18.11.09

Carlos Nuñez

Explorador celta






Carlos Nuñez es considerado el más virtuoso gaitero del mundo. En su último disco, el español investigó en sus raíces americanas y encontró huellas celtas en la música brasilera.





Diego Oscar Ramos - Uno Mismo - 2009


    Alcanza con escuchar su gaita transitando épica las notas de la canción brasileña Asa branca, un capítulo esencial del ADN de la música popular del país vecino, para imaginar con el cuerpo la fuerza del momento que para Carlos Nuñez inaugura ese encuentro de culturas que hoy homenajea en Alborada do Brasil. La escena transcurre en el año 1500, cuando de un enorme barco, pisando por primera vez el suelo de un país que se llamará alguna vez Brasil, baja un hombre europeo con un extraño instrumento con el que llenará de sonidos el nuevo paraíso. “A los indios les gustó mucho la gaita, se tomaron de las manos y empezaron a danzar”, cuenta desde sus oficinas gallegas uno de los máximos exponentes mundiales de la música celta, cuyo relato se basa en la Carta del descubrimiento que Pero Vaz de Caminha le envió al rey de Portugal. “Es preciosa la carta, ahí queda claro que la gaita fue el primer instrumento que llegó de Europa a Brasil, lo que acontece es que desapareciendo poco a poco, pero su alma y su espíritu quedaron en la música brasilera, se fue transformando”, agrega el músico, que llegó al documento en medio de una búsqueda personal que lo tuvo más de año por Brasil.
    Necesitaba responderse un enigma que lo acompañó desde niño, saber por fin qué había pasado con un bisabuelo suyo que, al principio del siglo XX, dejó de darles señales de vida, luego un viaje a tierras brasileras. “Era el único músico que teníamos en la familia, siempre se había dicho que lo habían matado por celos amorosos o profesionales y se vivía como un gran misterio, pero desde pequeñito era una historia donde me parecía que había gato encerrado, entonces nos pusimos a la aventura y su búsqueda ha sido el leimotiv de este disco”, cuenta el explorador celta, que generó un álbum donde se junta con un seleccionado verde amarelo de primer nivel con músicos como Carlinhos Brown, Lenine, Adriana Calcanhotto, Jaques Morelenbaum, Dominguinhos o la Escola do Samba Beija Flor  para dar cuenta de encuentros musicales entre Europa y América de los que ya bien sabía su bisabuelo. “La gran sorpresa fue que lo encontramos, había abrasilerado su nombre, José María Nuñez, y se convirtió en José Nunez, siguió viviendo no en Belén do Pará, como nos habían dicho, sino en Río de Janeiro, donde tuvo mucho éxito y grabó discos”, dice el gaitero, revelando de inmediato una nueva sincronía, el sello discográfico que dio trabajo a su pariente misterioso, con los subsiguientes pasajes de firmas es el mismo que hoy apoya sus investigaciones sonoras.



Pulsión de integración

     Y así fue que, además de darse el gusto de interpretar en su disco el máximo suceso de su bisabuelo, también pudo darle más cuerda a su disfrute de investigador. “La otra sorpresa ha sido encontrarnos con una realidad tapada, que no había llegado al resto del mundo, el hecho de que Brasil no sólo es afro, sino que, sin ningún tipo de complejos, te diría que tiene un componente celta en su música”, desafía Nuñez y aporta datos a su teoría: “Toda la música del interior de Brasil, el sertao, Minas Gerais, el interior de Bahía, se parece mucho más a la música celta que a la bossa nova o el samba, al acordeón se lo llama sanfona en el norte porque es el nombre de un instrumento medieval que seguramente llegó de Europa”. La data lingüística da pie a una serie de correspondencias entre los orígenes mismos de lo celta en la península ibérica, con toda una serie de desplazamientos y adaptaciones, desde la antigua Gallaecia, un territorio celta inmenso que ocupaba gran parte de la península actual, donde la gaita era reina y el gallego una lengua que brotó de sus  entrañas. Para Nuñez el Brasil está repleto de huellas de ese antiquísimo territorio céltico y la propia lengua portuguesa que se habla allí permite que su intuición tenga donde aferrarse. “Cuando Portugal llega a Brasil era más medieval, era más cercano en su lengua el gallego, por eso nos encontramos allí con un portugués que se parece más al gallego, nos entendemos mejor con los brasileros que con los portugueses”, revela el hombre nacido en la ciudad de Vigo en 1971, enamorado de las maneras en que las manifestaciones humanas van tomando nuevas formas. Y es que hasta charlando con artistas como la gaúcha Adriana Calcanhoto, se sorprendió con el conocimiento que tenía de cuestiones poéticas mediterráneas y le alcanzó para percibir aún más algo que hoy vive como certeza cuando escucha lo mejor de la música popular brasilera. “Los cantantes brasileños son los herederos de nuestros trovadores medievales galaico portugueses, toda esa lírica medieval está viva en Brasil, sólo que son trovadores burgueses urbanos, que viven en ciudades y cenan sushi, pero en el arte de sus poemas con melodía, son los continuadores de todo eso”, lanza con goce catedrático Nuñez y da un paso más en su viaje estético y temporal, para pensar ahora cuál es esa nueva alborada que estaría ingresando al mundo entero por la música. “En Brasil encuentras nuestro pasado y nuestro futuro, porque ha tomado la bandera de la mezcla y ha hecho un motivo de orgullo nacional y puede ser  un buen ejemplo para que la misma Europa se reencuentre con sí misma y deje de pensar que es pura, blanca y monocolor, cuando sabemos que aquí mismo, en la España de la Edad Media ya había negros y que en la orquesta de Alfonso X El Sabio se juntaban músicos cristianos, musulmanes, judíos, ya existía la mezcla de culturas”, explica el músico y redobla la apuesta integradora: “Somos el resultado de mezclas milenarias, me llama la atención que los vascos, los catalanes, los gallegos buscan sus diferencias, mientras Brasil tiene la obsesión por ser un solo país”. Esa pulsión de integración la experimentó a lo largo del tiempo de viajes y grabaciones por Brasil y lo llevó nuevamente a su revaloración del viejo espíritu galaico. “Uno de sus grandes poderíos es el de no poner fronteras a las cosas, te encuentras en una cena un músico, un poeta, un futbolista, un político, un militar y todos saben de música, esa capacidad de interactuar en el fondo es muy galaica, eso de no poner principio y fin a las cosas, la idea de que está todo interconectado, como el símbolo de la pescadilla que se muerde la cola, hace que Brasil sea la realización, contemporánea y mezclada de nuestra forma de ser gallega, como una Galicia soñada en las cantigas medievales, antes de partirse España y Portugal, una cultura de la Gallaecia que percibo viva en Brasil, donde creo que está la música celta del futuro”, expone con brío Nuñez. Y antes de cualquier posible celosía de hermano, se adelanta: “Ojo que cuando hablo de Brasil tengo cada vez más el sentimiento de que Argentina no está tan lejos, es como si hubiese quedado del lado español y Brasil del lado portugués, pero el fondo es lo mismo, sois parte de la misma aventura”.



Unión de músicos


Carlos Núñez es un erudito de la música celta. Sus investigaciones siguen básicamente dos líneas relacionadas entre sí: el origen de la música celta y su fusión con las músicas del mundo actuales. Su interés por el tema le ha llevado a recorrer el globo y a relacionarse con músicos y artistas de los países que ha visitado, para luego plasmar sus conocimientos y experiencias en su prolífica discografía. Ha colaborado con todo tipo de músicos, tanto en la grabación de sus discos como en sus actuaciones. Ha colaborado con artistas como Joan Manuel Serrat, Vicente Amigo, The Chieftains, León Gieco, Jackson Browne y Ry Cooder.

8.11.09

Caminata simbólica


Urbanismo filosófico


Excursiones para crear nuevos vínculos perceptivos con la ciudad, con sutiles referencias filosóficas, literarias e históricas.



Diego Oscar Ramos - Uno Mismo - Julio 2008



“El propósito de esta actividad no es brindar información histórica específica sobre el lugar o una suerte de guía turística, aquí se integran aspectos históricos pero no se busca recrear la historia como fin en sí mismo”, aclara el licenciado en Filosofía Esteban Ierardo, profesor de la Universidad de Buenos Aires, ocupado en estimular el encuentro de “significados simbólicos de lugares y hechos presentes o pasados en su dimensión urbana” y en repensar “nuestro vínculo con la ciudad, su impacto sobre la percepción y el divorcio entre lo urbano y la naturaleza”. Para trazar con el cuerpo este objetivo creó sus Caminatas Urbanas, una forma posible de reunir a las palabras con las cosas, mítico objetivo tan filosófico como poético, que vuelve concreto al ir a los propios lugares donde la historia dejó huellas no siempre marcadas en los catálogos turísticos. Sus caminatas por barrios como Palermo, La Boca, Congreso, Retiro, San Telmo, Parque Chacabuco, Constitución o Parque Chas junto con alumnos de sus cursos o quienes han llegado a sus intereses a través de su sitio Temakel se vuelven un momento donde las disciplinas académicas, el discurso del arte y las creencias religiosas pueden unirse en un discurso mayor donde hasta las palabras acaben siendo un puente para amplificar la percepción sobre lo que se ve, lo que se sabe y lo que se siente en determinados lugares. Así, una amplísima plaza cercana a la estación de Constitución puede ser no sólo territorio de plegarias evangélicas del presente o antigua región de descanso de carretas, sino una atemporal apreciación de los contados sitios donde la urbanidad permite una visión con amplitud del cielo. O la misma plataforma de la central del ferrocarril podrá ser territorio fértil para intentar percibir los ecos energéticos del paso cotidiano de millones de personas, con su carga de historias, pensamientos y sensaciones.

“Aceptamos el entorno urbano como un escenario constante para nuestras vidas, pero no nos interrogamos sobre sus sentidos. Atravesamos la ciudad, la usamos y habitamos, pero no exploramos la espesura de sus significados. La interrogación sobre el sentido del espacio construido que nos circunda es incitación para una sensible apertura perceptiva hacia la trama viviente de la ciudad”, explica Ierardo, experto en mitología universal y autor del libro El agua y el trueno, ensayos que hacen confluir los caminos la creación artística, la dimensión simbólica de la naturaleza y los sistemas filosóficos que exploran la esencia del ser. Y es en sus caminatas urbanas, donde parece ir al encuentro del espíritu de Buenos Aires, esparcido como en la explosión de un aleph borgeano en cientos de puntos del mapa de la ciudad. Esos diseños que, como deja intuir su mirada, debe sentir como una ficción que incita al andar. Como algunos libros al conocimiento. Por eso, es que dice que luego de las caminatas vividas en su justa dimensión: “La urbe ya no es entonces lo manifiesto y concluido. Es territorio velado que debe ser recorrido o percibido para que se muestre. La urbe ya no es una forma definida y repetida. Se transforma ahora en una geografía de sorpresas y hallazgos y un bosque de símbolos”.

Libros andantes

Bibliografía recomendada por Ierardo para guiarse en el espíritu de las caminatas urbanas, antes o después de haber participado en alguna de las salidas.

- Walter BenjaminParís, capital del siglo XIX (En Sobre un programa de la filosofía futura).
- F. L. WrightManifiesto de arquitectura orgánica.
- Mircea Eliade: Arquetipos y repetición (en El mito del eterno retorno).
- Héctor Murena: El nombre secreto y otros ensayos.
- Ezequiel Martínez Estrada: La cabeza de Goliat. Microcospía de Buenos Aires.
- George SimmelLa vida en las ciudades.
Jean Baudrillard y Jean NouvelLos objetos singulares. Arquitectura y filosofía.
J. J. RousseauEnsoñación de un caminante solitario.

7.11.09

Consolas de Videojuegos


Fichines reloaded
Combinan tecnología, diseño y creatividad. Lejos de ser usadas sólo por niños o adolescentes, fascinan a los de más de 30 y hasta son compartidas entre padres e hijos. El mercado - disputado básicamente por tres tanques tecnológicos como Sony, Nintendo y Microsoft -  ofrece opciones para presupuestos y gustos variados. Conozca lo que hay y lo que viene.

Diego Oscar Ramos - Concepto F - 2009

“Antes uno iba a los fichines, compraba 10 fichas, las jugabas y te ibas, después aparecieron Ataris, Commodore, donde uno jugaba un rato, pero con las consolas organizamos campeonatos, nos juntamos especialmente a jugar, en jornadas donde 4 horas son normales, mi promedio semanal, sin tener consola propia, es de al menos 2 veces por semana”, dice Lautaro, que con 36 años, vio convivir la evolución tecnológica del entretenimiento con su propio crecimiento. Por eso diferencia lo que pasaba desde que de chico iba con sus amigos a las famosas y aún existentes casas de video juegos, aquellas donde el tiempo de diversión lo determina tanto la destreza como la cantidad de fichas compradas, hasta los tiempos en que las consolas fueron tomando las casas y ofrecieron otras posibilidades. “Habría que hacer una distinción entre los juegos tipo fichines donde corrés una carrera, combatís o jugás fútbol, de los de aventuras en las consolas, en los que guardás y seguís jugando otro día, mejoraron los gráficos y la dinámica fundamentalmente”, detalla Lautaro, bien al tanto de esa cadena que fue llevando a los hogares los primeros juegos de computadora, donde había que esperar eternos minutos para que los hoy vetustos cassettes se cargaran en el equipo, a una evolución que tuvo un salto evolutivo cuando apareció en 1994 la Playstation, la primera videoconsola desarrollada por Sony. Usando la tecnología del CD Rom, le pasó por encima en capacidades de multimedia a compañías como Sega, Panasonic, Phillips y sobre todo Nintendo. Con un diseño compacto y un peso bien liviano, esta consola popularizó juegos como Winning Eleven, Tomb Raider, Resident Evil, Ape escape, Medievil o las aquí amadas FIFA Series. Los especialistas suelen decir que este fue el momento clave donde estos juegos se toman más en serio que nunca, con una maduración tecnológica en imágenes y complejidad argumental que comenzó a alejar preconceptos adultos sobre un uso que debía terminar al ser adultos. Pero desde la Playstation, que estaba en la propia casa, el hombre  sin prejuicios ya no tenía que guardar las formas sacándose las ganas de un video game apenas cuando acompañaba a algún sobrino a jugar a los fichines.

Compañías en juego

“Mis amigos de entre veintipico y 40 juegan, con más o menos afinidad pero si les ponés una consola adelante se prenden”, se entusiasma Lautaro, a quien por suerte no le pasó toparse con prejuicios de otros adultos. Así pudo ver la evolución del modelo, líder indiscutido del mercado, dando pasos de crecimiento que fueron haciendo aparecer una Playstation 2 apenas pasado el segundo milenio y ya una esperada Playstation 3 en el 2006. En el último caso, además de las mejorías siempre apuntadas a la calidad de las animaciones, hay algunos plus multimedia: puede reproducir música en CD, películas en DVD o en el novedoso formato Blu-Ray, además de poder conectar en sus puertos USB reproductores MP3, cámaras digitales o celulares y como tiene ahora un disco rígido se pueden almacenar en ella videos, programas de TV o contenidos específicos de la Playstation descargados de Internet. Eso sí, no todos los cambios son recibidos de la misma manera. “Algunos juegos pecan de barrocos, tienen tantas posibles acciones que se vuelven inmanejables para alguna gente, lo mismo que la velocidad o la ubicación de las cámaras”, dice nuestro amigo Lautaro, hablando de juegos como Halo y confiesa ahora que se ha volcado a usar la competencia directa de Sony, la consola Xbox, de Microsoft también con disco duro incorporado, elogiada por su servicio de asistencia online y en plena competencia a través de su modelo Xbox 360. Una de las diferencias de la apuesta de la empresa de Bill Gates es seguir usando la tecnología del DVD en lugar de Blu-Ray, ya que aunque almacena menos información, es mucho más económico y popular como sistema. Y si bien se la criticó por no contar con la misma variedad de juegos que la PS, foros y especialistas aseguran que juegos como Elder Oblivion estarían atrayendo a los usuarios para pasarse a las máquinas de Microsoft. “Tengo un amigo con el que jugamos seguido que tiene una X-Box y tuvo una Play, pero como la mayoría de los juegos están en ambas, dejó la Play en casa de sus padres para los sobrinos y para cuando él va de visita, porque la X-Box tiene un par de ventajas, viene con un rígido interno de 4 gigas, él le puso encima uno de 80 gigas para poder cargar todos los juegos que quiera, por lo que el tiempo para cargar cualquier juego es mínimo”, dirá Lautaro, antes de explicar que así tampoco se arruinan los DVDs y que tiene uso como Media Center: “si la tenés en red, desde la consola manejás la información que tenés en cualquier máquina de la casa, desde películas, a series o música”.

Panorama global

Para ampliar la mirada sobre estas tecnologías, hablamos con un conocedor, Maximiliano Poter, periodista especializado en cultura digital y editor general de IT Now, revista  latinoamericana de tecnología y negocios. Con 33 años y confeso amante de juegos old school como el Pac-Man, el Tetris y los antiguos fichines, dice que también se le anima a juegos más modernos, en la onda del Doom. Lo primero que preguntamos es sobre el éxito de estas consolas. Entonces explica que las ve como el soporte ideal para el entretenimiento en estos tiempos, por ofrecer variedad increíble de opciones de diversión, además de brindar la posibilidad de personalizar los juegos e interactuar en línea con otros al tiempo que se cuida la seguridad y la intimidad de permanecer en el espacio físico propio. “Al mismo tiempo, ofrecen un escapismo excelente, hoy hay un juego para cumplir cada fantasía que no podés concretar en tu vida real: ser un ladrón, un pendenciero de escuela secundaria, un horrible alienígena, un as del deporte extremo o el fundador de tu propia civilización antigua”, cuenta el especialista y da un panorama global del interés que generan estas tecnologías: “Hay cambios en la relación e interacción social, como los grupos de fans que se suelen armar alrededor de ciertos juegos, especialmente los que son online, incluso organizan meetings para conocerse en persona y también es muy interesante el impacto en los negocios: hoy el mercado de juegos mueve más dinero que el cine y la mayoría de los estudios de Hollywood con un film que se perfila como blockbuster desarrollan el juego al mismo tiempo que producen la película”. Dice luego que los juegos van estableciendo nuevos códigos de comportamiento y son disparadores de nuevos canales de comunicación, productos y negocios. Como ejemplo, comenta que en Estados Unidos, ya existen cadenas de gimnasios equipados con consolas Nintendo Wii, para trabajar rutinas específicas a partir de juegos que estimulan a bailar, saltar, correr o golpear, desenvolvimientos físicos para los que la marca también ha desarrollado periféricos especiales en algunos juegos.
         Cómo pensar entonces la realidad de que estas tecnologías fascinen a personas de más de 30 años. Los factores serían varios. “Quienes hoy superan los 30 crecieron con la primera generación de computadoras y juegos electrónicos, flippers, máquinas arcades o viejas consolas Atari, por lo que esto es parte de su cultura y no sólo una vuelta a su niñez, también es una actividad cotidiana, como ver TV o escuchar radio”, detalla Poter y aporta otros puntos: “Este rango social es un target muy codiciado por los desarrolladores de juegos, porque esta persona posiblemente ya sea profesional, con cierto poder adquisitivo que, si es soltero y no tiene familia, seguro invierte mucho en tecnología y entretenimiento, pero su tiene hijos, las consolas le brindan un canal más de contacto para hacer una actividad juntos, se vuelve algo que tienen en común con su pibe, lo que me consta que sucede con amigos y colegas que tienen chicos”.

Compartir crecimientos 

       En un principio no contaba la industria del video entretenimiento con especialistas que estudiaran sus creaciones y las sacaran de la competencia en prestigio social con antiguos aparatos como los mismísimos libros. Por eso era común, y en muchos ámbitos continúa siendo, escuchar críticas enfurecidas con lo que generaba en los niños y adolescentes el consumo de videogames, asociándolos unas cuantas veces con la pérdida de tiempo, el embotamiento mental y el aislamiento casi autista. “A mi familia no le gustaba que estuviera tanto tiempo sentado jugando a los jueguitos, eran épocas, pero hoy siento que lo malo no sé si es que pases horas frente a la TV, sino que dejes de relacionarte con personas por estar haciendo eso”, aclara Juan, de 26 años. Y envalentona su testimonio con un factor que parece acallar cualquier crítica familiar, el lograr el éxito económico. “Hoy en día trabajo en algo relacionado a la Playstation 3 y gano casi tanto como mi viejo, que ya no critica los jueguitos”, dice y se ríe con ganas. Ya legitimado por la economía, cuenta su historia con estas tecnologías. Debutó en el ´98, jugando el clásico Wining Eleven en casa de un amigo. Luego lo llevó al trabajo: “Era como un ritual, cuando atendía la farmacia de mi vieja, los turnos eran Play toda la noche y cuando estaba en el secundario, los viernes se armaban partidazos en la casa de un amigo que tenía una TV gigante, éramos como 10 y nos turnábamos para jugar”, cuenta. A los adelantos en resolución, juegos más divertidos y una tecnología evolucionada, el negocio también mejora y por ende, aduce el player entre risas, “se ponen las pilas en mejorar los juegos”.  Sus favoritos son Gran Turismo, Wining Eleven y Pro Evolution Soccer, los que juega una vez al mes con amigos, dándole ese tiempo para dedicarse más a estudiar.  “Calculo que cuando termine la facu, voy a tener un poco de tiempo para volver a jugar”, cuenta Juan y no se pierde de opinar sobre la gran cantidad de adultos que usan las consolas. “El más grande que vi jugar tendría unos 45 o 50 años, era el padre de un pibe del barrio, traía al hijo como excusa, para jugar él, algunas veces el pibe, que tendría 13 años, se quería volver a la casa, pero él le decía que en cinco minutos ya se iban, parecía que se invertían los roles”, dice entre risas de nuevo, una actitud que no perderá para responder sobre prejuicios lejanos o presentes de estos consumos tecnológicos de los adultos: “Esta es una industria que fue creciendo y  abriendo el mercado a más gente, algunos juegos de consolas y PC tienen historias buenas, incluso algunos son armados por guionistas y escritores, con presupuestos importantes, por eso creo que los prejuicios están en las sociedades, lo importante es no engancharte nunca”. Y seguir jugando. 

 ¿Qué consola conviene? 

Especialistas del sitio de comercio electrónico Mercado Libre, una verdadera red social online, aportaron estos consejos a la hora de elegir marcas y modelos de consolas.  

- Elige  en base a tu presupuesto, una buena Play One te va a brindar muy buenos juegos y calidad y su precio esta al alcance de cualquiera. La cantidad de títulos conque cuenta  la hacen ser aún hoy la preferida de los chicos, jóvenes y adultos. 
- Si cuentas con $800, no lo dudes y compráte una PSX2 Slim, contarás con la posibilidad de reproducir películas en DVD y gozar de juegos muy buenos a un precio accesible. 
- Muchos prefieren X Box o Game Cube, pero ten en cuenta que sus juegos son más caros, de las consolas de Sony se consiguen más fácil sus repuestos y lentes en el país. Y si decides venderla, es mejor.
 - Si prefieres algo usado, bueno y que tenga juegos, la PSX one es la elegida, o la Psx 2. Depende del uso que le hayan dado, porque el lente tiene una vida útil. Si la compras a un particular la garantía será limitada. Aunque existen en stock juegos, joystics y tarjetas. 
- Si tu presupuesto es bajo y quieres deleitar a tus hijos con su primer consola comprate una Family Game con varios cartuchos de juegos múltiples. Ve que dentro del mismo cartucho los juegos sean diferentes, pues ofrecen  con 70 juegos y en realidad son seis juegos  con diferentes niveles. Elije los que tienen 64 juegos diferentes.


Winning contra Ronaldinho. El pasado 2008 tuvo a la Playstation como protagonista de una curiosa noticia, cuando se supo que lo que hizo que el arquero Marco Amelia le atajara un penal al astro Ronaldinho en un partido entre el Milan y Palermo, fue el haber jugado mucho al Winning Eleven. El arquero contó que le adivinó la intención al gaúcho, al recordar las jugadas suyas que había prácticamente vivido en los certámenes digitales que son muy populares entre los jugadores de fútbol del mundo entero. “Fue como jugar contra él en la consola”, dijo el jugador siciliano y agregó que el brasilero hizo el mismo movimiento de aproximación a la pelota que su modelo virtual.



5.11.09

Difunta Correa y Gauchito Gil


Altares callejeros 


Dos santos populares, el Gauchito Gil y la Difunta Correa, tienen en barrios porteños como Chacarita y Palermo sus altares donde los fieles expresan su devoción. Dos de ellos nacieron como instalación artística y se convirtieron en sitios de religiosidad urbana.


Diego Oscar Ramos - 2008 


Chacarita. En el remodelado Parque Los Andes, en el cruce de la avenida Corrientes con la calle Concepción Arenal, las rejas omnipresentes en los espacios verdes porteños rodearon circularmente al árbol donde estaba desde hace años el altar del Gauchito Gil, dándole un marco especial al ya histórico templo. Ahora, las banderas que  estaban antes clavadas en el árbol se encuentran por decenas en todo el vallado, creando un círculo del color que homenajea la condición federal del gaucho injustamente ajusticiado por la ley según las leyendas. Las insignias tienen escritos nombres, pedidos, agradecimientos en todo tipo de tintas y hasta con lentejuelas que diseñan palabras de la más pura fe en las gracias que en santo correntino puede conceder a quien cumple las promesas hechas frente a su imagen. La estampa que salió de su Mercedes natal hasta innumerables rutas y caminos de todo el país – hay altares hasta en Ushuaia – lo muestra como un típico gaucho, con bombachas marrones, camisa blanca, pelo largo, bigotes y el color rojo en su pañuelo al cuello y en la cruz enorme que descansa a sus espaldas. Y siempre una boleadora en sus manos, símbolo gauchesco de un coraje que pareció distinguirlo en vida. Compartiendo su altar con varias imágenes de la Virgen de Itatí, en Chacarita pueden verse allí desde cartas, cintas, fotos, monedas, adornos navideños, botellas y copas servidas de vino tinto y muchos mensajes que lo llaman amigo y hasta expresiones celebratorias como el coloquial “Aguante gaucho”.

   A pocos metros, llegando a la altura del parque donde Corrientes deja nacer a la calle Leiva, el color celeste y blanco tradicional de los altares a la Difunta Correa se repite respetuosamente en el emplazado sin data precisa pero tanto tiempo de existencia como el de su santo vecino. Estas figuras amadas por devotos migrantes que han traído sus creencias hasta sus nuevas moradas tienen aquí, en las cercanías del ferrocarril y en una de las principales avenidas porteñas, un punto de adoración para agradecer, pedir y seguir el camino diario bajo sus bendiciones. Rodeada de flores naturales y de plástico, además de decenas de botellas de agua, el bien preciso que no tuvo en su árida gesta para recuperar a su marido preso del separatismo unitario y federal. Hoy las hormigas hacen aquí su propio periplo calmo, entre las figuras de la santa madre que salva a su hijo después de la muerte, las velas que dejan en su cuerpo de cerámica la cera del fervor inagotable. Pero aquí no está sola, muchas estampas de santos como San Jorge o san Expedito cuidan de las rosas que la gente le deja cuando pasa a verla y pedirle sus gracias.
  
Palermo *



 “Gaucho Gil, quiero hablar de los altares, que encuentro por los caminos, donde se recuerda el nombre de ese santo argentino”, escribió en un rezo épico un poeta denominado El Mingo en un cuadro enmarcado en rojo en el siempre cambiante altar de Palermo Soho, junto a las vías del tren, casi en la esquina del Pasaje Atacalco y Honduras. Allí surgió en esta década como instalación estética del artista plástico Sergio Gravier, como una de varias intervenciones urbanas con signos de la cultura popular religiosa que le atraían por su contenido kitsh y su convivencia vital entre lo profano y lo sagrado. Claro que con el tiempo, se fueron sumando banderas, cintas, estampas de otros santos, encendedores, monedas, gomas pintadas de colorado, figuras de yeso y la visita de devotos que diariamente prenden velas o cigarrillos en nombre del santo gaucho, reproducido en muchas imágenes, en esculturas y las clásicas banderas rojas. Acompañan al santo figuras como el curador Pancho Sierra y hasta un Papa Noel que comparte con el correntino un culto al poderoso color del Dios Marte, otro símbolo de un carácter enérgico que suele invocársele al gauchito. 


    A pocas cuadras, en la esquina de Thames y el Pasaje Santa Rosa, en un despliegue siempre más sutil visualmente, el cantero de un árbol deja lugar al altar de la santa en los colores claros del cielo patrio. Sin banderas, pero rodeada de botellas y flores siempre renovadas, la Difunta Correa tiene su escultura cubierta de cera de las velas que las personas encienden en su nombre. Los objetos van mutando y entre cartas, mensajes, estampas de otros santos y fotos, puede encontrarse hasta un chupete, objeto propicio para homenajear al fruto de su milagro, el hijo que supo amamantar de su pecho en el extremo calor cuyano. Ambos lugares, en su origen, fueron parte de la instalación “Perlas a los santos”. Hoy son un lugar más donde los creyentes pueden sintonizarse con sus creencias.




HISTORIAS




      Con la precisión ambigua de toda leyenda popular, el Gauchito Gil es parte del "santoral profano", que lo recuerda cada 8 de enero, el día de un año que va de 1830 a 1870 donde fue ajusticiado y dio su primer milagro. Nació en Mercedes, Corrientes, como Antonio Mamerto Gil Núñez y en su juventud la provincia vivía un enfrentamiento entre fracciones coloradas y celestes, siendo su color hoy característico el que mostraba su preferencia. Se lo indica como héroe de la guerra contra Paraguay y como desertor al ser llamado a combatir a los celestes. Castigado con la muerte, su verdugo no escuchó su vaticinio de que estaría por llegar su perdón oficial, pero sí el segundo, que también recibiría la noticia de la enfermedad terminal de su hijo, que sólo se salvaría si invocaba su nombre para interceder ante Dios. Todo aconteció de esa manera y luego de su muerte, el coronel que lo mató terminó construyendo en ese mismo lugar y con sus manos un altar de cañas, que con el tiempo se convirtió en sitio de peregrinación milagrosa.





     En 1835 el esposo de la sanjuanina María Antonia Deolinda Correa había sido reclutado a la fuerza  para servir militarmente en La Rioja a las montoneras de Facundo Quiroga. Desesperada porque su esposo estaba enfermo y también escapando del acoso de hombres poderosos de su pueblo, tomó a su hijo y siguió el camino de su esposo. Cuenta la leyenda que luego de días de andar, con sus provisiones de comida y agua agotadas, pasó los límites de sus fuerzas y murió en la cima de un cerro. Unos arrieros que pasaron por el lugar, alertados por el vuelo de aves de carroña, se encontraron con la mujer, que aún sin vida había salvado la de su bebé, que seguía alimentándose de su seno. Recogieron al niño, le dieron sepultura a la mujer y la historia del milagro trajo peregrinaciones, la elevación de un oratorio y varios milagros que fueron sucediéndose allí mismo. Hoy se le rinde un popularísimo tributo, especialmente de los viajeros. 


    * A la hora de publicar este texto inédito, concebido inicialmente para un suplemento de un diario, aún existía el altar del Gauchito Gil en las vías de Palermo generado inicialmente como una instalación artística, pero hace algunos meses fue removido por políticas de gestión urbana que no tomaron como eje el rito popular generado por esta instalación. De todos modos, pronto se instaló en un lugar cercano, también al lado de las vías, un nuevo altar, del que dejamos testimonio aquí en algunas de estas fotografías. 


Juan Villarino


El mundo en un dedo

Nació en Mar del Plata como Juan Villarino, pero viajeros del planeta entero  e internautas que visitan su sitio lo conocen como el acróbata del camino. Ha recorrido ya varios continentes sólo viajando a dedo, escribió un libro sobre Medio Oriente y ganó premios con sus fotografías. A poco de emprender una aventura por América, ahora en una bicicleta de dos pisos, cuenta por qué apuesta por una vida nómada.

Diego Oscar Ramos - Concepto F - 2008

“Soy nómada desde hace 3 años, en mayo de 2005 me subí a un velero en Belfast, Irlanda del Norte, con destino a Escocia. Era el comienzo de mi soñado viaje a dedo alrededor del mundo. Desde entonces he vagabundeado, con un presupuesto de 5 dólares diarios, a través de Europa, Medio Oriente - incluyendo Irak, Irán y Afganistán -,  China, Tibet, India, Tailandia y, ahora, Sudamérica”, se presenta a sí mismo Juan Villarino. Lo hace en su sitio Acróbata del camino, nombre que alude tanto a las peripecias con las que saborea la vida como al relato mítico del escritor norteamericano Jack Kerouac. La diferencia es que el creador de On the road, modelo literario de una  existencia con intensidad aventurera, no hizo ni una mínima parte de los recorridos del marplatense para lograr su ansiada vida en movimiento.
“Hay dos fases en la vida de un nómada, la de descentrarse, que ocupa la mayor parte del tiempo, es el movimiento constante como evento fundamental, el viaje, el devenir del que hablaba Heráclito. Y la otra es la de apropiación momentánea de un sitio”, filosofa Villarino en un bar palermitano, a fuerza inspiradora de cerveza y maníes que le dan al relato exótico un marco particularmente cotidiano. Algo de esta mezcla sutil está en todos los relatos de su periplo de dos años, esos que podían leerse en Internet o ahora en su libro sobre Medio Oriente, uno de los lugares con la peor prensa, pero la mejor fuente de sensaciones para el acróbata.

“En Siria tomé te con los beduinos, los amos del desierto y también con los oficiales de Inteligencia encargados de interrogarme por acercarme demasiado a la frontera iraquí, crucé el Sahara en camiones cuyos conductores me ofrecían sus hijas en matrimonio, entré en Iraq como un vagabundo, a pie, de noche y sin moneda local o mapas, pero inesperadamente me hice amigo del primo del presidente de la Provincia Kurda y fui recibido en el parlamento por el vicepresidente”, enumera sin pausa, sacando de la mochila una historia tras otra. “Tomar un te sobre un campo minado fue la experiencia con que me dio la bienvenida Afganistán, país que crucé por la desolada ruta central, donde conocería nómadas Pashtunes y Hazaras, además de los predominantes Tajiks, portando conmigo dos cartas para ser entregadas a un trabajador voluntario norteamericano que vivía fuera del rango postal, siempre había querido ser cartero”, recuerda con humor el acróbata. Una de las fotos que sacaría en Afganistán del bushkashi, un juego a caballo con cierto parentesco con el pato criollo, le valió aquí un premio, lo que consolidó una búsqueda estética que lo llevó a realizar recientemente una muestra en Buenos Aires. Esas mismas fotos son las que están en su libro - Vagabundeando en el Eje del Mal. Redescubriendo Irak, Irán y Afganistán a dedo – que se puede comprar en su página, en librerías indicadas también en el site o en la edición próxima de la Feria del Libro.


Habitar el movimiento

“El autostop, el arte de hacer dedo, es mi medio de transporte por excelencia. Su puntuación involuntaria permite una conversación con el camino: siempre hay sorpresas, frente al acto irrevocable que es conducir un automóvil o tomar un tren, el viajar a dedo nos deja vulnerables a paradas sorpresivas, desvíos inesperados y amigos nuevos cada vez que un automóvil se detiene para llevarnos”, reflexiona Villarino sobre el método y sus implicancias. Pide más maníes para alimentar los pensamientos y encuentra palabras para hablar de lo que le dieron tantos kilómetros. “He aprendido que es posible vivir en movimiento constante, con estabilidad emocional y económica”, dice y se aferra a la coherencia de hacer lo que se plantea. “Toda la filosofía mamada de los libros, que alentaba al ascetismo, a la trashumancia y a la bohemia, todas esas letras de rock nacional que exaltaban la importancia del aquí y ahora, ¿tenía que limitarme a tararearlas o acaso había que animarse a ser coherente?”, lanza sabiendo la respuesta.  Mejor que pensar fue andar, por 34 países, haciendo 70 mil kilómetros, viajando a dedo en 920 vehículos y usando 3 pares de botas.  Y conociendo partes de sí mismo inesperadas. “Uno nunca es el mismo, porque viajar, sobre todo, implica poner a prueba diariamente la propia identidad, sin embargo, creo haber logrado una armonía en que la personalidad que los viajes cristalizaron se mantiene estable”, elabora el viajero y le pone más kilómetros a la idea: “La ruta es ahora un estado constante, paradójicamente, el cambio se vuelve algo permanente conforme uno habita el movimiento”. 
Algunas anécdotas surgen con privilegio en ese movimiento. “En el Kurdistán iraquí tuve la oportunidad de hacer dedo dentro del parlamento kurdo, cuando las cámaras de televisión que filmaban mi encuentro con el secretario del vicepresidente solicitaron una demostración práctica de autostop y allí, dentro del recinto alfombrado, apunte mi pulgar a camiones invisibles”, relata Villarino, que suele hablar con la gracia de quien sabe escribir. Esa actividad tiene para él tanta metodicidad como la que requiere conseguir quien lo vaya llevando por el mundo: “Cada día tomo notas en una libreta, en vivo, mientras la acción tiene lugar, a veces escribo sólo palabras claves para no perder el ritmo de la realidad, aunque a veces va demasiado rápido, lo que me obliga a hacer code switching. Si una palabra es más corta en inglés la escribo en inglés, si es más corta en alemán la escribo en alemán, así he escrito frases combinando palabras en cuatro idiomas”. Claro que al otro día debe pasar en limpio esos códigos, lo que hace en su computadora portátil, de 9 pulgadas, una de sus grandes herramientas para mantener a sus lectores al día, sea donde sea que esté gastando botas y levantando el pulgar para ganar kilómetros.
      ¿Qué le queda por hacer hoy?: “Queda mucho por viajar, hay más de 200 países y territorios,  yo apenas conozco 45, podría volver a recorrer los países ya conocidos siguiendo rutas distintas y he comprometido mi pluma a  retratar la cotidianidad de un mundo que sólo aparece en las noticias cuando estalla una bomba o una revolución, quiero sembrar entendimiento donde otros siembran miedo, por eso sigo caminando, África y Oceanía aún esperan”. Antes está América, el destino de estos tiempos, el año pasado recorrió 10 mil kilómetros de Argentina, Chile, Perú, Ecuador y Bolivia, investigando la minería a gran escala, dando conferencias en universidades y hasta haciéndole dedo a canoas en afluentes del Amazonas. De todos modos, la aventura prosigue y su cuerpo le pide otro cambio. “Habiendo viajado 150 mil kilómetros a dedo en los últimos 10 años, siento la necesidad de migrar hacia otras modalidades de transporte”, revela el acróbata, seudónimo que cobrará un nuevo sentido en el viaje que hará desde Mar del Plata a Alaska: “Siguiendo con lo que llamo metodologías humildes de transporte, pienso cubrir el trayecto en una bicicleta reciclada de doble altura, artesanalmente construida, a la que bauticé Oniriciclo, el cuadro tiene un 1 metro 80 de altura y su función es sencillamente la de robarle una sonrisa a cada persona que cruce nuestro camino”. Habla en plural porque lo acompañarán dos amigos, también escritores y fotógrafos. Con ellos, quiere compartir ahora su meta existencial constante. “Viajo para retratar una humanidad más amable, la que estrecha la mano sin solicitar credenciales y puede prescindir de las alarmas”, aclara el escritor viajero y agrega: “Después de haber compartido la cotidianidad de cada cultura, uno puede solidarizarse con las luchas ajenas y compartir su alegría, como si fuéramos enredándonos con hilos que por siempre nos conectarán con la gente que conocimos”.  Por eso dice que hasta Kurdistán o Noruega pueden llegar a ser como arrabales, que uno puede llegar a sentirse un egipcio y que, finalmente, su objetivo mayor es poder definirse más por lo que nos une con los demás que por lo que nos diferencia. Con la botella amigablemente vacía y sin maníes sobre la mesa urbanísima, el acróbata mira profundo a los ojos, como si mirara a la Humanidad entera y da su principal mensaje a quien quiera salir a las rutas del autostop: “Que nunca olvide que todo sucede por una razón, que el universo cuida de nosotros, que no hay espera demasiado larga que no contenga la semilla de una dicha y a aquellos que sienten la tentación del camino pero se excusan en nunca encontrar la oportunidad o el tiempo, los invitaría a reflexionar y preguntarse si acaso no se merecen la libertad que añoran”.


Su libro. Título: Vagabundeando en el Eje del Mal – Redescubriendo Irak, Irán y Afganistán a dedo. Autor: Juan Villarino. 176 páginas. 104 fotografías y mapa desplegable. Autoeditado. Detallada crónica de un viaje a dedo por el Mundo Islámico en el que Juan, un mochilero argentino, intenta demostrar la bondad del ser humano allí donde los medios señalan sólo violencia e intolerancia. Aprendiendo árabe, persa y turco, Juan viaja de aldea en aldea, recalando en tiendas beduinas, parlamentos o bases norteamericanas.  Para conocer las librerías que lo distribuyen visitar: www.acrobatadelcamino.com



Su modelo. “Es una persona contemporánea, su nombre era Kinga Freespiritera una intrépida autostopista de Polonia que recorrió el mundo a dedo entre 1998 y 2003. Ella solía decir: Todos los sueños nos son dados con el poder para volverlos realidad. En el 2006 emprendió un viaje en solitario a dedo por África. Entre las hermosas locuras, las que uno debe cometer de vez en cuando para no volverse loco, recuerdo que le hizo dedo y viajó en un auto que corría el Paris Dakar en Mauritania, compró un camello blanco en Burkina Faso y lo montó hasta Niger a través del desierto, entró sin sello alguno en el pasaporte, en Ghana salvó a una niña de la esclavitud pagándole sus estudios y poco después cayó víctima de la malaria".