21.10.11

Ecoaldeas


Eterno retorno 


En paralelo a la consolidación del mundo como aldea global, cada vez es mayor el movimiento de ecoaldeas, comunidades con mentalidad ambientalista y búsqueda de un ser humano con identidad comunitaria. La Tierrita, en Uruguay, es un valioso ejemplo. 


Diego Oscar Ramos

         Donde la mirada distraída podría ver apenas un pequeño asentamiento humano, con una chacra de uso colectivo y algunas casas en construcción, en realidad puede estar dándose un punto vital de transformación del mundo como lo conocemos. Y esto acontece en Sauce, bien cerca de Montevideo, a sólo 40 kilómetros, donde desde hace tres años LaTierrita, un espacio de 14 hectáreas que vincula a una veintena de personas que fundaron una ecoaldea, unidos por un deseo común de llevar a la realidad las formas de vida que por mucho tiempo tuvieron existencia como ideal. “Se forma con un grupo diverso de personas que llegamos a compartir una tierra y un estilo de vida simple, cercano a la naturaleza, un proyecto de vida donde los vínculos y las relaciones cobran vital importancia, siendo el soporte de todo el resto”, explica Lucía Battegazzore, bióloga y artista plástica de 40 años. Y detalla que la comunidad de la que forma parte cuenta con una casa comunitaria, espacios para vivienda individual o familiar, espacios comunitarios, productivos y una área que preservan de forma silvestre, por donde corre el arroyo Colorado.
         “Todos hacemos todo, todo el tiempo”, expresa, para dar cuenta de una manera de vivir que sienten como fundamental para el colectivo: administrar, compartir y generar de forma grupal la totalidad de los recursos. Tienen una huerta comunitaria, crían abejas para producir miel, trabajan en la creación de una farmacia popular en base a plantas medicinales y realizan todo tipo de tareas en torno a la transformación personal, desde yoga, meditación o temazcales a encuentros de mujeres en luna llena o cantos de sanación. Y en cuanto a las fuentes de energía, si bien están trabajando en pos de lograr formas autogeneradas, han decidido grupalmente que se integrara también a la aldea el tendido eléctrico habitual de toda urbe. “En mayor o menor medida todas y todos habíamos pasado por experiencias de vida comunitarias, en la ciudad o en la zona rural, en todos había una búsqueda y ganas de vivir con otros, por lo que una célula del grupo buscó durante años una tierra, la que nos sorprendió con una llegada repentina, antes de que el grupo estuviera formado como tal, los lazos eran de parejas, de amistades, de colectivo”, comenta Virginia Albano Boni, 30 años, educadora social, quien vive LaTierrita como lugar de “aprendizaje permanente, de tolerancia, de respeto a la diversidad, de crecimiento, donde la libertad se hacer real”.
         Una de las maneras en que se lleva a lo cotidiano estas maneras humanas sanas está en el respeto cotidiano con que se manejan. “Los liderazgos rotan de manera natural y fluida, tenemos reuniones mensuales en las que se toman las decisiones más importantes a la organización grupal, en cuanto a lo económico, lo estructural y lo organizacional”, explica la docente y detalla que el orden se da a través de actividades recreativas o culturales comunes, jornadas de trabajo en la construcción o la huerta. Los acuerdos y decisiones de van dando en cada instante de encuentros, los que para Zulma Lagos, de 54 años y gran experiencia en temas ligados a agricultura orgánica, saberes de culturas originarias, tienen mucho de la más pura magia de la vida. “Entre nosotros se dan resonancias intergrupales e interpersonales, sincronías,  algo que se mueve como las luciérnagas en oscuras noches, todas sabiendo el momento exacto de su titilar, armonizadas con el todo”, dice como en un rezo la mujer a quien aquí suelen llamar Tormenta y describe el proceso de trabajo comunitario que los une: “Vamos despertando una conciencia adormecida, fluyendo con nuestros sentidos, aprendiendo, cayéndonos y levantándonos nuevamente, persistentes en una búsqueda indetenible”. Lo que siempre está presente, asegura, es una alegría de niños jugando a la vida, que los asiste permanentemente en un trabajo que siempre los maravilla, al “vivir y vibrar el milagro, el brillo del sol, sus árboles, su vida que en secreto espera la develemos, cada ser celebra cuando vamos encajando en nuestros sitios”.

Universo humano

         Evidentemente, además de lo que caracteriza a toda ecoaldea en el mundo, en cuanto a vivir cumpliendo patrones sustentables de vida, preservando el hábitat natural, procesando residuos orgánicos y generando la menor cantidad de residuos tóximos, el máximo aporte de estas comunidades está en la manera en que se convierten en laboratorios andantes de una evolución humana que tenga al respeto real por el semejante y por el grupo como entidad perceptible.  En ese sentido es que debe escucharse la música de las palabras de Albano Boni: “LaTierrita es un proyecto de vida, una búsqueda incesante de vivir de otra forma, de manera diferente a lo socialmente impuesto, es la búsqueda de jóvenes, adultos y niños de estar en armonía con la naturaleza, en el respeto y en el dialogo permanente”. Por eso, al escuchar la pregunta sobre la etapa en la que está el proyecto y que fases quedan por cumplir, Lagos, lanza una frase con ecos de viento cálido, humano: “El arribo y afianzamiento de todos es mi sentimiento, la siembra y las cosechas, la alegría y el disfrute, el trabajo, la danza y el juego, el todojunto, sin separaciones”.

         Pensar, sentir, actuar con parámetros, valores, conciencia colectiva, tiene un punto central en la apreciación de cada uno del lugar que ocupa en esta experiencia de comunidad. “El lugar que ocupa Latierrita en cada uno y una es diferente, único e irrepetible, es un lugar muy especial, un sueño soñado desde ya no recuerdo cuánto tiempo, una visión compartida hecha realidad, una forma de ser y estar en el mundo, de hacer de cada día un acto de amor, de buscar la belleza en todas las cosas, en el contacto con la naturaleza, en hacer un fuego, ver los pájaros volar, la luna salir y el sol ocultarse”, dice Albano Boni, como en un trance suave de embriaguez afectiva. Acompañando el sentir de la persona que forma parte de su identidad colectiva, Lucía enfoca las ideas hacia el paradigma ambientalista que da cobijo al emprendimiento. “Todos llegamos a LaTierrita desde una búsqueda de una vida cercana a la naturaleza y sus ciclos y si bien los enfoques no eran todos iguales, lo esencial del respeto y el cuidado al entorno y entre nosotros es el mismo, eso es ecología, creo que la evolución está en la puesta en práctica de esos valores, que se hace en el día a día y da una inmensa satisfacción”, expresa la bióloga, antes de explicar algunas mecánicas de trabajo comunitario: “Tenemos una reunión mensual, donde trabajamos las propuestas a decidir hasta que todos sintamos que es lo mejor para el grupo, es diferente de votar y seguir a la mayoría, a veces lleva más tiempo, pero las decisiones se sustentan en el tiempo, no hay un líder, pero se puede decir que hay liderazgos que rotan, en cuanto algunos asuntos requieren de un grupo temporal que las lidere”.
         Actualmente, de las 17 personas adultas de la comunidad, por ahora seis viven permanentemente en la chacra colectiva, 3 están construyendo sus casas familiares y pasan la mitad del tiempo en la comunidad y la otra en sus hogares previos a ser parte de LaTierrita, mientras que el resto asiste regularmente a las reuniones, las jornadas de trabajo, los talleres y aprovechan toda posibilidad de tiempo para visitar la comunidad. En esa etapa se desarrolla un crecimiento que implica adaptaciones, reprocesamiento de experiencias, puestas a punto y aprendizaje constante. “Estamos todos preparados, prontos para aportar nuestros conocimientos en esta tierra, aflojarnos y fluir en una vida sustentable y en  equilibrio con el medio, donde pasás a formar otro pequeño vórtice de energía limpia sumada a la vida, como tantos otros en el plantea, hemos adquirido conocimientos para ello y es hora de echarlos a andar”, dice con entusiasmo la mujer con apodo de expresión enérgica de una naturaleza a la que todos aseguran rendir un tributo apasionado, el de sus propias vidas puestas en juego. Para un fin que los trasciende y que, en proyección de aleteo de mariposa, nos habla a todos, ahora mismo, donde sea que estemos. 



Red Global de Ecoaldeas

         Nacida en Escocia en 1995, la Red Global de Ecoaldeas formó en 1995, luego de una conferencia mundial sobre comunidades sostenibles, y su trabajo básico es apoyar y estimular el desarrollo de nuevos asentamientos sostenibles a nivel mundial. Entre los puntos que destacan como centrales para ser una ecoaldea está su asentamiento en torno a tareas de permacultura, mantener conductas de restauración y preservación de la naturaleza, producción y distribución de alimentos, uso de procedimientos de construcción ecológicos, reprocesamiento de residuos, control de la contaminación de las aguas, entre otros puntos. En el site figuran ecoaldeas de cerca de 70 países, incluyendo dos uruguayas, Comunidad del Sur y Heliópolis, en Montevideo y Maldonado, respectivamente. Aún no figura LaTierrita, ni su colega cercana, La Comarca, de mayor antigüedad y con quienes tienen contacto directo.También hay una comunidad llamada La Tahona, en Rocha, conformada por personas provenientes de varios puntos del mapa.

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