Hijos de la música
La fundación internacional Pequeñas Huellas trabaja, a
través de una orquesta infantil, para garantizar los derechos de
los niños. Este año tocaron en Buenos Aires y fueron parte esencial del cierre
de la Marcha Mundial por la Paz en Mendoza.
Diego Oscar Ramos - Uno Mismo - Abril 2010
Diego Oscar Ramos - Uno Mismo - Abril 2010
Quienes hayan estado en las presentaciones que
la Orquesta Pequeñas Huellas dio
en la Argentina entre diciembre y enero pasados, seguramente hayan quedado
impactados por una música bellísima, pero más aún por su gesta para lograr la
paz mundial y el cumplimiento de los derechos de los chicos. Es que en los
recitales que dan por el mundo, esta orquesta de niños con base en la ciudad
italiana de Torino, interpreta música barroca americana y concientizan sobre
los derechos básicos de los más chicos.
“Pequeñas Huellas favorece
la interactividad entre niños del mundo entero implicándoles en acontecimientos
musicales y funda una orquesta internacional de jóvenes músicos que, en giras
mundiales va asociando conciertos y difusión didáctica de la música, para
llamar la atención de los Gobiernos de los distintos países y garantizar los
derechos de los niños en todas las partes del mundo”, explica la cellista
italiana Sabina Collona Pretti, fundadora de esta asociación italiana, cuya
gestación se dio en Cuba, cuando un concierto compartido entre casi un centenar
de chicos italianos y cubanos se reveló a la fundadora la posibilidad de
combinar la energía de los niños con la de la música para dejar impresa en las
personas la sensación plenamente posible de la convivencia pacífica entre las
personas.
“El
niño en todas sus manifestaciones es natural, no tiene las barreras que ponemos
nosotros, adultos, hasta los 17 o 18 años no las tienen y es fácil que la
música salga del corazón y del alma, por lo que el mensaje es más trascendente.
Cuando se juntan los niños en un concierto siento que la Tierra se ilumina,
ningún lugar queda igual después de que pasa Pequeñas Huellas”, asegura Colonna Pretti. Reconocida cellista y
especialista en música antigua, ya viajaba por el mundo dando conciertos y
clases de instrumentos típicos del período barroco, cuando en 2003 participa en
Cuba, uno de los países donde trabajaba como docente, de un concierto donde se
unían niños europeos y americanos. Lo que sintió esa noche fue como un llamado
de la vida para mostrarle cómo trabajar por transmitir valores transformadores,
cumpliendo una voluntad que de niña, confiesa, tenía por hacer del mundo un
lugar mejor. Fue llegar de vuelta a Italia desde Cuba, cuando de inmediato
comenzó a crear una fundación que tuviera alcance universal, para realizar
conciertos itinerantes de una orquesta formada por niños. La fórmula sanadora
de la cualquier intolerancia, sintió, era transmitir a los distintos públicos
una emoción primordial, donde los niños y su música generaran una corriente de
hermandad. “El nombre es un homenaje a Cuba, por eso lo pusimos en español,
reconocimos el lugar de nacimiento del proyecto como parte de su identidad, ya
que la historia es el fundamento para el presente”, comenta la cellista, quien
desde el inicio de la asociación, solventó siempre los movimientos de la
orquesta a través de créditos bancarios que siempre ha logrado cubrir con parte
de las recaudaciones de los conciertos, un detalle que da cuenta de cómo la
providencia aporta lo necesario cuando algo debe ser realizado. Con esa
seguridad trazó los objetivos fundantes: “Pequeñas Huellas unirá
a niños y chicos de diferente edad y nacionalidad, divulgará a
través de la música la cultura de la paz. La vida de cada miembro será la vida
del grupo y representará junto a la música uno de los puntos fundamentales del
proyecto. Pequeñas Huellas hará
conocer modos diferentes de vida además del occidental, para
que la cultura de la diferencia se convierta en
tolerancia”.
Derechos infantiles
Con
satisfacción evidente, la fundadora de la asociación, cuenta que una de sus
hijas, también música, la que hoy dirige la orquesta con apenas 16 años, fue
quien aportó la inspiración para que naciera Pequeñas Huellas. Fue en el segundo concierto que realizaron en
Cuba, en 2005, cuando con apenas once años, le pidió decir en público unas
palabras. “Hizo un discurso político, dijo que la oportunidad que habían tenido
de encontrarse chicos de culturas diferentes habría una ventana en el mundo,
que era urgente forjar una cadena de niños, para que se conocieran de pequeños,
antes de ser adultos con prejuicios y conocimiento de diferencias que un niño
no conoce, para lo que necesitaban de la ayuda de los adultos, sobre todo de
artistas que los ayudaran a dar la vuelta por el mundo y de los jefes de Estado
de los países”, cuenta Sabina y asegura que crió a sus hijos con gran libertad,
criándolas entre partituras e instrumentos.
Hoy,
que la asociación es una realidad tangible, viaja y hace música con ellas,
compartiendo itinerarios que implican un crecimiento personal basado en la
convivencia y el aprendizaje, con todos los chicos de la orquesta y con
aquellos de cada ciudad donde llegan para conocerse e interpretar música
juntos. “Han tenido encuentros con chicos con grandes
problemas sociales, algo que no les pasa en Italia, les sirvió a todos los
niños para que asumieran lo que sí tienen y así poder apreciarlo, además de la
enseñanza implicada en compartir espacios y saber convivir, lo que va
reforzando su concientización de los derechos de los niños”, analiza la
cellista y cuenta que los chicos de la orquesta van a escribir una carta con su
derecho a vivir en un mundo sin violencia, para presentarla a los jefes de
Estado de la Tierra. “La parte más compleja es llegar al corazón de los
políticos, para que entiendan la verdad del proyecto y puedan ayudarnos”, dice
la creadora de la orquesta cuyas presentaciones son siempre una oportunidad de
interactuar con niños de cada ciudad donde se presenten, ya sea dentro de
Italia, como en países como Alemania, España, Cuba y Argentina. En nuestro
país, además de sus varias presentaciones en Buenos Aires y Mercedes,
incluyeron a Mendoza, donde fueron protagonistas del cierre de la Marcha
Mundial por la Paz. En todos estos eventos, los niños
italianos se unieron con otros niños músicos, algunos de ellos miembros de
orquestas y coros que también propugnan la igualdad social a través de la
música. Todos juntos, se unieron para interpretar el Códex Trujillo del
Perú, una música nativa americana registrada en 1780 mediante la
notación europea. “Es una recopilación que hizo un obispo español, a modo de
enciclopedia, en cuyos 9 volúmenes hay uno con 9 hojas con
música de folclore andino, fue un primer encuentro de culturas, con algunas
canciones cantadas en idiomas que han desaparecido, además de tener acuarelas
donde se ve que bailan juntos negros, indios y europeos, mostrando que, en una
tierra de tanta sangre derramada, el momento de la música reunía pacíficamente
a todo el mundo”, explica Sabina, segura del papel inspirado del repertorio
elegido y contenta de poder plasmar en la realidad lo que en algún momento fue
una idea. La fuerza para todo su trabajo, asegura, la
trasciende y aumenta su sentido: “Este proyecto viene del cielo, yo simplemente
soy una canalizadora, encontré mi manera de hacer una revolución diaria de amor
y comunicación, ahora necesitamos que la mayor cantidad posible de gente nos
ayude a que esta ola vaya a todas las orillas posibles”.
Cómo
Ayudar
Quien
quiera comunicarse con la fundación puede escribir a su presidente,
Sabina Colonna Pretti, al mail sabcolon@gmail.com. Dentro del site, http://www.pequenashuellas.com, hay más detalles de cómo ser partícipe del
trabajo.
La Fundación Argentina de Transplante
Hepático (FATH), obra del cirujano argentino Horacio Aziz, fue altamente
inspiradora para que Sabina Colonno Preti creara Pequeñas Huellas,
ya que fue testigo de la manera en que creó un completo centro de
asistencia a pacientes de enfermedades graves a partir de un edificio
abandonado cedido por el Estado argentino. “Vi una persona que pensó algo y lo
hizo posible, me cambió la vida, me dejó una huella muy marcada”, comenta la
música sobre Aziz, a quien conocía ya que su esposo, el músico argentino Eduardo
Eguez, enseñaba guitarra barroca al médico. “Fue la música lo que hizo que nos
conociéramos, pero más tener la misma perspectiva del mundo y las necesidades
las que hacen que nos hayamos mantenido juntos”, asegura el cirujano, para
quien la orquesta Pequeñas Huellas representa una
transformación de la realidad. “No hay manera de no escuchar a chicos que a
través de su arte están llamando a que no haya trabajo infantil, a que no
exista abandono de los niños y que tengan una condición mejor de vida en el
mundo, es un mensaje es muy claro y tremendamente necesario de difundir”, dice
con convicción Aziz y asegura que pronto será una orquesta convocada a tocar
cada vez más por el mundo, por la trascendencia de sus valores: “Si no existe
un mensaje de dignidad, de igualdad de oportunidades, de protección a la
infancia, no hay futuro inmediato. Y este mensaje de los chicos, es muy
concreto, la necesidad del amor”. Para contactarse con FATH, ingresar a www.fath.org.ar o escribir al mail fundacion@fath.org.ar. También a los teléfonos: 4362-1119 begin_of_the_skype_highlighting 4362-1119 end_of_the_skype_highlighting o 5088.
Medicina musical






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