29.9.09

Historia de las Legumbres

Diego Oscar Ramos - Gourmet - 09







Historia de los Ajíes





Pirotecnia vegetal  

Nativos de América y llevados a España por Cristóbal Colón bajo el confuso nombre de pimienta roja, son uno de los primeros aportes de nuestro continente a la gastronomía mundial. 



Diego Oscar Ramos - Gourmet - 2009 - Ilustración: Lucila Dominguez




     ¿Será más justo empezar esta historia hablando de una confusión o de un aporte de Don Cristóbal Colón para la gastronomía del mundo entero? Dejemos mejor que la intuición ubique a su manera donde poner los primeros carteles indicadores y digamos mejor que muchos errores, como dicen cocineros de variada estirpe a lo largo del planisferio, pueden ser la fuente de grandes aportes cuando de cocina se trata. Y así pasó con nuestros ajíes, digo nuestros como americanos que somos, para darle más colores y por qué no cierta pirotecnia gustativa a los paladares de los demás rincones de la Tierra. Plantada ya esta bandera, desandemos alguna otra confusa apreciación alrededor del universo de los queridos ajíes. Si bien pocos dudan de que a Europa hayan llegado de la mano de las carabelas, muchos aún creen que su presencia casi como marca de fábrica en recetas asiáticas podrían plantar dudas de su origen americano, especulando posibles nacimientos de la planta en ambos continentes o bien complejas trayectorias aventureras desde Asia y América cuando aún podía tener alguna lógica llamarnos nuevo continente. Pero no fue así, como ahora iremos viendo. Ya que pusimos la palabra confusión al inicio, sepamos que cuando Colón llega a lo que creía las Indias, se topó con este fruto de enormes variantes de la planta capsicum que tenía tanto o en realidad mucho más picante que la ansiada pimienta que todo europeo quería tener en su cocina. Y sin mucho pensar en cómo se lo llamaba por estas tierras, empaquetó su hallazgo bajo el nombre de pimientos, lo que hasta el día de hoy genera cierto parentesco forzado entre estos elementos que continúa hasta el presente, alcanza con revisar los diccionarios de la Real Academia Española para ver que consideran como sinónimos a los términos ají y pimiento. Todo comenzó con la picazón que sintió Colón con estos frutos colorados, escribiéndole pronto a sus reyes de su descubrimiento de la pimienta roja, en cartas donde decía que los nativos todo lo condimentaban con esta curiosa pimienta, lo que los hacía estar sumamente sanos.
     Así  les llevó rápidamente grandes cargamentos de ajíes con mayor y menor picor, lo que fascinó a los monarcas, pronto a las bocas más privilegiadas de la corte y así hasta establecerse en las mesas españolas para darle otras dimensiones a guisados o salsas, un uso que al principio fue imitado del consumo que Colón había visto por parte de los nativos de las islas del Caribe donde había arribado también por confusión o destino de intercambio. Lo cierto es que, aquí los historiadores hablan de números, el fruto picante habría llegado a España en 1493, bien temprano en esta historia de viajes intercontinentales, lo que no pasó con su distribución en los países europeos, ya que está datada en 1535 su llegada a Italia y en 1542 a Alemania, el mismo año en que habría arribado a India. De allí, ahora sin fechas precisas, se conjetura que fue esparciéndose por Hungría, Grecia, Turquía y los Balcanes. Algunas fuentes aseguran que, también al amanecer de estos cruces históricos, de Portugal el ají llega al continente africano en 1486 y de allí a India en 1498, pasando de allí a toda Asia, donde se hicieron bien amigos del fruto picante. Dicen, para completar, que ya se cultivaban ajíes en terrenos italianos, alemanes e ingleses a mediados del siglo XVI y que al cierre de esa centuria habría conquistado la enterísima cuenca intercontinental  mediterránea.
     La lógica ilógica de los desplazamientos humanos y sus intercambios de riquezas, metálicas o naturales, han hecho que podamos registrar casos en que, mucho más cerca de nuestros tiempos, algunas variedades de ajíes también presentes en América hallan llegado a Estados Unidos en la valija de corrientes inmigratorias europeas, cuando sus propios vecinos mexicanos podrían habérselo aportado. Lo que coincide, de todos modos, no sólo con el mismo ají que habrían adoptado como comestible de su madre patria anglosajona sino también con el americanísimo tomate, que también aprendieron a comer como imitación de costumbres europeas. Pero no es la única curiosidad digna de comentar. Ya que, como bien señaló el neurólogo peruano Fernando Cabieses en varios documentos, si no fuese porque los húngaros pronto adoptaron con sumo goce a los ajíes y parientes como el pimentón, una especie de “ají castrado” en su picantez, un investigador como Szent Györgi no habría ganado nunca el premio Nóbel por descubrir la vitamina C en sus exploraciones con estos frutos, que cuadriplican las virtudes vitamínicas presentes en las naranjas, tanto el pimentón como el ají rocoto, con la diferencia de que sólo uno pica hasta las lágrimas. Esa característica es la que dicen que usa la policía rutera en regiones chinas como Chongqing cuando interceptan un automovilista pasado de sueño. Remixando las viejas leyendas de la tortura china, se cuenta que los uniformados le dan al conductor somnoliento un preparado de ajíes picantísimos que lo deja alerta de inmediato. 

Regreso a las fuentes



      Pero volvamos a América para hablar, ya sin confusiones, de dónde es que realmente provienen estos frutos hoy indispensables. Pues bien, quisiera que aquí hubiesen acabado las confusiones, pero aparece rápidamente una nueva. Como señala el ya mencionado Cabieses en su valioso libro Antropología del Ají, aunque sean los mexicanos quienes crean que fue en sus tierras donde se originó lo que ellos llaman chile, habría sido en Bolivia donde se originó el ají padre, tan potente en su picantez como en la prole que fue legando por otros países americanos. Según el neurólogo investigador, los pájaros fueron quienes propagaron sus semillas desde el entonces Alto Perú por la cuenca amazónica entera, luego por el río Orinoco y recién después llegando a México. Un detalle interesante que destaca el médico es que los pájaros no sienten la picantez del fruto, por carecer de receptores de la incendiaria capsaicina,lo que contribuyó a que fueran felices distribuidores de la planta. Tarea que habrían cumplido bien antes de que el hombre hubiese salido de su sueño de cuatro patas para pensar alguna vez en ser recolector y mucho menos en productor de elementos vegetales para su consumo gastronómico o medicinal. Todo eso lograron los primeros habitantes de México, grandes agricultores, que nutrieron de variedades múltiples a su querido chilli, como lo llamaban los mayas, algo similar a lo que hicieron los Incas en la región andina, teniendo al axí como un alimento muy útil para complementar una dieta usual fuerte en hidratos de carbono, por las virtudes digestivas que encontraban a su consumo moderado.
     Pero no todo fue salud o alimentación en el imperio incaico, ya que se cuenta que en guerras internas, antes de la llegada del europeo, el ají seco se usaba como arma al quemarlo y generar grandes humaredas hirientes para la vista y la respiración. Esos humos lacrimógenos, posteriormente fueron usados también para enfrentar a los españoles, quienes, además de tomar como propios sus territorios, le dieron al mundo el regalo de ese fruto que Incas y Aztecas sabían ofrecer como tributo a los dioses, además de considerarlo una deidad en sí misma, como pasaba en México con la diosa Tlatlauhqui cihuatl ichilzintli, hermana de Tlátoc, dios del agua. Quizás podamos invocarla ahora mismo para que nos ayude a desandar la historia de sus orígenes, junto a la ciencia con sus registros arqueológicos. Se han encontrado en Perú restos de ají en Huaca Prieta, yacimiento arqueológico del año 2500 A.C., también algunas representaciones de ajíes en obeliscos de la Cultura Chavín con una antigüedad de 3000 años y recientemente se hallaron en Santa Elena, Ecuador, granos de ají que tendrían 6 mil años y evidencian que ya se hacían plantaciones de este vegetal. Otros investigadores hablan de un uso alimenticio con un uso aproximado desde hace 9.500 años y una domesticación datable entre 7.000 y 5.500 años, como lo señala Carlos Azcoytia en su estudio “Historia del pimiento, guindilla, chili, axí o ají”, donde indica que los aztecas no sólo usaron ajíes como moneda de cambio, como aconteció con tantos otros productos, sino que llegaron a usarlos para darle más sabor a sus platillos caníbales ceremoniales. Pero lejos ya de este pasado antropófago, presente en muchas culturas en unas cuántas épocas, terminemos el recorrido con una receta tradicional peruana: Ají de gallina. Hierva hasta ablandar una gallina grande en agua con sal, trozarla y cortarla en hebras. Preparar un aderezo con aceite, ¼ kilo de cebollas, 3 ajíes amarillos licuados, 3 ajíes amarillos secos molidos y ¼ cucharada de ajo molido. Cocinarlo hasta que la cebolla quede transparente, incorporar 6 trozos de miga de pan remojados en ½ taza de leche y revolver. Agregar luego la gallina en hebras, ¼ kilo de nueces y 50 grms. de queso parmesano rallado. Por último dejar enfriar y servir junto a papas hervidas, huevos duros partidos al medio y aceitunas. Un plato para disfrutar, e inconfundiblemente americano. 

21.9.09

Federico Leyva

Cirujano de mariposas


El músico y escritor español ha editado, de forma independiente un libro de sonetos cuya potencia  surge de la combinación de ideas, sensaciones, belleza formal y una buena cuota de humor.




Diego Oscar Ramos  - Foto apertura: Alicia Gosálvez


      Porque cuando hallamos placer, pocas cosas renuevan ese goce como compartirlo para que se extienda, de esa sensación surge la certeza de recomendar la lectura de los poemas de PESONETO, un inspirado libro que el poeta y músico español Federico Leyva ha editado y distribuido personalmente entre unos cientos de afortunados. Con una estricta estructura de sonetos, la cual en otras manos podría hasta oler a naftalina dentro de los bolsillos de un saco de tatarabuelo, el poeta logró plasmar un cuerpo conciso de poemas que transmiten una apuesta vital por una cotidianeidad de glorias constantes para toda sensibilidad atenta. Y es el  humor, presente en expresiones idiomáticas contrarias a cualquier pomposidad y también  la forma en que tiene su espacio la duda, es que estos poemas tienen un color ameno y se alejan amablemente de cualquier proposición prepotente de enseñar formas unidimensionales de vivir. Vayan entonces algunos poemas de Leyva, antes de saber más de la forma en que dio nacimiento a su libro.
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PANTALLA GIGANTE

Deseando estoy deslilusionarme,
despertar de este mátrix fariseo,
caerme del caballo del falseo,
como el Buda poder iluminarme.

Muero de ganas de desengañarme,
de que acabe este rollo macabeo, 
de dejar de jugar al Veo veo
e intentar que nada logre embaucarme.

Esto me empuja de nuevo al deseo, 
al corazón del fatal laberinto
del que, cuanto más huyo, más soy reo. 

¿Cómo escapar de este sueño angustiante? 
¿Quizá aceptarlo haría distinto 
este loco show de Truman gigante?


SIN BURBUJAS

Para Pablo Leyva

La puerta de la felicidad 
se abre hacia afuera.

Sören Kierkegaard

Cada menda se enclaustra en su burbuja
ignorando a la burbuja de al lado:
no se vio mundo tan unido y aislado 
como éste que el corazón nos estruja.

Pero siempre hay algo que nos embruja, 
que nos refresca el ánimo cansado,
que nos llama de fuera del cercado 
y a salir de nosotros nos empuja.

Reconforta escapar del propio ego, 
visitar los adentros de otro talle, 
aprender a jugar un nuevo juego.

Tratar a un alma ajena con detalle, 
compartir su ámbito sin apego 
ayudan a que la burbuja estalle.


ELECCIONES AUTONÓMICAS

Para Andrés, El Dragón Blanco de la Suerte 

Cuando te conviertes en un amante de lo que es, 
ya no hay más decisiones que tomar.

Amar lo que es,

Byron Kate

¿Cuál es la elección más acertada, 
esa que nos va justo a la medida, 
que nos ayuda a fluir con la vida 
y nos deja la mente sosegada?

¿Cuál es la decisión más adecuada, 
la que teníamos preconcebida 
o esa que ya parece decidida 
y que casi por sí sola es tomada?

¿Y si resulta que no hay decisiones, 
que sólo nos cabe elegir? –Pregunto–.
¿Y si tan trascendentales cuestiones

no nos incumben ni son nuestro asunto?
¿Y si lo nuestro es lanzar intenciones 
para que el cosmos disponga y punto?
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Juan Mart
- ¿Me puedes contar cómo es que nace la pasión que puede sentirse en ti por la palabra poética?
- Eso quisiera saber yo… Supongo que es una expresión más de mi AMOR al arte, a la belleza, a la armonía. Siempre pensé que un Lorca o un  Dalí, por el calado de su genio, se hubieran podido dedicar con la misma maestría que derrochaban en lo suyo a la danza o la arquitectura. Creo que mi pasión por la palabra es innata. Más aún, que la vengo cultivando desde muchas encarnaciones atrás. Una vez, mi gran amigo Fran Trovador, poeta y recitador talentoso, me dijo después de escuchar una canción que tengo titulada Azul: “Eso sólo lo puede componer alguien que ya ha sido compositor en otras vidas.” Argumentaba a su favor mi nula formación académica en lo musical, terreno en el que soy totalmente autodidacta. Sea como fuere, la palabra siempre me ha fascinado. La considero una poderosa herramienta de creación y construcción de la realidad, porque estructura el pensamiento y por tanto da pábulo a nuestro sistema de creencias. En el apartamento donde me crié había 4.000 libros y un padre novelista que mi mamá llamaba “la enciclopedia andante” porque siempre tenía la respuesta culta para todo. El ejemplo de mi papá, un verdadero alquimista de la palabra, sin duda hizo mella en el niño que yo fui y del que, al cabo, salió un poeta trovero y cantor. 


- ¿Cómo es que decides trabajar sobre estructuras tan fijas como el soneto?
- Por un lado, fue un mero capricho. Me explico. Sabina, el famoso cantautor ubetense, había publicado años atrás un libro con 100 sonetos titulado Ciento volando de catorce. Y yo, como admirador de quien es para mí un grandísimo hacedor de canciones, pensé: “Pues yo no voy a ser menos. Si él lo ha hecho, yo también puedo.” Y me puse como meta redactar 111, por superar los 100 y porque fuera un número que sumara 3, porque 3 son los avatares de Dios en numerosas religiones. Por otro lado, el soneto es la forma poética reina y yo quería honrarla con todo merecimiento, es decir con un libro sustancioso y bien escrito. Tuve un flirt con el soneto en otra obra mía, poesía.es, un libro-cd que saqué en 2007 y con el que aprendí a familiarizarme con la estructura de los cuartetos y los tercetos, así como con la cadencia del endecasílabo. Y también había escrito ya mucho verso libre. Tenía ganas de hacer algo con más empaque y reconocimiento formal, como para demostrarme a mí mismo que, como autor de poesía, había alcanzado ya una cierta madurez y era capaz de una empresa más seria en el formato lírico más aplaudido según los cánones.

- ¿Qué le encuentras de interesante al formato en sí? ¿Qué sientes que te permite?
- En cierto modo, lo acabo de explicar. Por ahondar un poco más, añadiría que el interés del soneto reside, quizá por su peso histórico, en que es tremendamente seductor para todo poeta. Llega un punto en el camino de un poeta en donde, amén del trabajo y la inspiración, se empieza a comprender la importancia de la tradición y eso anima mucho a remedar a los grandes. Se empieza a despertar el amor por conocer las reglas del arte, por andar el camino que otros anduvieron; ya que no es llegar a ningún sitio lo que los hizo grandes, sino recorrer el camino. Y yo soy de los de antes, quiero ser un alma grande, una buena luz: me gusta el camino, andarlo me transforma, me ilumina. Y mis poemas son mi mejor legado para el mundo. Bueno, mis poemas y mis canciones, que son sólo aire, sí, pero se te cuelan entre las hendijas del alma bastante mejor que los billetes y las propiedades inmobiliarias. Y contestando a la segunda pregunta, el soneto me permite volar con los pies en el suelo.

- ¿Percibiste durante el proceso alguna limitación o algún escollo que debiera ser solucionado para poder seguir con el libro?
- No, en ningún caso. Fluyó como la seda, a una media de dos sonetos por semana, lo cual, teniendo en cuenta mis condiciones laborales de entonces, me parece una maravilla. ¡Gracias, tespíades! Sólo cuando terminé de redactar los 111 sonetos, quise dividir el libro en partes, como he visto en los libros de poesía. Quise agrupar poemas por semejanza temática para montar capítulos y conducir así al lector por una senda vivencial de transformación progresiva que culminara en un colofón catártico e iluminador, pero los poemas no quisieron. Por más vueltas que les di, ellos volvían a su orden cronológico de redacción. Al final comprendí el mensaje y respeté la secuencia en que habían venido. Tantas veces he pensado de la relación entre la Naturaleza y el ser humano: “Lo único que tenemos que hacer con Ella es dejarla en paz.” Pues eso.


Mateo Liébana
- ¿Cómo fue en sí el proceso total de creación? ¿Recuerdas alguna anécdota que sea ilustrativa del corazón de ese tiempo creativo?
- ¡Qué pregunta tan bonita! El proceso de creación fue a la vez una sorpresa para el alma y un camino de descubrimiento. También de afirmación personal, de entendimiento de mí mismo, de liberación de creencias enquistadas, de definición de lo que soy y de cómo veo yo la vida. Y sobre todo fue un camino de amor, de AMOR más bien, así como de afinación de los sentidos para ahondar en los sentimientos, y de observación contemplativa para atinar con total exactitud en la expresión de la verdad que aprehendía de lo observado. ¿Anécdotas? Todas las que quieras. Por de pronto, una confesión: la idea raíz de numerosos sonetos nace de conversaciones con mi compañera Patricia Mateo, o de meras frases que ella soltaba mientras hablábamos durante la comida y que eran casi perfectos endecasílabos. Yo vivía pegado a una libreta y en cuanto los escuchaba, zas, los “endecasilababa” (si es que acaso no lo estaban ya) y los apuntaba a la velocidad del rayo, para que no se los llevara el viento. Ella, musa elocuente, dice que ha aprendido de mí a detectar eso que yo he llamado a veces “la brisa de la inspiración”. Se aprecia como un giro de la luz, una mudanza apenas perceptible en el ambiente, un matiz distinto en las hebras que sustentan la realidad, un baile de los átomos, una paz repentina en nuestro interior, como si una melodía inaudita aquietara la mente y la focalizara en algo para hacernos ver, escuchar, sentir: ese algo es la poesía. Un poeta es un vigía, ya lo he dicho muchas veces, que debe estar atento a la brisa para oír los susurros de las musas, pero al mismo tiempo vivir el presente, el momento, porque todo sucede aquí y ahora, y porque toda obra es hija del tiempo y de una emoción que transcurre por la vía del tiempo, que es el hilo de la vida. Esta labor es una especie de vigilancia pasiva, un estar en guardia sosegado… Es una tarea tremendamente hermosa y delicada, como la de un cirujano de mariposas o de sueños, pues se trata ni más ni menos que de atrapar lo inefable. Las musas son la parte activa y el creador, quien transcribe lo que ellas musitan. Eso es todo. Un poema es algo que yo transcribo mientras ocurre, pero no es mío, yo sólo lo he captado en esa forma. Otro lo hará a su manera. Esa es la riqueza infinita de la Creación. Por supuesto, hay más anécdotas: cada soneto tiene la suya. Perdonen las molestias, por ejemplo, se me ocurrió porque vi un cartel con ese mensaje en unas obras mientras iba en tren, MBA porque escuché a un canario cantar desde su jaula en el alféizar de un quinto piso, Se ruega silencio porque estaba de excursión por la montaña y una amiga no paraba de hablar, Mercado de valores porque me impactó la inhumanidad de Gordon Gekko, el villano protagonista de la peli Wall Street, de Oliver Stone, de la que, por cierto, se ha empezado recientemente a rodar la segunda parte. En fin, habría incontables anécdotas por desgranar.

- ¿Puedes ampliar las referencias bibliográficas que sirvieron de inspiración para el cuerpo de ideas del libro?
- Buff… Como ya explico en un pie de página, en la época en que escribía el libro, estaba leyendo Un nuevo mundo, de Eckhart Tolle, que me influyó decisiva y poderosamente por cuanto me ayudó a detectar y reconocer los mecanismos de mi propio ego; amén de, por supuesto, hacerme ver al ego como el mayor problema de la humanidad y, por idéntico motivo, como el mejor instrumento de conocimiento de que disponemos para decidirnos a cambiar, si es que queremos cambiar, claro… Más allá de las referencias bibliográficas, está el mejor libro de todos: la vida misma, que es la piel del mundo. Todo lo que aprendemos, lo aprendemos porque amamos y donde más aprende un ser humano es en la piel de otro ser humano. Todo lo que he amado y aprendido, todo lo que soy, también lo que he leído en el pasado, en la piel de mis amores y en las páginas de los libros, la música que me ha nutrido, la películas que he visto, no sé, tantas cosas… Todo eso me ha influido y, de algún modo, se refleja también en la obra. Me complace honrar siempre las fuentes, igual que honro a los amores. Cada cita de inspiración que pongo es un homenaje particular a la obra o el autor que me hizo alumbrar la idea para una creación mía. Y en PESONETO hay bastantes citas.

- ¿Estabas en pleno influjo de esas ideas cuando acometiste la escritura de tu libro?
- Sí, si no, ¿de qué otro modo hubieran podido reflejarse en sus páginas? Soy un ser deliciosamente influenciable por la vida. Soy vida y todo lo que es vida me toca y me deja huella. Es así que se aprende a vivir: siendo un vividor sensitivo.

- ¿Qué similitudes y diferencias percibes con este tipo de creación poética y la de tus canciones?
- Son primas hermanas y, en algunos casos, se llevan muy bien. El primer soneto que yo escribí, titulado Presagio de las flores, acabó convertido en canción. De hecho, el segundo terceto se me atragantó y hasta que no agarré la guitarra y le puse melodía al poema, no pude acabarlo. De modo que mi primer soneto nació a la vez como poema y como canción. Curioso, ¿verdad? Un bonito maridaje. Supongo que la diferencia estriba en el ánimo con que uno afronta el tema. Hay temas que el alma desea expresar como canción y otros, quizá más intelectuales, que encuentran una expresión más acertada en el poema. Sí, eso es, yo creo que depende de las sensaciones que a uno le producen las cosas. Hay vivencias que salen ya con la música puesta y otras que son mera palabra y no les hace falta nada más.

- En el libro aparecen referencias al mundo del teatro, vinculadas simbólicamente con la propia vida, ¿ha tenido mucho impacto vital en ti la experiencia escénica?
- Sí y no. He ido muy poco al teatro, o menos de lo que me hubiera gustado, si bien me ha impactado sobremanera, sobre todo determinadas obras que vi en el Teatro Alfil de Madrid hace un montón de años. Iba mucho porque trabajaba en un Noticiario adonde nos llegaban invitaciones y como nadie las quería, yo las aprovechaba. Iba cada semana. No tenía entonces ni 25 años. Me nutrió mucho. Vi muchas obras, muy variadas. Pero después de esa época, apenas sí he acudido al teatro. Tuve una novia que hizo una obra y me pasé todo un verano yendo cada tarde a los ensayos y luego una temporada entera a cada representación, la cual, casualmente, se hizo en el Teatro Alfil, qué cosas. También he sido actor circunstancial en algunas teleseries españolas, nada reseñable, sólo papeles ínfimos, que busqué por ganar un dinero antes que por vocación. Y el año 2008 representé en la Real Escuela Superior de Arte Dramático, RESAD, de Madrid la obra La loca de Chaillot, de Jean Giradoux. Hice de juglar, aunque no de mí mismo. Era un papel un poco soso, sin pulir. Fue una experiencia agridulce. Me gustó hacerla, incluso compuse una canción que interpretaba al final de la pieza, y fue edificante compartir escenario con auténticos profesionales de las tablas, pero me di cuenta de que no tenía el espíritu de sacrificio que a ellos, a lo que parecía, les sobraba a puñados, porque trabajábamos por amor al arte y eso requiere vocación de verdad, y yo me di cuenta, quizá con tristeza, de que ya no era ese muchacho risueño que hacía mimo o breakdance en las funciones de las fiestas del colegio. Y además, yo era el diferente, el único que no era actor, y aunque la compañía me acogió muy cariñosamente, lo cierto es que yo nunca terminé de hallarme entre ellos. Después de las funciones de rigor, todo pasó sin pena ni gloria, como un examen que al fin apruebas y del que te olvidas después de la borrachera pertinente. Ahora, aposentada la vivencia gracias al paso del tiempo, me doy cuenta de que el juglar era un papel que apenas exigía autenticidad por mi parte, más bien al contrario, que me empobrecía, pues de otro modo, me hubiera enseñado muchas cosas y me hubiera dejado un gran recuerdo, como el que imprimen las experiencias que nos hacen crecer. La loca de Chaillot, como obra, sí me enseñó a comprender mejor nuestro mundo dividido en buenos y malos, en ricos y pobres, en cuerdos y locos permutados, pero representarla me enfrentó a la realidad del teatro, que tendrá sus laureles y sus pompas, no lo niego, pero yo lo que vi fueron muchas miserias.

- ¿Qué otras vivencias sientes que han sido fundamentales a la hora de construir el nudo del mensaje del libro?
- Pues vivir, vivir y aprender que en nuestra dimensión la vida es dual, que hay amor, pero también dolor, que hay abundancia, pero también hambre. Es una enseñanza simple, pero a la vez muy profunda. También me ha ayudado mucho a desentrañar el núcleo de mi mensaje el hecho de hacerme cantautor del alma, de componer y escribir mucho y con total dedicación desde mi verdad humana más esencial e incontestable, y luego, hacer de ello una profesión, que he desarrollado siempre junto a mi compañera Patricia Mateo, un tesoro de mujer a quien debo, entre otras perlas, el haber sumado el coraje necesario para subirme a un escenario a cantar mis canciones. Esto me ha hecho sacar a mi niño divino del armario y mostrarlo sin tapujos, mostrarme yo tal cual soy, sin miedo, rezumando alma por todos los poros de mi cuerpo. Viajar, hacer Biodanza, conocer otras concepciones del mundo… todo me hace ser lo que soy, y en lo que hago se refleja inevitablemente lo que soy. Y siempre, y por sobre todo, amar, entregarme a amar sin miramientos, piel con piel entretejida, uncidas ambas a la búsqueda ineluctable de lo sublime, irrefrenable el deseo de dar el salto vital que nos abisma en la hondura más insondable del alma para elevarnos después sobre lomo alado hasta la cima del misterio más excelso ya revelado. Eso es la guinda de la vida: el éxtasis. Y buscarlo, al menos para mí, equivale poco menos que a una obligación moral. Quien no vive el éxtasis, no puede decir que ha vivido.

- ¿Que has sentido al finalizarlo? 
- Sosiego, paz, alegría… La kalokagatia de la que hablaban en la Grecia clásica, esa satisfacción que sólo uno puede saborear de ver realizado un trabajo en el cual puso tanto empeño y amor. Y también he sentido alivio, un “ya está hecho” que me dejó muy tranquilo, feliz y listo para irme de veraneo con la sensación de haber hecho lo que tenía que hacer en el momento adecuado. Y para terminar, la certeza de que mi vida entraba en otra fase más placentera y vivible.

- ¿Cómo estás trabajando con la edición y distribución? ¿Podría decirse que estas formas que estás hallando o construyendo son un eco de la propia creación?
- No le he dedicado excesivo esfuerzo al asunto. Remitir originales a las editoriales es como lanzar globos al espacio, a ver si alguno se cuela por la trampilla de la Estación Espacial Internacional. Un autor desconocido publica por recomendación de algún pez gordo o por ganar un concurso, que a lo peor también se gana por recomendación. Yo he decidido trascender los trámites y montármelo por mi cuenta, como el que predica en el desierto y confía en que Dios hará pasar por allí a alguna caravana con gentes de buena fe a quienes su mensaje les muestre algo. De modo que me diseñé los libros en el ordenador y saqué 100 ejemplares en fotocopia con tapa de cartulina y los distribuí entre los amigos. Hay quien jura que la mecánica del mercadeo de la distribución cultural ha quedado obsoleta merced a Internet. Yo me adelanto al futuro en el que Internet también será obsoleta y sigo en el desierto, que es un lugar propicio para la poesía, porque los que acuden a buscar la verdad en sus arenas, siempre andan con sed de compañía y, además, saben agradecer la labor de quienes plantamos oasis en medio de tanta desolación. Lo del eco, que lo decida el silencio.

10.9.09

Arnaldo Antunes

Guardián de las palabras

Hace una década, Arnaldo Antunes visitaba por primera vez Buenos Aires, para presentar un disco con su banda y también su trabajo poético.




Diego Oscar Ramos - Jam - 1999





       Artista pop multimediático entonces lejos de la masividad que le dio el disco Tribalistas junto a Marisa Monte y Carlinhos Brown, llegaba a la Argentina cuando su carrera solista llevaba cuatro albumes y diez años previos con el grupo Titas. Antunes era entonces y sigue siendo el creador de muchas de las canciones que renovaron las últimos décadas de la música popular brasilera, sobre todo por esa capacidad tan suya de explorar los poderes estéticos de la palabra.



       Desprendía, con furia, algunas de las tiras blancas que cubrían su cuerpo de momia, como si quisiera desencadenarse del traje de exiliado mental con el que enfrentaba a un público al que sus ojos casi no miraron. La mirada perdida de Antunes desnudaba con fuerza una tensión contenida que explotaba en su gesto recurrente de tomarse la cabeza con las manos y agitarla desde las sienes, como si luchara con la velocidad de su mente y sufriera porque, como el tiempo al que le cantaba su amigo Cazuza, su cabeza tampoco para. Con la actitud extrema como marca inevitable de su arte integral, el músico se presentaba por primera vez en Buenos Aires en el ciclo de recitales que diera en septiembre con su banda en el teatro Regio, en su primera salida solista fuera de su Brasil y como poeta concreto en una inquietante performance poético musical en el Centro Cultural Recoleta, ambas facetas integradas en el marco del Segundo Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires.
      Si en sus conciertos supo ofrecer un desbordante despliegue con una banda compacta que lo acompaña en su entrega de energía que fue del formato rock a la más pura tradición de la MPB - corriente hacia la que suelen converger en algún momento hasta los más extremos músicos brasileros - donde más parece inclasificable es cuando da rienda suelta a la locura interna en sus performances poéticas. Un día después de su primer recital, donde dejó con sabor a poco a los que esperaban su trabajo multimedia, dejó surgir desde la introspección salvaje una actuación despojada pero tan furiosa como la de su papel de cantante de rock. Siempre en otro lado, con la mirada exploratoria del que llega lejos con su mente, supo tensar los límites entre la lectura poética y el canto atonal, usando todos los matices de su voz, simultáneamente a la proyección de sus poemas visuales. Gritó, susurró y cantó poemas de As Coisas y Nome, usando a la música como zona de transformación y mutación expresiva de la palabra, coqueteando con su voz cavernosa los recovecos del sentido. "En lo musical soy autodidacta, no sé leer una partitura, trabajo en el área de la canción popular, paralelamente hago poesía, creo que el centro de mi trabajo es la palabra, ya sea en sus aspectos melódicos y rítmicos en una canción, para ser leída o en sus aspectos visuales y gráficos", se definió en la misma performance, sin pausas. Y atento a la amplitud contrastante de sus registros, explicó: "el área de la música popular en Brasil tiene una penetración masiva muy grande, muy diferente de la actuación en la poesía escrita, que es para un público muy pequeño, entonces es una paradoja trabajar en las dos áreas".


Desde otro lado


    Un día después, en el camarín, aún en su traje de faraón de asilo y aparentemente sobreexcitado luego del tercer y último show porteño, Antunes soporta las últimas preguntas en una madrugada de movimiento constante. Aunque su atención es extrema, su mirada sigue lejos, en un mundo seguramente plagado de imágenes y sonidos en ebullición.

- ¿Qué relación hace entre el poder revulsivo y anárquico de cierta música y el que puede nacer del uso poético de la palabra?
- Creo que hay muchos poderes en la palabra, mueven la sensibilidad de las personas, crea nuevas posibilidades perceptivas (dice volviendo la mirada, compartiendo los universos a los que accede) sea por la forma de comprensión, una cosa táctil, por sonido, emocional. Creo que la palabra es muy poderosa, principalmente en la sociedad en el estadio en que estamos, y quien mantiene la higiene del lenguaje verbal son los poetas, por más que los políticos o los científicos o los periodistas la usen, quien preserva la salud de la palabra son los poetas, me siento un poco responsable por la salud del lenguaje.

- Recuerdo siempre algo que dice Hermeto Pascoal, que músico no es sólo el que puede tocar un instrumento, sino la persona que sabe oír.
- Yo recuerdo una frase de Borges que ha dicho "muchas personas se enorgullecen de aquello que han escrito, yo me enorgullezco de aquello que he leído", es muy parecido. Borges y Hermeto, se puede hacer una relación (se ríe de la ocurrencia, sus ojos miran desde otro lado, como siempre).

- Se puede decir que revaloriza el silencio en tus formas, algo que en esta época de superabundancia de información no siempre se respeta en su valor.
- Todos los que trabajan con poesía o música, lo hacen con palabras y silencios, con el espacio que hay entre ellas. No nos damos cuenta de la importancia de los espacios vacíos y muchas de las cosas que hago son un llamado de atención hacia ese vacío, cuando estamos caminando no pensamos que el espacio entre los pies y el suelo es tan necesario, me gusta llamar la atención sobre esa materia prima tan significativa e importante.

- Cuando oí por primera vez Nome, me vino a la mente lo que hizo Caetano con Joia, como si tuviera una relación de parentesco muy fuerte, no sé si ve vínculos con esa etapa de Caetano.
- Esa etapa, con Joia y Cualquer Coisa, dos discos que hizo simultáneamente, me gustó muchísimo, como todo lo que hace, soy un gran admirador de su trabajo, pero no sé cómo hablar de la afinidad con el mío, porque sería mirar de afuera y estoy muy dentro, pero ciertamente es una de mis influencias más marcantes.

- Lo pensaba por el uso de cosas pequeñas, lo que mucha gente define como minimalismo, algo que aparece en Joia, el trabajo complejo con elementos simples, lo que hace sobretodo en el uso de su voz.
- Sí, eso sin duda y hay una música de Caetano en Bicho, la canción Um indio, que al final dice que (silencio prolongado, se sumerge en su mente hasta que emerge) "es por el hecho de siempre haber estado oculto cuando había sido obvio", y esa es mi gran preocupación estética: mirar lo que está en la cara de todos y nadie está viendo.

- ¿Es la mirada sanificadora del poeta?
- Es despertar la atención para lo que es obvio pero es extraño porque nadie se está dando cuenta de que existe.

- Hay un gesto que hace cuando esta en el escenario, pegándose en la cabeza, que me atrae mucho, me parece como si dijera "mi cabeza no para".
- Sé que tiene significado, pero no me gustaría traducirlo en palabras, creo que el gesto habla por sí mismo.

- Pero es muy fuerte y tiene relación con la manera en que mira o en realidad no mira al público durante el show, como si estuviera siempre en otra parte.
- Da un poquito esa sensación, soy como un marciano surcando los terrenos de los terrestres o como un terrestre mirando a los marcianos.

3.9.09

Arte Digital


Del pincel al píxel
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En la era de la Comunicación el arte se genera más cerca del código binario que de los pigmentos de un taller. Aunque es presa de prejuicios tradicionalistas, la disciplina está creando un circuito paralelo en el mercado y ya aparece, según especialistas, hasta un Leonardo 2.0.


Diego Oscar Ramos - Concepto F - 2008

         
      Una de las primeras referencias que surgirán al ingresar el término Arte Digital al Google será la de Wikipedia, la enciclopedia virtual en la que confiaremos inicialmente, como para estar bien a tono con estos tiempos. Considerado entonces como una “disciplina creativa que comprende obras en las que se utilizan elementos digitales en el proceso de producción y/o en su exhibición”, pareciera que podríamos incluir hasta los dibujos más simples hechos hasta con el programa Paint del primer Windows, no todo es tan simple. Porque la enciclopedia colectiva de Internet también asegura que no incorpora en esta corriente a retoques menores de fotografías, escaneo de obras realizadas a mano o la creación básica de objetos geométricos en 3D. En realidad, el punto central del uso considerado artístico de estas tecnologías informáticas está dado en su logro efectivo de servir a “la expresión de sensaciones, ideas y búsquedas personales”. En esa relación suelen apoyarse algunas visiones tradicionalistas que, antes que arte, consideran como pericia técnica a estos procedimientos.




Lo cierto es que la discusión sobre la relación entre arte y tecnología tiene ya tanta tradición como los cuadros más clásicos de la historia del arte occidental, por lo que para despejar dudas teóricas sin abandonar la sensibilidad estética, pocos testimonios son tan ideales como el de Susana Pérez Tort, artista plástica argentina de formación clásica, con producción convencional y digital, además de ser una investigadora con amplia participación en eventos internacionales ligados al Arte Electrónico. “En todas las oportunidades he presentado conceptos sobre el tránsito del arte analógico al digital, el estatuto de veracidad de la imagen a partir de la aparición de lo digital y sobre el vínculo entre imagen digital y sociedad”, resume la artista antes de desgranar el tema. Dirá que estamos viviendo un giro inmenso en el campo del arte, donde un punto de transformación se da por la inmaterialidad de obras que nacen de un código binario descifrado por la computadora y creado sin contacto material con la imagen en su producción. “Es sólo apariencia vista en el monitor, no es física como el contacto del pintor con los pinceles y la tela”, explica y detalla que la virtualidad de este tipo de creaciones presentan grados muy distintos: “Se puede trabajar con un software creado por terceros, como pasa hasta ahora con mi obra, o bien crear el propio software para lo que se desea realizar, como un movimiento robótico o una interacción entre espectador y obra”.


Arte mediático


     Pérez Tort menciona al artista brasilero Eduardo Kac, premiado en certámenes de Arte Electrónico como el ARCO BEEP 2007, como uno de los artistas que sobresale por ser capaz de usar toda la oferta brindada por el universo electrónico. Agrega en su lista de destacados a la obra Faccsinum del francés Christophe Bruno o a la reciente Brain loop del italiano esloveno Davide Grassi, donde hace interactuar un casco de realidad virtual con el programa Google Earth para producir imágenes, como ejemplos extremos “para percibir cuán lejos estamos del caballete y la tela”. Y antes de que sigan las preguntas, recomienda buscar estas obras en Internet, para ver con los propios ojos un destino inmaterial del arte que, al menos por ahora, se halla lejos de su propio trabajo. “Mi obra se inicia con los medios tradicionales, impresa y presentada como el tradicional grabado, con una tirada de copias, impresas por medios digitales, o bien proyectándose en pantallas”, explica la artista rosarina y da pistas para rastrear un proceso estético técnico y social que habla mucho de cómo se van transformando nuestras formas de vida: “El arte ha girado mucho desde que un artista pintaba solo en su taller, o un grabador frente a su prensa o un escultor frente al barro, del taller giramos a una suerte de laboratorio de ideas y luego a un laboratorio de ingenierías para luego consolidar obras que se maridan con video, cine, fotografía, escultura, actuación en vivo e inclusión de robots”. En esta tendencia unificadora, perceptibles cotidianamente en el celular que incluye ya fotos y acceso a Internet, la figura misma del genio individual está mutando hacia la creación colectiva y se presentan nuevos puntos críticos. “En este momento en los grandes premios y festivales electrónicos asistimos a obras que como requieren de alta tecnología o ciencia dan como resultado obras que son más ingeniería que arte y se acercan más al juego electrónico que a la creación artística”, expresa sin caer en tecnofobia, ya que considera que “llegará el momento en que sean cada vez más los artistas formados en tecnología para que este fenómeno se revierta”.
En ese sentido, luego de acentuar que hasta el nombre de la Escuela Nacional de Bellas Artes acaba siendo anacrónico, está ocupada actualmente en una creación colectiva, una video instalación interactiva en base a La invención de Morel, el antiguo texto donde Adolfo Bioy Casares preanunciaba complejas tecnologías de virtualidad. Lo considera una verdadera apuesta, porque más allá de los premios que le ha traído su obra individual pasada, siente que hay un plus de sinceridad artística en estar alineada con el actual paradigma: la obra multimedia interactiva. “Este tipo de proyectos implica años de debate y de creación de medios electrónicos, filmación de video, edición, antes de llegar a los aspectos puramente artesanales de la manipulación de los instrumentos con los que se consolida la obra”, detalla y aporta sentidos contrastantes con los conceptos radicales – y seguramente superficiales – que catalogan al arte digital o electrónico como puro artificio técnico ajeno al alma humana. “Hay cierto desdén por la tecnología en sí misma, los apocalípticos sostienen que el medio electrónico y esta sociedad de la información es algo antinatural y ese es un prejuicio”, sentencia y comenta que muchos artistas tradicionales ningunean lo digital, como si los pinceles o las pinturas no fueran también instrumentos técnicos. Así, el mercado puede estar comenzando a incorporar las nuevas creaciones multimediáticas en una categoría híbrida llamada Nuevos Soportes, pero suele dejar a lo digital a certámenes específicos de imagen electrónica. En este contexto, Pérez Tort no se siente hermanada ni con los intransigentes tecnófilos ni con los tremendistas tecnófobos y pone en el centro del arte a la creación de sentido y se muestra sensible a lo que quiere hablarnos esta época: “Protagonizamos un nuevo sistema perceptivo abierto por el menú que ofrecen las nuevas tecnologías y será capacidad y don de cada artista el que este campo sin límites tenga sentido para el espectador, como lo ha tenido el arte a lo largo de su historia”.


Arte natural




“Como ha pasado cada vez que una nueva disciplina ha intentado sumarse al mundo del arte, la obra de arte digital es resistida por la mayoría que desconoce los procedimientos técnicos y suponen que se logran mágicamente con un click del mouse”, asegura Alicia D'Angelica, fotógrafa y artista digital formada bajo las influencias del nuevo paradigma, creadora de bellísimos fractales, gráficos generados por fórmulas matemáticas que repiten un patrón con variaciones, al ejemplo de lo que acontece en sistemas naturales de este tipo “presentes en los árboles, las nubes, los ríos, las costas, las montañas y nuestro sistema circulatorio”. Su aprendizaje autodidacta en técnicas de diseño la fue llevando desde sus primeras incursiones en los inicios de los ´90 hasta una actualidad donde ha logrado exponer sus creaciones no sólo en nuestro país sino en Cuba, Italia, Estados Unidos y Puerto Rico. Y todo a través de un arte que muchos califican como pura acción maquinal. “Si bien algunos efectos suelen lograrse de esta manera, está en el artista el ser honesto para no engañarse ni engañar con estos procedimientos básicos que, tarde o temprano, todos sabremos detectar”, dice segura, aclara que no suele retocar a sus fractales, haciéndole apenas ajustes de brillo o contraste sólo cuando lo cree necesario.




     “Los programas para diseño de fractales parten de fórmulas complejas y es el artista quien debe modificar los valores y las funciones para generar sus imágenes, los colores se aplican también en base a fórmulas y el resultado depende del manejo que haga de estas herramientas”, comenta la diseñadora y asegura que las matemáticas pueden generar mucha belleza. Reconoce también el riesgo presente de cierta estandarización de algunos adelantos técnicos que hasta pueden congelar la creatividad. Eso le aconteció con el advenimiento de  la comercialización vía Internet de numerosos objetos en 3D prediseñados y texturizados  preparados para el uso inmediato en la publicidad, el diseño de video games o la arquitectura. Los que ponen en crisis el concepto de autoría de algunos desarrollos de artistas digitales dedicados a esta rama del arte que sólo combinen elementos listos para usar. Su entusiasmo original se basó en su propósito, desde el inicio de su carrera, para “armar escenarios virtuales, colocar cada objeto en su lugar, aplicar una textura acorde, crear las luces correspondientes y determinar el ángulo más ventajoso para obtener una buena imagen final”. En cuanto a sus diseños en 3D, asegura que poseen una ardua postproducción, ya que "los renders suelen no ser perfectos y siempre es necesario retocar errores y corregir varios efectos indeseados".




      Mientras tanto, sigue estudiando programas, plugs inns y diferentes procedimientos para mantener la espontaneidad en las técnicas informatizadas y dice sentirse muy cómoda en esta categoría estética en la que nació como creadora y acepta que llevará aún un tiempo lograr la aceptación total:. Por eso, asegura:  “Debemos tener paciencia hasta que se den cuenta de que no desplazaremos a ninguna otra disciplina para tomar su lugar, sino que estamos apareciendo para sumarnos, porque la computadora, como los pinceles, cinceles o espátulas, es una herramienta más al servicio del arte, que pone en nuestras manos herramientas inéditas que amplían los límites y permiten lograr obras imposibles a través de los métodos tradicionales”.




Popes digitales




“Creo que el Leonardo del arte electrónico es Eduardo Kac, artista también del llamado arte transgénico y arte telemático", asegura Pérez Tort, destaca también a las obras interactivas de Antoní Muntadas y menciona como valiosos los tempranos aportes del argentino Gyula Kosice, “un artista visionario quien desde los años ´40 propone una estética que culminará con las expresiones electrónicas”.


LINKS
http://www.cgsociety.org/ (portal de arte digital)
http://www.artecg/ (artistas y noticias de arte y nuevas tecnologías)
www.uoc.edu/artnodes/esp  (revista especializada)