10.3.10

Don Roberton


Los dos lados de la luna


En 1969, un curioso disco norteamericano, inventaba el género new age y anunciaba el final del sueño hippie.


Diego Oscar Ramos - 2009 

     A ya cuarenta años de Woodstock, del alunizaje del Apollo 11 o del último acorde que The Beatles grababan juntos, un aniversario igualmente redondo, pero menos conocido por estas patrias, es el de la edición de Dawn, un disco más que curioso. Debut solista de Don Robertson, multi instrumentista norteamericano ligado inicialmente al jazz, la música clásica contemporánea y las sonoridades folclóricas orientales, el álbum nació en los estudios donde grababa Greateful Dead bajo el comando de Abe “Voco” Kesh, productor del pionero grupo heavy Blue Cheer. ¿Y qué podía tener de atrayente, en pleno 1969, un disco básicamente instrumental que integraba el jazz con el rock psicodélico, la distorsión pre heavy, los sitars y recitados del I Ching o libros védicos? “Uno de los lados del LP se enfocaba en la música positiva y el otro en la negativa, hice un álbum que expresara ambas polaridades”, cuenta hoy Robertson, que pudo expresar ahí sus lecturas sobre los efectos corporales de la música, además de mostrar el lado más denso del arcoíris hippie. “En 1969 esperaba que la música se convirtiera en más elevadora, pero se estaba convirtiendo en más negativa, muchas de las personas en los círculos New Age de California, donde empezó todo, estaban enlodadas en egoísmo”, analiza el músico, seguro de que el sueño ya había terminado: “Esos días de amor y flores fueron efímeros, despertaron a unos pocos, pero también causaron muchas muertes, los que intentaron aferrarse a los psicodélicos comprendieron apenas una sombra de lo que habían experimentado originalmente, uno no puede tomar al cielo por una tormenta”.
     Como para mostrar que veía las dos caras del affair hippie, Robertson incluyó en su grabación un lado más relajado y espiritual con otro denso y disonante. “Cuando salió el álbum le pregunté a la gente cuál lado le gustaba más y a todos les gustaba el lado negativo, ahí me di cuenta de que estaba a 30 años de que alguien lo entendiera”, cuenta desencantado. En estas cuatro décadas, el músico se dedicó a grabar de forma independiente decenas de obras instrumentales sinfónicas, plenas de teclados, en un estilo que se adelantó a la New Age de los 80s, editó libros de estudios musicales y en los 90s creó Dovesong International, una entidad para promocionar el estudio, difusión y distribución de la música estimulante de estados mentales considerados positivos para la salud corporal y mental. “En el siglo 21, si sobrevivimos, debemos empezar por cambiar la música, por el poder tremendo que tiene sobre las personas”, dice ecológico desde la ultra country Nashville, donde vive y gestó el actual Songs of love & Joy, una grabación de music hall & gospel que en Estados Unidos fue descripto por algunos críticos como tributario de las bandas sonoras de Walt Disney. “Me siento genial con eso, si él fue uno de los grandes artistas del siglo 20, un tipo que sabía cómo mezclar con éxito la cultura pop con la clásica”, dice Robertson, que parece tener más mercado en Europa, donde se ha reeditado Dawn en Cd y vinilo. "El álbum ha tenido siempre cultores en Europa, donde mi música es aceptada por entero, seguramente porque mis mayores influencias son europeas, soy esencialmente un compositor clásico y esa música no es tan fuerte en Norteamérica”, teoriza el músico, ocupado hoy en usar todas las formas digitales de difundir contenidos, desde vender sus discos por E Bay a difundir por YoutubeFacebook o Twitter su música y toda la que tenga no ya dos lados, sino únicamente virtudes consideradas positivas. 




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