19.4.11

Marisa Monte




     Revista Beglam . Abril 2011



Marisa Monte
Agua, samba y misterio
Luego de haber expuesto en su último DVD, Universo ao meu redor, el proceso artesanal e industrial implicado en el oficio de un músico de la aldea global, la cantante carioca no da muchas pistas sobre proyectos. Pero nos cuenta aquí lo que emociona su alma.

Diego Oscar Ramos
               
                “Tal vez tenga que ver con la fluidez, con la naturalidad, cuando decís que te acordás del mar cuando oís mi música, yo adoro el mar, siempre viví cerca de él y forma parte de mi vida”, comenta desde su casa de Río de Janeiro, la mujer que desde finales de los ´80 ha venido hipnotizado a millones de oídos del mundo,  como una sirena que cambió su destino de desviar de su viaje a Ulises por acariciar al mundo con melodías acuáticas. Sin anuncios de proyectos grandilocuentes a la vista, cuando ya han pasado dos años desde su último  lanzamiento, el DVD Infinito ao meu redor - que desnuda el proceso entero de su creación musical, desde el trabajo de grabación a las giras internacionales -, Marisa Monte se presta a una conversación que nace del más puro placer de intercambiar sensaciones e ideas sobre su forma personal de lanzarse al universo de la música popular brasilera.

Caminos oblicuos

                Y valga aquí, antes de nadar entre sus palabras, explicar que desde el principio de su carrera, cuando ciertos sentidos comunes de la industria musical podrían dictar algunos caminos sin riesgos, la cantante nacida en Río de Janeiro el 1 de julio de 1967, siempre eligió su propia manera de hacer las cosas. A finales de los ´80, como joven promesa de la escena independiente carioca, cuando cantaba en pubs, rechazó una oferta de un gran sello discográfico para estudiar ópera en Italia. Un año después, regresó con la decisión de dedicarse definitivamente a la canción popular de su tierra, entregándose a la producción artística de Nelson Motta, mítico periodista, compositor y productor musical. En lugar de sacar rápidamente un disco, trabajaron fuerte en depurar su estilo, aprovechando la amplitud de su voz y su refinamiento de alta sociedad brasileña, haciéndola cantar desde George Gershwin a Roberto Carlos, pasando por el rock de bandas por entonces nuevas, como los Titás de Arnaldo Antunes, con estética de cabaret alemán. El LP llegó dos años después, pero como registro de un especial televisivo que tuvo enorme suceso. Cuando podría haber seguido en ese camino, se juntó con Arto Lindsay, guitarrista experimental y productor norteamericano criado en Brasil, que impulsó su carrera en Estados Unidos y le dio un toque más vanguardista a su estilo. Haría con él varios discos, en cada uno de los cuales siempre combinó, al estilo de Caetano Veloso, la inclusión de compositores de su generación con la regrabación de gemas muchas veces perdidas de la historia musical brasileña. Sumado a su talento vocal, donde puede hacer convivir la luminosidad de una Ella Fitzgerald con la densidad de una Billie Holiday, siempre incluyó sus propias composiciones y se atrevió a dar el salto a producir discos propios y de otros artistas.
                 Es aquí donde se expresa con fuerza el amor que Marisa parece sentir por el samba de la Velha Guarda da Portela, los exponentes más veteranos de una tradicional escola de samba carioca, con quienes grabó, produjo discos y hasta un documental,Misterio do samba (2006). “Puedo hablar en un plano personal, esas canciones me hacen mucho más feliz, no sé cuál es la dimensión que tienen para el mundo, tal vez alcance con que toquen a algunas personas de forma profunda”, dice hoy sobre las canciones de sambistas como Monarco o Argemiro Patrocinio, muchas de ellas nunca grabadas hasta que ella puso su mirada arqueológica sobre ellas y hasta volvió hits. Hubo para ella, mucho placer y aprendizaje en el proceso entero de trabajo con los músicos, muchos de ellos bien longevos. “Lo mejor fue la convivencia, en el día a día, la oportunidad de estar cerca, de una forma más intensa, con sus historias, su atmósfera, para aprender con su experiencia”. Para el oyente de discos como Todo azul (2000) o el espectador del documental que produjera unos años después con ellos, hay mucho de placentero en compartir  los climas de festejo y canto colectivo de viejos sambas que ella vive con los sambistas. “Tiene más que ver con la celebración, la música de ellos es muy festiva, el samba como es hecho en la práctica, en la vida del carioca”, comenta la cantante, quien ha recuperado en toda su obra última - en discos como Universo ao meu redor (2006) o el último dvd que documenta su más reciente gira mundial -  el valor que para su sensibilidad tiene la música de su ciudad natal. Creo que el samba es una de las expresiones más fuertes de Río, siempre ha sido un polo de producción de música, las radios, las grabadoras, las editoras, han estado aquí, ha existido siempre una historia viva de música aconteciendo, los compositores de samba han hecho la música más característica de la ciudad”, sostiene Monte, antes de valorizar en su medida justa al género, apreciándolo desde sus gustos de habitante feliz de la aldea global: “Es una manifestación muy fuerte, tiene compositores que lograron traducir muy bien el alma humana, el sentimiento, la verdad, su repertorio entero más tradicional es una fuente de belleza, pero hay millones de otras cosas”. Entre esas otras tantas manifestaciones que le interesan y son parte de su existencia, lugares como la Salvador de su amigo tribalista Carlinhos Brown le muestran una cierta religiosidad que también siente en sus reuniones con los sambistas y en mucho de lo que vive diariamente. “Creo que la Bahía es otra maravilla para quien conoce de música, es un lugar que respira música en todo y la música tiene sí un carácter religioso, siempre, porque es algo que te eleva, te transporta, para otra dimensión, por lo menos para mí funciona así, tiene ese poder en mi vida, de cambiar toda la atmósfera de lo que está pasando, si voy a ver un concierto de Nelson Freire, si estoy en medio de la Velha Guarda con todo el mundo cantando, me elevo, es algo que realmente te transporta para otro plano, con certeza, todavía me preocupo de no perder el placer en lo que hago y la pureza en relación a la música misma, de oír como una persona cualquiera, no como una profesional todo el tiempo”.

Vieja infancia

                Lo que Marisa Monte quiere mantener siempre latente es su parte lúdica. “Mi infancia no era, es hasta hoy y espero que siga siendo hasta el final, para divertirme en la vida, para no perder el sentido del juego, de lo leve, de la pureza, de chica siempre me gustó trabajar con las manos, hacer costura, tricot, crochet, siempre me gustó inventar cosas en esa otra área, pero no creo que todo eso me hiciera muy diferente, existen muchas otras chicas así”. Aún hoy, quien vea el DVD Infinito ao meu redor (2008) podrá verla, en algún descanso de las giras, con la manos en las agujas, como cuando era niña y la música era también un entretenimiento virtuoso. “Siempre tuve una atracción especial por la música, me acuerdo que me gustaban las personas que cuando llegaban a casa tocaban la guitarra y en mi casa siempre se escuchó mucha música, saberse comunicar a través de ella era algo que formaba parte de nuestra formación, desde temprano me comencé a interesar por ese lenguaje, mismo sin tener músicos profesionales en mi familia, al igual que como crecen muchos jóvenes aquí, donde la música ocupa un lugar muy importante para nosotros”, expresa con entusiasmo la actual madre de dos niños que la reconectan todo el tiempo con su ser infantil y con la propia historia de cómo fueron con ella sus padres. Dice que de ellos aprendió la importancia de incentivar a los hijos en las cosas que les gusta hacer. “Es algo que me gustaría pasarle a mis hijos, entender lo que les hace felices y estimularlos para que estén cerca de eso”, detalla la compositora, para quien la música fue ese mundo que le fue estimulado y cuyo talento para cantar surgió con la naturalidad del habla. Fue algo que comenzó a hacer y siguió haciendo porque le daba felicidad, como cuando de adolescente acompañaba amigos que tocaban guitarra, con el cuidado de anotar las letras en cuadernos, para aprenderlas bien y ser parte del ritual de unión. “Creo que cuando tenés el don, solamente parte del placer”, revela Marisa, con la misma sutileza con la que prefiere aún no hablar de los pasos que vengan en su carrera. Sólo ofrece una frase, que repite varias veces, como en una especie de mantra: “Estoy con muchos planes y sueños, pero ningún plazo, ni fecha”. Puede no sonar muy musical a primera lectura, pero recordemos que lo dice una mujer con voz de sirena, desde su casa con ecos del mar carioca.   
  
Músicas familiares

“Mi padre siempre estuvo ligado a Portela, toda esa ligazón viene a través de él.  Mi mamá curtía mucho más de Jazz, algunas cosas hasta más sofisticadas, diferentes, Billie Holiday, Artie Tatum, Sarah Vaugham, Frank Sinatra, toda esa música vino a través de mi madre”.


Literatura y Música

                “Amo toda la obra de Machado de Assis, que ya leí y releí, algunas cosas de Darcy Ribeiro, Joao Ubaldo Ribeiro, literatura brasilera, los grandes escritores, también grandes teóricos sobre Brasil, cosas de Historia, eso me interesa, la formación cultural de aquí, un poco porque trabajo con eso, también literatura clásica brasilera y algunas cosas universales también. Así como con la música es un medio más fluido, más fácil para que la gente se conecte,  de forma general la literatura es un contacto más profundo que la música, parte de una búsqueda, de una entrega del lector. La música está en el aire, llega a las personas de una forma espontánea. La literatura debe ser buscada”.






1 comentario:

Luiz Henrique dijo...

Muito bom ver uma reportagem tão sensível e informativa sobre essa grande artista. Parabéns ao autor!