Diversión experimental
El músico bahiano habla de investigaciones estéticas, influencias culturales y el placer de su generación por el trabajo con planos sonoros.
Diego Oscar Ramos - 2009
Si solemos buscar referencias anteriores para captar lo que estamos escuchando, cuestión propia de la percepción por estar los sentidos ligados a ese órgano clasificador llamado cerebro, la memoria puede darnos pistas sobre un artista como Lucas Santtana. Y tendrán seguramente tanta realidad como pueden tener para cada uno viejas fotos donde los raros peinados viejos evidencian que el que somos es el que pueda mirarse hoy en el espejo. Pero juguemos un poco con el tiempo y digamos que entre las postales ajadas podremos ver a un flautista bahiano tocando en discos como Tropicalia II, festejando junto a Caetano y Gilberto los 25 años de un movimiento cultural que había marcado su propia formación como músico en gestación. Y también traigamos a la memoria discos que puedan haber sido significativos para todos los amantes de la más refinada música hecha en Brasil, el Acústico de Gil de esa misma época, la mitad de la década del 90, donde hemos escuchado a Santtana aportando melodías a la relectura desenchufada de los grandes éxitos del hasta hace muy poco ministro de Cultura del Brasil. Gran decisión habrá sido la del sesionista de formación clásica dejar su instrumento insignia y dedicarse a esa forma de hacer filosofía que tienen los brasileros, según Caetano Veloso, al calzarse una guitarra y cantar una canción propia. Santanna aprendió a tocar violao de forma autodidacta y le dio rienda suelta a los placeres de la experimentación sonora, llegando a sus primeros discos, también ayudado por otro amante del área sonora, el argentino bahiano Ramiro Musotto. Con él no sólo llegó a componer una música para su último disco, M´bala, sino que también se entrenó en el aprendizaje del aspecto estrictamente musical del candomblé. La referencia cultural a este mundo y la propensión a la mezcla desinhibida de géneros lo llevarían también a compartir canciones con damas exploradoras como Marisa Monte o Daniela Mercury. Y a crear albumes como Eletro Ben Dodo, Parada de Lucas y los más recientes 3 sessions in a green house (el primero editado en Argentina) y Sem nostalgia. Para ser tributarios de ese goce natural que todos deberíamos sentir por ser hablados bien en presente, digamos que la pesquisa sonora del músico bahiano ha pasado estos dos últimos trabajos por combinar géneros tan diversos como el dub, el samba, el candomblé, el reaggae o el funk, pasándolos por un tamiz electrónico que sabe usar el estudio de grabación como instrumento. Y si nos hace bailar hipnóticos tracks de dub brasilero en 3 sessions con un juego de mezcla que nos mete directamente adentro del estudio junto a los músicos, en Sem nostalgia la apuesta es ciertamente más climática. Y logra deconstruir ese género en sí mismo que acaba siendo en Brasil el grabar sólo voz y guitarra acústica, animándose a crear un disco que, no sólo por el inglés usado en muchas de las letras, podría tranquilamente ser puesto en las bateas junto al más delicado pop anglosajón. Al tiempo que es absolutamente brasilero.
- En
3 sessions in a greenhouse, tu disco anterior, cada track termina con conversaciones dentro de
la sala de grabación. ¿Cómo fue la decisión de mostrar el trabajo en el estudio?
¿Tiene algún valor histórico aquel intercambio de palabras?
- Sólo escuchamos eso en la
mezcla, porque durante la grabación estábamos preocupados con lo que estábamos grabando.
Eso acabó representando justamente el hecho de estar todos allí juntos, tocando
y buscando el mejor resultado para aquellas músicas. Y también muestra como nos
estábamos divirtiendo, inmersos en aquella estufa. Fueron días inolvidables
para todo el mundo que estuvo allí.
- En
ese disco también pareces haber trabajado el sonido como si el oyente estuviese
casi dentro de la sala de grabación, sobre todo por cómo aparecen los vientos y
por el sonido del bajo. ¿Cuál fue la decisión estética y qué comentarios has
recibido sobre esa elección?
- Sí. Fue un disco en vivo
dentro del estudio. Da mismo esa sensación de estar allí presente. Fue natural,
es un disco de banda, colectivo. Ese disco tiene una linda trayectoria. Todo el
mundo lo adora, llego a los lugares y las personas hablan de él con mucha
admiración y emoción. Representa mucho en mi trabajo.
- En
tu último disco, Sem nostalgia, parece
como si estuvieses captando antropofágicamente el indie anglosajón, como en
cierta forma lo hiciera antes el pop global con la bossa.
- Ese disco nació de las
ganas de hacer un disco que usase apenas voz, guitarra y ambiente. Los discos
de voz y guitarra en Brasil repiten la misma fórmula desde hace 50 años. Quería
al mismo tiempo divertirme y experimentar con ese formato clásico. Muchas
personas, como vos, encuentran ecos del pasado en él, lo que es normal, pues siempre
que escuchamos alguna cosa, colocamos nuestro oído, o sea, nuestra formación y
vivencia musical a la hora de escuchar. Pero te garantizo que ese disco nació
de cero, no me basé en nada existente, apenas fui atrás de maneras de hacer un
disco de voz y guitarra sin sonar como un disco de voz y guitarra. El uso do
ambiente en el disco es muy importante, es responsable por su originalidad.
- Dentro
de tu música se usan ritmos del candomblé y hasta sonoridades de atabaques. ¿Cómo
se da esa elección?
- Soy del candomblé desde
hace 15 anos. Siempre me interesó esa cultura como un todo. La conversación
rítmica está muy presente en mi música. En las letras, en la manera como toco
la guitarra eléctrica y la acústica.
- Siento
que, como Arnaldo Antunes, también tiene cierta facilidad para trabajar con la
palabra, con esa facilidad con que aquí saben apropiarse de lo más rico de la poesía
concreta.
- No sé, adoro la poesía
concreta, la conocí en la adolescencia. Arnaldo la incorpora muy bien en su
trabajo, se ella aparece en el mío nunca me di cuenta, fue intuitivo. Las
letras no son algo muy importante en mi trabajo, pero sé que para muchas
personas algunas de ellas les representan un sentido. Eso me da felicidad.
- ¿Cómo
se dio la decisión de tocar guitarra y adoptar el papel de figura principal, de
cantor da tus propias composiciones?
- Aprendí a tocar guitarra
autodidácticamente, en los cuartos de hotel, cuando tocaba en la banda de Gil.
Después comencé a componer mis propias músicas y un tempo después se las mostré
al productor Chico Neves, que me invitó a grabar mi primer disco. Fue todo natural,
nunca imaginé que eso fuese a pasar un día. Lo único que sabía es que no
seguiría tocando la flauta, porque ya no satisfacía mis necesidades y deseos
musicales.
- ¿Qué
es lo que aprendió de mejor con las figuras de la MPB con las que tocó antes de
comenzar su carrera como solista?
- Con Gil aprendí a probar siempre
el sonido. El mismo, famoso y consolidado nunca faltó a una prueba de sonido. La
vivencia de la ruta, el viajar para muchos lugares del mundo y lidiar con
situaciones diversas de producción también me enseñaron mucho. Ya fuera
armonías, melodías, batidas, en fin, siempre estamos aprendiendo con cualquier
cosa, ¿no? Todo es una cuestión de cuan interesado estás.
- Dentro
de ese acerbo inmenso general de la MPB, ¿qué figuras o movimientos musicales fueron
los más marcantes para tu iniciación a la música?
- El Tropicalismo me
influenció mucho. Hasta porque tiene como característica justamente estar abierto
a cualquier tipo de manifestación cultural, sea de cultura erudita o popular, brega (grasa) o folclore. Pero creo que
el propio Tropicalismo está ligado a la sigla MPB y todo lo que ella
representa. Y creo que esa sigla no es suficiente para comprender, describir y
abarcar esa nueva generación de música brasilera de la que formo parte. La obra
de ellos es muy rica y servirá siempre de inspiración, pero como dije antes, me
siento en un momento posterior al tropicalismo.
- No hago MPB. Admiro el
trabajo de Cidadão Instigado, Hurtmold, Instituto, Curumin, Wado, Gilberto
Monte, Buguinha Dub, João Brasil, Ronei Jorge, Retrofoguetes, en fin, mucha
gente buena. Arnaldo Antunes es impresionante desde la época de Titãs.
- Ramiro
Musotto, con quien trabajaste, decía admirar el movimiento Mangue Beat, por su
enorme poder transformador de la música brasilera. ¿Qué opinas?
Con certeza el disco “Da lama ao caos” (de Chico Science, figura ya mítica con la que con quien tocó Lucas Santtana) fue muy importante
en la música brasilera e influenció toda una generación.
- Si
pareciera que, como pasa en tus discos, el plano sonoro para tu generación tiene
un valor tan esencial como el de las letras en otras épocas.
- Eso! Ahora sí! Es lo que llamo
textura musical, es lo que da unidad a mis 4 discos, que son bien diferentes
entre sí. Las capas de sonido superpuestas, es también es lo primero que me
seduce del sonido de otras personas.
- ¿Cuál
sentís que es el mayor aporte de la música de Brasil para el mundo?
- Difícil hablar de una
contribución apenas. Armónicamente, melódicamente, rítmicamente, en fin, la
contribución de Brasil en términos musicales es enorme. Eso sin hablar de las
letras, que muchas veces llegan al umbral de la poesía.
Pop nordestino
Pop nordestino
- He
escuchado en Salvador una frase popular: “Baiano quer ser pop” (“El bahiano
quiere ser pop”). ¿Qué sentís con esa frase, además de la idea de lo pop dentro
de Bahía y la forma en que puede haber influenciado tu música?
- Bahía siempre fue pop,
siempre tuvo culturalmente esa vocación estética, sea para ben o para mal,
entre comillas. Eso, la verdad, es una herencia africana. La necesidad de
pintarse, de vestirse con ropas elegantes, de danzarm en fin, entiendo todo eso
como una actitud pop. Pero esa frase que citó, así como otras del tipo “baiano
não nasce, estréia” (“el bahiano no nace, estrena”), me parece una mierda. Son apenas
síntomas de un proceso horrible que aconteció en Bahía a partir de la
consolidación de la industria del Axé music.
O sea, las personas comenzaron a transformarse en caricaturas de ellas mismas. Lo que era
natural del bahiano comenzó a ser interpretado por el propio bahiano. ¿Da para
entender? Antes el tipo decía “E ai meu rei?” y eso era natural, hoy el tipo
dice la misma frase, pero la entonación termina pareciendo como que está
haciendo el papel de él mismo en un teatro bizarro.
- ¿Qué
importancia le das al ser nordestino? ¿Es un condimento fuerte en tu plato
musical y tu formación artística?
- Como persona, me
identifico con la cultura en el día a día, cuando como una carne do sol com macaxeira (comida
típicamente del Nordeste) lloro. La familia de mi padre es del sertao,
cuando mi hijo nasció el primer disco que entró al cuarto de él fue aquella
caja de Luiz Gonzaga: 50 anos de chão.











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