9.2.12

María José Cantilo

La exploradora

Es una de las mujeres pioneras del rock argentino. Después de más de media década desde su último disco, editó Esencia, un trabajo acústico donde con sólo su voz y su guitarra folk canta sobre amores, ecología y espiritualidad.


Diego Oscar Ramos - Diario Z


En el quinto tema de Esencia, María JoséCantilo le dedica una canción a su madre para, literalmente, acariciarla con su voz. Y es en esa dedicatoria donde se manifiesta el contenido total del trabajo. Quien fuera considerada una pionera entre las mujeres del rock argentino -por los discos que grabara en los 80 con músicos como David Lebón, Oscar Moro, León Gieco, Kubero Díaz o su hermano mayor, Miguel Cantilo- ha registrado 15 canciones propias donde sólo la precisión de su guitarra deja brillar la calidez notable de su voz. En este disco, sucesor de Sai Ram (2005), le canta, con estética folk al amor de pareja, al de los hijos y el que se le tiene a la naturaleza. “Si bien todos los seres compartimos un mismo origen y esencia divina, apunto a esta palabra en la vida y en el arte, como aquella cualidad que nos hace únicos e irrepetibles”, explica la artista nacida en el barrio de Belgrano y reconocida habitante por décadas de la ciudad de rionegrina El Bolsón, histórico reducto hippie. Allí crió a sus hijos, de los cuales hoy su hijo Gaspar Benegas es un destacado músico –guitarrista del Indio Solari y Las Manos de Fillipi- que suele producir sus grabaciones. Con Esencia, obtuvo el mejor sonido posible para respetar la idea de su madre: “Quise que fuese absolutamente minimalista para que nada distrajera la atención de la esencia misma de las canciones: su melodía y su letra”.

- ¿Cómo sentís a la canción para transmitir valores ecológicos o espirituales?
- Mi mayor deseo es que cada vez más gente disfrute de la música que le ayude a conectar con su ser interior,  con sus sentimientos profundos y con su espiritualidad.  Apostémosle a esto.

- ¿Qué pensás de la forma en que tocan los medios estos temas?
- Aprendí ese discurso con los verdaderos hippies, que a su vez lo tomaban de los indios autóctonos.  Estamos de lleno en la Era de Acuario y los cambios ya están aquí: retorno a las fuentes, caducidad de los sistemas, la naturaleza como conexión con lo divino,  la tierra vista como una entidad. Es la orientación que debe tomar la Tierra ahora que está entrando en la etapa Índigo, que habla de remover lo viejo y adoptar el cambio. Parte de lo viejo es el materialismo excesivo, la ambición llevada al punto de que no  importe el "pan para hoy, hambre para mañana" y se cometan los atropellos que se están cometiendo con el planeta. 

- ¿Cómo vivís a El Bolsón en relación con una ciudad como Buenos Aires?
- Para cargar las pilas vuelvo a El bolsón todos los veranos y a veces en invierno. Y para difundir mi trabajo vuelvo siempre a esta ciudad, indiferente y colapsada pero entrañable y una de las ciudades más bellas del mundo.

- ¿Cómo es la relación artística que tenés con tu hijo Gaspar y cómo vivís su desarrollo artístico?
- Gaspar es para mí otro más de mis hijos, y son varios, es solo que en el horóscopo chino él es serpiente,  al igual que yo, por lo cual tenemos una gran afinidad. Le compré su primera guitarra eléctrica y su primer equipo cuando tendría 11 años. Y siempre me maravilló. Al cabo de un año de estudiar con un profesor, me lo envió diciendo "Ya no tengo más nada para enseñarle a este chico".  A sus 13 años lo invité a subir  a mi escenario, para batirse en un duelo de guitarras con el Negro García López y con el Vasco Bazterrica, que lo bautizó ese día: "Pichón de cóndor". Te imaginás lo feliz que me ponen todos sus éxitos actuales: tocar con el Indio Solari en esos increíbles rituales de misa india o con las Manos de Filippi. Y ser un capo  produciendo música en estudio.

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