13.6.10

Yusa


Nueva trova  funk 

Representante de la vanguardia musical de Cuba, la música une en sus canciones la herencia de la trova cubana con el son, el pop, el funk y hasta la música brasileña.  


Diego Oscar Ramos - Revista Rumbos 


Fotos: Ariel Sabatella

       
  A Yusimil López Bridón, a quien todos llaman Yusa desde niña, le gusta hablar. Eso se vuelve evidente tanto en lo que dice antes de cada canción, cuando se presenta en vivo, como al sentarse a hablar para una entrevista. Claro que su verba vertiginosa no transitará cualquier camino, más bien irá buscando los sentidos que más la identifiquen y se detendrá una y otra vez en palabras llaves como libertad y armonía, que parecen dar en el punto justo de lo que siente suyo, en la música y en la vida. “Siempre necesito armonía a mi alrededor para existir, se convierte en algo vital, básico, eso tiene que ver con la música, porque no la hago para nadie, simplemente es mi necesidad, por suerte no he tenido que lucrar con ella, no he estado presionada, siempre hice lo que he querido”, comenta la representante de una nueva ola de músicos cubanos que unen la riquísima tradición musical de su país, tanto la trova como los ritmos de vertiente más afro, con las sonoridades universales de nuestra era. 
       En su caso, a la rumba o el son cubano de raíz, podrá vestirlo con ropas de jazz, pop, funk o música popular brasileña. Y si su concepción musical tiene base firme en su formación académica, iniciada hace casi tres décadas, cuando apenas era niña, asegura que lo que la rige es la necesidad de la libertad absoluta para hacer lo que desea y como lo desea. “Esa es mi base, el día que tenga que estar haciendo cosas que no aumenten mi integridad como  persona dejaría de hacer música, porque no fue lo que me hizo tomar una guitarra a los seis años”, afirma enérgica, da algunas vueltas con sus palabras y lanza una frase con la musicalidad propia de quien haya una forma precisa: “Tengo como clave la libertad, es vital, es lo único que me hace poder estar haciendo música todos los días, con mis amigos, sin prejuicios”. Entre esos amigos, pueden estar el brasileño Lenine, con quien grabó el valioso DVD In Cité formando un trío junto al gran percusionista argentino Ramiro Musotto, desaparecido en septiembre del 2009 y a quien Yusa recuerda con afecto y admiración. En esa obra se hizo conocida de los melómanos argentinos, quienes supieron gozar de su fase como bajista de fuerte presencia y sonido, un lugar al que ha dejado descansar en Haiku, su disco reciente, donde estuvo buscado en las fuentes de su lado más delicado y minimalista.

Amar la palabra

      Y fue para presentar su tercera grabación, la primera editada en la Argentina, cuando nuestro país la vio en una gira donde mostró su expresividad con la palabra. “Es muy importante la relación con el público, crear un lugar común donde todos estemos cómodos, creo en la comunicación real de las personas”, comenta la compositora, que confiesa que preferiría estar entre la gente antes que arriba de un escenario, donde la altura puede generar una distancia de algún modo jerárquica. Pero sea como fuese el lugar, suele lanzar sentidos como este: “Anda, que la conga la marcan tus pies y no habrá piedra si la tierra, Canta, si sientes la necesidad de ser feliz y quien te escucha, Cambia, que la vida puede ser mejor si es el amor el que se impone y, Manda, tus sueños todos a volar y ya verás que la alegría, Salta”. Jugando en Conga Pasajera con pausas que crean sentidos múltiples a las frases, el mensaje es de clara vitalidad, una de las facetas suyas, que dice cantar siempre con sinceridad. Es por eso que dice, explicando el valor que le da a presentarse en vivo, que para ella tiene una importancia total esa verdad de lo que se dice. Y ese poder mostrarse como es, además, lo siente como una gracia. “Qué bueno que tenga la oportunidad de poder decir las cosas que están dentro de mí, uno necesita mostrar todas esas cosas para que otras personas lo vean, uno necesita generar una reacción con eso que ha hecho”, dice quien tocara junto a la mexicana Lila Downs o la peruana Susana Baca, creadoras de canciones de sentires a flor de piel. Yusa asegura, pensando en este nivel de ideas sobre la canción, que el arte tiene una utilidad, la que siente que, inevitablemente, se da cuando se es íntegramente uno, arriba del escenario o entre la gente. 
     Por eso es que cantar y tocar, para ella, es ser quien se es. Eso está también en su disco. “Haiku le habla al centro de cada persona, no estoy haciendo nada para nadie, sino que mi necesidad es poder estar en paz conmigo, el único modo de poder estarlo con los demás y poder convivir de un modo pacífico. Lo que puedo hacer en el escenario es que esa persona a la que vea a los ojos pueda serle útil hoy”, piensa Yusa, segura de que tiene algo que comunicar: “Sin querer dar un mensaje, tengo la necesidad de expresar lo que necesito, hay que transmitir que hay que ser buenas personas, porque somos muchos, cada vez vamos naciendo más y si no aprendemos a convivir unos con los otros, vamos a terminar aniquilándonos a nosotros mismos, sin que nadie venga a hacerlo”.

Amar la tierra

      En ese sentido, y encaminando sus palabras con atención, Yusa cree que el músico tiene la oportunidad de darse por entero en sus discos y presentaciones, cuidando todos los detalles, desde la estética de los programas de mano a la sinceridad de los sentimientos emitidos en las canciones que nacen de una búsqueda genuina. “Cada vez que me paro en un escenario lo único que puedo hacer es dar gracias porque esas personas estén ahí para compartir un acto amoroso, eso lo hace algo importante, el hecho de que yo venga de tan lejos, que haya un público en ese lugar y  que ese encuentro se convierta en algo útil para los dos, que te vayas diciendo Me sentí cerca de Cuba, quiero conocerla, porque además me siento orgullosa de ser cubana, tengo arraigada la identidad, soy de ahí”, lanza en un borbotón emocionado la constructora de canciones que quieren ser tan libres como nacidas de un ser que sabe de dónde viene. Porque Yusa puede reconocerse como una persona del mundo, que podría vivir donde sea y pocas cosas parece disfrutar más que dejar sus canciones por los sitios más impensados del planeta, pero sus frases mencionarán repetidamente a sus colegas músicos cubanos de su generación, a antecesores como Pablo Milanés, Silvio Rodriguez o Santiago Feliú y a mujeres valientes que superaron todo antiguo prejuicio cultural frente al hecho de que ellas pudieran dedicarse a la composición musical. Menciona así a Marta Valdez, una vigentísima creadora con hoy más de 70 años, una de sus influencias más grandes y también a María Teresa Vera, una pionera en gestar grandes canciones de formas eruditas y sentimientos profundos, cuyas melodías fueran interpretadas por hitos como el pianista Bola de Nieve. Por esa senda anda Yusa, caminante de la música, “mujer, negra y cubana”, como afirma orgullosa y desafiante, para quien quiera oírla, haciendo música, entre las personas. Para que seamos un poco mejores y disfrutemos de ser quienes somos. Aquí, en su querida Cuba, o donde los caminos la lleven para lanzar al mundo sus canciones sinceras.

Para conocerla

    Con su música Yusa se ha presentado en numerosos festivales y escenarios de Inglaterra, Francia y Alemania, Brasil, Japón e Italia, participó de la Gira Mujeres Latinas junto a Lila Downs y Susana Baca por Europa, realizó presentaciones en el prestigioso club Blue Note de Japón y formó parte del Trío Planetario junto a Lenine y Ramiro Musotto, con quienes tocaron en Francia y participaron de la clausura de los XV Juegos Panamericanos en Río de Janeiro, Brasil, compartiendo escenario con Jorge Drexler. Para escuchar su música y saber más de sus próximas, ya que aún no se han precisado las fechas de su próxima gira argentina, conviene entrar a su site en Internet. Luego de dos discos editados internacionalmente desde un sello inglés, su último trabajo es Haiku, un disco minimalista producido por el brasilero Ale Siqueira,  apreciado por su producción deTribalistas 
  

Hija única

 “Nací en una época donde supuestamente ya muchos de los logros de la mujer ya estaban logrados, eran batallas ganadas en mi país, soy mujer, soy cubana, soy negra y nunca sentí un rechazo en ese sentido”, confiesa Yusa y reconoce que casi no había percibido como algo a tener muy en cuenta la condición racial en su país natal. “Como todo el mundo, he tenido mis momentos de golpes, de prejuicio racial entre personas, pero son temas más culturales que de racismo”, agrega y va más lejos: “Es cierto que todavía no somos tantas las mujeres músicas, somos más cada vez, pero noto que como es tan cultural que ha sido marginada por tantos siglos, muchas personas notan que soy una mujer que está haciendo cosas”. Sin dudas, siente que su hiperactividad, tiene una cuna muy precisa: “Mi padre y mi madre me decían que la felicidad son pequeños momentos y que por eso había que ser libre en lo que hiciéramos, me criaron de ese modo”. 

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