8.5.13

Encuentros musicales


Diálogo de Cracks


El pianista Adrián Iaies y el contrabajista Horacio Fumero, dos renombrados exponentes del mejor Jazz Argentino, grabaron por primera vez juntos en formato de dúo. “Conversaciones desde el arrabal amargo” continúa la relectura en clave jazzera de un cuidado repertorio mayormente formado por tangos que también incluye creaciones de Luis Alberto Spinetta y Thelonius Monk. Esta entrevista fue hecha para México en 2012.


Diego Oscar Ramos


      Como un diálogo de cracks que se conocen muy bien, el contrabajista Horacio Fumero y el pianista Adrián Iaies se comportan como compañeros de equipo que saben acompañarse para hacer goles juntos. Y en el disco doble que acaban de editar en Argentina, “Conversaciones desde el arrabal amargo” (Untref sonoro y 20Misas, 2012), prueban con gracia que para crear una música aventurada lo mejor es ir al frente con la propuesta de cambio antes que refugiarse en lo hecho ya mil veces.  Para quienes no los conozcan, vayan aquí algunas referencias: Iaies ha grabado más de 15 discos de una música centrada en el jazz pero con diálogos con el tango, el folclore y el rock argentinos. Y en Fumero hay un virtuoso con contrabajista que ha embellecido obras o conciertos de jugadores virtuosos del jazz como Gato Barbieri, Eddie Henderson o Teté Montoliu. “En la medida en que estás dispuesto a dejarte sorprender por las ideas de otro, vas a crecer. Y eso pasa cuando uno toca con músicos que se animan a saltar el alambrado”, dice Iaies de Fumero, con quien formara junto al bandoneonista Pablo Mainetti el Tango Reflections Trio (grabaron el CD homónimo en 2001 y el DVD Astor Changes en 2006). “Los diálogos musicales con Adrian me llevan a partes
profundas de mi identidad musical y este formato en dúo hace que uno toque directamente con las emociones, porque el pensamiento es demasiado lento, se toca con el instinto, con algo que viene de muy adentro”, comenta Fumero. Hace dos años, en uno de sus viajes a Buenos Aires desde España, donde está radicado desde hace treinta años, le propuso al pianista grabar juntos un disco. Iaies hizo los arreglos de tangos de autores como Gardel-Lepera, Piazzolla-Ferrer, Mores-Discépolo o Bardi-Cadícamo, junto a temas del mítico jazzman Thelonius Monk e hitos del rock argentino como León Gieco o Luis Alberto Spinetta. “Horacio estudia, prueba, toca y mejora los arreglos, me devuelve una versión muy mejorada y distinta del tema”, cuenta Iaies, a quien se le ocurrió hacer un disco doble, con versiones en vivo que complementaran las tomas de estudio que hasta el presente permanecían inéditas.
     El resultado, luego de grabar recitales que dieron juntos a principios de este año en la capital argentina, es un disco doble donde se puede apreciar con una escucha calma la fuerte comunicación entre los músicos en ámbitos distintos. En los dos casos, estudio y vivo, el tango tuvo una potente presencia. “Tengo es una relación entrañable con algunos tangos, que me permitieron mostrar mi identidad como músico. Y en el dúo con Horacio nuestra relación musical se volvió cercana más a través de esos tangos que de standards de jazz, un territorio que conocemos los dos muy bien. Cuando nos metemos con el tango no podemos poner el piloto automático y esa es una regla número uno del jazz”, asegura Iaies. Fumero, por su parte, pone el acento en el vínculo musical entre ellos antes que en el género: “Creo que podríamos tocar otras músicas y no notaría diferencias, cada uno es como es y toca como toca, hay cosas que uno no sabe tocar, pero con un poco de respeto se puede, pero no en público, como algún intérprete clásico que no sé para que se metió con el tango”, ironiza el contrabajista. Lo que ambos músicos saben, precisamente, es hacer con músicas del acerbo popular argentino y gemas del norteamericano un disco con libertad armónica e innegable belleza. “Tocando con Adrián me  siento muy libre, los límites son los que hay en cualquier conversación normal que va discurriendo dentro de ciertos cauces, puede tomar desvíos para volver a lo anterior, tiene momentos en los que se habla mucho y otros donde con pocas palabras uno se explica mejor”, explica el contrabajista. Y eso puede escucharse en canciones como Nunca tuvo novio, La colina de la vida, Laura va, Chiquilín de Bachín, My one and Only Love, Nada, Grisel, Fuimos o Pedacito de cielo. Muchas de ellas pueden ser viejas conocidas del lector, pero estas versiones piden oyentes que se aventuren a redescubrirlas, con tiempo. Y sin apuro.






















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