3.1.14

Turismo consciente


Un lugar para encontrarse

Famoso por una historia ligada a la comunidades alternativas establecidas desde finales de los 60 que hoy tiene su eco en la feria artesanal más prestigiosa del país, El Bolsón propone al turista más de una alternativa para lograr un bienestar integral.

Diego Oscar Ramos - revista Uno Mismo

Un viaje puede ser apenas un movimiento del cuerpo, pero también un regalo para el alma que quiere integrarse con la corporalidad andante. Cuando hay intención, deseo, voluntad de encontrarse, hay lugares que bien pueden ser colaboradores para los procesos de búsqueda interna. Y eso pasa con El Bolsón, donde sus paisajes arrobadores pueden ser el marco para vivenciar verdaderos cambios de vida, esos que se van construyendo poco a poco, pero que en algunas oportunidades, como lo puede ser un viaje que integre diversión con trabajo espiritual, parecen hasta darse con potencia de inmediatez. Sea como sea,  con la certeza de que este enfoque inicial seguramente interesará mucho al lector de una revista históricamente espiritual y ligada al bienestar como lo es Uno Mismo, valga esta reseña como una invitación directa a visitar una región de gran belleza de nuestro país, tanto como estimularlo a que aproveche todo momento de su vida, incluyendo casi obligadamente los viajes, como instancia de evolución de su persona. Dicho esto, que nace del placer que este periodista ha tenido en varias etapas de su vida al percibir energías de cambio personal en este lugar, demos ya algunas informaciones precisas para quien nunca ha estado. 

Encontrar el lugar

La ciudad El Bolsón está en un valle delimitado por la Cordillera de los Andes y el Cerro Piltriquitrón, dentro de la Comarca Andina del Paralelo 42. El valle en sí, aunque la ciudad esté ubicada en la provincia de Río Negro, se extiende hacia una pequeña porción de la provincia de Neuquén. El paisaje, hipnotizador de almas sensibles, incluye montañas, bosques de coníferas, ríos y lagos, pero tiene en sí al Piltriquitrón, palabra tehuelche cuyo sentido más aceptado es “colgado de las nubes”, como centro impostergable de la mirada de quien viaje allí, porque si bien parecería competir con el asombro que genera contemplar la cordillera andina, la cercanía del cerro de 2260 metros por sobre el nivel del mar lo instala en la mirada como un misterio palpable casi, que nos seduce con sus metáforas de unión del cielo y la tierra. 
Claro que lo que suele ser un atractor turístico de esta localidad que cuenta con 17.061 habitantes según el censo de 2010 es la fama de ciudad abierta a lo diverso y fuente posible de una vida diferente de los patrones sociales más aceptados, que tiene desde que a finales de la década del 60 se instalaran allí distintas comunidades alternativas, que el imaginario ubica rápidamente como hippies. Desde entonces, aunque hayan sido bien diferentes los asentamientos comunitarios que se fueron dando, el hecho de que cuenten con una de las ferias artesanales más prestigiosas de Argentina ayuda a cimentar una fama de sitio donde es posible encontrar a la filosofía hippie en acción cotidiana. Eso sí, aunque atraiga a miles de mochileros anualmente, quienes aquí viven dirán al visitante, una y otra vez, que todo eso es parte del pasado, pero no del presente más concreto.
Tal vez sea a través de todo el actual culto hacia una ecología que contemple tanto el ambientalismo como la evolución espiritual donde el viejo hippismo se mantenga vivo, a través de toda una serie de modernos lugares que ofrecen todo tipo de terapias de encuentro personal, desde las herramientas de spa más completas hasta terapéuticas de masaje de variadas tradiciones o todo tipo de ceremonias ancestrales de sanación. Claro que el mismo concepto de curarse, que en esta época ya integra desde la visión misma de la ciencia al factor emocional, suele ser adoptado aquí por muchos turistas cuando suben al cerro y contemplan las enormes distancias del paisaje patagónico. O también cuando algunos adeptos a las actividades corporales se internan en los ríos de la región para practicar rafting con guía cuidadosa de equipos especializados o gozan de una recorrida de la comarca andando a caballo en salidas grupales organizadas. Los que ya viven allí, venidos de lugares cercanos en la Patagonia o una buena cantidad de porteños cansados de la ciudad, aseguran que en este lugar del mundo es más fácil tener una actitud de integración con la naturaleza y el discurso ecológico se vuelve practicable. 
Claro que también hay quien menciona, que entre los que se establecen venidos desde grandes urbes y la población local que está desde hace varias generaciones en El Bolsón, siempre subyacen diferencias, incluso a la hora de pensar de manera ambientalista. Así y todo, el visitante atento podrá aprender de todas las cosmovisiones que habitan esta comarca que, para ser justos, no sólo habría que pensar en remotos pasados pre hispánicos que harían que toda la población debiera considerarse extranjera, sino que sus primeros asentamientos humanos con continuidad se dieron por parte de ciudadanos chilenos que usaban las pastorías de la zona para alimentar sus ganados.

Atender las voces
                
         
Si subir un cerro como el Piltriquitron ya es en sí misma una experiencia que impulsa a la concentración total para disfrutar sin cansarse de la subida, el encontrar, cuando se llega a 1400 metros sobre el nivel del mar, un increíble museo de esculturas al aire libre. Hechos en madera de lengas que se habían quemado en un incendio en la década del 70, los trabajos de artesanos de todo el  país que se eligen por concurso en cada encuentro, han dado existencia al “Bosque Tallado”, por inspiración del escultor Marcelo López, quien a sus 47 años, lleva ya dos décadas en la ciudad. “Este lugar me dio el entorno para vivir, el poder dedicarme de lleno a lo que me gusta,  el trabajar en mi casa y estar con mi familia, lo que es maravilloso”, dice el escultor, quien se siente creado también por su invención, una poderosa unión de arte y naturaleza que ya atrae turismo tanto como el cerro. 
           
      “Nosotros le dejamos algo al bosque, la gente al ver la obra se da cuenta del respeto que tiene que tener con el entorno, que ha influenciado a todas las obras y le ha dado paz a los escultores”, cuenta López, se muestra orgulloso del legado que este lugar significará para las futuras generaciones y da su opinión sobre la fama de sitio hippie de El Bolson: “Para mí los hippies fueron en los ´70, pero siento que se trató de la visión de gente que quiere estar en contacto con la naturaleza, salir un poco de la opresión del sistema del consumismo, con ideales de ecología, libertad y ser un poco renegado de las cosas que te quieren imponer,  vienen para hacer borrón y cuenta nueva, para no hacer lo mismo que en la ciudad, ni tirar basura, ni ensuciar el río o talar el bosque”. En este sentido, el escultor marca que algunos nativos no tienen tanta conciencia ambientalista, pero muchos terminan aceptando estas visiones que muestran que la naturaleza no es un reservorio inagotable de energía disponible eternamente. En esos lazos de comprensión mutua es donde Lopez dice sentirse mejor. Y tal vez en esos instantes refuerce esta sensación de pertenencia que manifiesta con entusiasmo: “Yo no me voy mas de acá, este es mi lugar en el mundo”.

       Luego de una cabalgata por el llamado “Circuito del valle del río Azul”, uno de los lugares comúnmente escogidos para paseos por su gran belleza, con acceso a puntos muy recomendables como “Cabeza del Indio” o “Costa del Río Azul”, hablar con uno de los guías podía apuntar cierta claridad mayor con respecto a la fama de sitio mágico del lugar. “Hay cosas que fueron pasado, pero dejaron marcado al pueblo con algunos estigmas, como el de los hippies, como la libertad de pensamiento, que si bien tienen algo de razón, esto no deja de ser un pueblo como cualquier otro, con todo tipo de gente”, dice Simón Ortega, quien junto a su hermano trabajan con el turismo organizando salidas desde “Cabalgatas Fofocahuel”. Como nativo, que también adoró vivir en ciudades como Buenos Aires, valoriza la feria artesanal, pero considera que la esencia de lo que se encuentra aquí está en la naturaleza. “Podés hacer de todo, siempre tenés a mano tenes actividades al aire libre”, dice y casi jura que, más allá de que viajen para tener otras experiencias fuera, quien nació en la comarca, más temprano que tarde, regresará a vivir en ella.

   Nacida en Buenos Aires pero amante de lo patagónico desde tempranas instancias de su vida, Verónica Abango, tuvo la oportunidad de instalarse en El Bolsón para entregar un saber que llegó a ella como parte de un proceso radical de cura. Luego de 3 hernias de disco que la medicina tradicional había decretado como sólo solucionables a través de una cirugía, la salud llegó a su cuerpo a través de la medicina tradicional china, de la mano de Yuan Yuin Pin, médico chino que le dio una primera formación que fue ampliando. Tal fue su gratitud, que hoy es terapeuta en Lumina, un vanguardista centro holístico de El Bolsón, gracias a una dedicación absoluta a un saber complejo, que incluye disciplinas como gimnasia Qi Gong o masaje chino TUI NA que comparte con quien quiera vivir bien. 
         
Dice que su medicina es su trabajo, más en este lugar, que percibe con gran sensibilidad. “Acá nada me pone mal, es algo que siento en el medio del pecho, como encontrar un alma gemela, aunque veces las palabras no pueden explicar estas emociones tan profundas”, dice Abanco, dueña de manos sanadoras que este cronista vivió en su cuerpo, antes de encontrar una descripción de la región, precisa y emocionada, que seguramente impactará al lector que esté en etapa de buscarse: “Acá se siente el aire puro, uno hace entrar en el cuerpo una pureza increible. Y además te contactás con una naturaleza aún muy virgen, escuchás los pájaros, el agua, el viento, la lluvia y terminan fundiéndote con este entorno”. 
       En ese sentido, Aluminé Honk, responsable del centro que imanta los sentidos desde su arquitectura simbólica de inspiración en la biología femenina, se hace cargo de hablar del factor energético que da popularidad a El Bolsón: “Este lugar es muy fuerte energéticamente, para vacaciones está bueno para todos, pero para vivir constantemente te abraza o te expulsa. La energía del Piltriquitrón es muy intensa, por eso es un lugar elegido por muchos maestros para venir, lo que hace que se vuelva un privilegio llegar acá y encontrarte con gente que te pueda abrir puertas a lo diferente,  a la conciencia sobre otra forma de concebir la vida, retomando los poderes, que tenemos cada uno de nosotros”.

El embrujo

“El embrujo de El Bolsón, no posee definiciones. Es un lugar que elige y no es elegido, quien cree lo contrario no tardará en entender el significado. Y esto es así porque los embrujos ejercen una tentación irresistible sobre la persona anulándole la capacidad de raciocinio para evaluar los pro y los contras que la elección exige”, escribe el investigador, periodista nacido y criado en El Bolsón, cuyos libros, recomendadísimos, exponen la región desde una mirada que no cercena la magia o el misticismo que atrae la llegada de tantas personas, pero la examinan con agudeza. Para saber más:  www.juandomingomatamala.com.ar



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GRADO 42 – Empresa de Viajes y Turismo. Fundada en 1995, su área de operación abarca desde Bariloche, hasta la comarca andina del paralelo 42 y su zona de influencia. Es operador turístico responsable del programa “El Bolsón BienEstar”, una serie de paquetes turísticos que incluyen terapias complementarias a la medicina tradicional, alojamiento en hoteles, resorts y spa, hosterías o cabañas, traslados internos, transfer in – out, excursiones, atención personalizada y permanente. Tel. 54 294 4493124. www.grado42.com - grado42@elbolson.org

2 comentarios:

O criollo dijo...

Es posible viajar aun en la distancia ,de mano de tu relato Diego , casi se pueden palpar las esculturas de madera , el aire fresco y limpido de la precordillera ,las aguas purisimas y gelidas de los deshielos andinos .
Un relato ameno y humano ,documentado y "sentido"
Desde luego como admiro tu facilidad para "pintar" cuadros con las palabras
Un Saludo Diego
Emilio

Diego Oscar Ramos dijo...

muchas gracias emilio por lo que escribiste, un placer ser leido con esa claridad y afecto!