15.10.13

Aprender con los animales


Tarde de centauros

Especialista en el adiestramiento de caballos a través de un vínculo de comunicación y afecto,  el respetado profesor nacional de Educación Física Mariano Giraldes sabe que comunicarnos con los animales puede hacernos conocer mucho de la vida. Y nos lo hace comprender a través del cuerpo, en una cabalgata con sus amigos equinos.

Diego Oscar Ramos - BA Metrópolis - 2007

El método. Parecía una postal desde adentro, con el verde intenso del pasto interminable alrededor de nuestros cuerpos, el de la yegua blanca y el mío, unidos en un andar suave, rítmico, con el sol inmenso, naranja, entrando a su cuna del atardecer. Fue un segundo, eterno, cuando entendí corporalmente lo que habíamos estado hablando durante todo el día con Mariano Giraldes, en su campo de San Antonio de Areco.  Allí es donde este reconocido profesor nacional de Educación Física, explorador incansable de las relaciones de la corporalidad con la libertad humana, tiene quince caballos con los que sabe comunicarse por una lectura precisa que hace de las señales con las que sus cuerpos muestran deseos y emociones.

- ¿Cómo empieza su historia con los caballos?
- De chico tuve caballos en mi casa. Sabía andar, me encantaban. Luego estudié Educación Física, viajé durante mucho tiempo, me dediqué a la profesión, desplacé esa antigua pasión y hace unos años atrás la retomé. Pude comprar un campito en San Antonio de Areco y dos caballos árabes - una yegua, Canela y un padrillo, Salem - con los que comencé. Elegí esa raza porque siempre había sido mi favorita y en realidad todas las razas puras de caballos, de una u otra manera, se originan en esa sangre.

 - ¿Y cómo inició el aprendizaje de cómo tratarlos?
- Antes de que naciese el primer potrillo me puse a aprender en serio lo que era un caballo. Su psicología, la forma de relacionarse entre ellos y con los humanos, sus hábitos, sus tendencias naturales como animales de huida, su salud y las mejores formas de alimentarlo y de comprender su lenguaje corporal, que es muy explícito. Leí, hice cursos, escuché a cientos de paisanos del campo, probé, me rectifiqué, vi películas. Y me pegué montones de porrazos. Aprendí y disfruté profundamente con los 15 caballos que tengo. El método que más me impresionó fue el  desarrollado por los llamados susurradores de caballos, cuyo representante más conocido es Monty Roberts, con quien hice un curso en California y cuya historia fue narrada en la película El señor de los caballos de Robert Redford.

- ¿En qué consiste el método?
- En esencia consiste en comunicarse a través del lenguaje del cuerpo, el propio y el del caballo. Si aprendés los lenguajes no tenés ninguna necesidad de maltratarlo, de atarlo o hacer ninguna de las maniobras clásicas que la gente cree que son la doma. El caballo sabe cómo te vas a mover vos y vos cómo se mueve él. Si mueve las orejas de cierta manera, si resopla o se coloca en cierta posición, sabés cómo va a reaccionar. Así la doma se convierte en un proceso de aprendizaje y comunicación.

 - ¿Cómo conoció a Monty Roberts?
- Me fui a Estados Unidos a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, invitado por el Comité Olímpico Norteamericano y me quedé unos días más para verlo. El se dedica a domar y tratar los aparentemente intratables, que en realidad sufren maltratos. Los susurradores los rehabilitan y doman desde chiquitos sin ninguna violencia. En una forma totalmente diferente a lo que su el campo argentino.

- ¿Cómo es esa forma?
- Es más quebrarlo al caballo a través de palenquearlo, girarlo de la boca y toda una serie de costumbres que se generaron por la necesidad de disponer de un caballo rápidamente para seguir viajando. Eso quedó como una tradición, que los indios nuestros, como lo muestra el Martín Fierro, no practican. Nuestros indios pampas lo hacían de forma pacífica, a través de mucha paciencia, una doma totalmente distinta a la gaucha. Las tradiciones de la jineteada son una muestra de la habilidad del paisano, pero en un sistema que implica una brutal crueldad, porque tienen espuelas, rebenques y cuanto más corcovea el caballo más aplaude la gente.

 - ¿Esto habla mucho de nosotros, no?
- Sí, nosotros somos también así. Pero los indios recibieron a los caballos de los españoles creyéndolos primero seres divinos, después buscaron una forma infinitamente paciente e inteligente de tratarlos.

La enseñanza. Con la misma paciencia con que domaría a un potrillo, Giraldes me dice que hay que hacerles sentir que compartimos códigos del lenguaje y me pide que lance mi aliento sobre su nariz, que los huela como ellos se huelen entre sí. Cuando logro hacerlo la alegría es inmensa, como si una parte animal de mí creciera con mis propios resoplidos sobre cabezas gigantes que al rato abrazo con la confianza de quien ya ha olfateado y sabe que puede confiar. Lo gracioso es que pocas veces en el mundo humano de la palabra se siente esa calma, no hay pensamientos que lo expliquen, sólo es un estado de tranquilidad y certeza, que me hacía sentir que sabía lo que vendría y que si estamos en cualquier lugar con lo más afectivo de nosotros para afuera, podemos compartir siempre buenos momentos. Ese instinto poderoso que empezaba a salir tuvo una enseñanza clave cuando el padrillo del grupo cambió su estado corporal de la calma a la pura potencia cuando tuvo a su lado una yegua en celo. Tener cerca la verdad pura del instinto en acción mostraba la belleza intensa de una vida que no tiene nunca frenos del pensamiento.

 - ¿Qué tienen para enseñarnos los caballos?
- En principio el caballo te sigue posibilitando lo mismo que hace seis mil años, cuando se calcula que el Hombre empezó a domesticarlo. Toda su vida cambió desde el momento en que descubrió que podía amansarlo y subirlo. El caballo le dio una velocidad y un dominio de su geografía que sigue impresionando. Te transformás, mitológicamente hablando, en una especie de centauro. Ves el mundo desde un lugar distinto y es maravilloso el vínculo que se genera por el contacto del cuerpo. Es una sensación de comunicación intensa con un ser vivo que, además, es bellísimo. Más en movimiento.

- ¿No hay un tema interesante también en la forma armónica de organizar sus manadas?
- Me encanta el tema de las sociedades equinas y las amistades que se tejen entre ellos, el respeto que tienen a ciertas jerarquías sociales que aceptan. Son un modelo de funcionamiento para la sociedad humana, que se ha olvidado de cosas como la fidelidad y la solidaridad. Si bien es cierto que se imponen entre ellos con códigos a veces agresivos, son tipos muy gregarios, viven en sociedades armónicas, con rarísimos disturbios entre sus miembros.

La vida. Había cabalgado y la noche llegaba, tan calma como la comunicación que había empezado a darse con el animal que aceptaba llevarme, luego de horas en las que aprendí a cepillarla con delicadeza, a darle de comer, a verla en sus movimientos junto a sus compañeros, a ponerle con respeto la montura y a estar siempre atento lo que expresan sus resoplidos y movimientos de orejas y patas. Sin saberlo entonces, al menos con la mente, estaba aprendiendo códigos de vida bien más poderosos que un método de adiestramiento.

- ¿Qué consejo daría a alguien que quiere llevarse bien con un caballo?
- El mismo consejo básico que le daría a una persona que me dice que se quiere llevar bien con otro ser humano. Tiene que entender que existís en función del otro y que el respeto y la solidaridad es la absoluta esencia. Como no conozco ninguna forma de respeto que no pase por el conocimiento previo, le diría que conozca profundamente su psicología, sus sentimientos, sus inclinaciones, sus miedos, sus fragilidades, sus fortalezas. Después se empieza a establecer un vínculo, no demasiado distinto a lo que puede pasar con un ser humano. Porque si crees que el centro del mundo sos vos y te mirás el ombligo todo el día no vas a poder relacionarte con nadie. Si crees que el caballo está a tu servicio, eso es el deporte. Yo elijo una relación donde si el caballo hace cosas por mí yo hago cosas por él. Es un vínculo.

- ¿Se definiría como un susurrador de caballos?
- No, para nada. Aprendí esa técnica, la de la Alta Escuela Española, mucho de los paisanos argentinos y la doma india. Pero para mí antes que métodos, hay animales de distintas características en función de las que aplico una u otra forma. De la misma manera que en mi enseñanza de Educación Física no existen métodos pedagógicos sino personas a cuyas posibilidades se adaptan los métodos, con los caballos uso las técnicas que sean lo más eficaces posibles. El objetivo es siempre que el caballo se ponga de acuerdo conmigo y yo con él. Pero no soy susurrador, soy una persona que aprendió lo más posible de los caballos para poder comunicarse con ellos y disfrutarlos profundamente.

 - ¿ Tiene preferidos dentro de los 15 caballos?
- Una vez a una persona que tenía como doce hijos dijo que no tenía preferencias, sino el afecto ampliado. Los quiero distinto y trato de darme siempre cuenta de que son animales. No comparto esa posición de algunos dueños de mascotas que creen que son como seres humanos. Estoy más cerca de lo que dijo una vez Perón cuando le regalaron un perro que hacía de todo y que sólo le faltaba hablar para ser humano. Dijo: “Le agradezco mucho pero quiero un perro que sea perro”. No trato de relacionarme con el caballo como con un ser humano, sino se corre el riesgo de empezar a hablar con él y de tener un vínculo con ellos porque en realidad sos incapaz de tenerlo con los seres humanos. El que tiene sensibilidad con los animales tiene que tener la misma con los seres humanos. Si es un insensible social y ama profundamente a su mascota, algo no funciona bien.

- ¿Qué significado tiene entonces esta actividad en su vida?

- Sin duda significa un pie a tierra de lo más natural, porque como por mis actividades cotidianas estoy tan en contacto con gente, necesito mis espacios de soledad, de reflexión, de lectura y aprendizaje. Los fines de semana en el campo con los caballos me lo dan. Mi vieja pasión actúa en mí como un hobbie, no los vendo, no los alquilo, ni los hago competir. Y creo que poder dedicarse a una actividad sin ningún propósito de lucro es una de las características que me permite superar el stress. Y me da paz.



HOBBY O LUCRO

- Domar y adiestrar, podría ser otra de sus profesiones, pero es su hobby...
- Sí, es un hobby  con todas las características de actividad placentera, propia del tiempo libre activo y creativo, con profundas raíces en lo que para mí es la identidad, en el sentido de sentirse arraigado a la tierra de uno, como base de la cultura personal. No tiene ningún propósito de lucro: no vendo caballos, no cobro las domas que hago para amigos, no los alquilo los fines de semana.

- ¿Por qué no hace de esto una actividad lucrativa, hay una razón ética?
- Es una elección, me parece que puede ser una forma de vivir como cualquier otra. Vivo profesionalmente de otras cosas y quiero que los caballos se mantengan en el lugar del hobbie, es una cosa absolutamente gratuita que se hace por placer. En el momento que empiece a comercializar la doma va a dejar de ser una actividad de placer para ser una relación de trabajo, va a alejarse del juego. 


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