- Hombre! Es cierto. Me gusta mucho porque es como cerrar el círculo. Alguien viene a mi casa, que es mi restaurante Ría. Entonces quiero atenderlos excelentemente bien y tener un contacto directo, porque es la manera de ver si comieron bien realmente, si hay alguna crítica constructiva, para seguir brindándoles alegría y estar con un cuidado personalizado. Les imprimo la receta, la firmo y se la entrego. Porque creo que, si bien cocinar es dar, también es compartir. Algo que no ha pasado mucho en nuestro rubro.


- ¿Por qué siente que sucede?
- Por recelo, mediocridad. Desde que salí de la Escuela de Cocina pensé algo que me ayudó hasta el día de hoy: “Que nunca te importe si el de al lado es mejor que tú, sino aprende de él”. Catorce años después me doy cuenta de que por compartir todo lo que sé he recibido con creces. Estuvimos grabando Chef unplugged, hice una sopa horneada de chocolate negro con un helado de chocolate blanco y cristales de mandarina. Donato me preguntó: “¿Puedo usar la receta?” Le dije: “Por favor, para mí es un halago y un honor que quieras usarla”. Y dijo: “La voy a hacer al revés, voy a hacer la sopa horneada de chocolate blanco, el helado lo voy a hacer de chocolate negro y le voy a poner alguna otra cosa”. Sé que cuando me comente cómo lo terminó algo me va a enseñar, quizás en lugar de los cristales de mandarina le pone un polvo de naranja y pimienta blanca.


- ¿Lo que crece es la propia cocina?
- Exactamente. La propia receta está evolucionando. Es hermoso. Digo lo que sé porque llego a mi casa y sigo estudiando. El cocinero más receloso es uno más quedado. Y quizás es más quedado por ser receloso. Si compartiera absorbería.



Parir nuevos platos


- ¿Cómo es su proceso cotidiano de inventar platos?
- Lo que hago es inspirarme. Puedo llegar a mirar 300 recetas solamente para que luego de mi cuerpo, de mi mente, surja una que no tiene nada que ver con las 300. Luego me fijo mucho qué es lo que está pasando en la gastronomía mundial. Y en base a 14 años de experiencia uno va teniendo nociones concretas que hacen que cuando quieres parir un plato lo sacas.


- ¿Cómo es el tapeo moderno?
- Es alta cocina en miniatura, con productos y técnicas que no se usaban en el tapeo tradicional, se emplea vajilla de diseño increíble, para cada tapa una distinta, para cada restaurante un estilo exclusivo. Surgió gracias a que en el País Vasco está la mayor cantidad de restaurantes de elite por habitante del mundo y con Cataluña forman el foco de cocina de vanguardia mundial. Todos los cocineros caen en un bar de tapas y quieren volcar lo que aprendieron.


- ¿Y hacia dónde va la vanguardia?
- Estamos ante una cocina casi de laboratorio. Uno de los restaurantes que más la expone es El Bulli, donde trabajé dos años, con deconstrucciones: platos que ya conoces con las texturas cambiadas. Después están las espumas, que nacen a partir de Ferrán Adriá, que mete una gelatina en un sifón, le pone una carga de aire y saca una mousse sin huevo ni crema, con cien por ciento del sabor en crudo. Luego descubrieron el alga agar agar, que permite gelificar en caliente. Todo evolucionó hasta llegar al nitrógeno líquido, que hiper enfría rápidamente. Se puede hacer un helado en 20 segundos y hasta palomitas de aceite de oliva.


  - ¿Lo usa en su cocina?
- No lo vuelco en mi restaurante. Porque la ultravanguardia está para disfrutarla cada tanto. El concepto que hoy es casi mundial es el de la cocina mediterránea: productos con cocción justa y bien frescos. Ya no hacemos esas salsas donde poníamos a hacer un fondo de carne cuatro horas, sino jugos de cocción en media hora. O recuperamos lo que quedó en la sartén de haberte cocinado un pescado y hacemos una salsita. Todo tiene que ver con usar una muy buena técnica y brindar un plato donde todo esté a la vista, nada esté tapado o cambiado de textura. La conjunción de cinco ingredientes hábilmente utilizados en un mismo plato es la gran magia y el gran futuro de la gastronomía. Es ir hacia algo más natural.


 Feniletilamina con frutos rojos


- ¿Qué cocinaría para halagarse a sí mismo?
- Me cocinaría unos langostinos al ajillo. Me encanta el calamar, es un producto fascinante, pero a la plancha me gusta más que frito. Dorado en sartén con muy poco aceite. Es uno de los sabores más ricos de toda la gastronomía. Me pones un calamar y un pato, sin dudas me como el calamar.


 - ¿Y que prepararía para generar ese acto de amor en las personas?
- Algún pescado bien grueso, alguna paellita hecha a conciencia, desde el inicio hasta el final. Todo el mundo de pescados y mariscos. Y una receta que me encanta que la gente pruebe es un mar y montaña de mollejas, langostinos con hojas verdes y una vinagreta de avellanas y aceto balsámico. La gente no en todas las latitudes maneja este concepto de productos de mar con otros de la tierra.


- ¿Qué harías para una situación de romanticismo erótico?
- Si le quiero dar una connotación erótica haría ostras, mejillones y langostinos como entrada. Aunque según la ciencia no existe la cocina afrodisíaca, en los bivalvos hay zinc, un componente de la hormona sexual masculina. De plato principal comería atún rojo, un poco crudito, un producto muy sensual. De postre haría frutos rojos y chocolate, que tiene la feniletilamina, que obliga a nuestro cuerpo a segregar dopamina, que es placer.


  - ¿A dónde le gusta ir a comer?
- En Argentina me gusta ir a comer a las parrillitas, en el lugar más escondido que encuentres vas a comer de lujo. También me gustan otras culturas gastronómicas, como la peruana o la mexicana.


 - ¿Qué cosas le dan placer además de la cocina?
- Navegar, leer y nadar. Me gusta sentirme en el agua. Me encanta leer, sobre náutica, química culinaria, filosofía, sociología. Soy de esas personas a las que no es difícil encontrarles un regalo.


 - ¿Y qué lo hace feliz?
- (Se ríe) El sol. La buena sinergia entre las personas. Hacer lo que me gusta. Y saber que hace años que estoy haciendo lo mejor que puedo para mi carrera y mi vida. Estoy haciendo justo lo que debo hacer, en el momento y con la intensidad con que debo hacerlo. Todo eso me hace feliz.

27.5.09

Daniel Pérez Acosta


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Herencia africana..

Desde Palermo Negro, su taller y sala de exposiciones, el artista plástico nacido en Uruguay desarrolla un arte con fuerte raíz en la tradición afro sudamericana. En plena expansión mundial de su trabajo, es parte también de Ciudadano de nuestro continente, flamante entidad que propugna la unidad real de los pueblos americanos....
Diego Oscar Ramos - Revista Uno Mismo - Sept. 08
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Algo primitivo y afectivo llama la atención en la vidriera de la galería, que no está apenas en la belleza estética de las imágenes expuestas, sino en el conjunto que forman con el mueble de madera que les da sostén. Ese rasgo de refinamiento pictórico con una rusticidad de carpintería popular ya estaba cuando hace seis años el uruguayo Daniel Pérez Acosta - autor del mobiliario y de los cuadros - creaba Palermo Negro en una zona donde ahora se genera una nueva región de galerías. Quien además de pasar rápido se haya tomado el tiempo de pararse a mirar sus imágenes y hablar con él, que allí tiene su taller, habrá tenido en su culto a la conversación calma y plena de historias de sus antepasados una continuidad con lo que se siente con su arte. Es que en sus elogiadas series de músicos de jazz, sus personajes elegantes de principios del siglo XX o sus enormes damas de mirada penetrante – que lo han convertido recientemente en artista de la galería Punto Arte de Barcelona y de compartir un cotizado espacio junto a pintores como Miró o Waldimar Las en la casa de subastas Lamas Bolano de Madrid – pueden verse las huellas de lo que vivió en una infancia donde la plástica, la música y el baile eran manifestaciones cotidianas.

Arte y tiempo

“Siento que en estos seis años la galería ha ido siempre creciendo, se estableció un espacio, que no existía en la zona cuando llegué y ahora los artistas hasta me consultan dónde instalarse”, cuenta sobre el presente Pérez Acosta, orgulloso de lo que se creó entre el local y las personas. “Ahora la gente se acostumbró y es hermoso lo que comentan de la vidriera, tienen orgullo de tener una galería de arte, porque las obras son parte de su paisaje, de su vida diaria, incluso ha entrado alguna vez un vecino que me pidió que cambiara un cuadro porque lo veía desde hacía diez días y quería ver expuesto alguno que estaba adentro, eso es hermosísimo”, dice y ofrece otra anécdota sobre estos vínculos: “Pasan albañiles que salen al mediodía a buscar sus alimentos, se limpian mucho sus zapatos, se sacan la gorra, me piden permiso para ver las obras y encuentran en los mobiliarios mucho parecido con el oficio de carpintero y redescubren su oficio, les manifiesto que hay arte en todos lados y que el asunto es poderlo ver”.
Todo puede percibirse si se observa con la dedicación precisa. “No se puede apreciar la belleza con tanta velocidad, con tanto apuro, y la lentitud está asociada a los oficios, a la disciplina, porque el arte tiene mucho de sacerdocio, de ritual, de llegar a tu taller, limpiarlo, poner tus objetos de uso diario en su lugar perfecto para trabajar, tenés que tomarte tu tiempo, concentrarte, juntar las manos y ver que tiene para entregarte el día”, reflexiona el plástico y lleva a los encuentros sus ideas sobre el tiempo. “Estoy convencido de que tenemos que desacelerarnos, recuperar los espacios de diálogo, los momentos de intercambio”, afirma.
Y ese espíritu lo recibió desde niño, cuando religiosamente había un momento dedicado a lo que él llama el relato, en singular. “Mi madre sacaba una caja de tabaco, de Cuba, viejísima, donde tenia fotografías, serian cuarenta, lo máximo que se podía tener en esa época, te las mostraba, iba relatando la historia de cada una de las personas y uno se los imaginaba correr o bailar, eran relatos de dos o tres horas, que escuchábamos en el piso, a veces comiendo tortafritas o pasteles con mate dulce”, recuerda el pintor, comenta que el tema de la esclavitud era inevitable y que en el lenguaje era común que se usaran palabras de origen africano. A esas reuniones venían tíos abuelos que llegaban de trabajar en el campo, a lo que retrata oralmente con sus grandes sombreros aludos, botas y una prédica constante de hacerse respetar y ser rebeldes a cualquier tipo de sometimiento. “Usted no puede estar bajo el yugo nunca”, le decía un tío, lo que hizo que en general a todos sus hermanos les haya costado tanto permanecer mucho tiempo en trabajos a nivel de dependencia. Pero también les instaló una firmeza que hoy Pérez Acosta ve muy viva en la manera en que establece cualquier tipo de acuerdo comercial con su obra.

Flores y carboncillos
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De aquellos tiempos quedan en él claras imágenes de ritos de limpieza espiritual de la casa familiar, con sahumerios en forma de grandes tachos, rezos, cánticos, tambores y otros pequeños gestos tributarios de la africanidad como echar sal al fuego para que no llegaran visitas indeseadas. Aún quedan dos de sus hermanos en esa antigua casa, donde se mantiene el oficio de cultivar flores y venderlas, como había ordenado su abuela. Y también cada semana les ofrecen sus ofrendas florales en el cementerio cercano a sus tíos abuelos y a todos los negros que padecieron la vida de esclavos. Y cuando viaja, esa casa es el lugar preciso para que acontezca el rito de oralidad e integración. “Mi hija y mis sobrinas siempre quieren que nos juntemos, para escuchar el relato y ver cómo bailamos, embromamos, hacemos teatro, como lo hacíamos a los diez años, tocamos percusión, cantamos mucho y recuperamos nuestro coro de cuatro hermanos”, cuenta con alegría en sus ojos. De niños sus padres habían destinado una habitación para que los hermanos cantaran y bailaran, era un lugar de creación, donde el cuerpo liberaba tensiones y también aprendía a servirse de la comicidad para hacer catarsis, como explica el artista, que también era estimulado entonces con sus hermanos a crear imágenes, usando lápices pequeños o carboncillos preparados con varillas de mimbre. Las imágenes que más disfrutaban eran figuras humanas, con amigos como modelos o mirando fotos de los diarios, que diseñaban en papel que conseguían en los almacenes o utilizando el que venía envolviendo el pan. Todo podía aprovecharse para que el impulso creativo se expandiera sin límites ni carencias materiales. Cuando hoy habla de ese tiempo asegura que hasta las figuras que no están llegan al recuerdo con alegría y humor, si hasta cuando se juntan con sus hermanos siguen imitando gestos de su madre que les causaban risa. “Nosotros no recordamos con ese dolor de los blancos, sentimos que la vieja está ahí riéndose con nosotros”.
Con su acerbo integrado a su presente, Pérez Acosta dice tener hoy una necesidad natural de investigar la cultura africana, lee mucho y hasta compró un mapa, con destinos ya marcados que quiere conocer: Benin y Senegal, la cuna de sus abuelos. Con posibilidades de viajar con una fundación europea para intercambiar visiones estéticas con artistas africanos, lo motiva vivir un presente donde la Argentina está aumentando su población afrodescendiente con nuevas migraciones que la están acercando a la riqueza mestiza de capitales culturales mundiales como Barcelona. “Están llegando muchos negros de Cuba, Colombia, Brasil, casi todos en la música, el teatro, la danza y eso le da otra tónica a la ciudad, otra vibración”, asegura con la sonrisa de quien sabe ver a tiempo un cambio positivo. Amante del simbolismo pictórico de artistas como William Blake, con esa capacidad de captar los niveles múltiples de sentido que hay en todo, vive con calma la expansión europea que están teniendo sus imágenes. Tan americanas como herederas de la sensibilidad africana, ellas tienen su propio mensaje para legar al mundo. Son parte del relato.


TRAYECTORIA

Nació en San José, Uruguay, donde se nutrió su imaginario visual afroamericano. Ganó el premio Senado de la República en Uruguay, expuso con menciones de Honor para la OEA y el Banco Interamericano de Desarrollo y es mundialmente reconocido por sus montajes con figuras de Jazz. Ha ilustrado diarios, libros y revistas. Su obra se puede ver en la Galería PALERMO NEGRO - Julián Álvarez 1724 - y en colecciones particulares de Argentina, Brasil Uruguay, Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Italia, Suiza y España. También puede accederse en Internet:

CIUDADANO AMERICANO


Como colaborador habitual del programa de radio Nuestro Continente, donde su creador José Palomino Cortez trabaja desde hace años en la difusión de la cultura de Latinoamérica, Pérez Acosta se ha integrado a una asociación sin fines de lucro nacida de la emisión de Radio Nacional. Así, también él tiene su carnet de Ciudadano de Nuestro Continente, que certifica su participación activa en reuniones donde su adoración por la cultura de la oralidad se ve fortificada en intercambios de ideas e historias con personas de diferentes nacionalidades y orígenes. Todas hermanadas en un anhelo de unificación continental. Junto a miembros creadores como Juan Palomino o José Narosky, el artista se dice entusiasmado en la posibilidad que brinda este espacio de recuperar el diálogo de cosas que nos pertenezcan. “Tener delante personas de otras latitudes, con otro clima, con otra historia, me fascina y ratifica mi identidad”, expresa Pérez Acosta y habla de su aporte: “Transmitiré desde mi oralidad mi historia, mi origen, mis costumbres, que inevitablemente tendrán que ver con lo afro latinoamericano”.

26.5.09

Adrián Iaies


El arte de la elegancia 


Entrevista a uno de los pianistas más destacados de la escena actual del Jazz argentino, innovador en sus formas sutiles de combinarlo con el tango. La nota fue realizada en el tiempo en que estaba editando de forma independiente su arriesgado disco triple.
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Diego Oscar Ramos - Playboy México - 2007 .


.. Podría decirse de Adrián Iaies que es uno de los más destacados pianistas actuales de Jazz argentinos, que ha renovado como arreglador e improvisador las formas de interpretar Tango y que es un arriesgado editor discográfico al dirigir el ahora independiente sello S´Jazz. Fue nominado tres veces el Grammy, Down Beat le dedicó una página como rising star del Jazz y compartió escenarios con artistas como Toots Thielemans, Ron Carter, Stanley Jordan, Bebo Valdez, Michael Brecker, Dave Holland, John Patitucci, Chucho Valdés, Dino Saluzzi o Pedro Aznar. Para quien desee conocer su arte, su cd Las cosas tienen movimiento y su DVD Astor Changes en vivo en Buenos Aires con su Tango Reflections Trío pueden ser el primer paso para comprender que en su universo cada tema y cada nota tienen un lugar y formas precisos de ser tocados. El mismo orden cuidado con que habló a Playboy del nuevo disco triple que editará en marzo, de sus músicos, sus afectos, sus cambios y de los artistas que lo influenciaron por una elegancia que busca también en la vida.


Round music


“No dar nada por sobreentendido, no aceptar lo que sea como inexorable y menos aún, resignarse a que las cosas ocurrirán siempre del mismo modo”. (En DVD “Astor Changes en vivo en Buenos Aires”) 


- Imposible no sentirse atraído por la gran cantidad de cds que hay en tu estudio. Con todo lo que grabás y componés, ¿cómo y cuándo escuchás música?
- Escucho música por el trabajo que tengo con el sello, una inversión grande de tiempo. Porque alguien te manda su disco y está esperando una opinión constructiva y sincera. Y de todo lo que mandan llegás a editar un uno por ciento.


- ¿Cuáles son tus parámetros?
- Mis parámetros son mi gusto. Ahora, evalúo la calidad y que esté diciendo algo personal, que tenga identidad. Como el sello ahora es independiente, ya no pertenece a EMI, tiene que cuidar más un presupuesto y nos concentramos en artistas como Ricardo Cavalli, Mariano Otero, Juan Cruz Urquiza y Pepi Taveira, un staff de artistas que permita sacar y defender los discos.


- ¿Además de tu trabajo para el sello, qué estás escuchando?
- El 90 por ciento de mi tiempo, ya sea en el auto o en mi cuarto a la noche, escucho Jazz. Tengo predilección por tríos de piano, contrabajo y batería, discos de solo piano, formaciones pequeñas en general y me gustan pianistas como John Lewis, Bill Evans. También otros como Paul Blake, Brad Mehldau o Fred Hersch.


- ¿Hay alguna característica que los una?
- Sí, la elegancia. Es lo primero que escucho en un músico y veo en alguien para que me atraiga. Evans, Lewis, Hank Jones, Tommy Flanagan, Keith Jarret, son pianistas elegantes. Y me gustan Duke Ellington, Thelonius Monk, Charles Mingus, el Miles del ´50 y el ´60.


- ¿Con qué relacionás a la elegancia?
- Con cierta actitud de... (busca la palabra como si estuviese componiendo) ...austeridad. Tiene que ver con lo que uno decide no tocar, con el manejo del silencio, con la economía. Escuchar una versión de Afternoon in Paris o de Autumm in New York de tres minutos de John Lewis, donde no le sobra ni le falta nada, es magia.


- ¿Y los músicos de los que te rodeás tienen esa elegancia?
- Busco eso. O al menos que cuando tocan conmigo entren en ese plan. Eso habla de la inteligencia del tipo que estás llamando, que se mete en la situación musical que proponés. Uno de mis músicos preferidos es Ricardo Cavalli, un tremendo saxofonista, que cuando toca conmigo lo hace diferente que cuando toca sus propias cosas. Mariano Otero en seguida entra en situación. Sin salirse del contexto enriquecen tu música, te sorprenden y aportan algo que está en el estilo pero es superador.

- Con tu trío con Pablo Mainetti y Horacio Fumero sentí que había un afecto muy claro en la comunicación entre ustedes... 
- Necesito estar enamorado de los músicos con los que toco. Lo que no sólo no es lo usual, sino que uno ha escuchado anécdotas como la del disco famoso de Stan Getz con Joao Gilberto, que es una maravilla, pero los tipos se odiaban. Cuando se grabó Money Jungle de Duke Ellington, Mingus y Max Roach estaban peleados. Personalmente necesito ilusionarme con la idea de compartir el escenario, una grabación. Ahora estoy en el medio de un nuevo disco. Decidí grabar únicamente con músicos con los que nunca había grabado, me hizo mucha ilusión porque los quiero, admiro y, de algún modo, estoy enamorado de ellos. Funciono bien así. 


- Cuando tocás pareciera que estás enamorado de cada una de las notas.
- Trato de pensar lo que toco... (construye una variación imprevista sobre un tema conocido) ...Mi viejo, que era mecánico, decía: “La velocidad a la que podés ir en un auto es la velocidad en la cual en una situación extrema o imprevista podés controlarlo”. Cuando tocás es lo mismo: Tocá cuánto quieras en la medida en que tu cabeza tenga capacidad de procesar información a esa misma velocidad. Sé que tengo más ideas que dedos y es una herramienta, un aliado. 


Round changes


- ¿Cómo es el disco que estás haciendo?
- Es todo nuevo. No tiene tangos. Hay una versión de Años de soledad a de Piazzolla a dúo con Cavalli, pero cuando hice el arreglo estaba pensando más en Gerry Mulligan. Es una caja triple, que sale en marzo. Uno es sólo piano, el otro son dúos y el tercero son tríos. Y se va a completar en el 2008 con un triple con cuartetos, quintetos y sextetos. La mayoría de la música es mía, hay algunos standards reescritos. Un 70 por ciento del material del piano solo es una suite dedicada a John Lewis, inspirada en lo que a me produce su música. Grabé con músicos con los que no había grabado, cambié de estudio, toqué en el Stenway más lindo de mi vida, cambié de productor del audio, vuelvo a estar en el mundo independiente. Además, más allá de que ame el tango, ahora logré concentrarlo en ciertos proyectos. Soy un músico de Jazz. 


- ¿Y este cambio vino con relación a algún proceso que estabas viviendo?
- Soy un tipo bastante estratégico. No hago las cosas a lo loco y de un día para el otro. Vengo pensando en eso hace más de un año. Y encontré el momento.


- En estos seis discos que sacarás, mas allá de que la mayoria sea música propia, ¿puede decirse que habrá un mapa de tu propia lectura de la historia del Jazz?
- Está mi gusto, gran parte de esta caja no tiene batería, porque me gusta tocar sin batería y los arreglos son muy mínimos, porque prefiero dejar espacio, soy muy de pedirles a los músicos que sean económicos. Es la música que me gusta escuchar y tocar. Siempre hay una lectura personal.
- ¿Influyó en tu música el trabajo como director del sello?
- Así como sé por qué vamos a editar a alguien, con mi propia música no me permito cualquier cosa, he dejado mucho fuera de esta caja, porque un disco tiene que tener un punto de homogeneidad, prefiero hablar de una sola cosa por vez. Y soy bastante exigente con lo que edito. 


- ¿Cuando improvisas también aplicás ese rigor? 
- Cuando improvisas lo hacés sobre la forma del tema, que te contiene. Tocás el tema, lo mostrás, luego hacés un solo sobre esa secuencia de acordes, la relación de esos acordes y la melodía. Si vas a hacer un comentario sobre un tema se supone que va a ser eso. Trato de que haya una continuidad. Cuando escuchás Afternoon in Paris por John Lewis, el solo tiene unidad, están tocando una canción. Soy respetuoso de esos detalles, porque los disfruto cuando los escucho. 


- ¿Hay algo central en que la melodía sea clarísima?
- La melodía, en músicas populares como el Jazz, es siempre la hoja de ruta del tema. Si no tenés melodía no tenés nada. Soy muy dogmático con eso. En principio hay una melodía y luego una vestimenta, una textura para esa melodía. No disfruto escuchar músicas donde todo sucede alrededor de un groove, una línea del bajo o un riff. 


- En los temas que elegís para versionar, ya sea tangos clásicos como canciones de Fito Páez o Juan Manuel Serrat, ¿buscás la elegancia en la melodía? 
- Siempre. La elegancia es un parámetro que no tiene que ver con el estilo de música. No hay diferencia si estoy tocando Nada, Vida mía, Arrabal amargo, un tema mío o Round midnight. El encare, mi posición frente a lo que voy a tocar es siempre la misma: en principio flirtear, coquetear con el tema, ver qué es lo que me ofrece naturalmente. Antes de escribir un arreglo lo toco días, semanas. En algún momento se deja, empieza a mostrar algo y sigo esa luz. No lo violento. Entonces podés encontrar algo que no está dicho y que suena natural. Eso es elegante. 


Round passion


- ¿Cómo vinculás lo sensual y erótico con la música? 
- En principio mi idea es gustar. Estás queriendo seducir con lo que tocás. Estás tratando que del otro lado vibren con lo que estás haciendo. Eso es sensualidad, es erotismo. No me interesa que alguien me escuche con una actitud cabezona al principio, me interesa llegarle, emocionarlo, seducirlo. A partir de eso tendrá un interés posterior de analizar lo que toqué. Como cuando leo un libro, quiero que me atrape, después vemos. 


- ¿De tu música, hay algunas donde sientas que lográs una intensidad mayor?
- Me gusta tocar y escribir baladas. Tiene que ver con lo que más me gusta escuchar. Ahora grabamos un par que están buenísimas. Los músicos me dicen que me sale bien y la opinión de mis colegas para mí es muy importante. 


- ¿Sentís que hay algo que le hayas dado a la música?
- No. Creo que hay algo que la experiencia y la vida te enseña. No hay que tomarse tan en serio. Importante es un cirujano que opera a corazón abierto. Nosotros somos entretenedores, más allá de la pasión que pongamos. Hacemos algo que la gente consume en sus momentos de esparcimiento. Ya alcanza si alguien fue, te escuchó, pasó un buen momento, lo disfrutó, se sensibilizó y le sirvió para aflojarse.


- ¿Y qué te aportó la música?
- Todo, todo, me salvó. Me ha dado amigos, amigas, amores y un placer único. Viajé, me compré una casa, mantengo a mi familia. Y me relaciona con la gente en un momento en que están mejor dispuestos, vienen en estado Alfa. Eso es una gloria, un trabajo bendecido.


- Me gustó la frase que usás sobre no ver las cosas como si fuesen a ser de la misma forma siempre... 
- Porque sé que no. La vida me enseñó que las cosas cambian de la mañana a la noche. Perdí a mi viejo y a mi mujer a una edad en la que uno no los pierde. A los dos años de perder a mi mujer tuve otra hija con otra mujer. La vida cambia todo el tiempo. Ese movimiento tiene que estar reflejado en la música que hacés.


- Ese movimiento, ¿no es la propia música? 
- Sí, claro, no quedarte atado. El jazz es eso. No hay posibilidad de repetir, cada momento es único, lo tocado ya fue tocado. Porque las cosas van sucediendo, hay improvisación. Eso está vivo. 


- ¿Y en el Tango qué acontece?
- El problema son los tangueros. Cuando alguien decide que va a pasarse la vida tocando La cumparsita siempre igual, porque les da de comer o es lo que los turistas quieren escuchar, te perdés de mirar más allá. Yo no quiero tocar como Pugliese. Una cosa es tener a alguien de referente, como una plataforma de despegue para ser uno mismo, pero otra es estar buscando sonar como alguien que tocaba así hace cincuenta años. Tenés que hacer algo nuevo. Algo tuyo.

23.5.09

Edson Cipó


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Un antropófago en Internet
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Con una mezcla de rock, jazz, reaggae, funk, psicodelia e inevitablemente influenciado por la siempre movediza MPB, el músico paulista de larga experiencia como road manager grabó un disco que llamó Antropofagia. La curiosidad del trabajo no sólo está en el abierto homenaje a una forma históricamente brasilera de hacer arte, sino en haber elegido el formato Songbook para editarlo. Y claro, a Internet para darle más visibilidad a su caldo musical.
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Diego Oscar Ramos
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Es claro que algunas palabras vas poblándose de sentidos con el paso del tiempo y los usos variados en campos de la cultura donde un signo puede ser un mapa para definir un estado de cosas, una estética específica o la misma voluntad de imantar hacia sí la máxima variedad de elementos circulantes. Y si el viejo manifiesto antropófago de 1928 del poeta Oswald de Andrade fue un hito del modernismo brasilero, mucho tuvo que ver su prolongada influencia en las lecturas que fue teniendo a lo largo de los procesos culturales de Brasil, llegando a un hito con la relectura tropicalista en los años 60. Y si en el mundo también la psicodelia lisérgica trazaba lazos de unión vital con movimientos también provenientes de las primeras décadas del siglo XX, como el surrealismo, también en estas tierras del sur del continente los ciclos daban su vuelta feliz para darse un abrazo artístico. Por eso, no deja de sorprender que haya sido este disco de un artista a descubrir como Edson Cipó y no cientos de otros trabajos anteriores de artistas consagrados, incluso aquellos propensos a la experimentación, quienes podrían haber escogido un término tan nutritivo y sabroso como Antropofagia. Claro que no deja de haber polémicas o suspicacias frente a todo lo que se ha asociado a esta palabra, que supo analizar al Brasil desde su capacidad de deglutir influencias externas para transformarlas en novedades de altísima nutrición para el planeta. Así, circulando por Internet en sites de nuevos compositores, en sus mails y sus decenas de estrategias de circulación de sus músicas, quien fuera road manager de artistas como Jorge Benjor, Cassia Eller, Titás, Pepeu Gomez, Moraes Moreir o Geraldo Azevedo eligió el formato de songbook, es decir un libro con las partituras de músicas que pueden escucharse en el CD que lo acompaña. La actitud antropofágica, entonces, también puede estar en devorarse la propia crisis del sistema discográfico, para ir generando muchas otras formas de distribuir arte.

- ¿Por qué eligió un nombre como Antropofagia, tan fuerte en la cultura musical brasilera desde la misma relectura en los años 60?
- en el inicio de los años 90 resolví asumir la carrera solista de forma seria y organizada. Comencé a elegir los temas, estilo de letras e instrumentación. Descubrí que tenía una gran influencia de música norteamericana y europea, además de que también me gustaba la MPB antigua que pasaban las radios. Mientras experimentaba las mezclas percibí que praticaba antropofagia de una forma natural y actual. En el 98 fui diversas vezes a la XXIV Bienal de São Paulo donde el tema era la Antropofagia y quedé impresionado. Decidí hacer una música que tendría ese nombre. Así que terminé la mezcla del tema, lo llevé para escuchas en lugares diversos y la clasificación fue una gran sorpresa, todas eran totalmente diferentes, algunos decían que era un funk-blues, otros que era um reggae sofisticado y lo justificaban bailando y mostrando los movimientos. Otros dijeron que era acid jazz, lo que acabé adoptando. Cuando componía pensaba en jazzrockrap, al final todos los elementos clasificados estaban presentes en la música y yo estaba consiguiendo el objetivo, que era la mezcla.

- ¿Por qué cree que es en Brasil donde se gestó un concepto de tanta fuerza y expresividad? Porque, de alguna manera, todo el mundo en estos años está mezclando elementos de diferentes culturas y países. ¿Qué diferencia encuentra con esas mezclas dentro de la música pop mundial y la que surge en Brasil?
- Esta es una pregunta difícil de responder, pienso que la antropofagia acontece en diversos lugares en el mundo. Ya vi obras de varios artistas estrangeros, entre ellos italianos, alemanes y argentinos. En Brasil, el movimiento aconteció fuerte en la literatura y las artes plásticas, a través de Oswald de Andrade y Tarsila do Amaral, influenció el Modernismo, la Tropicália y es inspiración en los días de hoy. Es cierto que hoy todo el mundo está mezclando, la globalización nos lleva a eso, pero me arriesgo a decir que la mezcla brasilera es más completa, como ejemplo del carácter del propio pueblo, que recibe de brazos abiertos inmigrantes de todo el planeta, quienes al llegar traen en la valija su cultura, que es digerida, asimilada y recreada por todos. “Lo que hicimos fue el Carnaval”, dice el manifiesto. Infelizmente, la música pop mundial no ve las cosas de esta forma y Brasil continúa importando y consumiendo consciencia enlatada.

- ¿Qué diría de la música que está creando?
- En la banda asumo todas las letras, músicas e ideas. Presento los temas resueltos y doy espacio para la improvisación, que cada uno contribuye de una forma especial. La espina dorsal de la banda es el percusionista Jorge Marciano, que toca conmigo hace muchos años, fue quien me presentó al baterista Paulo Mariz, con quien toca hace casi 20 años, el guitarrista Eduardo Mariz es hermano del baterista y tocaron toda la vida juntos. El bajista Alex Dias es de mi cría y me acompaña desde 1999.

- ¿Cómo fue la elección de un saxo de presencia tan marcada en el sonido de la banda? Eso hace que la mezcla parezca más cerca del jazz y hasta del rock de los sesenta. ¿Cómo fue el diseño de ese detalle?
- Todo el disco se da en clima de jam-session, anteriormente venía tocando con un trombón, pero en la semana del show el trombonista no pudo participar y ahí una vez más Jorge Marciano presentó e invitó a Joab Augusto, que toca saxo tenor. Tuvimos poco tiempo para los ensayos, las improvisaciones terminando siendo frases y cuando fui a hacer las mezclas resolví colocar el saxo en primer plano, porque la ejecución estaba muy buena. Joab Augusto es un excelente músico.

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- ¿Cómo fue que decidió publicar el álbum como songbook y de forma independente? ¿Qué encuentra de bueno en el formato y el sistema?
- Al prinicipio el proyecto era la grabación de un disco en vivo, después de haber marcado la fecha en el Centro Cultural de São Paulo, comencé a organizar los detalles, invité mi amigo y músico Tonho Penhasco para calibrar y comandar las gravaciones, tomé prestado un gravador Adat de 8 canales del estudio de otro amigo y planee la división de los canales. Tenía que grabar batería, percusión, dos guitarras, bajo, saxo tenor y voces. Después de la grabación, llevé el material para Eduardo Lolo de Estúdios Spectrum y pedí para mezclar y masterizar a cambio de espacio publicitario en la tapa del disco. La invitación fue aceptada, estaba resuelta la parte del audio, precisaba resolver la gráfica, comencé a separar el material para el libro interno, cuando junté todo dio 28 paginas en tamaño A3. En el mismo período fui invitado por la Editora Irmãos Vitale para hacer una trascripción musical en el songbook do Rolando Boldrin. Para hacer este trabajo tuve que hacer algunas investigaciones que influenciaron la decisión del formato. La idea fue que el songbook substituya el libro del CD y de que el trabajo deje de ir para negocios de discos, que son cada vez más raros, para ir a las librerías, que es un mercado interesante, que en Brasil funciona a base da consignación. Con el audio y el boceto de songbook listos fui a buscar algunas editoras y las respuestas eran bien parecidas, era elogiado por la idea y el proyeto, después venía una cierta resistencia porque “el produto” era nuevo y no tenía tradición. Algunos decían que no tenían espacio físico para exponerlo en los negocios, otros aprobaron el proyecto, pero quedaría en una espera de 9 a 12 meses, sin certeza de diera luego del plazo la publicación. Resumiendo, me puse a trabajar en una fábrica de motos por 6 meses, junté el dinero, banqué el proyecto e hice el lanzamiento en la Livraria da Vila, en São Paulo, el 28 de abril de 2008.

- ¿Qué reacciones tuvo con la relectura del concepto?
- Creo que de una forma general, no fui comprendido ni aceptado. La palabra antropofagia no es de fácil pronunciación, muchos se trababan al intentar leer el título del álbum, otros se refirieron al canibalismo indígena, la propia palabra Songbook es desconocida hasta en el medio musical, me sugirieron cambiarla, porque nadie sabía lo que era. Recibí incentivo, apoyo y elogios de amigos próximos, que conocían mi intención y voluntad de realizar el proyecto.
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Songbook Antropofagia
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- Participa de diferentes formas de difusión musical en Internet, desde My Space hasta listas de mails, ¿qué ve como positivo de esas formas?
- Tengo 6 Orkut, estoy en You Tube, en Trama Virtual, My Space, Clube Caiubi de Compositores, Conexão Vivo, Overmundo, siempre con el deseo de guiar al al público a mi página oficial y vender mi álbum. Creo que, más allá de incomodar mucha gente con spam, consigo ser recordado por el nombre y no por la música.

- ¿Y de ser parte de uma asociación de compositores?
- Mi participación en el club todavía es virtual, pretendo agendar una presentación cuando salga con el próximo trabajo y tocar con músicos diferentes, también socios del club.

Músicas e influencias
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- En la canción Para fazer jazz dice que no gusta del tono tan azul del blues, que es mejor tener un amor sin pecado, con alegría y para hacer jazz. Me gustaría que hablase más de esas ideas.
- Esta canción la hice para participar de un festival de blues en Río. Pensé en tener una actitud rock and roll de protesta y comencé cantando: “Eu não gosto de blues”, en seguida redoblo: “Eu não gosto da cruz”, que es el símbolo del cristianismo. La lloradera del blues y la cruz representan sufrimiento y pienso que este no es el mensaje principal cuando pensamos en el cristianismo. Debemos recordar la buena nueva, los cambios que tenemos que adoptar para mejorar como ser humano y evolucionar para merecer un mundo mejor y no seguir alimentando ideas negativas. “Fazer jazz”, para el músico es un momento mágico donde prevalece la técnica, la improvisación y el carácter individual. Es como hacer el amor.


Coraçao de paulista
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- Una de las canciones se llama Coraçao de paulista. ¿Qué es lo que más le gusta de haber nacido en São Paulo y qué siente que aporta la identidad paulistana a su música?
- Brasil es un caldero de ritmos, ya pensé en relacionarlos y clasificarlos en un libro, pero no sé si tendré condiciones para eso. En My Space creé un grupo llamado “Nova MPB” que ya tiene como asociados a Preta Gil, Davi Moraes, Jo Soares Band, y Fê Lemos de Capital Inicial, entre otros, allí comencé a relacionar algunos. Y como ya dije, nací en el ABC paulista, que es un suburbio, de donde viene mucha gente radical, mis amigos de la infancia, hasta hoy sólo tocan y escuchan rock y blues. Cuando viví en Río tuve oportunidad de convivir con Blocos de Samba y cuando volví a São Paulo, entré en el Ala de los compositores de la Escola de samba Vai-Vai, aprendí a hacer diversos tipos de samba: samba-rock, samba-enredo, samba-canção, samba-de-breque. En la canción Coração de Paulista, tengo un compañero carioca que es Max da Tradição. Me gusta y vivo en São Paulo, imagino que la diversidad de la metrópolis aparece en mi trabajo artístico.

- En el disco songbook agradece la inspiración de músicos como Pepeu Gomez, Baby do Brasil y Jorge Benjor. ¿Qué podría decir de su influencia?
- Cuando era chico y vivía en el ABC paulista, intentava imitar a los Novos Baianos, Mutantes y Secos & Molhados. Después en el inicio de los años 90, fui a trabajar como roadie de Pepeu Gomes y Moraes Moreira, durante 4 años viví en Río y con ellos aprendí a jugar a la pelota, conseguir novia y hacer canciones. De vuelta a São Paulo fui a trabajar con Benjor y su Banda do Zé Pretinho, participé de una gira y la grabación de un CD, también en la parte técnica. La convivencia con ellos y otros artistas y músicos fue de gran importancia en mi formación, se aprende mucho más viendo que leyendo. En la canción Antropofagia uso trechos de letras de Pepeu, Baby y Benjor.

- ¿Qué le dejó en los musical haber trabajado como road manager de los que mencionamos, además de Geraldo Azevedo, Cassia Eller o Titãs?
- Fueron 14 años en la ruta con diversos trabajos de sonido y luz, viajé el Brasil entero, de punta a punta, varias veces, en hoteles de 4 y 5 estrellas y con derecho a algunos días de descanso, en el intervalo de una semana a otra de shows. Comencé en el segundo disco de los Titãs, medio por casualidad, dos amigos de la infancia eran productores de la banda, que estaba lanzando el disco Televisão en Río de Janeiro, era mi cumpleaños y fui invitado a festejarlo con ellos. Durante el show se rompió la cuerda de la guitarra de Toni Belotto y fue una desesperación el camarín porque nadie sabía arreglarla, me hice cargo de la situación, ofrecí arreglar la guitarra, cambié la cuerda, afiné en los padrones de 442 Hz, la guitarra fue llevada al escenario y los músicos se sorprendieron. Cuando terminó el show vinieron a agradecer y después de una charla rápida me invitaron a viajar con la banda. Me quedé una temporada viajando por Brasil, fue muy bueno, vivencié y acompañé el comienzo del éxito. Vibrábamos cuando escuchábamos las canciones siendo pasadas por la radio. De repente Arnaldo y Belotto fueron presos con heroína, fue un gran escándalo, fueron cancelados varios shows, de ahí fui para Capital Inicial, donde me quedé por casi 5 anos, fui presentado por Belotto. Era común recibir invitaciones para otros trabajos. En una de esas fui invitado para hacer un extra en un show de Pepeu Gomes, fue una de las experiencias más marcantes de mi vida. Me mudé a Río, me quedé por más de 4 anos y mientras trabajaba con Pepeu, conseguía unas “janelas” para trabajar con Cássia Eller, Geraldo Azevedo, Engenheiros do Havaí y Leo Gandelman. Volví a São Paulo y fui a trabajar con Jorge Benjor. Con cada uno de ellos aprendí un poco, pero Pepeu Gomes y Moraes Moreira me dejaron una marca especial, me acuerdo de algunas historias que ellos contaban de la época de los Novos Baianos, de la participación de ellos en Rock in Río, en Free Jazz y en shows por el nordeste brasilero en noches de luna llena. Estoy escribiendo un libro para contar toda esta trayectoria, que lleva el nombre de: 50 años en la vanguardia.

- ¿Qué es lo que siente como el mayor aporte de la música popular brasilera para el mundo de la música?
- hay mucha gente buena, mucha gente desconocida. De los consagrados me gusta mucho Caetano Veloso, en mi opinión es un artista completo.


A rainha iluminada
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- Hasta ahora la MPB parece tener una capacidad bien amplia de llevar a su regazo toda clase de géneros musicales sin perder su identidad. ¿Cree que esa capacidad tiene límites?
- No, no tiene límites para estas mezclas. Creo que un proceso cultural evolutivo vive un ciclo que tuvo inicio en América do Norte y finaliza en América del Sur, por lo tanto en el futuro, no sólo Brasil, sino toda América del Sur será referencia mundial para la humanidad, culturalmente, económicamente, espiritualmente, tecnológicamente y quién sabe moralmente.

- ¿Cómo siente todo esto en relación a la antropofagia?
- En cuanto a la antropofagia, desde los hombres de las cavernas nos alimentamos de lo que otros hacen, somos y seremos antropofágicos, por lo tanto debemos escoger bien nuestros alimentos, porque todo lo que nuestros sentidos consiguen capturar se vuelve alimento para nuestro Yo. Este es el tema de mi próximo trabajo: “C eh o q se come!”. Se todo sale bien, será un disco producido en estudio y con elementos electrónicos, también en formato de songbook. Continuo trabajando. Saludos antropofágicos!

17.5.09

Héctor Alterio



“El humor es fundamental, me hace estar bien con mi entorno”


  Por su compromiso con la calidad artística y los valores humanos, es uno de los actores argentinos más prestigiosos y queridos a nivel internacional. Hoy hace teatro en Buenos Aires, donde emociona y hace pensar a través del humor.


Diego Oscar Ramos - Uno Mismo - 2008


 Con más de cien películas, decenas de obras teatrales y superado el medio siglo de trayectoria actoral, Héctor Alterio encarna - tanto en su Argentina natal como en la España que lo adoptó como exiliado político en 1975 - el paradigma del gran actor de carácter. Ese que, con sólo su presencia y sobre todo su mirada profunda y penetrante, puede aportar verdad a toda escena. En su caso, el prestigio está indisociablemente ligado a una calidad profesional premiada en ambas orillas del océano y hasta dueña de una mística que reflejan datos como ser el único actor presente en todas las películas argentinas nominadas y galardonadas con el Premio Oscar, de La Tregua o La historia oficial a El hijo de la novia. En España ha repetido esta ya casi lógica de ser parte de los films más respetados y hasta obtuvo un Goya honorífico a su historia como actor. Luego de una década en la que no protagonizaba una obra en Buenos Aires, la próxima primavera lo verá cumplir sus 79 habiéndole regalado a la ciudad una larga temporada con Dos menos, del escritor francés Samuel Benchetrit, donde comparte un escenario por primera vez junto al español José Sacristán. En la comedia dramática, dirigida por el actor y escritor Oscar Martínez, el anuncio médico de la muerte cercana es el despertador para lanzarse a la paradójica aventura de vivir con intensidad, habiendo resuelto primero las cuentas afectivas pendientes. Hoy Alterio disfruta del humor con que la obra habla de verdades que pueden ser duras y tiene en esta estadía laboral su regalo. Vivir varios meses en la ciudad que dejó hace tanto y que redescubre caminando, junto a sus recuerdos y al cariño de las personas que lo saludan, como a un amigo de siempre.


La felicidad del caminante


- ¿Qué está sintiendo con este regreso a Buenos Aires?
- Varias cosas que se repiten, de acuerdo a la frecuencia con la que vengo y al tiempo que estoy. Ahí se conjugan varias cosas. Hace 34 años que vivo en España y en los ocho primeros no vine para nada. Recién alcancé a venir al final del gobierno militar. Y de acuerdo a las contingencias sociopolíticas del momento se producen situaciones diversas que voy manejando, siempre en base a una situación muy curiosa: estoy siempre con un billete de vuelta. Esa primera llegada coincidió con la guerra de las Malvinas, evidentemente venía con una información mucho más profusa y certera de la que se vivía aquí y me llamaba profundamente la atención que mis amigos, mis pares, la gente de mi entorno, difería bastante de lo que yo pensaba. Me llamó bastante la atención el nacionalismo cultivado por el gobierno de turno y me di cuenta de que me sentía extranjero en mi propio país, me sentí ajeno. Yo discutía, manifestaba mis opiniones, pero después me volvía a otro lugar. Fui testigo presencial del corralito, de la quema de coches, todo ese desastre del 2001, pero siempre con la actitud del billete de vuelta.


  - ¿Cómo vive esa actitud?
- La vivo bien, porque he conseguido disfrutar mi país, más allá de los hechos dolorosos. Siempre fui hincha de Chacarita Juniors y lo sigo siendo, pero me da mucho pudor cuando me preguntan cómo forma el equipo. Soy muy futbolero, hincha del Real Madrid, un equipo del que puedo decir cómo forma, de abajo para arriba y de arriba para abajo. Los jugadores argentinos que conozco son los que juegan en Europa. De aquí, sólo algunos puntuales. Y todo eso repercute en la situación política, conozco las cosas puntuales, pero hay una cantidad de políticos importantes y de peso a los que no les conozco el nombre. Lo que me gusta es recorrer las calles, tirar de la cuerda del recuerdo, revisar todos mis años de infancia, de adolescencia, de juventud.


  - ¿Qué lugares de la ciudad recorre caminando?
- La zona de Chacarita, donde viví toda la vida. Hay una gimnasia que hago, mirar hacia arriba, porque la parte de abajo ya está reformada, por negocios, por carteles, pero los frisos de las casas se conservan intactos. Eso hace reverdecer mis recuerdos, es una gimnasia que me lo permite el caminar. Chacarita porque era mi barrio, pero trabajé muchos años como corredor de la empresa Terrabusi y tenía zonas, conozco mucho Liniers, Villa Devoto, el centro. Esos años me permitieron conocer mi ciudad, que es la que recupero cada vez que vengo.


- Y en esta venida llegó con más tiempo. 
- Sí, hay salidas en las que estoy 20 días, un mes, depende de la propuesta de trabajo. En esta me quedaré un tiempo largo, en otras oportunidades me tocó bastante tiempo, pero no en Buenos Aires, sino en el sur. En fin, son contingencias del trabajo. A pesar de que veo los problemas, gozo de mi país, me gusta, siento algo muy gratificante, que es la palmada de ese anónimo, que no vi nunca en mi vida, que no voy a ver más, salvo por esa fracción de segundo donde me dice “Gracias flaco”.




- ¿Siente mucho cariño de la gente? 
- Mucho, respetuoso, gratificante, sincero, sin que entre en la frivolidad, porque no soy un cantante de rock, ni mucho menos. Entonces, eso también forma parte de mi gratificación con mi país y mi ciudad. Ahora me ha tocado vivir, por razones de producción, por el echo de estar tanto tiempo, en un departamento que me alquilaron en Palermo. Y salir a la calle por la mañana me produce sensaciones muy particulares, me acuerdo que de adolescente me iba a la casa de un tío mío, Eduardo Alterio, arquero de Chacarita, que vivía con mi tía y mi primo. A veces los fines de semana iba a dormir ahí, en el Once, en Castelli 340. Mirá cómo me acuerdo! Y salir a la calle era una cosa distinta de lo que me pasaba en Chacarita, que era más aldea, un lugar más tranquilo. Es lo que estoy sintiendo ahora cuando salgo en la calle Anchorena, donde estoy viviendo. Esas cosas me provocan, me movilizan mucho y me retrotraen inmediatamente. No puedo dejar de acordarme de mi tía, de mi tío. Eso me hace feliz. Y me entretiene.


Tiempo de decir


- ¿Qué siente con la creencia popular de que el tiempo da sabiduría?
- Lo tengo que relacionar con mi trabajo. Y en mi trabajo la continuidad de mi tarea hace que no repita errores. Si eso es sabiduría, no lo sé. Me molesta mucho estar sentenciando. Me gusta mejorar en mi trabajo y como resultado de eso también mejorar en mi forma de ser. Soy muy respetuoso, a lo mejor lo soy porque quiero que me respeten.


- ¿Es hombre de tener muchos amigos?
- Tengo amigos, sí. Curiosamente voy teniendo más amigos en España. Y curiosamente argentinos. Aquí se van diluyendo, pero como tengo la posibilidad que me da mi profesión de sentirme querido por la gente, eso suple cualquier (piensa levemente)... Siento amigos por todos lados. Siento cariño y eso me hace sentir bien.


  - ¿Y cómo es en relación a expresar sentimientos, un tema muy presente en Dos menos?
- Soy muy melancólico, me duele mucho todo lo relacionado con la niñez, eso ahora se va acentuando porque tengo una nieta que acaba de cumplir dos años. Todo está centralizado en ella y me resulta tremendamente doloroso ver a un chico angustiado, aunque sea por la pérdida de un juguete o porque no quiere salir del baño y llora. Son cosas que me provocan una angustia terrible y expreso mis sentimientos de una manera un poco primaria. Pero por suerte lo reconozco y trato de controlarme.

- En la obra es muy importante lo que les pasa a los personajes cuando pueden hablar de su vida y hasta redescubrir zonas ocultas de su historia, lo que termina siendo liberador. ¿Qué siente con el poder expresar lo que nos pasa?
- Creo que expresarse es fundamental en todos los órdenes de la vida. El psicoanálisis tiene un basamento fundamental en todo eso. Es necesario hablar, comunicarse, entablar relaciones, aunque no haya amistad. Yo soy bastante retraído y silencioso, debe ser producto de una timidez que no se me ha ido nunca. Ahora parecería que no soy tímido, pero sólo parecería. Soy muy de no ir donde no me llaman, de pedir permiso, de golpear la puerta, de tocar el timbre. Tengo un hermano aquí, el único que tengo y cuando voy a su casa pido permiso, aunque sé que estoy en la casa de mi hermano...


- ¿Pero eso no es educación o respeto más que timidez?
- Puede ser educación, soy una persona bien educada. Soy una persona que saludo, digo “Buen día”, pero todo eso está incorporado en uno para que también reciba el “Buen día” del otro. Tampoco me preocupa si no me saludan, estoy en un momento en que no me hago tanta malasangre como en una época. Será que estoy previendo el final de la carrera, que no me afecta.


- ¿Habla de su carrera como actor?
- Bueno sí. También de mi carrera como ser humano. Pero no me afecta. Claro, en tren de elegir, en utopías, me gustaría estar otra vez en mi adolescencia, que lo pasé muy bien, cuando me iniciaba en el teatro. Por lo demás, la vida está hecha, tengo dos hijos, que viven en Madrid, también dedicados a esta profesión. Y uno de ellos fue el que me dio a mi nieta. Estoy muy bien, llevo más de 40 años de casado con mi mujer, con las vicisitudes lógicas y la posibilidad que me da esta profesión, de estar tiempos alejados, que acentúan el cariño. He pasado once meses muchas veces o un año trabajando fuera de mi casa y la necesidad del reencuentro hace que refortalezca la relación. Así pasaron, como quien no quiere la cosa, 40 años. Y aquí estamos.



El histrionismo del niño


- ¿Qué recuerda de su niñez?
- Quizás de aquí viene mi forma de ser. Fui un chico muy enfermizo, muy tímido, muy introvertido, muy miedoso, nada brillante en el colegio. La única brillantez, que iba despuntando a medida en que iba creciendo era el sentido del humor, que me posibilitaba imitar a los profesores o a los compañeros. Esto acrecentaba mi sentido del protagonismo. Ese histrionismo ocultaba mi ignorancia, porque era un negado para las matemáticas, era un mal alumno o un vago, en el buen sentido de la palabra.


- O no le atraía todo eso. 
- No, pero sí me atraía lo otro. Tengo una imagen muy anterior a esto que estoy contando. Tenía cinco o seis años, me veo rodeado de un grupo de chicos con sus caras divertidas, escuchando lo que yo les contaba. Estoy con un palo, divirtiéndolos. Eso, digamos, es el inicio de mi necesidad de entretener, de divertir. Allí estaba centralizado todo, pero seguía siendo enfermizo, introvertido. Además me disfrazaba en los carnavales de mi barrio, con lo que me encontraba. Ese disfraz me permitía ocultar mi timidez, mis defectos y ser otro. Me transformaba en galante, en arrollador, en simpático, en atrevido. Eso para mí era una liberación que me duraba todo el tiempo que duraba el carnaval y todo el tiempo que me permitía tener un disfraz, que hacía con lo que encontraba. Era un divertimento que, con el devenir de las cosas, fue para otro lado, fue el basamento de esta profesión. Cuando imitaba a un profesor y estaba esperando la amonestación, resultó ser un director de teatro, que tenía un conjunto. En vez de la amonestación me dijo: “Lo que te conviene es venir a hacer teatro”. Así empecé a los doce años a trabajar en el Conjunto Filodramático, que se dedicaba a hacer funciones. Luego seguí. Esos son recuerdos gratos.


- ¿Cuando se disfrazaba, había algún disfraz que le atrajera más?
- No, porque no eran disfraces concretos. No me disfrazaba de mosquetero ni de Superman. Eran cosas que encontraba para taparme, si encontraba una careta, mejor, o un sombrero, ropa vieja de mi casa, zapatos. Así iba gritando, transformándome en lo que no era realmente.


  - A lo largo de su carrera hay una imagen promedio de sus papeles, donde interpreta hombres duros, de carácter muy fuerte. ¿Qué siente con esos roles?
- Fueron trabajos en películas que pudieron tener una mayor convocatoria, que me permitieron desarrollar personajes que difieren bastante de mi forma de ser. Ahí entra en juego la curiosidad, la necesidad de indagar en uno, de hacer cosas que uno no es. Hay un viejo actor americano que decía: “Entre elegir un personaje malo y uno bueno, elegí el malo, porque es el que más molesta y el que más queda en el espectador”. Más allá de la molestia, el espectador se queda hablando más de ese personaje. Y eso es lo que creemos que nos permite a los actores hacer cosas ajenas a nuestra personalidad. Durante un tiempo tuve que hacer militares, gente relacionada con la corrupción, una cantidad de cosas que yo no soy, seguro! Esos papeles, que me hicieron trascender mucho, me gustó hacerlos por el sentido del histrionismo.


- Hoy sin embargo, en el papel que hace en el teatro genera ternura y humor. 
- Bueno, sí, más que la ternura, lo que me gusta más es el humor, me resulta muy importante, para mi vida personal y profesional. Me aporta el divertimento, el entretener y estar bien con mi entorno. Es fundamental.


- ¿Tiene que ver con ese niño entretenedor del que hablaba?
- Sí. Y además porque soy un enamorado del Neorrealismo italiano, previo y posterior a la guerra, que fue fundamental en mi vida. Consiguieron despertar la atención de mucha gente a través del humor, contando cosas terribles. Siempre estuve lamentando no haber participado de ese movimiento y por otro lado siempre estuve agradecido porque los grandes maestros italianos que participaron de ese movimiento me han dado muchas cosas. Fueron mis maestros.

- Ya que menciona al humor, fue protagonista de una escena famosísima de la película Caballos Salvajes...
- La puta que vale la pena estar vivo, sí.


- ... que generó muchas parodias también.
- (Se ríe con ganas)


 - ¿Qué siente hoy con esa escena?
- De esa escena, recuerdo que estábamos en el sur, haciendo una secuencia al aire libre y Marcelo Piñeiro, que estaba en permanente contacto con Aída Bortnik, la coguionista, recibe una llamada telefónica de ella cuando estábamos a punto de filmar. Y me dice: “Acaba de llamar Aída diciendo que digas La puta que vale la pena estar vivo”. Eso nos dio un vuelco total a la escena, que estaba prevista con otras frases. Decir eso implicaba una manifestación de optimismo frente a los hechos y aún hoy está coleando. Hay periodistas que la tienen en el contestador. (Se ríe). Y la gente que pasa por la calle me lo grita. A mí me gratifica mucho.


- ¿Y sobre el sentido de la frase?
- ¿Con la idea de estar vivo, poder decirlo y poder hacerlo? Sí, sí. Claro que vale la pena, por muchas cosas. Vale la pena poder dar palmadas y que te las den.


- ¿Y qué vale la alegría, en lugar de la pena?
- Vale la alegría el humor. También las reflexiones. Y si se pueden decir con humor, mejor!



Biografía 





1929: Nace en Buenos Aires el 21 de septiembre. 1948: Debuta en el teatro como protagonista en la obra Cómo suicidarse en primavera. 1950: Crea la compañía Nuevo Teatro, donde trabaja hasta 1968, generando una revitalización de la escena argentina. 1965: Debuta en cine en Todo sol es amargo, de Alfredo Mathe y su presencia es constante en las mejores películas del resurgente cine argentino, como en la épica El santo de la espada, de Leopoldo Torre Nilson (´69). 1970: Actúa en consagratorias películas como Argentino hasta la muerte de Fernando Ayala y La Fidelidad, de Juan José Jusid. En los años siguientes se le ve en films como La mafia, Los siete locos y La venganza del Beto Sánchez. 1974: Un año especial en su filmografía: La Patagonia rebelde, de Héctor Olivera, recibe el Oso de Plata en Berlín y La tregua, de Sergio Renán, es nominada al Oscar como Mejor Película Extranjera. 1975: Estando en España se entera de amenazas de muerte de la Triple A y decide no regresar al país. Comienza a construirse un lugar importante en el cine español y participa de hitos como Cría Cuervos (1975), de Carlos Saura, A un dios desconocido (1977), de Jaime Chavarri y El crimen de cuenca (1979) de Pilar Miró. 1980: Recibe el premio al Mejor Actor en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián por su trabajo en El nido, de Jaime de Armiñan. La película fue nominada al Oscar y la Asociación de Cronistas de Nueva York lo premia como Mejor Actor. 1982: Regresa al país para trabajar en coproducciones argentino españolas, pero sigue viviendo en España. En los años siguientes es premiado por la Asociación de Críticos Latinoamericanos como mejor actor. Participa de películas marcantes del cine argentino post dictadura como Adiós Roberto (de Enrique Dawi), Los chicos de la guerra (de Bebe Kamín), Camila (de María Luisa Bemberg) y La historia oficial (de Luis Puenzo), ganadora del Oscar a la Mejor Película Extranjera. 1990: Durante los ´90 profundiza su trabajo en ambos continentes, en films de María Luisa Bemberg, Gonzalo Suárez, Marcelo Piñeiro y Eliseo Subiela como Yo la peor de todas (90), Don Juan en los infiernos (´91), Tanguito (´93), El detective y la muerte (´94), Caballos Salvajes (´95), Cenizas del paraíso (´97), Pequeños milagros (´98) y Plata Quemada (2000). 2001: El nuevo siglo afianza su lugar de actor de prestigio en éxitos como El hijo de la novia, de Juan José Campanella, nominado al Oscar como Mejor Película Extranjera y por el que recibió el premio de Mejor Actor Secundario por el Círculo de Escritores de Cine de España. Por la película de Diego Arsuaga El último tren (´02) fue reconocido como Mejor Actor en el Festival Internacional de Cine de Valladolid. 2004: Es homenajeado con un Premio Goya Honorario por su trayectoria actoral y comparte escena con su hijo Ernesto en el film de Inés París Y Daniela Fejerman Semen, una historia de amor. Ya había trabajado con él en Tango Feroz y en 2005 lo haría en la miniserie televisiva Vientos de agua, dirigido por Campanella. Estrena en teatro en España la obra Yo Claudio. Y dos años después la pieza El túnel, dirigido por el argentino Daniel Veronese. 2008: Luego de protagonizar en España la película del debutante Aitzol Aramaio Un poco de chocolate y a una década de su última presencia teatral en Buenos Aires, inicia en mayo una temporada de más de medio año con la pieza Dos menos, junto al español José Sacristán, con quien ya compartió películas españolas como Asignatura pendiente, A la pálida luz de la luna y ¡Arriba Hazaña!, dirigidos por José Luis Garci, José María González Sinde y José María Gutierrez.