28.8.09

Cruz del Sur

Guía de los mundos

Esta constelación de cuatro estrellas pertenecientes a la Vía Láctea tiene una historia de enorme importancia para muchas culturas originarias de América. Y otro tanto para los primeros marinos europeos que llegaron al continente.



Diego Oscar Ramos - Revista Espacio - 2009

Imágenes: cortesía Cielo Sur - Astro y Ciencia

Quienes vivimos en el hemisferio sur, es común que desde niños aprendamos a identificarla en el cielo, como si un mensaje vital se siguiera transmitiendo de familia a familia, herencia de momentos donde pudo ser esencial conocerla para orientarse en las navegaciones. O porque en su brillo podían verse reflejos de formas animales que se consideraban sagrados para la supervivencia. Herederos como somos de la mezcla de los que estaban antes con los que aquí fueron llegando, la Cruz del Sur tiene una rica historia simbólica. Y ese valor que algunas culturas precolombinas le daban como portadora de unión entre cielo y tierra, también puede ser un lazo cultural entre nuestros mundos.

“Quien primero denominó Cruz del Sur a ésta constelación, fue el marino Hernando de Magallanes, llamándola Cruz do Sul en su viaje en el año 1505, acompañando a Lourenco de Almeida”, escribe en un trabajo muy interesante la investigadora argentina Silvia Smith, fundadora de Cielo Sur, un portal astronómico con una década de existencia. “Investigo esta apasionante disciplina, porque es la madre de todas las ciencias”, nos comenta Smith, que incluye en su compilación de referentes históricos que ya daban cuenta de esta constelación a Dante Alighieri. En la Divina Comedia menciona cuatro estrellas que habían sido las primeras vistas por ojos humanos. Si bien en la época del poeta no se sabía de la existencia de las tierras americanas desde donde pudiese verse la Cruz del Sur, no deja de ser sugestiva la mención, habida cuenta de las futuras simbologías que habría entre el nuevo mundo y el mismísimo paraíso mencionado por la Biblia. Fue justamente el aventurero Américo Vespuccio (1454-1512), remarca la investigadora, quien le escribe sobre esta constelación a Lorenzo de Pier Francisco de Médicis, lo que lo volvería el primer europeo en observarla, otro privilegio que le diera la historia al mismo hombre que acabara dándole nombre al continente.
Claro que cabe que él fuera sólo el primero en haber hecho el registro, ya que cabe la posibilidad de que Marco Polo (1254-1324), el viajero por antonomasia, las haya observado antes, cuando llegó a las islas de Java y de Madagascar. “Aunque él no la nombra directamente, sí existe una descripción del filósofo y médico Pietro de Albano, a quien Polo describió las estrellas que se encontraban al Sur del Ecuador”, indica Smith. Agrega que la mención a la constelación hablaba de su magnitud modesta, pero podría haber sido revalorizada, ya que en El Libro de las Maravillas, el explorador menciona que la estrella Tramontana – como se la llamaba a la estrella Polar - no se veía desde esas latitudes, lo que vuelve probable la necesidad de hallar una nueva guía para los que navegaran estos mares. “Y la formación más llamativa era, indudablemente, la Cruz del Sur”, refiere la investigadora y regresa al universo dantesco, al pensar que estas descripciones de Marco Polo pudiesen haber llegado a Dante, en cuya mente imperaba el imaginario del paraíso terrenal.



Yendo mucho más atrás en el tiempo, durante el siglo II, el astrónomo egipcio Ptolomeo hizo un catálogo informativo sobre 1022 estrellas, el llamado Almagesto, incluyendo sólo estrellas visibles desde la latitud de Alejandría (31,13,12N), desde donde Acrux (Alpha Crucis) podía verse a 5 grados sobre el horizonte sur. “En la actualidad, desde dicha latitud sólo se observa Gamma Crucis a 1,5 grados sobre el horizonte”, agrega Smith. Y comenta que en 1624, es el astrónomo alemán Jakob Bartsch quien distingue las estrellas componentes de la Cruz del Sur que Ptolomeo había incluido en Centaurus. El detalle significativo es que la visibilidad se fue perdiendo por efecto del movimiento de precesión de la Tierra. Los que la verían, quizás hasta antes de Vespuccio, serían otros navegantes europeos, como el piloto y astrólogo portugués Joao de Lisboa desde la costa este de Brasil cerca del año 1500, junto al también navegante Pero Anes. Juntos escribieron un Manual de Navegación en el que ya recomendaban a todo el que se aventurara en estas aguas el uso de esta constelación para encontrar la Estrella Polar Sur Sigma Octantis. Recién en 1679 se convertiría esta constelación en la número 63, cuando se la independiza de Centaurus, donde figuraba en registros históricos como parte de la pata trasera izquierda del animal mitológico.

Uniendo lazos

En el valioso sitio Astro y Ciencia el investigador español Juan Miguel comenta que el erudito victoriano R. H. Allen en su obra Los nombres de las estrellas da una vuelta de tuerca a estos saberes. Ya que indica que hubo una tradición antigua que aislaba a la Cruz del Sur de las constelaciones que la rodeaban, además de revalidar la idea de que Dante estaba hablando de esta constelación. Comenta que “en el siglo XI DC el astrólogo árabe Al-Biruni descubrió que desde 30º latitud norte en la India se podía ver una configuración estelar del sur, conocida como Sula: La viga de la Crucifixión”. Luego agrega que aquí habría una clave para interpretar la referencia del texto del italiano, de principios del siglo XIV, cuando la entrada al purgatorio se da por el hemisferio sur. Allí donde el poeta ve esas cuatro estrellas, “las mismas que vieron los primeros hombres y que desde entonces ningún vivo a vuelto a ver”. La aclaración da pistas precisas de lo que podría ser críptico o apenas poético: estas estrellas no pueden hoy verse en el hemisferio norte, los primeros hombres son los primeros cristianos, por ser visible la Cruz del Sur desde Jerusalén en tiempos de Cristo. “Como Dante conocía los efectos de la precesión, se refiere a una era sin Dios tras la muerte de Cristo, cuando la Cruz empezó a desaparecer del cielo”, completa Juan Miguel, con ecos místicos que verán su reflejo en la parte netamente americana de esta historia.

“La Cruz del Sur como tal la conocemos desde hace pocos siglos, anteriormente se la observaba como parte de otros objetos, como animales o plantas, que tuviesen que ver con el entorno de los diferentes pueblos que observaron las estrellas más brillantes que la componen”, nos comenta Smith, que agrega que esta constelación solía observarse como un todo junto a las dos estrellas más brillantes de Centaurus, Alpha y Beta. Los mitos aborígenes sobre estas formaciones estelares son diversos y lo que sabemos ha llegado vía oral, cuenta Smith, a través de un resguardo de tradiciones que sobrevivieron la represión por ser consideradas paganas para la evangelización europea. La misma oralidad actuó en la vida de la investigadora, por tener entre sus fuentes a los relatos que su padre le hacía y al legado que le dejó con su experiencia trabajando en la Patagonia haciendo mediciones geográficas para el Instituto Geográfico Militar Argentino. Allí le hizo dar cuenta de la cantidad de registros rupestres de manos y patas de animales, soles y flechas. Más tarde Smith tendría estos registros como un punto valioso para conectar la fuerza que tiene en el imaginario de culturas aborígenes sureñas la figura de animales sagrados, como el sirí o ñandú, ligados a los cielos.


Entre otras historias que compiló de viajes y búsquedas, apunta un antiguo relato, donde un río blanco y zigzagueante persigue al sirí, que corre y zigzaguea para huir del río, pero debe cuidarse de no meter la pata en un pozo negro, mientras lo miran un anciano y una anciana. La interpretación daría con que el río zigzagueante sería la Vía Láctea, la pata es la Cruz del Sur y el pozo el llamado Saco de Carbón. Los ancianos son la Gran Nube de Magallanes y la Pequeña Nube de Magallanes. Esta leyenda tendría un origen en los indios Chiriguanos y Chahuancas, que ven al surí representando a su cabeza con las cuatro estrellas de la Cruz del Sur, el cuello por unas cuantas estrellas de Centaurus, siendo el collar blanco del cuello del animal representado por Alpha y Beta. Esta visión habría sido también adoptada por los Chanes, una etnia vecina. Aunque, como asegura Smith, la figura del ñandú en relación al cielo se repetirá en otras culturas originarias, aunque pudiendo aparecer ciertos cambios, como representar una pisada del animal o su pata atrapada por las boleadoras, el instrumento autóctono para cazar. En este caso se revelaría la relación directa entre ciertas visiones del cielo y las imágenes propias de las cacerías.

Hermanos de arriba

La misma Vía Láctea ya tenía una fuerte presencia en estas visiones. El doctor Roberto Lehmann Nitsche, en un estudio citado por Smith donde abarca la totalidad del territorio argentino para estudiar la visión astronómica indígena del país, asegura que la Vía Láctea “era para los indios de Buenos Aires y de la Patagonia septentrional que vivían en el siglo XVIII el campo donde sus antecesores cazaban avestruces”. Las estrellas podían dar lugar a todos los actores del gran evento, de los cazadores a las plumas dejadas en dos montones por las aves cazadas. Para la etnia Mocoví, de la región chaqueña, un relato indica que unos perros siguieron un avestruz, que logró trepar al cielo, donde también la siguieron. El ave quedó en el Saco de Carbón. Otra versión dice que en el cielo hay una pareja de avestruces, el macho adelante, que se juntan y ponen un nido, en la etapa de buen clima. Del nido salen muchos pichones, que son criados y bajan a la tierra con la primavera, para comer flores y para que la gente tenga con qué alimentarse. Los Mocovíes llaman Amanic al crucero, nombre que remite a este animal. Otro mito habla de un indio corriendo a un avestruz, que trepa al cielo y allí se queda, formando su estampa con estrellas. Es allí que el crucero, junto al Saco de Carbón, forman su cuerpo. Y Alpha sería el cazador, mientras que en un relato complementario, Beta sería el perro compañero del hombre.

Para el informe de Smith, los indios guaraníes también veían un enorme avestruz en el firmamento, que no se los devora porque un ser supremo también le puso a mano una gran bolsa de alimentos, el ya mencionado Saco de Carbón. La leyenda dice que antes los depósitos de alimentos eran tres, por lo que cuando el animal devore los dos restantes, irá por el mundo entero y será el fin de los tiempos. Estas creencias completarían entonces visiones que irían de una punta a otra de la Argentina y países limítrofes como Paraguay y Brasil, contando con historias vinculadas al ñandú y la Vía Láctea vista como un gran río para Araucanos, Wichis, Quichuas, Aimaraes y Onas. Es en Brasil donde Smith recoge aportes del investigador Carlos H. A. Andrade, quien asegura que la Cruz del Sur ha tenido mucha importancia para la cultura Inca, hallando muchas construcciones a ella relacionadas a esa constelación, porque sus estrellas indicaban hacia donde quedaba el Polo Sur, lo que les ayudaba a definir las estaciones del año, las mejores fechas para plantar o cosechar. Y era clave para ubicar solsticios y equinoccios. En la localidad peruana de Ollantaytambo se encontraron muchos grabados sobre piedras relacionados a esta constelación, como en Nazca, donde sólo pueden ser vistos desde el cielo. Luego Smith aporta datos sobre las costumbres mexicanas del 3 de mayo, el Día de la Cruz, por ser cuando más visibilidad tiene esta constelación, dándose todo tipo de costumbres religiosas relacionada con un sentir católico con huellas de creencias aborígenes. Ese día, por otra parte, el pueblo boliviano tiene celebraciones, aunque referidas específicamente a la entidad estelar, a la que sus antepasados cultuaban bajo el nombre de Achakana.

Astronomía andina

Para el astrónomo Manuel de la Torre, investigador de la cosmovisión andina para la Dirección Nacional de Arqueología de Bolivia, la Cruz del Sur es la constelación principal para el mundo andino. Porque “era la guía para los caminantes del altiplano, marca la dirección Sur y se la puede observar más de 9 meses al año”, además de que “por su posición permite determinar diferentes épocas agrícolas, como la época de cosecha, que es el 3 de mayo, donde se realizan importantes ceremonias”. Seguro de los conocimientos que en estas tierras había sobre los cielos, el astrónomo es un gran difusor de la cosmogonía andina y asegura que “los pueblos andinos construyeron en todo su territorio una serie de observatorios astronómicos, desde donde realizaban observaciones del Sol, la Luna, los planetas y las constelaciones”, teniendo estas observaciones un destino de signos precisos para los dos calendarios esenciales, el agrícola y el ceremonial.

“El conocimiento de la astronomía eraimprescindible, llevó a la construcción de verdaderas ciudades astronómicas para la observación de los movimientos celestes, a cargo de sacerdotes o amautas que hacían las observaciones”, indica Silvia Smith. Aunque el astrónomo argentino Sixto Giménez Benítez, director del Museo del Observatorio Astronómico de La Plata es más cauto. “Hay un problema con llamar observatorios a los sitios que pudieron tener alguna función astronómica, ya que esa palabra nos remite, en nuestra cultura, a un concepto bastante concreto relacionado con el seguimiento preciso de los objetos celestes”, aclara y reconoce que, por lo general, sí estaban ligados a la observación de fenómenos solares que podían utilizarse para definir un calendario. Estas actividades dieron lugar a símbolos como llamada Cruz Chacana o Cruz Andina. Así habla de ella Silvia Smith: “Tenía y tiene una gran importancia en la cultura andina, considerada como un especie de puente entre lo material y espiritual, algo mucho más complejo que la simple visualización de un asterismo o constelación”. Dice que se la encuentra en infinidad de representaciones, también como símbolo propiciatorio de lluvias, como cruz escalonada, como la Doble Cruz de Pumapunku en Bolivia o la Cruz Triple de la Isla del Muerto, en Nicaragua. En todas las culturas se encuentran simbologías con pertenencia a la cruz, de América o África, a China, India y Australia. En muchos de estos puntos, culturas ancestrales vieron en la vía láctea un río para navegar, muchas veces como conexión entre la vida y la muerte. Y han visto al crucero como una pata de águila.
Hasta los egipcios antiguos pudieron haberla cultuado, según estudios de Alberto Martos Rubio, en la cruz ansada con que justamente representaban la vida y de lo viviente. Y también en la India, cuando hablaban de una constelación que existía en otros tiempos, llamada Sula, que quiere decir “la viga de la crucifixión”. Estas coincidencias apasionan a Smith, que aunque hace muchos años que se dedica a la investigación, aún sigue sorprendiéndose con la gran cantidad de simbología ligada a representaciones celestes como la Cruz del Sur que enlaza poblaciones que nunca podrían haberse encontrado. Así estas estrellas, además de guiar movimientos, navegaciones o cosechas, estarían ayudando a crear puentes humanos. Allí donde los ojos dibujan en el cielo lazos de unión entre vidas, distantes en tiempo y espacio, pero unidas en un abrazo perpetuo entre lo que brilla, allí arriba y aquí abajo.

Datos básicos

La Cruz del Sur es la más pequeña de las 88 constelaciones definidas en la modernidad occidental. En contraste con la menos famosa Cruz del Norte, esta constelación ha sido históricamente muy útil para la orientación, ya que al extender el eje principal de la cruz tres veces y media se llega hasta el polo sur en el cielo, con una leve diferencia de grados. Está rodeada por la constelación Centaurus por tres de sus lados y el cuarto por la constelación Musca. Por mucho tiempo se la concibió como parte de Centaurus, hasta que la expedición de Vespuccio en el 1500 la independizó, al ser trazado el mapa de la Cruz del Sur, junto al de las estrellas de Centaurus, Alpha y Beta. La constelación es visible en latitudes entre +20° y −90°, su mejor visibilidad se da a las 9 p.m. durante el mes de Mayo. Tiene cuatro estrellas, siendo Acrux la más brillante.

Cruzada solidaria


La Cruz del Sur ha servido también para que un médico argentino encuentre un símbolo con fuerte tradición para ponerle nombre e imagen a una tarea solidaria. El pediatra Rubén Sosa ha tomado a la cruz Chacana incaica para representar su gesta Proyecto Cruz del Sur de la Educación, por la cual ha estado realizando populares eventos donde se remontan cientos de barriletes en puntos equidistantes de la Argentina que han formado la imagen misma estelar. Desde la tierra el médico ha hecho el dibujo de la cruz del sur para transmitir valores solidarios y esencialmente juntar libros para bibliotecas de escuelas de todo el país. Ya ha juntado miles de libros y la gesta sigue. Amante de la cosmovisión indígena, el médico admira el estudio que las cosmovisiones indígenas hicieron con esta constelación, aunque da su propio sentido a la imagen: “Son los cuatro puntos cardinales, los cuatro vientos, los extremos de un país, más allá de lo religioso, tomo la cruz como caminos que se cruzan, como puntos que divergen y que si los unís, hasta se puede formar un rombo, que es la estructura de un barrilete”. Para conocer más de la obra: http://www.historiasenelaire.com.ar/. Y este mail: rubensosa@gmail.com para ponerse en contacto o realizar donaciones de libros para escuelas carenciadas.

25.8.09

Christophe Krywonis

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Refinada pasión


Con un estilo que combina sabores y procederes de las nuevas y antiguas escuelas gastronómicas francesas, el mediático chef cultiva formas de cocinar que aprendió de niño con su abuela.
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Diego Oscar Ramos - Playboy México - 2007
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Tan delicado como frontal, gustoso de placeres y pureza, Christophe Krywonis eligió vivir en América Latina, donde siempre se sintió más a gusto que en el París que conoció a sus 18 años y donde cocinó en restaurants que atendían a celebridades como Madonna, Robert Deniro o Prince. En la isla de Martinica, donde pasó un año a sus 20 trabajando dentro y fuera de lo gastronómico, aprendió en tierras de fuerte misticismo una lección clara: no desearle el mal a nadie porque vuelve. Como también regresa lo bueno, hizo un culto de la amistad y la sinceridad. Desde entonces amigos y empleos como cocinero lo fueron llevando de nuevo a París y luego a Las Leñas, región turística argentina, de la mano del chef uruguayo Martín Pittaluga. Con él trabajaría en Montevideo y Buenos Aires, su último destino, donde trabajó para la Embajada de Estados Unidos, abrió su empresa de catering, fue gerente de un emprendimiento multinacional y puso su propio restaurant hace una década, logrando superar con creatividad crisis económicas como la del Efecto Tequila en 1995 y la argentina del 2001. En los últimos años se convirtió en una de las estrellas de elGourmet.com, sin creerse demasiado la popularidad mediática, aunque tuvo sorpresas como ser convocado para un doblaje en Ratatouille, el film de Disney donde una rata se convierte en la más destacada cocinera de París y hasta sensibiliza con su arte a un implacable crítico gastronómico, por su apasionamiento y dedicación a la cocina, dos cosas que para Christophe deben estar en todo buen chef.


- ¿Cómo definiría su estilo en relación la novelle cuisine francesa?- Trabajo mucho sobre platos tradicionales de burgoise o bistró, actualizando recetas, restando materia grasa y azúcar a los postres. La novelle cuisine fue una tendencia de los ´70 y ´80 que ha desaparecido. Sería mejor hablar de cocina francesa actual, que es más alivianada, con menos textura cremosa y privilegia la simplicidad de los sabores, sin entremezclar mil para llegar a uno, lo que mata la esencia del producto. La tendencia más light se debe a cambios de vida, el mundo sigue girando y hay que adaptarse. Igualmente siempre trabajo lo que tengo ganas, no tengo compromisos, si quiero puedo hacer pasta o una paella. Será un 20 por ciento de lo que haré, lo demás seguirá siendo bien francés, pero ¿porque nací en Francia no tengo derecho a comer un risotto? La comida es universal, los platos tienen orígenes, pero nadie es dueño de las recetas.
- ¿Qué le atrae como chef europeo de América Latina?
- El modo de vida, la forma de hacer las cosas. Amo Francia y estoy orgulloso de ser francés, pero no podría estar en París. Rescato la buena vida, los buenos productos, vengo de un país que tiene la suerte de tener muchas cosas, pero hay que disfrutar de lo que sí hay en cada lugar. Me lo enseñaron la primera semana que llegué aquí y lo respeto al pie de la letra. Por suerte la gastronomía es un sinfín de ideas, hay miles de recetas y muchos productos de América Latina no tienen nada que envidiarle a Francia.
- ¿Qué diría de la gastronomía de este continente?- Es indispensable conocer la cocina peruana, por sus sabores. La mexicana no se queda atrás, respeta sus tradiciones, busca en sus orígenes sus ganas de comer de tal manera. En Colombia probé arepas, cosas sencillas, no tan finas, pero de un sabor increíble, como manjares a base leche de coco cocinado con arroz. Desde Argentina a México hay una multitud de culturas gastronómicas para descubrir. Lo primero que hago cuando viajo es probar lo local, si me quieren invitar a un restaurant internacional me niego. En Bogotá terminé comiendo en un mercado muy popular de Palo Quemado, donde vi flores impresionantes y una multitud nunca antes vista de frutas y verduras. Tomé una sopa de huesos con cilantro a las siete de la mañana. Fue muy lindo. Lo gracioso es que después de saber que había ido, mucha gente paqueta de Colombia fueron a visitar el mercado. Siempre hay que conocer la raíz de donde nace todo.
- ¿Le atrae mucho la pureza?
- Sí!. Cuando te acercas a la esencia de todo, la comida, la cultura, la gente.
- ¿Cuándo viaja, qué es lo primero que observa en un restaurant?- Hasta que no tengo el plato frente a mí no me hago ninguna idea prefijada. Como cualquier cliente, miro la decoración, el aspecto general del lugar, el servicio, la forma de tratar. Me importa mucho lo humano. Además confío, porque si llego a un sitio es porque me lo recomendaron, si estoy solo no voy a ir de la nada a sentarme a un lugar.
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Críticos y roedores




- ¿Cómo vivió hacer un doblaje para la versión latina de Ratatouille?- Hice una participación simbólica, soy un comensal que pide saber qué puede comer de nuevo en el restaurant ahora que hay un nuevo chef. Fue un placer, un trabajo hecho con profesionales del entretenimiento. Una rata es el enemigo absoluto de un cocinero y verla en la cocina es algo muy fuerte, pero está hecho con mucho humor. Claro que me hubiera gustado hacer de Ego, porque los enemigos de los cocineros, además de las ratas, son los críticos. Aunque los respeto mucho. Y me marcó mucho la escena del plato que le hacen, la porción de ratatouille, una interpretación muy interesante que me gustaría probar.


- ¿Ha sentido alguna vez un placer similar al de Ego en la película?
- ¿Ese flashback? Me pasa mucho con los olores. Como vivo en un segundo piso, bajo y subo por escalera, cada vez que paso siento los olores de lo que cocina una viejita que vive abajo. Y es muy gracioso, porque los olores que huelo, que pueden ser de un estofado, una carne grillada, lo que fuera, me traen recuerdos que no tenía desde la época en que vivía en la casa de mi abuela.


- ¿Qué siente con la idea del film de que cualquiera puede cocinar?
- Es así, cuando uno tiene ganas cualquiera puede hacerlo, por ahí me dicen que tengo un don, pero si hace 27 años que cocino y unos cuantos más que estoy en la cocina, tuve que aprender y tengo un concepto que por ahí otros no tienen, pero otros tendrán otros que yo no tengo. Uno no nace sabiendo.



- Ya hace una década que puso su propio restaurant, ¿cuál es su balance?- Primero me gané el respeto de mucha gente, después con la crisis del 2001 muchos decían que no iba a sobrevivir. Ahí me ofrecieron dar clases en México por 5 mil dólares, pero preferí empezar de abajo. Fue muy duro, pero interesante, porque me tuve que poner en juego y hoy en día estoy más feliz. Hasta siento que ahora sí es el momento de ir a México, me encantaría hacer algún evento. Tomen esto como un llamado.
- ¿Qué le da felicidad?
- (Entra un hombre al restaurant, de impecables traje y presencia, al que saluda con formas de cortesía bien afectivas) Este señor hace 10 años que viene a comer acá, es un cliente de la primera hora, del primer día, estas cosas me hacen feliz.
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Cuida tu cocinera


- ¿Siente diferencias entre la forma de cocinar del hombre y de la mujer?
- Mira, cuando tenés una buena cocinera, cuídala, porque vale mucho. Las mujeres son más exigentes, porque la gastronomía es un medio de hombres y tiene que pelear mucho para llegar a ser responsable de su cocina. Entonces tiene que ganarse su rango con mucha más dificultad. Yo digo que una mujer que entra a mi cocina no es una mujer, es una empleada. No le regalo nada y no es por machismo, al contrario. La comunidad de América Latina es muy machista y tienen que hacer mucho para ser reconocidas, son maltratadas. Cuando veo una cocinera le presto atención porque sé lo que le costó llegar. De hecho, cuando tuvimos cocinera su sueldo era igual al de los hombres. En otros lugares no es así, en muchas profesiones las mujeres ganan hasta un 25 por ciento menos, haciendo el mismo trabajo. En nuestro caso no.

23.8.09

Antonio Valiente


El elegido


En esta entrevista, Tony Valiente, autor de curiosos objetos de arte y aún el puestero más célebre del histórico Mercado de Pulgas porteño, presenta un nuevo cuadro donde hace una relectura del fin de los tiempos.



Por Diego Oscar Ramos - Revista C - Diario Crítica


        Si había en Buenos Aires un lugar donde el surrealismo parecía haberse materializado ese era el viejo Mercado de Pulgas de Dorrego y Álvarez Thomas, una manzana de puestos de muebles, ropa y curiosidades del tiempo más propicio al mareo de los sentidos que sólo al comercio de recuerdos o mobiliarios. Y ese circo embriagador, desde su refundación en 1990, tuvo en Antonio Valiente a su maestro de ceremonias, llamativo por usar un eterno sombrero lleno de insignias, monedas y variado chaperío y por el caos ordenado de su puesto, un imán para cazadores de objetos con aura y un festín sensorial por la sensación de feria de variedades que terminaba de provocar con los carteles de frases que ponía sobre las cosas. Algunas desviaban el concepto en sí del objeto y otras parecían más venidas de la sabiduría campechana. “Son frases que me salían solas, porque venía una persona y hablaba de algo que quedaba plasmado en mi mente y hacía que la gente me apreciara más, que hablara mejor de mí, porque tienen pimienta”, cuenta hoy Tony y lanza de inmediato algunas históricas: “No sigas al loco para el lado que dispara, que ahí es el abismo”, “No muerdas la mano de quien te da de comer, que comenzará tu vida de serpiente y alguien te aplastará la cabeza”, “El pasado es el presente, el presente es el futuro, el futuro es hoy”, “El amor es ciego, pero no te hagás problema, que el matrimonio te abre los ojos” o sus clásicas “Sonrisa, idioma universal de la inteligencia” y “Ser o no ser, esa es la Cues-Tony”, el lema que hoy cubre toda una pared de su puesto del mercado provisorio. Su puesto actual es uno de los que aún mantiene cierta radiación anárquica dentro del predio que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires destinó provisoriamente, a pocos metros del anterior sobre Dorrego, por un decreto del último período de Aníbal Ibarra. “Si un político te dice la verdad no le creas, no es político”, “El político corrupto dice la verdad cuando miente”, “Si un político te miente no le creas, seguro que te está mintiendo”, lanza al hilo Tony, disgustado porque las refacciones del predio original fueron extendiendo su plazo de finalización y tiene que hablarle ya a un tercer intendente para que se cumpla la misma promesa de la restauración: “Nos dijeron que en octubre pasamos al mercado nuevo, espero que esta vuelta cumplan con sus palabras, así que Macri, ponete las pilas papuchi, que el Mercado de Pulgas es el único lugar del mundo donde estuvo de nuevo Carlos Gardel, esto no es una fantasía mía, esto es energético, así que espero que también me prometas hacer ahí un busto en su homenaje y si es posible que me den el puesto en ese mismo lugar”.


La literatura


El episodio no es histórico, o lo es en un sentido esotérico, ya que lo que pide que acrediten de su relato es el momento en que a este cordobés nacido en 1935 - fotógrafo amateur, camionero y ex empresario del transporte de cargas convertido en autoproclamado “ciruja con carnet” luego de una quiebra económica – se le habría aparecido el espíritu de Carlos Gardel. Según su relato, el 6 de noviembre de 2002, fecha que numerológicamente da el místico número 3, todo pasó en su casa de Guardia Vieja y Mario Bravo, a pocas cuadras del museo gardeliano. A mitad de la noche, el morocho del Abasto lo llamó a Tony varias veces por su nombre, dejándolo en un transe con el que llegó a su puesto. “A las 10.36, cuando me pongo mi sombrero, que tiene una chapita de Gardel arriba, pierdo el control por completo, después la gente me preguntaba por qué los había insultado, pero estaba escribiendo la literatura que Gardel me dictaba”, cuenta y revela que el texto le decía en forma de verso que a Tita Merello la esperaban en el cielo la próxima navidad, que había que prestarle atención a Cacho Castaña en sus letras, que los políticos tenían que dejar de robar y que allá arriba hitos del Tango como Julio Sosa o Discépolo estaban disgustados porque acá abajo se estaba gastando mucho dinero para encontrar un tango mejor. “La segunda noche, se me aparece de vuelta, en el mismo lugar, pero no jodiendo tanto, porque mi energía estaba atenta, me dijo Tony, repetí el escrito y hacélo conocer a todo el mundo”, relata Valiente y enumera sus acciones posteriores: llegó al mercado, llevó la literatura a un cíber, la hizo tipear, sacándole errores de ortografía que dice no saber si eran propios o de Carlitos, lo pasó a un disquette e hizo que una amiga puestera ducha en tecnología lo enviara al mundo. El escrito pasó así por bases de datos, mails de programas de radio y televisión y hasta el de Cacho Castaña, quien hasta ahora nunca dio su opinión sobre esta curiosa apreciación gardeliana de su obra. Los que sí se hicieron eco del tema fueron, según Valiente, los periodistas Alejandro Fantino y Diego Korol, que lo entrevistaron para sus programas de la época. “Toda una semana después la gente venía a verme y creía que era un curandero, que tenía visiones”, se ríe hoy el escriba, que se cuidó de tener testigos de su hecho – o de sus reacciones poco habituales - como el taxista que lo llevaba cada mañana de su casa al mercado y a unos cuántos de sus compañeros puesteros que lo vieron transeado. Si bien todos en el Mercado ya sabían de sus excentricidades, los que leyeron su escrito antes de esa navidad tuvieron una confirmación cuando se cumplió el vaticinio de la reunión de Tita Merello, el 24 de diciembre de 2002, con los muchachos tangueros que la habían invocado desde el cielo.
         “Nadie me creyó hasta que murió Tita, pero me tiene sin cuidado, Gardel estuvo conmigo, en mi materia, la prueba es que cuando salió de mí me puse a llorar como loco, como si se hubiera muerto todo el planeta, ni con mi padre o mi madre lloré tanto, pero los que creyeron con lo de Tita es como pasó con Jesús, que cuando resucitó le tuvieron que meter el dedo en la llaga para saber que era él”, se envalentona el hombre de las frases y aclara que antes de la presencia y la literatura, él podía haber sido tanguero, pero nunca tuvo fanatismo por Gardel y mucho menos por Cacho Castaña. Dice que del único que es fanático es de Jesús, una figura de la que ya hablaremos más, pero antes una historia más de aparecidos. Si en el texto de Gardel había un texto cifrado, aquello de lo que se estaba gastando para buscar el mejor tango, la respuesta llegó en esos mismos días de transe: “Un tipo que no sé si fue un fantasma o un ángel vino a comprarme un CPU 286, porque era escritor y había salido un concurso en el Subterráneo, donde la mejor canción iba a ser ganadora de un tango para Buenos Aires, ahí supe que ese era el mensaje de Carlos Gardel”. Es obvio, ya estarán adivinando, que ese supuesto escritor nunca más pasó por su puesto, y así fue. Muchas otras anécdotas fueron girando en torno a la figura gardeliana en esos días para Tony, como apariciones y desapariciones de cuadros con la estampa del cantor, pero hay un punto que da un salto conceptual a esta historia en la que cada uno pondrá su cuota de creencia o desconfianza en mensajes del más allá.


La creación

La cuestión es que desde el episodio mediúmnico, aparte de sus performances verbales habituales en su puesto, las mescolanzas que siempre vendió comenzaron a ser parte de un procedimiento artístico que nunca había hecho. Comenzó a inventar gorros temáticos, con todo tipo de objetos pegados, siguiendo impulsos nocturnos de creatividad que venían con la misma fuerza que los mensajes de Gardel. Dice que algunos los soñaba y al otro día algún ciruja amigo se le aparecía ofreciéndole comprar justo algo de lo que se le había aparecido en sueños. A los sombreros le siguieron cuadros, chalecos y ahora lámparas, bolsos y hasta paraguas intervenidos. Sus instalaciones espontáneas de siempre ahora cobraban otra dimensión, quizás más concisa, pero con la misma carga de humor filosófico metafísico surrealista y político. Así hoy puede llamar La noche K a un gorro hecho de lámparas valvulares, Eternamente Sandro a un cuadro dedicado al Gitano donde abundan rosas y bombachas o Auxilio a otro donde reflexiona sobre el tema de la droga con una imagen kitsch de muchacha melancólica rodeada de jeringas, cruces, pastillas, un cuchillo y el pedido de ayuda armado con letras de máquina de escribir.
Valiente dice haber vendido sus creaciones a turistas de todo el mundo que pasan por el Mercado de Pulgas, menciona a celebrities como Alan Faena o Jessica Trosman, que compraron y expusieron su obra y jura que una mujer española que compró el cuadro Igual los perdono, dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, le aseguró que lo tiene en su poder la reina de España. “Qué se yo si es verdad, pero ¿por qué vino a contarme eso a mí?”, dice el ensayista de los collages, rehusante tenaz a ser llamado artista, más allá de que haya expuesto gorros en galerías de arte porteñas, locales de moda en Palermo o en la prestigiosa ArteBa 2007 durante el lanzamiento de la revista de diseño Menta. “Lo mío es ser un elegido para hacer esto, soy una energía materializada que me manejo con lo que pasa, con lo que va ocurriendo a mi alrededor, si a los demás les gusta decirme artista bienvenido sea, pero artista es alguien que se mueve a través de los tiempos y se recuerda, como Miguel Ángel o Van Gogh, alguien que hace una obra única en el planeta; lo mío es único sólo en el Mercado de las Pulgas”, reflexiona Tony, que pedirá prestar atención a la naturaleza energética de todo, desde lo que le pasó con Gardel a la forma en que va concibiendo cada creación. Será por eso que pide a sus compradores que dejen la obra como él la hizo, sin sacar elementos, porque son parte de una composición vibracional. Muchas personas, dice, llegan a sentirla: “La gente que me compra cosas, sombreros o cuadros me viene a decir en muchas ocasiones cómo le cambió la vida tenerlos”.




El tiempo

El día que se pararon todos los relojes es el último cuadro terminado de Valiente, una enorme pintura francesa de su adorado Cristo a la que intervino con otras figuras religiosas y decenas de relojes marcando una misma hora, una especie de sinfonía visual del fin de los tiempos. Si bien la imagen le apareció entera como en una ráfaga de creatividad, el proceso total le llevó de diciembre de 2008 a abril de 2009, desde que un vecino puestero le regalara la pintura, a la aparición de todos los relojes, las partes metálicas de unas camas que sirvieron de marco y las agujas de máquina industrial de tejer que hizo ser los rayos que salen de la cabeza de Jesús. Muchos de los elementos, cuenta, le llegaron de mano de sus amigos cirujas, a quienes respeta porque le vendieron desde el principio de sus tiempos de feriante y ahora admira en su sincronía para con su obra religiosa. “Este cuadro me toca mucho, amo a Jesús por sobre todas las cosas, tenía un mensaje de hacerlo así, es medio apocalíptico, aunque la hora es cualquiera, imagináte, estaba marcada en una lata de chocolate con forma de reloj de pared y le puse esa hora a todos los relojes”, detalla el creador y explica que no cree en las teorías ultra apocalípticas: “El planeta no se va a terminar, imposible pensar en eso, no se terminó en la época de los dinosaurios, menos ahora, lo que se terminan son etapas, plasmaciones, aunque esta epidemia elimine a todo el planeta, quedarán unos cuantos, volverá otra generación y con el tiempo los que van a gobernar serán los que saben, los que tienen poder de sabiduría”.
Despejada ya la duda por su filosofía en esta época propensa a relecturas mayas del Apocalipsis, se enfoca en su obra y cuenta que, como algunos relojes que puso son automáticos su obra puede contar con especimenes rebeldes al concepto total. Y cuenta con algunos ciertamente especiales, como uno de muñeca nacido en la era presidencial menemista, que le llegó al terminar la obra. “Sentí que ese tenía que estar porque también a él le va a tocar la hora y se le van a parar los relojes, pero no tiene nada que ver con la política”, explica Tony. Y de inmediato comenta que, si bien ya rechazó algunos compradores, ahora se le apareció como una nueva implosión interna el nombre de quien merece tenerlo: “Tendría que ser para Francisco de Narváez, no porque sea millonario, si me ofrecieron 12 mil dólares y no lo quise vender, pero se me puso en la cabeza que es para él”. Valiente se ríe, agarra un busto del ex presidente riojano y con la voz de Peña, el imitador televisivo del político, dice: “El tiene un plan, pero yo tengo palabra, porque este Menem yo se lo regalé hace cinco o seis años atrás, cuando venía a mi puesto, llegaba con varias secretarias y otros muchachos que lo acompañaban, me enteré después por televisión de quién era, para mí era Francisco, el que compró una rockola, entre muchas cosas que le vendí”. Humorada o editorial político surrealista, Tony afirma que cuando lo vio por primera vez a De Narváez en la pantalla, se le vino como en un título en letras moldes que él sería gobernador de Buenos Aires. “No soy adivino, alguien me lo apuntó, de repente lo veo y creo que ahora se está empezando a cumplir lo que pensé”, comenta Valiente y pide a todos los políticos que lean esta revista que no se olviden de cumplir con la promesa de devolverle en el plazo prometido su lugar original en el restaurado viejo mercado. El pedido es sentido, es que para Antonio Valiente este lugar es el sitio donde su historia tuvo un nuevo génesis. Ahí se convirtió en Tony, ese al que algunos le dicen el loco de las chapitas, otros que es un artista, mientras él insiste en que es un elegido circunstancial, que siente al Mercado como “el viagra diario” que lo pone en erección anímica y que tiene la esperanza de que sus cosas se conozcan en todo el mundo. “Que no llegue a ser como una obra de Dalí o algo fabulosamente grande, simplemente que se conozca y se valorice como lo que es”, reza Valiente. Y hace sonar las chapas de su gorro.

19.8.09

Dúo Coplanacu


Canción del monte


Nacidos hace 25 años con la renovación folclórica de la democracia argentina, giran por el país con un disco que critica los desmontes y revaloriza el arte de las teleras santiagueñas.



Diego Oscar Ramos - Revista Rumbos - 2009

     
  Roberto Cantos y Julio Paz parecen imantados hacia la generación y celebración de juntadas, como suelen decir en Santiago del Estero, el sitio donde nacieron ambos músicos, aunque se conocieran en Córdoba. Fue allí donde eligieron como nombre grupal la unión de la palabra castellana copla con el prefijo quichua nacu, que implica encuentro, reciprocidad o comunicación. Por eso es que el Dúo Coplanacu ha estado atento a trabajar por una musicalidad cuidada y rústica que sepa mantener un contacto fuerte con las personas. Con ese lema fueron ganando gran popularidad desde su fundación en 1985 y para cumplirlo decidieron quedarse en Córdoba, centro geográfico del país, para llevar las canciones a la mayor cantidad de puntos de nuestro mapa. En estos movimientos, donde Buenos Aires fue un sitio más antes que objetivo de conquista, su provincia natal les regaló recientemente un encuentro significativo.
       Desde hace dos años que participan del Festival de las teleras, realizado en el departamento de Loreto, donde el arte de los grupos de artesanas Huarmi Sumay y Huarmi Huapas son el centro de un intercambio de saberes regado de música. Tal fue el impacto de Coplanacu con estas creadoras populares que titularon su último disco Taquetuyoj, el nombre del pueblo santiagueño donde se asientan estas mujeres. “La palabra quiere decir algarrobo chico o monte bajo y nos ha gustado muchísimo la idea de esos árboles que crecen en salinas adversas, con frío y calor extremos, sin agua, que se ven de lejos y dan la idea de agruparse solidariamente”, explica Paz. Él llegó a la historia de las teleras a través de una hermana suya, asistente social, que trabajó con ellas. “Trató de tomen conciencia, valoren su trabajo, lo cobren bien”, detalla Cantos, asombrado por la fuerza conjunta de estas mujeres, contraria al prototipo habitual. “Conozco una zamba de María Elena Walsh dedicada a las tejedoras, que se llama La paciencia pobrecita, pero no tiene nada que ver con lo que he visto de estas tejedoras santiagueñas”, dice el guitarrista, que compuso una vidala en su homenaje. Y su compañero agrega: “Juntas generan un movimiento que aglutina, con un festival donde se respira mucha solidaridad, nos alegra la forma natural de estas juntadas, algo muy del hombre rural, que se maravilla con la sencillez de lo artesanal, que no lo ve como cuestión antropológica sino simplemente como amor, habilidad, entrega, aprendizaje, memoria, porque en una manta de ellas hay mucha identidad”.
       Las teleras y Coplanacu filmaron el clip de la vidala de Cantos y para el dúo esa vivencia reforzó la imagen que ya tenían de las artesanas y afirmó el entramado vital en el que se habían unido con este trabajo. “Creo que todo eso es una trama, el nombre del disco, las teleras, nosotros del medio urbano integrándonos, ellas que no se apichonaron con una cámara”, comenta Paz, dice que ellas son músicas para él, ya que asegura poder sentir música en sus diseños artesanales. Por eso ve como natural que Taquetuyoj se haya gestado como en un telar. “Hay chacareras viejísimas, temas como Volver a los 17 de Violeta Parra y las canciones de mi cumpa, todas hebras relacionadas con lo que te pasa al ver una colcha de ellas”, aporta el músico y menciona a Peteco y Carlos Carabajal, los hermanos Díaz, Leocadio Torres, Onofre Paz, Abel Saravia, Jaime Dávalos, Cuchi Leguizamón, Andrés Chazarreta y Oscar Mazzanti, todos puntos valiosos de los diseños santiagueñísimos de la octava obra del grupo.

Música del monte

      Entre músicas como Escondido de los Bombos, Velay no sé, La Causaleña o Zamba de los mineros, una piezas nueva compuesta por Cantos, Desmonte, aparece como un llamado de atención sobre el medio ambiente, pidiendo proteger ese lugar que el folclore argentino ha festejado tanto. “El monte tiene ese lugar mítico para los habitantes y para el folclore, lo que se suma ahora es el problema ecológico, que es algo político, es una obviedad que no hay que desmontar, pero aún así la codicia y la ambición de tener más ha hecho que otros valores queden descartados”, explica enérgico Cantos. Y dice que la soja transgénica ha hecho que en Santiago se acabaran con grandes porciones de monte para plantaciones sojeras. “Por cómo se agota el suelo con estos cultivos en cuatro años no habrá monte ni nada, lo que nadie resuelve, además de que se compraron campos con personas dentro, familias que vivían compenetradas con el monte y formaban parte del paisaje”, completa el compositor, seguro de que puede hablarse de estos niveles desde la potencia de la poesía.
       “La canción se vuelve una posibilidad de denuncia, de comunicación, lo que no podemos dejar de hacer”. Paz completa el concepto. “Se puede hacer un panfleto torpe o algo muy delicado, un camino que te lleve a un entendimiento, que sea mucho más contundente”, dice y cuenta que tuvo la experiencia de vivir el monte santiagueño. Por eso agrega: “Sé que Esteban Agüero tenía razón cuando hablaba de los algarrobos como catedrales de pájaros”. Entre ellos seguramente debe de tener un lugar privilegiado el crespín, un ave muy presente en el imaginario poético de Santiago. “Cuando se terminó el sol, cantan el crespín, la lechuza, se escuchan los zorros y todo tiene que ver con el descanso”, responde Paz y pide reencauzar una fama emocional del canto de este pájaro, algunas veces símbolo de un carácter provincial: “Aunque al crespín se lo nombra en tantas vidalas y chacareras por su canto triste, siento que el canto de Santiago no lo es, tiene una cosa melancólica, de añoranza, pero el lugar tiene un colorido tremendo, la salina te puede llegar a sorprender, igual que el cielo, las diminutas flores, el suelo o el mismo monte, riquísimo en felinos, aves de rapiña, aves, todos conviviendo con el lugareño”.

Alma del noroeste


 La ocupación precisa de las palabras del músico sobre las riquezas de su tierra, traen a la memoria ecos de cierto don que suele otorgarse al santiagueño a la hora de componer músicas. Julio Paz toma el dato y lo ubica en el tiempo. “Eso es algo muy de la década del sesenta, cuando las grandes delegaciones de la música folclórica venían de Santiago y se difundía el folclore del noroeste argentino, por eso parecería que sólo es folclore la zamba, la chacarera y el gato, pero todos los otros géneros, como el chamamé o la tonada, lo son también”, aclara y reorienta la cuestión. “Ser del noroeste argentino sí tiene un plus, porque la música es un protagonista diario, en el inconciente de todos los norteños hay una gran musicalidad, todos cantan, cualquiera toca la guitarra o el bombo”, explica el músico. Y luego valoriza el lugar donde vive y tiene su base de operaciones: “Hace 30 años que estamos en Córdoba y nos ha dado hospitalidad, amor, amores, hijos, la vida”. Su cumpa aporta luego el rol organizativo que tiene vivir allí. “Nosotros nos planteamos trabajar desde Córdoba para tocar por el interior del país, por eso es que llegamos a Buenos aires con una propuesta clara, fue una plaza más, cantar en el teatro Opera fue tan lindo e importante como hacerlo en el 25 de mayo de Santiago o el Alberdi de Tucumán, somos naturalmente federales, no es una postura”.
      En ese sentido es que ambos dicen que como músicos han aprendido que lo más importante es lo que puedan generar sus canciones. Las mejores noches, dicen, pueden palpar desde el escenario el ritual de unión, logrando ver como anda volando la canción por la sala, haciendo que se encienda lo más sensible del público y de ellos mismos. Por eso, en este cuarto de siglo, comenta Paz, el aprendizaje mayor estuvo en el ejercicio humano de entenderse y respetarse, además del compromiso con una estética y una ética que resume como la del hombre que vive en armonía con la naturaleza. Desde que se juntaron, dice Cantos, se comprometieron con todo lo que les iba pasando como grupo y cuidaron que el ego no atravesara la relación entre ellos, su música y el público. Y si siguen juntos, aclara, es porque no sienten estar sosteniendo ninguna estructura. “Esto es nuestra manera de vivir”, asegura Cantos y Paz, apelando a la autenticidad, completa: “Nosotros somos Coplanacu”.


Trayectoria


Al juntarse como dúo, en tiempos de la flamante democracia, Cantos y Paz unieron fuerzas en una búsqueda común. “Apuntamos a cantar cosas sólidas, de poetas como Hamlet Lima Quintana, Tejada Gómez, Miguel Ángel Pérez, el Cuchi Leguizamón, el Chivo Valladares, Manuel J. Castilla, Jaime Dávalos, Ariel Petrocheli, Mario Arrendó Gallo, gente que estaba prohibida”, detalla Paz y agrega: “Paramos la pelota con ese canto fuerte, de meta palo y a la bolsa”. Así fueron creciendo, paso a paso y apostando a la autogestión. A fines de los ´80 fueron parte del movimiento Alternativa Musical Argentina, haciendo giras nacionales junto a Miguel Angel Estrella, Lito Vitale, León Greco y Juan Falú. En los 90, participaron de distintos encuentros internacionales, se convierten en números habituales de los festivales argentinos y son premiados por la UNESCO. Al iniciar esta década ganan en Cosquín el premio Consagración y son ternados por tres años seguidos a los premios Gardel. Entonces ya estaba también consagrada su propia peña en Cosquín, inaugurada en 1997, reconocida por servir habitualmente a la expresión de músicos de gran calidad. Han editado los discos: Dúo Coplanacu (1991), Retiro al norte (1995), Paisaje (1997), Desde adentro (1999), El encuentro (2000), Guitarrero (2002), Corazón sin tiempo (2005) y Taquetuyoj (2008).

18.8.09

Hermandad mística




Culto femenino afrobrasilero


Cada año, un cortejo religioso formado por mujeres negras mayores de 50 años tiene su festividad en la colonial ciudad bahiana de Cachoeiera.

Diego Oscar Ramos - Más allá de la Ciencia - 09

Nacida hace cerca de 250 años de la vibrante unión del catolicismo traído por la colonización portuguesa con las creencias africanas expresadas en el candomblé, la Irmandade da Boa Morte, una hermandad religiosa femenina afrobrasileña, celebra el momento en que la virgen María pasa a la inmortalidad. El momento en que abandona su corporalidad, con aproximadamente 70 años, para convertirse en la gran figura femenina adorada por los fieles católicos. Claro que la hermandad, formada por mujeres negras mayores de medio siglo, estaría también venerando a entidades sagradas como Naná, Iemanjá y Oxum, al tiempo que actualiza el arquetipo sagrado de la Gran Madre, propio de las antiguas culturas matriarcales.

    El lugar donde se generó esta hermandad es la ciudad de Cachoeira, en el interior del estado nordestino de Bahía, a 110 kilómetros de Sao Salvador da Bahía de Todos os Santos, verdadero epicentro de la cultura sincrética brasileña desde que fuera la primera capital del Brasil y su principal puerto de entrada del tráfico de esclavos africanos. Y es justamente en ciudades como Cachoeira, con su arquitectura colonial preservada y la firmeza de las creencias religiosas de sus habitantes, donde puede percibirse con fuerza un clima de devoción popular que acompaña la fe con muestras de alegría festiva. Es común que en cada entierro anual de Nossa Senhora da Morte para que nazca Nossa Senhora da Glória el desfile de la imagen hasta la iglesia matriz llena de flores se de en el marco de una semana de fiestas llenas de música y ferias populares, regadas a alimentos regionales y cuerpos que danzan sambas de roda como parte valiosa de lo sagrado.



Características
  • Como ha ocurrido con todas las manifestaciones culturales afrobrasileñas, sobre todo las que revisten un sentido religioso concreto, su constitución surge desde el inicio como una manera de mantener vivas y proteger creencias o formas de vida propias de la herencia africana. Por eso el Cortejo da Boa Morte, al igual que el mismo candomblé, se ha sabido vestir de simbología católica ofrecida como alimento espiritual para cultuar sus creencias y generar una forma de contención social y política de sus miembros, antecediendo la abolición de la esclavitud.
  • El hecho histórico que propicia la aparición de un movimiento religioso como el Cortejo es la importación masiva de esclavos de la costa africana para la región del estado de Bahía conocida como el Recóncavo, particularmente a la ciudad de cachoeira, que fue la segunda en importancia económica a nivel estatal por tres siglos.
  • La inclusión actual de danzas , bajo el hipnótico influjo de ritmos como el samba de roda, provienen desde la etapa de gestación de la agrupación, cuando las esclavas tenían rituales secretos, netamente africanos donde la rueda femenina danzaba cantando y haciendo palmas, como rezo en movimiento.
  • La Festa de Nossa Senhora da Boa Morte suele realizarse todo año durante la primera quincena del mes de agosto y su duración total, depende en gran parte de los fondos conseguidos por la congregación a lo largo del año.
  • En todo el estado de Bahía el sincretismo entre las culturas negra, portuguesa y también indígena es uno de los grandes atractivos para el turismo mundial, tanto el viajero que procura un marco de cierto exotismo para sus vacaciones como para el intelectual interesado en los procesos culturales de fecunda mezcla de razas y culturas.
  • La ciudad de Cachoeira atrae también por el legado arquitectónico de construcciones propias de los siglos XVII y XVIII, siendo parte de un acerbo cultural apreciado por quienes valoran la forma en que la tradición barroca europea tomó forma propia en América.

7.8.09

César Pavón


Foto: Diego Oscar Ramos


Acordeón en transe




Tocando por años en el subterráneo, Cesar Pavón financió un disco que ganó un premio de la UNESCO. Hoy toca profesionalmente y sigue llevando su música a espacios públicos.
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Diego Oscar Ramos - Uno Mismo - Agosto 2009





En esta historia la identidad, la memoria, la tenacidad y la confianza se enlazan con la música, especialmente con una tradición que el acordeón trae desde su nacimiento con el generar ambientes festivos y aunar muchas comunidades, tanto europeas como las que se fueron generando aquí con las corrientes inmigratorias. Comencemos focalizando en el presente de un músico santafecino, nacido en Laguna Paiva, una localidad santafecina, en 1976. César Pavón es acordeonista, muchos pueden haberlo escuchado tocando música festiva con Babel Orquesta, un grupo en pleno ascenso creativo y en preparación de un nuevo disco. Otros quizás compraron su disco Un vagón de tango en algún subte, tocando con su trío El Vagón unos cuan tos tangos de Piazzolla que le hicieron recibir de la UNESCO un premio como mejor disco de música ciudadana. Y otros pueden conocerlo de fiestas privadas, contratado por gente que lo vio en los transportes públicos o espacios públicos como Plaza Francia, donde practicó por años una rutina de continuidad casi religiosa con la música, tocando semanalmente sea como sea que estuviese el tiempo o la generosidad de paseantes o turistas.
“Toco en la calle desde que llegué de Santa Fe, hace 13 años, vine también como artesano, pero acá descubrí que se podía vivir de la música en los lugares públicos”, cuenta Pavón y resalta que el subterráneo fue siempre para él una sala de concierto en movimiento, donde la cercanía de las personas lo hacía sentir en un intercambio tan potente que en el escenario estaban todos, músicos y espectadores, unidos en un impulso musical. “Antes iba todos los días, pero ahora que trabajo con diferentes bandas, que a mis 33 años ya me hice mi carrera, no quiero dejar al subte, voy una vez por semana, cuando antes tenía que ir todos los días para comer”, cuenta el acordeonista y resume lo que significó y significa este lugar: “me proporcionó todo, conocer a todos los músicos que conozco, a gente que me llama para fiestas, cumpleaños, casamientos, me sigo encontrando con colegas”. Entre los músicos que cuenta que se contactó a través de sus días de puro subte menciona a Gustavo Cordera, cantante de Bersuit Bergarabat, el dúo folclórico Coplanacu y acordeonistas ilustres como Raúl Barboza y el Chango Spasiuk.
Hoy él también es parte de lo que es una cofradía. “Pensaba que éramos pocos, pero somos muchos, hay hasta una peña de acordeonistas que se hace el cuarto domingo de cada mes, donde tocan casi todos viejos instrumentistas”, cuenta Pavón, quien comenzó a ser músico de la mano de sus mayores cuando era un niño. Su abuelo era parte de una Orquesta Típica y su padre heredó también la afición por la guitarra o el bajo. Mi primera escuela de música fue con ellos, a los 3 años ya presenciaba los ensayos de la orquesta y a los 9 mi abuelo me hacía agarrar el acordeón y me pasaba temas como Quitapenas, un pasodoble español, Quejas de Bandoneón o Bella Morena”. Muchos de esos temas, verdaderos clásicos de acordeonistas estrellas como Feliciano Brunelli, hoy los toca con Babel o cuando va a los geriátricos donde toca para personas que vivieron la época de esplendor del instrumento, donde cada fiesta tenía su orquesta en vivo. “Hace poco estuve en un asilo de la colectividad judía, toqué chamamé, klezmer, valses y temas de Brunelli, yo de un lado, los viejitos del otro, fue espectacular, todo el tiempo siento que puedo estar ayudando a despertar recuerdos”. Algunos le hacen comentarios, le piden canciones o apenas le sonríen, lo que vale un jornal entero. Quizás sólo se trate de eso, de establecer contacto, de poder comunicarse, sin que importe el tiempo, la edad o el origen cultural de las personas involucradas. Por eso es que, como dice Pavón, es importante prepararse y estudiar mucho, pero siempre para que la comunicación se haga presente. Por eso dice, mientras se prepara para el concierto del día, “hay que estar pendiente de la música, del trato con la gente, de seguir progresando y de proponerle cosas buenas a las personas”.


Más información: http://www.unvagon.com.ar/