30.12.12

Pastoras da Velha Guarda da Portela


Tenemos que poner el alma en la música”.

Como guardianes de una tradición esencial por su aporte cultural universal, la agrupación carioca Velha Guarda da Portela hace que permanezca viva una forma única de abordar el arte del samba en su período de máxima potencia. En esta entrevista de mayo de 2010 en Buenos Aires, donde llegaron para participar de los festejos del Bicentenario, dos de las mujeres del grupo, Tía Surica y Áurea María, hablan sobre el valor inagotable de una música a la que le han dedicado una buena parte de su vida. 




Diego Oscar Ramos - (Co-edición de la entrevista: Alvaro González Olascuaga)





    Comencemos esta historia dando algunos datos que, aunque para los expertos en brasilidad puedan parecer obvios, se vuelven fundamentales. Digamos primero que Portela, nacida en 1923 en el barrio carioca de Oswaldo Cruz, es una de las más respetadas escolas de samba de Brasil, agrupaciones que compiten en los desfiles del carnaval de Río de Janeiro, a través de la presentación de un tema anual, representado por canciones, trajes, coreografías y un carro alegórico. Sigamos, comentando que dentro de estas organizaciones culturales, las "velhas guardas" suelen estar formadas por los miembros con más historia dentro de ellas y quienes mantienen viva la tradición de su época de oro, en recitales y presentaciones que exceden el período carnavalesco, donde interpretan tanto sambas contemporáneos como los emblemáticos de la época fundacional de la escola, una buena parte de ellos nunca grabados. Si esto ya quedó precisado, avancemos. Y digamos que dentro de estos grupos, un trío de mujeres cantantes, llamadas "pastoras", le dan un color y un alma especial a estas manera de entender la música como un acto de unión colectivo: con sus voces potentes, enérgicas, románticas, responden en coro a las sentencias lanzadas por el cantante solista, casi siempre hombre. Mujeres como Eunice, Doca, Surica y Áurea María han dado devoción estética a un tiempo en que el samba podía ser el lugar donde se manifestaba, se educaba y se reunía todo un colectivo popular. Hoy, aunque incorporen canciones nuevas, siguen cantando un repertorio que viene desde el fundador Paulo da Portela y pasa por las creaciones de músicos portelenses como Monarco, Manacéia y Alvaiade. Desde 1970 hasta la actualidad, los contados discos grabados por la Velha Guarda da Portela, han nacido de la mano del apadrinamiento espiritual de figuras populares como Clara Nunes, Paulinho da Viola, Alcione, Beth Carvalho, Chico Buarque, Zeca Pagodinho y Marisa Monte. Todos ellos, en muchos sentidos, son hijos del samba. Y parientes cercanísimos de la Portela.

   Presentes en Buenos Aires como parte de los festejos del Bicentenario de la revolución de mayo, los músicos actuales de la Velha Guarda da Portela ofrecieron una conferencia de prensa que derivó en concierto con pausas conversadas. “Estamos viejos, pero todavía no morimos”, cantaron los miembros del grupo. Y fue Mauro Diniz, compositor actual de la agrupación e hijo del mito portelense Mestre Monarco, quien aceptó ponerle palabras a una cuestión histórica sobre la música que los mantiene unidos: “El samba tiene una cultura muy importante, es la música de nuestro país; fue marginalizado, mucha gente fue perseguida para que hoy podamos llegar aquí a cantarlo. El fuego musical de nuestro país es el samba, no podemos olvidar que mucha gente fue torturada, en tiempos de esclavos. Es un orgullo muy grande estar representando al Brasil y nuestro samba”. Entre canciones que fueron sucediendo, agradecimientos del público y pedidos de números obligados para unos cuantos expertos presentes, brasileros o argentinos, distintos miembros de la Portela fueron dejando en claro que la cuestión de la edad no es central para ser guardián del mejor samba. “Tiene que tener una historia de amor a la Portela y sudar la camiseta”, respondió Tia Surica , una de las Pastoras da Portela, cerca entonces de cumplir 70, quien viene dejando sudores en los carnavales desde sus cuatro años de edad. Luego le dio paso a su compañera Áurea María de Almeida Andrade, hija del procer portelense Manacéa, con quien compuso "Volta meu amor", hit en el disco "Tudo Azul" de la Velha Guarda, producido por Marisa Monte. 

   A sus 58 años (increíbles por su aspecto), creció dentro de la agrupación y desde esa vivencia mostró ideas claras sobre el valor del samba, el tema que había abierto la charla: “Es algo importantísimo para Brasil y para el mundo, porque a través suyo existe una comunicación, tal vez genere entendimiento, cada vez creo más en su importancia, aunque fue tan desvalorizado, sufrió tantas persecuciones para que hoy esté en el lugar en el que está, que aun no es el ideal, faltan abrir más puertas, por lo que agradecemos a quienes se sacrificaron. Y lo cantamos con orgullo”. Claro que tuvo sus dudas cuando Tía Surica la invitó a ser parte de la agrupación, pero cuando finalmente aceptó, aseguró que la recompensa fue grande: “Al principio me quedé asustada, porque la responsabilidad es muy grande, hay que asumir el peso de ser Velha Guarda, pero es un placer inmenso, cada día aprendo más de estas personas”. También Neide Sant’Anna, de 57 años, la tercera cantora de esta fase de las Pastoras portelenses, tuvo una historia familiar bien portelense, ya que su padre fue Chico Santana, uno de los fundadores de la agrupación. “Siempre fui feliz en Portela, estoy agradecida de ser ahora parte de la Velha Guarda, es una honra, un orgullo muy grande, como si fuésemos de la Academia Brasilera de Letras”, dice la cantora y refuerza la idea de que la edad no es el eje esencial para ingresar. Lo más fuerte es un sentimiento de pertenencia, que llega antes mismo de ser miembro oficial: “Puedes no tener la edad de 60 a 70 años, pero en el corazón guardamos con mucho amor y orgullo a Portela, que para mí es la mejor escola”. 




Encuentro


    Dos días después de la conferencia, se dio en Buenos Aires una lluvia torrencial que volvió imposible la presentación del grupo. Fue una suerte el hecho de que en la conferencia de prensa los portelenses cantaran muchos más sambas de lo que hablaron sobre ellos, porque fue finalmente su único concierto porteño. De todos modos, la lluvia no impidió un encuentro periodístico, en un restaurant cercano al hotel céntrico donde se hospedaba toda la agrupación, con dos de las pastoras, Tía Surica y Áurea María, para hablar de música y vida, dos términos que en encuentros placenteros como este parecerían ser apenas sinónimos. 



- ¿Qué importancia siente que tiene el samba para la cultura brasileña?
- Tía Surica: El samba siempre fue cultura, creo que es muy importante que estas nuevas generaciones estén recibiendo al samba. No vamos a ser eternos y hay que lograr la continuidad. El samba es todo, es brasilero, como dice la canción: “Quien no gusta del samba no es buena persona”. 

- “Es malo de la cabeza…” 
- TS: “Y enfermo del pie” (cita de Samba da minha terra, de Dorival Caymmi). Es verdad.  Cada uno tiene su manera de gustar de la música, pero nuestro ritmo es totalmente diferente. Portela es todo, es mi vida. Yo llevo en mi sangre microbios de samba, tengo sangre azul. Nosotros cantamos samba de raíz, samba de calidad. Fue desde los 13 o 14 años cuando tuve noción de lo que era el samba. Sin el samba estaría muerta. 

- ¿Nunca pensó en escribir un samba?
- TS: No tengo inspiración para eso. No tengo el don, ya lo intenté, pero no funciona, no da forzarlo. Sólo nací para cantar.

- ¿Y qué cosas le gustaría escribir si el don apareciese?
- TS: Mira, creo que eso depende de la inspiración. Si ahí viene un coche y está la inspiración, será de aquel coche. Depende del momento. Ella sí que es compositora (señala a Áurea María).

- En el ambiente del samba clásico, el rol del compositor era una cosa de hombres, ¿es así?
- TS: ¡No! (con énfasis).  Porque Ivonne Lara es compositora, Lecy Brandao, Áurea, Teresa Cristina, Marisa Monte y otras.

- ¿Pero eso no es algo más de la nueva generación? 
- TS: No, porque Ivonne Lara no es de la nueva generación. Lo que pasa es que todo está creciendo más, están apareciendo más compositoras femeninas.

- ¿Se acuerda la primera música que haya escuchado o alguna que haya sido muy especial?
- TS: Fueron tantas, que no da mí para elegir una. Inclusive algunas en la casa del padre de ella (señala a Áurea María), en el ´57 se hizo el primer disco de Portela. Fueron muchas músicas de las que participé y las que grabé.

- ¿Cuáles son sus primeros recuerdos musicales?
- AM: Tengo muchos recuerdos musicales, crecí en una casa con mucha música. Mi abuelo Arnaldo pertenecía a un diario, muchas personas iban a tocar choros en casa, desde pequeña escuchaba esos ritmos. Y después mi papá (Manacéia) también, fue un compositor preocupadísimo con la historia de Brasil, cantaba sambas. Fui despertando el interés y observando la importancia de la música, principalmente del samba, a través de él, que siempre fue una persona dedicada. Me acuerdo que llegaba, dejaba las cosas del trabajo y agarraba el cavaquinho . Se entrenaba, componía y no le gustaba ser molestado. 

- ¿Su padre, Manacéia, tenía algún lugar especial en la casa para componer?
- AM: Cuando llegaba, se encerraba en su cuarto, nosotros escuchábamos las afinaciones del cavaquinho y sabíamos que estaba estudiando. No tenía una forma única, componía de cualquier manera, porque la inspiración venía y ya estaba componiendo. Había un árbol de mangos en casa, le gustaba mucho sentarse ahí debajo. A veces llegaba y ya tenía músicas listas. Se retiraba, nosotros ya sabíamos, nos quedábamos quietitos. Después venía, cantaba, nos pedía que lo acompañáramos. Cuando éramos pequeños era sin grabador: él cantaba, guardábamos las músicas en nuestra memoria y luego él nos preguntaba.

- ¿Cómo se vivía ser reserva de memoria de los sambas de su padre? Para ustedes, sus hijos, fue parte de su vida, pero no es muy común.
- AM: No, realmente, esa historia es inédita (lo dice con una mezcla de sonrisa y leve melancolía ), no hay otra familia, mi padre no se lo copió a nadie. Es el momento, la propia espontaneidad, la necesidad, porque no tenía recursos financieros para recurrir a grabadores. Entonces usaba lo que tenía, que eran niños con la memoria fresca. Nos llamaba, nos cantaba, nos pedía que guardásemos esas frases. El cantaba para que repitiéramos, como un ensayo. Luego anotaba, pero la melodía era lo difícil. Como chicos cantábamos espontáneamente y él preguntaba: “¿Recuerdan el samba que hice?”. 

- ¿Nunca tuvo miedo de olvidar alguna parte?
- AM: No, porque no era algo que fuese exigido, que tuviéramos la obligación de estar guardando. Era algo muy leve, espontáneo.
- ¿Y qué pasó con un cuaderno donde él había anotado sus letras de sambas, que en la película se cuenta que se perdió cuando fue prestado?
- AM: Todavía no apareció. 
- TS: ¿Qué cosa?
- AM: El cuaderno.
- TS: No apareció.
- AM: Ni va a aparecer.
- TS: Y era una reliquia, ¿no?
- AM: Tenía muchas músicas, muchas anotaciones.
- TS: Va a haber que prestar atención, para que no graben esas músicas diciendo que el autor es otro.

- ¿Hay cosas de la vida que pueden quedar más fácilmente dentro de un samba que otras?
- AM: En el ambiente que tenemos del samba, generalmente se habla de amor, de sentimiento, de una traición, de una desilusión. 
- TS: Momentos.
- AM: Habla de momentos, de sentimientos del corazón. Ahora, hay otros motivos, también, que dan para hablar en el samba: cuestiones políticas, del país, el día a día, lo cotidiano, que el dinero sólo alcance para una bolsa de porotos. El samba, dependiendo de lo que el compositor quiera inducir, tiene sus reglas.

- ¿Sienten diferencia entre sambas como los de Portela, con compositores de origen más popular y otros hechos por compositores quizás más eruditos, como pudo ser Noel Rosa , que incluso puede presentar diferencias de tipo racial?
- AM: Creo que lo racial es otra cuestión, creo que son líneas distintas de composición, situaciones, vivencias diferentes, que inducen a músicas. Noel Rosa era de Lapa , vivió cosas que los son otros momentos, que llevan al compositor a escribir un samba.

- Paulinho da Viola, siendo de Botafogo , fue aceptado abiertamente por los portelenses. Se dice que fue un tío suyo quien los llevó a Portela. 
- AM: En la época, los compositores que llegaban tenían que hacer un samba, para pertenecer a las clases de los compositores, era una prueba.
- TS: Paulinho fue con una primera parte, se encontró con Casquinha, que puso la segunda. El mismo día, él le cantó a Casquinha, él la escuchó y casi en el momento hizo la segunda.
- AM: Había días que los compositores, generalmente en los fines de semana, se reunían con amigos para mostrar sambas nuevos. Era ya una rutina que se reunían ahí, en un bar de un miembro de Portela. Creo que fue en una de esas reuniones, donde estaba Paulinho, hizo un samba y lo fue a presentar. 

- Y Paulinho, mismo sin ser del barrio de la Portela, se comunicó muy bien con su alma.
- AM: Fue un casamiento ideal. La línea melódica de Paulinho encaja con la de los compositores de la Velha Guarda da Portela, con los compositores que la iniciaron. Por eso fue muy bien recibido por todos. 

- ¿Cómo es la rutina de Portela?
- AM: La rutina de Portela tiene que ver con ensayos: tenemos desde hace seis o siete años la feijoadade la familia portelense, que lógicamente es un factor de congregación, de unión, de encuentro de los portelenses. Todo eso ayuda para que las personas se junten siempre. No existe más un día reservado para que se encuentren los compositores. Con los nuevos tiempos algunas cosas se perdieron, pero Portela continúa siendo una familia.

- ¿Entró joven a la Velha Guarda?
- AM: Estoy hace 10 años, entré con 48 años. Era joven a los ojos de quien estaba fuera de la Portela.

- ¿Porque ya tenía mucha historia con la escola?
- AM: Exacto. En el entendimiento del grupo, el factor de la edad no es muy representativo, porque la persona puede tener 80 años y no tener experiencia en el samba. Quien quiera pertenecer tiene que tener historia vivida en la escola.
- TS: El samba muestra nuestra identidad.
- AM: ¿Sabías que Argemiro  dejó una parte de una música suya conmigo? (Hablándole a Tía Surica).
- TS: No (sorprendida).

- ¿Y ya lo terminó?
- AM: No. Él me lo dejó para ponerle la segunda parte.
- TS: ¿Pero por qué no la pusiste? Mirá, voy a decir algo acá mismo. (Con voz de madre atenta, con rigurosidad y afecto). Esta chica es de lo más demente. Ella tiene mundo. Tenés que mostrar las cosas. Va a tener que mostrar todas las músicas de ella. Y yo no estaba sabiendo de esto, evidentemente. (Se ríen las dos). No sabía lo de Argemiro, vas a tener que hacer la segunda parte.

- Hay un tesoro ahí, ¿no?
- TS: Claro, pero ella no lo muestra. (Se ríe fuerte, Áurea acompaña). Yo soy puro bloqueo, sé hasta dónde puedo ir, pero si tuviese el talento que ella tiene, uhhhh. Tenés que mostrar esas músicas, no hay que guardar eso. 

- ¿Cómo fue que empezó a componer? 
- AM: Un día papá estaba intentando poner la segunda (parte) en una música. Ahí la cantó para mí. Y dije: “¿Puedo ponerla?”. Miró para mí, desconfiado. Me separé de él, tardé un poco y volví cantando la música y la letra.  “Mirá si sirve”, le dije. Canté para él. “Cantá de nuevo”, me dijo. Ahí canté y me preguntó: “¿Quién lo hizo para vos?”. (Se ríe). “Padre, estoy aquí sola, ¿quién va a hacerlo por mí?”, le contesté. Y ahí comenzó esa conciencia de componer. Preciso realmente concentrarme en ese camino.

- ¿Siente que aún precisa más historia para dedicarse más a la composición?
- AM: No (enfática). Es por mi trabajo. Si bien papá y otros conseguían trabajar y componer en su tiempo libre, yo me dediqué mucho como asistente social a mi trabajo en hospitales públicos y la música fue quedando en segundo plano.

- ¿Qué sienten que le ha dado la música?
- TS: Mi vida cambió mucho, porque me abrió puertas. Por eso hay que aprovechar los dones, teniendo siempre los pies en la tierra, ser disciplinados, porque el éxito es pasajero. No creo en la vanidad, la vida da muchas vueltas, así que mejor estar firme.
- AM: En mi caso, no hubo cambios radicales, pero sí descubrí que las personas que conviven con la música tienen otro mirar sobre la vida, mucho más rico.

 - ¿Qué es cantar para ustedes?
- TS: Nosotros vivimos cantando. Y si tenés el don es muy bueno presentarse, agradar al público, sentir el calor humano, ser aplaudido. Es lógico que para mí cantar es fundamental. Adoro hacerlo. No voy a cantar por cantar, tengo que sentir la música. 

- AM: Eso es verdad. Mi padre decía que hay que cantar con el alma. Y a veces, cuando estábamos cantando, él gritaba: “Alma, alma”. Nos llamaba la atención cuando nos veía cantando por cantar. Tenemos que poner nuestra alma en la música. 




















16.12.12

Música Universal


"El arte es una guía para los que quieren dejarse guiar"

Nacida en Bélgica y cada vez más presente en Argentina, Ananta Roosens es una compositora y violinista que ha encontrado en las sonoridades del tango una forma de desarrollar sus ideas en grupos  como "La siesta del dromedario". Ha hecho giras con "Gotan Project" y suele visitarnos anualmente para tocar con músicos de alma musical rioplatense y estilo refinado como el "Tomassini Reinaudo Project".  


Diego Oscar Ramos

        Como le pasaba a esos arqueólogos aventureros que de niños fascinaban nuestra imaginación cuando escuchábamos historias de tesoros ocultos tras la arena y el tiempo, esa fascinación misteriosa puede brotar inesperadamente al encontrarnos con historias de vida y arte, donde la música nos prueba una vez más sus capacidades para engendrar movimientos del cuerpo y de las ideas. En Buenos Aires, en algún momento del año podremos tener el goce de escuchar el violín de Ananta Roseens, compositora nacida en Bélgica en 1981 y una compositora que encontró en el tango una plataforma sensible para lanzarse al mundo con ideas musicales inquietas. Y lúdicas. Por algo eligió un nombre como "La siesta del dromedario" para prestarse a la aventura de recrear desde su visión personal los climas del tango, evitando cualquier crítica que viniera de miradas solemnes y juzgadoras, las que, por otra parte, poco tienen que ver con el espíritu expansivo y libre de un arte como la música. Seguramente por compartir esta misma visión, donde ser libre puede ir de la mano de tener cuidado afectivo con lo que se interpreta y se ofrece al público, es que se ha unido a músicos como el clarinetista Néstor Tomassini, el guitarrista Hernán Reinaudo y el percusionista José Balé para hacer giras porteñas y europeas dentro del marco del "Tommassini Reinaudo Project". Juntos hacen una música delicada, enérgica y atenta a ser tan abierta al mundo, con inclusión de todo tipo de géneros o recursos, como de carácter eminentemente proveniente del Río de la Plata. En esta entrevista, la música que también ha hecho giras europeas con un grupo vinculado al llamado tango electrónico como Gotán Project, da cuenta de su atracción por esta región del planeta y cómo dejarse llevar por ella ha implicado en su propia visión sobre la música. Y también sobre la misma vida. 


- ¿Qué te atrajo del tango como para dedicarle una buena parte de tu presente y pasado cercano?
- El tango argentino es un estilo que descubrí en el Conservatorio de Rotterdam en Holanda. En el principio toqué mucha música de Horacio Salgán como lo del Quinteto Real, pero Piazzola también ayuda mucho para descubrir el tango porque tiene mucho en común con la música clásica y otros estilos como el jazz. Luego entré en una orquesta típica en donde tocábamos todos los estilos del tango tradicional. ¡Y me encantó! Escuchando y tocando el tango, descubrí que me siento identificada con él. Igual sé que el tango no es mío, que es una historia ajena. Pero me interesa la esencia del tango para usarlo en mi propia música, mezclándolo con diferentes estilos que me gustan, como la música árabe, el flamenco, el choro, el jazz y tantos más. Lo que sale de todo esto es un collage de mis imágenes favoritas. Con el Tomassini-Reinaudo Project tocamos música del Río de la Plata y en este proyecto también hay de todo: hay candombe, milonga, folklore y un poco de tango si querés. Y Gotan Project no es tango, pero utiliza algunos elementos del tango tradicional. Como podrás ver, me gustan muchas cosas: disfruto intensamente de cualquier melodía linda, los ritmos intensos, la sorpresa de la armonía, los sonidos extraños y las imágenes que la música nos brinda. Para mí, eso es la esencia de la música y puede ser no más que una sola nota.

- ¿Qué sentís que aportaste a la musicalidad de Gotan y qué aprendiste con ellos?
- Gotan fue una experiencia bastante especial por los muchos viajes que hicimos y las muchas cosas que vivimos. Ahí toqué el violín, la trompeta, el violín trompeta y coros. Tocar todos estos instrumentos fue un desafío técnico que me hizo crecer. En la música de Gotan, el sonido ya tiene su identidad y poner su propia personalidad deviene algo muy sutíl. En mi caso fue la combinación de mis instrumentos, el amor por los sonidos y la paz que encontré a pesar de tocar 150 veces lo mismo.

- ¿Y con el Tomassini-Reinaudo Project?
- El Tomassini-Reinaudo Project me deja ser y descubrir quién soy. Con ellos toqué de muchas maneras que nunca había tocado antes, porque siempre me dejan libre y siempre aceptan mi interpretación. ¡Nunca me han querido cambiar! Con ellos aprendí un montón sobre mí mismo y qué quiero como músico. La forma de tocar es más libre, y todo se adapta en el momento, una costumbre de los argentinos que me gusta mucho. Y además son unos amigos muy queridos que por su generosidad en general, les agradezco de todo corazón.

- ¿Qué sentís que te aportan los viajes y los trabajos en Argentina? ¿Y sentís que aquí trabajarás con La siesta del dromedario también?
- En Argentina la manera de vivir la música es diferente: las cosas siempre aparecen y transcurren espontáneamente como en la vida misma, y eso me gusta mucho. Después de haber ido varias veces a Argentina me siento como en casa en Buenos Aires, gracias a los músicos que me integran tan generosamente y al público que aprecia mi música. No creo que vaya a tocar el tango tradicional en Argentina ni en Europa, porque no es lo mío, pero hay algo muy tanguero que la gente percibe en mi música. Con La Siesta Del Dromedario tocamos en el CCC y en La Sanata Bar el año pasado. Fue divino de mostrar el “tango visto por un dromedario” al público porteño.

- Sobre La siesta del dromedario, has dicho: "It could be modern tango with a lot of influences from outside. Or it could be any music with a lot of tango in it depends on where you're living!", por qué sientes que esa visión depende del sitio donde se viva y no sólo de las concepciones musicales de quien emita el comentario?
- Esta frase hay que tomarla irónicamente! No es tanto “donde alguien vive” sino más de donde viene el punto de vista que alguien tiene escuchando una música. Porque se escucha diferente cuando se piensa que algo es tango que cuando tiene un nombre de un animal grande y torpe, como un dromedario. Quiero que la gente escuche sin la etiqueta que dice de dónde viene o cómo debe sonar. Elegí el nombre “La Sieste Du Dromadaire” porque el dromedario no tiene mucha relación con el tango, por lo que no hay que justificar el estilo y me permite tocar lo que yo quiero. Mis composiciones están muy influenciadas por el tango, como por otras muchas cosas que me gustan. Esto me da toda la libertad que necesito tener en la música, porque ahí no hay fronteras, no hay límites de culturas. Y también en este proyecto uso la fantasía que crean los secretos lindos de este animal mágico. Me gusta mezclar la música con la poesía, las imágenes, los dibujos y los videos para generar fantasía, que finalmente es lo que más me interesa.

- ¿Cuál es el primer recuerdo que hoy relaciones con la llegada de la música a tu vida y que sientas como fundamental para haberte convertido en música?
- Eso es algo muy difícil de describir, porque fue algo sin pensar, sin razones claras. Y porque nada o nadie tuvo que explicarme ni convencerme. Lo que me acuerdo muy bien es que cuando era muy pequeña escribía música de una manera muy simple, con dibujos o símbolos, pero era algo muy natural. También mi padre era muy creativo con la música. Siempre estaba componiendo algo e involucró a sus hijas dejándoles cantar y grabar, a veces con un micrófono en el medio del campo para no molestar a los vecinos. Mis padres siempre nos dejaron hacer lo que queríamos y eso fue la base para seguir lo que dice el corazón.

- ¿Y cómo llega el instrumento principal que tocás, el violín?  ¿Y los demás, como la trompeta?
- El violín cruzó mi camino cuando una amiga de mi madre tenía uno en casa y me dejo probarlo. A partir de ese momento no me acuerdo otra cosa que querer tocar el violín. Podría haber sido otro instrumento, pero fue lo que me hizo alucinar porque lo había tenido en mis manos. Marcaba con tiza el lugar exacto en donde se encontraba la nota de la melodía que quería tocar. La trompeta empecé a tocar hace unos años debido a que no encontré un trompetista que se acople a las ideas de mis composiciones. Un amigo me prestó una trompeta y comencé a sacarle notas en un camino sin retorno.  El violín trompeta (como usaba Julio de Caro entre otros) es un violín amplificado por una corneta, una mezcla entre los dos instrumentos que ya toco. Pero el sonido es diferente, un poco antiguo y genera un ambiente nostálgico que me gusta mucho. Entonces, todos los instrumentos me gustan, algunos mas que otros, pero no existe alguno que no me gustaría tocar. La elección pasa en un momento especial por una razón mística y quizás química, pero es el mensaje que saldrá lo que importa.

-   ¿Qué sentís que le dio la música a tu vida?
- La música y todos los artes nos permiten refugiar en un mundo elegido, un terreno en donde podemos buscar y encontrar lo que necesitamos o lo que nos hace falta en la vida física. Está siempre ahí y es siempre honesta, porque la música es capaz de existir hasta solo en nuestra mente. Y es honesta, porque nunca saldrá diferente de como tendría que salir. Por eso me da la sensación de que el arte en general es más fuerte que muchos otros poderes, es más que el amor y es más que cualquier creencia. El arte es una guía para los que quieren dejarse guiar. El arte no se rompe y no me va dejar si yo no lo dejo. Estoy segura de que en el peor momento de mi vida, en alguna forma va estar también la música, y eso me da tranquilidad, seguridad y paz.

















8.12.12

Confluencias culturales



Buenos Aires, capital brasileña.

Además del turismo y los veranos cada vez más tropicales, nuestra ciudad ofrece una amplísima oferta cultural que nos vincula y hermana cada vez más con Brasil. 

Diego Oscar Ramos

       
     Si es en las prácticas humanas concretas donde se reafirman las mejores intenciones políticas, la integración con el Brasil funciona en nuestra ciudad con una fuerza que trasciende por mucho la existencia del Mercosur. Y si desde los 70 donde Vinicius visitaba con frecuencia el Río de la Plata músicos como Agustín Pereyra Lucena, Guillermo Reuter o el Mono Izarrualde hicieron historia recreando con talento propio la riqueza de géneros musicales brasileros, las dos últimas décadas muestran un crecimiento notable de la presencia verdeamarela en Buenos Aires: ciclos radiales, restaurantes típicos, una fuerte acción cultural de la embajada, agrupaciones culturales como Me leva que eu vou y todo tipo de propuestas musicales. “Nuestra ciudad es como una contracara de Río de Janeiro y tiene algunas similitudes con São Paulo, nuestro público siempre es muy curioso con la música y con la brasileña hay una historia de amor que se remonta a muchos años en el tiempo, bastante antes de los famosos viajes de Vinicius, los artistas brasileños venían a actuar en las radios, cuando se cantaba en vivo con auditorio, Carmen Miranda hizo su primera actuación internacional en Buenos Aires y llegó a ser tan popular que los diarios porteños la llamaban nuestra Carmencita”, explica Juan Trasmonte, productor del programa “Club Brasil” (FM Milenium 106.7, sábados de 21 a 23) y programador de ciclos especiales en el local Notorius. Para el también productor discográfico, “a partir del Mercosur y del incremento del turismo en la doble vía también se inicia un tráfico musical, gente que lleva y trae música en principio por cuestiones afectivas, por remitirle a un viaje feliz o un amor de verano, pero termina generando una expansión”. En ese impulso, Trasmonte menciona que son muchos ya los argentinos que eligieron la musicalidad del país vecino como forma de expresión por lo que “estudian aquí y viajan a Brasil para hacer talleres, perfeccionarse o simplemente intercambiar experiencias o alimentar esa pasión y lo más interesante es que son mucho más fluidas y frecuentes las relaciones entre artistas argentinos y brasileños”.

     Uno de estos músicos es María Constanza Bisogno, cantante, guitarrista y compositora, quien suele presentar junto a su “Trío Bahianidade” la traducción musical del amor absoluto por lo que aprendió viviendo dos años en el nordeste brasileño. “Estoy en mi país para contar mis pequeñas grandes historias de mi querida Bahía y para transmitir mi pasión por la música de esa tierra, por esa cultura y esa magia inexplicables”, cuenta la compositora, quien complementa sus shows con propuestas educativas de carácter integrador. “Aquí hay muy buenos músicos argentinos que sienten profundamente y se empapan de la música brasileña e intentan recrear también el clima que se vive, desde las rodas de samba, bailes de forró, que son encuentros más populares, pasando por shows que hacen referencia a otros géneros y artistas como Caetano, Gil, Djavan o Ivan Lins hasta la bossa nova”, agrega Bisogno, para quien trabajar con este tipo de géneros implica poder darle al público formas intensas de alegría y de alguna manera, hacerlo viajar con la música. ¿Cómo recibe Buenos Aires esta ofrenda? “Esta es una ciudad cosmopolita, abierta a cualquier posibilidad de arte, un suelo fértil donde podemos mimetizarnos e imitar esta otra cultura porque traemos una plasticidad genotípica”, dice la guitarrista. Y menciona artistas a descubrir, como los sambistas “Malandragem”, Renato dos Santos, “Nativos de Arenguepe”, blocos de samba reggae como “Orquesta Escuela Itinerante” (OEI) o “Me leva que eu vou”, bossistas como Maria Paula Godoy, Josi Dias, “Quatro em Bossa” o “La Djavanera” y ases del forró como “Banda Mandacaru”. También especialistas en Bahía como “A lua me leva” y “Sambatuque”. Todos tienen actividad bastante frecuente en la ciudad y alcanza con revisar sus perfiles en redes sociales como para empezar a comprender la dimensión de esta tendencia. O escuchar también un ciclo como “Canta Brasil” (FM Palermo 94.7, viernes a las 19), como recomienda la creadora del “Trío Bahianidade”. Y si los porteños solemos tener fama de poco relajados y apresados por una preocupación casi permanente, nada mejor que dejarnos habitar por lo que para Bisogno está presente en los géneros musicales brasileros: “alegría, libertad, calor, música y danza”. El remedio anti dureza está al alcance de todos.