Un gallo para Momo
Este
2009 que anda marchándose, al son de bombos y matracas, tuvo entre sus
aconteceres uno de esos grandes eventos de visibilidad masiva quizás
circunscripta a unos pocos curiosos. Repitamos entonces, que en el año en el
que se cumplió un siglo desde su nacimiento, el histórico titiritero poeta
argentino Javier Villafañe recibió, desde el paraíso de los creadores, un
presente de Coco Romero, habitante incansable de
la tierra del carnaval. El regalo al máximo exponente nacional de la escritura
para títeres fue el disco Los
caminos del gallo pinto, donde
el murguero musicalizó los poemas del libro homónimo, basándose en una edición de
1947 de la obra. Allí Villafañe buscaba movilizar la imaginación poética de los
niños, a quienes también valorizaba al incluir en la publicación una selección
de los miles de dibujos que fue juntando en las giras nacionales donde los
hacía dibujar. “Fue un desafío conceptual musicalizar 10 de los poemas,
encontrarle un clima a cada uno y encontrar la idea de la carreta como un
personaje central, porque el viejo hizo el camino de pueblo en pueblo así, lo
que es increíble”, comenta Romero, sorprendido aún de la gesta itinerante del
poeta argentino, que pasó buena parte de su vida andando en carromato por el
país. “Toda su obra la hizo andante, no hay titiritero del mundo que no haga
sus obras, fue a Rusia, a China y en Cuba tiene una plaza dedicada a sus
personajes”, resume el guitarrista sobre la carrera de Villafañe, nacido en
1909, a quien Romero llegó a conocer poco antes de que se fuera con sus
retablos, en 1986, de gira hacia otros mundos que precisaran de sus títeres.
- ¿Cómo
nace tu historia con Villafañe?
-
Después que terminamos con el grupo La
fuente, con quienes grabamos 3 discos y hasta hablamos de los desparecidos
durante la dictadura, hice un viaje por el norte, me enamoré del mundo de los
títeres, uní las Bellas Artes que había estudiado de joven y el nombre de
Javier Villafañe, el padre mítico del género, aparecía mencionado por
discípulos de él, como Ariel Bufano, uno de mis maestros, que lo trae al Teatro
San Martín. Gracias a uno de sus biógrafos llegué a cenar con él. Además,
haciendo teatro de objetos, fui a México en los 90 y llevé a la feria de
Guadalajara un par de obras de títeres de Javier. Ya había musicalizado dos
poemas de Los caminos del
gallo pinto, que cantaba ante 2 mil niños. Ahí me di cuenta, cuando veía
que había chicos que venían varias veces, que estaba siendo un transmisor de
Javier. Lo venían a ver a él.
- ¿Qué
te atraía de su arte?
- Lo
que me fascina es su poesía. El viejo contaba sus poemas y los niños dibujaban,
esto me impactó. Y su historia. Nació en Almagro, un barrio murguero, juntaba
letras de murgas y en la década del 30, renunció a su trabajo en Obras
Sanitarias, con una carta en decimas, diciendo que se iba a hacer títeres. Ahí
pegó un carro, para viajar mirando al cielo, con una paja en la boca, haciendo
títeres con un amigo, por la Argentina. En la década del 60 escribe Las aventuras de don Juan el zorro,
los cuentos más desparramados en el país, en todos lados hay relatos tradición
oral ligados a ese personaje. Y ese libro, publicado por editorial Claridad, fue prohibido en la
etapa de Onganía, él debe irse a Venezuela, donde empieza a desarrollar una
movida con los títeres, en la Universidad, saca revistas, sigue escribiendo y
se le ocurre un proyecto que ofrece a la Secretaría de Cultura, para hacer el
Camino de La Mancha. Y pagado por el gobierno, va por todos los pueblos,
haciendo títeres, contando poemas y los chicos dibujando. Después vuelve a
Buenos Aires, con esta experiencia hecha libro, Maese Trotamundos por el camino de
Don Quijote.
- ¿Y
esos libros deben estar entre tus tesoros, es así?
- Sí, junto a mis 3 mil
libros de carnaval. Cada vez que veía algo de Javier lo compraba. Un día paso
por Sarmiento al 1500, por una librería y encuentro una edición divina, de
1947, de editorial Huarpes, de Los
caminos del gallo pinto. El en un año había juntado 30 mil dibujos de
niños, de todas las geografías y niveles sociales. Y decía que cuando un niño
no come, no pinta, se ocupaba de lo social, además de motivar a los niños con
la poesía. Ahí fue mi enamoramiento con el libro, se me juntaba todo, la
fantasía, la creatividad.
- Ya
habías musicalizado dos poemas de ese libro. ¿Cómo se da la decisión de hacer
todo un disco entero en su homenaje?
- En
2001, quise hacer un disco para niños y empecé la producción de este disco, muy
lentamente. Ofrecí el proyecto comercialmente y a nadie le interesó, por eso
decidí hacerlo yo, porque me encanta que la gente conozca la obra de Villafañe.
Traté lo mejor que pude, de transformar sus poemas en canciones, menos uno, que
pertenece al Tata Cedrón, quien no sólo aceptó que volviera murga su milonga,
sino que me prestó su guitarra cuando me robaron todos mis instrumentos, un
gesto impresionante. Y como trabajo con talleres en el MOMUSI (Movimiento de música para niños),
hice La murga para Javier,
donde hago un resumen de su obra, como fruto final de un año de trabajo.
Son sueños que uno tiene, ¿por qué un chico no puede jugar a la murga y
conocerlo a Villafañe?
- ¿Te
viene a la memoria alguna anécdota que sientas que muestre el alma de la obra y
la personalidad de titiritero?
- Sí.
En una de sus recorridos por el país, él encuentra unos niños que están
enterrando unas plumas, les pregunta que están haciendo. Y entonces ellos le
dicen que estaban plantando las plumas para que nazcan pájaros. El les dice,
entonces, que lo iba a usar. Tenía esa frescura, de ver un mundo infantil,
creativo, además de trabajar por una educación por el arte. Hizo un camino
increíble, de mucha verdad, porque al niño que dibujaba con sus poemas, es que
realmente le habían llegado.
Bellas
Artes
- ¿Qué
te han enseñado los chicos, en tus talleres de murga y en presentaciones de
este disco?
- La
reacción de los chicos es una cosa divina. En la presentación, los pibes bailan
murga, dibujan. Y yo trato de ser fiel a Villafañe, he tratado de hacer lo
mejor que pude, musicalicé sus poemas con la ley no escrita de valorizar la
obra. Porque hay una deuda, con miles de tipos que han hecho cosas, tan
valiosas como las de Javier, más o menos conocidos, que operan en una zona de
la cultura que está separada del bestial camino de la comercialización.
Llegando el bicentenario, este país tiene deudas con su cultura popular, yo me
dediqué 30 años a algo que a nadie le interesó.
- ¿Y cómo vivís, en tu propia
carrera, este lugar de llevar al circuito cultural estas investigaciones,
haciendo grabaciones y shows de una música nacida en las calles?
- Es un
tema delicado. Saqué tres discos, haciendo puentes con gente de otros palos
diferentes al de la murga, hice un aguafuerte a la plaza de Once, puse vientos
y arreglé a coro viejas melodías de carnaval, sin que se parezca al Uruguay.
Siempre me pregunté por qué muchos músicos no se acercaban a trabajar con los
pibes que en la esquina hacían un arte quizás desprolijo, para llevarles
armonía. Me interesa seriamente que se desarrolle el fenómeno, que los pibes
hagan más murga en el futuro.
-
¿Hacen que afinen aporta a mejorar su vida?
-
Totalmente. Cuando era pibe, para mí la murga eran las Bellas Artes de la calle
y si uno pudiera en ese espacio de la sociedad hacer que un pibe puede bailar,
escribir, armonizar, bailar, actuar, después no me importa si sale con la murga
toda la vida, pero fue una formación muy importante. La educación por el arte
puede ayudar, en estos tiempos en que la sociedad vive una bestialización tan
grande, que creo que es la falta de afinar las otras cosas que componen al ser
humano.
-
¿Estamos a tiempo para plantar plumas y que nazcan pájaros?
- Estoy
apostando a eso. Hay miles de personas que han bailado con El gallo pinto. Yo solamente
encendí un fuego, para mostrar que algo está pasando y que un peregrino que no
tiene donde cobijarse sepa que ahí tiene donde parar.
- ¿Qué
te dio Momo para que le entregues tu militancia?
- Me
parece muy osado ya el hecho de su planteo de que somos todos iguales. Además
la leyenda del personaje está ligada a la crítica a los dioses y está unido a
los ritos de la primavera, cuando aparece la muda del traje de los árboles. Es
una deidad que precede las fiestas, algo que sólo el hombre, dentro del reino
animal, tiene la capacidad de hacer. Por eso pongo la ficha ahí.
El titiritero
Poeta,
escritor y titiritero, nació en Buenos Aires el 24 de junio de 1909. Fue el
paradigma argentino del género literario titiritesco y tuvo trascendencia
mundial. Uno de sus hitos fue recorrer con su carreta La Andariega todo el país y varias naciones americanas
dando funciones de títeres. Uniendo lirismo con contenido social en sus obras,
una de ellas, Don Juan el
Zorro, lo vuelve una figura prohibida por la dictadura argentina, en 1967.
Se radica en Venezuela, donde funda un taller de Títeres y llega a contar, en
1978, con el auspicio del gobierno para realizar una gira por los pueblos
españoles donde Cervantes hizo andar al Quijote. En 1984 regresa al país, donde
continúa una carrera con sucesos como Los
sueños del sapo, Historias
de pájaros, El caballo
celoso, El hombre que quería adivinarle la edad al diablo, El Gallo Pinto y Maese Trotamundos por el
camino de Don Quijote. Fallece
en Buenos Aires, en 1996.
El murguero
Nacido en 1955 como Gualberto Elio Milagro Romero, todos en Buenos Aires
conocen como Coco a este músico e investigador salteño, apasionado por todo lo
ligado a las murgas. Desde 1988 dicta talleres sobre estas temáticas en el
Centro Cultural Ricardo Rojas, convertido en el sitio donde se renovaron las
murgas argentinas. Y desde donde se edita el ya clásico periódico El corsito,
vehículo difusor de la cultura carnavalesca. Además de haber viajado por el
mundo para realizar sus indagaciones, el músico ha asesorado grupos teatrales,
murguerizó piezas de Manuel Puig y ha editado discos con el Grupo La fuente, formó La aldea para darle otros aires musicales a
la estética murguera. Bajo esa búsqueda formó agrupaciones como Los caballeros del caño o La brillante, antes de editar ya
dos discos como solista, junto a La matraca, donde
profundiza y expande sus sincretismos musicales.








