1.7.10

Acciones


Simientes de cambio

El colectivo internacional de trabajo Articultores, nacido en Argentina, quiere hacer ciudades más verdes, con plantados masivos de semillas orgánicas en espacios urbanos.

Diego Oscar Ramos - Uno Mismo  




Fotos: Luis Tamayo, Martín Maistrello y Judith Villamayor.




            Quien haya visto grupos de personas arrojando bolas de tierra en espacios verdes de toda la ciudad, habrá estado en contacto con una de las acciones de Articultores, una red de gente de variado sexo, edad y formación, todos ligados de una u otra manera al arte, que buscan realizar cambios concretos en la realidad. Uno de ellos es transformar espacios físicos abandonados, donde haya tierra disponible, para generar allí un lugar donde puedan crecer alimentos de tipo orgánico. Bajo el nombre de guerrilla huerta los artistas agricultores delimitan objetivos urbanos donde arrojarán bombas de arcilla y tierra con semillas dentro, una invención de Masanobu Fukuoka, gurú japonés de la agricultura que proclama la mínima intervención humana, para dejar que la naturaleza siga su propio curso. Este es uno de los conocimientos que vincula a este colectivo de trabajo que nació hace menos de un año, con el objetivo de generar y compartir saberes, alguno de ellos ligado a la agricultura orgánica, para luego transmitirlos libremente por Internet y aplicarlos en la misma ciudad, especialmente en barrios como Abasto y San Telmo. También en Lavapiés, barrio madrileño, que ya está aplicando estas ideas que unen la permacultura con un arte que toma lo urbano como lugar de transformación.
         “Articultores, que más que agrupación es una red, empieza en septiembre pasado desarrollando una página web e investigando sobre otros colectivos en Buenos Aires y en Madrid, luego vino la síntesis del proyecto”, comenta Judith Villamayor, artista plástica argentina,  formada en la Escuela Provincial de Artes Visuales de Bahía Blanca y una de las artífices principales de este colectivo abierto a todos los que quieran ser parte. “Articultor puede ser cualquiera que tome estos ejes y contagie a su entorno, porque cualquiera puede hacer propio el nombre, sembrar huertas a troche y moche, hacer festivales de performance, exposiciones, recitales, install fest, en fin, toda la batería que el ingenio pudiera usar para que esta fiebre verde y abierta se propague”, cuenta la artista y explica que entre las tareas que realizan se incluyen talleres de huertas, software libre y hardware libre, cocina, ropa con material de descarte, festival de performance, bicicleteadas y charlas, todas formas de unir seres humanos con fines transformadores.

Plantar sorpresas

         Camino al centenar de acciones en múltiples puntos de ciudades como Buenos Aires, La Plata, Quilmes, Córdoba, Bahía Blanca, Rosario, Córdoba o Pergamino, el sitio es el lugar virtual donde se lleva un registro y seguimiento fotográfico del crecimiento de lo que se ha plantado. La elección de los puntos tiene, además, un sentido relacionado con un cambio total de vida. Así lo explica Villamayor: Proponemos un cambio de actitud a la hora de transitar la ciudad, y es prestarle especial atención a los lugares olvidados que acaso habíamos dejado de mirar, son muchos, tantos, que habíamos aprendido a ignorarlos. Reveámoslos, miremos otra vez el recorrido de nuestra casa al estudio, o al trabajo, o al mercado; miremos como si fuera la primera vez que lo hacemos, atentamente, cualquier posible rincón donde pudiera crecer un zapallo, un poroto, un maíz. Acostumbrémonos a salir con un block de notas para anotar las direcciones de posibles lugares a atacar. Invitemos a amigos, amasemos reunidos, arrojemos las bombas de semillas entre varios. Y revisitemos el lugar un par de semanas más tarde, si el clima fuera propicio, quizás nos llevemos más de una sorpresa”.
      También en Europa pueden ir generándose efectos sorpresivos sobre la ciudad. En España, otro colectivo artístico, Invernadero de Lavapiés, está siendo parte de la red de Articultores. El artista plástico Luis Tamayo explica el fondo vital que lo ha implicado en estas acciones: “Necesito del contacto continuo de la naturaleza para recordarme quién soy y que formo parte de un todo, porque las ciudades son decorados, donde se ensaya permanentemente una idea falsaria de la humanidad y el progreso”. Desde este posicionamiento crítico, explica la filosofía central que lo hace ser parte de un colectivo donde las bombas semillas son apenas una fase: ”Son tres ideas las que se funden, el libre tránsito como movimiento global, en los que cualquiera, sea inmigrante o local, pueda moverse y actuar libremente, libre cultura, en cuanto es una propuesta abierta, porque nosotros solo mostramos, propagamos el virus de la participación, pero cualquiera puede adoptarlo a sus circunstancias sociales y personales, sin etiquetas ni banderas, sólo predomina la idea y el sentimiento, y cultura libre, porque se desarrolla desde las bases de un individuo sin derechos de autor ni colectivo que lo enmarque”.  
  Tamayo asegura que lo más gratificante de este proceso es ver cómo se va extendiendo la iniciativa, “sin tutelajes, sin liderazgos, por diferentes partes de Latinoamérica”, lo que relaciona con toda una manera en que en este nuevo milenio se están dando los fenómenos de cambio social, en los que las redes informáticas tienen un papel fundamental. “Por primera vez no importa el cuantos del acto físico y presencial, como ocurría con las manifestaciones, donde el éxito se medía por el número de manifestantes. Ahora importa más la difusión y la conexión entre redes virtuales, el gesto del I like del Facebook, el apoyo desde un click y su carácter viral”, asegura el artista español. Recientemente, Tamayo fue parte en Buenos Aires de un coloquio sobre Creatividad como herramienta para transformar la teoría en acción, en un evento donde otros articultores dieron talleres de software libre y guerrilla huerta. Si bien no gusta de hablar de etapas cumplidas, el artista español sí gusta de aportar una visión más amplia sobre lo que está ya aconteciendo por ser parte de esta forma de hacer ecología urbana. “Este es un proceso abierto y en movimiento, que muta, que se desborda a sí mismo y donde no preocupan los resultados ni su fecha de finalización, prefiero la complejidad y su caos armónico que el análisis y el control, es más contemporáneo, es siglo XXI”, dice y agrega: “Empezamos a andar, que ya es mucho, el camino nos llevara hasta donde nos lleve, disfrutando de lo que nos enseña”.

Contagiar entusiasmo

         Desde su site, Articultores informan que se encuentran en etapa de investigación y coordinación, relevando, recopilando y publicando información, además de realizar distintas tareas de conformación de grupos de trabajo, asesoramientos y búsqueda de recursos logísticos. Lo que sigue es una fase de desarrollo de huertas, organización de charlas y clases de agricultura, además de toda una serie de cursos de manejo de herramientas de la Web. Claro que, aclaran también, uno de los aspectos importantes es la manera en que se tejen vínculos entre los participantes, para consolidar relaciones de cooperación y solidaridad. Desde allí es que Villamayor comenta cuál ha sido la acción que más placer y orgullo le provoca: “Los vínculos generados es lo que más placer causa, uno solo contagiado es suficiente para encontrar exitoso el ataque, pero quizás porque viví muchísimos años en Bahía Blanca, me emociona especialmente la participación con el Centro Cultural Periférico de Villa Nocito, Víctor Manuel que hace muchísimo como coordinador de ese espacio, nos mantiene asombrados de tanta actividad; no es fácil mantener este tipo de pasión”.
    Desde su site, Articultores informan que se encuentran en etapa de investigación y coordinación, relevando, recopilando y publicando información, además de realizar distintas tareas de conformación de grupos de trabajo, asesoramientos y búsqueda de recursos logísticos. Lo que sigue es una fase de desarrollo de huertas, organización de charlas y clases de agricultura, además de toda una serie de cursos de manejo de herramientas de la Web. Claro que, aclaran también, uno de los aspectos importantes es la manera en que se tejen vínculos entre los participantes, para consolidar relaciones de cooperación y solidaridad. Desde allí es que Villamayor comenta cuál ha sido la acción que más placer y orgullo le provoca: “Los vínculos generados es lo que más placer causa, uno solo contagiado es suficiente para encontrar exitoso el ataque, pero quizás porque viví muchísimos años en Bahía Blanca, me emociona especialmente la participación con el Centro Cultural Periférico de Villa Nocito, Víctor Manuel que hace muchísimo como coordinador de ese espacio, nos mantiene asombrados de tanta actividad; no es fácil mantener este tipo de pasión”.







Lenguaje con sentido


    “Sostenemos la importancia del hacer, de seguir el corazón y tratar de mantenernos conectados con el entorno. Hay muchos años de abandono de personas como para que no despertemos, como grupo social, y nos cuidemos unos a otros. Podemos empezar ahora mismo, atacando cada lugar abandonado, usando el poder del consumidor eligiendo productos desarrollados de manera sustentables, informándonos, contagiándonos”, explica Judith Villamayor, quien utilizará en su discurso articultor palabras como  guerrillas, ataques y bombas, las que siente como pertinentes y llenas de sentido. “Hace falta una terminología que no deje lugar a dudas que es urgente hacer”, asegura la artista y detalla el objetivo de cada término. Esto dice sobre guerrilla huerta: “Porque no hace falta pedir permiso para arrojar bolitas de tierra sobre la tierra. Si bien es cierto que contienen semillas, nada nos puede impedir que las sembremos en todas partes, más no pedimos permisos en el caso de ser una tierra olvidada, como que tampoco la declaramos como propia, ni la tierra, ni lo que sembramos”. Sobre la palabra ataque: “Porque cuando elegimos un blanco, vamos cargados de bombas y las arrojamos todas, son cientos y cientos de semillas por cada siembra. Y además, hablar de blancos de ataques, estrategias o alianzas: ¿Quién no ha jugado al TEG?”. Y en relación a otras palabras muy usadas, la fiebre verde o el contagio: “¿Quién no ha escuchado este último año la palabra fiebre y contagio? ¿Por qué no tratar de emular  la manera de propagarse de estas enfermedades en los medios para aplicarla en acciones positivas hacia nuestro planeta?” 


Bombas semillas

         Villamayor detalla cómo se hacen las bombas semillas, siguiendo la técnica de Fukuoka: “La técnica es muy simple, se mezcla arcilla, tierra negra y semillas, en variedades de huerta más nativas, se hacen bolitas, se secan y se arrojan sin labrar la tierra, luego las podemos llevar en nuestros bolsillos, en la mochila, listos para atacar”. Y cómo es que se consiguen las semillas: “Comemos zapallos, melón, tomate, ajíes, berenjenas, guardamos sus semillas y cuando compramos porotos, garbanzos,  arvejas o maíz para cocinarlos, separamos un puñadito y los guardamos para sembrar”, dice la artista y concluye con un axioma articultor: “Fruto comido, fruto sembrado”.

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