12.6.11

Renata Schussheim


“La actividad creativa da una sensación de inmortalidad”

La artista plástica prepara una nueva muestra de su obra y se encargará de la escenografía del próximo show de Charly García. 


Diego Oscar Ramos - Hola Argentina 

A los 14 años, Renata Schussheim llevaba más de diez años dibujando y hacía su primera muestra. En ella el mítico pintor argentino Carlos Alonso le dijo que veía en ella una identidad clara como artista. Entonces ya habían aparecido esas imágenes tan realistas como misteriosas que son una marca suya tan propia como el rojo furioso de su cabello. Su arte personal ya pasó por la plástica, la fotografía, el vestuario, la escenografía, la escultura y el cine. Este año hizo el elogiado vestuario de la ópera de Mozart La flauta mágica, en el Teatro Colón, un nuevo trabajo en una carrera de cuatro décadas, donde expuso a nivel mundial, recibió múltiples premios y generó obra conjunta con artistas como Jean Francois Casanovas, Oscar Araiz y Charly García. Schussheim fue reconocida con premios como ACE, Trinidad Guevara, Kónex, Florencio Sánchez, Leónidas Barletta o Estrella de Mar. Su obra gráfica se expuso en Argentina, Uruguay, México, Venezuela, Italia y España, mientras sus creaciones escénicas pasaron por ciudades como Buenos Aires, Paris, Geneve, Munich, Nápoles, Madrid o Río de Janeiro. Este mes fue invitada de honor a la inauguración del stand argentino en la Bienal de Arte de Venecia 2011 y al volver terminará una nueva obra plástica, que se expondrá en octubre. La llamará Estado de Gracia.

- Luego de una trayectoria tan extensa y variada, ¿hay algún área del arte o temas que aún le generen desafíos?
- Cada trabajo nuevo me suena a desafío, me pasa con todo, con un trabajo muy grande, como lo es una ópera. Y también con el recital de Charly García, que iba a hacerse ahora y se postergó hasta septiembre. Las cosas pasan sabiamente, porque necesito recuperarme un poco del stress de la ópera. Mi forma de trabajar es absolutamente ansiosa y apasionada, no soy tibia. Las cosas salen a partir de la pasión, uno proyecta y se involucra de otra manera.

- ¿Y cómo define al arte?
- La idea de etiquetar nunca me gustó. Me es más fácil decir de alguien que es un artista, que hablar de lo que es o no es arte. Hay gente de la que decís: “Esta persona es un artista”, haga lo que haga.

- Eso se suele decir de usted.
- Bueno, mejor (se ríe).

- Si bien su base está en las artes plásticas, tiene esa capacidad de trabajar con el mismo nivel en áreas múltiples, de la fotografía al diseño de vestuarios.
- El pintor Edgardo Giménez, mi amigo, me dice: “Tenés que decir que sos artista del Renacimiento”. Me estimula mucho trabajar con Mozart y Charly García en forma simultánea: son mundos muy distintos el del teatro Colón y el del rock. Y me gusta estar preparando al mismo tiempo una exposición de dibujos. En las artes plásticas necesito más reparo y tranquilidad, preciso quedarme en  casa, estar más concentrada. Todo lo demás, como una obra de teatro, involucra mucha gente. Ahí uno está concentrado en lo de uno, pero también disperso.

- Antes mencionó a García, con quien tiene una relación histórica de amistad y trabajo. ¿Cómo vivió el rol de Palito Ortega en su recuperación? Lo pregunto porque todavía se los suele ubicar en veredas opuestas del arte.
- Me parece absolutamente encomiable que lo haya podido ayudar y cómo lo hizo, porque toda su familia lo protegió, le dio una perspectiva. Palito tenía un estudio donde él pudo empezar a tocar y dejar de estar aislado. Se hizo cargo de él. Yo me reencontré con Charly hace tres meses, fuimos a cenar y me preguntó si quería hacer un espectáculo con él. Por lo que me contó y por lo que siento, hubo una contención muy fuerte y cariñosa de toda la familia Ortega. Siento que García es un sobreviviente, un escorpiano tremendo, que anduvo por todos los abismos. Es una de las personas de las que diría que es un artista, como músico es muy  amplio, es un gran compositor, sabe muchísimo y es un artista importante. Me pone muy feliz que esté bien, que podamos charlar y proyectar cosas juntos.

-¿El artista tiene permiso a estados mentales que en otros pueden ser vistos como desvíos?
- No. Me da la sensación de que uno es un receptor muy sensible que a veces intuye o anticipa cosas, como una cámara de fotos. Es una sensibilidad para recibir lo que está, transformarlo y devolverlo. Es muy propio de una actividad artística.

- En su trabajo tiene mucha importancia la oscuridad y la luz. ¿Qué momentos de su vida pondría bajo foco para resaltarlos?
- ¡Qué pregunta! Muchas cosas, algunas relacionadas con trabajo, otras con afectos, como mi relación con mi hijo - Damián Laplace, músico, hijo de su matrimonio con el actor Víctor Laplace -  que es muy buena. O cosas que hice que me dieron mucha felicidad. En este momento estoy contenta, luego de pasar un período de duelo, porque perdí hace poco a mi mamá y a otra amiga muy querida. El trabajo me revitalizó, me hizo pensar menos en todo el tema de la muerte. El estar en una actividad creativa te da una sensación de inmortalidad, vivís en un fondo inconsciente, estás pariendo, disfrutando lo que hacés y dándole cosas a los demás. Los otros también te devuelven cosas, te dan amor. Con el arte vivo un estado de gracia. Y así,  “Estado de Gracia”, se va a llamar mi exposición, que haré en octubre.

- ¿El arte le dio la oportunidad de crearse mundos propios donde vivir?
- Totalmente. Eso fue desde chica. Tuve gracias a Dios mucha claridad en lo que quería hacer, me armaba mis revistas, mis libros. Y mi lenguaje apareció cuando hice mi primera exposición, a los quince años. Era tinta, mucho blanco y negro, muchos autorretratos, llenos de hombrecitos, que trepaban o que yo vomitaba, o gente que hacía el amor sobre mi cabeza. Fue algo escandaloso en ese momento.

- Parte de su estilo parece haber sido ligarse con artistas con los que casi creó una obra conjunta.
- A pesar de ser una persona tímida, en una época me dedicaba a buscar gente que tuviera conexiones conmigo, era muy atrevida. A Federico Moura (cantante del grupo Virus) lo conocí en una boutique donde él trabajaba. Ni sabía que hacía música. Me acerqué y le dije que tenía que ser mi amigo, porque él tenía la cara de un dibujo mío. Nos hicimos amigos y así fue con mucha gente. Dos amigos en Madrid me dijeron que un hombre que hacía un show parecía salido de mis dibujos. Y era Jean Francois Casanova. Fui a Madrid, vi el show, me encantó, lo agarré del brazo y le dije: “Tenemos que hacer algo juntos”. Y en Río de Janeiro me pasó a mí: estaba haciendo un espectáculo y vino Manuel Puig a decirme que teníamos que crear juntos. Hay una especie de comunión donde las personas se juntan. En ese sentido, soy muy de juntar gente, tengo intuición para armar proyectos. Eso me encanta.

- ¿Por qué suele poner en lugares casi opuestos al arte y el vivir en pareja?
- Es un tema difícil. Cuando estuve en pareja estuve muy enamorada, me enganchaba más estar con mi pareja, alquilarme unos videos y tomarme una copita de champagne, que estar dibujando. La energía me iba por otro lado. Es muy difícil hacerte tu tiempo.

- Ha tenido relaciones largas. ¿Como hacía?
- Trabajaba menos (se ríe), pero igual hice cosas, no me paralicé, pero fue un ritmo más tranquilo.

- ¿Cree en el matrimonio?
- No para mí. Hay muy pocos que se lleven bien, que se quieren y se respetan, como pasa con Griselda Gambaro y Juan Carlos Distéfano. Sí veo parejas de hombres que tienen mucho compañerismo, siguen años y años, con apoyo. Es envidiable contar con alguien, pero la convivencia es tremenda, hay que inventar una nueva fórmula, tener otro tipo de relación, con otras condiciones.

- ¿Cómo imagina esa fórmula?
- Si la supiese la haría (ríe con entusiasmo).

- A nivel afectivo, ¿tener animales ayuda?
- Sí, mucho. Es importantísimo, adoro mis animales. Puedo estar dibujando y mirándolos al mismo tiempo. Vienen mucho los pájaros a mi atellier: tuve dos veces una torcaza criando huevitos en mi ventana y mi loro vino por la ventana y se paró en mi cabeza. Ahí hay algo muy fuerte. Me pareció divino que me eligiera, fue una señal divina. Tengo una relación increíble, le hablo, dice mi nombre. Una vez que se escapó entré en una depresión horrible. Mi analista me llegó a decir: “Te olvidás que es un animal que tiene alas y quiere volar”. Hice de todo y un señor que lo tenía se conmovió con mi desesperación. Cuando lo volví a ver fue como un milagro. Y una felicidad increíble.

- ¿Y con el arte es feliz?
- En realidad los momentos más felices en el arte son más los del proyecto que los de la concreción, en las muestras la felicidad está en todo lo que se va armando. Siempre el viaje es mejor que la llegada. En todo, donde más se disfruta y se sufre es en los trayectos.



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