“El
Groove tiene que ver con despojarse del ego”
El cantante y baterista
Fernando Caver Ares, a través de agrupaciones como La Gorda o Groovernarios, ha desarrollado en Europa el arte de vincular personas diversas a
través del la música. Nacido en Bahía Blanca, fue parte de míticas
batucadas de Ramiro Musotto y hoy trabaja como DJ y gestor cultural en Zurich,
donde vive.
Versión en alemán, por Mónica Stadler, al final del texto
German translation, by Mónica Stadler, at the end.
Diego
Oscar Ramos
Con
esa cercanía natural que se gesta entre algunas personas cuando descubren que
tienen amigos en común o que vibran con alegría ante algunas manifestaciones
mágicas de la vida, con Fernando Caver Ares es probable que todo amante
del universo funk pueda sentarse a charlar un buen rato con él. Aficionado al
básquet desde chico, fue por entonces cuando este bahiense recibió el apodo de
cavernario, por el look sauvauge de su cabello, signo presente y
futuro de una manera de andar por el mundo. Si hoy organiza encuentros de
música con alto poder rítmico, basadas en un camino electrónico propio del
universo DJ, mucho de su capacidad de agrupar personas con intereses en común
pudo haberlo aprendido de jugar en grupo y de ver cómo se organizan los equipos
para ir hacia objetivos de triunfo. Y lo que no vio, hasta hoy apela a su
fuerte capacidad de sacar partido de cierta facilidad para hallar patrones, de
percibir historias, de hallar ideas que nutran voluntades de agrupamiento. Por
eso es que, aunque no se llame a sí mismo músico, sí sabe que suelen alumbrarse
en él ciertas ideas musicales. Con un toque de humor y mucho swing, el funk, el
rap, el hip hop y un tamiz latino por debajo de toda superficie electrodance es
lo que usa hoy Caver para juntar artistas. Así tocó los últimos años en Europa
con grupos como La
Gorda y Groovernarios. Allí
habitaron amigos que admira, argentinos, ecuatorianos, colombianos, españoles,
cubanos y también suizos. Músicos o parte del equipo de producción, ellos pueden
ser bien diferentes a Caver, tal vez algunos muy parecidos. Pero todos
coinciden, necesariamente en algo, saben que hay un componente que debe estar
para que una música sea sabrosa, genere placer y den ganas de estar gozando
juntos: el groove.
-
Solés usar mucho la palabra Groove, como si definiera algo que sintieras como
básico en la música. ¿Es así? ¿Qué dirías que es el
groove? ¿podés rastrear los orígenes de tu uso de la palabra o de
los discos o tipos de música que identificás con esa palabra?
-
Esta palabra la descubrí aquí en Europa, con algunos conciertos funkis o con
algunos djs, como DJ Perón. Más que nada aprendí a respetarla
con amigos músicos, que entienden las claves y el respeto a la música a la hora
de tocar, sobre todo en vivo. El groove es lo que prevalece, la unión de
pinceladas en bien de la música, el respeto al tempo sin discusiones. Tiene que
ver con que la unión hace la fuerza tiene que ver con despojarse del ego, para
tocar lo justo y necesario que requiere ese momento. Tiene que ver con asumir
cada cual su rol dentro del engranaje, es algo que parece fácil a simple vista,
pero que no es tan así. Tiene que ver con abrir los poros, con
escuchar, con acompañar, con sugerir, con parar de tocar si es necesario, con
aunar el sonido, el color, la furia, el swing, en pos de la música.
Cuando se llega a esas situaciones es muy difícil querer volver atrás.
-
Me has dicho alguna vez que sentías que naciste para unir gente, ¿qué te hace
sentir eso?
- Fui
criado como hijo único, mi hermana es 12 años mayor que yo y nunca vivimos
juntos. Por eso siempre, desde pequeño, fui muy proclive a armar grupos de
amigos, las barras. Jugué muchos años al básket, de base, que precisamente
es el que une a los otros cuatro en busca de un mejor juego. ¿Ves?, el
básket tiene mucho Groove cuando hay sintonía, se pasa por encima a cualquiera.
-
¿Recordás alguna vivencia musical donde hayas sentido que estabas realizando
ese objetivo de unir personas?
-
Sí, en dos, bueno o al menos lo intenté. En el año ´94 o ´95, cuando pasé
unos cuantos meses en Bahía Blanca, por cuestiones personales, y me encontré
con un montón de amigos músicos, muy buenos, medio sin hacer nada, y les
propuse aunar fuerzas y talentos para crear una bomba que nos sacara del
letargo. El caso fue que en dos meses éramos 14. Fue imposible
mantenerla, pero hicimos ensayos, armamos como seis temas y tuvimos un
concierto y medio. Digo y medio porque varios no llegaron a tocar nunca. Duró
lo que un gas en un aro de basket. Lo recuerdo con cariño, de verdad. Hacíamos
una versión de La cotorra, un rap venezolano, era genial! Había dos
chicas, Vero Enríquez y Mariela Brunori, que cantaban y tocaban surdo al mismo
tiempo. Años después, de vuelta en Zurich, armé La gorda – urban latin
Groove, más o menos con la misma intención: unir almas y talentos sueltos,
para armar algo más fuerte entre todos.
-
También te he escuchado hablar del objetivo de groovalizar las vidas…
-
Tiene que ver con la unión, con sumar fuerzas, con compartir talentos, con ser
solidarios. El mundo está muy bravo como para andar peleándola solito.
-
¿Cómo se vive el hacer música con mucho groove en un lugar de climas muy fríos?
-
El clima espantoso te hace estudiar. Y sí, por estos lares el invierno es
muy largo, así que ayuda a ensayar.
-
¿Qué fue lo que más recordás de todo lo hecho con La Gorda?
-
Lo que guardo con mucho orgullo es haber podido desarrollar músicas o ideas de
músicas sin ser músico. Todavía alucino cuando escucho músicas de La gorda. Ante todo fui
muy fan. Hubo cosas muy piolas, la ensalada cultural dio sus frutos. Recuerdo
un concierto en St. Moritz en la pista de esquí, bien arriba, al aire libre,
con público de snow board. O en el festival caliente en Zurich, un festival de
salsa por excelencia. Los pusimos a gozar con nuestra clave trash (risas). O mismo en
el Moods,
que es un club de jazz muy importante en Zurich y en toda Europa.
-
Estuviste en España unos cuatro años, sin estar involucrado con la música,
¿cómo fue ese período?, ¿por qué sentís que pusiste pausa con la música? ¿Hubo
algo que reemplazara internamente a la música, que te generara sensaciones
parecidas?
-
La hago muy cortita, sin papeles y sin familia que te banque, había que laburar
de lo que sea para poder comer, sumado a que estaba maravillado de estar en
Europa. Eso hizo que me distrajera unos años. Laburaba un poco y viajaba, me
encantaba hacer eso con el Renault 7 que teníamos con mi hermano querido Flavio
Serra, nos recorrimos España enterita, un delirio genial.
-
¿Qué podrías contar hoy de tus experiencias de batucada con Ramiro
Musotto?
- A Ramiro me unió el básket, antes que nada. Nos conocemos bien de pibes. Las
batucadas fueron una escuela para mí en varias épocas. Las primeras fueron en
la adolescencia, Ramiro ya juntaba gente y tambores. Bahía Blanca
entera lo mirábamos como si fuera marciano, pero siempre me sentí atraído,
pero medio cagón para acercarme, hasta que me animé en Monte Hermoso, en La
Cueva. Reduerdo que la clave de samba al tamborín me la pasó Luis Sagasti.
Luego fueron los patios de Fabricio, que cosa hermosa! En total fueron
navidad y año nuevo durante cinco años. Recuerdo el primero de todos: Ramiro me
sacó el zurdo, porque me crucé mal, qué vergüenza, qué dolor! Y es lo mejor que
me pudo haber pasado, porque aprendí la lección. Luego agarré el tamborín y no
me lo quitó ni Dios. Aseguré hasta morir, terminé sangrando, recuerdo que todo
Bahía se había ido a dormir y nosotros todavía chispeando, tocando, llorando,
bailando. Mi último encuentro con Ramiro fue acá en Zurich, me discutía cómo se
hacía una tortilla de papas, mientras yo cocinaba. Le dije: “Ramiro, si
hablamos de clave te pregunto a vos, cocinando no me rompas los huevos”.
(Risas) Nos abrazamos y luego lo acompañé al aeropuerto, con sus 800 berimbaus
a cuesta.
- ¿Qué dirías que va a
encontrar quien quiera conocer tu música, ya sea que la encuentre
en Internet o que te vea cantando en vivo en algún lugar del mundo?
-
Mucha sinceridad, algo de humor quizás, pero por sobretodo fuerza. Creo que en
vivo lo expreso con mucha más facilidad. Me entrego hasta quedar seco. El
escenario me da tanto vértigo que entrego todo desde la primer semicorchea. En
estudio pago y con creces mi no haber estudiado música, así que la gran
cantidad de músicos que me ayudan y ayudaron hacen malabares para que
todo suene bien.
Músicos
de Groovernarios:
Bere
(argentino, en batería), David Staufacher (suizo, percusión), Ale
Panetta, (argentino, percusión), Ariel Rossi (argentino, guitarra), Pablo
Miguez (argentino, guitarra), Rodrigo Aravena (chileno australiano, bajo),
Pocho Cruz (colombiano, teclados, efectos y coros), Belen y Vanesa Ledenberguer
(ecuatorianas suizas, coros y multimedia), Horacio Gamarra (argentino, riesgo),
Rosa medina (española, escenario), Carlos Piloto (cubana, escenario).
Músicos
de La
gorda:
Buho Briglia (argentino,
guitarra)
Laucha Iencenella (argentino, multiinstrumentista)
Charo Ares (española, comentarios)Coqui Torres (cubano, bajo y voz)
Franck Ammeter (suizo, guitarra)
Aldo Reis (brasilero, batería)
Hormiga Conde (uruguayo, percusión y canto)
Frank Schoenfeld (alemán, teclados)
"Groove hat damit zu tun, das Ego abzulegen"
Der Sänger und Schlagzeuger Fernando Caver Ares hat durch La
Gordaoder Groovernarios, in Europa die Kunst ganz
unterschiedliche Menschen durch eine Kunst mit swing zusammenzubringen. In
Bahía Blanca geboren war er Teil der mythischen Batucadas von
Ramiro Musotto, heute arbeitet er als DJ und Kulturvermittler an seinem Wohnort
Zürich.
Diego Oscar Ramos - Übersetzung: Monica Stadler
So wie sich
zwischen Leuten, die entdecken, dass sie gemeinsame Freunde haben, oder die
freudig berührt sind von manch zauberhaften Offenbarungen des Lebens, eine
natürliche Nähe entwickelt, so ist es wahrscheinlich, dass jeder Funkliebhaber
sich mit Caver Ares eine gute Weile unterhalten kann. Den Ubernamen Cavernario (Höhlenmensch)
hat der Mann aus Bahia, der von klein auf angefressener Basketballspieler war,
zu jener Zeit erhalten - wegen dem wilden Look seiner Haare, die noch immer ein
Symbol sind für eine Art und Weise, durch die Welt zu gehen. Wenn er heute
Musiksessions mit grosser rhythmischer Kraft organisiert, die auf der
elektronischen Grundlage des Universums der DJ's basieren, so hat er seine
Fähigkeit, Leute mit gemeinsamen Interessen zusammenzubringen, möglicherweise
durch das Spiel in der Gruppe und durch die Organisation des Teams, um zum Sieg
zu gelangen, erfahren. Was er dort nicht gelernt hat, schöpft er aus
seinem Talent, Muster zu erkennen, Geschichten wahrzunehmen und Ideen zu haben,
die den Willen zum Zusammensein stärken. Obwohl er sich selbst nicht Musiker
nennt, so weiss er doch, dass er immer wieder bestimmte musikalische Einfälle
hat. Mit einer Prise Humor, viel Swing, Funk, Rap, Hip Hop und einem Quentchen latin unter
der Oberfläche des Elektrodance vereint Caver heute Künstler. Während der letzten
Jahre spielte er in Europa mit Bands wie La Gorda und Groovernarios. Dort
leben Freunde die er bewundert, Argentinier, Equatorianer, Kolumbianer,
Spanier, Kubaner und auch Schweizer, Musiker oder Leute des Produktionsteams,
die sehr anders sein können als Caver, und von denen einige ihm vielleicht auch
sehr ähnlich sind. In einem Punkt jedoch sind sie sich unbedingt einig: Sie
wissen, dass es eine Komponente braucht, die gute Musik und die Freude und Lust
an ihr hervorbringt: den Groove.
- Du benützt das Wort "Groove" sehr oft, als ob
dieses Wort etwas für Dich Grundsätzliches in der Musik ausdrücken würde. Ist
das so? Was glaubst - Du, ist der "Groove"? Kannst Du den Ursprüngen
deines Gebrauchs des Wortes auf die Spur kommen oder der Herkunft der Platten
oder Musikstile die Du mit diesem Wort gleichsetzst?
- Ich habe dieses
Wort hier in Europa entdeckt, durch einige Funkkonzerte oder mit DJs wie DJ
Peron. Vor allem aber lernte ich das Wort schätzen durch Musikerfreunde, die
die "Clave" beherrschen und den Respekt vor dem Musikmachen haben,
vor allem live. Der Groove steht im Vordergrund, die Verbindung der Beiträge
der einzelnen Musiker im Sinne der Musik, die übereinstimmende Achtung des
Tempos. Es hat damit zu tun, dass diese Einheit die Kraft erzeugt, und damit
sich dem Ego zu entledigen, um gerade das Richtige und Notwendige zu spielen,
das dieser Moment verlangt. Und auch damit, dass jeder seine Rolle im ganzen
Gefüge spielt, etwas, was auf den ersten Blick einfach erscheint, es jedoch
nicht ist, dass man die Poren öffnet, zuhört, begleitet und vorschlägt, zu
spielen aufhört wenn es nötig ist, den Sound zusammenbringt, die Farbe, die
Wut, den Swing, der Musik folgend. Wenn man in diesen Zustand gerät will man
nicht mehr zurück.
- Du hast mir mal gesagt, du denkst, dass du geboren wurdest um Menschen
zusammenzubringen. Was macht aus, dass Du so empfindest?
- Ich wuchs als Einzelkind auf, meine Schwester ist 12 Jahre älter
als ich und wir wohnten nie zusammen. Deswegen hatte ich bereits als kleiner
Junge ein Flair, Freundesgruppen zu schaffen, "las barras".
Während vieler Jahre spielte ich Basketball, als Playmaker, als der
Spieler, der die anderen vier zusammenbringt, und so versucht, ein besseres
Spiel zu machen. Siehst Du? Basket hat viel Groove wenn die Spieler im Einklang
sind, kommt man an jedem vorbei.
- Erinnerst Du
Dich an ein musikalisches Erlebnis, wo Du fühltest, dass Du dieses Ziel,
Personen zu vereinen, verwirklichen konntest?
- Ja, bei mindestens zwei Gelegenheiten versuchte ich es. 1994
oder 1995, als ich während einiger Monate aus persönlichen Gründen in Bahía
Blanca war, traf ich sehr viele Musikerfreunde, sehr gute Musiker übrigens, die
gerade nicht so viel zu tun hatten und da schlug ich ihnen vor, Kräfte und
Talente zu vereinen um eine Bombe zu schaffen, die uns aus der Lethargie befreien
würde. Nach zwei Monaten waren wir 14 Leute, es war unmöglich, diese Gruppe
zusammenzuhalten, aber wir probten, komponierten sechs Stücke und gaben ein
Konzert und ein halbes. Ich sage ein halbes weil einige der 14 gar nicht
spielten. Es dauerte gerade mal so lange wie ein Fingerschnippen. Ich habe eine
schöne Erinnerung daran. Wir spielten eine Version von La cotorra,
ein venezolanischer Rap, es war genial! Da waren zwei Frauen, Vero Enríquez y
Mariela Brunori, die sangen und gleichzeitig surdo spielten.
Viele Jahre später und wieder in Zürich gründete ich La Gorda - urban
latin Groove, eigentlich mit derselben Absicht: Verstreute Seelen und
Talente zusammenzubringen, um gemeinsam etwas Stärkeres, Kräftigeres zu
erschaffen.
- Du hast auch schon vom Ziel gesprochen, die Leben zu groovisieren....
-das hat mit dem Zusammensein zu tun, damit, Kräfte zu vereinen, Talente
zu teilen und solidarisch zu sein. Die Welt ist zu hart um ganz alleine zu
kämpfen.
- Wie erlebst Du das Musikmachen mit viel Groove an einem Ort, wo
das Klima sehr kalt ist?
- Das schreckliche Klima bringt dich zum Nachdenken. Ja, hier ist der
Winter schon sehr lange, das hilft einem, zu proben.
- Woran erinnerst Du Dich am meisten von allem was ihr mit La
Gorda gemacht habt?
- Woran ich mich
mit grossem Stolz erinnere ist, dass ich Musik oder Ideen von Musik entwickeln
konnte, ohne Musiker zu sein. Ich bin immer noch begeistert, wenn ich Stücke
vom La Gorda höre. Ich war vor allem ein grosser Fan, es gab tolle Dinge, der "Kulturensalat"
trug Früchte. Ich erinnere mich an ein Konzert in St. Moritz, auf der Skipiste,
hoch in den Bergen im Freien, mit einem Snowboarder-Publikum. Oder ans Festival
Caliente in Zürich, dem Salsa-Festival par excellence. Wir heizten das Publikum
mit unserer "latintrash-clave" auf (Gelächter). Oder auch
im Moods, ein sehr wichtiger Jazzclub in Zürich und auch in Europa.
- Du warst vier Jahre in Spanien ohne etwas mit Musik zu tun zu
haben. Wie war diese Zeit und warum hattest Du damals eine Pause in der Musik
gemacht? Gab es etwas für Dich, was die Musik innerlich ersetzte, und in Dir
ähnliche Empfindungen auslöste?
- Ich fasse mich ganz kurz: Ohne Papiere, ohne Familie, die dich
unterstützt musste man arbeiten was immer man fand, um zu Essen. Hinzu kommt,
dass ich begeistert war in Europa zu sein. Das waren die Gründe dafür, die mich
für einige Jahre von der Musik abhielten. Ich arbeitete ein wenig und reiste,
ich machte das extrem gerne mit dem Renault 7, den ich mit meinem geliebten
brüderlichen Freund Flavio Serra besass, wir bereisten ganz Spanien, ein
geniales Delirium.
- Was würdest du heute über deine Batucada-Erfahrungen mit Ramiro Musotto
erzählen?
- Mit Ramiro verband mich vor allem der Basketball. Wir kennen uns seit
unserer Kindheit gut. Die Batucadas waren für mich immer
wieder eine Lebensschule. Die ersten während meiner Adoleszenzzeit, wo Ramiro
bereits Leute mit Trommeln zusammen brachte. Ganz Bahía Blanca schaute ihn an,
als wäre er ein Ausserirdischer, ich fühlte mich aber immer zu ihm hin gezogen,
obwohl ich etwas Angst davor hatte, mit ihm in Kontakt zu treten, bis ich eines
Tages Mut fasste. Das war in Monte Hermoso, in La Cueva. Ich erinnere mich,
dass mir Luis Sagasti mir die Samba-Clave für das Tamburin gab. Danach waren es
die sogenannten "Patios von Fabricio", wunderbar! Das war immer an
Weihnachten und Neujahr während fünf Jahren. Ich erinnere mich auch an die
allererste Batucada: Ramiro nahm mir das "Surdo" weg,
weil ich schlecht spielte, das war so peinlich und tat weh! Dabei war es das
Beste, was mir passieren konnte, es war mir eine Lehre. Danach nahm ich das
Tamburin und keiner konnte es mir nehmen. Ich spielte ohne Fehler, am Ende
blutete ich sogar, ganz Bahía war bereits schlafen gegangen und wir waren noch
in vollem Feuer am spielen, weinen und tanzen. Mein letztes Treffen mit Ramiro
war hier in Zürich, er wollte mir beibringen, wie man eine Tortilla macht,
während ich am kochen war. Ich sagte ihm: "Ramiro wenn wir von
"Claves" sprechen frage ich Dich, wenn ich aber koche, lass mich in
Ruhe." (Gelächter). Wir umarmten uns und dann begleitete ich ihn mit
seinen 800 Berimbaus zum Flughafen.
- Was meinst du erfährt jemand, der Deine Musik kennenlernen will,
sei es über Internet oder wenn er dich irgendwo auf der Welt live singen hört?
- Eine grosse
Ehrlichkeit, vielleicht eine Prise Humor, aber vor allem Kraft. Ich glaube,
dass ich das bei Live-Auftritten sehr viel besser hinüberbringen kann. Die
Bühne berauscht mich so sehr, dass ich mich von der ersten Sechzehntelnote an
total hingebe. Im Studio muss ich teuer dafür "bezahlen", dass ich
nicht Musik studiert habe, die vielen Musiker die mir schon geholfen haben und
helfen vollbringen wahre Kunststücke, damit es gut klingt.