
“Asombrarse
de las cosas es el hallazgo”
Músico, pintor y poeta, el
artista misionero es un hombre que exalta la belleza desbordante de la
vida.
Diego
Oscar Ramos - Uno Mismo - 2006
Impactado
desde niño por la naturaleza, su arte transmite esa magia que ve en la selva,
los ríos, sus amadas cataratas y los habitantes del litoral. Ha creado himnos
del folclore argentino como Posadeña Linda, El cosechero, Retrato
de un pescador, El jangadero o El Mensú, obra de tal fama que le dio el
apodo por el que lo conocen mundialmente. Lo han cantado artistas que van de
Mercedes Sosa y Los cuatro de Salta a Los Nocheros y Liliana
Herrero. Posee un notable don de retratar personajes arquetípicos, en palabras,
melodías o colores, que lo llevó a recorrer el país y el mundo. Maravillado y
siempre creativo, inventó un nuevo ritmo, el gualambao, para contar
musicalmente la majestuosidad del paisaje de su tierra. Vive en una constante
gesta hacedora y en su hablar cuidado se puede percibir esa forma suya de
situarse en la existencia, gozando cada momento, con la brújula constante del
asombro.
La actitud
- ¿Cuando percibe que se
inició en su vida ese estado de asombro permanente del que usted suele hablar
como algo muy valioso?
- Uno se da cuenta de que todo está lleno de magia
cuando uno empieza a abrir su alma a la vida, porque somos parte de ese asombro,
de ese mecanismo astral por el que andamos en el espacio.
Ahí empezás a asombrarte de vos mismo, de lo que significa la
criatura humana. Te ves reflejado en todo y comprendés que esas partículas
habitan en vos, que por nuestras venas están transitando el estaño, el cobre,
el hierro, el magnesio, la tierra está transitando por tu sangre. Y cuando
tenés adentro el virus de la creación, la palabra, la metáfora, el color o la
música, ves que todo es maravilloso y por única vez pasa por tu vida.
- ¿Por eso debemos ocuparnos
de esta vida sin distraernos en el pasado o el futuro?
- Claro. Ya tendrán tiempo otros de ocuparse de sus
vida, si llegan a darse cuenta, porque eso es lo triste, en este momento hay
miles de personas que andan por la calle y no saben quiénes son. Miran el
documento, dicen soy fulano de tal, pero no saben cuál es su carnadura, qué hay
en su cuerpo, qué maravilla son. Por eso se da en nosotros la indiferencia, la
abulia, cuando cada ser humano nace de miles de espermatozoides. Te tocó a vos
y venís a este mundo a aburrirte! Lo mínimo que debería saber es quién es él.
- ¿Cómo era de niño?
- Era caprichoso y travieso. Cuando uno tiene una
mente un poco precipitada la emplea para mil cosas dentro del arte y la vida.
Me empeñé con la guitarra, después fue el color, el dibujo, tenía una gran
condición. Iba al colegio y cuando tenía que hacer un problema de cuántas
monedas tendría si llevaba diez y perdí cuatro, dibujaba un cuerno de oro, con
las monedas dispersas en una mesa, una zorra que se metía en las profundidades
de una mina, con lámparas en la cabeza de los que iban a buscar el oro. Trataba
de conjugar lo mineral, lo telúrico, con la mente del hombre, que subordina
todos sus placeres a un simple metal. Lo importante es el oro de la vida.
- En sus cuadros y canciones
siempre está el tema del trabajo.
- Porque es fundamental, te ayuda a vivir, te
enseña. Pero el trabajo fecundo, no estar en la selva sacando la yerba mate,
muriéndote con la maraña y los sudores para beneficio de otro.
- ¿Eso siempre le generó
pesar?
- Me generaba mucha pena y sentido de
reivindicación, de justicia. Hubiera sido un justiciero si hubiera tenido el
ímpetu, la audacia de serlo. Un hombre trabaja para construirse, para
proyectarse hacia un futuro, para su bienestar, no para ser un déspota.
La sabiduría
- Y el asombro del que siempre
habla se ve en todo lo que usted hace.
- Es que asombrarse de las cosas es el hallazgo. El
abúlico, al que todo le resbala, no vibra, no siente nada, es una piedra, con
respeto de la piedra. El hombre es un misterio. No sabemos cual fue
el primero, ni cual será el último, de dónde vino o dónde va. Todo lo que se ha
escrito es para justificar su estadía sobre la Tierra, ni todas las religiones
juntas pueden dilucidar el origen.
- ¿Será que tendremos que
vivir más y preguntarnos menos?
- Es bueno preguntarse, porque es ahondar en uno
mismo, es empezar a conocerse. Pero lo importante es vivir, en armonía con la
naturaleza y con vos mismo, en vibración con el milagro. Es el
secreto de la vida. Cada día es el eslabón de la cadena del tiempo, que no
regresa nunca más. Hay que vivir, es el capital inalcanzable y no se debe dejar
escapar.
- ¿No le parece increíble que
esa sabiduría no la enseñen en el colegio?
- Nunca me han hablado del día en el colegio. Sí me
hablaron de religión, matemática, geografía, pero no de lo fundamental del
hombre, de qué está formado, por qué debe proteger la Tierra. Hay que formar
maestros que todas las semanas tomen lección de la vida a los alumnos. Si fuera
director de Cultura lo primero que haría sería cuidar la mente del niño.
- Soy un hombre que ama la paz, la concordia, la
armonía universal. Por eso todos los valores tienen que tener ese clima de
conocimiento, del asombro y valoración de las cosas.
- ¿Qué fuentes toma para
llegar a la riqueza de sus obras?
- La vida misma, porque cuando uno anda sin
anteojeras se fija en cómo uno ha experimentado todas esas cosas, tenés
presentes esas imágenes, hacés una metamorfosis interior y la trasmutás en
poesía, música o pintura.
- ¿Qué siente que le dio el
arte a su vida?
- Me ha dado felicidad, bonanza, paz, reflexión,
luz, color, filosofía, profundidad, la música del aire, del viento, de los
pájaros. Qué más puedo pedirle a la vida.
- ¿Y usted qué le ha dado al
arte?
- Le he dado una esclavitud, porque cada oficio
requiere horas y horas de trabajo intenso. Para ser un cantor hay que conocerse
a sí mismo, saber cómo funciona el diafragma. Quien no canta con el diafragma
puede llegar a quedarse afónico, quien no ve el arco iris pinta gris, quien
escribe y no ve el duende oculto en la metáfora es un prosista sin poesía. Todo
tiene su misterio y razón de ser. Todo tiene la necesidad del conocimiento.
- ¿Y que lugar le da al
sentimiento?
- El conocimiento sin el sentimiento no sirve, es
nada más que escolástico. Es un libro frío y eso que hay libros que de tan
calientes se te queman en las manos. Pero al libro si no le ponés la vibración
no dice nada. Hay músicos que son grandes ejecutantes, pero no transmiten.
El placer
- Quería que me hablara del
placer que siente con la palabra
- En el artista pensante se produce una
metamorfosis interior montada sobre la voz y un poco en el concepto. El placer
es sentir que la mente va transitando por imperio de la idea, por bosques,
llanos, ríos, viajando a través de ese requerimiento de expresar un
concepto.
- Muy bien dicho. Estás trabajando sobre un
preciado elemento del hombre, haciendo una síntesis. La palabra es el vehículo
maravilloso de la comunicación y está llena de exaltaciones, de flores, de
caminos. Es la forma de expresión de uno, si bien tiene resonancias o gestos,
sonoridades de otros a quienes amás, está dicho por tu pensamiento,
enriquecida por otras sonoridades, maestros, fuentes de inspiración, imanes que
te atraen.
- Otra gran pasión de su vida
es la pintura…
- Es que con la pintura estás trabajando con el
arco iris. Dimensionar esto es un estremecimiento. Por siglos los pintores de
Europa, como Rembrandt o Velásquez, han pintado color betún, casi negro, porque
no habían descubierto la luz.
- ¿Y redescubrir la luz puede
implicar descubrir el propio arco iris interno?
- Exactamente. Si tenés el arco iris interno tenés
el asombro y la búsqueda. Si no lo tenés sos un tipo a oscuras. Es como si
tuvieras unos ojos extraordinarios y usaras anteojos negros. Ves todo oscuro
teniendo el sol. Hay que buscar siempre. Nada está quieto, todo se mueve y se
transforma.
- Mas allá de la maraña, mas allá del peligro hay
un misterio en la selva. Es lo impredecible, no sabés lo que hay detrás de la
inmediata muralla de verde, te tiene siempre en tensión. Vas a encontrar un
puma, una anaconda o un duende. Empezás a andar y si sabes leer el paisaje
estás viendo la voz de los árboles, esos grandes abuelos, parados como columnas
de la Tierra.
- ¿Que diría sobre la mujer?
- Para mí la mujer es como la tierra, está intacta,
quieta, hasta que llega el sembrador, el hombre, que le pone la semilla de la
vida. La mujer es la creación, la que pare la vida, nunca el amor del hombre
hacia el hijo puede ser como el de la mujer, la buena madre, que da la vida por
el hijo, tiene el rostro de la verdad.
- ¿Y sobre el hombre?
- El hombre es la fuerza, es la idea, el
organizador de las cosas, es el padre, el hermano, el amigo. Y es Dios también,
porque él va con el hombre por el paisaje. Y el hombre conciente de su actitud
humana es aquel que está en lo profundo, el que con un abrazo podes sentir que
es un amigo.
- ¿Qué palabras le daría a
Dios?
- Bueno, Dios es la medida del infinito. Podrán
llamarle padre eterno o el gran hacedor, pero para mí es el misterio. Sabemos
que alguien ha dado a luz esta maravilla que nos circunda.
- Y ¿qué es para usted la
música?
- La música es el pájaro, el viento, es Dios, es el
rumor de la sangre, es el amor, es el sentimiento que brota por los poros y que
el hombre quiere expresar de forma mejor que la palabra, entonces la obvia y
viene el ángel, el duende, la magia, que es la música.
ÉPICO GUALAMBAO
(* Testimonio obtenido en 2002
junto al documentalista e investigador argentino Daniel Rojas, realizador
de La savia del algarrobo, film sobre el músico Sixto Palavecino).
Un día en tu vida
Soy nada más que un granito de arena
Nada más que una ola del mar
Nada más que una hoja caída
Del árbol de la eternidad.
Soy sólo un día en la luz de tu vida
Un pequeño eslabón sideral
He venido a quemarme en tu sangre
Y perderme en la noche total.
Víveme!
Ahora que por fin me tienes
Víveme!
Antes que la sombra llegue.
Ramón Ayala















