“La actividad creativa da una sensación de
inmortalidad”
La artista plástica prepara una nueva muestra de su obra y se encargará de la escenografía del próximo show de Charly García.
Diego Oscar Ramos - Hola Argentina
A los 14 años, Renata Schussheim llevaba más de diez años dibujando y hacía su primera muestra. En
ella el mítico pintor argentino Carlos Alonso le dijo que veía en ella una
identidad clara como artista. Entonces ya habían aparecido esas imágenes tan
realistas como misteriosas que son una marca suya tan propia como el rojo furioso de
su cabello. Su arte personal ya pasó por la plástica, la fotografía, el vestuario, la escenografía, la escultura y el cine. Este año hizo el elogiado vestuario de la
ópera de Mozart La flauta mágica, en
el Teatro Colón, un nuevo trabajo en una carrera de cuatro décadas, donde expuso
a nivel mundial, recibió múltiples premios y generó obra conjunta con artistas
como Jean Francois Casanovas, Oscar Araiz y Charly García. Schussheim fue reconocida con premios como ACE, Trinidad Guevara, Kónex, Florencio
Sánchez, Leónidas Barletta o Estrella de Mar. Su obra gráfica se expuso en
Argentina, Uruguay, México, Venezuela, Italia y España, mientras sus creaciones
escénicas pasaron por ciudades como Buenos Aires, Paris, Geneve, Munich,
Nápoles, Madrid o Río de Janeiro.
Este mes fue invitada de honor a la inauguración del stand argentino en la Bienal de Arte de Venecia 2011 y al volver terminará
una nueva obra plástica, que se expondrá en octubre. La
llamará Estado de Gracia.
- Luego de una trayectoria tan extensa
y variada, ¿hay algún área del arte o temas que aún le generen desafíos?
- Cada trabajo nuevo me suena a
desafío, me pasa con todo, con un trabajo muy grande, como lo es una ópera. Y
también con el recital de Charly García, que iba a hacerse ahora y se postergó
hasta septiembre. Las cosas pasan sabiamente, porque necesito recuperarme un
poco del stress de la ópera. Mi forma de trabajar es absolutamente ansiosa y
apasionada, no soy tibia. Las cosas salen a partir de la pasión, uno proyecta y
se involucra de otra manera.
- ¿Y cómo define al arte?
- La idea de etiquetar nunca me gustó.
Me es más fácil decir de alguien que es un artista, que hablar de lo que es o
no es arte. Hay gente de la que decís: “Esta persona es un artista”, haga lo
que haga.
- Eso se suele decir de usted.
- Bueno, mejor (se ríe).
- Si bien su base está en las artes
plásticas, tiene esa capacidad de trabajar con el mismo nivel en áreas
múltiples, de la fotografía al diseño de vestuarios.
- El pintor Edgardo Giménez, mi amigo,
me dice: “Tenés que decir que sos artista del Renacimiento”. Me estimula mucho
trabajar con Mozart y Charly García en forma simultánea: son mundos muy
distintos el del teatro Colón y el del rock. Y me gusta estar preparando al
mismo tiempo una exposición de dibujos. En las artes plásticas necesito más
reparo y tranquilidad, preciso quedarme en casa, estar más concentrada.
Todo lo demás, como una obra de teatro, involucra mucha gente. Ahí uno está
concentrado en lo de uno, pero también disperso.
- Antes mencionó a García, con quien
tiene una relación histórica de amistad y trabajo. ¿Cómo vivió el rol de Palito
Ortega en su recuperación? Lo pregunto porque todavía se los suele ubicar en
veredas opuestas del arte.
- Me parece absolutamente encomiable
que lo haya podido ayudar y cómo lo hizo, porque toda su familia lo protegió,
le dio una perspectiva. Palito tenía un estudio donde él pudo empezar a tocar y
dejar de estar aislado. Se hizo cargo de él. Yo me reencontré con Charly hace
tres meses, fuimos a cenar y me preguntó si quería hacer un espectáculo con él.
Por lo que me contó y por lo que siento, hubo una contención muy fuerte y
cariñosa de toda la familia Ortega. Siento que García es un sobreviviente, un
escorpiano tremendo, que anduvo por todos los abismos. Es una de las personas
de las que diría que es un artista, como músico es muy amplio, es un
gran compositor, sabe muchísimo y es un artista importante. Me pone muy feliz
que esté bien, que podamos charlar y proyectar cosas juntos.
-¿El artista tiene permiso a estados
mentales que en otros pueden ser vistos como desvíos?
- No. Me da la sensación de que uno es
un receptor muy sensible que a veces intuye o anticipa cosas, como una cámara
de fotos. Es una sensibilidad para recibir lo que está, transformarlo y
devolverlo. Es muy propio de una actividad artística.
- En su trabajo tiene mucha importancia
la oscuridad y la luz. ¿Qué momentos de su vida pondría bajo foco para
resaltarlos?
- ¡Qué pregunta! Muchas cosas, algunas
relacionadas con trabajo, otras con afectos, como mi relación con mi hijo - Damián
Laplace, músico, hijo de su matrimonio con el actor Víctor Laplace - que es muy buena. O cosas que hice que me
dieron mucha felicidad. En este momento estoy contenta, luego de pasar un
período de duelo, porque perdí hace poco a mi mamá y a otra amiga muy querida.
El trabajo me revitalizó, me hizo pensar menos en todo el tema de la muerte. El
estar en una actividad creativa te da una sensación de inmortalidad, vivís en
un fondo inconsciente, estás pariendo, disfrutando lo que hacés y dándole cosas
a los demás. Los otros también te devuelven cosas, te dan amor. Con el arte
vivo un estado de gracia. Y así, “Estado de Gracia”, se va a llamar mi
exposición, que haré en octubre.
- ¿El arte le dio la oportunidad de
crearse mundos propios donde vivir?
- Totalmente. Eso fue desde chica. Tuve
gracias a Dios mucha claridad en lo que quería hacer, me armaba mis revistas,
mis libros. Y mi lenguaje apareció cuando hice mi primera exposición, a los
quince años. Era tinta, mucho blanco y negro, muchos autorretratos, llenos de
hombrecitos, que trepaban o que yo vomitaba, o gente que hacía el amor sobre mi
cabeza. Fue algo escandaloso en ese momento.
- Parte de su estilo parece haber sido ligarse
con artistas con los que casi creó una obra conjunta.
- A pesar de ser una persona tímida, en
una época me dedicaba a buscar gente que tuviera conexiones conmigo, era muy
atrevida. A Federico Moura (cantante del grupo Virus) lo conocí en
una boutique donde él trabajaba. Ni sabía que hacía música. Me acerqué y le
dije que tenía que ser mi amigo, porque él tenía la cara de un dibujo mío. Nos
hicimos amigos y así fue con mucha gente. Dos amigos en Madrid me dijeron que
un hombre que hacía un show parecía salido de mis dibujos. Y era Jean Francois Casanova. Fui a Madrid, vi el show, me
encantó, lo agarré del brazo y le dije: “Tenemos que hacer algo juntos”. Y en
Río de Janeiro me pasó a mí: estaba haciendo un espectáculo y vino Manuel Puig
a decirme que teníamos que crear juntos. Hay una especie de comunión donde las
personas se juntan. En ese sentido, soy muy de juntar gente, tengo intuición
para armar proyectos. Eso me encanta.
-
¿Por qué suele poner en lugares casi opuestos al arte y el vivir en pareja?
- Es un tema
difícil. Cuando estuve en pareja estuve muy enamorada, me enganchaba más estar
con mi pareja, alquilarme unos videos y tomarme una copita de champagne, que
estar dibujando. La energía me iba por otro lado. Es muy difícil hacerte tu
tiempo.
-
Ha tenido relaciones largas. ¿Como hacía?
- Trabajaba menos
(se ríe), pero igual hice cosas, no me paralicé, pero fue un ritmo más
tranquilo.
-
¿Cree en el matrimonio?
- No para mí. Hay
muy pocos que se lleven bien, que se quieren y se respetan, como pasa con
Griselda Gambaro y Juan Carlos Distéfano. Sí veo parejas de hombres que tienen
mucho compañerismo, siguen años y años, con apoyo. Es envidiable contar con
alguien, pero la convivencia es tremenda, hay que inventar una nueva fórmula,
tener otro tipo de relación, con otras condiciones.
-
¿Cómo imagina esa fórmula?
- Si la supiese la
haría (ríe con entusiasmo).
- Sí, mucho. Es
importantísimo, adoro mis animales. Puedo estar dibujando y mirándolos al mismo
tiempo. Vienen mucho los pájaros a mi atellier: tuve dos veces una torcaza
criando huevitos en mi ventana y mi loro vino por la ventana y se paró en mi
cabeza. Ahí hay algo muy fuerte. Me pareció divino que me eligiera, fue una
señal divina. Tengo una relación increíble, le hablo, dice mi nombre. Una vez
que se escapó entré en una depresión horrible. Mi analista me llegó a decir:
“Te olvidás que es un animal que tiene alas y quiere volar”. Hice de todo y un
señor que lo tenía se conmovió con mi desesperación. Cuando lo volví a ver fue
como un milagro. Y una felicidad increíble.
-
¿Y con el arte es feliz?
- En realidad los
momentos más felices en el arte son más los del proyecto que los de la
concreción, en las muestras la felicidad está en todo lo que se va armando.
Siempre el viaje es mejor que la llegada. En todo, donde más se disfruta y se
sufre es en los trayectos.









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