27.10.09

Lucas Santtana




Diversión experimental




El músico bahiano habla de investigaciones estéticas, influencias culturales y el placer de su generación por el trabajo con  planos sonoros. 
   


Diego Oscar Ramos - 2009


    Si solemos buscar referencias anteriores para captar lo que estamos escuchando, cuestión propia de la percepción por estar los sentidos ligados a ese órgano clasificador llamado cerebro, la memoria puede darnos pistas sobre un artista como Lucas Santtana. Y tendrán seguramente tanta realidad como pueden tener para cada uno viejas fotos donde los raros peinados viejos evidencian que el que somos es el que pueda mirarse hoy en el espejo. Pero juguemos un poco con el tiempo y digamos que entre las postales ajadas podremos ver a un flautista bahiano tocando en discos como Tropicalia II, festejando junto a Caetano y Gilberto los 25 años de un  movimiento cultural que había marcado su propia formación como músico en gestación. Y también traigamos a la memoria discos que puedan haber sido significativos para todos los amantes de la más refinada música hecha en Brasil, el Acústico de Gil de esa misma época, la mitad de la década del 90, donde hemos escuchado a Santtana aportando melodías a la relectura desenchufada de los grandes éxitos del hasta hace muy poco ministro de Cultura del Brasil. Gran decisión habrá sido la del sesionista de formación clásica dejar su instrumento insignia y dedicarse a esa forma de hacer filosofía que tienen los brasileros, según Caetano Veloso, al calzarse una guitarra y cantar una canción propia. Santanna aprendió a tocar violao de forma autodidacta y le dio rienda suelta a los placeres de la experimentación sonora, llegando a sus primeros discos, también ayudado por otro amante del área sonora, el argentino bahiano Ramiro Musotto. Con él no sólo llegó a componer una música para su último disco, M´bala, sino que también se entrenó en el aprendizaje del aspecto estrictamente musical del candomblé. La referencia cultural a este mundo y la propensión a la mezcla desinhibida de géneros lo llevarían también a compartir canciones con damas exploradoras como Marisa Monte o Daniela Mercury. Y a crear albumes como Eletro Ben Dodo, Parada de Lucas y los más recientes 3 sessions in a green house (el primero editado en Argentina) y Sem nostalgia. Para ser tributarios de ese goce natural que todos deberíamos sentir por ser hablados bien en presente, digamos que la pesquisa sonora del músico bahiano ha pasado estos dos últimos trabajos por combinar géneros tan diversos como el dub, el samba, el candomblé, el reaggae o el funk, pasándolos por un tamiz electrónico que sabe usar el estudio de grabación como instrumento. Y si nos hace bailar hipnóticos tracks de dub brasilero en 3 sessions con un juego de mezcla que nos mete directamente adentro del estudio junto a los músicos, en Sem nostalgia la apuesta es ciertamente más climática. Y logra deconstruir ese género en sí mismo que acaba siendo en Brasil el grabar sólo voz y guitarra acústica, animándose a crear un disco que, no sólo por el inglés usado en muchas de las letras, podría tranquilamente ser puesto en las bateas junto al más delicado pop anglosajón. Al tiempo que es absolutamente brasilero.   





- En 3 sessions in a greenhouse, tu disco anterior, cada track termina con conversaciones dentro de la sala de grabación. ¿Cómo fue la decisión de mostrar el trabajo en el estudio? ¿Tiene algún valor histórico aquel intercambio de palabras?
- Sólo escuchamos eso en la mezcla, porque durante la grabación estábamos preocupados con lo que estábamos grabando. Eso acabó representando justamente el hecho de estar todos allí juntos, tocando y buscando el mejor resultado para aquellas músicas. Y también muestra como nos estábamos divirtiendo, inmersos en aquella estufa. Fueron días inolvidables para todo el mundo que estuvo allí.


- En ese disco también pareces haber trabajado el sonido como si el oyente estuviese casi dentro de la sala de grabación, sobre todo por cómo aparecen los vientos y por el sonido del bajo. ¿Cuál fue la decisión estética y qué comentarios has recibido sobre esa elección?
- Sí. Fue un disco en vivo dentro del estudio. Da mismo esa sensación de estar allí presente. Fue natural, es un disco de banda, colectivo. Ese disco tiene una linda trayectoria. Todo el mundo lo adora, llego a los lugares y las personas hablan de él con mucha admiración y emoción. Representa mucho en mi trabajo.



- En tu último disco, Sem nostalgia, parece como si estuvieses captando antropofágicamente el indie anglosajón, como en cierta forma lo hiciera antes el pop global con la bossa.
- Ese disco nació de las ganas de hacer un disco que usase apenas voz, guitarra y ambiente. Los discos de voz y guitarra en Brasil repiten la misma fórmula desde hace 50 años. Quería al mismo tiempo divertirme y experimentar con ese formato clásico. Muchas personas, como vos, encuentran ecos del pasado en él, lo que es normal, pues siempre que escuchamos alguna cosa, colocamos nuestro oído, o sea, nuestra formación y vivencia musical a la hora de escuchar. Pero te garantizo que ese disco nació de cero, no me basé en nada existente, apenas fui atrás de maneras de hacer un disco de voz y guitarra sin sonar como un disco de voz y guitarra. El uso do ambiente en el disco es muy importante, es responsable por su originalidad.


- Dentro de tu música se usan ritmos del candomblé y hasta sonoridades de atabaques. ¿Cómo se da esa elección?
- Soy del candomblé desde hace 15 anos. Siempre me interesó esa cultura como un todo. La conversación rítmica está muy presente en mi música. En las letras, en la manera como toco la guitarra eléctrica y la acústica.


- Siento que, como Arnaldo Antunes, también tiene cierta facilidad para trabajar con la palabra, con esa facilidad con que aquí saben apropiarse de lo más rico de la poesía concreta.
- No sé, adoro la poesía concreta, la conocí en la adolescencia. Arnaldo la incorpora muy bien en su trabajo, se ella aparece en el mío nunca me di cuenta, fue intuitivo. Las letras no son algo muy importante en mi trabajo, pero sé que para muchas personas algunas de ellas les representan un sentido. Eso me da felicidad.



- ¿Cómo se dio la decisión de tocar guitarra y adoptar el papel de figura principal, de cantor da tus propias composiciones?
- Aprendí a tocar guitarra autodidácticamente, en los cuartos de hotel, cuando tocaba en la banda de Gil. Después comencé a componer mis propias músicas y un tempo después se las mostré al productor Chico Neves, que me invitó a grabar mi primer disco. Fue todo natural, nunca imaginé que eso fuese a pasar un día. Lo único que sabía es que no seguiría tocando la flauta, porque ya no satisfacía mis necesidades y deseos musicales.


- ¿Qué es lo que aprendió de mejor con las figuras de la MPB con las que tocó antes de comenzar su carrera como solista?
- Con Gil aprendí a probar siempre el sonido. El mismo, famoso y consolidado nunca faltó a una prueba de sonido. La vivencia de la ruta, el viajar para muchos lugares del mundo y lidiar con situaciones diversas de producción también me enseñaron mucho. Ya fuera armonías, melodías, batidas, en fin, siempre estamos aprendiendo con cualquier cosa, ¿no? Todo es una cuestión de cuan interesado estás.


- Dentro de ese acerbo inmenso general de la MPB, ¿qué figuras o movimientos musicales fueron los más marcantes para tu iniciación a la música?
- El Tropicalismo me influenció mucho. Hasta porque tiene como característica justamente estar abierto a cualquier tipo de manifestación cultural, sea de cultura erudita o popular, brega (grasa) o folclore. Pero creo que el propio Tropicalismo está ligado a la sigla MPB y todo lo que ella representa. Y creo que esa sigla no es suficiente para comprender, describir y abarcar esa nueva generación de música brasilera de la que formo parte. La obra de ellos es muy rica y servirá siempre de inspiración, pero como dije antes, me siento en un momento posterior al tropicalismo.




 - Junto a músicos como Davi Moraes,  Marcelo D2, Max do Castro o Wilson Simoninha, me parece que ustedes están deconstruyendo ritmos como el samba. ¿Con quién te sentís ligado de la generación actual? Y ¿te sentís parte de algún nuevo movimiento de la MPB?
- No hago MPB. Admiro el trabajo de Cidadão Instigado, Hurtmold, Instituto, Curumin, Wado, Gilberto Monte, Buguinha Dub, João Brasil, Ronei Jorge, Retrofoguetes, en fin, mucha gente buena. Arnaldo Antunes es impresionante desde la época de Titãs.


- Ramiro Musotto, con quien trabajaste, decía admirar el movimiento Mangue Beat, por su enorme poder transformador de la música brasilera. ¿Qué opinas?
Con certeza el disco “Da lama ao caos(de Chico Science, figura ya mítica con la que con quien tocó Lucas Santtana) fue muy importante en la música brasilera e influenció toda una generación.


- Si pareciera que, como pasa en tus discos, el plano sonoro para tu generación tiene un valor tan esencial como el de las letras en otras épocas.
- Eso! Ahora sí! Es lo que llamo textura musical, es lo que da unidad a mis 4 discos, que son bien diferentes entre sí. Las capas de sonido superpuestas, es también es lo primero que me seduce del sonido de otras personas.


- ¿Cuál sentís que es el mayor aporte de la música de Brasil para el mundo?
- Difícil hablar de una contribución apenas. Armónicamente, melódicamente, rítmicamente, en fin, la contribución de Brasil en términos musicales es enorme. Eso sin hablar de las letras, que muchas veces llegan al umbral de la poesía.




Pop nordestino




- He escuchado en Salvador una frase popular: “Baiano quer ser pop” (“El bahiano quiere ser pop”). ¿Qué sentís con esa frase, además de la idea de lo pop dentro de Bahía y la forma en que puede haber influenciado tu música?
- Bahía siempre fue pop, siempre tuvo culturalmente esa vocación estética, sea para ben o para mal, entre comillas. Eso, la verdad, es una herencia africana. La necesidad de pintarse, de vestirse con ropas elegantes, de danzarm en fin, entiendo todo eso como una actitud pop. Pero esa frase que citó, así como otras del tipo “baiano não nasce, estréia” (“el bahiano no nace, estrena”), me parece una mierda. Son apenas síntomas de un proceso horrible que aconteció en Bahía a partir de la consolidación de la industria del Axé music. O sea, las personas comenzaron a transformarse en  caricaturas de ellas mismas. Lo que era natural del bahiano comenzó a ser interpretado por el propio bahiano. ¿Da para entender? Antes el tipo decía “E ai meu rei?” y eso era natural, hoy el tipo dice la misma frase, pero la entonación termina pareciendo como que está haciendo el papel de él mismo en un teatro bizarro.


- ¿Qué importancia le das al ser nordestino? ¿Es un condimento fuerte en tu plato musical y tu formación artística?
- Como persona, me identifico con la cultura en el día a día, cuando como una carne do sol com macaxeira (comida típicamente del Nordeste) lloro. La familia de mi padre es del sertao, cuando mi hijo nasció el primer disco que entró al cuarto de él fue aquella caja de Luiz Gonzaga: 50 anos de chão.




17.10.09

Álvaro González Olascuaga


Catador de películas

Desde su blog, el psicólogo junguiano expande la posibilidad de  entender al arte cinematográfico como un espacio donde se ponen en juego los grandes mitos y arquetipos humanos. 


Diego Oscar Ramos - 2009

Como si sus propios textos actuasen como un tráiler de un film que deberemos construir con nuestras propias sensaciones y pensamientos, los textos del blog Cine sin velos que dirige Álvaro González Olascuaga, psicólogo uruguayo especializado en análisis junguiano, suelen sorprender por la forma en que aportan pistas analíticas sobre el contenido simbólico de películas que muchas veces pasamos por alto. Y una de las claves de mayor interés es que evita todo vicio intelectual de manejarse con un cine sólo entendible por expertos, para lanzar con pericia sus herramientas conceptuales sobre todo tipo de películas, incluso aquellas que parecerían estar enfrentadas con el concepto de arte o profundidad. Es que la hondura, como sus delicadas piezas interpretativas nos dejan entrever, está en la condición humana y es a las películas a las que les corresponde mostrar sin timidez esta vastedad de sentidos. Esta entrevista busca develar la forma en que González Olascuaga integra la escritura crítica con la visión psiconalítica y sus conocimientos de filosofía oriental, alquimia y hermetismo occidental, al mismo tiempo que regala pautas de lectura para que hagamos nuestra esa integración. 


- En sus textos hay un gran índice de relatos míticos y arquetípicos, ¿qué influencia tiene su formación en psicología junguiana en sus análisis de films?
- La psicología fundada por Jung sostiene la idea de que la parte desconocida o inconsciente de nuestra alma no sólo tiene pulsiones agresivas o sexuales como manifiesta Freud, sino una suerte de asistencia para con nuestra conciencia al estilo del juego de la gallinita ciega. Es decir, un Self o ser superior en nosotros nos envía vivencias y símbolos –sea en sueños, sea en la vigilia- para ayudarnos a progresar en nuestra vocación personal, lo que fue popularizado por Paulo Coelho en su libro “El alquimista” con conceptos como la “leyenda personal”. Por tanto, el film que yo encuentro más junguiano es “Encuentros cercanos del tercer tipo” de Steven Spielberg. En esta película, su protagonista, Richard Dreyfuss, queda absorto cada vez que contempla la forma de una montañita, sea que se le haya armado con la espuma de afeitar, con el puré, o bien con su propia creatividad mediante barro. Todos piensan que está loco, pero finalmente se da cuenta que su intuición le revelaba que en un monte cercado por los militares habría esa noche una comunicación con naves extraterrestres, una comunión entre cielo y tierra muy mítica, como aparecen en libros sagrados como en el caso de Moisés, o el sermón del monte del Evangelio. El monte representa el lugar en que lo terreno tiene la voluntad de ascender y lo espiritual de descender para ir al encuentro.

- ¿Qué es lo que ve cuando se sienta a ver una película? ¿Qué activa al captar algo que luego se verá transcripto en sus textos?
- Es un mecanismo similar a lo que me sucede cuando atiendo como psicólogo a mis pacientes. Primero asisto a esa nueva realidad con una actitud mental muy virgen, con la capacidad de asombro intacta, dejo impresionarme por esa realidad. Puede que algunas escenas ya queden en el momento subrayadas en mi memoria como si rayase las líneas de un libro con un marcador fluo. Y luego después de que decante el film es que creo poder darle una lectura esotérica, psicoanalítica o entre líneas. Eso siempre y cuando el film ofrezca la profundidad como para extraerle esa mirada aparte.

- ¿Qué recepción suelen tener globalmente sus relatos, qué suelen comentar en cuanto a la presencia de símbolos?
- Me da satisfacción que algunas personas que leen mi blog me comenten que tendrían que volver a ver la película en cuestión porque sienten que nunca la vieron en realidad. Y es que como la realidad misma, las películas pueden tener distintos niveles de comprensión. Por ejemplo, muchas personas detestaron “Hide and seek” por tener un suspenso poco creíble, con un Robert DeNiro encarnando un patético psicópata asusta-niñas. Cuando en realidad, la película es toda ella la alucinación de una niña psicótica internada en un psiquiátrico a cargo de una doctora que es la única persona que le queda en el mundo. Todo en el film parece irreal porque sencillamente pone en escena los personajes destructivos del mundo interior de la mente enferma de la niña: el abandono de sus padres, la competencia edípica figurada en el deseo de la muerte de la madre y de la novia del padre, la cueva primitiva reparadora simbolizando el cariño de la doctora que la cuida: todo es alegórico de los conflictos de su mundo interno. 

- ¿Qué siente que hay de igual y de diferente en un relato oral o en un libro que en una película?¿Qué relato podría hacerse en torno a la necesidad humana de escuchar y contar historias pensando en los diferentes soportes?
- Hemos perdido el rito del relato oral, el parroquiano mentiroso del viejo bar o la hazaña del chamán de la tribu quedan casi como postales de una tradición que ya no es. Y sin embargo, para los sufis -la rama mística del islamismo- relatar historias en una rueda es un acto de comunión, un modo de honrar a la divinidad en ese espacio de relatos con lecturas entre líneas, parábolas y símbolos esotéricos. Para ellos, Dios habría creado a los hombres porque gustaba de escuchar historias. ¡Qué importancia tiene entonces el vivir, aprender y luego contar historias! Sin embargo, hoy pocos se toman el trabajo de llevar una vida heroica en busca de sus sueños. Qué decir, si apenas unos pocos cultivan el entregarse a leer una novela. De allí que le dé mucha relevancia al cine como transmisor actual de mitos, valores y moralejas. El cine es de los pocos herederos masivos de lo que fue la función del antiguo teatro griego y su recurso de catarsis emocional. Y por sobre todas las cosas, rescata la narrativa del viaje del héroe, que como diría Joseph Campbell, son las historias que valen la pena contar, porque son ejemplos de la capacidad de superación humana. Sea un triunfo económico como en “La búsqueda de la felicidad” con Will Smith, sea un logro vocacional como en “La sociedad de los poetas muertos”, o bien espiritual o sentimental. El espectador se siente exaltado al identificarse con el protagonista, sea éste Rocky Balboa o Gandhi…

- ¿Cuál fue la primera película que recuerda?
- Recuerdo haberme dormido viendo "El golpe" en un tren que nos conducía a Bariloche. Nada personal con la película, simplemente recuerdo el reproche de mis mayores por mi insolente sueño. De todos modos, su banda de sonido me quedó grabada a fuego para siempre. Luego recuerdo haberme reído mucho con "La fiesta inolvidable" de Peter Sellers en una sala de cine céntrica de Montevideo. Todos aquellos desbordes de agua jabonosa me han quedado en la memoria de una infancia remota. Eran tiempos ingenuos en el cine, con películas de Cantiflas, con ambientes silenciados de plena dictadura. Sin embargo, siempre permaneció el hechizo por la figura de El Zorro, el justiciero oculto. La caballerosidad en oposición a la prepotencia.

-¿Qué películas diría hoy que fueron las más importantes para su propia vida?
- Curiosamente tengo un particular afecto por “El rey león”, de Walt Disney, ya que con ella tuve hace ya casi 15 años la excusa de presentar charlas analizando esta historia heroica que pone en escena al líder de la luz –el padre Mufasa- y su resentido hermano “Scar” - “cicatriz” en inglés - que como su nombre en inglés lo señala, fue derrotado en la contienda física, pero fue creciendo en él un resentimiento envidioso - el león oscuro tiene los ojos verdes, color de la envidia - cargado de venganza que plantea un interjuego de fuerzas que forma parte de este mundo que vivimos a diario. También tengo un cálido recuerdo de “Los sueños”, de Akira Kurosawa, ya que una maestra y colega que tuvo mucha influencia en mi formación, Alondra Mendizábal, lamentablemente ya fallecida, nos decía siempre que la comprenderíamos en cuanto fuésemos aprendiendo simbología. Es un film bellísimo compuesto de 8 sueños, ofrecen alegoría de la sucesión de la infancia a la vejez y sus pruebas e iniciaciones respectivas. Es una secuencia no sólo a escala humana individual, sino de nuestra propia civilización, necesitada del reencuentro con el chamán anciano de la tribu para no caer en el desastre nuclear o ecológico.

- ¿Qué películas sí recomendaría como básicas si tuviera que darle una breve lista a alguien que nunca vio una película?
- Existe una dimensión estética o artística para clasificar films. Pero mi perspectiva necesariamente psicológica me lleva a evaluarlas según cuánto pueden servir a acompañar a una persona por un trance típico de una etapa de la vida. Por tanto, esa lista debería comprender cada edad y sus aprendizajes. Hay muchos films que hablan de ser fiel a la vocación como “Claroscuro”, “Ratatouille”, “Kung Fu Panda”, “Neverland”. Otros corresponden a ese instinto de iniciación adolescente en que Freddy Kruegger y demás demonios ponen en escena la muerte de la niñez para que nazca el adulto, como en las tribus primitivas. La adaptación del joven a la vida laboral o a su dimensión heroica puede tener sus tentaciones como en “El abogado del diablo” o “El club de la pelea”. Las comedias románticas abarcan todas las vicisitudes de la búsqueda de pareja, e incluso existen films sobre la recuperación después de un divorcio como en “Bajo el sol de Toscana”. Las crisis de la mediana edad se ven bien en “Belleza americana”. Las películas más existenciales o espirituales plantean los misterios que superan la adaptación de la primera mitad de la vida, y allí tenemos “La fuente”, “Más allá de los sueños”, o mismo la argentina “No te mueras sin decirme adónde vas”. En definitiva, cada film es un posible mito que te ofrezca el mapa para la etapa del viaje que estamos recorriendo en la vida, para no sentirnos solos en esa encrucijada que de hecho, miles de hombres y mujeres ya atravesaron antes en la historia humana.  

- ¿Y si tuviese que hacer esa recomendación a un extraterrestre que precisa claves de lo que es la vida humana?
- Quizá le recomendaría ver “Las alas del deseo”, la película alemana del ángel que después de mucho asistir a los seres humanos, decide encarnar en la vida física. Quizá a un extraterrestre le ayudaría ir asimilando los paisajes y las lógicas humanas por medio de un protagonista con quien identificarse, que se va adentrando lentamente en la humanidad. Pero también pueden servir muchas de las películas que yo llamo “sistémicas”, porque ponen en juego muchos personajes que terminan interrelacionándose, como las películas de González Iñarritu – el caso de “Babel”-, “Crash” o “Paris”.

- A la luz de la popularidad global que tiene el cine - ya sea en sus formatos clásicos de sala cinematográfica, video, DVD, o ahora transportado por las redes - ¿qué importancia siente que tiene para la humanidad?
- Si existe radio, televisión, cine, entretenimientos y más esencialmente sueños durante el descanso, es porque tenemos la necesidad psíquica de un desahogo irracional. Imaginemos la “locura” que sería vivir 24 horas al día nuestra pequeña rutina, adaptada, comportándonos, sin misterios ni aventuras. Por eso, volviendo al tema de los relatos de historias, en “Las alas del deseo”, el narrador afirma que no puede renunciar a su tarea, porque sino se acabaría al instante la inocencia en el mundo. Nuestra parte niña necesita seguir siendo alimentada con los recursos de la imaginación y el arte real. Sino, nuestra alma padecería una depresión mayor por anorexia.

-¿Qué siente que tiene que tener una película de calidad?
- Sencillamente que su arte tenga alma. Si alguien te vende una creación sólo para impresionar a los demás, desahogar su resentimiento, ganar plata o hacerse el inteligente, seguro que te vas a ir del cine con la sensación de que te vendieron una caja hueca, más o menos descartable, más o menos tóxica.

- Finalmente,  ¿qué diría que es el cine?
- Cine es para mí embrujo y poesía. Si el escritor Stephen King definía el escribir como telepatía, cine es la sugestión hipnótica de un director que nos conduce por sentimientos, identificaciones y agonías, por historias que probablemente nunca vayamos a vivir en nuestra vida individual. Por lo mismo, creo que necesitamos tener el sentido crítico e incluso la precaución anímica para seleccionar qué películas vamos a dejar ingresar a nuestra alma.

14.10.09

Amanda Guerreño

Compositora argentina

Reconocida por su obra musical de temática americanista y de compromiso social, sus composiciones incluyen la experimentación sonora. 



Diego Oscar Ramos - Uno Mismo - 2009






   La imagen bien valdría una escena cómica y simbólica de una película, pero es bien real que en su tempranísima juventud, cuando las relaciones de pareja sabían de presentaciones familiares y compromisos aprobados por los padres, a Amanda Guerreño su vocación por el piano le alejaba los pretendientes. “Decían que no querían tener una mujer pianista en la casa porque si se casaban era para que la mujer fuese ama de casa, pero ahí ya no entraban más, nunca me dejé convencer por ninguno”, cuenta con gracia la mujer cuya determinación y curiosidad la llevó a ser formada en musicalmente en la Escuela Superior de Bellas Artes de la Universidad Nacional de la Plata por grandes maestros como Alberto Ginastera y Francisco Kropfl, dos hitos musicales argentinos cuyas diferentes concepciones acabaron confluyendo en la personalidad compositiva de Guerreño, mundialmente conocida por obras de inspiración latinoamericanista y apasionada por una tecnología que le proporciones fuentes de investigación que pueda incorporar a su identidad artística.
   “Siempre traté de hacer algo propio, una creación única, sin importar los medios tecnológicos o las tendencias del momento, sino algo que sea mío”, comenta la creadora del Via Crucis Latinoamericano, una pieza encargada, para los 500 años de la llegada europea a América, por la Conferencia Episcopal Alemana. En esa obra supo darle música a pinturas de su esposo, el Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, donde la pasión de Cristo se veía enmarcada en la realidad socioeconómica latinoamericana. “Lo viví de una manera muy fuerte, cada escena me hacía volver al Evangelio para impregnarme de la historia, para poder ser lo más fiel posible lo que podía haber pasado en ese momento Jesús, fue una época muy fuerte”, resume hoy la autora y define el papel que para ella tiene el componente social dentro de su creación: “No se puede mirar al costado cuando se ven las carencias y las cosas que pasan, no nos podemos componer en el vacío, sin tener motivaciones, se podría hacer técnicamente, pero no tendría inspiración, no diría nada”.



La obra y la vida

     Otro de los trabajos que surgieron del clima social y espiritual surgidos por trabajar mano a mano con su esposo, fue la obra Tierra Nuestra Libertad, basada en poemas de Dom Pedro Casaldáliga, Obispo de Sao Félix do Araguaya, una región de la Amazonia brasilera. “Me enamoré de sus poesías y más aún estando en el mismo lugar donde las hizo, el lugar donde trabajaba con los indios tapirapé, esa obra me inspiró, se me aparecían todo el tiempo cosas para hacer, de allí surgió una obra coral muy inspirada”, comenta la pianista, en cuya biografía deberíamos ya destacar un período previo a estas composiciones, cuando sintió la necesidad de cursar la carrera de Enfermería Profesional en la Cruz Roja, ejerciendo la profesión por años en los que nunca abandonó sus composiciones. Toda esa experiencia de estar cerca del dolor de las personas, tuvo su marca en las creaciones con ecos humanistas, pero también en la manera en que recomienda accionar siempre teniendo en cuenta lo que siente el otro, tanto en el padecer como en el goce. “Uno tiene que tener en cuenta al público, cuando compongo me tiene que gustar lo que estoy haciendo, tengo que sentir algo, porque si no lo siento va a pasar lo mismo con el público, por eso me preocupo por el oyente”, dice Guerreño y asegura que suelen ser las personas con menos tradición de escucha musical erudita quienes hacen más conexión con sus obras: “No sólo lo dicen con el aplauso, sino cuando se acercan y me comentan algo que tenía que ver exactamente con lo que yo quise hacer, lo que me pasó mucho con el Vía Crucis en vivo, con gente que, entre la música y los cuadros, sintieron que estaban viviendo esa pasión”.
     Hoy, esta mujer que supo oír más a su vocación que a muchos profesores que por su condición femenina no la estimulaban a que estudiase Composición, que decidió dedicarse más a crear obras musicales que a dar conciertos de piano cuando tuvo ya tres hijos, hoy dice sentirse tan libre que pide que no la etiqueten ni siquiera por su talento para haber generado una obra latinoamericanista por la que es reconocida internacionalmente. “Todavía no conocen mi faceta electroacústica, que es más abstracta, como formada por una orquesta de sonidos desconocidos, una obra que me fascina y que cuando la escucho no puedo creer que yo la hice”, cuenta entusiasmada Guerreño y confiesa que, así como la ennoblece que pronto pueda escucharse la interpretación de una nueva obra suya por la Orquesta Sinfónica Nacional o que esté ya viajando para estrenar una sinfonía coral en Galicia, pocas cosas la hacen tan feliz como cuando logra sorprenderse con sonoridades y estructuras generadas en su hogar con los más avanzados programas digitales. Esa es la Guerreño que no todos conocen y que saldrá a la luz, cuando sienta que sus exploraciones musicales han llegado a un punto ideal, ese en el cual alguna conmoción la invade y la deja saber que esa música nueva ya nació. Y merece conocer el mundo. 



Telefunka


Puente electrónico



Producidos por el argentino Capri, la banda mexicana Telefunka grabó un disco durante el 2005 en Buenos Aires con músicos como Gustavo Cerati y Bajo Fondo Tango Club. Vaya como presentación posible de un grupo aún poco conocido entre nosotros.





Diego Oscar Ramos - Playboy México - Agosto 2005


    Si del querido Buenos Aires viene aquella voz que cada día canta mejor, qué otro sitio hallarían los mexicanísimos Telefunka para trabajar en la producción de un disco donde agregan la voz a su música electrónica con espíritu rocker. Superestimulados por la ciudad, los hermanos Giancarlo y Aldo Fragoso (junto a John, nuevo miembro de la banda), tocaron en el multitudinario festival electrónico Brahma Beats, vivieron intensamente el circuito musical electrónico porteño y grabaron con músicos como Gustavo Cerati y Adrián Dárgelos de Babasónicos, además del violinista de Bajofondo Tango Club. El oficio como productor de Capri, a quien conocieran en los últimos premios MTV Latinos, podrá medirse en octubre, cuando se edite por fin en México el último trabajo de Telefunka. “Teníamos ganas de venir a la Argentina, porque desde adolescentes la información de la música argentina ha sido muy fuerte para nosotros, Soda Stereo, Fabulosos Cadillacs, Charly García y Miguel Mateos, los tocaban tanto que era parte de la cultura mexicana”, cuenta Giancarlo, guitarrista y saxofonista del grupo. Aldo, responsable de las programaciones y el arte visual del grupo, asegura que “más allá de lo que uno pueda aprender musicalmente, esta ciudad transpira cultura por todas partes, la arquitectura, el urbanismo, te hace ver las cosas diferentes”. “Aquí la gente se da la oportunidad de escuchar cosas nuevas, es una gran ventaja, se da una retroalimentación positiva”, dice Giancarlo, tan cómodo con “la vibra de la gente” que ya quiere vivir un tiempo más el año entrante, como estímulo para la composición, ya que les parece un sitio más pacífico que el DF, lugar que aman pero del que necesitan respirar, porque “si la vida te da la oportunidad de moverte lo tienes que hacer, creces mucho”. Elogiados por su simpleza y vitalidad, uno de los secretos afectivos de su música está en el uso de sonidos electrónicos retro con aroma a videogame: “en la niñez y la adolescencia percibes más las cosas del mundo y cuando tienes la oportunidad de hacer algo artístico te remites a eso y si están regresando un poco los ´80 es porque los que ahora hacemos música tuvimos la niñez y adolescencia entonces”, explica Aldo y su hermano completa: “nuestra primera incursión en la música electrónica fue, sin darnos cuenta, en los ruidos monofónicos de los videojuegos, cuando no había forma de grabar un wav”. Nombran luego a Kraftwerk, Daftpunk, The Cure, Sandro, Charly García y la música popular mexicana como influencias variadas que se unen en el ideal de la banda de que “es digno de admirarse todo aquel que logra su cometido”. El cometido de Telefunka - ahora que ya grabaron discos como Electrodoméstico (2003) y su versión orquestal Electrosinfónico (2004), que tocaran en Europa y grabaran en Buenos Aires - es “lograr una distribución más global y afianzar una forma de vida”, como dice Giancarlo y como reafirma Aldo: “todo lo que va pasando es un sueño y queremos alargarlo lo más que se pueda”.



Telefunka y Gustavo Cerati - Electroshock

10.10.09

Médicos kardecistas


Ciencia espiritual

Junto a la plegaria sanadora y los pases magnéticos, las operaciones espirituales parecen tener tanto tiempo como la humanidad. La ciencia sigue considerando estos fenómenos como sugestión o engaño. Pero hay excepciones, como los médicos espiritistas kardecianos, quienes creen en un camino vinculante entre lo espiritual y lo científico. 



Diego Oscar Ramos - Más allá de la ciencia - 2009

     Chamanes, brujos, curanderos, videntes, médiums,  han sido considerados desde el principio de los tiempos como los poseedores de la cuerda mágica que une los saberes del cielo con los de la tierra. Y si la salud estaba ya ligada a la restitución de órdenes violados entre el universo humano y el de los espíritus, algunas de las cosmovisiones más antiguas parecen estar hoy integrándose a la forma en que percibimos. Es habitual que los médicos occidentales integren como saludables la práctica de disciplinas orientales como el Yoga o interactúen con el concepto de energía profesado por los médicos chinos. Y este tipo de integraciones abren el campo para que la ciencia discuta con otros ojos no sólo fenómenos como el conocimiento de ciertas tribus sobre plantas curadoras o hasta la capacidad de sanidad que puede haber en la fe religiosa. También se empieza a plantear explicaciones posibles sobre la cirugía espiritual, aquella practicada durante un trance de mediumnidad, con las manos, elementos cortantes precarios y sin asepsia alguna. Las personas intervenidas suelen decir que no han sentido dolor antes o después del proceso en el que son curadas por entidades espirituales que usan al curador para extirpar tumores, coágulos de sangre o alguna materialización de la enfermedad.
     En estos tiempos los casos más reconocidos mundialmente han venido del continente americano, en países como Filipinas, Brasil o México. En todos los casos se han realizado investigaciones científicas, con conclusiones variadas, que hablan no sólo de fraudes sino también de la aceptación del misterio ante la carencia de respuestas racionales. Entre los casos más resonantes están los filipinos Tony Agpoa y Virgilio Gutiérrez, los mexicanos Miguel Palentos y Pachita, junto a los brasileros Zé Arigó y João Teixeira de Faria, más conocido como Joao de Deus. La ya desaparecida Pachita diagnosticaba conciente las enfermedades, pero operaba por la noche, cuando su cuerpo era aparentemente tomado por Cuauhtémoc, último rey Azteca. Al despertar del trance, ella no recordaba lo sucedido, pero la persona había sanado. Hay enorme cantidad de casos corroborados, lo mismo que le sucedió en vida al brasileño José Arigó, quien usaba tijeras o cuchillos de cocina para intervenir desde cataratas a extracción de tumores malignos. Dicen que bajo su mano actuaba el espíritu de un médico alemán fallecido durante la primera guerra mundial. Lo concreto es que Arigó llegó a fundar una clínica, donde atendió hasta su muerte a 200 personas por día. Este camino de popularidad está siguiendo hoy Joao de Deus, quien hace casi 50 años que canaliza 33 entidades espirituales que dan sanación a cientos de personas por semana que lo consultan.  

Mecánica de la vida

     “Desde el punto de vista parapsicológico, la mediumnidad de cura es un fenómeno de Bio-psicokinesis, una acción de la mente sobre procesos fisiológicos sin ninguna forma de mediación”, explica Daniel Gómez Montanelli, psicólogo, parapsicólogo y presidente de la Fundación Allan Kardec, centro argentino dedicado a la atención de pacientes oncológicos bajo el credo espírita. Para el investigador, la Bio-pk es en sí la mecánica de la vida, perceptible si logramos visualizar dónde nace el primer impulso de cualquier movimiento intencional. Al explicar que la mente es una entidad no física que actúa sobre la materia, esta idea le sirve de analogía para dar cuenta de cómo intervienen los espíritus a través de los médiums. “Los Espíritus son hombres que han dejado su cuerpo material, continúan viviendo en una dimensión paralela a la nuestra, donde la mente actúa también sobre la materia”, dice e indica que esta intervención espiritual tiene un claro propósito: “La persona que se curó por esta vía no puede seguir dudando de que hay una dimensión trascendente”. El parasicólogo cita al Evangelio de Juan, donde Cristo cura a un paralítico, al que al reencontralo le dice que no vuelva a pecar, para que no le ocurrieran cosas peores. “Jesús no sólo revela que hay una relación entre los estados mentales y emocionales del hombre con el origen de sus enfermedades, sino que lo invita a realizar una vida más elevada”, explica Gómez Montanelli, para clarificar que estas curas están buscando un despertar espiritual de la humanidad. 
     En cuanto a aspectos como la materialización o desmaterialización de sustancias orgánicas y la aparición espontánea de objetos en los sitios de las operaciones, el investigador dice hallar referencias no sólo en la literatura espírita, metapsíquica y parasicológica, sino también en la Física: “A partir de la Teoría General de la Relatividad sabemos que estos fenómenos no tienen nada de sobrenaturales, conocemos la relación entre masa y energía, además de que vivimos en un universo con más de tres dimensiones. Años antes de los descubrimientos de Albert Einstein, el investigador espírita Johan Karl Friedrich Zöllner (1834-1882) que fuera profesor de Física y de Astronomía de la Universidad de Leipzig, postuló la existencia de una cuarta dimensión, habitada por seres espirituales capaces de entrar, salir y operar dentro de nuestro espacio tridimensional”. El parapsicólogo asegura que debemos hablar de estos casos como hechos objetivos, además de circunscribirlos a apenas un capítulo de la Medicina Espírita, la que, en sus palabras, incluye la preparación para la muerte, el diagnóstico entre psicopatología y paranormalidad, la desobsesión o tratamiento de perturbaciones espirituales, los estados no ordinarios de conciencia y la regresión de la memoria a vidas pasadas. 

Neurología de la mediumnidad

     Autodefinido como espírita médico, el neurocirujano brasilero Nubor Orlando Facure es director y fundador del Instituto del Cérebro en la localidad de Campinas. Con casi medio siglo de trabajo como neurólogo, su formación espiritual y médica tuvo la marca temprana de una convivencia en su ciudad natal de Uberaba con figuras como el médico Inácio Ferreira, fundador del primer hospital neuropsiquiátrico espírita del mundo, o el mismísimo Francisco Cândido Xavier, uno de los médiums más famosos de toda la historia del espiritismo, a quien supo acompañar en visitas a Uberaba. “Creo que esos contactos me fortalecieron en el conocimiento y la prática espírita”, dice el médico, hoy seguro de que la enfermedad es el principio de la cura, ya que ofrece lecciones útiles para el desarrollo de la vida espiritual.“Siempre alerto a mis pacientes de que mi propósito no será tratar sus enfermedades sino su propia persona, de ahí mi necesidad de conocerlos por entero y preguntarles sobre sus problemas físicos, psicológicos y espirituales”, comenta Facure antes de opinar sobre los casos de cirugía espiritual: “Los percibo como una intervención alternativa de la Medicina y no una substitución, aunque condeno el uso de instrumentos cortantes o las aplicaciones de substancias por inyecciones innecesarias, como hacen algunos médiums. En mi percepción los actuales mediums de cura van a contar en un futuro breve con una asistencia médica que disciplinará sus fuerzas, así como una usina eléctrica direcciona las fuerzas de las cascadas”.
     Sobre Joao de Deus, el máximo médium de cura actuando en el presente, el neurólogo dice no conocer de cerca el caso, pero le impresiona la asistencia de tanta gente por años. “Ningún médico mantendría tal clientela si no obtuviese éxito en las sanaciones, imagino que, junto a la multitud que lo busca, debe estar movilizando una densidad fluídica extraordinária que la espiritualidad allí presente aprovecha para modificar el padrón vibratório de los que allí frecuentan”, explica Facure, manejándose con conceptos precisos de la cura según el paradigma espiritista y aclarando que en todos casos siempre sintió a los procedimientos quirúrgicos como una agresión al cuerpo. Claro que, en caso de que fuese obligatorio operarse, dice que lo haría sólo bajo la estructura de la Medicina, la que también está modificando conceptos, con la aparición sostenida de técnicas cada vez menos invasivas. El punto integrador, para el médico, trasciende igualmente el ámbito de lo científico: “Sin redención espiritual, sin transformación interior, sin predisposición para mejorar, sólo estaremos posponiendo compromisos o cambiando la manera de sufrir, la cura sólo traerá progreso efectivo si viene acompañada de iluminación, el conócete a tí mismo es aún muy oportuno”.  

¿Todos somos sanadores?


  “Todas las  personas pueden ayudarse o ayudar a otros a través de la oración o de la imposición de manos, hay muchas investigaciones sobre el poder de la plegaria o el toque terapéutico”, explica Gómez Montanelli y da ejemplos cotidianos de prácticas instintivas de cura: “Cuando ponemos nuestra mano sobre una parte del cuerpo que nos duele, cuando la mamá apoya su mano o acaricia la zona dolorida de su bebé, cuando tomamos entre nuestras manos la mano de un ser querido que sufre, estamos dándonos o transmitiéndole al otro parte de nuestra energía vital”. Eso sí, con la actividad mediúmnica de cura habría importantes grados de diferencia. El sanador mediúmnico no sólo difiere por características específicas y diferenciales de su energía vital, sino por la canalización de entidades espirituales. ”De ahí que un médium de cura obtenga resultados más ostensivos que los puede obtener una persona que carezca de esa facultad”, detalla el investigador, al tiempo que aclara que todos somos capaces de percibir la influencia de lo espiritual, aún sin saberlo concientemente. Luego revela que, según estadísticas mundiales, más de la mitad de la población actual ha tenido al menos en su vida un fenómeno paranormal, aunque se lo olvide o niegue en su total dimensión. “Algunos tienen una mediumnidad ostensiva, otros apenas intuitiva, en algunos se manifiesta para la cura, en otros para el habla, la escritura o la videncia”, comenta por su parte el doctor Facure, seguro de que estas condiciones naturales tendrán un valor sumamente saludable en una nuestra evolución como especie: “Como nosotros aprendimos a controlar las fuerzas de la naturaleza, el Hombre del futuro sabrá conquistar y disciplinar esos recursos”. 

Enfermedad y Redención.“Kardec postuló la existencia en el hombre de un cuerpo energético informacional, al que llamó periespíritu, que  funciona como matriz para el desarrollo, lugar de procesamiento y registro de estados mentales y emocionales”, indica Gómez Montanelli, asegura que se abaló experimentalmente al hallarse campos electrodinámicos en los seres vivos, cuya estructura cambia antes de que se presenten dolencias en el cuerpo físico. Allí recuerda a la doctora espiritista Marlene Nobre, para quien “todo cuerpo enfermo refleja un Espíritu doliente”. Por eso es que considera que “si la causa de la enfermedad está asociada al alma, es ahí donde reside la fuente primaria de todos los medicamentos definitivos”. En este pensamiento se alínea también el doctor Rubor Facure, cuando realiza esta afirmación: “El Espírito está siempre en el origen de todas las enfermedades. Un Espíritu perturbado enferma al cuerpo, el cuerpo enfermo pone a prueba al Espíritu y el Espíritu en prueba es una oportunidad de redención”. 

Magnetismo y CuraLa acción magnética, fuente de cura para Allan Kardec, se puede producir de varias maneras. 1- Magnetismo humano: por el propio fluido del magnetizador, su acción depende de la fuerza y cualidad del fluido, 2- Magnetismo espiritual: el fluido de los Espíritus actúa directamente y sin intermediario sobre un encarnado, para curarlo o calmarle un sufrimiento, para provocarle sueño sonambúlico, para ejercer una influencia física o moral y 3- Magnetismo mixto: ejercido por fluidos que espíritus derramam sobre el magnetizador, imprimiéndole a su propio fluido cualidades de las que éste carece.  


Hospitales espiritistas. En su tesis de doctorado en Salud Colectiva, el médico brasilero Rodolfo Franco Puttini asegura que en Brasil el Espiritismo se tornó durante el siglo XX una doctrina científica, gracias a la Medicina. Hay cientos de hospitales que incluyen un servicio donde espiritistas preparados realizan pases magneticos a pacientes crónicos y agudos. La influencia sería sanadora en cuanto modificadora de las vibraciones del fluido del paciente, elemento en interacción constante con el fluido presente en la naturaleza toda.

Hugo Mujica


La proyección desde el vacío
             
Hugo Mujica es un caso particular dentro de la Iglesia: sacerdote, poeta y ensayista, es difícil verlo dentro de la ortodoxia católica. Su elección del sacerdocio tiene una implicancia significativa a la luz de los caminos que han enmarcado su búsqueda de sentido y trascendencia: la pintura, las experiencias psicodélicas, las religiones orientales y una intensa vivencia como monje.

Diego Oscar Ramos - Uno Mismo - 1996  



Respetado intelectualmente - cursó estudios de Bellas Artes, Filosofía, Antropología filosófica y Teología-, no deja de ser observado con cierto resquemor por otros sacerdotes por su costumbre de hablar con profunda libertad y detalles como no exhibir su condición sacerdotal en su vestir cotidiano. Sabe que la religiosidad se muestra en los caminos de la generosidad y la comprensión del dolor del otro. Mujica es ante todo una persona interesante, poseedora de un magnetismo que se desliza con armonía entre sus palabras. La paz que transmite su presencia y su hablar calmo y reflexivo trastocan el sentido del tiempo. La publicación de sus libros de poemas como Sonata para violoncello y lilas o Para albergar una ausencia  o ensayos como Keyre Eleison, Kénosis o La palabra inicial  -su último libro dedicado al análisis de la filosofía de Heidegger - se convierte en una excusa para internarse en  experiencias e ideas en las que confluyen el misticismo, la importancia sacra del silencio y la palabra, el sentido metafísico del arte y las vinculaciones centrales entre las religiones.


La  experiencia de lo divino

- ¿Su vocación religiosa surge por alguna influencia de su entorno familiar?
- En absoluto. Yo vengo de esas familias que creen por ósmosis, donde nunca apareció el planteamiento religioso. Fui bautizado porque es un rito que se confunde con lo social y nada más. Dios no era una pregunta que aparecía, y ya en mi adolescencia creía en la idea de la religión como “opio del pueblo”. Además en aquella época digeríamos a Sartre, el existencialismo era tema de discusión aunque uno no lo entendiera perfectamente, representaba la entrada del absurdo como forma de comprensión de la vida. Entonces por un lado no creía ni me planteaba el problema de Dios, pero me cuestionaba fuertemente el problema del sentido de la vida, buscaba y sentía que debía haber un sentido. Y quizás la forma más básica de comprensión de aquello que nos falta es proyectarlo en la lejanía; por eso viajar, sin tener dinero y consiguiéndolo  con esfuerzo tenía que ver con todo esto.


- De su estadía en los Estados Unidos suele destacarse su contacto directo con gente como Allen Ginsberg o Timothy Leary. ¿No puede verse una continuidad concreta entre la búsqueda mística y sus contactos con las experiencias y fundamentos de la cultura psicodélica?
- Para mí hay una continuidad total. Yo diría que mi primera experiencia de lo divino fue a través de las drogas. Hasta mediados de los ‘60 la droga siguió siendo parte de un grupo iniciático, en el cual se la usaba para algo, era una búsqueda: las posibilidades de ir más allá. La experiencia estaba dentro de una conceptualización, tenías un marco interpretativo de lo que te pasaba. Yo trabajé con Timothy Leary, con Ralph Metzner, en ensayos sobre los procesos de creatividad bajo efectos psicodélicos. Después ya se trataba de tomar droga en medio de la vida cotidiana y hay que salir. Si para apropiarte de lo que descubrís en vos necesitás volver a la droga y sos incapaz de lograrlo en la vida quedás atrapado. La droga es una estación de paso en esta búsqueda. Creo que no hay ninguna experiencia en sí que sea la totalidad, y podés estar atrapado como sacerdote, como padre de familia o como drogadicto.


- ¿Cómo evaluaría la cultura de los ‘60 y por sobre todo el hippiesmo? Usted estuvo en Woodstock, el broche final del movimiento.
- Con Woodstock los ‘60 se habían terminado, para los que teníamos un poco de claridad significaba el sistema chupándose todo. Era el velorio y no la fiesta. El hippismo, en la idiosincrasia sajona, había sido un brote afectivo en medio de una vida cruelmente racional y funcional. Un neo-romanticismo, un medievalismo, una vuelta a las comunidades, al trueque, a la plaza. Pero la falla básica era que no había contenido. En otros movimientos de vanguardia la figura era siempre el tipo con el libro debajo del brazo: los existencialistas, los beatniks. Con los hippies ya no aparecía el libro, y el afecto necesita estructurarse, sino se disuelve. En medio de esta disolución yo me estaba dedicando a pintar y buscaba aquello que la palabra Dios señala y el camino era ir descartando. El show de los ‘60 había bajado el telón mucho antes de Woodstock, había que volver a la vida de todos los días.


- La pintura debe haber sido importante en esta etapa de búsquedas...
- Precisamente el último cuadro que hice fue un mandala, de varios metros, había trabajado un año en la tela. Se la mostré a Timothy Leary y fue él quien me dijo que era un mandala, entendiéndolo en un sentido oriental, como instrumento para meditar. Yo en ese momento no conocía el significado del símbolo, y en mi casa y lo encontré en un texto de Jung, quien explica que Occidente incorpora el símbolo entendiéndolo como el contacto con sí mismo. Y cuando uno termina un cuadro hay un momento como de orgasmo, donde el cuadro y vos sos uno, hasta que aparece el primer descubrimiento del error y eso da nacimiento al próximo cuadro, el darse cuenta que ahí no lograste todo. Pero cuando terminé ese mandala el momento de fusión no se cortó por la evidencia del error sino por la sensación de que había puesto todo ahí. Después seguí dibujando, pero técnicamente. Con el tiempo, me di cuenta de que la pintura me había llevado hasta mí mismo, pero nada más; en cambio, lo religioso fue lo que me llevó más allá de mí.  Cuando dejé de pintar tuve dos años de una depresión muy fuerte, de repente se me había acabado la vida. Me había hecho una imagen de mí siendo más que Picasso por lo menos y de golpe sentí que no, y me pregunté ahora qué hago, cuando según mis cálculos me faltaban unos sesenta años de vida. En esa época había vivido tres años con una chica, pero diría que eso también se había agotado, aparecía como un pasaje y no como estadía.


El inconsciente cristiano

- Su vinculación con lo religioso se da, luego de estos puntos de pasaje, con el orientalismo y no desde lo cristiano.
- Claro, porque el sistema religioso oriental encaja muy bien como conceptualización de la experiencia mental de la droga. En el fondo de lo que se trata es de una experiencia energética, de símbolos. Esto se da en los ‘60 pero no surgía de la nada; en los ‘50 los beatniks van hacia la India y en la década siguiente los gurúes se dan cuenta de que hay demanda y vienen hacia acá. Fue William Burroughs quién en un viaje a la India conoce a Swami Satchidananda, que sería mi gurú, y le regala un pasaje para que recorra el mundo. Al llegar vino a orientar a todo un grupo de personas que estábamos en la droga pero a la vez en búsqueda, y el paso al orientalismo es el paso que damos muchos. Y si bien el gurú no era más que un cura de allá, venía vestido de azafrán y no de negro, liberado de todas las connotaciones negativas que para nosotros tenían los sacerdotes católicos; había una ingenuidad de pensar que todo lo que venía de Oriente era perfecto. Después cuando fui a India me di cuenta de que son tan supersticiosos como nosotros, que es lo mismo decir una mantra que el rosario; pero entonces a ninguno de nosotros se nos hubiera ocurrido ir a una Iglesia. Anteriormente yo había estudiado filosofías orientales, pero sólo con un interés intelectual, y estuve dos meses con los hare krishna. Con el gurú estuve una año y medio, no fue una moda pasajera, éramos cinco discípulos viviendo en una casa en las afueras, practicando yoga y meditación. Y un día nos planteó que sentía que lo suyo era la divulgación y no la formación de discípulos, por lo que debíamos seguir nuestro camino sin él. Yo me había planteado ir a la India, tenía todo preparado, cuando viajé con el gurú a una conferencia en un monasterio trapense de Spencer, cerca de Boston. Al bajar del avión le pregunté si nos íbamos a quedar y dijo que no sabía, pero luego respiró profundamente y dijo the air is thick of love, el aire está espeso de amor, y a mí me conmovió profundamente, porque yo pensaba ¡cómo los cristianos van a tener amor!; estaba metido en esta superioridad oriental, en el carro del triunfador, pero al entrar a la iglesia me agarró un ataque de llanto. Ahí reconocí lo que Jung dice: que es imposible para un occidental ser oriental, que el inconsciente sigue siendo cristiano.  Yo nunca me había sentido totalmente cómodo con lo oriental, y lo que era una sensación pude explicármelo posteriormente: para ellos Dios es la esencia y no la existencia, y el precio de la esencia es el descarte de la existencia. Ese desprecio constante que había hacia todo, y que tiene cierto contacto con la Iglesia de los años ‘20 con su idea del cuerpo como pecado, la negatividad puesta en la materia, la materia como obstáculo. Quizás lo que sentí como propio del cristianismo es que es en la existencia donde Dios se manifestó, y es abrazando la existencia como podemos tocar la esencia, porque la esencia es amor y el amor se materializa.  La idea del Dios hombre, la humanidad divina, poder abrazar la vida y no tener que irse de ella.


- Fue monje trapense durante siete años, y una de las normas esenciales era el voto de silencio. ¿No  halló una continuidad entre este reinado del silencio y las practicas de meditación orientales?
- Hay un contenido en la meditación que es un vacío, el regreso a un vacío del cual surgís; todas las religiones tienen un núcleo psicosomático para llevarte al espíritu, pero cuando el espíritu surge necesita encarnarse. Es ahí cuando la das la conceptualización; no son conceptos racionales sino canalizaciones. El llegar a ese pozo es común a todas las religiones, después llega la simbolización que sentís más afín a vos, es la elección que hiciste.  En el monasterio esa idea de silencio y soledad la sentí muy propia, en el silencio escuchamos a la muerte, escuchamos el vacío, algo que es bueno y es malo. Llegamos a un hueco que nos produce miedo y que hay que atravesar, para llegar a un silencio que es misterio, promesa de aquello que se reserva o palabra que aún no fue pronunciada. En mi último libro el tema es ese: la palabra inicial, la palabra que está siempre, cuando uno puede soportar el vacío hasta que el ser le dispense una nueva palabra, un nuevo sentido.


El olvido de uno

- Heidegger habla del horror al ser, presente en el niño antes de dormirse, cuando siente un vacío, cuando la oscuridad le quita todos los velos al ser, la realidad se desmaterializa y no tenemos referencias físicas a las que aferrarnos.
- Lo que estaba haciendo Heidegger en el libro La serenidad es tomar la mística de Master Eckhart que habla del vacío como el lugar donde Dios vuelve a decir su primer palabra: el verbo, haciéndonos sus hijos. Un vacío es promesa de fecundidad y otro es simplemente ausencia de todo, a él le tenemos miedo, pero sin pasar por este no hallamos al otro. Un tipo de vacío pertenece a la huida de la sociedad y otro a nuestra comunión.


- El Zen también habla del contacto con un vacío al que hay que llegar silenciando nuestro discurso interno sobre el mundo.
-La idea es ir más allá de ese nivel discursivo de la mente, hacia un lugar que si es realmente puro no hay nada que decir. Para mí la vida en el monasterio es simplemente una concreción física y existencial de ese vacío, desde su estructura con el patio en el medio donde suele haber un aljibe y en los cuatro corredores que lo circundan; de la habitación pasás a dar vuelta en torno a ese vacío, o vas al patio donde no hay nada más que el cielo arriba. El voto de silencio te aísla de toda proyección tuya a través del discurso y de comprensión del otro a partir de su discurso; la rutina te aísla de toda comprensión de vos mismo a través del proyecto de una realización y la obediencia te desconecta de toda comprensión a través de tu voluntad. De repente, de vos no queda nada más que vos, no queda ninguna posibilidad de proyección ni de espejo; ahí te encontrás con algo.


- En su libro Kyrie Eleison usted trabaja sobre una forma cristiana de meditación donde se busca el contacto íntimo con el ser. ¿Esto es fruto de las vivencias del silencio monástico y de sus experiencias anteriores?
- Kyrie Eleison es mi experiencia de oración, sobre todo en mi último año, cuando fui a Francia a formarme con un abad. Mi aprendizaje en esta etapa fue más de maestro que de libro, y este abad seguía la “oración del corazón”, que hilvanaba mucho con una oración de un mantra. Al salir fui a Monte Athos, en Grecia, una isla donde sólo hay monasterios y que fue el gran reservorio de la oración del corazón, que pertenecía a la Iglesia Ortodoxa. De toda esa experiencia surgió ese libro, pero después comencé a sentir la necesidad de que la contemplación se volviera transformación, una muerte del yo que no pasa tanto por el trabajo interior, es el otro con su necesidad el que me hace olvidarme de mí, que reclama a mi yo. Es  un concepto más cristiano, la trascendencia del yo vendría como olvido de uno mismo y no como trabajo sobre uno.


- Un aspecto de la “oración del corazón” que me pareció de gran interés es el hecho de que aunque haya libertad para conformar la plegaria, es esencial que aparezca el nombre de Jesús, incluso puede rezarse repitiendo constantemente su nombre a la manera de un mantra. Esto refleja el tema de la importancia sagrada del nombre, una idea que recuerda preocupaciones de los antiguos cabalistas.
- Esto es algo que los antiguos tenían clarísimo y que se perdió. Había nombre  cuando todavía la palabra era sagrada, en el sentido de ser capaz de instaurar aquello que designa, darle el ser a las cosas. La idea de Heidegger es la vuelta a ese lenguaje donde la palabra es la morada del ser, donde el ser todavía habita en la palabra. El gran equívoco que plantea Heidegger es que el hombre se adueñó del lenguaje, cuando en realidad el lenguaje es el dueño del hombre.


- Uno es hablado.
- Sí, aunque eso sería más lacaniano. Heidegger, Lacan, están embebidos en los místicos de los primeros siglos; es el concepto bíblico de “Dios habló y fue”.


La palabra dignificada

- ¿En lo cotidiano seríamos culpables de una profanación del lenguaje?
- Absolutamente, y creo que de eso se sale a través del silencio, para dignificar la palabra. Cualquier objeto se manifiesta más si se recorta un fondo amplio; si ponés cinco estatuas una al lado de la otra no se ve ninguna. Las palabras necesitan un horizonte de silencio en el que tengan espacio para vibrar. Y en el silencio monástico la base no es el silencio sino la escucha, la idea de que en el silencio va a ser oída una palabra. Esa es la experiencia mística, la que separa el silencio oriental del occidental; el oriental es destinación y el judeocristiano es origen, el lugar donde de nuevo todo va a volver a comenzar.


- Usted comienza a escribir poesía en su etapa final en el monasterio. ¿Que relación tiene la palabra poética con esta actitud mística?
 - La poesía es el género que más contiene al silencio y escribir es esta idea de manifestar aquello que escucho, la expresión de que algo se había dicho en mí, que no es para mí sino para otros. La primera traducción de esta escucha es lo poético. Yo diría que la poesía es la captación intuitiva y la prosa la discursiva. La poesía es de lo primero con que se reviste el silencio. Después aparece la técnica, porque no es lo mismo un poema bien escrito que uno mal escrito. Lo técnico sería más racional, sería hacerlo bello, pero la captación es más receptiva.


- Su obra suele rescatar la tradición mística de la Iglesia. ¿Qué sucede con la mística hoy? ¿Se revaloriza o se ignora esta tradición?
- Yo creo que hay místicos ahora, lo que pasa que lo místico nunca fue masivo. Suele pensarse que es elitista, pero todo es elitista. Hay una idea de los medios sobre la democracia, por la cual algo tiene valor si es para todos. Y la vida está hecha de pequeñas elites, el que amasa el pan es una elite maravillosa. En el mismo sentido se dice que la poesía no vende, y nunca vendió. Esa idea de que uno escribe para doscientos mil es moderna, Dante cuando escribió a mano La Divina Comedia la leyeron los cinco amigos que tenía, porque no se imprimía, y para él eso era suficiente. Y lo místico fue siempre algo muy particular, aún dentro de Oriente; pero sólo es uno de los caminos, está el de la generosidad, el del olvido de sí, el del compromiso. Cuando vino a Occidente el paquete oriental de la meditación me planteé qué pasaba con nuestra tradición. Cuando vas a Oriente hay como una divinización de nosotros, hay libros sobre el yoga de San Juan de la Cruz.  Lo que sucede es que reciben la pureza,  cuando mandaron un monje a hablar a India fue Thomas Merton y allí deben pensar que todos los monjes son como él. El engaño es que uno, como en el noviazgo, ve nada más que lo mejor, y yo traté de recuperar a través de Kyrie Eleison y Kénosis toda esta vida más interior, todo esto que en un momento aparecía como exclusividad de Oriente; y a la vez tratar de respetar lo oriental, porque la experiencia espiritual en sí es neutral.  


El dolor religioso


- Volviendo a la pregunta inicial ¿De dónde surge su vocación sacerdotal?
- La idea de ser sacerdote la traje del monasterio. Al salir me tomó un año, para estar seguro de que no era simplemente una necesidad de protección. Después de seis meses en el campo sentí realmente que eso era lo que quería. No sabés cómo, pero sentís un llamado, algo que se impone sobre uno y aunque podés decir que no,  lo sentirías como traición. Pero no fue fácil, sentí un choque grandísimo, venía de una elíte espiritual y esto era salir del Colón e ir a parar al Luna Park, los seminaristas eran pibes que venían de la parroquia, más o menos formados. El primer roce fue con un pibe que tenía la radio en el cuarto y me dijo: a mí el silencio me embola, lo que me hizo pensar que ahí las reglas eran otras.  Creo que el sacerdote común llega a Dios a través del don y de la generosidad, no a través del trabajo interior; responde a la vida y en eso se olvida de él. La gente trae dolor, no pide argumentos, ni tiene la idea de meditar. Lo religioso es responder al dolor, aquello por lo respondió Jesús, que cuando muere no deja un método de contemplación, deja doce tipos imperfectos como seguidores, la experiencia de la comunidad y no la de la interioridad.


- ¿Qué siente ante los sacerdotes que no están precisamente en ese camino, teniendo en cuenta la idea de la Iglesia y el vínculo familiar que une a sus miembros? Estoy pensando, por ejemplo,  en los religiosos vinculados al poder político económico.
- Yo siento que pertenezco a una familia, y es una situación muy ambigua, es un misterio de pertenencia. La vocación se da hacia una situación que abarca cosas que no conocés. Como cuando te casás, te estás casando con tu mujer, más su historia, más su familia. Las opciones siempre incluyen contradicciones y es el misterio de una opción. Siento que esa es mi familia y que en mi familia hay parientes a los que no les hablo, y otros a los que amo; pero sé que si pasa algo voy a estar al lado del que es agredido, porque algo en mí reclama esa pertenencia. Y al mismo tiempo debo tener la conciencia de que el indigerible para otros soy yo. Saber que mi verdad puede no ser la precisa.  

- ¿Alguna vez se sintió relegado dentro del cuerpo de la Iglesia?
- Relegado no, pero sí distinto. Sé que escandalizo a muchos, porque hablo con libertad, por no estar vestido de cura por la calle; pero en general soy muy respetado por los sacerdotes, porque tengo una trayectoria muy seria, por mis años de monasterio, por mi compromiso con la verdad, por mi nivel intelectual. Creo que soy una persona de fronteras, un borderline. Cuando estaba en el monasterio era como demasiado mundano y cuando vine al mundo me decían que seguía siendo un monje; estoy en la iglesia pero paso todo el día con ateos, y entre los ateos soy el religioso. Estoy siempre en el borde y ese parece ser mi lugar. Ahí me siento bien, ya estoy acostumbrado.