Eterno retorno
En paralelo a la
consolidación del mundo como aldea global, cada vez es mayor el movimiento de
ecoaldeas, comunidades con mentalidad ambientalista y la búsqueda de un ser humano con identidad comunitaria. La Tierrita, comunidad de Uruguay, es uno de los valiosos ejemplos cercanos.
Diego Oscar Ramos
Donde la mirada distraída podría ver apenas un pequeño
asentamiento humano, con una chacra de uso colectivo y algunas casas en
construcción, en realidad puede estar dándose un punto vital de transformación
del mundo como lo conocemos. Y esto acontece en Sauce, bien cerca de
Montevideo, a sólo 40 kilómetros, donde desde hace tres años LaTierrita, un espacio de 14 hectáreas que
vincula a una veintena de personas
que fundaron una ecoaldea, unidos por
un deseo común de llevar a la realidad las formas de vida que por mucho tiempo
tuvieron existencia como ideal. “Se forma con un grupo diverso de personas que
llegamos a compartir una tierra y un estilo de vida simple, cercano a la naturaleza,
un proyecto de vida donde los vínculos y las relaciones cobran vital
importancia, siendo el soporte de todo el resto”, explica Lucía Battegazzore,
bióloga y artista plástica de 40 años. Y detalla que la comunidad de la que
forma parte cuenta con una casa comunitaria, espacios para vivienda individual
o familiar, espacios comunitarios, productivos y una área que preservan de
forma silvestre, por donde corre el arroyo Colorado.
“Todos hacemos todo,
todo el tiempo”, expresa, para dar cuenta de una manera de vivir que sienten como
fundamental para el colectivo: administrar, compartir y generar de forma grupal
la totalidad de los recursos. Tienen una huerta comunitaria, crían abejas para
producir miel, trabajan en la creación de una farmacia popular en base de
plantas medicinales y realizan todo tipo de tareas en torno a la transformación
personal, desde yoga, meditación o temazcales a encuentros de mujeres en luna
llena a cantos de sanación. Y en cuanto a la energía, si bien están trabajando
en pos de lograr formas autogeneradas, han decidido grupalmente que se
integrara también a la aldea el tendido eléctrico habitual de toda urbe. “En
mayor o menor medida todas y todos habíamos pasado por experiencias de vida
comunitarias, en la ciudad o en la zona rural, en todos había una búsqueda y
ganas de vivir con otros, por lo que una célula del grupo buscó durante años
una tierra, la que nos sorprendió con una llegada repentina, antes de que el
grupo estuviera formado como tal, los lazos eran de parejas, de amistades, de
colectivo”, comenta Virginia Albano Boni, 30 años, educadora social, quien vive LaTierrita como lugar de “aprendizaje
permanente, de tolerancia, de respeto a la diversidad, de crecimiento,
donde la libertad se hacer real”.
Una de las maneras en que se lleva a lo cotidiano estas
maneras humanas sanas está en el respeto cotidiano con que se manejan. “Los
liderazgos rotan de manera natural y fluida, tenemos reuniones mensuales en las
que se toman las decisiones más importantes a la organización grupal, en cuanto
a lo económico, lo estructural y lo organizacional”, explica la docente y
detalla que el orden se da a través de actividades recreativas o culturales
comunes, jornadas de trabajo en la construcción o la huerta. Los acuerdos y
decisiones de van dando en cada instante de encuentros, los que para Zulma
Lagos, de 54 años y gran experiencia en temas ligados a agricultura orgánica,
saberes de culturas originarias, tienen mucho de la más pura magia de la vida. “Entre
nosotros se dan resonancias intergrupales e interpersonales, sincronías, algo que se mueve como las luciérnagas en
oscuras noches, todas sabiendo el momento exacto de su titilar, armonizadas con
el todo”, dice como en un rezo quien apodan como Tormenta y describe poéticamente el proceso de trabajo comunitario
que los une: “Vamos despertando una conciencia adormecida, fluyendo con
nuestros sentidos, aprendiendo, cayéndonos y levantándonos nuevamente, persistentes
en una búsqueda indetenible”. Lo que siempre está presente, asegura, es una
alegría de niños jugando a la vida, que los asiste permanentemente en un
trabajo que siempre los maravilla, al “vivir y vibrar el milagro, el brillo del
sol, sus árboles, su vida que en secreto espera la develemos, cada ser celebra
cuando vamos encajando en nuestros sitios”.
Universo humano
Evidentemente,
además de lo que caracteriza a toda ecoaldea
en el mundo, en cuanto a vivir cumpliendo patrones sustentables de vida,
preservando el hábitat natural, procesando residuos orgánicos y generando la
menor cantidad de residuos tóximos, el máximo aporte de estas comunidades está
en la manera en que se convierten en laboratorios andantes de una evolución
humana que tenga al respeto real por el semejante y por el grupo como entidad
perceptible. En ese sentido es que debe
escucharse la música de las palabras de Albano Boni: “LaTierrita es un proyecto de vida, una búsqueda incesante de vivir
de otra forma, de manera diferente a lo socialmente impuesto, es la búsqueda de
jóvenes, adultos y niños de estar en armonía con la naturaleza, en el respeto
y en el dialogo permanente”. Por eso, al escuchar la pregunta sobre la
etapa en la que está el proyecto y que fases quedan por cumplir, Lagos, lanza
una frase con ecos de viento cálido, humano: “El arribo y afianzamiento de
todos es mi sentimiento, la siembra y las cosechas, la alegría y el disfrute,
el trabajo, la danza y el juego, el todojunto,
sin separaciones”.
Pensar,
sentir, actuar con parámetros, valores, conciencia colectiva, tiene un punto
central en la apreciación de cada uno del lugar que ocupa en esta experiencia
de comunidad. “El lugar que ocupa La tierrita en cada uno y una es diferente,
único e irrepetible, es un lugar muy especial, un sueño soñado desde ya no
recuerdo cuánto tiempo, una visión compartida hecha realidad, una forma de
ser y estar en el mundo, de hacer de cada día un acto de amor, de
buscar la belleza en todas las cosas, en el contacto con la naturaleza, en
hacer un fuego, ver los pájaros volar, la luna salir y el sol ocultarse”, dice
Albano Boni, como en un trance suave de embriaguez afectiva. Acompañando el
sentir de la persona que forma parte de su identidad colectiva, Lucía enfoca
las ideas hacia el paradigma ambientalista que da cobijo al emprendimiento. “Todos
llegamos a LaTierrita desde una
búsqueda de una vida cercana a la naturaleza y sus ciclos y si bien los enfoques
no eran todos iguales, lo esencial del respeto y el cuidado al entorno y entre
nosotros es el mismo, eso es ecología, creo que la evolución está en la puesta
en práctica de esos valores, que se hace en el día a día y da una inmensa
satisfacción”, expresa la bióloga, antes de explicar algunas mecánicas de
trabajo comunitario: “Tenemos una reunión mensual, donde trabajamos las
propuestas a decidir hasta que todos sintamos que es lo mejor para el grupo, es
diferente de votar y seguir a la mayoría, a veces lleva más tiempo, pero las
decisiones se sustentan en el tiempo, no hay un líder, pero se puede decir que
hay liderazgos que rotan, en cuanto algunos asuntos requieren de un grupo
temporal que las lidere”.
Actualmente,
de las 17 personas adultas de la comunidad, por ahora seis viven
permanentemente en la chacra colectiva, 3 están construyendo sus casas
familiares y pasan la mitad del tiempo en la comunidad y la otra en sus hogares
previos a ser parte de LaTierrita,
mientras que el resto asiste regularmente a las reuniones, las jornadas de
trabajo, los talleres y aprovechan toda posibilidad de tiempo para visitar la
comunidad. En esa etapa se desarrolla un crecimiento que implica adaptaciones,
reprocesamiento de experiencias, puestas a punto y aprendizaje constante. “Estamos
todos preparados, prontos para aportar nuestros conocimientos en esta tierra,
aflojarnos y fluir en una vida sustentable y en
equilibrio con el medio, donde pasás a formar otro pequeño vórtice de
energía limpia sumada a la vida, como tantos otros en el plantea, hemos
adquirido conocimientos para ello y es hora de echarlos a andar”, dice con entusiasmo
la mujer con apodo de expresión enérgica de una naturaleza a la que todos
aseguran rendir un tributo apasionado, el de sus propias vidas puestas en
juego. Para un fin que los trasciende y que, en proyección de aleteo de
mariposa, nos habla a todos, ahora mismo, donde sea que estemos. Red Global de Ecoaldeas
Nacida en
Escocia en 1995, la Red Global de
Ecoaldeas formó en 1995, luego de una conferencia mundial sobre comunidades
sostenibles, y su trabajo básico es apoyar y estimular el desarrollo de nuevos
asentamientos sostenibles a nivel mundial. Entre los puntos que destacan como
centrales para ser una ecoaldea está su asentamiento en torno a tareas de
permacultura, mantener conductas de restauración y preservación de la
naturaleza, producción y distribución de alimentos, uso de procedimientos de
construcción ecológicos, reprocesamiento de residuos, control de la
contaminación de las aguas, entre otros puntos. En el site figuran ecoaldeas de
cerca de 70 países, incluyendo dos uruguayas, Comunidad del Sur y Heliópolis,
en Montevideo y Maldonado, respectivamente. Aún no figura LaTierrita, ni su colega cercana, La Comarca, de mayor antigüedad y con quienes tienen contacto
directo.También hay una comunidad llamada La
Tahona, en Rocha, conformada por personas provenientes de varios puntos del
mapa.
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