29.3.11

Propuestas Musicales


Épica espacial

La banda argentina Ojo en el Cielo, tributaria de un sonido ligado a lo que se dio en llamar rock progresivo en la década del ´70, mantiene un vínculo fuerte en su propuesta estética entre la música popular y sus posibilidades de transmitir vivencias emocionales y espirituales.


Diego Oscar Ramos


  Hubo un tiempo en el que el espacio exterior, antes y después de la aún polémica llegada a la luna, alentaba expansiones tanto físicas como mentales, poblando el universo estético de metáforas visuales, narrativas y musicales. A fines de los sesenta y durante buena parte de los años setenta películas como 2001 Odisea del Espacio, del inglés Stanley Kubrick, o la literatura de autores como Arthur Clarke, Ray Bradbury o Isaac Asimov alimentaron el imaginario de la época con posibilidades de ir más allá de lo que conocíamos como el territorio humano. Y fueron músicos como Pink Floyd, Emerson Lake and Palmer, Yes, King Crimson y Alan Parson´s Project - sin olvidar el aporte esencial beatle como cuna de muchas corrientes que se terminaron de definir como lenguaje con otras agrupaciones - quienes lograron que el plano sonoro pudiese ser hábitat ideal para concretar un arte que uniera las dos concepciones del espacio: el exterior y el interior. Mente, cuerpo, alma, fueron ligados - con mayor o menor gracia artística - a las regiones del Cosmos que la aventura tecnológica prometía volver cercanas y accesibles. 

     Influenciados en su infancia por este tipo de discursos que la música transporta lejos como pocos otros lenguajes, los actuales miembros del grupo argentino Ojo el el cielo, sienten que estos tiempos precisan de un arte que siga representando un lazo entre elementos tangibles y otros más sutiles, que pueda retratar cuestiones sociales tanto como zonas del inconsciente. Homenajeando en su nombre a un artista como el inglés Alan Parson - famoso tanto por su grupo Alan Parson´s Project como ingeniero de sonido de dos de los discos más clásicos de la historia del rock: Abbey Road de los Beatles y The dark side of the moon de Pink Floyd - el grupo lanza lazos de unión que van más allá de llamarse como uno de los discos más famosos del músico inglés. Hay mucho en su sonoridad que, manteniendo una identidad personal, permiten una cercanía confortable con su música para todo aquel que también haya crecido entre los setenta y los ochenta. O que tenga un alma exploradora que no precise de la cronología fija para vivir como un explorador. Para dar pistas de estos viajes musicales, Fernando Esley - composición, guitarras, teclados, voces - y Leandro Cossio - composición, bajo y voces - hablan sobre Ojo en el cielo.


- Me gustaría que me hablen de las máximas influencias sonoras y musicales, las que mencionan en Myspace, explicando en qué aspectos creen que cada una de esas menciones los han impactado sensorialmente, emocionalmente, técnicamente.

- Fernando: Pienso que las influencias son esos aportes que se cuelan por la ventana del alma, uno no dimensiona que está siendo influenciado, solo disfruta de ese estado de deleite que proporciona la música.  En el caso mío, yo escuchaba y sentía, y mi alma era muy permeable a todo aquello que tuviera encriptado una emoción fuerte. Las bandas que generaron eso en mi fueron: "The Beatles", "Alan Parsons Project", "Supertramp", "Queen", "Elo", "Pink Floyd",  esas y algunas otras bandas que yo rotularia como emotivas son las que consideraria nuestra influencia musical mas espiritual, despues hay un sin número de bandas que conformarian nuestra influencia mas intelectual, por ej: "Yes, Genesis, "Jethro Tull", "King Crimson". Pero al ser nuestra musica tan eclectica hay otros grupos que tambien han generado cierta influencia como "Deep Purple", "Iron Maiden", "Van Halen" y siendo mas actuales "Dreamtheater". Es imposible no dejarse influenciar por otras vertientes como la música clásica (Mozart, Bach, Beethoven, Liszt, etc) y autores geniales y atemporales como Piazzolla, Elis Regina y Tom Jobim, y los grandes del Jazz y del blues tambien. Toda esa paleta de colores ha conformado mi perfil como compositor y musico de "Ojo en el Cielo".

- Leandro: A pesar de caer en una gran obviedad, en mi opinión debo decir que la máxima influencia a nivel musical y sonora siempre fueron y serán Los Beatles, no solo para la banda en sí, sino a nivel personal, ya que no se que hubiera sido de mi vida como músico sin ellos. Ellos son los padres de todas las posibilidades que se generaron en el rock. Como dice Fernando, uno no dimensiona que está siendo influenciado, y en este punto agregaría que además de la propia música, debemos tener en cuenta la cultura y la sociedad que nos rodea, los bagajes propios e íntimos que continuamente vivimos y nuestro entorno. Esos puntos, combinados con la música que escuchamos, son los que nos determinan a nivel emocional y artístico a la hora de componer. En el aspecto técnico supongo que cada instrumentista tiene a su “héroe”, y trata de copiar los mejores aspectos de ellos: Jaco Pastorius, David Gilmour, Roger Hodgson o Jeff Lyne.

- Leí en su perfil como grupo que quieren emocionar, divertir y reflexionar, en qué sentido creen que lo han logrado hacer hasta ahora y qué mezcla final hacen, es decir qué balance harían de cada uno de esos elementos, a la hora del corte final del objetivo como grupo?

-
 Fernando: Bueno como vos leíste, nuestra meta ha sido esa y sigue siéndolo. Creemos que se puede entretener y divertir con calidad, porque existe una falsa creencia que la música reflexiva, culta o académica es  necesariamente aburrida y que la música comercial es necesariamente  de mala calidad. Bueno, nosotros nos proponemos derribar ambos mitos. Pero algo es cierto de nuestro perfil, tratamos de tener una alta profundidad emotiva y/o espiritual en nuestras canciones y el hecho de que un tema instrumental como "Etereo" sea el que abra el disco dice mucho de la prioridad que le damos nosotros al mensaje espiritual. El problema que encontramos es que vivimos en tiempos de escepticismo y la gente no está interesado en mirar su interior, todo en un desagradable marco de decadencia cultural que a su vez es un derivado de la decadencia espiritual del ser humano. De todas maneras el balance no es tan malo, cada día mas gente se nos suma en nuestra cruzada estética y espiritual, y en eso, Internet tiene un papel preponderante, porque la gente que no tiene voz y voto, los que no se sienten reflejados por el dictado de las grandes discográficas que promueven productos, pero no productos artísticos, productos vacios, pasajeros y sin talento, tiene la posibilidad de oponerse, de alzar su voz y disentir gracias a la fantástica Web.

- Leandro: Justamente lo que nos permite intentar emocionar, divertir y reflexionar son los distintos estilos que pretendemos ejecutar. Entonces, hoy pueden escuchar una balada de alto contenido emocional (como puede ser En lo profundo del mar), pero también bailar con un rock and roll (como Nada Cambio), o meditar y reflexionar (con Etereo). En cuanto al balance, creo que la variedad espiritual y de experiencias de los integrantes del grupo nos hace pensar en que nuestro público deberá ser muy abierto a nivel musical, más allá de que siempre apuntemos a nuestro espejo que es el Alan Parsons Project.


- Un atractivo diferencial que encontré en el grupo es el tratamiento vocal, pueden explicar cómo desarrollan las armonías vocales, bajo que ideas básicas y con qué modelos en mente?

- Leandro: La idea principal es pensar en la voz como un instrumento más de la banda. Entonces, además de los arreglos vocales que la misma canción sugiere, existen arreglos que tal vez se piensen para otros instrumentos y que utilizando las voces armonizando una melodía generan una sensación todavía más agradable, dependiendo del concepto que queramos darle a la canción. Creo que nuestro modelo de mayor influencia vocal hoy por hoy es la ELO.

- Fernando: Con respecto al tratamiento vocal te diría que nuestros espejos por asi decirlo son: "Queen", "Elo" y "The Beatles", son las bandas que mejor han explotado ese fantástico y gratuito recurso de la voz. Los arreglos de voz van surgiendo en la misma medida que la canción nace y todo esto aparece como si fuera el fruto de una voz inaudible que me dice "pone esto acá y esto allá".


- ¿Cómo vinculan el trabajar con ciertas musicalidades más parecidas a un estilo de pop climático, como puede ser el de Alan Parsons con estructuras del hard rock y letras mordaces, como ustedes mismos las describen? 

- Fernando: La existencia de una letra ya predispone determinado pasaje musical, si la letra habla de un futuro negro y desesperanzador, la textural musical va  a describir con los tonos y los climas ese paisaje espiritual previamente escrito. Creo que cuando inventa una melodía, esta ya le propone a uno que la letra hable de tal cosa o tal otra. Diría, concluyendo, que si la melodía nace primero, esta condiciona a la letra y viceversa. Leandro y yo que confeccionamos las canciones le damos matices distintos y opuestos a nuestros temas. Hay canciones que exhortan a la paz y otras que se preguntan ¿Es necesario salvar a la humanidad? Tenemos interesantes influencias literarias en ese sentido, pero sería explayarse demasiado. Nuestras letras tienen un hilo conductor común, lo que nos acerca a las propuestas del rock progresivo de los 70´s cuando salieron los más importantes discos conceptuales. Nuestro primer disco "Destiny Interpreters" es un álbum conceptual que indaga en el alma humana sobre todo lo inherente al hombre.

- Leandro: Es una combinación muy interesante hacer un estilo de pop como Alan Parsons pero con una lirica tal vez más punzante a nivel social. De todas formas no todas nuestras canciones son de ese estilo, pero tratamos de combinarlas. En mi caso particular, a la hora de escribir una letra, hay muchísimas influencias de nuestra querida América Latina, además del propio rock inglés. No puedo dejar de lado que lo que uno escribe también es lo que ve alrededor todos los días, pero desde la propia óptica del que lo ve, con toda la vida anímica que se fue desarrollando dentro de la persona. En nuestro caso, la propia música también genera imágenes al escucharla, y si la canción necesita una letra, a veces la propia música es la que te va “dictando” la letra. El público generalmente siente las letras como propias pero también depende de su estado anímico y psicológico.


-¿Cómo se dio el contacto con Enrique Breccia y cómo se dio la interacción entre ustedes como para llegar al trabajo conjunto de generar dibujos para el disco? ¿Qué sintieron como más afinado del resultado final de los dibujos en cuanto a sentirlos ligados con su música?

- Fernando: He sido un fan de Breccia de toda la vida, se me ocurrió contactarlo una vez que vi un reportaje que le hacía Jorge Guinzburg en su programa "Mañanas Informales", después los busque por la web hasta encontrarlo y no pude salir de mi asombro cuando acepto mi propuesta de hacernos el arte de tapa. Crecí con las clásicos de la literatura, la música, el cine y el comic también. O sea, que para mí, sumarlo a Breccia a nuestro proyecto, era una manera de completar nuestro perfil artístico. El me pidió para inspirarse, música nuestra y dio como resultado un trabajo que refleja y comunica lo que nosotros intentamos hacer con los 14 tracks del disco, en lo personal viví esta colaboración como una experiencia fantástica, ya que crecí sumergido en la extraordinaria ficción que proponía "Alvar Mayor" y ahora el autor de esa genial obra se sumergía en nuestro mundo para ilustrarlo.

- Leandro: La interacción fue básicamente por mail y correo postal. Lo más afinado del resultado fue la espiritualidad que transmiten los dibujos de Enrique, similar a la espiritualidad que queremos transmitir nosotros.


- ¿Qué sienten que contenía el pop y rock de los 70 y 80, donde podría rastrearse su mayor matriz sonora, como para rendirles un culto actual? Y, en base a esto, ¿qué sienten que han tenido los 90 y esta primera década del nuevo milenio como más destacable? ¿Algo los atrae de estos últimos 20 años?

- Fernando: Bueno, el rock en su etapa más sesuda, que fue justamente en los 70´s con el reinado del rock progresivo, se dio el lujo de poder mostrar al mundo, un trabajo pulido, elevado con muchos matices y con letras y discos conceptuales que obligaban a uno a meditar, a experimentar intelectual y sensorialmente esos paisajes. Consideremos que el primer trabajo de "The Alan Parsons Project" llamado "Tales of Mistery and Imagination"  es un álbum conceptual basado en la genial obra de "Edgar Allan Poe" ¿Quien arriesgaría en estas épocas con semejante propuesta artística? Los 80´s hizo una propuesta cultural más light, desaparecieron las letras complejas y el rock barroco de los 70´s, pero aun existía cierta calidad musical, calidad musical que se fue erosionando con el paso del tiempo. Consideramos que en la actualidad hay dignísimos productor artísticos, pero nada que sea promovido por grandes sellos, noto y veo que hay una gran resistencia cultural  que se opone a ser manejados como ganado por el negocio de la música, pero es una lucha notoriamente desigual. Hay bandas nuevas  que redimen estos tiempos actuales como "Incubus", "Local Natives", "Porcupine Tree" y muchas más, aunque todos sabemos que un Lennon, un Waters, un Hendrix no nacen todos los días.


28.3.11

Sebastián Wainraich


“Todos necesitamos reírnos y contar nuestras cosas”.

Su humor reflexivo e irónico ha pasado por radios, teatros, televisión y libros de cuentos. Hoy se muestra tan sensible como inteligente. Y asegura que es en la radio donde mejor se siente.
  

Diego Oscar Ramos - Uno Mismo


       Si hay algo a lo que Sebastián Wainraich parece no tener temor alguno es al silencio. Puede quedarse callado los segundos que precise para contestar alguna pregunta por la que prefiere reflexionar, antes que apenas hacer uso de esa velocidad mental por la que más se lo conoce. Y es en ese tiempo, cuando sus ojos se relajan y dejan de escrutar con precisión de cirujano al interlocutor, que aparece como cuidadoso, delicado en sus ganas de llegar al centro exacto de sus sensaciones o ideas. Así dirá, antes de comenzar la entrevista en el estudio radial donde todas las tardes conduce su programa Metro y Medio, que se siente una persona dispuesta a las decisiones y que nunca calcula antes de hacer cambios fundamentales. Lo comenta en relación a haber dejado, luego de cuatro años, la conducción de un programa exitoso, como Televisión Registrada. Pero también recuerda que irse a vivir solo, luego animarse a la convivencia y finalmente haber tenido un hijo, fueron hechos que se dieron sin que su mente le dictase cuándo tenía que hacerlo. Habla de su hija de tres años, entonces, y no disimula su goce de la paternidad, aunque revela que algunas preguntas de la niña lo suelen dejar sin palabras. Una de las últimas fue acerca de Dios, lo que lo dejó mudo, a pesar de que son sus diálogos con él una de las secciones de su programa más celebradas por los oyentes. Y una buena muestra de su estilo levemente ácido, pero nunca cruel, para jugar con todo lo que ofrece la vida.

- ¿Qué valor le das al humor y especialmente la ironía?
- Más que valor le doy uso. Es una de las primeras herramientas que tengo para comunicarme. Todo eso está. Pero después te volvés más sensible con las noticias trágicas, cuando le pasa algo a alguien. Sobre todo a un chico, porque te ponés en el lugar del padre. Tal vez antes era un insensible (se ríe). Antes me pegaba, pero teniendo un hijo mucho más.

- Antes de ser padre, ¿qué lugar le dabas a lo irónico, a la acidez? ¿Tenías límites con su uso?
- No sé si llamarlo límites. Me parece que hay cosas que no me causan gracia. Hacer humor negro porque sí, sólo para provocar, no me interesa. Puede aparecer algún chiste de humor negro, pero también me da miedo. Primero, molestar a alguien, porque no me parece bien. No me gusta que incomode desde ese lugar de la provocación.

- ¿Podés estar incomodando para darle visibilidad a algo, algún comportamiento, por ejemplo?
- ¡Sí! Pero no para reírme de las desgracias. Y sí de las dudas, de las angustias que tenemos todos. Pero si hay un manco en la sala, hacer chistes sobre mancos, no sé. No hay reglas. Hace unas semanas estuvimos en la playa y uno de mis compañeros de la radio hizo un monólogo donde apareció un chiste de humor negro, sobre un tema doloroso. Y en ese momento me reí, lo sentí como un alivio. Ahora capaz que me pregunto qué pasó, pero no en el escenario y con la naturalidad con que se dijo. A veces reírte es un método de curación. ¡Es muy autoayuda esto! (Se ríe, suavemente). Igual me gustan los comediantes que se meten con todo tipo de temas.

- ¿Qué tiene que tener un buen acto de comedia?
- Bueno, si me hace reír ya está bien. Después analizo porqué me hizo reír. No estoy con la lupa, para ver cómo armó la estructura. Después me pongo a estudiar, porque soy un trabajador de todo esto. Me interesa saber los trucos. Y después te das cuenta de que siempre te reís con las mismas cosas, las que finalmente te interesan. Me resulta siempre interesante la parodia, el replanteo de lo que es cotidiano, la vida de pareja. Hay cuatro o cinco temas, nada más: el amor, el sexo, el poder, el dinero, la religión, la muerte. No sé que otro más. Y después parodiar a otros, como hace (Diego) Capusotto con el mundo de la música. Eso te hace reír, porque te está mostrando lo ridículo que son otros que pretenden ser serios. Tal vez lo son, pero está bueno reírse de la solemnidad. Me gusta cuando se le baja el volumen a lo solemne.

- ¿Lo solemne hace que aparezca la dureza, lo rígido?
- Claro, lo solemne parece forzado. Y también soy un poco cursi a veces. Hay una gran película que se llama El cómico de la familia, con Billy Cristal, que tiene un costado sensiblero que me llega. Es como con el humor, siento que está bien hecho. Pero primero me llega, luego veo porqué. Eso pasa seguramente porque tiene coherencia con la historia que cuenta, no es un golpe bajo porque sí, para hacer llorar.

- ¿Abrirte a cierto lugar sensible podría desarmar estereotipos o imágenes que se tienen de vos?
- Yo estoy tratando de romper con todo eso. Y me parece que en esta radio (FM Metro) estamos como sin miedo, no nos da vergüenza mostrarnos como sensibleros, o decir que algo nos puedo emocionar. Y también reírnos. Las dos cosas. Ya pasó la adolescencia, no da mostrarse como rebeldes. Buscamos una coherencia con el mensaje, ampliar el horizonte, no abrazarnos a un discurso porque sí. Me parece que pasa por no avergonzarnos de lo que somos.

-¿Hay algo central que quieras decir como comunicador y artista?
- No sé qué decirte. Me parece que si me vas a ver actuando podés sacar tu propia conclusión. Lo mismo que me pasa como espectador me pasa cuando trabajo. O cuando hago todo esto que no sé si es un trabajo. No es que digo: “Voy a hablar de esto”, sino que me sale naturalmente hablar de lo que hablo. Lo más interesante es que debo trasmitir cosas que no sé, que no me doy cuenta. El otro día me puse a escribir un monólogo y comprobé que estaba repitiendo temas. Es natural, un poco me alegra.  Por un lado me digo que tengo que trabajar más, pero por otro siento que está bueno, porque estoy siempre alrededor de lo mismo.

- ¿Lo ves como un lugar de identidad?
- ¡Sí! (es muy expresivo, eleva la voz). Siempre estoy detrás de lo mismo. Y es también como te decía: hay cuatro o cinco temas. Y cada uno se las rebusca para contar qué le pasa con esas cosas.

- ¿Siempre tuviste interés, desde chico, por los decidores? Me refiero a relatores de fútbol, conductores de radio, hombres de la palabra hablada, en resumen.
- Sí. Hasta los 12 no hablaba. No es que estaba callado, pero era tímido. Y me gustaba la radio, que es un lugar de decidores, como decís, de gente que habla. Escuchaba a Víctor Hugo, a Dolina, a la vieja Rock & Pop, a Lanata. Me gustaba mucho escuchar los domingos, en las transmisiones de fútbol, sobre todo “la previa”, que me parecía radio pura. Eso me gustaba. Me acuerdo del placer de escuchar, me divertía, me entretenía. Me parecía una actividad solitaria en la que estás acompañado. Fue el primer paso para todo este camino.

- ¿Y la radio, como hacedor, sigue siendo un lugar de placer?
- Sí. No quiero ser injusto con los demás trabajos que hago, pero la radio son tres horas, todos los días, donde me siento muy relajado, muy auténtico. Hago, deshago, me equivoco, me corrijo, digo, me contradigo. Se puede hacer de todo, hablo de todos los temas, puedo invitar a una actriz, a un filósofo. Todo es muy flexible. Hacer todo esto me parece milagroso. Disfruto poder vivir de eso, me gusta hacerlo, vengo contento todos los días.

- ¿Qué otras cosas te dan una alegría tan potente como esta?
- La relación con mi hija. Y pequeñas cosas, que tal vez son momentos cortos, como ir a comer.

- ¿Qué aportó a tu vida la paternidad? ¿Te hizo ver de otra manera partes tuyas? ¿Te modificó en relación a la sensibilidad?
- Todos los lugares comunes que se dicen acerca de la paternidad son ciertos. Creo que ahora soy mejor, menos egoísta, más paciente. Y con una clara razón para vivir.

- ¿Cómo fue pasando la timidez?
- No sé cómo fue. Fue pasando. No hubo un suceso que me provocara dejar la timidez para empezar a hablar, fue de a poquito. Y la timidez no sirve para muchas cosas, no está bueno ser tímido, es mejor comunicarse, hablar.

- Solés hablar también de la vergüenza en tus monólogos.
- La vergüenza es algo que aparece una vez que ya hiciste algo. Y yo tengo esa vergüenza todavía, no es que no la tenga. A veces estoy parado en el escenario, haciendo un monólogo y me pregunto cosas mientras lo hago, la cabeza se me divide en ochenta cosas: el monólogo que estoy haciendo, con quién voy a ir a comer después, o lo que quiero comer esa noche. Eso pasa distinto cada noche. A veces estoy muy metido y a veces no tanto. Otras me da vergüenza. Digo: “¿Qué hago parado acá, ante 500 personas, diciendo estas cosas?, ¿qué es todo esto?”. Pero es un ratito.

- ¿Y qué pasa cuando un chiste no causa la gracia que pensabas?
- Dalia (Gutmann), mi mujer, dice que en todo esto hay que estar preparado para la frustración. Puede pasar. Pero hay que seguir adelante, buscar el otro chiste y ver qué hicimos mal.

- ¿El escenario es un lugar de conquista?
- ¡Sí! (de nuevo su afirmación entusiasta). Y más en este género (el stand up), que es de respuesta inmediata. O se ríen o no se ríen. Es así, cruel, pero cuando ganás sos un campeón. Y cuando venís tres noches a carcajadas y en la cuarta sólo se ríen, sentís que pasó algo. Hay gente que no es tan explosiva. Como espectador, me suele pasar que un show me gustó, aunque por ahí no me reí tanto. El que está en el escenario está expuesto. Somos inseguros, estamos haciendo algo desde nosotros, antes que desde un personaje.

- ¿Y la construcción de la comicidad en este género, tiene en general que ver con exponer las propias debilidades? ¿Lo que podría causar dolor se pasa a otro lugar?
- Casi siempre, sí. Totalmente. La comedia podía ser drama o tragedia tranquilamente, hay que ver el tono que se le da, la actitud que se le pone. La mayoría de los textos cómicos se pueden convertir en trágicos. Y viceversa.

- ¿Es sólo un cambio de perilla?
- ¡Sí! Es una actitud. Una puesta.

- ¿Sentís en la propia vida esa posibilidad de cambiar de circuito?
- ¡Sí! En una fiesta de casamiento se puede hacer una tragedia y en un velorio se puede hacer una comedia. Entonces ahí está todo. Estamos todos locos (se ríe).

- ¿Solés usar este mecanismo para enfocar las cosas que vivís?
- ¡Sí! A mí me funciona naturalmente la cabeza. Tampoco es algo que me propongo, sino que me surge. Yo digo algo y me lo imagino en ficción después. Siempre me pasa eso, anoto cosas.

- Además de ficcionalizar vivencias, pensaba en esa facilidad de desdramatizar las cosas que tal vez tengas.
- Desdramatizo, pero también dramatizo. Muchas veces uno se angustia.

- Ser comediante, entonces, ¿no puede ser fácilmente visto como una cura para las angustias?
- Muchas veces sí. Pero también uno se angustia por cosas que después no lo puede creer. Uno también es débil.

- ¿Donde ubicás una debilidad fuerte?
- Hablé de la ansiedad en mis últimos monólogos. Me juega un poco en contra, muchas veces.

- ¿Y el psicoanálisis es una buena ayuda para controlarla?
- Sí. Ayuda también para hacer monólogos. La terapia es un tema clave. Me parece un buen lugar para charlar cosas, para plantear. Ahí no tengo vergüenza, voy con todas mis miserias juntas. Llevo todo. Porque es alguien que te escucha, está para eso.

- Tener vergüenza ahí sería antiterapéutico.
- Sí, pero hay que luchar también contra eso. Uno a veces no tiene ganas de hablar de ciertos temas, porque pueden provocar dolor, molestia, incomodidad. Pero decís: “Si no lo hablo acá, ¿cuándo lo voy a solucionar?”.

- ¿Hay cosas que llevas ahí que no van a los monólogos o puede ir todo?
- Puede ir todo. Pero hay cosas que no llevo. Porque no quiero, no puedo o no le encuentro la vuelta graciosa. No es que todo sea un chiste.

- ¿Sentís que la palabra ha sido una gracia para vos?
- Esa pregunta es muy psicoanalítica. Sí, también soy un obsesivo de la palabra, de las frases hechas, las que decimos todos los días como si estuvieran bien dichas. Muchas veces tenemos construcciones que entendemos porque vivimos todos en esta ciudad y que un extranjero no entendería. Todo eso me parece gracioso.

- ¿Las frases hechas, algunas construcciones, te molestan si ya son un espacio vacío de sentido?
- ¡No! (tajante).

- No tenés entonces una mirada dramática, como la de algunos intelectuales, que se inquietan por ciertos usos de la palabra.
- Bueno, según en qué situación. Pero en lo cotidiano no tanto, cuando se usa un lugar común para bajar línea, ahí joroba un poco más. Cuando alguien quiere lucrar un poco más con eso, me es más molesto. Pero en general me parece más divertido que otra cosa.

- Recién usé la palabra gracia y le viste un sentido psicoanalítico. También puede tener uno religioso. ¿Cómo vivís en sí las creencias, la religiosidad?
- Algo hay. Sin duda. Muchas veces con los chicos de Metro y medio hablamos de religión, de Dios. Nos interesa hablar con un rabino, con un cura, hay un querer investigar por qué tanta gente cree en eso, qué es lo que tiene. Debe ser como una droga. Y también me parece que es algo para parodiar. La religión te la deja picando: que un tipo ayune una vez por año o que vaya caminando  muchos kilómetros para algo religioso, es para agradecerle a Dios. Alguno va a decir que falto el respeto, pero no es eso. Es para parodiar.

- Fuera de lo parodiable, ¿encontrás algún diálogo con ese misterio?
- No.

- En tu programa, de forma humorística, solés tener charlas con Dios.
- Pero hablo en la radio, fuera de la radio no.

- ¿Qué le dijiste a tu hija cuando te preguntó por Dios?
- En seguida le cambié de tema. (Se ríe). Le dije: “No sé muy bien qué es Dios”. Igual tiene tres años. Creo que me escuchó hablar con Dios en la radio y eso le queda.  Supongo que más grande me hará más preguntas, pero cuando crezca. Creo que vamos a ir hablando de igual a igual. Y vamos a poder compartir las dudas.

- ¿Podés ir vislumbrando qué le dirías?
- No mucho más. Lo que algunos presentan que es Dios. Puedo decirle que venimos de la religión judía y cómo lo presenta la religión.

- ¿No la estás haciendo vivir los rituales religiosos judíos?
- Muy poco. El Año Nuevo y la Pascua judíos, esas cosas. Pero no locamente.

- ¿Lo mejor que te dio la tradición judía está en una forma de trabajar y hasta hacer un culto a la palabra y el humor?
- Sí, una forma de acercarme a los escritores, a los comediantes. Tal vez si no fuera judío también me acercaría, pero así siento que hay lazos más cercanos. Me veo representado en muchas cosas.

- ¿Cómo explicás esa forma judía de hacer humor?
- No sé bien cómo definirlo con palabras. Supongo que es agarrar la religión, como un trapo, sacarle agua todo el tiempo, para que vayan saliendo muchas cosas. Y después reírse de lo que es la costumbre familiar. Todo eso. Tiene mucho que ver con cuestionarse, preguntarse, dudar.

- ¿Igual que con el psicoanálisis?
- Sí, totalmente.

- ¿Y tanto el humor, como el psicoanálisis, te han ayudado a aliviar esa angustia de la que hablabas antes, esa ansiedad?
- Sí. Todos necesitamos reírnos, contar nuestras cosas. De eso se trata la comedia y el psicoanálisis.

- ¿Qué sentís con la palabra felicidad?
- La palabra felicidad me parece demasiado grande. Uno dice demasiado esa palabra. Uno puede decir “Estoy feliz”, “Estoy contento”, pero me parece que la palabra felicidad es algo impuesto, una meta. Como cuando te dicen: “Pasala bien, eh”. Pero me estás amenazando así, voy a tratar de pasarla bien, pero no me pongas esa presión.

- ¿Como vivís esta época que entroniza la salud, el bienestar?
- Sí, hay una cosa acerca de las cosas que están bien y las que están mal. Pero, a la vez, veo que todo el tiempo se lucha contra eso, muchos se rebelan. Me parece que es una época interesante, donde muchas cosas tambalean. De ahí siempre sale algo.

- ¿Qué cosas no te gustaría que tambaleen?
- No, que todo tambalee. Y vuelva a quedarse quieto. Todo es circular.

- ¿Caos y orden?
- Sí. Todo el tiempo.


Biografía

1974: Nace en Villa Crespo el 23 de mayo. Hasta la actualidad vive en el barrio.
1990: Ser inicia su trabajo en radios alternativas, trabajando por dos años un programa sobre el Club Atlanta, del que es hincha confeso. Trabajaría como productor en Rock & Pop y  al final de la década conduce un programa de culto, Mamá Paga.
2000. Es productor por tres años de El parquímetro con Fernando Peña. Con él llega a escribir obras teatrales del actor, como Mugre o La burlona tragedia del corpiño.
2005. Gana un Martin fierro como revelación por su trabajo en el ciclo Indomables, como notero  y creador del sketch “Kitsch TV”. Conduce Wanna Be en X4. Participa del espectáculo teatral Cómicos Stand Up, el que hará por varias temporadas seguidas, junto a Peto Menahem, Martín Rocco y Diego Reinhold, entre otros. Publica su primer libro: Estoy cansado de mí y otros cuentos.
2006. Conduce junto a Gabriel Schultz Televisión registrada, ciclo en el que trabaja hasta 2010. Participa hasta 2008 en Duro de domar, también con Pettinato.
2007. Conduce Metro y ½  por la Fm Metro, ciclo que sigue hasta el presente. 
2008. Sale su segundo libro: Ser feliz me da vergüenza y otros cuentos.
2010. Participa de la ficción Ciega a citas, como actor.



21.3.11

Actividad física y obesidad



El premio de sentirse bien

 En épocas donde muchos quieren bajar rápidamente de peso, el reconocido médico Máximo Ravenna enfatiza la necesidad de realizar un trabajo serio e integral que implique recuperar un cuerpo sano, libre de hábitos destructivos. El proceso completo incluye el movimiento corporal realizado en grupo, al aire libre y con la participación de entrenadores profesionales con gran trayectoria.


Diego Oscar Ramos - Cuerpo y Mente en Deportes 


         “Lo visible, es el cuerpo que habla desde su voluptuosidad, pero hay que ir más allá, a las conductas que llevan al exceso a ese cuerpo por la falta de medida”, asegura Máximo Ravenna, médico clínico y psicoterapeuta, es uno de los más prestigiosos médicos dedicados a lograr  que las personas bajen de peso como signo de una vuelta decidida al cuerpo sano, desprovisto de conductas auto destructivas. Famoso por haber constituido un tratamiento de la obesidad a través de la modificación de hábitos alimentarios y de formas de vida, el ejercicio físico vivido como un placer que puede reemplazar el goce puesto en los excesos es uno de los puntos más potentes de su enfoque holista. Bien temprano, una mañana de domingo porteña, en los lagos de Palermo, conversamos con el médico mientras su equipo de profesionales médicos, deportólogos y preparadores físicos daban comienzo al proceso de cura llevado a cabo mediante rutinas corporales llevadas a cabo con entusiasmo y en un entorno de cuidado.

¿La persona con exceso de peso, en relación al método con el que trabaja,  como llega a la salud integral?
La salud integral la encuentra al cortar los estados alterados, con la comida de más y con los pensamientos obsesivos. También con la actividad física, el cumplimiento estricto de la porción de comida indicada, la presencia constante en el tratamiento y cierto respeto de los valores nutricionales. Debe tener medida en la comida, en la ropa, en lo que expresa, tener moderación, con distancia entre comidas. El paciente así puede comenzar a integrarse, trabajamos holísticamente, porque no hay cuerpo sin mente, ni mente sin cuerpo.
                La imagen que usa de inmediato el médico puede ser fuerte, pero de tan gráfica, es probable que pocos puedan seguir apoyando el registro que nuestra cultura tiene aún sobre la obesidad como algo desligado de la salud. “Por más que uno dice que lo importante es lo de adentro, siempre digo que Cuando una lata está hinchada, lo de adentro está podrido”, asegura con vehemencia y completa la idea: “No puede haber un cuerpo gordo con un interior sano, soy yo quien me hago gordo, por lo tanto, tan sano no estoy, porque rompo normas de higiene, salud y vida”.  Con un movimiento restringido, un colesterol elevado, un hígado que está mal, un corazón que late demasiado y pulmones que respiran la mitad, como detalla Ravenna, el estado de la persona poco puede estar ligado a lo sano. “¿Cómo voy a estarlo si hago esto con mi propio cuerpo? Y aunque puedo pasarle la culpa a la sociedad, la hago yo también, porque me invade sólo si soy fácilmente violable”, revela el médico. Y destaca el trabajo que están haciendo con el entrenador Daniel Tangona, quien se incorporó a su equipo de preparadores físicos, aportando, además de su saber corporal, el talento de la estimulación grupal a través de su entusiasmo contagiante. Es en ese sentido que agrega el médico: “Se necesita credibilidad, carisma, no tanto aparataje, ni tanta cosa sofisticada”.

- ¿Es como una vuelta al trato directo entre seres humanos?
-  Claro, es transmitir la magia que uno puede tener, es actitud de trabajo, intensidad. Y, como dice Daniel, es ser el primero en llegar. Hoy mismo, él estaba en bicicleta a las 8 menos cuarto, yo llegué menos diez, cuando la clase empieza 8 y diez. Fuimos los primeros pacientes que llegamos acá. Y él me dijo: “¿Te das cuenta por qué estamos bien con lo hacemos?, porque damos el ejemplo y nos lo damos a nosotros mismos”.

- Hay pasión en lo que hacen.
- A esta altura de la vida quiero lo que hago más que nunca, lo recreo todo el tiempo. Hago tres horas de gimnasia por día. Estoy siempre acá, mantengo mi peso aunque me cueste. No es que un gordo come más y se mueve menos. Ravenna se mueve mucho más que a los 25 o 30 años, come menos de la mitad de lo que comía y para mantener el peso que siempre mantuvo le cuesta. Tengo más años, más inclusión de grasa natural, tengo que mantener en actividad el músculo para que se sostenga.

- ¿Cómo son los ejercicios que realizan con las personas con obesidad, al aire libre?
- El eje básico es que todo el mundo puede y debe moverse, tenemos gente hasta en silla de ruedas, que igual puede mover los brazos, puede hacer respiración consciente, renovación de la parte del cuerpo que funciona. El trabajo es muy paulatino, se va haciendo fuerte a medida que la actividad va creciendo. Empieza despacio, con elongación, sigue con movimiento paulatino, intenso, de alto rendimiento. Y luego se da la vuelta a la calma, después de caminar, de hacer body walk. Tenemos un grupo de gente que ha bajado muchísimos kilos, está muy entrenada, ya corren maratones de dos kilómetros, algunos salieron para San Francisco a correr. Otros corren 42 o 21 kilómetros acá, otros caminan o trotan despacio. Los que ya tienen un peso normal, que pueden hacer un esfuerzo aeróbico, sienten una alegría enorme, porque lo que están logrando es algo que era inimaginable un año atrás.

- ¿Y de qué sirve el trabajo al aire libre en los tratamientos?
- Para perder la vergüenza, el temor, sentir que son iguales a cualquier otro que anda caminando, ver que entre todos son mucho más, que pueden mover el cuerpo, que respiran sanamente. Y genera un estado de placer, de saciedad, porque les alcanza lo que hacen para no tener que agregar nada a lo que comieron.

- Hay personas, tal vez no obesas pero con problemas de peso, que directamente van a los gimnasios porque quieren estar en línea. Pero no van al médico antes.
- No es lo mejor.  Tienen que tener un certificado real de aptitud física, no uno hecho por un amigo. Sabemos que pueden pasar cosas imprevistas. El cuerpo no siempre avisa. Hay que hacer un chequeo clínico adecuado, incluyendo un kinesiólogo, un ortopedista y un traumatólogo.

- ¿Cómo se trabaja a este nivel en el país?
- En muchos lugares muy bien, en otros muy mal. En otros no se trabaja sino que se acumula gente, en otros se repite lo que no se sabe y se hace peor, en otros se copia lo bueno.


Suceso progresivo


                El médico explica que uno de los ejes de lo que considera exitoso en su aproximación integral a la recuperación del paciente con obesidad, sea cual sea el grado, tiene que ver con la forma en que organiza los tratamientos en módulos temporales progresivos. “El sistema tiene que ver con intensidad de trabajo, en contraposición con el que se hace cada tanto, con un paciente que está todo el tiempo tentado. Como es una enfermedad crónica, el problema es continuo y hace que parezca lo mismo cuándo se empiece y cuándo se termine un tratamiento”, comenta Ravenna y detalla que su idea para dar solución a esta percepción fue crear módulos de trabajo de 15 días, que incluyen dieta, tareas conductuales cognitivas y objetivos precisos de bajar un peso determinado.


- ¿Así se contrapone a la idea de lo crónico?
 -  Sí, es una cosa acotada. Si me fue bien repito otro módulo. Si me falta bajar 30 kilos, tengo que hacer diez módulos de 3 kilos. Si me va mal en uno, puedo empezar de vuelta a la semana siguiente y hago otros quince días. Entonces ahí tengo la sensación de que me están dando algo puntual. Por más que uno no se cure de nada del todo en la vida, sí se cura la idea de arrastrar ese cuerpo pesado, de no salir nunca del pozo, porque uno se acostumbra con la gordura a caminar como si estuviera dentro del agua, con la mitad de las piernas dentro del barro. Y cree que se mueve libre, pero está atrapado por este fango. Se sale de la concepción de lo crónico, se rompe la idea de la obesidad como una especie de estigma. En vez de ser obeso, que es una definición lógica, tomaremos esto de otra manera, si estamos gordos podemos estar flacos. Y también saber que en lo transitorio de estar flacos podemos de nuevo estar gordos, para volver a estar flacos. Son conceptos de dinámica.

- ¿Se evita la sensación del fracaso?
- No hay fracaso en la obesidad porque es tan grande la tendencia del ser humano, 60 por ciento de la población del mundo está gorda, que es como decirte que si un chico de una villa fracasa en el estudio, eso no es fracaso sino tendencia. Porque si un chico de clase media-alta en Palermo, con todos los medios, va al colegio y le va mal eso es un fracaso porque la tendencia es que, aunque no sea brillante, debería terminar los estudios. Si rompés la idea de este destino estás actuando con eficacia. Si el destino sigue, no es un fracaso, es la línea. Pero, por supuesto, es para volver a empezar y siempre probar salidas.

                Con respecto a la alimentación, una de las características de su forma de trabajo es la de brindar a los pacientes comidas fraccionadas, estrictas, donde el paciente debe ir entendiendo que deberá vivir de ahí en más con menos cantidad de comida.  Y el alimento en sí es brindado por su equipo de trabajo, “para que no manipule comida como si fuera droga”, como asegura el médico, para quien el tema fundamental es trabajar sobre la pulsión adictiva puesta sobre los alimentos. “Con el tiempo se fue descubriendo la capacidad adictiva de las comidas, que ciertos alimentos, como las grasas, que eran supuestos enemigos públicos, no lo eran tanto, porque no hay ingreso de comida a través de las grasas si no hay carbohidratos o hidratos de carbono refinados como el azúcar, la harina o el chocolate”, explica Ravenna, antes de aportar un elemento que considera básico para entender el proceso de adicción a ciertas comidas: el índice glicémico de los alimentos, donde está inserta su capacidad para generar hambre. En ese sentido es que comenta cómo funciona el mecanismo fisiológico: “El cuerpo siente hambre porque la insulina que sale del páncreas barre rápidamente, por ejemplo,  la medialuna que comí y me deja vacío de azúcar, entonces quiero volver a comer. Esas comidas tienen enganche a nivel de los neurotransmisores del cerebro, al mismo nivel que las drogas. La harina y el azúcar actúan sobre los neurotrasmisores del estimulo de la energía y la serenidad, si como me sereno, después dejo de comer, me siento como que me caigo y tengo que volver a comer. Esto no tiene que ver con ninguna grasa, sino fundamentalmente con carbohidratos muy refinados y alimentos procesados con mucha sal, con cierto tipo de cocción por la que los alimentos se producen por las mismas tabacaleras, que le dan un nivel de éxtasis a los alimentos, como pasa con los snacks o los chicitos, que luego de llegar a la boca generan un goce que necesito repetir, sin nunca satisfacerme”.  

                Una de las formas de aplicar normas saludables contrapuestas a las conductas adictivas a las comidas está en la regulación precisa de las comidas diarias, las que no incluyen ningún permiso de violar cada tanto las reglas aceptadas para ponerse en buen estado físico. “Tengo tranquilidad – detalla el médico - porque como cuatro veces en lugar de siete u ocho y porque no tengo plato permitido semanal, como tampoco tengo permitido una pitada de cigarrillo semanal en tratamientos contra el tabaco. Se terminó y se terminó. El gordo ya se premió lo suficiente, la desgracia que tiene es que no puede premiarse con un cuerpo adecuado, con actividad física, con sentirse lindo, sano”.

- ¿El mismo trabajo es el premio?
 - El mismo trabajo es el premio. Hay ciertas cosas que uno tiene que aceptar, tomarlo con filosofía, decir, hasta acá pude tener lo que quise, hasta acá ya no puedo seguir, tengo que parar, para encontrar el premio de sentirme como me corresponde. Y ahí hay que ir moviendo ese cuerpo, cada vez más, con el cuidado médico, sin pasarse de rosca, progresando. Hay que saber que ser gordo es una modificación de lo natural, nadie nació para ser gordo. Y si hay carga genética, la estimulé con un entorno tóxico.

- ¿Lo tóxico es lo cultural?
- Lo tóxico es la cultura, las migraciones, Internet, la cantidad de comida, la desconexión emocional, la falta de conexión hacia adentro, la carencia de conexión con el otro, la rapidez de contactos, el stress crónico. Todo eso hace que haya mayor necesidad de droga, café, tabaco, alcohol, juego compulsivo, relaciones efímeras. ¿Todo esto como se suple? Meto mano en la comida, estoy ansioso, tengo la heladera cerca, mi droga es lo que encuentro adentro, tengo placer, como más, me da hambre, libero insulina, tengo ganas de más, estoy atrapado. ¿Cómo rompemos esto? Con menos comida, bajo índice glisémico, pocas comidas adictivas, trabajo grupal e individual intensivo, control médico, movimiento físico permanente, entusiasmo por el proyecto, comparación con pacientes que ya pasaron por la primera etapa y bajaron una cantidad enorme de kilos. Pero nunca dar pastillas para adelgazar, no sirven más que para dañar.

- ¿Qué similitudes y diferencias tienen estos trabajos grupales y el que usted realiza con figuras conocidas, como pudo ser Maradona?
- A la persona la tengo que ver más intensivamente, más personalizadamente, lo tengo que convencer cada tanto para que me acompañe a un grupo, si no quiere no se expone. Hay que seguirlos mucho porque no tienen red, la única red es uno y si se corta no hay otro que lo agarre. Es un trabajo delicadísimo, porque son pacientes muy susceptibles, están muy maltratados y sienten muchas veces que lo quieren trampear. Lo han engañado mucho, incluso médicos, quienes, sin tener idea de lo que hacían, le daban pastillas. Entonces hay que manejarlo con mucho cuidado, nunca con blandura, siempre con firmeza. Porque si ponés blandura te toma el tiempo. Lo que tenés que poner al paciente son límites: “Este es el plato, esta la medida, este sos vos, no expandas, no seas más de lo que debés ser”. Esto es una concepción profunda, de una persona integrada, con un envase que tiene un límite. Si la persona fuese de vidrio, todo lo que se pone de más se volcaría, pero como nuestro envase es elástico, todo se va expandiendo.



El avión integrador

                “La obesidad, como toda enfermedad, puede o no ser una oportunidad según el territorio en que se desarrolle o el estado evolutivo del individuo. Citando un gran libro, La enfermedad como camino, los pacientes no vienen solo a bajar de peso, sino a comprender el sentido de sus síntomas”, asegura el doctor Leonardo Seiref, médico nutricionista, psicólogo y deportólogo, miembro del equipo de trabajo de Ravenna, quien coordina todo el staff profesional y se regala una cita puntual a los trabajos corporales al aire libre. “La vida es movimiento y sensación, el proyecto es despegar y entonces diseñé el  proyecto del avión con dos alas y un piloto: donde funciona un todo como modelo integrativo”, comenta Seiref y muestra un esquema donde a la cabeza está la psicoterapia, como alas están la nutrición y la actividad física, para conformar un circuito final donde vuelven a estar presente estas tres áreas de acción. El esquema muestra el valor que tiene “un enfoque integrador que invite al descubrimiento de las herramientas estratégicas y técnicas que favorecen actitudes de cambio y promueven el desafío de habitar el cuerpo estimulando la creatividad, el intercambio afectivo y el desarrollo personal”.

Trabajo infalible

                “Para mí, salud es un concepto integrador de bienestar, armonía y equilibrio con uno mismo, los otros y el medio externo”, resume Daniel Tangona, personal trainer destacado por su gran capacidad de motivación y con valiosa experiencia en ser parte de equipos que trabajen con personas con dificultades de asumir su propio cuerpo y lograr una percepción del movimiento como disfrute. Actualmente está trabajando con Ravenna, con quien comparte una visión holista de los tratamientos de salida de la obesidad.

- ¿Qué importancia tiene la participación de un profesional como vos para lograr que personas en tratamiento de obesidad?
- Sumar años de experiencia, reconocimiento de la gente por nuestra actitud y aptitud, energía, alegría, optimismo hacia lo que hacemos. Eso los motiva y les crea un compromiso. La vida es motivación en todo aspecto, mi equipo y yo les transmitimos eso sencillamente. El trabajo en equipo es infalible.

- ¿Me podés explicar básicamente cómo es el trabajo físico que realizás con las personas con obesidad?
-  El trabajo está ligado al juego y a la diversión, sin impacto ni rebotes, tratando de ordenar y crear conciencia del movimiento y el esquema corporal. La idea es no tenerle miedo al contacto con el cuerpo, porque cada uno dentro de sus posibilidades es dueño de sus movimientos.

- Tengo entendido que a partir de tu trabajo han aumentado la cantidad de personas que realizan este tipo de trabajos grupales, ¿qué sentís que aplicás como para llegar rápido a estos resultados?
- Energía, Liderazgo, integración y juego. También alegría, optimismo por la vida, mostrar que se puede, que todos somos iguales, con aptitudes diferentes, todas adaptables si nos proponemos lograrlo. Busco que no sientan vergüenza de lo que hacen y del  envase que está en ellos, porque pueden cambiarlo si lo desean. Estas personas precisan alguien que los contenga, que los convenza permanentemente y los motive a explorar el movimiento como un medio para lograr desplazar la adicción a la comida a un estado de mayor sanidad.

- ¿Qué dirías del remplazo del placer que se puede o debe lograr en la persona con obesidad de la comida al trabajo físico?

- No hay un remplazo de la comida por un trabajo físico, hay un mayor conocimiento y capacidad de disfrutar y hacerse cargo del propio cuerpo.

- ¿Qué valor le das vos mismo a estar en estado de salud en cuanto a la relación que se establece con el grupo?
- Si yo no estoy sano, flaco, ágil, saludable, activo, enérgico, no puedo promulgar lo que hablo.

- ¿Y qué sentido de salud le das a la actitud de vivir con pasión tu tarea, digo esto tanto por tu propia salud como por la de las personas que están entrenándose con vos? 
- Trato de ordenar mis tiempos, dentro de mis compromisos  para disfrutar lo que me da paz, tranquilidad, equilibrio. Mi familia es mi único cable a tierra. Me cuesta y mucho, ya que soy un adicto a mi profesión, vivo y pienso en wellness las 24 horas, nací con esto y ya no lo puedo cambiar. Como mi familia está bien constituida, eso me permite seguir creciendo y dedicándole tiempo a lo que amo, mi profesión y la vida.

 - ¿Qué datos de tu biografía sentís fundamentales como para llegar a este presente de trabajo junto a un profesional como Ravenna?
- La experiencia, de años, de ejercicio físico, seriedad, compromiso, ganas de dar, profesionalismo. Y fundamentalmente amar esta profesión, que me dio tanto. Esto no es entrenamiento para gente fashion, sino para personas que te necesitan de verdad. Máximo Ravenna siempre se rodeó de grandes profesionales, es un tipo extremadamente inteligente como para equivocarse en este momento de su vida plena de logros. Y este es un reconocimiento suyo a la seriedad responsable. Me conoce hace años, siempre quiso trabajar conmigo y yo con él. Hoy es el momento.

 - ¿Qué sentís que le ha dado a tu carrera este nuevo desafío?
- En mi carrera de 30 años siempre tuve desafíos permanentemente, tanto buenos como malos. A los buenos los disfruto todo el tiempo, a los malos los vencí siempre. No miro para atrás ni a los costados, siempre hacia adelante. Puntualmente con la clínica siento alegría, compromiso, muchísima responsabilidad, ganas de ir todo el tiempo. La proyección a un futuro incierto me motiva a seguir investigando. Trabajar con pacientes de esta categoría es sublime, Dios sabe por qué me puso ahí.