21.3.11

Actividad física y obesidad



El premio de sentirse bien

 En épocas donde muchos quieren bajar rápidamente de peso, el reconocido médico Máximo Ravenna enfatiza la necesidad de realizar un trabajo serio e integral que implique recuperar un cuerpo sano, libre de hábitos destructivos. El proceso completo incluye el movimiento corporal realizado en grupo, al aire libre y con la participación de entrenadores profesionales con gran trayectoria.


Diego Oscar Ramos - Cuerpo y Mente en Deportes 


         “Lo visible, es el cuerpo que habla desde su voluptuosidad, pero hay que ir más allá, a las conductas que llevan al exceso a ese cuerpo por la falta de medida”, asegura Máximo Ravenna, médico clínico y psicoterapeuta, es uno de los más prestigiosos médicos dedicados a lograr  que las personas bajen de peso como signo de una vuelta decidida al cuerpo sano, desprovisto de conductas auto destructivas. Famoso por haber constituido un tratamiento de la obesidad a través de la modificación de hábitos alimentarios y de formas de vida, el ejercicio físico vivido como un placer que puede reemplazar el goce puesto en los excesos es uno de los puntos más potentes de su enfoque holista. Bien temprano, una mañana de domingo porteña, en los lagos de Palermo, conversamos con el médico mientras su equipo de profesionales médicos, deportólogos y preparadores físicos daban comienzo al proceso de cura llevado a cabo mediante rutinas corporales llevadas a cabo con entusiasmo y en un entorno de cuidado.

¿La persona con exceso de peso, en relación al método con el que trabaja,  como llega a la salud integral?
La salud integral la encuentra al cortar los estados alterados, con la comida de más y con los pensamientos obsesivos. También con la actividad física, el cumplimiento estricto de la porción de comida indicada, la presencia constante en el tratamiento y cierto respeto de los valores nutricionales. Debe tener medida en la comida, en la ropa, en lo que expresa, tener moderación, con distancia entre comidas. El paciente así puede comenzar a integrarse, trabajamos holísticamente, porque no hay cuerpo sin mente, ni mente sin cuerpo.
                La imagen que usa de inmediato el médico puede ser fuerte, pero de tan gráfica, es probable que pocos puedan seguir apoyando el registro que nuestra cultura tiene aún sobre la obesidad como algo desligado de la salud. “Por más que uno dice que lo importante es lo de adentro, siempre digo que Cuando una lata está hinchada, lo de adentro está podrido”, asegura con vehemencia y completa la idea: “No puede haber un cuerpo gordo con un interior sano, soy yo quien me hago gordo, por lo tanto, tan sano no estoy, porque rompo normas de higiene, salud y vida”.  Con un movimiento restringido, un colesterol elevado, un hígado que está mal, un corazón que late demasiado y pulmones que respiran la mitad, como detalla Ravenna, el estado de la persona poco puede estar ligado a lo sano. “¿Cómo voy a estarlo si hago esto con mi propio cuerpo? Y aunque puedo pasarle la culpa a la sociedad, la hago yo también, porque me invade sólo si soy fácilmente violable”, revela el médico. Y destaca el trabajo que están haciendo con el entrenador Daniel Tangona, quien se incorporó a su equipo de preparadores físicos, aportando, además de su saber corporal, el talento de la estimulación grupal a través de su entusiasmo contagiante. Es en ese sentido que agrega el médico: “Se necesita credibilidad, carisma, no tanto aparataje, ni tanta cosa sofisticada”.

- ¿Es como una vuelta al trato directo entre seres humanos?
-  Claro, es transmitir la magia que uno puede tener, es actitud de trabajo, intensidad. Y, como dice Daniel, es ser el primero en llegar. Hoy mismo, él estaba en bicicleta a las 8 menos cuarto, yo llegué menos diez, cuando la clase empieza 8 y diez. Fuimos los primeros pacientes que llegamos acá. Y él me dijo: “¿Te das cuenta por qué estamos bien con lo hacemos?, porque damos el ejemplo y nos lo damos a nosotros mismos”.

- Hay pasión en lo que hacen.
- A esta altura de la vida quiero lo que hago más que nunca, lo recreo todo el tiempo. Hago tres horas de gimnasia por día. Estoy siempre acá, mantengo mi peso aunque me cueste. No es que un gordo come más y se mueve menos. Ravenna se mueve mucho más que a los 25 o 30 años, come menos de la mitad de lo que comía y para mantener el peso que siempre mantuvo le cuesta. Tengo más años, más inclusión de grasa natural, tengo que mantener en actividad el músculo para que se sostenga.

- ¿Cómo son los ejercicios que realizan con las personas con obesidad, al aire libre?
- El eje básico es que todo el mundo puede y debe moverse, tenemos gente hasta en silla de ruedas, que igual puede mover los brazos, puede hacer respiración consciente, renovación de la parte del cuerpo que funciona. El trabajo es muy paulatino, se va haciendo fuerte a medida que la actividad va creciendo. Empieza despacio, con elongación, sigue con movimiento paulatino, intenso, de alto rendimiento. Y luego se da la vuelta a la calma, después de caminar, de hacer body walk. Tenemos un grupo de gente que ha bajado muchísimos kilos, está muy entrenada, ya corren maratones de dos kilómetros, algunos salieron para San Francisco a correr. Otros corren 42 o 21 kilómetros acá, otros caminan o trotan despacio. Los que ya tienen un peso normal, que pueden hacer un esfuerzo aeróbico, sienten una alegría enorme, porque lo que están logrando es algo que era inimaginable un año atrás.

- ¿Y de qué sirve el trabajo al aire libre en los tratamientos?
- Para perder la vergüenza, el temor, sentir que son iguales a cualquier otro que anda caminando, ver que entre todos son mucho más, que pueden mover el cuerpo, que respiran sanamente. Y genera un estado de placer, de saciedad, porque les alcanza lo que hacen para no tener que agregar nada a lo que comieron.

- Hay personas, tal vez no obesas pero con problemas de peso, que directamente van a los gimnasios porque quieren estar en línea. Pero no van al médico antes.
- No es lo mejor.  Tienen que tener un certificado real de aptitud física, no uno hecho por un amigo. Sabemos que pueden pasar cosas imprevistas. El cuerpo no siempre avisa. Hay que hacer un chequeo clínico adecuado, incluyendo un kinesiólogo, un ortopedista y un traumatólogo.

- ¿Cómo se trabaja a este nivel en el país?
- En muchos lugares muy bien, en otros muy mal. En otros no se trabaja sino que se acumula gente, en otros se repite lo que no se sabe y se hace peor, en otros se copia lo bueno.


Suceso progresivo


                El médico explica que uno de los ejes de lo que considera exitoso en su aproximación integral a la recuperación del paciente con obesidad, sea cual sea el grado, tiene que ver con la forma en que organiza los tratamientos en módulos temporales progresivos. “El sistema tiene que ver con intensidad de trabajo, en contraposición con el que se hace cada tanto, con un paciente que está todo el tiempo tentado. Como es una enfermedad crónica, el problema es continuo y hace que parezca lo mismo cuándo se empiece y cuándo se termine un tratamiento”, comenta Ravenna y detalla que su idea para dar solución a esta percepción fue crear módulos de trabajo de 15 días, que incluyen dieta, tareas conductuales cognitivas y objetivos precisos de bajar un peso determinado.


- ¿Así se contrapone a la idea de lo crónico?
 -  Sí, es una cosa acotada. Si me fue bien repito otro módulo. Si me falta bajar 30 kilos, tengo que hacer diez módulos de 3 kilos. Si me va mal en uno, puedo empezar de vuelta a la semana siguiente y hago otros quince días. Entonces ahí tengo la sensación de que me están dando algo puntual. Por más que uno no se cure de nada del todo en la vida, sí se cura la idea de arrastrar ese cuerpo pesado, de no salir nunca del pozo, porque uno se acostumbra con la gordura a caminar como si estuviera dentro del agua, con la mitad de las piernas dentro del barro. Y cree que se mueve libre, pero está atrapado por este fango. Se sale de la concepción de lo crónico, se rompe la idea de la obesidad como una especie de estigma. En vez de ser obeso, que es una definición lógica, tomaremos esto de otra manera, si estamos gordos podemos estar flacos. Y también saber que en lo transitorio de estar flacos podemos de nuevo estar gordos, para volver a estar flacos. Son conceptos de dinámica.

- ¿Se evita la sensación del fracaso?
- No hay fracaso en la obesidad porque es tan grande la tendencia del ser humano, 60 por ciento de la población del mundo está gorda, que es como decirte que si un chico de una villa fracasa en el estudio, eso no es fracaso sino tendencia. Porque si un chico de clase media-alta en Palermo, con todos los medios, va al colegio y le va mal eso es un fracaso porque la tendencia es que, aunque no sea brillante, debería terminar los estudios. Si rompés la idea de este destino estás actuando con eficacia. Si el destino sigue, no es un fracaso, es la línea. Pero, por supuesto, es para volver a empezar y siempre probar salidas.

                Con respecto a la alimentación, una de las características de su forma de trabajo es la de brindar a los pacientes comidas fraccionadas, estrictas, donde el paciente debe ir entendiendo que deberá vivir de ahí en más con menos cantidad de comida.  Y el alimento en sí es brindado por su equipo de trabajo, “para que no manipule comida como si fuera droga”, como asegura el médico, para quien el tema fundamental es trabajar sobre la pulsión adictiva puesta sobre los alimentos. “Con el tiempo se fue descubriendo la capacidad adictiva de las comidas, que ciertos alimentos, como las grasas, que eran supuestos enemigos públicos, no lo eran tanto, porque no hay ingreso de comida a través de las grasas si no hay carbohidratos o hidratos de carbono refinados como el azúcar, la harina o el chocolate”, explica Ravenna, antes de aportar un elemento que considera básico para entender el proceso de adicción a ciertas comidas: el índice glicémico de los alimentos, donde está inserta su capacidad para generar hambre. En ese sentido es que comenta cómo funciona el mecanismo fisiológico: “El cuerpo siente hambre porque la insulina que sale del páncreas barre rápidamente, por ejemplo,  la medialuna que comí y me deja vacío de azúcar, entonces quiero volver a comer. Esas comidas tienen enganche a nivel de los neurotransmisores del cerebro, al mismo nivel que las drogas. La harina y el azúcar actúan sobre los neurotrasmisores del estimulo de la energía y la serenidad, si como me sereno, después dejo de comer, me siento como que me caigo y tengo que volver a comer. Esto no tiene que ver con ninguna grasa, sino fundamentalmente con carbohidratos muy refinados y alimentos procesados con mucha sal, con cierto tipo de cocción por la que los alimentos se producen por las mismas tabacaleras, que le dan un nivel de éxtasis a los alimentos, como pasa con los snacks o los chicitos, que luego de llegar a la boca generan un goce que necesito repetir, sin nunca satisfacerme”.  

                Una de las formas de aplicar normas saludables contrapuestas a las conductas adictivas a las comidas está en la regulación precisa de las comidas diarias, las que no incluyen ningún permiso de violar cada tanto las reglas aceptadas para ponerse en buen estado físico. “Tengo tranquilidad – detalla el médico - porque como cuatro veces en lugar de siete u ocho y porque no tengo plato permitido semanal, como tampoco tengo permitido una pitada de cigarrillo semanal en tratamientos contra el tabaco. Se terminó y se terminó. El gordo ya se premió lo suficiente, la desgracia que tiene es que no puede premiarse con un cuerpo adecuado, con actividad física, con sentirse lindo, sano”.

- ¿El mismo trabajo es el premio?
 - El mismo trabajo es el premio. Hay ciertas cosas que uno tiene que aceptar, tomarlo con filosofía, decir, hasta acá pude tener lo que quise, hasta acá ya no puedo seguir, tengo que parar, para encontrar el premio de sentirme como me corresponde. Y ahí hay que ir moviendo ese cuerpo, cada vez más, con el cuidado médico, sin pasarse de rosca, progresando. Hay que saber que ser gordo es una modificación de lo natural, nadie nació para ser gordo. Y si hay carga genética, la estimulé con un entorno tóxico.

- ¿Lo tóxico es lo cultural?
- Lo tóxico es la cultura, las migraciones, Internet, la cantidad de comida, la desconexión emocional, la falta de conexión hacia adentro, la carencia de conexión con el otro, la rapidez de contactos, el stress crónico. Todo eso hace que haya mayor necesidad de droga, café, tabaco, alcohol, juego compulsivo, relaciones efímeras. ¿Todo esto como se suple? Meto mano en la comida, estoy ansioso, tengo la heladera cerca, mi droga es lo que encuentro adentro, tengo placer, como más, me da hambre, libero insulina, tengo ganas de más, estoy atrapado. ¿Cómo rompemos esto? Con menos comida, bajo índice glisémico, pocas comidas adictivas, trabajo grupal e individual intensivo, control médico, movimiento físico permanente, entusiasmo por el proyecto, comparación con pacientes que ya pasaron por la primera etapa y bajaron una cantidad enorme de kilos. Pero nunca dar pastillas para adelgazar, no sirven más que para dañar.

- ¿Qué similitudes y diferencias tienen estos trabajos grupales y el que usted realiza con figuras conocidas, como pudo ser Maradona?
- A la persona la tengo que ver más intensivamente, más personalizadamente, lo tengo que convencer cada tanto para que me acompañe a un grupo, si no quiere no se expone. Hay que seguirlos mucho porque no tienen red, la única red es uno y si se corta no hay otro que lo agarre. Es un trabajo delicadísimo, porque son pacientes muy susceptibles, están muy maltratados y sienten muchas veces que lo quieren trampear. Lo han engañado mucho, incluso médicos, quienes, sin tener idea de lo que hacían, le daban pastillas. Entonces hay que manejarlo con mucho cuidado, nunca con blandura, siempre con firmeza. Porque si ponés blandura te toma el tiempo. Lo que tenés que poner al paciente son límites: “Este es el plato, esta la medida, este sos vos, no expandas, no seas más de lo que debés ser”. Esto es una concepción profunda, de una persona integrada, con un envase que tiene un límite. Si la persona fuese de vidrio, todo lo que se pone de más se volcaría, pero como nuestro envase es elástico, todo se va expandiendo.



El avión integrador

                “La obesidad, como toda enfermedad, puede o no ser una oportunidad según el territorio en que se desarrolle o el estado evolutivo del individuo. Citando un gran libro, La enfermedad como camino, los pacientes no vienen solo a bajar de peso, sino a comprender el sentido de sus síntomas”, asegura el doctor Leonardo Seiref, médico nutricionista, psicólogo y deportólogo, miembro del equipo de trabajo de Ravenna, quien coordina todo el staff profesional y se regala una cita puntual a los trabajos corporales al aire libre. “La vida es movimiento y sensación, el proyecto es despegar y entonces diseñé el  proyecto del avión con dos alas y un piloto: donde funciona un todo como modelo integrativo”, comenta Seiref y muestra un esquema donde a la cabeza está la psicoterapia, como alas están la nutrición y la actividad física, para conformar un circuito final donde vuelven a estar presente estas tres áreas de acción. El esquema muestra el valor que tiene “un enfoque integrador que invite al descubrimiento de las herramientas estratégicas y técnicas que favorecen actitudes de cambio y promueven el desafío de habitar el cuerpo estimulando la creatividad, el intercambio afectivo y el desarrollo personal”.

Trabajo infalible

                “Para mí, salud es un concepto integrador de bienestar, armonía y equilibrio con uno mismo, los otros y el medio externo”, resume Daniel Tangona, personal trainer destacado por su gran capacidad de motivación y con valiosa experiencia en ser parte de equipos que trabajen con personas con dificultades de asumir su propio cuerpo y lograr una percepción del movimiento como disfrute. Actualmente está trabajando con Ravenna, con quien comparte una visión holista de los tratamientos de salida de la obesidad.

- ¿Qué importancia tiene la participación de un profesional como vos para lograr que personas en tratamiento de obesidad?
- Sumar años de experiencia, reconocimiento de la gente por nuestra actitud y aptitud, energía, alegría, optimismo hacia lo que hacemos. Eso los motiva y les crea un compromiso. La vida es motivación en todo aspecto, mi equipo y yo les transmitimos eso sencillamente. El trabajo en equipo es infalible.

- ¿Me podés explicar básicamente cómo es el trabajo físico que realizás con las personas con obesidad?
-  El trabajo está ligado al juego y a la diversión, sin impacto ni rebotes, tratando de ordenar y crear conciencia del movimiento y el esquema corporal. La idea es no tenerle miedo al contacto con el cuerpo, porque cada uno dentro de sus posibilidades es dueño de sus movimientos.

- Tengo entendido que a partir de tu trabajo han aumentado la cantidad de personas que realizan este tipo de trabajos grupales, ¿qué sentís que aplicás como para llegar rápido a estos resultados?
- Energía, Liderazgo, integración y juego. También alegría, optimismo por la vida, mostrar que se puede, que todos somos iguales, con aptitudes diferentes, todas adaptables si nos proponemos lograrlo. Busco que no sientan vergüenza de lo que hacen y del  envase que está en ellos, porque pueden cambiarlo si lo desean. Estas personas precisan alguien que los contenga, que los convenza permanentemente y los motive a explorar el movimiento como un medio para lograr desplazar la adicción a la comida a un estado de mayor sanidad.

- ¿Qué dirías del remplazo del placer que se puede o debe lograr en la persona con obesidad de la comida al trabajo físico?

- No hay un remplazo de la comida por un trabajo físico, hay un mayor conocimiento y capacidad de disfrutar y hacerse cargo del propio cuerpo.

- ¿Qué valor le das vos mismo a estar en estado de salud en cuanto a la relación que se establece con el grupo?
- Si yo no estoy sano, flaco, ágil, saludable, activo, enérgico, no puedo promulgar lo que hablo.

- ¿Y qué sentido de salud le das a la actitud de vivir con pasión tu tarea, digo esto tanto por tu propia salud como por la de las personas que están entrenándose con vos? 
- Trato de ordenar mis tiempos, dentro de mis compromisos  para disfrutar lo que me da paz, tranquilidad, equilibrio. Mi familia es mi único cable a tierra. Me cuesta y mucho, ya que soy un adicto a mi profesión, vivo y pienso en wellness las 24 horas, nací con esto y ya no lo puedo cambiar. Como mi familia está bien constituida, eso me permite seguir creciendo y dedicándole tiempo a lo que amo, mi profesión y la vida.

 - ¿Qué datos de tu biografía sentís fundamentales como para llegar a este presente de trabajo junto a un profesional como Ravenna?
- La experiencia, de años, de ejercicio físico, seriedad, compromiso, ganas de dar, profesionalismo. Y fundamentalmente amar esta profesión, que me dio tanto. Esto no es entrenamiento para gente fashion, sino para personas que te necesitan de verdad. Máximo Ravenna siempre se rodeó de grandes profesionales, es un tipo extremadamente inteligente como para equivocarse en este momento de su vida plena de logros. Y este es un reconocimiento suyo a la seriedad responsable. Me conoce hace años, siempre quiso trabajar conmigo y yo con él. Hoy es el momento.

 - ¿Qué sentís que le ha dado a tu carrera este nuevo desafío?
- En mi carrera de 30 años siempre tuve desafíos permanentemente, tanto buenos como malos. A los buenos los disfruto todo el tiempo, a los malos los vencí siempre. No miro para atrás ni a los costados, siempre hacia adelante. Puntualmente con la clínica siento alegría, compromiso, muchísima responsabilidad, ganas de ir todo el tiempo. La proyección a un futuro incierto me motiva a seguir investigando. Trabajar con pacientes de esta categoría es sublime, Dios sabe por qué me puso ahí.

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