Simientes de cambio
El colectivo internacional de trabajo Articultores, nacido en Argentina,
quiere hacer ciudades más verdes, con plantados masivos de semillas orgánicas en espacios urbanos.
Diego Oscar Ramos - Uno Mismo
Fotos: Luis Tamayo, Martín Maistrello y Judith Villamayor.
Quien haya visto grupos de personas arrojando
bolas de tierra en espacios verdes de toda la ciudad, habrá estado en contacto
con una de las acciones de Articultores,
una red de gente de variado sexo, edad y formación, todos ligados de una u otra
manera al arte, que buscan realizar cambios concretos en la realidad. Uno de
ellos es transformar espacios físicos abandonados, donde haya tierra
disponible, para generar allí un lugar donde puedan crecer alimentos de tipo
orgánico. Bajo el nombre de guerrilla
huerta los artistas agricultores delimitan objetivos urbanos donde arrojarán bombas de arcilla y tierra
con semillas dentro, una invención de Masanobu Fukuoka, gurú japonés de la agricultura que
proclama la mínima intervención humana, para dejar que la naturaleza siga su propio
curso. Este es uno de los conocimientos que vincula a este colectivo de trabajo
que nació hace menos de un año, con el objetivo de generar y compartir saberes,
alguno de ellos ligado a la agricultura orgánica, para luego transmitirlos
libremente por Internet y aplicarlos en la misma ciudad, especialmente en
barrios como Abasto y San Telmo.
También en Lavapiés, barrio madrileño, que ya está aplicando estas ideas que
unen la permacultura con un arte que toma lo urbano como lugar de
transformación.
“Articultores, que más que agrupación es una red, empieza en septiembre pasado desarrollando
una página web e investigando sobre otros colectivos en Buenos Aires y en
Madrid, luego vino la síntesis del proyecto”, comenta Judith Villamayor, artista plástica argentina, formada en la Escuela Provincial de Artes
Visuales de Bahía Blanca y una de las artífices principales de este colectivo abierto a todos los
que quieran ser parte. “Articultor
puede ser cualquiera que tome estos ejes y contagie a su entorno, porque cualquiera
puede hacer propio el nombre, sembrar huertas a troche y moche, hacer
festivales de performance, exposiciones, recitales, install fest, en fin, toda la batería que el ingenio pudiera usar
para que esta fiebre verde y abierta se propague”, cuenta la artista y explica
que entre las tareas que realizan se incluyen talleres de huertas, software
libre y hardware libre, cocina, ropa con material de descarte, festival de
performance, bicicleteadas y charlas, todas formas de unir seres humanos con
fines transformadores.
Plantar sorpresas

Camino al centenar de
acciones en múltiples puntos de ciudades como Buenos Aires, La Plata, Quilmes,
Córdoba, Bahía Blanca, Rosario, Córdoba o Pergamino, el sitio es el lugar virtual donde se lleva un registro y seguimiento fotográfico del
crecimiento de lo que se ha plantado. La elección de los puntos tiene, además,
un sentido relacionado con un cambio total de vida. Así lo explica Villamayor: “Proponemos un
cambio de actitud a la hora de transitar la ciudad, y es prestarle especial
atención a los lugares olvidados que acaso habíamos dejado de mirar, son muchos,
tantos, que habíamos aprendido a ignorarlos. Reveámoslos, miremos otra vez el
recorrido de nuestra casa al estudio, o al trabajo, o al mercado; miremos como
si fuera la primera vez que lo hacemos, atentamente, cualquier posible rincón
donde pudiera crecer un zapallo, un poroto, un maíz. Acostumbrémonos a salir
con un block de notas para anotar las direcciones de posibles lugares a atacar.
Invitemos a amigos, amasemos reunidos, arrojemos las bombas de semillas entre
varios. Y revisitemos el lugar un par de semanas más tarde, si el clima fuera
propicio, quizás nos llevemos más de una sorpresa”.
También
en Europa pueden ir generándose efectos sorpresivos sobre la ciudad. En España,
otro colectivo artístico, Invernadero de Lavapiés, está siendo parte de la red de Articultores. El artista plástico Luis Tamayo
explica el fondo vital que lo ha implicado en estas acciones: “Necesito
del contacto continuo de la naturaleza para recordarme quién soy y que formo
parte de un todo, porque las ciudades son decorados, donde se ensaya permanentemente
una idea falsaria de la humanidad y el progreso”. Desde este posicionamiento
crítico, explica la filosofía central que lo hace ser parte de un colectivo
donde las bombas semillas son apenas una fase: ”Son tres ideas las que se
funden, el libre tránsito como movimiento
global, en los que cualquiera, sea inmigrante o local, pueda moverse y
actuar libremente, libre cultura, en
cuanto es una propuesta abierta, porque nosotros solo mostramos, propagamos el virus
de la participación, pero cualquiera puede adoptarlo a sus circunstancias
sociales y personales, sin etiquetas ni banderas, sólo predomina la idea y el
sentimiento, y cultura libre, porque
se desarrolla desde las bases de un individuo sin derechos de autor ni colectivo
que lo enmarque”.
Tamayo
asegura que lo más gratificante de este proceso es ver cómo se va extendiendo
la iniciativa, “sin tutelajes, sin liderazgos, por diferentes partes de
Latinoamérica”, lo que relaciona con toda una manera en que en este nuevo
milenio se están dando los fenómenos de cambio social, en los que las redes
informáticas tienen un papel fundamental. “Por primera vez no importa el
cuantos del acto físico y presencial, como ocurría con las
manifestaciones, donde el éxito se medía por el número de
manifestantes. Ahora importa más la difusión y la conexión entre redes
virtuales, el gesto del I like del Facebook, el apoyo desde un click y su carácter viral”,
asegura el artista español. Recientemente, Tamayo fue parte en Buenos Aires de
un coloquio sobre Creatividad como
herramienta para transformar la teoría en acción, en un evento donde otros articultores dieron talleres de software
libre y guerrilla huerta. Si bien no
gusta de hablar de etapas cumplidas, el artista español sí gusta de aportar una
visión más amplia sobre lo que está ya aconteciendo por ser parte de esta forma
de hacer ecología urbana. “Este es un proceso abierto y en movimiento, que
muta, que se desborda a sí mismo y donde no preocupan los resultados ni su
fecha de finalización, prefiero la complejidad y su caos armónico que
el análisis y el control, es más contemporáneo, es siglo XXI”,
dice y agrega: “Empezamos a andar, que ya es mucho, el camino nos llevara hasta
donde nos lleve, disfrutando de lo que nos enseña”.
Contagiar
entusiasmo
Desde su site, Articultores informan que se
encuentran en etapa de investigación y coordinación, relevando, recopilando y
publicando información, además de realizar distintas tareas de conformación de
grupos de trabajo, asesoramientos y búsqueda de recursos logísticos. Lo que
sigue es una fase de desarrollo de huertas, organización de charlas y clases de
agricultura, además de toda una serie de cursos de manejo de herramientas de la
Web. Claro que, aclaran también, uno de los aspectos importantes es la manera
en que se tejen vínculos entre los participantes, para consolidar relaciones de
cooperación y solidaridad. Desde
allí es que Villamayor comenta
cuál ha sido la acción que más placer y orgullo le
provoca: “Los vínculos generados es lo que más placer causa, uno solo
contagiado es suficiente para encontrar exitoso el
ataque, pero quizás porque viví muchísimos años en Bahía Blanca, me
emociona especialmente la participación con el Centro Cultural Periférico de
Villa Nocito, Víctor Manuel que hace muchísimo como coordinador de ese
espacio, nos mantiene asombrados de tanta actividad; no es fácil mantener este
tipo de pasión”.
Desde
su site, Articultores informan que se encuentran en etapa de investigación y coordinación,
relevando, recopilando y publicando información, además de realizar distintas
tareas de conformación de grupos de trabajo, asesoramientos y búsqueda de
recursos logísticos. Lo que sigue es una fase de desarrollo de huertas,
organización de charlas y clases de agricultura, además de toda una serie de
cursos de manejo de herramientas de la Web. Claro que, aclaran también, uno de
los aspectos importantes es la manera en que se tejen vínculos entre los
participantes, para consolidar relaciones de cooperación y solidaridad. Desde allí es que Villamayor comenta cuál ha sido la acción que más placer y orgullo le provoca: “Los vínculos
generados es lo que más placer causa, uno solo contagiado es suficiente para
encontrar exitoso el ataque,
pero quizás porque viví muchísimos años en Bahía Blanca, me emociona
especialmente la participación con el Centro Cultural Periférico de Villa
Nocito, Víctor Manuel que hace muchísimo como coordinador de ese espacio,
nos mantiene asombrados de tanta actividad; no es fácil mantener este tipo de
pasión”.
Lenguaje
con sentido
“Sostenemos la importancia del hacer, de seguir el corazón y tratar de mantenernos conectados con
el entorno. Hay muchos años de abandono de personas como para que no
despertemos, como grupo social, y nos cuidemos unos a otros. Podemos empezar
ahora mismo, atacando cada lugar abandonado, usando el poder del consumidor
eligiendo productos desarrollados de manera sustentables, informándonos,
contagiándonos”, explica Judith Villamayor, quien utilizará en su discurso articultor palabras como guerrillas, ataques y bombas, las que siente
como pertinentes y llenas de sentido. “Hace falta una terminología que no deje
lugar a dudas que es urgente hacer”, asegura la artista y detalla el objetivo
de cada término. Esto dice sobre guerrilla
huerta: “Porque no hace falta pedir permiso para arrojar bolitas de tierra
sobre la tierra. Si bien es cierto que contienen semillas, nada nos puede
impedir que las sembremos en todas partes, más no pedimos permisos en el caso
de ser una tierra olvidada, como que tampoco la declaramos como propia, ni la
tierra, ni lo que sembramos”. Sobre la palabra ataque: “Porque cuando elegimos un blanco, vamos cargados de bombas
y las arrojamos todas, son cientos y cientos de semillas por cada siembra. Y
además, hablar de blancos de ataques, estrategias o alianzas: ¿Quién no ha
jugado al TEG?”. Y en relación a otras palabras muy usadas, la fiebre verde o el contagio: “¿Quién no ha escuchado este último año la palabra fiebre
y contagio? ¿Por qué no tratar de emular la manera de propagarse de estas
enfermedades en los medios para aplicarla en acciones positivas hacia nuestro
planeta?”
Bombas semillas
Villamayor
detalla cómo se hacen las bombas semillas, siguiendo la técnica de Fukuoka: “La
técnica es muy simple, se mezcla arcilla, tierra negra y semillas, en
variedades de huerta más nativas, se hacen bolitas, se secan y se arrojan sin
labrar la tierra, luego las podemos llevar en nuestros bolsillos, en la
mochila, listos para atacar”. Y cómo es que se consiguen las semillas: “Comemos
zapallos, melón, tomate, ajíes, berenjenas, guardamos sus semillas y cuando
compramos porotos, garbanzos, arvejas o maíz para cocinarlos, separamos
un puñadito y los guardamos para sembrar”, dice la artista y concluye con un
axioma articultor: “Fruto comido, fruto sembrado”.
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