30.12.12

Pastoras da Velha Guarda da Portela


Tenemos que poner el alma en la música”.

Como guardianes de una tradición esencial por su aporte cultural universal, la agrupación carioca Velha Guarda da Portela hace que permanezca viva una forma única de abordar el arte del samba en su período de máxima potencia. En esta entrevista de mayo de 2010 en Buenos Aires, donde llegaron para participar de los festejos del Bicentenario, dos de las mujeres del grupo, Tía Surica y Áurea María, hablan sobre el valor inagotable de una música a la que le han dedicado una buena parte de su vida. 




Diego Oscar Ramos - (Co-edición de la entrevista: Alvaro González Olascuaga)





    Comencemos esta historia dando algunos datos que, aunque para los expertos en brasilidad puedan parecer obvios, se vuelven fundamentales. Digamos primero que Portela, nacida en 1923 en el barrio carioca de Oswaldo Cruz, es una de las más respetadas escolas de samba de Brasil, agrupaciones que compiten en los desfiles del carnaval de Río de Janeiro, a través de la presentación de un tema anual, representado por canciones, trajes, coreografías y un carro alegórico. Sigamos, comentando que dentro de estas organizaciones culturales, las "velhas guardas" suelen estar formadas por los miembros con más historia dentro de ellas y quienes mantienen viva la tradición de su época de oro, en recitales y presentaciones que exceden el período carnavalesco, donde interpretan tanto sambas contemporáneos como los emblemáticos de la época fundacional de la escola, una buena parte de ellos nunca grabados. Si esto ya quedó precisado, avancemos. Y digamos que dentro de estos grupos, un trío de mujeres cantantes, llamadas "pastoras", le dan un color y un alma especial a estas manera de entender la música como un acto de unión colectivo: con sus voces potentes, enérgicas, románticas, responden en coro a las sentencias lanzadas por el cantante solista, casi siempre hombre. Mujeres como Eunice, Doca, Surica y Áurea María han dado devoción estética a un tiempo en que el samba podía ser el lugar donde se manifestaba, se educaba y se reunía todo un colectivo popular. Hoy, aunque incorporen canciones nuevas, siguen cantando un repertorio que viene desde el fundador Paulo da Portela y pasa por las creaciones de músicos portelenses como Monarco, Manacéia y Alvaiade. Desde 1970 hasta la actualidad, los contados discos grabados por la Velha Guarda da Portela, han nacido de la mano del apadrinamiento espiritual de figuras populares como Clara Nunes, Paulinho da Viola, Alcione, Beth Carvalho, Chico Buarque, Zeca Pagodinho y Marisa Monte. Todos ellos, en muchos sentidos, son hijos del samba. Y parientes cercanísimos de la Portela.

   Presentes en Buenos Aires como parte de los festejos del Bicentenario de la revolución de mayo, los músicos actuales de la Velha Guarda da Portela ofrecieron una conferencia de prensa que derivó en concierto con pausas conversadas. “Estamos viejos, pero todavía no morimos”, cantaron los miembros del grupo. Y fue Mauro Diniz, compositor actual de la agrupación e hijo del mito portelense Mestre Monarco, quien aceptó ponerle palabras a una cuestión histórica sobre la música que los mantiene unidos: “El samba tiene una cultura muy importante, es la música de nuestro país; fue marginalizado, mucha gente fue perseguida para que hoy podamos llegar aquí a cantarlo. El fuego musical de nuestro país es el samba, no podemos olvidar que mucha gente fue torturada, en tiempos de esclavos. Es un orgullo muy grande estar representando al Brasil y nuestro samba”. Entre canciones que fueron sucediendo, agradecimientos del público y pedidos de números obligados para unos cuantos expertos presentes, brasileros o argentinos, distintos miembros de la Portela fueron dejando en claro que la cuestión de la edad no es central para ser guardián del mejor samba. “Tiene que tener una historia de amor a la Portela y sudar la camiseta”, respondió Tia Surica , una de las Pastoras da Portela, cerca entonces de cumplir 70, quien viene dejando sudores en los carnavales desde sus cuatro años de edad. Luego le dio paso a su compañera Áurea María de Almeida Andrade, hija del procer portelense Manacéa, con quien compuso "Volta meu amor", hit en el disco "Tudo Azul" de la Velha Guarda, producido por Marisa Monte. 

   A sus 58 años (increíbles por su aspecto), creció dentro de la agrupación y desde esa vivencia mostró ideas claras sobre el valor del samba, el tema que había abierto la charla: “Es algo importantísimo para Brasil y para el mundo, porque a través suyo existe una comunicación, tal vez genere entendimiento, cada vez creo más en su importancia, aunque fue tan desvalorizado, sufrió tantas persecuciones para que hoy esté en el lugar en el que está, que aun no es el ideal, faltan abrir más puertas, por lo que agradecemos a quienes se sacrificaron. Y lo cantamos con orgullo”. Claro que tuvo sus dudas cuando Tía Surica la invitó a ser parte de la agrupación, pero cuando finalmente aceptó, aseguró que la recompensa fue grande: “Al principio me quedé asustada, porque la responsabilidad es muy grande, hay que asumir el peso de ser Velha Guarda, pero es un placer inmenso, cada día aprendo más de estas personas”. También Neide Sant’Anna, de 57 años, la tercera cantora de esta fase de las Pastoras portelenses, tuvo una historia familiar bien portelense, ya que su padre fue Chico Santana, uno de los fundadores de la agrupación. “Siempre fui feliz en Portela, estoy agradecida de ser ahora parte de la Velha Guarda, es una honra, un orgullo muy grande, como si fuésemos de la Academia Brasilera de Letras”, dice la cantora y refuerza la idea de que la edad no es el eje esencial para ingresar. Lo más fuerte es un sentimiento de pertenencia, que llega antes mismo de ser miembro oficial: “Puedes no tener la edad de 60 a 70 años, pero en el corazón guardamos con mucho amor y orgullo a Portela, que para mí es la mejor escola”. 




Encuentro


    Dos días después de la conferencia, se dio en Buenos Aires una lluvia torrencial que volvió imposible la presentación del grupo. Fue una suerte el hecho de que en la conferencia de prensa los portelenses cantaran muchos más sambas de lo que hablaron sobre ellos, porque fue finalmente su único concierto porteño. De todos modos, la lluvia no impidió un encuentro periodístico, en un restaurant cercano al hotel céntrico donde se hospedaba toda la agrupación, con dos de las pastoras, Tía Surica y Áurea María, para hablar de música y vida, dos términos que en encuentros placenteros como este parecerían ser apenas sinónimos. 



- ¿Qué importancia siente que tiene el samba para la cultura brasileña?
- Tía Surica: El samba siempre fue cultura, creo que es muy importante que estas nuevas generaciones estén recibiendo al samba. No vamos a ser eternos y hay que lograr la continuidad. El samba es todo, es brasilero, como dice la canción: “Quien no gusta del samba no es buena persona”. 

- “Es malo de la cabeza…” 
- TS: “Y enfermo del pie” (cita de Samba da minha terra, de Dorival Caymmi). Es verdad.  Cada uno tiene su manera de gustar de la música, pero nuestro ritmo es totalmente diferente. Portela es todo, es mi vida. Yo llevo en mi sangre microbios de samba, tengo sangre azul. Nosotros cantamos samba de raíz, samba de calidad. Fue desde los 13 o 14 años cuando tuve noción de lo que era el samba. Sin el samba estaría muerta. 

- ¿Nunca pensó en escribir un samba?
- TS: No tengo inspiración para eso. No tengo el don, ya lo intenté, pero no funciona, no da forzarlo. Sólo nací para cantar.

- ¿Y qué cosas le gustaría escribir si el don apareciese?
- TS: Mira, creo que eso depende de la inspiración. Si ahí viene un coche y está la inspiración, será de aquel coche. Depende del momento. Ella sí que es compositora (señala a Áurea María).

- En el ambiente del samba clásico, el rol del compositor era una cosa de hombres, ¿es así?
- TS: ¡No! (con énfasis).  Porque Ivonne Lara es compositora, Lecy Brandao, Áurea, Teresa Cristina, Marisa Monte y otras.

- ¿Pero eso no es algo más de la nueva generación? 
- TS: No, porque Ivonne Lara no es de la nueva generación. Lo que pasa es que todo está creciendo más, están apareciendo más compositoras femeninas.

- ¿Se acuerda la primera música que haya escuchado o alguna que haya sido muy especial?
- TS: Fueron tantas, que no da mí para elegir una. Inclusive algunas en la casa del padre de ella (señala a Áurea María), en el ´57 se hizo el primer disco de Portela. Fueron muchas músicas de las que participé y las que grabé.

- ¿Cuáles son sus primeros recuerdos musicales?
- AM: Tengo muchos recuerdos musicales, crecí en una casa con mucha música. Mi abuelo Arnaldo pertenecía a un diario, muchas personas iban a tocar choros en casa, desde pequeña escuchaba esos ritmos. Y después mi papá (Manacéia) también, fue un compositor preocupadísimo con la historia de Brasil, cantaba sambas. Fui despertando el interés y observando la importancia de la música, principalmente del samba, a través de él, que siempre fue una persona dedicada. Me acuerdo que llegaba, dejaba las cosas del trabajo y agarraba el cavaquinho . Se entrenaba, componía y no le gustaba ser molestado. 

- ¿Su padre, Manacéia, tenía algún lugar especial en la casa para componer?
- AM: Cuando llegaba, se encerraba en su cuarto, nosotros escuchábamos las afinaciones del cavaquinho y sabíamos que estaba estudiando. No tenía una forma única, componía de cualquier manera, porque la inspiración venía y ya estaba componiendo. Había un árbol de mangos en casa, le gustaba mucho sentarse ahí debajo. A veces llegaba y ya tenía músicas listas. Se retiraba, nosotros ya sabíamos, nos quedábamos quietitos. Después venía, cantaba, nos pedía que lo acompañáramos. Cuando éramos pequeños era sin grabador: él cantaba, guardábamos las músicas en nuestra memoria y luego él nos preguntaba.

- ¿Cómo se vivía ser reserva de memoria de los sambas de su padre? Para ustedes, sus hijos, fue parte de su vida, pero no es muy común.
- AM: No, realmente, esa historia es inédita (lo dice con una mezcla de sonrisa y leve melancolía ), no hay otra familia, mi padre no se lo copió a nadie. Es el momento, la propia espontaneidad, la necesidad, porque no tenía recursos financieros para recurrir a grabadores. Entonces usaba lo que tenía, que eran niños con la memoria fresca. Nos llamaba, nos cantaba, nos pedía que guardásemos esas frases. El cantaba para que repitiéramos, como un ensayo. Luego anotaba, pero la melodía era lo difícil. Como chicos cantábamos espontáneamente y él preguntaba: “¿Recuerdan el samba que hice?”. 

- ¿Nunca tuvo miedo de olvidar alguna parte?
- AM: No, porque no era algo que fuese exigido, que tuviéramos la obligación de estar guardando. Era algo muy leve, espontáneo.
- ¿Y qué pasó con un cuaderno donde él había anotado sus letras de sambas, que en la película se cuenta que se perdió cuando fue prestado?
- AM: Todavía no apareció. 
- TS: ¿Qué cosa?
- AM: El cuaderno.
- TS: No apareció.
- AM: Ni va a aparecer.
- TS: Y era una reliquia, ¿no?
- AM: Tenía muchas músicas, muchas anotaciones.
- TS: Va a haber que prestar atención, para que no graben esas músicas diciendo que el autor es otro.

- ¿Hay cosas de la vida que pueden quedar más fácilmente dentro de un samba que otras?
- AM: En el ambiente que tenemos del samba, generalmente se habla de amor, de sentimiento, de una traición, de una desilusión. 
- TS: Momentos.
- AM: Habla de momentos, de sentimientos del corazón. Ahora, hay otros motivos, también, que dan para hablar en el samba: cuestiones políticas, del país, el día a día, lo cotidiano, que el dinero sólo alcance para una bolsa de porotos. El samba, dependiendo de lo que el compositor quiera inducir, tiene sus reglas.

- ¿Sienten diferencia entre sambas como los de Portela, con compositores de origen más popular y otros hechos por compositores quizás más eruditos, como pudo ser Noel Rosa , que incluso puede presentar diferencias de tipo racial?
- AM: Creo que lo racial es otra cuestión, creo que son líneas distintas de composición, situaciones, vivencias diferentes, que inducen a músicas. Noel Rosa era de Lapa , vivió cosas que los son otros momentos, que llevan al compositor a escribir un samba.

- Paulinho da Viola, siendo de Botafogo , fue aceptado abiertamente por los portelenses. Se dice que fue un tío suyo quien los llevó a Portela. 
- AM: En la época, los compositores que llegaban tenían que hacer un samba, para pertenecer a las clases de los compositores, era una prueba.
- TS: Paulinho fue con una primera parte, se encontró con Casquinha, que puso la segunda. El mismo día, él le cantó a Casquinha, él la escuchó y casi en el momento hizo la segunda.
- AM: Había días que los compositores, generalmente en los fines de semana, se reunían con amigos para mostrar sambas nuevos. Era ya una rutina que se reunían ahí, en un bar de un miembro de Portela. Creo que fue en una de esas reuniones, donde estaba Paulinho, hizo un samba y lo fue a presentar. 

- Y Paulinho, mismo sin ser del barrio de la Portela, se comunicó muy bien con su alma.
- AM: Fue un casamiento ideal. La línea melódica de Paulinho encaja con la de los compositores de la Velha Guarda da Portela, con los compositores que la iniciaron. Por eso fue muy bien recibido por todos. 

- ¿Cómo es la rutina de Portela?
- AM: La rutina de Portela tiene que ver con ensayos: tenemos desde hace seis o siete años la feijoadade la familia portelense, que lógicamente es un factor de congregación, de unión, de encuentro de los portelenses. Todo eso ayuda para que las personas se junten siempre. No existe más un día reservado para que se encuentren los compositores. Con los nuevos tiempos algunas cosas se perdieron, pero Portela continúa siendo una familia.

- ¿Entró joven a la Velha Guarda?
- AM: Estoy hace 10 años, entré con 48 años. Era joven a los ojos de quien estaba fuera de la Portela.

- ¿Porque ya tenía mucha historia con la escola?
- AM: Exacto. En el entendimiento del grupo, el factor de la edad no es muy representativo, porque la persona puede tener 80 años y no tener experiencia en el samba. Quien quiera pertenecer tiene que tener historia vivida en la escola.
- TS: El samba muestra nuestra identidad.
- AM: ¿Sabías que Argemiro  dejó una parte de una música suya conmigo? (Hablándole a Tía Surica).
- TS: No (sorprendida).

- ¿Y ya lo terminó?
- AM: No. Él me lo dejó para ponerle la segunda parte.
- TS: ¿Pero por qué no la pusiste? Mirá, voy a decir algo acá mismo. (Con voz de madre atenta, con rigurosidad y afecto). Esta chica es de lo más demente. Ella tiene mundo. Tenés que mostrar las cosas. Va a tener que mostrar todas las músicas de ella. Y yo no estaba sabiendo de esto, evidentemente. (Se ríen las dos). No sabía lo de Argemiro, vas a tener que hacer la segunda parte.

- Hay un tesoro ahí, ¿no?
- TS: Claro, pero ella no lo muestra. (Se ríe fuerte, Áurea acompaña). Yo soy puro bloqueo, sé hasta dónde puedo ir, pero si tuviese el talento que ella tiene, uhhhh. Tenés que mostrar esas músicas, no hay que guardar eso. 

- ¿Cómo fue que empezó a componer? 
- AM: Un día papá estaba intentando poner la segunda (parte) en una música. Ahí la cantó para mí. Y dije: “¿Puedo ponerla?”. Miró para mí, desconfiado. Me separé de él, tardé un poco y volví cantando la música y la letra.  “Mirá si sirve”, le dije. Canté para él. “Cantá de nuevo”, me dijo. Ahí canté y me preguntó: “¿Quién lo hizo para vos?”. (Se ríe). “Padre, estoy aquí sola, ¿quién va a hacerlo por mí?”, le contesté. Y ahí comenzó esa conciencia de componer. Preciso realmente concentrarme en ese camino.

- ¿Siente que aún precisa más historia para dedicarse más a la composición?
- AM: No (enfática). Es por mi trabajo. Si bien papá y otros conseguían trabajar y componer en su tiempo libre, yo me dediqué mucho como asistente social a mi trabajo en hospitales públicos y la música fue quedando en segundo plano.

- ¿Qué sienten que le ha dado la música?
- TS: Mi vida cambió mucho, porque me abrió puertas. Por eso hay que aprovechar los dones, teniendo siempre los pies en la tierra, ser disciplinados, porque el éxito es pasajero. No creo en la vanidad, la vida da muchas vueltas, así que mejor estar firme.
- AM: En mi caso, no hubo cambios radicales, pero sí descubrí que las personas que conviven con la música tienen otro mirar sobre la vida, mucho más rico.

 - ¿Qué es cantar para ustedes?
- TS: Nosotros vivimos cantando. Y si tenés el don es muy bueno presentarse, agradar al público, sentir el calor humano, ser aplaudido. Es lógico que para mí cantar es fundamental. Adoro hacerlo. No voy a cantar por cantar, tengo que sentir la música. 

- AM: Eso es verdad. Mi padre decía que hay que cantar con el alma. Y a veces, cuando estábamos cantando, él gritaba: “Alma, alma”. Nos llamaba la atención cuando nos veía cantando por cantar. Tenemos que poner nuestra alma en la música. 




















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