Una corriente
del pensamiento contemporáneo propone una mirada integral sobre el ser humano
para solucionar las crisis ecológicas más profundas. Sus ideas están vigentes
en las mentes más lúcidas del ecologismo actual.
Diego
Oscar Ramos - Uno Mismo - 2010
La Ecosofía se consolida a fines del siglo pasado como una corriente
filosófica y práctica que expande el paradigma ecológico hacia la dimensión espiritual
y mental del ser humano que actúa en su entorno. Enunciada en 1989 por el
psicoanalista y filósofo francés Félix Guattari (1930-1992), esta corriente propone
refundar formas de ser en sociedad, a partir de valores como la autonomía, la
igualdad y lo comunitario. Y anuncia la necesidad de recuperar lo singular,
desde las culturas locales hasta las manifestaciones más propias de cada
individuo, como lugares donde operar la verdadera recuperación de la salud de
la Tierra. El cuerpo de ideas, que une ciencia, ética, política y estética, no
generó nunca un sistema cerrado de nociones y pautas de acción, pero está impregnado
en las miradas ecologistas más comprometidas en una evolución holística del
hombre en relación a su entorno natural.
Construir subjetividad
“El
Planeta Tierra vive un período de intensas
transformaciones técnico-científicas como contrapartida de las cuales se han
engendrado fenómenos de desequilibrio ecológico que amenazan, a corto plazo, si
no se le pone remedio, la implantación de la vida sobre su superficie. Paralelamente
a estas conmociones, los modos de vida humanos, individuales y colectivos,
evolucionan en el sentido de un progresivo deterioro”, escribe Guattari en
1989, en su libro Las tres ecologías. Allí
critica las formas en que las redes de
parentesco tendían a reducirse, la vida familiar se perdía por el impacto de
los medios y las costumbres sociales se estandarizaban, perdiéndose la
sociabilidad de vecindad. Todo lo que generó la pérdida del vínculo entre el sentido
de subjetividad y su relación con lo social, la naturaleza y el mismo cosmos.
Por eso el pensador anunció la necesidad de revertir estas tendencias
desestructurantes, para volver a convertirnos en individuos y comunidades que
se alimenten de relaciones vivas, valorativas del contacto. Y en las cuales la
biodiversidad surja del seno mismo del ser.
Para
Miguel Grinberg, poeta y periodista
argentino, precursor en las reflexiones y acciones ecológicas en la Argentina
desde los años ´60, esta corriente busca repensarnos como especie humana, para
encontrar respuestas viables a la crisis provocada por la cultura materialista.
“La Ecosofía es un capítulo expansivo de nuestro diálogo permanente con
el universo siempre en transformación, pues al transformarnos a nosotros mismos
y nuestras relaciones con él, estamos transformando y co-creando dicho
universo. Encarna una conciencia abarcadora de lo ecológico, el oikos o hábitat y lo ambiental, la
sociedad y la naturaleza, distinguiéndose de la tradicional filosofía académica
que omite casi por completo la creciente conmoción ecológica y los colapsos del
medio ambiente”, explica el creador de
la Red Nacional de Acción Ecologista
y agrega que el intelectual francés amplió la mirada más corriente de la
ecología, ”abarcando las cuestiones de la autodestrucción humana, resaltando
asuntos como la necesidad de revisar la estructura de las clases sociales, la
formulación y el cumplimento de reglas universales de derechos humanos y
planetarios, el reconocimiento de la interdependencia entre los seres vivos y
la compleja trama de relaciones entre ellos”. Siente que Guattari comparte con
autores como Raimón Panikkar, Theodore Roszak y Henryk Skolimowski la búsqueda
de comprender la forma en que los pensamientos determinan la realidad que
vivimos y afectan a la misma Tierra. Destaca que en su vida, esta corriente
llegó con ecos reconocibles de obras como la de Murray Bookchin, André Gorz, Iván ilich, Edgar Morin, René Dumont, Edward
Goldsmith y Gregory Bateson. “Todos ellos han sido en gran medida
contribuyentes a la visión ecosófica”, completa Grinberg, quien para la época
en que salió Las tres ecologías ya
había editado en nuestro país la ya mítica revista Mutantia. Con todo, el escritor argentino puntualiza que la Ecosofía
ofrece una apreciación integrativa
del mundo, para la cual se interrelaciona con potencia lo intuitivo con lo
racional, devolviéndole así a Occidente una relación de diálogo ya casi
dramáticamente perdido entre la ciencia y la espiritualidad. Es por eso que sus
cultores, seún Grinberg, “buscan perspectivas más amplias y
horizontes más distantes, que nos ayuden a repensar y repensarnos como especie,
a fin de encontrar algunas respuestas viables a la crisis en que nos tiene
sumidos la cultura materialista y de la cual sólo será posible escapar si somos
capaces de generar una alternativa válida y viable para la sociedad”. Así, la Ecosofía
se presenta como un “itinerario abierto”
antes que un dogma fijo, que explora
desde todo tipo de ángulos lo que más de singular tengan los aconteceres
humanos, sociales y planetarios.
¿Qué conceptos ecosóficos pueden ser
esenciales para generar una transformación colectiva que instaure una verdadera
ecología? Grinberg retoma las formulaciones sociopolíticas de Guattari, para
quien había que estar muy atento a factores sociales y políticos, donde los
sectores más marginados tienen internalizados en su misma constitución como
sujetos factores patológicos que no les permiten evolucionar y generar
renovaciones globales a las sociedades. “Tenemos que reapropiarnos de los
universos de valor en cuyo seno puedan volver a encontrar consistencia nuevos
procesos de singularización, nuevas prácticas del sí mismo en la vinculación
con el otro. Todo ello requerirá una dinámica de invención constante de nuestro
ser en estado naciente, de la sociedad en estado mutante y del medio ambiente
en estado de colapso”, expresa Grinberg, para quien deberemos ser todos cada
vez más solidarios y más diferentes para mejorar nuestro universo. Desde estas
aplicaciones concretas y expansivas de los sentidos ecologistas es que
enunciaba el propio Guattari en su libro fundante: “Aunque recientemente hayan iniciado una toma
de conciencia parcial de los peligros más llamativos que amenazan el entorno
natural de nuestras sociedades, en general se limitan a abordar el campo de la
contaminación industrial, pero exclusivamente desde una perspectiva
tecnocrática, cuando en realidad sólo una articulación ético-política que yo
llamo ecosofía entre los tres registros ecológicos, el del medio ambiente, el
de las relaciones sociales y el de la subjetividad humana, sería susceptible de
clarificar convenientemente estas cuestiones”. Por esto es que el pensador
francés cuestionó los modelos de vida que se fabrican en nuestros tiempos y
propugnan la necesidad de enriquecer los modos de vida y de sensibilidad.
Vuelta de tuerca
“Ahora me doy cuenta de su
persistencia, de su genialidad, de las vueltas y revueltas, del eterno retorno
a la tentativa de sintetizar lo que el proceso cognitivo siempre termina por
separar”, dice sobre el intelectual europeo Heloísa Primavera, bióloga y socióloga brasilera, experta en temáticas
filosóficas ligadas a las tecnologías de la información. Tributaria directa del
pensamiento de Guattari, con quien tuvo contacto directo en la Argentina cuando
el filósofo dio conferencias en los primeros ´90, la docente de la Universidad
de Buenos Aires siente que hay una vuelta de tuerca potente en este pensamiento.
“Comúnmente, la ecología está asociada sobre todo a la cuestión ambiental,
focalizada en la preservación de los ecosistemas naturales, como si la cultura no fuese parte de esa nuestra
compleja naturaleza, como si estuviéramos aislados de los demás ecosistemas,
como si habitáramos otra dimensión”, dice Primavera, quien supo crear con el
mismo Guattari la Red Latinoamericana de Ecosofía
y reafirma la vigencia de este pensamiento: “Siempre me gustó pensar la Ecosofía
como articulación de las tres ecologías: medio-ambiental, social y mental, esa
postura sigue válida, cada día más, aún complejizada con las redes sociales,
con sus fenómenos de viralización o polinización asistida, que muestran que las
metáforas biológicas siguen vigentes y menos acusadas de reduccionismo”.
Experta en Redes informáticas, la bióloga muestra la actualidad de una posible aplicación
de una mirada trasversal, que combinaba disciplinas, que Guattari tenía como
herramienta esencial para su búsqueda de un ser humano integrado.
Claro
que, en su caso, fue a través de la investigación y la práctica de acciones
ligadas a la economía social donde vive hasta el presente la vivencia cotidiana
de formas de trabajos ecológicos profundos, al estilo ecosófico propuesto por
Guattari, de quien guarda hasta ahora uno de sus libros como uno de sus objetos
más preciados, releído y subrayado como ningún otro texto en su carrera. Para
Primavera, la posibilidad de pasar a la acción las emociones intelectuales sentidas
a través de esta corriente la hicieron apostar por la utilidad vital de
distintas formas de economía solidaria para mejorar las sociedades humanas. “Si
la misión de los filósofos es crear conceptos y éstos no son otra cosa que
centros de vibración que nos permiten oír la realidad por su capacidad de
resonancia, la Ecosofía como paradigma me ha permitido crear el concepto de moneda social, que utilicé por primera
vez en abril de 1999 en un encuentro organizado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe”, comenta la
docente, que ha estado viajando por el mundo estos últimos años para llevar a
distintos escenarios académicos y sociales sus experiencias con comunidades que
se reafirman a sí mismas y a cada uno de sus integrantes desde su identidad más
verdadera, a partir de manifestaciones comunitarias
de intercambio económico. Estas han sido, para la docente, puestas en práctica
de la ecosofía.
¿Qué
posibilidades tuvo Miguel Grinberg de ver aplicado en su desempeño profesional
el cuerpo de ideas de la Ecosofía? El escritor encuentra rápidamente hechos biográficos
que aportaron sustancia a su subjetividad: su década predicando la conciencia
planetaria en varios continentes, su participación en la cumbre ECO 92 en Río de Janeiro, sus
fundaciones de redes nacionales de acción ecologista en Argentina o Chile y la fundación
de Multiversidad de Buenos Aires, entidad
donde suele dar cursos de Meditación
holística (o ecología mental) y Pedagogía ecologista. Entre tantos otros
sucesos de su historia en los que ha encontrado lazos de unión. Estos puntos,
los siente como ecosóficos por la forma en que conforman pasos directos de
integración de ideas, sensibilidad, espiritualidad y compromiso humano. “Las ideas ecosóficas han ido permeando directa o
indirectamente múltiples procesos que cohesionan las tres ecologías: la mental,
la social y la planetaria”, dice Grinberg, lleva su mente a la gran cantidad de
gente de su entorno involucrados en acciones comunitarias vinculadas a la
agricultura orgánica, la biodiversidad, la permacultura, la conciencia
planetaria, la meditación holística o el movimiento biorregional.
Todo
parece formar parte de una sincronía de sucesos que pueden leerse desde una
lógica ecosófica desde la cual lee hoy el presente de nuestra sociedad global. “Estamos en un tiempo-bisagra: no se acaba el mundo sino una serie de
visiones del mundo. Guattari lo resumió como una nueva
suavidad,
un acontecimiento, el surgimiento de algo que se produce que no es yo, que no
es el otro, que es el surgimiento de un foco enunciativo que no surge de la
ciencia ni de la esencia de las relaciones humanas”, enuncia Grinberg y cita
palabras de Guattari: “Es un dato inmediato de la subjetividad colectiva. Hay
algo allí que puede ser el disenso, la diferencia, que puede consistir en amar
al otro en su diferencia en lugar de tolerarlo o establecer códigos de leyes
para llevar de manera tolerable estas diferencias”. Pocas cosas guardan tanta
fuerza, entonces, como el afecto como zona de reconversión social, construyendo
subjetividades que guardarán ese vínculo amoroso esencial con cada átomo del
mundo en el que vive. A partir de estos nudos de sentido, el pensador argentino
lanza una frase, que puede hasta leerse como programa básico de transformación
ecológica: “Tenemos que convertirnos en flexibilidades generativas, en agentes
germinadores”. Con la complejidad teórica propia de Guattari y su potencia
poética, la frase ofrece sentidos que resuenen con fuerza de salud ecológica
para todo el que se sienta llamado al compromiso. La semilla del universo nuevo
está en nuestras manos. Y podemos plantar algunos cambios.
Ecología erótica (Felix Guattari, de Las tres ecologías)
“Sacar a la
luz otros mundos que los de la pura información abstracta, engendrar universos
de referencia y Territorios existenciales en los que la singularidad y la
finitud sean tenidos en cuenta por la lógica multivalente de las ecologías
mentales y por el principio de Eros de grupo de la ecología social y afrontar
el cara a cara vertiginoso con el Cosmos para someterlo a una vida posible,
tales son las vías imbricadas de la triple visión ecológica. Así pues, creo que
una ecosofía de nuevo tipo, a la vez práctica y especulativa, ético-política y
estética, debe sustituir a las antiguas formas de compromiso religioso,
político, asociativo... No será ni una disciplina de repliegue sobre la
interioridad, ni una simple renovación de las antiguas formas de
«militantismo». Se tratará más bien de un movimiento de múltiples facetas que
instaura instancias y dispositivos a la vez analíticos y productores de
subjetividad”.
Los cuatro campos ecosóficos
En su artículo Filosofía de la educación, saberes
emergentes, transdisciplinariedad, el ensayista Rigoberto Pupo hace un
trazado lúcido de los campos desarrollados por el pensamiento ecosófico.
1- El campo científico: Lo cognitivo, los conocimientos de la ciencia que
llevan a una nueva visión, como la teoría general de los sistemas, la visión
del mundo holística, el principio de auto organización.
2- El campo emocional: Se ocupa del desarrollo de un nuevo acceso hacia
el mundo, para poder confrontar emocionalmente la crisis global, sin tener que
reprimirla. Se trata de transformar la tensión que resulta de la conciencia y
el sentir de la crisis global, en energías y sentimientos fecundos, que nos
dirijan hacia un cambio de estilo de vida y hacia una acción global. La
compasión debe ser utilizada como fuente positiva de energía.
3- El campo práctico: Se encuentran por desarrollar alternativas que
posibiliten a la sociedad y al individuo vivir en mejor resonancia con la
naturaleza. Se trata de desarrollar un estilo de vida y un sistema de valores
duraderos y capaces para el futuro, y no a costa de las generaciones venideras.
Es importante también la conexión de todas las iniciativas y organizaciones que
se esfuerzan por desarrollos capaces para el futuro, para promover el
nacimiento de efectos sinergéticos.
4 -
El
campo espiritual: Tiene como finalidad el desarrollar
de nuevo un acceso vivo hacia la naturaleza, el abrirse a una mística natural y
descubrir lo común de lo sagrado. Considerarse a sí mismo como parte de la red
de vida, y en razón de ello, desarrollar una responsabilidad más amplia que sea
más global, menos antropocéntrica y oportunista.










