22.4.14

Ana Prada


Soy ciclista


Con un pie en Uruguay, otro en Buenos Aires y su mente en un mundo que percibe necesitado de valores distintos a los del puro consumo, la compositora uruguaya cree en la bici como un eje importantísimo para lograr grandes transformaciones.

Por Diego Oscar Ramos - La Guía BAiker  (Fotos: Ariel Sabatella)

Si hay algo que habla de una persona, es la manera en que juega. Y alcanza con proponerle andar en bicicleta a Ana Prada para que una entrevista con ella se convierta en espacio lúdico. Y es que la compositora uruguaya, una de las más respetadas de la última generación de mujeres de la canción rioplatense, cuando se monta en dos ruedas, recorriendo Buenos Aires con el equipo de La Guía BAiker, deja de lado esa melancolía que suele aparecer en su trilogía de discos “Soy sola”, “Soy pecadora” y “Soy otra”, para mostrar su sonrisa más energética durante toda la pedaleada. Y aunque reconozca que no está en su período más ciclístico, ahora que vive un poco en cada lado del Río de la Plata, se nota que habla con pasión real cuando define así una bicicleta: “Es quizá uno de los más importantes inventos de la especie humana, un aparato fantástico, una hermosa asociación entre el ser humano y la máquina, que te traslada por variados terrenos, sin depender de nada más que de la propia energía de quien la conduce”, dice Prada, quien ya le había cantado a las dos ruedas en la canción “Queremos un carril bici”, de la cantautora española Queyi, en un dúo que dio un disco del mismo nombre y que hicieron girar de una lado a otro del Atlántico en un espectáculo infantil que promovía el uso de la bicicleta como medio de transporte urbano. “Vuela bicicleta, mi nave espacial, la ciudad enorme reduce a mi escala. Yo tengo dos alas redondas…”, dice la canción, describiendo esa capacidad que tiene la bicicleta de hacer que todos los lugares en una ciudad sean cercanos para quien la pedalea. 

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Gran parte de su vida, Ana ha vivido en distintas ciudades y se ha trasladado por ellas en bici. “En muchas ciudades ibéricas lo mejor es dejar el auto, llegar en tren, armar la bici y salir a recorrerlas. En España me compré una plegable divina, la más chiquita que encontré; con ella recorrí muchas ciudades… En Barcelona, fui en bici a conocer el parque Güell. Pedaleé en subida hasta la obra de Gaudí. La vuelta fue un disfrute increíble, todo en bajada, sin pedalear, hasta llegar al mar.” Se le ilumina la mirada cuando termina la frase y deja que el pensamiento tome las riendas: “La bicicleta hace que la ciudad sea más accesible, que al recorrerla puedas ver cosas que quizá nunca antes te habías dado cuenta de que existían”. Entre las revelaciones que trae el andar en bici, no sólo surgen en la cantora uruguaya imágenes de placer personal sino conceptos sobre cambios sociales y culturales a gran escala. “Para mí la bici es la clara muestra de que si se acaba el petróleo, el mundo puede ser muy hermoso”, dice Prada, se ríe con potencia y continúa su reflexión: “Creo que andar en bici es una forma de vida más cercana a lo saludable, a lo natural y también a lo verdaderamente humano, ya sólo por el hecho de que la velocidad que podés desarrollar arriba de ella es relativa a tus fuerzas y a la topografía del lugar”. Desde esa vinculación de lo natural y humano con la bicicleta, Prada habla sobre los distintos movimientos sociales que, a nivel planetario, rescatan estas percepciones: “Son una cachetada silenciosa al sistema, porque las personas que eligen la bici son individuos que quieren un mundo distinto, más justo, más igualitario, más sano, más silencioso, más lento, de mirarse a las caras. Porque si seguimos alimentando el consumo desmedido, valorando más el tener que el ser, vamos a ser muy infelices”.


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Prada asocia esa naturalidad con el acostarse temprano y levantarse al salir el sol, una cotidianeidad para quien ha habitado el campo, lugar en el que vivió en su Paysandú natal, donde la bici tuvo un protagonismo total. “De chica fue mi principal aliada para sentirme independiente y libre, salíamos mucho en bici, nos íbamos lejos, con los gurises del barrio, empatotados”, cuenta la compositora y trae al presente una idea que la acompañaba por entonces: “Muchas veces pensaba en que los niños que no sabían andar en bici eran muy desdichados, que se perdían lo más lindo de la vida, junto con andar a caballo, algo que también hice mucho”. Su relato la lleva de inmediato a verse a sí misma de niña, canturreando cuando pedaleba, disfrutando del viento y hasta sintiéndose más grande. 
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Y también “más importante”, por tener “tal maravilloso poder” de andar en bicicleta. “Quizás, ese vértigo que siento andando en bici en una bajada empinada, es el mismo que siento en el escenario, porque a nivel emocional es lo mismo que ese instante donde se encienden las luces”, explica la compositora. Y confiesa que siempre fue “de estar muy zarpada” al pedalear, con etapas de gran velocidad para llegar de un lado a otro de las ciudades que habitaba y poder cumplir con todo lo que se había propuesto hacer cada día. “Siempre fui asi, de buscar que las cosas me generen adrenalina”, observa hoy, y asegura que hasta esa misma búsqueda de adrenalina ha hecho que muchas veces tuviera que ponerle pausas a su actividad ciclista. Finalizando la entrevista, Prada nos cuenta otra manera de cómo definiría a la bicicleta en su más justa dimensión: “Es uno de los inventos más importantes de la humanidad, porque te acerca a vos mismo, a la libertad y a los otros”.


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