La Fundación
de Actividades Biosféricas, una agrupación argentina ligada a la ecología
integral, realiza en Córdoba una reforestación estratégica de zonas serranas,
con árboles autóctonos que favorecen los procesos hídricos.
Diego
Oscar Ramos - Uno Mismo - 2010
En
las sierras de Córdoba, el principal cordón montañoso de la provincia, se está
realizando un proyecto ecológico integral, a través de un proceso completo de
reforestación. Como las sierras, en una provincia donde las lluvias suelen no
ser tan abundantes a lo largo de todo el año, se vuelven un verdadero
reservorio de agua, operar sobre el cuidado e incremento de los bosques de
altura se vuelve una forma de
cuidado de las fuentes hídricas para las futuras generaciones, ya que estos
bosques generan y absorben el agua de las nubes a través de sus
procesos vitales. El proyecto se está llevando a cabo con continuidad desde el
2007 se llamó OrdeñandoNubes y dio nacimiento a la Fundación de Actividades Biosféricas, una agrupación que fue naciendo al mismo tiempo
que generaba su primera actividad ecológica, bajo el concepto claro de que el
ser humano es una parte integral de la naturaleza, un concepto que puede
parecer básico, pero cuyo olvido ha sido fuente de grandes procesos de
destrucción ambiental a lo largo de nuestra historia como humanidad.
Por
el contrario, de estar atento afectivamente al entorno es que el licenciado en
Letras Pablo Friedlander le dio un giro importante en su formación
internacional en Filosofía, Estética y Antropología al observar un hecho
natural, en sus campos de Córdoba.“Donde había bosque de tabaquillos, subiendo
por la montaña, necesariamente había agua, por lo que vimos con los vecinos que
era necesario plantar, porque en muchos lados el suelo estaba erosionado, por quemas, por las vacas”, cuenta el profesional de 35
años, quien entonces puso su energía en juntarse con otros dueños de campos,
para comenzar a generar mayor cantidad de bosque de alturas. Ese fue el germen
del programa Ordeñando Nubes. “Le llamamos así porque a 3 mil
metros de altura, en las sierras, donde están estos bosques de tabaquillos, cuando
pasan las nubes se quedan y
son ordeñadas a través de sus raíces, que van haciendo los cauces de los ríos,
liberando el agua de a poco. Lo que no pasa donde no hay árboles, porque llueve
y el agua lava la tierra, se desaprovecha”, explica Friedlander, dice haber
sentido rápidamente las implicancias filosóficas implicadas en que el ser
humano se convirtiese en ayudante de ese ordeñe de las nubes y la decisión de plantar
sistemáticamente brotó con fluidez. “Empezamos a plantar, primero azarosamente,
hasta que adoptamos el mismo método que usa la cátedra de Ecología de la
Universidad Nacional de Córdoba y pudimos comprobar que es el que mejor funciona,
haciéndolos germinar de cierta forma particular, poniendo los plantines en un
sistema de trasporte con mulas, para llevarlos desde los invernaderos hasta las
cumbres y siempre con cuidados especiales”, cuenta el pionero de la
reforestación y explica que, paso a paso, desde el 2005, cuando empezó a
proteger el área y hacer esas primeras plantaciones, una corriente de acciones
sinérgicas hicieron que el proyecto naciera con entusiasmo y un orden preciso.
En 2007 se dio el primer voluntariado para plantar árboles y hasta este último
verano, cada año se fue avanzando en la tarea de la reforestación.
Las
personas que se juntaban en esa tarea, ya no eran sólo los vecinos dueños de
campos que veían el valor fuerte de dejar zonas de sus tierras para la
generación de bosques de altura, sino todo tipo de personas que se iban sumando
a estas actividades. Uno de ellos, el comunicador Gabriel Barsky,
de 26 años, se sumó cuando buscando temas para una revista independiente que
editaba llegó a músicos que lo invitaron a ser parte de esta actividades. Así
se vio luego comprometido en el arte de plantar árboles y ya lleva varios
veranos de impostergables jornadas de trabajo. “Plantar un árbol es muy
gratificante, si uno se imagina la idea dan ganas, pero el hacerlo mismo da una
satisfacción inexplicable, porque es una misión, es ir hasta arriba, plantarlo,
ver cómo van creciendo los que se plantaron hace dos años, uno se imagina una
proyección, va a ser un bosque y uno puso las manos ahí, te sentís agradecido
de estar haciendo esa tarea, que es lo más concreto de cambiar el mundo, porque
si quiero hacerlo un lugar bueno, esa ruta es directa”, expresa Barsky, para
quien el mismo concepto de Ecología se vio transformado por la acción: “La
entiendo de una manera integral, una concepción de la vida, del trabajo, de
todas las actividades que hagas y como estés parado en el mundo, es una
actitud”.
En
esa forma de estar en el universo, Friedlander explica que lo que más se
encuentra entre las personas diversas que desde entonces acuden a las plantadas
de árboles es la sensación de unidad. “Lo que nos convoca a todos es el valor
de lo que estamos haciendo, de poder colaborar para asegurar el agua para las
futuras generaciones y nosotros, en vida, poder ver el crecimiento de esos
bosques. Luego de tres años ya estamos viendo resultados, es mucha
satisfacción, ahora hasta casi ni tenemos que avisar que vamos a plantar,
porque somos demasiados para el impacto ambiental que puede provocar”, confiesa
con satisfacción evidente del crecimiento progresivo del proyecto. Y si por su
formación, siempre había estado ligado a trabajar de forma interdisciplinaria,
estas acciones lo llevaron a estar atento a todas las sinergias que se iban
dando, progresivamente, entre todo tipo de personas y agrupaciones vinculadas a
la ecología, el arte y los estudios interculturales. De ese proceso, generado
al mismo tiempo que la plantación de árboles, nació el esquema de trabajo
actual que unifica sus intenciones de operar transformaciones positivas en la
realidad. Primero nacieron como asociación y más tarde como fundación, con el
propósito de “conjugar sinérgicamente la restauración ecológica con los
estudios interculturales y el arte en todas sus intersecciones posibles: desde
la reforestación de cumbres hasta la difusión de la agricultura urbana, desde
la enseñanza de lenguas y cosmovisiones ancestrales hasta la ciencia de
vanguardia, desde el cultivo de artes tradicionales hasta prácticas avanzadas
de armonización”. Así lo explican en su sitio de Internet, donde pueden
leerse no sólo el proceso completo de trabajo en proceso con la reforestación
en las sierras cordobesas, sino acceder a materiales filosóficos que dan cuenta
del mismo concepto de Biosfera, el punto central por el cual hoy se sienten
integrados la veintena de personas que trabajan en la Fundación. “Lo
que unifica todo es la esfera de la vida, el punto de contacto entre las
diferentes actividades, si nuestra casa es el mundo, la lógica ecológica no está
sólo en plantar árboles o hacer mejoras ambientales en la ciudad, sino también
en el arte que retroalimente estas actividades”, comenta Friedlander y explica
que tiene tanta importancia la continuidad que le dan año a año al generar una
completa reforestación de las sierras de la región del cerro Campaquí como a
toda la serie de atividades que realizan en su sede de Buenos Aires para
difundir un sistema de pensamiento biosférico. Allí tienen cabida desde las
formas de cocina andina, cursos de filosofía antigua, arte chamánico
sudamericano, lenguaje quichua o conciertos de mbyra, un instrumento religioso
africano. “La clave es armonizar al ser humano con la biosfera, de la que no se
puede separar aunque quiera y para que eso sea posible, no sólo como un ideal,
hay que trabajar en todas las dimensiones donde eso ocurre, en la intersección
del arte, la cultura y la naturaleza”, asegura el presidente de la fundación. Y
Barsky, comunicador entusiasmado de todo lo que se hace aquí, en la casa donde
él mismo vive de forma comunitaria con otros miembros, explica: “Cada contenido
es una llave para aplicar no solamente a la actividad específica, sino para
comprender el funcionamiento de todo, son cosas que te van formando a la idea
de qué es estar vivo, conectado con la naturaleza y es algo que
retroalimenta cada espacio de tu vida”. Este próximo verano, estará allí,
trabajando con semillas, plantines y las manos en la tierra, junto a muchos
otros humanos, que quieren ser más humanos, en el camino de mirarse de una buena
vez, como parte inseparable de la vida.
LOS
ARBOLES
El
Tabaquillo (Polylepis australis) es la única especie arbórea que forma grandes
bosques por encima de los 1700 msnm en las Sierras Grandes, cumpliendo un rol
muy importante como protector de cuencas hídricas. Su corteza dorado-rojiza
forma laminillas delgadas con aire entre ellas que aíslan el tronco y las
ramas, resistiendo bajas temperaturas y sequías. Otras especies protectoras de
cuencas son el Maitén (Maitenus boaria), el Molle (Lithraea molloides), también
en las partes más bajas algarrobos, chañares, espinillos y otras especies
autóctonas del monte serrano.
LA CASA
“La
restauración ecológica empieza en tu casa, con tus plantas, es el principio de
la historia, después llegan los trabajos humanos colectivos de subir a una
sierra a plantar 300 árboles, encontrándonos todos en pos de algo superador”,
dice Barsky y explica que en la casa donde habita, no sólo separan la basura o
hacen compost al recuperar lo orgánico, sino que se espera que la propia casa,
cuando puedan comprarla, se convierta en un energéticamente autosuficiente,
para vivir ecológicamente en un ciento por ciento y convertirse en una fuente
de irradiación de una manera nueva de habitar la ciudad.







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