12.4.10

Ramiro Musotto

Hijo Natural


A menos de un año de su partida y en el mismo instante en que una ceremonia religiosa sincrética lo está despidiendo con fe y alegría en Río de Janeiro, vaya aquí la publicación de la primera entrevista que le hiciera a Ramiro Musotto, en la etapa en que presentaba en la Argentina su disco Sudaka. 



Fotos: Marcos Hermes


Diego Oscar Ramos - Inrockuptibles - Abril 2005


Radicado en Brasil, el músico argentino es uno de los percusionistas y programadores con más participación en la MPB de los últimos años. Trabajó con brasileros como Caetano Veloso, Gilberto Gil, Gal Costa, Marisa Monte, Lulu Santos, Maria Bethania, Martinho da Vila, Adriana Calcanhotto, Os Paralamas, Sergio Mendes, Titãs, Daniela Mercury, Zeca Baleiro, Lucas Santana y argentinos como Fernando Samalea y Diego Frenkel. En Sudaka, su primera experiencia solista, hace lo que más disfruta y mejor le sale: trazar con su música puentes entre mundos diversos que conviven en nuestro continente: la africanidad, las tradiciones indígenas y hasta personajes urbanos como un botellero de su Bahía Blanca natal, convertido vía sampler en pregonero dance de una Sudamérica que transforma limitaciones en riqueza cultural. 


Sin fronteras 
     
La identidad puede buscarse con juego, con placer de niño que junta objetos para transformarlos en otra cosa, nueva, diferente, que lo hace sentir bien, creador y creado por eso que nace de lo disperso. La materia que moldea con soltura desde hace más de 20 años Ramiro Musotto son las matrices rítmicas, con preponderancia de la cultura afrobrasileña, donde se consolidó su formación musical desde que decidió vivir a los 18 años en ese Brasil que le regalaba ritmos en todos sus rincones. Ya sea Río, su amada Bahía o el nordeste más extremo. Por eso, después de haber trabajado programando ritmos, tocando todo tipo de instrumentos percusivos y produciendo músicas para el espectro más rico de la música popular brasilera, sintió necesidad de hacer su propio disco, un entramado sonoro que usa las posibilidades técnicas y tímbricas de la electrónica sin perder de vista la riqueza musical de una Sudamérica con raíces indígenas y africanas ni dejar de lado las caras urbanas que nos hacen ser quienes somos. Por eso, aunque pueda ser incluido en cierta cultura dance actual, ya desde el nombre el disco tiene un planteo político no tan habitual: “Sudaka es una palabra que siempre me fascinó, porque une Sudamérica, Brasil y Argentina, lo que yo soy, un resultado de esta mezcla y da una identidad al casi perdido sueño, ¿utópico?, de la unidad sudamericana, aquella de Bolívar y San Martín”.
     En tiempos de Mercosom, como llamó el gran Hermeto Pascoal a esa virtud de la música necesaria por estas tierras para borrar las fronteras con más verdad e inmediatez que los  acuerdos económicos, la música de Musotto ayuda a asumir la complejidad de ser sudamericanos, sabiendo tanto de las carencias materiales que vive gran parte de la población como de la enorme riqueza simbólica de nuestras tradiciones, más aún cuando saben unir la música con la religiosidad, como pasa naturalmente en el Brasil afroindígena que el disco revaloriza en el uso respetuoso de grabaciones de cánticos rituales. “Estoy totalmente fascinado por la música religiosa afrobrasileña y la de carácter ritualístico religioso en general – explica Musotto -, la religión afroamericana me parece la más interesante, su mitología es hermosa, su relación con la naturaleza, la no-noción del pecado, su sexualidad, su relación con los antepasados, con sus muertos y por sobre todo su música, su percusión y sus cantos me llaman, me atraen sobremanera y siempre intento entender su significado y respetarlos lo máximo que pueda”. Esa búsqueda de respeto incluyó no pensar en el tiempo para lograr la autorización de todos los samplers, lo que incluyó varias reuniones con la madre del cineasta Glauber Rocha, el prócer del Cinema Novo homenajeado en uno de los tracks más logrados, Antonio das mortes, donde usa grabaciones del film Deus e o diabo na terra do sol. Y otras tantos encuentros con indígenas xavantes: “después de varias negociaciones, siempre abiertas y fraternas, con miembros de la tribu que residían en Sao Paulo, me dijeron que los jefes en la tribu habían aprobado la mezcla que había hecho y les parecía muy linda. Cuando les pregunté el significado de lo que había sampleado me dijeron que nunca podría saber lo que dice la letra, pero que me despreocupara, porque lo que había hecho estaba bien. Por eso si utilizás un sampler que tiene un significado definido para una determinada cultura y lo reciclás en una nueva música, respetando su esencia y originalidad, ya estás aportando algo nuevo y ayudando a que esta cultura no se muera”.
  En una estética reiterada del trance como zona de unión de cánticos recuperados de viejos discos, atabaques propios del candomblé o las programaciones de máquinas de ritmos, la nueva música sudamericana que diseña Musotto quiere unir la pista de danza con el terreiro, en un sincretismo constante, natural y festivo donde las distintas tribus se extienden y funden, recibiendo de presente nuevos ropajes para músicas que continúan su recorrido. “Siempre fui fascinado por la música primitiva o folclórica, la música sin dueño, transformada y mejorada de generación en generación donde cada uno aporta lo suyo y se va codificando, purificando, a lo largo de los años y a veces siglos. Paradójicamente, mi encuentro con la batería electrónica, las drum machines, que surgieron a fines de los 80 fue fulminante; enseguida me dije: esto fue hecho para mi, un aparatito con el cual podés simular varios instrumentos de percusión tocando juntos y ver cómo se entretejen los complejos ritmos que venía estudiando. Siempre para mí lo orgánico, lo humano, lo no digital, estuvo muy ligado e íntimamente relacionado con lo digital, lo programado, lo electrónico, este es el camino que me interesa, juntar mundos diferentes y hacer parecer que sea un mundo solo”.


Compartir belleza


“Las cosas que sampleo y uso en mi disco y mi show son cosas de las que me enamoro, las guardo y dejo en remojo, hasta que me viene una idea de lo que hacer con ellas; son cosas que cuido como joyas, como cosas en extinción, están tal vez olvidadas o desapercibidas y me parece una pena que sea así”, dice Musotto, gustoso de unir mundos, de poner en tiempo presente todo lo que pueda ser valioso de compartir: “me gusta reciclar, buscar en el tacho de basura musical donde se pone lo que ya pasó de moda, lo que no sirve, tiene quizás algo que ver con el pop art y la idea de llamar la atención de cosas aparentemente no bellas y hacer que parezcan o sean bellas, intentar otro modo de ver las cosas, de percibir lo que nos rodea”.

Esa tarea de embellecimiento y puesta en observación novedosa la practica con audacia en Botellero, el tema que más comentarios ha despertado hasta ahora, donde el pregón típico de un tradicional reciclador de Bahía Blanca en su carro se convierte en un mantra danzable: “Muchas veces acá en Brasil se dan cuenta de lo que es, hay cosas parecidas, le dicen garrafeiro en algunos lados y ferrovelho en otros; los comentarios son que les suena familiar, que cuando eran chicos escuchaban cantos o pregones así pero hoy no más, hay algo de universal en el canto y hasta amigos de USA habían escuchado cosas muy similares en sus ciudades”.

Esa virtud de coleccionista afectivo lo emparenta con muchos de los artistas con que ha trabajado, como Caetano Veloso o Marisa Monte, talentosos a la hora de rescatar del pasado canciones o sonoridades aparentemente perdidas y en hacer que todo lo que hagan suene actual, virtud que en muchos casos han realizado contando con la ayuda de Musotto como productor, percusionista o programador, como pasó en discos como Livro Tropicalia II de Veloso, Memorias, crónicas e declaracoes de amor de Marisa, Liga lá de Lulú Santos o Maritmo de Adriana Calcanhotto, por mencionar sólo algunos de los discos donde este argentino ha sabido ser profeta en una tierra que también es suya. Tanto como los sonidos y artistas que lo han formado, los que ha sabido devorar con ese mismo respeto y devoción antropófaga que tuvieron en los sesenta los tropicalistas para mezclar, con mayor o menor suerte artística, los sonidos clásicos de la bossa con las corrientes más modernas de la industria cultural musical internacional. Reconociéndose en la familia de músicos como Lenine, Carlinhos Brown, Zeca Baleiro, Chico Cesar, Chico Science, Paulinho Moska, Daniela Mercury, Marisa Monte, Lucas Santana, Mylene, o Adriana Maciel, “todos hijos de la Tropicália”, según Musotto, a quien sólo su acento genera a veces comentarios sobre su lugar de origen, porque, como asegura, “los brasileños se enorgullecen de que quieran aprender su cultura y son muy abiertos a todo tipo de participación y colaboración  artística”.



 

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